Crítica de la ideología

14.12.2015 10:49

Crítica de la ideología

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

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Índice:

Prólogo

Retórica   e   ideología                                                           

Formaciones singulares “ideológicas”

Fetichismo “ideológico”                                            

Texturas entrelazadas                                                           

Marxismo de guardatojo                                                 

El aprendizaje dramático de la lucha de clases                                                                          

Potencia y acontecimiento

Aporías del capitalismo de Estado

La “ideología” del nacionalismo-revolucionario                   

Crepúsculo del sistema-mundo capitalista

Los tejidos y manejos del poder                                                                                   

El fetichismo del capital                                            

La levitación política                                                 

El capital, una de las serpientes

de la cabellera de Medusa del poder             

La unidimensionalidad economicista

Capitalismo andino amazónico e ilusión estadística                   

¿Qué es el capitalismo?                                                         

Alteridad de los movimientos sociales

Potencia social o poder

Gobernanza mundial de los pueblos o

Estado de excepción mundial                                                

Ultra-burguesía y Estado de excepción mundial

Clausura del espacio aéreo y de las soberanías                                     

La agonía del Leviatán

Estado policial paranoico mundial o

gobernanza democrática y participativa de los pueblos

La lucha es por preservar la democracia                        

Globalización del diagrama del control                                                        

La potencia de la vida

Defensa de la vida y lo común

Contra-vida

El sistema-cultura-mundo capitalista                             

Expropiación de lo común

Lo común no es estatal ni privado                             

Los alfiles y caballos del modelo

colonial extractivista                                                                         

Cartografías políticas singulares

Estructuras de poder viciosas                                                        

Las peculiares formas del poder                                                                       

Juegos de poder                                                        

Genealogía y hermenéutica del presente                   

Genealogía de la decadencia                                      

Potencia social o poder

Alteridad y/o gubernamentalidad                                                  

Pliegues y despliegues de los

movimientos sociales                                                

Complejidad de los movimientos sociales                

Alteridades y alternativas en

la movilización prolongada                                       

Conclusiones                                                                        

La política en tiempos del estaño y el petróleo

En busca de la política perdida                                              

El Estado rentista y las políticas monetaristas                             

Más allá de la política                                                 

¿Cuál es el problema político?                                                                

Atrapados en sus propias redes                                            

Callejones sin salida                             

Estrategias suicidas del progresismo mutilado                    

Liberar la potencia

Dejar los esquematismos                                           

Hacer presente la autogestión                                               

 

 

 

 

 

 

 

Prólogo

Retórica   e   ideología[1]

 

Ha tenido que imponerse una disociación entre la forma discursiva (la retórica) y una forma ideacional que pretende ser contenido del discurso (sentido), para que la lucha por la persuasión se traslade del arte de la argumentación a los aparatos ideológicos. De lo que se trata es de prevalecer. En la era del capitalismo la lucha parece centrarse en las concurrencias de ideas (paradigmas).Son los sistemas de ideas los que parecen prevalecer. Es a través de la presentación de estos esquemas que se busca la legitimación del referente de estos sistemas de ideas (estado, mercado, capitalismo, socialismo, liberalismo), ¿pero estos sistemas ideológicos han dejado acaso de ser figuras retóricas, han dejado de ser tropos? ¿No son acaso metáforas de la felicidad?

 

La “retórica” moderna, si se puede hablar así, no busca tanto un convencer en un auditórium democrático, sino más bien pretende validez y veracidad. Se pasa al trabajo de demostrar que su planteamiento es objetivo (científico) y ético (justo). No se trata tanto de una convención como de convencerse a sí mismo de que se está en lo justo y en lo verdadero. El modelo científico atraviesa todos los ámbitos de la sociedad moderna incluyendo los relativos a la propaganda ideológica. Sin embargo, esta pretensión de verdad no ha dejado de recurrir a la argumentación, sólo que lo hace en otro contexto y de otra manera. De cierta manera y de una manera aproximada se puede decir que la filosofía se ha transformado en ideología y la ciencia es imitada en esta nueva “retórica”.

 

 También es una aproximación decir que se trata de una nueva teoría de la retórica. Está por verse que la hermenéutica y el pragmatismo son las nuevas teorías retóricas. Estamos muy lejos de acercar las teorías comunicacionales y semiológicas a las teorías retóricas o sobre la retórica. Aquellas teorías relativas a las ciencias de la comunicación y a las ciencias del lenguaje no son teorías sobre la retórica, pues se mueven más bien en terrenos disciplinarios del conocimiento de la comunicación y del lenguaje y no así en los terrenos del arte del convencimiento y de la persuasión. Sin embargo, estas teorías disciplinarias, heredan cuestiones fundamentales de la retórica. Por ejemplo, cuando se tocan cuestiones relativas a la interpretación y a los efectos prácticos de los discursos, de los medios, de la publicidad y de las imágenes. En este caso se puede ver que se trata de disociaciones, autonomizaciones y desarrollos posteriores de lo que contenía como aspectos particulares la retórica. Por eso, tampoco estamos lejos de considerar a la hermenéutica y al pragmatismo como las nuevas teorías sobre las transformaciones de la retórica. Tampoco podemos considerar a la ideología como práctica de la nueva retórica. Ciertamente la ideología es un acontecimiento moderno. La retórica trabaja los imaginarios colectivos en contextos determinados, en cambio la ideología explota de modo instrumental aspectos fijos de los imaginarios colectivos, aspectos generalizables de las representaciones sociales. Estos aspectos han dejado de tener la movilidad y fluidez que tenían como imaginarios, para convertirse en esquemas de propaganda, publicidad y propagación ideológica. Estos modelos son usados    políticamente. Esto quiere decir que la práctica ideológica no solamente tiene efectos de legitimación, sino que también tiene efectos prácticos en lo que respecta al campo político. Los engranajes de la gobernabilidad son acoplados y puestos en movimiento, acompañados por discursos ideológicos; las fisuras, rupturas y quiebres del sistema son ocultados, el conflicto social es escondido, las escisiones del campo político son cosidas por los hilos discursivos de la ideología.

 

Discurso, ideología, legitimación y poder son distintos planos (campos) de una constelación de territorios que conforman el complejo social. Obviamente otro de los campos es el económico, en tanto y en cuanto en el capitalismo cobra la apariencia de   autonomización y hegemonía. En este contexto histórico-social, relativo al modo de producción capitalista, al hablar de la relación entre retórica y política, el campo económico aparece como horizonte. Sin lugar a dudas los prácticos procedimientos, ordenamientos y organizaciones económicas no podrían explicarse sin los recursos discursivos (comunicacionales), sin los amparos ideológicos (esquemas figurativos de clase), sin los procesos de legitimación (hegemonía) y los procedimientos de gobernabilidad. Estas prácticas sociales, correspondientes a otros campos sociales, hacen, a su vez, de contexto y de substrato efectivo al aparato económicoLa economía capitalista no podría funcionar sin un mínimo de convencimiento. Como se puede ver, hay una suerte de diseminación de la retórica, en su sentido antiguo, en la sociedad moderna, sobre todo en lo que respecta al estallido de prácticas sociales de los diversos campos. Pero, por otra parte, como en compensación, la retórica se ha reconcentrado y restablecido, reinventándose en aquellos lugares donde la crítica ha sido posible. Hablamos de la crítica en su forma contemporánea; crítica de la filosofía, crítica de la ciencia, crítica de la modernidad, crítica de la política, crítica de la cultura.

 

En todo caso los alcances de la retórica antigua parecen ser menores a los alcances que tienen hoy las prácticas ideológicas y comunicacionales. No solo porque se trata de los nuevos auditórium, de los nuevos escenarios, que resultan más grandes, en comparación con los de la antigüedad, tampoco tiene que ver del todo con que estemos ante una proliferación de auditórium sin precedentes en todo el campo social, sino que la pérdida y el deterioro de la retórica tiene que ver con las incorporaciones instrumentales modernas, sobre todo porque estas prácticas ideológicas y estas redes comunicacionales tienen inmediatas repercusiones en la sociedad, en sus instituciones, en sus modus operandi, en la modulación de las conductas y los comportamientos. Con esto se habrían roto las mediaciones reflexivas y democráticas de la discusión. Cobra importancia el desenlace político, la modificación o consolidación de las cartografías de fuerzas en movimientos, en tensión y colisión. La sociedad se está transformando constantemente por el ritmo de las prácticas instrumentalizadas. Esta es una segunda razón por la que se puede decir que, de todas maneras, la “retórica” está íntimamente ligada a la política, en sus dos formas encontradas, la gobernabilidad y el conflicto. La política usa la “retórica” no solo como arte de la argumentación, como técnica (techné) de persuasión y como procedimiento de convencimiento, sino que construye su propia justificación, buscando movilizar las fuerzas en orientación a los fines perseguidos. En este sentido, la manipulación “retórica”, ideológica comunicacional, instrumental del lenguaje y las imágenes constituye un espíritu de la época. Desde la perspectiva de los procedimientos de gobernabilidad o de gobernanza, si nos remitimos al nuevo espíritu del capitalismo, el nuevo espíritu busca comprometer a los sujetos en la movilidad social de las fuerzas en aras de las nuevas estrategias de acumulación del capitalismo desterritorializado en el contexto de la globalización.

 

 

 

Los escritos sobre retórica de Friedrich Nietzsche

 

En su Descripción de la Retórica Antigua (Darstellung der Antiken Rhetorik), del semestre de invierno de 1872, Friedrich Nietzsche parte del concepto de retórica. De entrada aprecia la retórica de los antiguos del modo siguiente:

 

La retórica se enraíza en un pueblo que todavía vive entre imágenes míticas y que no conoce la necesidad absoluta de la fe histórica; ellos prefieren, mas bien, ser persuadidos que instruidos[2]

 

Nietzsche dice que se trata de un arte esencialmente republicano. La formación del hombre antiguo culmina habitualmente en la retórica, que es tomada como la suprema actividad espiritual del hombre político bien formado. Platón decía que la retórica es una habilidad, empeiria  caristoz tinoz kai hdonhz apergasiaz  (experiencia de una cierta gracia y agradable en expresión). Pone la retórica al mismo nivel que el arte culinario (oyoopikh), el arte de la cosmética (kommwtikh) y la sofística de la kolakeia (halago)[3]. En cambio en Fedro se concibe un orador cuya función trasciende la ornamentación; en vinculación con la dialéctica tiene que manejar los conceptos con una claridad absoluta. Además se trata de un orador que conoce el alma humana. Este orador no solo debe trasmitir conocimientos sino manipular a las multitudes.

 

 

 

De la ideología gubernamental

 

La palabra ideología es problemática, lo fue desde sus inicios. El término ideología fue formulado por Destutt de Tracy en Mémoire sur la faculté de penser, publicado durante 1796. La tesis concibe la ideología como la ciencia que estudia las ideas, su carácter, origen y las leyes que las rigen, así como las relaciones con los signos que las expresan.

El concepto de ideología es problemático para el marxismo; en la Contribución a la crítica de la economía política Karl Marx escribe que el conjunto de las relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. En otras palabras, Marx concibe a la ideología como una superestructura.

Antes, en el periodo que se conoce como la etapa del joven Marx, en las anotaciones, organizadas posteriormente como libro, tal como aparecen en la Crítica de la Filosofía del Derecho en Hegel, Marx escribe:

Es cierto que el arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el poder material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas. Y la teoría es capaz de apoderarse de las masas cuando argumenta y demuestra ad hominem; y argumenta y demuestra ad hominem cuando se hace radical. Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo[4].

 

La institucionalización del marxismo como materialismo histórico define el concepto de ideología en tanto forma parte de la superestructura, junto con el sistema político, la religión, el arte y el campo jurídico. De acuerdo a la interpretación institucional, la ideología se encuentra determinada por las condiciones materiales de las relaciones de producción, conocidas también como estructura económica y social. La adecuación a estas condiciones materiales se comporta como una "falsa conciencia".

Desde esta perspectiva la ideología es legitimadora del orden socialpolítico y jurídico. La ideología funciona como dispositivo de convencimiento, explica y valora lo que hay, le da un cierto aire de naturalidad o, mejor dicho, de historia lograda.

Aunque no podemos reducir las definiciones de la ideología dadas por las distintas corrientes marxistas a este maniqueísmo de la “consciencia falsa”. Las corrientes teóricas recientes han problematizado el concepto de ideología. En esta perspectiva, contaríamos con los trabajos de Ernst Bloch, Wilhelm Reich, de Antonio Gramsci, Así mismo de Nicos Poulantzas, más tarde de Louis Althusser, también de Karl Mannheim. Podemos comprender estos trabajos críticos en tanto y en cuanto se oponen al reduccionismo de la ideología a la figura de la “consciencia falsa”, también a responder mecánicamente al determinismo económico, expresado en la metáfora arquitectónica de estructura-superestructura. Sin embargo, a pesar de los aportes de la crítica, la clarificación sobre la ideología no se logra, aunque se enriquezca la discusión. Terry Eagleton, en sus investigaciones sobre la ideología y la concepción marxista de la misma, ha encontrado que en los escritos del propio Marx existen teorías diferentes sobre el punto.

En lo que se puede llamar el marxismo occidental, tal como lo ha hecho Perry Anderson, sobre todo para los historiadores de orientación no ortodoxa, que suele llamarse marxiana, particularmente en Francia e Inglaterra, de alguna manera ligada a la renovación historiográfica de mediados del siglo XX, que provoco la Escuela de los Anales, es compartida la tesis de que es imposible explicar la historia de un modo determinista. Desde esta perspectiva, puede encontrarse en la historiografía interpretaciones dinámicas de la ideología, construidas a partir del seguimiento de las investigaciones históricas de la ideología. Por ejemplo, se habla de la ideología dominante, de las adecuaciones de la ideología dominante a las nuevas condiciones del periodo o de la coyuntura, también del contexto. También se sugiere la emergencia de ideologías alternativas que entran en competencia con la ideología dominante, produce una crisis ideológica. Es en este contexto donde se puede comprender el sentido de la noción de crisis ideológica.

 

Fuera del campo marxista, hay dos autores postmarxistas que se han apartado del concepto de ideología, es más, que lo han criticado y lo consideran inadecuado para explicar los fenómenos que se dan en el ámbito imaginario, de los lenguajes, de las representaciones, de los conocimientos. Uno de esos autores es Michel Foucault, el otro es Pierre Bourdieu. Michel Foucault considera que el concepto de ideología se basa en supuestos insostenibles; uno de ellos es el supuesto de reflejo, que vendría a ser el resultado mecánico del determinismo. El otro supuesto es el de la represión, que las ideologías funcionan sobre la base de un dispositivo represivo. Michel Foucault considera que es menester lograr una interpretación materialista de los saberes, de la producción de verdades, de la hermenéutica del sujeto, a partir de las relaciones, estructuras, diagramas y agenciamientos del poder. Pierre Bourdieu no acepta la separación entre algo como ideología y la realidad, dice que esto no ocurre, ni podría explicar nada. Las representaciones forman parte de la realidad, así como los imaginarios; son dispositivos productores de realidad. Se concentra también en las prácticas, en los procedimientos, en los campos, sobre todo el campo escolar, así como en el habitus, como escenarios y espacios donde se construye la realidad.

Una comparación de estas interpretaciones teóricas, nos muestra que los marxismos no se habrían movido de una concepción dualistamateria-ideaestructura-superestructurarealidad-consciencia falsa; en tanto que estos autores propondrían una interpretación integral, compleja y dinámica de los fenómenos articulados que se dan en las sociedades.

Vamos a recurrir a estos autores, a sus teorías e investigaciones, para abordar un tema recurrente en la práctica política, la producción de realidades, a partir de los dispositivos discursivos, el control parcial o total de los medios, el monopolio de la violencia simbólica y el monopolio de la violencia física. Interesa contrastar las representaciones del poder con las descripciones más amplias que se puede hacer de los recortes de realidad, de los contextos problemáticos y disputados entre la institucionalidad del poder y los movimientos sociales alternativos y alterativos. A propósito, va a ser sumamente sugerente contrastar un reciente y recurrente discurso político, que circunscribe el conflicto amazónico en la teoría de la conspiración, bajo la figura esquemática del dominio absoluto de los patrones y el sometimiento total de los pueblos indígenas, con los otros discursos, sobre todo con las otras prácticas y relaciones que se dan en este inmenso continente ecológico que es la Amazonia.

Al respecto, hacemos notar que, cuando nos referimos a la “ideología” gubernamental, lo hacemos entrecomillando ideología, pues consideramos que es una tesis inadecuada para abordar la problemática de los saberes, de las formaciones discursivas, de los ámbitos imaginarios, de los sistemas simbólicos, de los esquemas de comportamiento y conductas. Preferimos acercarnos a la perspectiva compleja de Foucault y Bourdieu. Se trata de relaciones de poder, de estructuras de poder, de diagramas de poder, de violencia simbólica y violencia física del Estado, se trata de habitus, de subjetividades y sujetos, de usos del capital simbólico, del capital cultural, del capital económico y del capital social. Se trata entonces de señalar a la “ideología” gubernamental como retórica propagandística y dispositivo de poder con pretensiones de verdad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fetichismo “ideológico”

 

 

 

 

 

 

 

La que parece más adecuada lectura de Marx, lo que podemos tomar como el aporte teórico y crítico más fuerte de Marx, es, desde nuestro punto de vista, indudablemente, la efectuada y reconocida como teoría crítica de la “ideología”. La premisa fuerte se encuentra en el capítulo de El capital titulado El fetichismo de la mercancía. La crítica es la crítica de la cosificación; dice que la “ideología” económica ha reducido las relaciones sociales a relaciones entre cosas, como si hubiera relaciones entre cosas y no relaciones entre sujetos sociales. El fetichismo de la mercancía es la expresión más aguda de la crítica de la “ideología”. El fetichismo de la mercancía no es el único fetichismo, hay otros, el fetichismo del Estado, el fetichismo institucional, el fetichismo del poder, el fetichismo discursivo, el fetichismo teórico; en conjunto podemos hablar del fetichismo “ideológico” o, si se quiere, del fetichismo como mecanismo operativo de la “ideología”.

 

La paradoja del marxismo es que, a pesar de esta crítica de la “ideología”, ha caído también en la “ideología”; es decir, en el fetichismo, ha convertido al marxismo en una “ciencia”, en el sentido positivista. La “ciencia” convertida en una verdad objetiva, cuyas leyes son indiscutiblemente las verdades de la historia.  A esto llama las leyes de la dialéctica, las leyes del materialismo histórico y las leyes del materialismo dialéctico. También ha convertido al partido en otro fetiche institucional; sin partido no hay “revolución”. El partido es la vanguardia, la consciencia del proletariado, aunque esté constituida por intelectuales de las “clases medias”.  No se trata de discutir su procedencia, lo que sería inocuo, tal como lo hacen los “marxistas” militantes, al demarcar ciencia proletaria de ciencia burguesa.  Postura que los ha llevado a grotescas afirmaciones; por ejemplo, cuando opusieron la técnica del injerto como ciencia proletaria, frente a la genética, considerada ciencia burguesa. De lo que se trata es de mostrar esta pretensión vanguardista, de sustitución del proletariado, sobre todo, su pretensión de ser la consciencia histórica del proletariado.

 

Se entiende que en la lucha política se emplee los recursos de la lucha “ideológica”, pensada por un connotado teórico marxista como el terreno “teórico” de la lucha de clases. Se comprende, que para la formación de la militancia, se inculque este espíritu de cuerpo, que es el del partido; sin embargo, esto no avala, de ninguna manera, la pretensión “ideológica” de la llamada vanguardia. La teoría de la lucha de clases, que es la otra tesis fuerte del Marx, no sostiene esta pretensión “ideológica”.  La lucha de clases - que no solamente se reduce a la lucha entre el proletariado y la burguesía, como muestra pedagógicamente El capital, sino que se abre a la lucha entre clases dominantes y clases dominadas, en el conjunto de clases que componen las sociedades modernas, en clave heterogénea - no sostiene la tesis hegeliana de la consciencia en sí y su superación en consciencia para sí. Esta interpretación es forzada, no por Hegel, ni por Marx, sino por los “marxistas” militantes, celosos positivistas, respecto de la “ciencia”, celosos “ideólogos”, respecto de estos discursos formativos.

 

La materialidad política de la lucha de clases, donde se forman las clases, según la lúcida interpretación del marxista británico Thompson, no sostiene una tesis espiritualista como la dialéctica de la consciencia, que deja de ser en sí para llegar a ser para sí. Sólo una militancia celosa y fundamentalista podría hacer esta clase de bodrios, mezclando las tesis materialistas de la lucha de clases con las tesis “idealistas” hegelianas.

¿Qué es la “ideología”? Terry Eagleton, después de mostrar la pluralidad de nociones, acepciones y usos de “ideología”, seleccionando un enunciado adecuado, responde:

 

Así pues, ¿a qué hace referencia la ideología? Quizá la respuesta más general que la ideología tiene que ver con la legitimación del poder de un grupo o clase social dominante. “Estudiar la ideología”, escribe John B. Thompson, “… es estudiar las formas en que el significado (o la significación) sirve para sustentar relaciones de dominio”.  Ésta es probablemente la definición de ideología más ampliamente aceptada; y el proceso de legitimación implicaría, por lo menos, seis estrategias diferentes. Un poder dominante se puede legitimar por sí mismo promocionando creencias y valores afines a él; naturalizando y universalizando tales creencias para hacerlas evidentes y aparentemente inevitables; denigrando ideas que puedan desafiarlo; excluyendo formas contrarias de pensamiento; quizá por una lógica tácita pero sistemática; y oscureciendo la realidad social de modo conveniente a sí misma. Tal “mistificación”, como es comúnmente conocida, a menudo adquiere la forma de enmascarar o suprimir los conflictos sociales, de lo que se desprende el concepto de ideología como una resolución imaginaria de contradicciones reales. Probablemente, en cualquier formación ideológica actual estas seis estrategias se relacionan de forma compleja[5].

 

Nosotros, de manera diferente, hemos partido como definición, de la tesis sobre el fetichismo de la mercancía de Marx. Consideramos que esta tesis establece no solo una definición, compone no solo un concepto, de “ideología”, sino que explica la “ideología”, a partir de esta atribución de relaciones a las cosas, de esta cosificación, explicando entonces, la “ideología” no sólo como imaginaria, sino como evento ideacional sostenido en el campo de relaciones sociales. Hablamos de relaciones sociales que invisten a dominantes y dominados, a propietarios y no propietarios, a intelectuales y no intelectuales, a representantes y representados, a normales y anormales. La lista puede ser más larga. Lo importante es que en el marco de estas relaciones los no propietarios venden su fuerza de trabajo a los propietarios, los dominados se subordinan a los dominantes, los no intelectuales aprenden de los intelectuales, los representados entregan su confianza y voluntad a los representantes, los anormales se someten a procedimientos de normalización y normatización o son internados, encerrados, incluso desaparecidos.  La “ideología” no sólo es imaginaria; este imaginario, lo ideacional, se sostiene en una mecánica de fuerzas, en una sociología de relaciones, apoyada por los dispositivos institucionales. A pesar de todos los esfuerzos que se han hecho después, por más eruditos que sean, la mejor tesis, hasta el momento sobre “ideología” es indudablemente la de Marx, por su comprensión integral entre lo imaginario y lo material.

 

Lo que hacemos es extender la tesis del fetichismo de la mercancía a todas las formas de fetichismo que hacen a la “ideología” generalizada de la economía política generalizada.  La crítica de la economía política de Marx, que es también una crítica de la “ideología”, se extiende en la crítica de la economía política generalizada, que es también crítica de la “ideología” generalizada.

Si quisiéramos darle una enunciación más categórica, que nos permita ilustrar mejor, podemos decir que la “ideología” se remite a los imaginarios que hacen de dispositivos ideacionales de las dominaciones.  En este sentido, es un recurso usado tanto por dominantes y dominados cuando refuerzan las dominaciones, aunque sean las propias dominaciones, que recaen sobre los propios cuerpos. Cuando los y las dominadas se emancipan o, si se quiere, comienzan los procesos de emancipación, mas bien, se desmarcan de la “ideología”, critican las formas de “ideología” usuales, se abren al decurso de la imaginación radical y del imaginario radical[6]. Inventan otras narrativas, otras interpretaciones, que activan la potencia social.

 

Desde esta perspectiva, la imaginación radical, el imaginario radical, las narrativas emancipatorias, en un momento dado, en un lapso determinado, pueden estancarse, invertirse, pasando a ser imaginación e imaginario conservadores, narrativas oficiales institucionalizadas, forman parte de la “ideología” o la nueva forma de la “ideología”, como dispositivo enunciativo del poder.  Esto es precisamente lo que ha pasado con las corrientes marxistas, salvo, claro está, con los marxismos críticos, a los que debemos incluir la crítica de la “ideología” marxista.

 

Para no aludir a los síntomas, rasgos y características, que hacen al marxismo una “ideología” - en otros escritos lo hicimos[7] -, vamos a circunscribirnos, ahora, a los usos partidarios y militantes del marxismo. El partido ha convertido al marxismo en una “ciencia”; con lo que ha dejado de ser un arma de lucha, reduciéndose a los estrechos límites, los mecanismos reducidos y estáticos de la “ciencia” positivista. Por este camino, el de la ciencia proletaria opuesta a la ciencia burguesa, ha recorrido el camino que lleva a fundar una nueva religión, aunque sea laica. El marxismo se convierte en la nueva religión de la historia, que contiene las verdades de la historia, las leyes dialécticas de la historia; entonces el marxismo al considerarse no sólo la consciencia histórica, sino la racionalidad histórica per se, es indiscutible. Puede hacer de juez histórico, relegando a los impíos al infierno de la ignorancia o al limbo de los iconoclastas.

Por el camino de la nueva religión, ha conformado una moral “revolucionaria”, que como toda moral, separa el mundo maniqueamente entre buenos y malos. Los buenos son los “marxistas”; los malos son los demás; en este caso hay una gama variada de malos; desde la “extrema derecha” hasta los desubicados, pasando por las “izquierdas” radicales, que pretenden hacer crítica a la sagrada religión, a las sagradas escrituras del Moisés Marx. 

No es pues una casualidad que se hable de “siete pecados capitales”[8]. Los “pecados” son contra la religión laica, contra los mandamientos del partido, contra las verdades de la “ciencia” positiva del materialismo histórico y de la insuperable filosofía del materialismo dialéctico.

El primer “pecado” es comentar que los “revolucionarios” consideran el mundo como representación; es decir, no comprenden el mundo en su efectividad material conectada a la virtualidad imaginaria. El segundo “pecado” es señalar que los “revolucionarios” se inclinan por la trama heroica; en otras palabras, que se consideran héroes de una epopeya. El tercer “pecado” es considerar que la historia no es teleológica; la narrativa histórica o la historia como narrativa, pues no es otra cosa, a no ser que se crea que la historia es realidad y no interpretación. Que la historia efectiva, que no es narrativa, aunque comprenda muchas narrativas concurrentes, responde a mecánicas y dinámicas de fuerza. Las narrativas oficiales las escriben los vencedores, las narrativas histórico-políticas las transmiten los vencidos. El cuarto “pecado” es apuntar que la revolución no es un problema de derechos, sino de desconstitución y constitución de subjetividades plenas, de transformación de los esquemas de comportamientos y conductas. Esta tesis se refuta con la apreciación de la revolución como la constructora del hombre nuevo; entonces la revolución es “fenómeno de consciencia”.  El quinto y sexto “pecado” es afirmar que si la revolución no viene acompañada por la articulación complementaria entre el igualitarismo con la libertad no es una revolución, sino un retorno al Estado policial. El séptimo “pecado” es alegar que una revolución que no viene acompañada por la crítica cae en el dogmatismo, se enquista, se vuelve contra-revolución.

 

No se trata de refutar estas observaciones; caeríamos en lo mismo. Una discusión por la verdad. De lo que se trata es de definir qué se discute, cuál es el alcance de la discusión. Si la pretensión es la verdad, quién tiene la verdad, la discusión se circunscribe al campo “ideológico”.  En cambio, si la discusión se abre a problemas de comprensión de la complejidad, que es la realidad misma, comprensión que incide en la capacidad de transformación. Si este es el caso, las pretensiones de verdad están de más, se oponen a la comprensión, obstaculizan la posibilidad de conocimiento, al convertir al saber en algo acabado, concluido. Clausuran la posibilidad de aprendizaje. En este caso, la discusión es sobre el porvenir de las emancipaciones y liberaciones; si se quiere, sobre el porvenir del comunismo.

 

La discusión sobre la comprensión, interpretación, conocimiento, de la realidad, de la complejidad, es de suma importancia, pues lo que se discute es sobre cómo mejorar las condiciones de incidencia, cómo mejorar las capacidades de transformación. En este sentido, se trata de atravesar los límites del saber, los límites del conocimiento, a los que se ha llegado; de lo que se trata es de retomar la experiencia social buscando replantear las teorías usadas, desplegando teorías más completas, que respondan mejor a la interpretación y explicación de la complejidad. No se trata pues de defender una teoría dada, sino de ampliar considerablemente la comprensión y el conocimiento, mejorando las capacidades y posibilidades de transformación. La defensa de la teoría, la defensa de la pretensión de verdad, invierte la problemática, al reducirla a la subsistencia discursiva, a la persistencia de del corpus teórico. En este caso, la discusión es un debate dogmático, un debate sobre la ortodoxia. Se ha renunciado a la transformación efectiva, a la emancipación efectiva, optando por una transformación imaginaria, por una emancipación imaginaria. La preocupación es por el prestigio de la teoría, por el prestigio de la “ciencia” social positiva, por el prestigio del partido, pretendiendo que el destino de la “revolución” se juega en el partido, en la teoría, en esta pretendida “ciencia” positiva. Este es el síntoma evidente de que la “revolución”, de que los “revolucionarios”, han sido atrapados por las mallas del poder.

 

 

 

 

 

 

Definiciones de “ideología”

 

Después de evaluar las dificultades de considerar la ”ideología” como legitimación discursiva de las dominaciones, Terry Eagleton, recogiendo la definición del filósofo político Martin Selige, propone que es más pertinente concebir la “ideología”, como cualquier tipo de intersección entre sistemas de creencias y poder político[9].  “Ideología”, como “conjunto de ideas por las que los hombres proponen, explican y justifican fines y significados de una acción social organizada y específicamente de una acción política, al margen de si tal acción se propone preservar, enmendar, desplazar o construir un orden social dado”[10].

Sin embargo, Eagleton no deja de observar inconvenientes a esta última definición; escribe:

 

Ampliar el alcance del término ideología de esta manera tiene la ventaja de permanecer fiel a un uso más común y así resolver el aparente dilema de por qué, por ejemplo, el fascismo tendría que ser una ideología pero no el feminismo. Tiene, no obstante, la desventaja de parecer desechar del concepto de ideología un número de elementos que muchos teóricos radicales han considerado un punto central de éste: la ocultación y «naturalización» de la realidad social, la aparentemente correcta resolución de las contradicciones reales, y así sucesivamente. Mi punto de vista personal es que los significados de ideología amplio y restrictivo tienen sus usos, y que su incompatibilidad recíproca, al ser fruto de historias políticas y conceptuales divergentes, debe reconocerse sin más. Este punto de vista tiene la ventaja de ser fiel a la frase implícita de Bertolt Brecht – “¡Utilizadlo que podéis!” -. Y la desventaja de una excesiva caridad[11].

 

Terry Eagleton no llega a resolver los problemas que se plantea sobre el concepto de ideología, problemas que tienen que ver con los límites de los alcances de las distintas acepciones e interpretaciones, con la concepciones contrapuestas, con los presupuestos no generalizables, también con la discutible tesis de la “consciencia falsa”, así como con considerarla como expresión del error. En consecuencia, prefiere optar por seis definiciones más o menos congruentes, que en conjunto, supuestamente pueden resolver los problemas que plantea; escribe:

 

Es posible definir la ideología de seis maneras aproximadamente diferentes, con un enfoque progresivamente contrastado. En primer lugar, podemos entender por ideología el proceso material general de producción de ideas, creencias y valores en la vida social. Esta definición es tanto política como epistemológicamente neutral y está próxima al sentido más amplio del término “cultura”. Aquí, la ideología, o cultura, denotaría todo el complejo de prácticas de significación y procesos simbólicos de una sociedad determinada; aludiría a la manera en que las personas “viven” sus prácticas sociales, en vez de a esas prácticas concretas, que pertenecerían a los ámbitos de la política, la economía, la teoría del parentesco, etc. Este sentido de ideología es más amplio que el sentido de “cultura”, que se limita a la labor artística o intelectual de valor aceptado, pero más restringido que la definición antropológica de cultura, que abarca todas las prácticas e instituciones de una forma de vida. “Cultura”, en este sentido antropológico, incluiría, por ejemplo, la infraestructura financiera del deporte, mientras que la ideología se referiría más en particular a los signos, significados y valores codificados en las prácticas deportivas. Este sentido más general de ideología subraya la determinación social del pensamiento, proporcionando así un valioso antídoto al idealismo; pero por lo demás sería trabajosamente amplio y guardaría un sospechoso silencio sobre la cuestión del conflicto político. La ideología significa algo más que, por ejemplo, las prácticas de significación asociadas por la sociedad con el alimento; incluye las relaciones entre estos signos y los procesos del poder político. No es co-extensa con el ámbito general de la “cultura”, pero ilumina este campo desde una perspectiva particular.

Un segundo sentido de ideología, ligeramente menos global, gira en torno a las ideas y creencias (tanto verdaderas como falsas) que simbolizan las condiciones y experiencias de vida de un grupo o clase concreta, socialmente significativo. La cualificación “socialmente significativo” es necesaria, pues sería extraño hablar de las ideas y creencias de cuatro compañeros habituales de copas o del sexto curso de la Manchester Grammar School como grupos de ideología. Aquí, el concepto de “ideología” está muy cerca de la idea de “cosmovisión”, aunque puede afirmarse que las cosmovisiones suelen interesarse por cuestiones fundamentales como el significado de la muerte o el lugar de la humanidad en el universo mientras que la ideología se puede extender a cuestiones como el color de los buzones.

Concebir la ideología como una suerte de autoexpresión simbólica colectiva no es aún considerarla en términos relacionales o conflictivos; así, parece que exista la necesidad de una tercera definición del término, que atienda a la promoción y legitimación de los intereses de grupos sociales con intereses opuestos. No todas estas promociones de intereses grupales suelen denominarse ideológicas: no es particularmente ideológico pedir al Ministerio de Defensa que se abastezca de pantalones estampados en vez de lisos, por razones estéticas. Los intereses en cuestión deben tener alguna relevancia para el sostenimiento o puesta en cuestión de toda una forma de vida política. Aquí, la ideología puede contemplarse como un campo discursivo en el que poderes sociales que se promueven a sí mismos entran en conflicto o chocan por cuestiones centrales para la reproducción del conjunto del poder social. Esta definición puede entrañar el supuesto de que la ideología es un tipo de discurso particular “orientado a la acción”, en el que el conocimiento contemplativo esta generalmente subordinado al fomento de intereses y deseos “irracionales". Sin duda por esta razón, hablar “ideológicamente” conlleva en ocasiones, en la cultura popular, un aire de desagradable oportunismo, sugiriendo la disposición a sacrificar la verdad a fines menos presentables. Aquí, la ideología aparece como un tipo de discurso disuasorio o retórico más que verídico, menos interesado por la situación “tal como es” que por la producción de ciertos efectos útiles para fines políticos. Así pues, es irónico que algunos consideren la ideología demasiado pragmática y otros insuficientemente pragmática, demasiado absolutista, ultramundana e inflexible.

Un cuarto sentido de la ideología conservaría este acento en la promoción y legitimación de intereses sectoriales, pero lo limitaría a las actividades de un poder social dominante. Esto puede incluir la suposición de que estas ideologías dominantes contribuyen a unificar una formación social de manera que convenga a sus gobernantes; de que no es simplemente cuestión de imponer ideas desde arriba sino de asegurar la complicidad de clases y grupos subordinados, y así sucesivamente. Posteriormente examinaremos más detenidamente estas suposiciones. Pero este sentido de ideología es aun epistemológicamente neutral y por consiguiente puede refinarse en una quinta definición, en la que la ideología signifique las ideas y creencias que contribuyen a legitimar los intereses de un grupo o clase dominante, específicamente mediante distorsión y disimulo. Nótese que en estas dos últimas definiciones no todas las ideas de un grupo dominante tienen que considerarse ideológicas, por cuanto, algunas de ellas tal vez no promuevan particularmente sus intereses, y algunas de ellas pueden hacerlo mediante el uso del engaño. Nótese también que en esta última definición es difícil saber cómo calificar un discurso políticamente opositor que promueve y pretende legitimar los intereses de un grupo o clase subordinados por recursos como la “naturalización”, universalización o disfraz de sus intereses reales. Por último, existe la posibilidad de un sexto sentido de ideología, que conserva el acento en las creencias falsas o engañosas pero considera que estas creencias derivan no de los intereses de una clase dominante sino de la estructura material del conjunto de la sociedad. El término “ideología” sigue siendo peyorativo, pero se evita su presentación como si fuese un origen de clase. La muestra más célebre en este sentido, como veremos, es la teoría marxiana del fetichismo de la mercancía.

Finalmente podemos volver a la cuestión de la ideología como “relaciones vividas” en vez de como representaciones empíricas. Si esto es así, de esta concepción se siguen algunas consecuencias políticas de importancia. Se sigue, por ejemplo, que la ideología no puede transformarse sustancialmente ofreciendo a las personas descripciones verdaderas en vez de falsas - que en este sentido no se trata simplemente de un error -. No llamaríamos ideológica a una forma de conciencia sólo porque fuese un error de hecho, por profundamente erróneo que fuese. Hablar de “error ideológico” es hablar de un error con causas y funciones particulares. Una transformación de nuevas relaciones vividas con la realidad sólo podría conseguirse mediante un cambio de la propia realidad. Así pues, negar que la ideología sea primordialmente una cuestión de representaciones empíricas, va ligado a una teoría materialista de la forma en que aquélla opera y de cómo podría cambiarse. Sin embargo, al mismo tiempo es importante no reaccionar tan violentamente contra una teoría racionalista de la ideología como para abstenerse de intentar cambiar el punto de vista de la gente en relación con cuestiones de hecho. Si alguien cree realmente que todas las mujeres sin hijos están frustradas y amargadas, presentarle el mayor número posible de mujeres sin hijos felices podría hacerle cambiar de opinión. Negar que la ideología es esencialmente una cuestión racional no es llegar a la conclusión de que es totalmente inmune a las consideraciones racionales. Y aquí “razón” significa algo como el tipo de discurso que resultaría de la participación activa del mayor número posible de personas en una discusión de estos asuntos en las condiciones más libres de dominación posibles[12].

 

Estas seis definiciones tomadas por Eagleton no dejan de ser problemáticas, como el mismo reconoce en su exposición; pero, no solo por lo que expone y quiere resolver agrupando estas definiciones, sino porque considera el concepto de ideología como meramente teórico, que se ventila en el debate teórico. Esto es un retroceso, cuando ya Marx avanzó al análisis de la mecánica de las fuerzas sociales, analizando la “ideología” como dispositivo o dispositivos de estas fuerzas. La “ideología” aparece analizada en sus efectos prácticos, en su funcionamiento efectivo, no como problema teórico y de definiciones, más o menos adecuadas.

 

Eagleton hace una crítica a la crítica de Michel Foucault al concepto de “ideología”; sin embargo, esta crítica sigue suponiendo que se trata de problemas de definición conceptual, cuando Foucault se mueve en las teorías críticas de las dominaciones, en las teorías histórico-políticas críticas del poder. Foucault descarta el concepto de “ideología” no por lo que cree Eagleton, por considerarla muy cerca de la teoría de la conspiración, diciéndolo de manera más ilustrativa lo que pretende demostrar, sino porque sus estudios y análisis críticos del poder, entendido como relaciones de fuerza, exigen comprender la articulación e integración de los dispositivos de poder, los dispositivos de saber y los dispositivos de ejercicio de fuerzas. Esta es la razón por la que prefiere usar el concepto más amplio, más dúctil y más funcional de saber.

 

Nosotros, a pesar de compartir la genealogía, la arqueología y la topología de Foucault, retomamos el concepto de “ideología”, como lo ha concebido Marx, por las connotaciones de la crítica de la economía política, por lo tanto, por las connotaciones de la crítica de la economía política generalizada. Crítica que sitúa los problemas de la lucha de clases, los problemas “ideológicos”, los problemas del poder, en los contextos de los tejidos del sistema-mundo capitalista, cuya geopolítica racial es genealogía colonial.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texturas entrelazadas 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marxismo de guardatojo

 

 

 

En memoria de Guillermo Lora Escobar. Historiador intelectual marxista-trotskista, fundador del POR, además de militante, persistente crítico, y coautor de la Tesis de Pulacayo. Una vida dedicada a la revolución proletaria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera parte

Acción política

 

 

La singularidad de una versión

 

Llamo marxismo de guardatojo al marxismo minero boliviano; un marxismo que combina explosivamente la “ideología” marxista, en versión trotskista, y la intuición subversiva minera, de los hombres del socavón. Podríamos decir que se trata de un marxismo propio, que emerge de la experiencia de la lucha de clases, vivida desde las entrañas mismas del subsuelo, la manca-pacha. Como componente de este marxismo se halla la formación discursiva marxista-trotskista, constituida laboriosamente por intelectuales como José Aguirre Gainsborg, Tristán Marof, en sus balbuceos preliminares, y sobre todo por Guillermo Lora, ya en su despliegue logrado. Es cierto que este marxismo boliviano deviene del marxismo mundial, con el aire universalista que le caracteriza y, sobre todo, después de las escisiones dramáticas y dolorosas de la Tercera Internacional. No se desconoce esta herencia histórica, de ninguna manera, sino que se comprende que esta herencia, dada la situación del debate, se adecua y actualiza, además de reinventarse, a su modo, en las condiciones históricas-políticas-sociales-económicas de la formación social boliviana. Esto es lo importante, sobre todo debido al impacto en la formación de la consciencia de clase del proletariado minero boliviano. 

 

Nos concentraremos en el papel del historiador, “ideólogo”, militante del Partido Obrero Revolucionario (POR), Guillermo Lora. Pues este historiador del movimiento obrero y militante marxista ha dejado huellas hendidas en la memoria de luchas del proletariado boliviano. Quizás el papel más destacado lo haya cumplido en la elaboración de la Tesis de Pulacayotesis de transición, en la perspectiva de la revolución permanente. Hay que interpretar su recorrido en el periodo intenso de la historia política boliviana de la revolución proletaria inconclusa, que puede recortarse desde la Tesis de Pulacayo (1946) hasta la Asamblea Popular (1971). Lo que viene después es como el periodo de retorno a cierta hegemonía barroca, fragmentada y mezclada, del populismo, en distintas versiones; por lo menos dos; la versión de la UDP y la versión del MAS.

 

Es indispensable interpretar de nuevo este periodo álgido e intenso, sobre todo sus huellas hendidas en las memorias sociales, pues se requiere hacer esto para comprender los espesores del momento, la coyuntura y el periodo actual, que caracterizamos de crisis del “proceso de cambio”, de la llamada “revolución democrática y cultural”, que no puede llamarse inconclusa, porque tampoco, en realidad, se inició, salvo el heroico preludio de la movilización prolongada (2000-2005). Lo que viene después es la segunda versión de una revolución populista, la primera fue la de 1952. La segunda versión viene como comedia, en comparación con la primera. La diferencia, por cierto, importante, es la convocatoria indígena, la perspectiva de la descolonización, que hace, en realidad, de substrato de la movilización prolongada. Esta convocatoria indígena tiene su propia historia, por lo menos, sin ir más atrás, desde los levantamientos pan-andinos del siglo XVIII; la guerra anticolonial y la lucha descolonizadora también tiene su propia historia, configurada en las plurales y proliferantes resistencias de las naciones y pueblos indígenas en el continente, en defensa de sus territorios, de sus culturas y lenguas, de sus instituciones propias. Ocurre que, no tanto por un azar histórico, sino, mas bien, porque dos paralelas, que no se tocan, terminan de encontrarse en el tejido espacio-temporal-territorial-social curvo.

La historia política proletaria, anticapitalista y antiimperialista, se encuentra con la larga historia de la guerra anticolonial de las naciones y pueblos indígenas, con las luchas descolonizadoras de estos pueblos; descolonización, ahora, interpretada claramente como anticapitalista y anti-moderna. Quizás el anticapitalismo indígena sea más profundo que el anticapitalismo proletario, pues es anti-moderno. La modernidad es la matriz y la cuna de donde emerge el capitalismo.

 

Debemos entonces retomar reflexivamente esta herencia de las luchas proletarias y las huellas hendidas, en la memoria social, por la militancia de perfiles subjetivos y de acción tan sugerentes como el de Guillermo Lora Escobar.

 

Nació en Uncía en 1922; la experiencia minera no le era por nada ajena; es más, formó parte de su más próxima realidad. Estudió derecho en las universidades públicas de La Paz y Cochabamba; sin embargo no ejerció esta profesión. Se hizo militante marxista; esta fue su pasión, la lucha de clases. Sin embargo, aprovechó su formación universitaria para consagrarse a la escritura de crítica y de combate. Sobre todo hay que reconocerlo como historiador minucioso, detallado, dedicado y disciplinado del movimiento obrero. No hay otro historiador como él. Polemista y crítico del discurso del nacionalismo revolucionario; también de las otras versiones marxistas, sobre todo de las del Partido Comunista, que consideraba estalinista. Su estilo de escritura es directa, áspera, dura, sobre todo clara y transparente. Como se dice, popularmente, no se anda con vueltas.

 

En 1946 elaboró la Tesis de Pulacayo, en estrecha relación con los sindicatos mineros y la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia. Esta es la Tesis que es base de las Tesis de la COB, salvo la penúltima. La última intenta artificialmente retomar la tesis de transición de la revolución proletaria; sin embargo, no es más que una finta, en una dirigencia sindical obrera comprometida hasta la médula en las cooptaciones clientelares populistas.

 

Luis Oporto Ordóñez dice:

 

El 8 de noviembre de 1946 la delegación de Llallagua presentó la tesis política del partido, al Congreso Extraordinario minero reunido en el centro minero de Pulacayo, cuyos delegados la aprobaron como Tesis Central de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia[13].

 

 

 

La Tesis de Pulacayo hace una lectura singular de la formación económica social boliviana, que Lora, calificaba como de capitalismo atrasado y dependiente. Encuentra en el seno de sus contradicciones, la contradicción de nación sometida al imperialismo, combinada íntimamente con la contradicción del proletariado con la burguesía minera boliviana, con el conjunto de la burguesía, que caracterizaba como feudal-burguesía. De esta premisa no saca la conclusión que saca el PCB de una revolución por etapas, al estilo estalinista, sino, más bien, siguiendo a Marx en sus escritos histórico-políticos, de revolución permanente; es decir, de una revolución que transita combinando la revolución socialista con el cumplimiento de las tareas democráticas burguesas, no concluidas por la clase dominante; que tampoco van a ser cumplidas por ésta, ya sea liberal, o aparezcan después, en un discurso profuso, como nacionalista-revolucionaria. Es la alianza del proletariado con el campesinado, con las clases explotadas, la que tiene la potencia para cumplir combinadamente estas tareas, las democráticas y realizar la revolución socialista.

 

La Tesis de Pulacayo marcó el paso al debate del periodo histórico político, en cuestión. Más aún, encarnó en el cuerpo del proletariado de entonces; en sus comportamientos y conductas, en sus gestos, en sus miradas, en sus discursos e interpelaciones. La concepción de la Tesis hizo de materia de los argumentos del proletariado en sus luchas, incluso, sin necesidad de aludir a su raigambre “ideológica”, aunque los dirigentes si lo sabían.

 

El marxismo boliviano, éste, el que se encarna en el proletariado minero, no hablamos de otras versiones, es un marxismo de socavón, es un marxismo de guardatojo. Esta peculiarialidad es profunda, además de ser singular. Hablamos de una manera de concebir el mundo, desde la perspectiva honda que da la oscuridad luminosa del socavón minero. De una manera de arronjarse a la lucha, a la predisposición por el gasto heroico. En Bolivia se ha conocido esto como el coraje minero. En el caso de Guillermo Lora, que es el teórico de este marxismo de guardatojo, es la manera áspera y dura de construir los conceptos, de darles una estructura conceptual. Se puede decir, metafóricamente, no por eso menos verdad, que son las manos callosas y férreas del minero las que escriben esa narrativa marxista boliviana. También es un amor y apego a su verdad, devenida de la experiencia de la explotación y de la memoria dramática de las luchas. Por eso mismo, no es indulgente, sino, mas bien, tajante, cuando se tiene que polemizar con los contrincantes.

 

El periodo, en cuestión, es un periodo de hombres rudos. Esto también se hace sentir, se irradia, expresándose abiertamente, en el discurso, en la escritura, en la elocuencia marxista boliviana. Guillermo Lora es un teórico rudo; un militante disciplinado y exigente, un maestro en la formación de militantes a la vez riguroso y a la vez cordial. No ha sido querido por muchos contrincantes, sobre todo marxistas, de otras versiones, precisamente por ser como era, rudo, áspero, directo, nada indulgente. Salvo los teóricos y escritores críticos, dedicados a auscultar la formación social abigarrada boliviana, que haga inteligible a la interpretación, como René Zabaleta Mercado, quién reconocía el valor de su producción histórica y política. Zavaleta le llamaba cariñosamente “El Fiero”. También Marcelo Quiroga Santa Cruz reconoció públicamente el gran aporte de Lora a la historia del movimiento obrero, en un debate que tuvo con él en una asamblea polémica, en la UMSA.  La mayoría de la militancia de base e intermedia de los marxismos contrincantes se dedicó a descalificarlo, sin haberlo leído. O los pocos que lo leyeron prefirieron dejarse llevar por los prejuicios partidarios que valorar la obra, que forma parte de las singulares experiencias del pueblo boliviano y de la memoria de sus luchas.

No se trata, de ninguna manera, de hacer apología de Guillermo Lora, como hacen los militantes del POR, sino comprender la asombrosa formación “ideológica” de este marxismo de guardatojo, cuya particularidad es esa composición explosiva entre intuición subversiva minera y discurso marxista rudo. Particularidad, que además, y esto es parte del asombro, quizás de la seducción, de este marxismo, de haberse encarnado en el proletariado minero.

Lo que importa es comprender el acontecimiento de este marxismo de guardatojo, que también llamaremos un marxismo propio. No interesa ahora, entrar en discusión o criticar este marxismo, cuyo valor histórico es haber encendido en las minas la interpretación histórico-política de la lucha de clases, darle esa elocuencia universal en la que se expresa el marxismo. Cosa distinta es entrar en discusión con las versiones contemporáneas del trotskismo, que a diferencia de aquél trotskismo, no arraigan en el proletariado, sino en grupos dispersos de estudiantes universitarios y profesores.  Por más dedicación que le den a su militancia, el hecho de su distanciamiento en la formación del proletariado, los aleja del substrato más importante del marxismo, la experiencia proletaria. Por otra parte, el hecho de que se hayan detenido a rumiar los libros de Guillermo Lora, sin sacar las consecuencias políticas y conceptuales, en el nuevo periodo que toca vivir, con cambios y modificaciones en la estructura de la lucha de clases, los convierte en repetidores anacrónicos, en una coyuntura que no comprenden.

La comprensión de la formación social boliviana, de su tiempo, le venía a Lora de su experiencia minera, también de su intuición subversivasingular en su persona, apoyada con su formación marxista. He ahí su autenticidad. Por eso, pudo hacer inteligible la formación social de su tiempo, en la medida que la experiencia daba el horizonte, en la medida que la propia mirada alcanzaba. Lo que llama la atención, ahora, es que los marxistas contemporáneos, no solo trotskistas, sino los llamados estalinistas, otros marxistas independientes, así como alguno que se cree el último bolchevique y marxista solitario, no dicen nada sobre la formación social boliviana actual, no hacen inteligible sus estructuras inherentes. Matizando, dicen poco, salvando las diferencias. En este conjunto no incluimos al marxismo gramsciano, que por sus propios desplazamientos teóricos, respecto al marxismo ortodoxo, se ha convertido en una fuente innovadora del marxismo crítico, sobre todo cuando se trata de buscar nuevas interpretaciones para formaciones sociales abigarradas y contingentes, como las que aparecen en las periferias del sistema-mundo capitalista y en los centros de este sistema-mundoabigarramientos ocasionados por las migraciones y la manifestación pluricultural de sus orbes. Sin embargo, hasta este marxismo crítico y de apertura se ha quedado rezagado ante la experiencia desbordante de los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos, que han abierto otros horizontes de visibilidad, de decibilidad y de perceptibilidad, que corresponden a la apertura sensible e inteligible a la complejidad.

 

Volviendo a esta herencia, la del marxismo de guardatojo, herencia a la que no debemos renunciar, pues forma parte de la memoria social de las luchas, memoria actualizada en la contemporaneidad de la guerra contra el imperio, el sistema-mundo capitalista, en la etapa de su ciclo vigente de la dominancia financiera y la destrucción expansiva del extractivismo. Vamos a recorrer por los tejidos de otra interpretación de este marxismo de guardatojo, en lo posible desde la perspectiva de la complejidad.

 

 

Miradas del marxismo de guardatojo

 

Empecemos con la mirada que tiene de la revolución de 1952 este marxismo de guardatojo. La pregunta es: ¿Bolivia de 1952, revolución inconclusa o revolución nacional-popular? En Paradojas de la revolución[14], escribimos:

  

Agustín P. Justo, conocido como Liborio Justo, así como por su nombre de guerra, “Quebracho”, escribió La revolución derrotada[15], refiriéndose a la revolución boliviana de 1952. De acuerdo a la teoría de la revolución permanente, las revoluciones proletarias y donde interviene el proletariado, deben concluir en una revolución socialista. Entonces, desde la perspectiva de la teoría, la revolución de 1952 es una revolución inconclusa, pues no ha devenido socialista. El “paradigma” para hacer esta interpretación de lo acaecido con la insurrección de abril de 1952 es la revolución rusa de 1917. El paradigma, no solamente contempla la transición, la conversión de la revolución democrática en una revolución socialista, sino también, el papel protagónico del partido del proletariado. Basándonos en lo que dijimos más arriba, esta interpretación corresponde a la exégesis de la voluntad revolucionaria. No vamos a caer en la discusión, también maniquea, de si esta interpretación es “subjetiva” u “objetiva”, realista o utópica, pues, ¿en qué teoría, en qué ciencia, en qué interpretación, en qué “representación”, no interviene el “sujeto”? La “objetividad”, como dice Karl Popper, es un acuerdo intersubjetivo[16]. La interpretación por la voluntad revolucionaria es una forma de saber, una de las formas del saber activista. El activismo accede a la “objetividad”, mejor dicho, construye la “objetividad”, hegelianamente hablando; es decir, la construcción del concepto, por intervención de la acción. Se trata de un saber que logra un conocimiento de mayor profundidad, que el conocimiento pretendidamente alejado del compromiso, hablamos de la pose de “neutralidad”, pues accede a palpar, a la sensibilidad, de las dinámicas sociales. Si bien este saber activista emplea la teoría voluntariamente o, si se quiere, produce una teoría voluntarista, la acción que desprende no está exenta de teoría. El problema no es éste, sino, que determinado tipo de saber activista, teleológico, ha transferido la voluntad, el deseo, proyectándola en la conjetura de la astucia de la razón, de las leyes de la historia, ocasionando, paradójicamente, algo inverso a lo que se buscaba. Se anula o inhibe la capacidad creativa de la voluntad, pues se actúa según las leyes “objetivas” de la historia.

Liborio Justo forma parte de los entusiastas intelectuales bolcheviques, en su caso, viniendo del PC y después convertido al trotskismo, que se impresionan con la insurrección armada boliviana, con la destrucción del ejército y con la existencia de las milicias obreras y campesinas. Por lo tanto, desde su punto de vista las condiciones “objetivas” de la revolución socialista estaban dadas. Lo que ha fallado son las condiciones “subjetivas”; el partido revolucionario, no ha podido ayudar a pasar al proletariado de la consciencia en sí a la consciencia para sí. Se trata no sólo de un discurso teleológico, sino de un una evaluación voluntarista que busca las fallas en la “ingeniería” insurreccional, en la “ingeniería” bolchevique. De ninguna manera se trata de descalificar estos discursos, ingresando, por otro lado, al esquematismo maniqueo, sino de comprender su episteme, su formación enunciativa, así como también, sus prácticas de poder.

El antecedente de la revolución de 1952 es la guerra civil de 1949; cuando en Chuquisaca, Potosí y en Oruro, sobre todo en estos últimos departamentos, se organiza una insurrección contra el gobierno del pacto oligárquico y del PIR, que había derrotado al general nacionalista Gualberto Villarroel, que gobierna desde 1943 hasta 1946. Participan en la guerra civil militantes del POR, la parte de izquierda y obrera del PIR y el MNR, que había sido desplazado del poder, con la caída del gobierno nacionalista que apoyaba. La insurrección termina en una represión incruenta; se dice popularmente, que en Potosí faltaban los faroles para colgar a los insurrectos.

En 1951 se dan las elecciones nacionales, donde votaban sólo hombres; propietarios privados e ilustrados; incluyendo a “clases” medias y artesanos. El MNR gana las elecciones. Como respuesta a esta victoria electoral, la oligarquía responde con un golpe militar, instaurando una junta, a la cabeza del general Ballivián, que desconoce los resultados electorales, impidiendo que el MNR asuma el gobierno. Ante esta violación de derechos y vulneración de la democracia, el MNR decide conspirar y preparar un golpe militar, involucrando al ministro de gobierno, general Antonio Seleme. Cuando estalla el golpe, el 9 de abril, que implica a la policía, la reacción del gobierno es inmediata, moviliza al ejército, y el golpe comienza a ser derrotado. En su desesperación el MNR convoca a los sindicatos, los que responden inmediatamente, salen a las calles a luchar. Los obreros en Villa Victoria combaten heroicamente al ejército, los mineros de Milluni se descuelgan de la ceja de El Alto y toman la ciudad de La Paz. Los mineros de Oruro toman los caminos, así como la ciudad, cortando la posibilidad de la llegada de refuerzos a la sede de gobierno desde el sur. En tres días de combate se vence al ejército. Varios cuarteles se rinden; por último, los cadetes del Colegio Militar de Irpavi terminan rindiéndose a los comandos de Juan Lechín Oquendo. El golpe militar se transformó en una insurrección victoriosa[17].

 

Este es el referente del debate del periodo intenso. A partir de este referente y de su interpretación, se dividen las posiciones políticas de las corrientes marxistas. Dibujando esquemáticamente los contornos del debate, se puede decir que: los partidarios de la revolución por etapas consideran que la revolución democrática se ha dado, lo que hay que hacer es aplicar un programa mínimo, aunque se esté en la oposición al partido nacionalista gobernante; en tanto que los partidarios de la revolución permanente la consideran, reconociendo distintas tonalidades, que la revolución ha quedado trunca. Sin embargo, lo que parece que no puede negarse es que fue una revolución del proletariado armado, minero y fabril; proletariado levantado en armas, de los centros mineros y de las fábricas de la ciudad, los de Villa Victoria. Aunque la “ideología” hegemónica en el pueblo no fue la “ideología” del marxismo de guardatojo, que era hegemónica en el proletariado, no solo minero. Fueron los sindicatos armados los que vencieron al ejército.  Como dice Sergio Almaraz Paz, el pueblo insurrecto, encontró en la calle al MNR y se lo llevó de los cabellos al Palacio Quemado.

 

Esta mezcla, este entrelazamiento abigarrado, es el que se tiene que desentrañar. ¿Por qué una insurrección obrera victoriosa termina en manos del MNR, que había conspirado, mas bien, un golpe de Estado? Contando para esto, además de sus destacamentos armado, con la policía y esperando la anexión de cuarteles disidentes del ejército.  La conspiración del MNR, el golpe de Estado, fue derrotado; lo que derroto a la “rosca minera”, al “súper-Estado minero”, fue la insurrección popular.  Guillermo Lora considera que las masas no estuvieron a la altura del programa revolucionario; en otras palabras, no estuvieron a la altura de la consciencia de clase. Esta interpretación de Lora ha sido discutida largamente; propiamente, por los disidentes del POR; empero, de una manera rápida y provisional, con el objeto de descalificar. No se trata de defender esta apreciación, estamos lejos de ello; hacemos hincapié en la provisionalidad del debate, sin detenerse a reflexionar sobre este decurso de la revolución, que muestra precisamente aquí sus entreverados tejidos.

 

Quizás la respuesta más sugerente se encuentre en la apreciación distinta de los trotskistas disidentes del POR, después del fracaso de la Asamblea Popular; dicen que el POR no estuvo a la altura de las masas. Esta respuesta es de por sí sugerente; sin embargo, ha quedado ahí, no ha sido trabajada. Ha quedado como eslogan para desacreditar al POR; empero, no se ha ahondado en el análisis de este tema tan intrigante. No buscamos ahora dar nuestra versión, que se encuentra en Acontecimiento político[18], sino de comprender cómo se conformaron las narrativas políticas de entonces, cómo funcionaron los imaginarios, los discursos, las prácticas militantes. 

 

Solo diremos que lo que paso tiene que ver con las fuerzas, la correlación de fuerzas, los campos de fuerzas. El decurso y la incidencia de un proceso no dependen del programa, por más claro que sea, tampoco de la voluntad, por más entregada que sea; no depende de la razón, en este caso histórica, sino de la correlación de fuerzas. Sin pretender ahondar la discusión sobre estas condiciones y circunstancias primordiales, solo diremos que el POR no tuvo las fuerzas suficientes como para incidir en el decurso de los sucesos. Lo que nos interesa, como ya lo dejamos claro en los escritos anteriores, no es la verdad del POR, tampoco la verdad de los otros, menos la verdad del nacionalismo-revolucionario. Para nosotros la verdad es un constructo religioso. Nos interesa responder a la pregunta: ¿si el POR ha sido influyente en la formación de la consciencia de clase del proletariado minero, por qué ha tenido tan poco incidencia en el decurso de la revolución?

Ciertamente no se puede olvidar la táctica del entrismo de un grueso de militantes trotskistas al MNR, partido entronado por la revolución victoriosa. Entrismo que no tuvo los efectos esperados por la táctica, dividir al partido popular y formar un gran partido de masas revolucionario. Este hecho de desagregación del partido obrero explica parcialmente lo ocurrido; la falta de fuerzas para incidir en el decurso de la revolución. Falta comprender la mecánica y dinámica del proceso en cuestión, lo que llamamos las dinámicas moleculares de la lucha de clases. Por otra parte, lo que ha pasado en Bolivia también ha pasado en otras revoluciones; el perfil y la forma de lo ocurrido parecen mostrarnos ciertas regularidades. Las masas insurrectas, que hacen la revolución, no controlan los dispositivos que inciden en los decursos de los procesos. Después de la revolución victoriosa, la gran maquinaria de dispositivos es el Estado; es el gobierno “revolucionario” el que puede incidir en el decurso. El MNR no contaba con un programa revolucionario, tampoco contemplaba ni la nacionalización ni la reforma agraria; estas medidas soberanas y democráticas las impusieron obreros y campesinos en armas. El gobierno tuvo que acatar estas decisiones colectivas; las milicias insurrectas se encontraban todavía irradiadas por el fuego de la victoria.

 

Este fragor, este ímpetu, esta irradiación, no duran mucho; mas bien, después de la victoria, tienden a aquilatarse, a calmarse, a opacarse. En otras palabras, las masas tienden, de nuevo, al conformismo, que les caracteriza en tiempos de paz. No es pues desatinada la interpretación de Lora, como así concluyen sus contrincantes disidentes. El problema está en otra parte; en concebir al proletariado como un sujeto homogéneo, el concebir su consciencia de clase, lograda con la aprobación de la Tesis de Pulacayo, como única, cuando las subjetividades son abigarradas y complejas en los espesores sociales del proletariado. Se trata de comprender que la propia teoría puede jugar una mala pasada a militantes dedicados y formados. Los límites de la teoría no permiten ver estas complejidades, por lo tanto, impidieron también actuar adecuadamente en consecuencia.

No se le puede indilgar al POR alguna falta de constancia, todo lo contrario, son ejemplo de la constancia, incluso de la consecuencia. El problema no está en la dedicación de los militantes, muchas veces sacrificada y asombrosamente heroica, como el caso de Ascencio Cruz. El problema parece encontrarse en la congruencia y conectividad con la estructura de la complejidad de un momento dado, el de la crisis, el de la disponibilidad de fuerza. No se trata de tener razón, aunque esto ayude, sino de la capacidad de incidencia en las cuerdas de un proceso; si se quiere, se trata de la empatía corporal con la complejidad de ese momento. Puede ocurrir esto, darse esta empatía con el momento, sin tener consciencia de ello, como le pasó al MNR; puede ocurrir como en la Rusia zarista en crisis y en debacle, cuando los bolcheviques, aprovechando la situación de crisis, de derrumbe estatal, contaron con la congruencia con la complejidad del momento. Aunque no fueron los únicos, pues estaban también los mencheviques, los socialistas radicales y los anarquistas. Sin embargo, fueron más audaces que todos ellos.

 

Ciertamente no se le puede pedir al MNR que incida en el decurso de la revolución, conduciéndola al socialismo; el MNR no era un partido socialista. Sin embargo, tenía congruencia y empatía con el grueso del pueblo. No era consciente de ello, en el sentido del por qué, de saber cuáles son los mecanismos y engranajes de esta congruencia y empatía; pero, lo sentía. Actuó, no tanto en consecuencia del programa que terminó enarbolando, el de las nacionalizaciones, pues el gobierno movimientista fue el principal desarticulador y desarmador de estas nacionalizaciones, sino en consecuencia de la costumbre política, por así decirlo, inherente a los populismos, la gubernamentalidad clientelar.

 

La revolución estaba echada a su suerte, una vez que las fichas se colocaron en el tablero. El gobierno, que gozaba de mucho prestigio y legitimación, idolatrado por los campesinos, quienes recibieron la tierra por la reforma agraria, contaba con el aparato de Estado para fortalecerse, reorganizarse, rearmarse, sobre todo rearmar al ejército, para equilibrar las fuerzas frente a las milicias obrera y campesinas; después, para sobrepasarlas. Del otro lado, una “izquierda” sin fuerzas, desbordada por la plebe impoluta. El POR, mermado por el entrismo, bajo la conducción de Guillermo Lora, solo atinó a esclarecer las contradicciones inherentes al gobierno nacionalista-revolucionario, contradicciones inherentes a una revolución inconclusa. Quizás no había fuerzas para otra cosa, además de la claridad teórica, dadas las circunstancias y los límites de la teoría misma.

 

Volviendo a Paradojas de la revolución, escribimos:

 

La pregunta que atormenta a los bolcheviques, sobre todo trotskistas, no sólo del POR, sino también los voluntarios que llegan a Bolivia a apoyar a la COB, principalmente argentinos, es: ¿Por qué los proletarios no tomaron el poder si el ejército estaba destrozado, la policía era extremadamente débil como para contener a las milicias obreras y campesinas, además de que eran los milicianos mineros los que cuidaban las puertas del palacio quemado? ¿Qué les costaba subir un piso, de la puerta, del primer piso, donde se encontraban armados, al segundo piso, donde se encontraba la silla presidencial? Esta pregunta ha sido respondida de varias maneras; dos son sintomáticas. La que dice que la revolución ha sido derrotada, que es lo mismo que decir que ha quedado inconclusa o ininterrumpida. La que dice que la consciencia del proletariado estaba retrasada, era solamente economicista y no política. La primer es la hipótesis de Liborio Justo, la segunda es la hipótesis de Guillermo Lora.

Respecto a estas hipótesis las preguntas son: ¿Una revolución, cuando estalla está predestinada a convertirse en revolución socialista? ¿No hay otras vías posibles? ¿No es que la revolución es la manifestación catártica de la crisis del poder, estructura de dominaciones que renace, como el ave fénix de sus cenizas, resolviendo su crisis, incorporado a los “revolucionarios” a su seno?

Si comparamos la magnitud del trabajo organizativo y de formación de los bolcheviques rusos y lo desempeñado por los bolcheviques bolivianos, vemos que hay grandes diferencias. Los bolcheviques bolivianos se contentaron con aprobar la Tesis de Pulacayo, exagerado un poco, para ilustrar, y esperar que, después de esta gran “verdad”, de esta revelación histórica, los acontecimientos se sucedan, de acuerdo a la dialéctica de la historia. Empero, aunque lo que acabamos de decir, sea una constatación descriptiva, un tanto anecdótica, no explica ni resuelve el problema planteado. Desde una perspectiva mayor de los saberes activistas, de lo que se trata no es de subsumir la “realidad”, es decir, el acontecimiento, a la teoría, sino de reconocer, en la pluralidad de singularidades del acontecimiento, el campo de posibilidades y actuar en el juego de las mismas como una posibilidad más. Esto equivale, en lenguaje marxista, al conocimiento de lo concreto, como síntesis de múltiples determinaciones; a comprender la lógica específica del “objeto” especifico. Por lo tanto, idear estrategias adecuadas, no solamente al momento histórico, sino a la composición singular de fuerzas y procesos que hacen a una coyuntura, a un contexto, a una formación social dada, en un espacio-tiempo determinados. Los bolcheviques terminaron atrapados en su “verdad”, la cual debería verificarse en el decurso de la historia. Lo increíble es que, cuando no se verifica esta “verdad”, tampoco la revisan, no hay autocrítica, al contrario, la mantienen incólume, inventando hipótesis ad hoc para explicar las anomalías[19]

 

Después de la ruptura con los entristas, Guillermo Lora se dedica a reorganizar el partido, a la formación de la militancia, al trabajo arduo con las células mineras. También a escribir caracterizando al MNR, al gobierno nacionalista y al proceso regresivo de esta revolución, además de polemizar con el resto de la izquierda. Lo que dijimos, de que los bolcheviques esperan que se cumplan las leyes de la historia, es parcialmente aplicable al POR, pues el partido se prepara para la revolución, para continuar las tareas de una revolución inconclusa, que no puede sino ser permanente. El partido crece, se fortifica, forma militantes, participa en los congresos; no deja de tener influencia “ideológica”; sin embargo, su influencia ya no es tan impactante como cuando la Tesis de Pulacayo. Tiene competencia, si bien no “ideológica”, sino, mas bien, organizativa, del PC. Entonces, su influencia termina siendo constante en la “ideología” del proletariado, sin embargo, su control sindical es mermado por la eficacia organizativa del PC.

 

 

 

 

 

Boceto del marxismo de guardatojo

 

El marxismo de guardatojo es el marxismo minero boliviano. No es tan fácil decir cuándo nace ni cómo exactamente, pues le anteceden muchos nacimientos; el nacimiento del marxismo mismo, en sus propias fuentes, Marx y Engels; después, el nacimiento del marxismo-leninismo, con la Tercera Internacional; a continuación, el nacimiento del marxismo crítico, con la Escuela de Frankfurt; no podemos olvidarnos del marxismo gramsciano, la de la teoría del bloque histórico, de la articulación inmediata de lo que se llamaba, metafóricamente, estructura y superestructura, que viene a ser otra versión del marxismo crítico.  Sin pretender ser exhaustivos, no podemos dejar de mencionar los fundamentos del marxismo andino, que se encuentra en José Carlos Mariátegui; después, en el marxismo latinoamericano, que se enuncia como Teoría de la dependencia. En esta profusa proliferación de versiones marxistas, que se enfrentan a formaciones sociales singulares, que aunque pronunciando analogíasexpresan también diferencias, que las hacen distintas. No siempre las corrientes marxistas han reconocido estas diferencias como cruciales para hacer inteligibles estas formaciones y desarrollado interpretaciones, también singulares. Quizás la única excepción sea Mariátegui con su sugerente y específica interpretación de las formaciones sociales andinas. Mariátegui desplaza la interpretación marxistas, es decir, produce una nueva interpretación intensa, teniendo como referente la persistencia de la colonialidad en los Andes. El desplazamiento se produce desde la mirada indígena, la cuestión colonial, crucial para comprender las formaciones sociales latinoamericanas. El marxismo latinoamericano de la Teoría de la dependencia tiene la virtud de haber desplazado la interpretación marxista desde su núcleo del concepto de modo de producción capitalista hasta el concepto integral y complejo de sistema-mundo capitalista.

 

¿En este mapa de recorridos de las versiones marxistas, dónde se encuentra el marxismo de guardatojo? Por las características de su discurso y de su “ideología” marxista marca su distancia con el marxismo andino de Mariátegui, si bien considera la cuestión indígena, lo hace como prolongación de la tesis proletaria; en todo caso, el tópico y la temática indígena no es un problema que modifica su mirada obrerista. El marxismo de guardatojo parte de la experiencia de lucha del proletariado minero bolivianoproletariado minero, que manifiesta nítidamente un comportamiento más ligado al anarco sindicalismo, por sus tradiciones de lucha. Esta es la razón por la que a pesar de la influencia “ideológica” trotskista y del papel del POR en la formación de la consciencia de clase, fue la COB la organización matriz del proletariado boliviano, el consejo colectivo de los trabajadores y expresión del poder dual. No fue el partido, trátese de los dos partidos importantes marxistas, que tienen que ver con la organización del proletariado, el POR y el PC. 

 

No se podría comprender el acontecimiento político e “ideológico” del marxismo de guardatojo si nos circunscribimos solo a las formas de expresión elaboradas, teóricas, políticas e “ideológicas”; es menester abrirse a las formas de expresión no elaboradas, a las subjetividadesimaginarios, comportamientos y conductas del proletariado minero, para poder abordar la ecología en la que germina y emerge este marxismo de guardatojo.

 

En los campamentos mineros había una atmósfera habitada por la memoria de la luchas, en la cual resonaban las certezas del proletariado de los socavonescertezas sobre la consciencia de que la economía boliviana se asentaba en sus hombros. Este clima y territorio minero fue el referente del imaginario del proletariado minero, que influenció en el ánimo de los marxistas comprometidos, militantes, quienes apostaron al coraje minero para vislumbrar la revolución socialista, diseñada en sus programas.  En ese periodo intenso de la historia política boliviana (1946-1971) - que de alguna manera, continuó su irradiación, aunque mermada, hasta 1985, cuando el Decreto Ley 21060 abrió el ciclo neoliberal - puede situarse la matriz del marxismo de guardatojo. En ese clima y territorio minero fermenta y se edifica el marxismo de guardatojo, que es un entrelazamiento entre el discurso elaborado de la revolución permanente y la intuición subversiva minera, que nace esa predisposición pasional a la lucha de los que nada tienen que perder ni temen a la muerte.

 

En los campamentos mineros, en el imaginario minero, las mujeres juegan un papel central en la trama y el drama de las luchas. Son ellas las que comienzan la pelea, a veces en las puertas de la misma pulpería; los compañeros tienen que continuar la lucha que encendieron las mujeres, después de salir de sus turnos, sus mitas. Si bien se cuenta con la leyenda de la viuda negrafantasma femenino que deambula por los socavones oscuros, también se cuenta con la memoria y el afecto a las presencias vitales y corporales de las tonalidades sociales y concretas femeninas. La mujer minera, no solamente las palliris, es de los hilos el hilo vertebral, por así decirlo, del tejido del imaginario, de las narrativas y las acciones espacio-temporales mineras. 

 

Ciertamente, en el imaginario minero también está el Tío, la figura del diablo en el sincretismo cristiano; sin embargo, manca-pacha, en el origen de la mitología andina. ¿Cuál es la relación con el Tío en el imaginario de los mineros que asumieron la Tesis de Pulacayo como suya, como encarnación de sus luchas y esperanzas? ¿Cómo combina este rito pagano con la “ideología” de la revolución permanente?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Segunda parte

Imaginario y narrativa

 

 

Historia y narración[20]

 

Desde la muerte de Marx hasta ahora ha corrido mucha agua bajo el puente. La historia como saber o como ciencia, ha avanzado mucho, en comparación con los recursos que disponía antes. El acceso a las fuentes, a los registros, de toda clase, a los documentos, el desarrollo de las técnicas y los métodos para su desciframiento, los análisis comparativos, además de multidisciplinarios; todos estos procedimientos, técnicas, instrumentos, proliferación de datos y centros de datos, la acumulación de erudiciones, han transformado la historia, tanto en lo que respecta a su disponibilidad de información, capacidad de descripción y elocuentes interpretaciones.  Desde esta situación, no es sostenible seguir hablando de historia como lo hacía Marx, desde la filosofía de la historia. Es indispensable tomar en cuenta a lo encontrado por la historia, tanto sus descripciones como sus interpretaciones, así como sus teorías, se esté de acuerdo con ellas o no, para apoyarse en ellas o para distanciarse. Lo que no se puede hacer es ignorar la historia como ciencia o como saber.

Sobre todo en lo que respecta a la historia política de las sociedades, es menester no entrabarse en discusiones reiterativas; las mismas que se basan en supuestos e interpretaciones anteladas. Se trata de interpretaciones que se anticipan al análisis, incluso, sorprendentemente, a los hechos. Se asumen las figuras políticas coyunturales decodificándolas a partir de otras figuras dadas; éstas últimas ya asumidas en interpretaciones en boga. Lo que se hace es no sólo acercarlas por juego de semejanzas, sino que se transfiere la interpretación dada para las figuras que ya se fijaron en una trama, como si la semejanza justificara hacer esto. Es, decir, se transfiere el sentido histórico, por así decirlo, de un contexto a otro. Si bien esto es posible en los imaginarios, incluso en la “ideología”, no puede tomarse en cuenta como dato ni interpretación seria ni objetiva, por así decirlo.  Lamentablemente en la concurrencia política esto sucede. Las consecuencias son desastrosas, puesto que la política está directamente vinculada a la acción.

Una de las discusiones más interesantes entre historiadores, filósofos, epistemólogos y filólogos es la que tiene que ver con la relación entre historia y narración. ¿Es la historia una narrativa? ¿Si no es así, qué es entonces la historia cuando escribe, describe, comenta, interpreta y comunica lo que ha encontrado? ¿Si es así cuál es la relación? ¿De qué manera afecta el modo de narrar a la historia? Estos temas serán retomados, presentando las tesis de algunas de las escuelas de historia.

Como habíamos dicho en otro escrito, el desplazamiento y la ruptura epistemológica en la historia se dan con la Escuela de los Anales. Esta escuela se distancia del “acontecimiento”, entendido no como lo hacemos nosotros, como campos y geología de espesores conformados por multiplicidad de singularidades, sino como evento singular e irrepetible. También se distancia de la historia política, la efectuada por el saber o la ciencia histórica, a partir de la consideración de los individuos sobresalientes, asumidos como protagonistas de la historia. La Escuela de los Anales se desplaza a considerar la duración, las estructuras de la duración, de la larga duraciónduración acontecida en espacios extensos, regiones y mundo. Encuentra en la larga duración las estructuras civilizatorias, las que pueden llamarse realmente históricas. Estas estructuras son las que hacen la historia; no los individuos, tampoco la historia se explica en la contingencia de los “acontecimientos”. 

 

 

Marc Bloch, en su libro inconcluso y póstumo Apología para la historia o el oficio del historiador, escribe:

 

 

Porque la naturaleza de nuestro entendimiento lo inclina más a querer comprender que a querer saber. De donde resulta que a su parecer, las únicas ciencias auténticas son las que logran establecer entre los fenómenos vínculos explicativos[21].

 

 

La pregunta que podemos hacer es: ¿Cuál la relación entre estructuras de larga duración y “acontecimientos”, mediada esta relación por lo que podemos llamar estructuras de mediana duración, correspondientes a un periodo? Sin embargo, la pregunta de fondo es: ¿Cuál es la mecánica histórica de estas relaciones entre estructuras de larga duraciónestructuras de mediana duración y “acontecimiento”? Porque de lo que se trata es de explicar esta mecánica histórica. Incluso se puede complejizar la pregunta y la mecánica haciendo intervenir a condicionantes y procesos más mutables o móviles como clases socialesfragmentos geográficos de clase, que preferimos llamar fragmentos territoriales de clase, procesos específicos políticos, económicos, incluso “ideológicos”, atravesados por tejidos culturales, que posiblemente se acerquen, mas bien, a las estructuras de larga duración, que la Escuela de los Anales llama, en la perspectiva no solo de la larga duración, sino, en el entrelazamiento de la larga duración, la mediana duración y los “acontecimientos”, civilización.

 

 

Son las respuestas a estas preguntas, que sólo se pueden dar con la investigación, acompañadas por el análisis y la reflexión crítica, las que pueden ayudar a comprender tanto la especificidad de los “acontecimientos”, como el juego de las tendencias del periodo, así como la gravitación civilizatoria. El análisis de lo que llamaremos la mecánica histórica y social no puede sustituirse por la elucubración “ideológica”.

 

Ante la pregunta de qué es la historia, Marc Bloch responde:

 

Algunas veces se ha dicho: "La historia es la ciencia del pasado". Lo que [a mi parecer] es una forma impropia de hablar… En efecto, hace mucho que nuestros grandes antepasados, un Michelet, un Fustel de Coulanges, nos enseñaron a reconocerlo: el objeto de la historia es, por naturaleza, el hombre. Mejor dicho: los hombres. Más que el singular que favorece la abstracción, a una ciencia de lo diverso le conviene el plural, modo gramatical de la relatividad. Tras los rasgos sensibles del paisaje, [las herramientas o las máquinas,] tras los escritos en apariencia más fríos y las instituciones en apariencia más distanciadas de quienes las establecieron, la historia quiere captar a los hombres[22].

 

Más abajo aclara esta definición:

 

"Ciencia de los hombres", hemos dicho. Todavía es algo demasiado vago. Hay que añadir: "de los hombres en el tiempo". El historiador no sólo piensa lo "humano". La atmósfera donde su pensamiento respira naturalmente es la categoría de la duración[23].

 

 

Entonces Bloch define la historia como ciencia de los hombres en el tiempo. No se trata, por cierto, de una antropología histórica, sino de entender que los humanos hacen la historia; empero, no de manera directa, sino en el tiempo diferido de la larga duración, de la mediana duración y del “acontecimiento”. Bloch se coloca en la concepción de Henry Bergson cuando define como clave la categoría de duración. También podríamos decir, en el espacio estructurado de la larga duración, de la mediana duración y el evento intenso del “acontecimiento”. Entonces, quizás lo aconsejable es concebir la mecánica histórica y social en el tejido espacio-tiempo-vital-social más profundo, en el tejido del espacio-tiempo-vital-social más próximo y en el hundimiento del “acontecimiento”[24].  De lo que se trata es de explicar el perfil del “acontecimiento” singular, la secuencia de los procesos, los campos de juegos de las tendencias, sus resultantes, por así decirlo, en el espesor de los tejidos del espacio-tiempo-vital-social. De lo que se trata es de explicar la mecánica histórica-social de las singularidades y de los efectos de masa de las singularidades, sus secuencias, sus cronogramas, sus ritmos, sus colisiones.

 

 

Un acontecimiento como la revolución de 1952 tiene que ser explicada entonces considerando las estructuras de larga duración, las estructuras de mediana duración, el acontecimiento mismo; comprendiendo también el juego de tendencias, de fuerzas, en el periodo, así como el propio perfil de los individuos. Obviamente, es indispensable situar, en el entrelazamiento de procesos, a las clases sociales, a los fragmentos territoriales de clase, a los partidos políticos, a sus convocatorias, y, sobre todo, al peso de los sindicatos y de sus organizaciones matrices. Pero, en este caso, ¿cuál es la estructura de larga duración? ¿La formación económica-social colonial? ¿La estructura económica y política de la dependencia? ¿O hay que ir más lejos? Pero, en este caso, ¿cuál es la civilización, recogiendo el alcance conceptual que le atribuye la Escuela de los Anales?  ¿Podemos lanzar la hipótesis de investigación de que se trata de un quiebre civilizatorio ocasionado, por la conquista y la colonización, quiebre acompañado por la ocupación colonial de la cultura europea de ese entonces? Sin embargo, lo que se da en el mundo, con todas las heterogeneidades, es la modernidad. Entonces, ¿la civilización de la que hablamos es la modernidad en clave heterogénea? 

 

Ahora, refiriéndonos a las estructuras de mediana duración, ¿cuáles son éstas? ¿Las estructuras de la economía minera, combinadas con las estructuras de las propiedades latifundistas, articuladas con la estructura estatal, denominada oligárquica por el leguaje político de entonces? ¿Cuál es el peso del proletariado minero y del proletariado fabril? ¿Cuál es el grado de organización sindical y bajo qué características se compone? ¿Bajo qué convocatoria se movilizan, la del POR, la del MNR, la del mismo sindicato? No vamos a preguntar cómo se ven a sí mismos tanto el POR como el MNR, sino cómo los ve el proletariado minero. Algo que podría acercarse a lo que la Escuela de los Anales llama mentalidades. Esto es importante, pues hay un prejuicio racionalista, sobre todo en la izquierda, que cree que se trata de claridad, de programa, de consignas adecuadas en su momento. Esto es lo que llamamos fundamentalismo racionalista, que se mueve bajo la conjetura de la astucia de la razón en la historia[25]. Esto es confundir la “realidad”, que para nosotros es sinónimo de complejidad, que se mueve como mecánica de fuerzas, en distintos planos, por así decirlo, fuerzas interpretadas, con las representaciones conceptuales.

 

No importan tanto si había un programa revolucionario, aunque esto hubiera incidido favorablemente; sin embargo, que lo haya hecho dependía no de su claridad sino de su encarnación en la voluntad del proletariado minero. En otras palabras, el problema es si este programa cobra cuerpo como fuerzas. Mientras no ocurre esto, las revolución está en la cabeza de los “revolucionarios”; pero, no es una posibilidad material cierta. El campo social y el campo político son campos de fuerzas, no de conceptos. Se puede decir que el campo filosófico es un campo de conceptos, donde éstos adquieren la forma de fuerza y entendimiento, usando términos hegelianos de la Fenomenología del espíritu. Más aún, incluso podríamos decir, como lo hicimos en un antiguo escrito, fuerza de entendimiento[26]. Empero, estas fuerzas sólo tienen incidencia en los estratos intelectuales, no en las multitudes y masas sociales. En las multitudes, masas y estratos sociales tiene más bien incidencia el imaginario o los imaginarios, lo que llaman los historiadores de la Escuela de los Anales mentalidades.  Por eso, es muy importante acercarse al mapa de las mentalidades de la coyuntura y el periodo donde se da este acontecimiento de la revolución de 1952.

 

Por supuesto que no se trata sólo de mentalidades, sino de conductas, de comportamientos, de habitus, de transformaciones de habitus, de prácticas y acciones, de respuestas colectivas; en otras palabras, de asociación conglomerada de los cuerpos, de resistencias y movilizaciones corporales. ¿Cómo ocurre esto, cómo se da lugar esta actividad subversiva multitudinaria? No se debe, por cierto, a la claridad política, a las finalidades del programa, sino a la adquisición de esquemas de comportamientos. ¿Es que se puede corporeizar la teoría, el programa? Lo que se corporeiza son diagramas de poder, que induce comportamientos; la pregunta es: ¿si se puede inducir emancipaciones de comportamientos y conductas? ¿Cómo se logra esto? No se trata de un convencimiento racional, sino de transformaciones en las prácticas. Antes decíamos de constitución y des-constitución de sujetos; ahora podemos hablar de una puesta en suspenso de los mecanismos de dominación, de desplazamientos y transformaciones en el ámbito de las relaciones. Si se quiere, cambio en las mentalidades. Se trata entonces de la conformación de nuevas composiciones asociativas, que incidan en las prácticas, que transformen los ámbitos y las atmósferas de las prácticas, los climas culturales, por lo tanto, que cambien las mentalidades.

 

 

 

Narrativa e “ideología”

 

Volviendo al análisis, en lo que respecta a la revolución de 1952, a la descripción histórica y al análisis de este acontecimiento, la tarea es comprender los campos de juegos de fuerzas, sus correlaciones, su peso y sus tendencias; poder lograr una interpretación de esta complejidad y proponer una explicación de la mecánica histórica-social de las fuerzas puestas en escena.

 

 

Como ejemplo, para ilustrar sobre algunos problemas, haremos bocetos de algunas secuencias anotadas.

 

 

Secuencia 1

 

Los sectores populares experimentaron el recorrido insurreccional, forma de lucha como que mejor manifiesta la cultura política popular. Durante el Sexenio (1946-1952), acontecimientos como la toma de Potosí por los mineros del Cerro Rico, en enero de 1947, el levantamiento de los trabajadores de la mina de Siglo XX, en mayo de 1949, el de los fabriles en 1950 y otros hechos, pueden ser claramente inscritos en esta forma insurreccional.

 

Secuencia 2

Del libro cincuentenario de la revolución del 9 de abril de 1952: así fue la revolución, extractamos lo siguiente:

 

El 9 de abril de 1952 amaneció como ningún otro 9 de abril. Las marchas militares que se oían en todas las radios a transistores de los hogares paceños, venían acompañadas de proclamas y llamadas al "valeroso pueblo de La Paz". La emotiva voz había dejado de ser la de un sereno locutor de "Radio Illimani". Enronquecida, anunciaba que un golpe de Estado contra la oligarquía había estallado. El MNR, partido del pueblo y cabecilla del levantamiento, anunciaba la muerte de los "opresores" y pedía el concurso de todos para consolidar su movimiento. Tras las marchas militares, el himno movimientista cobraba fuerza.  El pueblo convocado venció la incertidumbre y se volcó a las calles. Se formaron grupos, se tomaron rápidas decisiones y no se pensó en nada más que en ganar la batalla contra el Ejército que se atrincheraba para defender al régimen. El golpe planificado por el MNR debió haber estallado en enero para aprovechar la época de las lluvias y la falta de conscriptos, pero la posibilidad de contar con aliados entre los altos mandos del Ejército, como Don Antonio Seleme, para entonces Ministro de Gobierno, lo postergó. Estallado el 9 de abril, según planes de los conspiradores, si éste fracasaba en La Paz, se levantarían 57 cantones, provincias y centros mineros para desatar la guerra civil y se establecería en el Sur un gobierno civil, obligando al Ejército a combatir en 100 lugares, al tiempo que se decretaría la huelga general. Además, en los meses anteriores, comandos zonales y barriales, células de mujeres y grupos de trabajadores mineros habían fabricado granadas de cemento amarradas con una carga de dinamita, bazucas llamadas en las minas "chicharras" que serían el principal arma de lucha cuando el momento llegara (el Diario 21 de abril de 1952).  En cuanto a los Comandos Zonales y los grupos de honor del MNR, éstos comenzaron a organizarse poco después de la caída de Villarroel y, para 1951, ya existían 24 organizaciones de ese tipo en la ciudad de La paz. En 1952, estaban listas para responder al llamado de sus líderes.  Por su parte, el Comité Revolucionario regional del MNR compuesto en el momento de la revolución por Hernán Siles Zuazo, Adrián Barrenechea, Hugo Roberts, Jorge Ríos, Juan Lechín, Mario Sajinés Uriarte, Roberto Méndez Tejada, Raúl Canedo, Jorge del Solar, Manuel Barrau, y Alfredo Candia, había asegurado la participación en el golpe de los comandantes de las tres principales fuerzas del Ejército. Pero en los hechos, sólo el Gral. Antonio Seleme mantuvo su palabra, aunque terminó asilándose en una embajada en el momento más crítico del movimiento, convertido desde las primeras horas del 9 de abril en una auténtica insurrección popular. La insurrección de abril fue descrita por la prensa como "brava lucha sin precedentes en la historia revolucionaria de Bolivia”[27].

 

Secuencia 3

 

Comparemos la anterior narración con esta otra:

 

La revolución boliviana de 1952 no puede comprenderse, de más está decir, sin tener en cuenta sus raíces históricas. Pero tampoco puede entenderse sin tener en cuenta su presente: es que el presente ilumina el pasado, mostrando aspectos que entonces aparecían oscuros y conduciendo a nuevas interpretaciones. Es así como las nuevas experiencias nacionalistas en América Latina, surgidas en el siglo XXI, serán de vital ayuda para enriquecer la conclusión fundamental de este trabajo: toda tentativa revolucionaria que se mantenga dentro de los límites del nacionalismo burgués (o sea, dentro del marco del capitalismo) está condenada al fracaso. La comprobación de esa conclusión implica que el trabajo no se detenga allí sino que, a su vez, y teniendo a Bolivia como expresión concentrada de los problemas históricos de América Latina (los recursos naturales, la tierra para los campesinos, la independencia nacional), permita exponer cuál es la vía revolucionaria que se presenta como alternativa superadora.

 

El mismo autor más abajo escribe:

 

La caída de Villarroel no sólo no puso freno a la agitación popular, sino que incluso pareció potenciarla. Pero ante el fracaso de los viejos partidos, del “socialismo militar”, del PIR y ahora del MNR, las masas comenzaron a inclinarse hacia el POR, que también había estado presente en Catavi, y que estaba en mejores condiciones que los demás para trabajar en los medios obreros, en particular en los centros mineros. Expresión directa de este proceso será el Congreso Minero de Pulacayo, en 1946, y su respectiva y famosa Tesis (de inspiración porista), que como señala Alberto Pla significó un “verdadero programa revolucionario para Bolivia: nacionalización de las minas, control obrero sobre la producción y el comercio exterior, escala móvil de salarios, armamento del proletariado, milicias obreras y campesinas, figuran en ellas, como destacados”[28]. La Tesis de Pulacayo es la correcta aplicación de las conclusiones fundamentales de la Revolución Permanente y de El Programa de Transición, de León Trotsky, a la realidad de Bolivia: la revolución boliviana es democrático-burguesa por sus objetivos (reforma agraria, independencia nacional), pero una vez iniciada sólo puede triunfar si no se detiene ante el marco de la propiedad capitalista, transformando la revolución burguesa en socialista (la revolución democrático-burguesa es sólo un episodio de la revolución proletaria), y con ello en permanente. El sujeto capaz de realizar esta tarea es el proletariado, que constituye la clase social revolucionaria por excelencia, en alianza con el campesinado y otros sectores de la pequeña burguesía, y el resultado de esta hegemonía no puede ser otro que la dictadura del proletariado. Es decir que “ya está planteado en Bolivia, a nivel de masas, el programa de la revolución socialista”[29], colocando al proletariado minero no sólo a la vanguardia de Bolivia, sino de toda América Latina. Además, la Tesis sirvió como programa para la construcción del Bloque Minero Parlamentario, una alianza que La Federación de Mineros constituye con el POR y que expresa la participación independiente de los mineros en las elecciones de 1947, que es ya un logro de por sí, más allá de que la elección de seis diputados y dos senadores no pudiese progresar, pues en medio de un clima de gran represión, los dirigentes fueron finalmente apresados y exiliados.

Pero si todo esto había permitido que el POR dejase de ser un minúsculo grupo alejado de las masas, el fracaso en encontrar la forma de plasmar la Tesis de Pulacayo en la práctica dio lugar a que el MNR, que parecía enterrado, recuperase sus posiciones sobre la base de un giro a la izquierda que prácticamente lo llevó a calcar, demagogia mediante, las consignas del POR, desplazándolo de la dirección de los acontecimientos. Incluso la acción del MNR y el POR empezó a verse como una sola, lo que se debió al seguidísimo a una supuesta ala izquierda del MNR por parte del porismo; aquí ya se comienzan a apreciar los primeros errores del POR, fundamentales para entender el destino final de la revolución boliviana de 1952, en cuanto a que sus políticas contradecían directamente la Tesis de Pulacayo.

Así fue como el MNR, ferozmente reprimido y perseguido, logró acomodar su programa al viraje de las masas y, para finales de la década del 50, ganar el apoyo del estalinismo, del trotskismo y del pueblo en general. En el año 1949 el MNR planteara apresuradamente (ya que el gobierno no había perdido aún toda su legitimidad) una línea insurreccional, lo cual responde a un gran cambio de situación, pues si bien anteriormente toda conspiración estuvo limitada al campo militar, ahora “el MNR explota (...) la pérdida que tuvo dentro de los militares compensándola con su influencia en las masas mismas y por eso tiene que plantear como una guerra civil lo que antes debió existir como conspiración”[30]. Pero a pesar de la derrota del MNR, ya no había vuelta atrás. El poder estaba en completa disgregación y las elecciones de 1951, luego de la huelga general de 1950, son un ejemplo de ello: “A pesar de que el sistema electoral era de voto calificado, con lo que se excluía a la mayor parte de los obreros y todos los campesinos, Paz Estensoro, jefe del MNR, resultó vencedor en las elecciones de 1951. Si la oligarquía hubiese tenido confianza en el funcionamiento de su propia democracia, y en particular, en su control sobre el ejército, le habría resultado factible entregar el poder al vencedor y, sin embargo, bloquear legalmente su programa o condicionarlo e incluso, esto es ya una pura hipótesis, apoyar al MNR en sus relaciones con los aliados peligrosos, que eran los mineros (…). Prefirió empero el camino más rutinario de desconocer las elecciones, encaramar en el poder a una nueva junta militar y, en fin, suprimir todas las alternativas democráticas. Con ello se completaron las condiciones subjetivas para que, menos de un año después, existiera la insurrección de masas del 9 de abril de 1952.”[31]

 

Y cuando todo parecía indicar que se produciría un golpe de Estado más en la historia de Bolivia, cuyo resultado sería un gobierno conjunto entre el MNR y el ejército, la aparición de los mineros y de amplios sectores urbanos – que, como las masas rusas en febrero de 1917 no sabían exactamente qué querían, pero sí lo que no querían, en este caso a la Rosca y su Estado - y su dramática lucha en las calles, armas en mano, transformó en tres días el resultado en una insurrección triunfante. El ejercitó fue derrotado y se derribó al Estado, pero el proletariado victorioso no tomó para sí el poder que había conquistado por su cuenta, como lo planteaba la Tesis de Pulacayo, sino que –nuevamente al igual que en el febrero ruso - colocó allí a una dirección que no era la suya, y que no sólo no había planeado la insurrección ni jugado en ella un papel principal, sino que había tratado de evitarla por todos los medios.

 

 Caracterización de la revolución

 

No es posible proceder a caracterizar una revolución cualquiera limitándose a enunciar qué clase social dirige el proceso, cuál es la base económica y cuál la situación política en el momento que suceden los hechos. En realidad, estos factores sólo pueden analizarse a partir del curso que fueron tomando los acontecimientos y no simplemente a escala nacional, sino teniendo en cuenta la relación dialéctica existente entre lo nacional y lo internacional. Es por esto que importa describir cuál es la coyuntura en la que se enmarca y toma significación la revolución boliviana de 1952.

Por un lado, con la Primera Guerra Mundial (manifestación más cruda del imperialismo) queda en evidencia que el capitalismo ya ha cumplido su función histórica, mientras que la Revolución Rusa en 1917 abre un ciclo de revoluciones socialistas a escala mundial, destinada a superar la debacle capitalista. Es el inicio de una nueva era, en la cual las revoluciones emprendidas por una colonia o semicolonia contra el imperialismo, aunque en sus objetivos pudieran ser democráticos-burgueses, ya no pertenecen a la vieja revolución destinada a establecer una sociedad capitalista y dirigida por la burguesía, pues esta no puede llevar adelante ningún proceso revolucionario (como la burguesía de los países Europeos en su lucha contra el feudalismo, aunque vale agregar que ya en 1848 y en 1905 la burguesía europea se había mostrado reaccionaria), sino a una revolución liderada por proletariado: la revolución socialista proletaria mundial.

Por otro lado, en el período que se abre con el fin de la Segunda Guerra Mundial se pueden destacar dos grandes fenómenos. En primer lugar, la llamada Guerra Fría, impulsada por los Estados Unidos y las otras potencias imperialistas de Occidente con el fin de detener el avance de la URSS y de la revolución en general a escala mundial. En segundo lugar, el “despertar”, primero en Asia, más tarde en África, de los países coloniales y semicoloniales, manifestado en una enorme oleada de movimientos anticoloniales. Estos movimientos, en cuya lucha contra el colonialismo como enemigo común confluyeron diversas clases, serán recorridos por dos grandes líneas: la reformista, encabeza por la burguesía nacional, y la revolucionaria, conducida por el proletariado. Ejemplos de la primera línea los encontramos en la India, en Egipto, en Birmania o en Indonesia, por nombrar algunos casos. Ejemplo de la segunda, es decir, de los movimientos anticolonialistas y antiimperialistas dirigidos por el proletariado, es el de la Revolución China. Por su parte, el movimiento anticolonialista de la segunda posguerra se extiende también hacia América Latina. El imperialismo yanqui, en medio de la Guerra Fría y con la excusa de la lucha contra el comunismo y la subversión, tenía como plan convertir a América Latina en un desfiladero de dictaduras que respondieran plenamente a sus intereses, lo que más tarde conseguirá, y cuya primera víctima será Guatemala. Pero la situación de debilitamiento de las potencias imperialistas a nivel mundial posibilitó que se generalizaran movimientos nacionalistas burgueses (que ya venían en ascenso a partir de la crisis del 29) con distinto grado de radicalidad y de apoyo y protagonismo de las masas, como es el caso del peronismo, del varguismo, del MNR, etc. Además de estos procesos reformistas, se repite aquí la lucha entre dos corrientes antagónicas, pues a finales de la década del 50 tenemos también el ejemplo de la Revolución Cubana.

Entonces, estamos ante un proceso que pone fin a una etapa en la cual la forma colonial era la manera principal en que las potencias imperialistas ejercían su dominación y opresión, y que se enmarca en el ciclo de revoluciones socialistas, pero que tiene resultados diferentes dependiendo de qué clase sea la hegemónica. Tal es así que en los países en donde la revolución de liberación nacional no fue dirigida por el proletariado, sino por la burguesía nacional, sucederá lo mismo que en América Latina durante las primeras revoluciones de independencia: el problema agrario quedará sin resolver y, por lo tanto, los terratenientes conservarán su poder económico, sentando las bases para las nuevas formas de dependencia y dominación oligárquico-imperialista.

 

En cuanto a la revolución boliviana en particular, se hizo mención a que el proletariado minero no tomó el poder para sí, sino que colocó allí al MNR y a su máxima figura, Paz Estenssoro. Pero ahora debemos agregar que días después de la revolución los trabajadores crearon su propia organización, la Central Obrera Boliviana (COB), expresión de la dualidad de poderes reinante. Y así como todos los autores coinciden en remarcar que la hegemonía de la revolución perteneció al proletariado minero, también se concuerda en cuanto a que este mismo actor siguió manteniendo la hegemonía durante el primer período, siendo su Central Obrera la verdadera instancia de poder, y el gobierno del MNR apenas su sombra. Lo que falla en la mayoría de los autores es que, reconociendo de hecho la dualidad, que tenía como dueño de la situación a los trabajadores, no se saque de allí las conclusiones obvias: la dualidad de poderes es una situación excepcional producto del choque irreconciliable de dos clases en una situación revolucionaria, y como tal, no puede extenderse demasiado en el tiempo; uno de los poderes acaba finalmente por imponerse. Los partidos revolucionarios, inclusive el POR, desconocieron este hecho, y en lugar de definir la dualidad a favor de la COB, trabajando en ella para lograr una mayoría y exigiendo el paso de todo el poder a esa organización, se dedicaron a “presionar” al MNR para que realice las demandas de las masas, designando para ello algunos ministros obreros y estableciendo el co-gobierno MNR-COB. Así lo entiende Alberto Pla, una de las excepciones a la regla, cuando nos dice que “en la medida en que no surge una dirección obrera de masas que conscientemente busque resolver la contradicción a su favor sino que sólo trate de presionar al ala progresista dentro del MNR, no se abrirá la posibilidad de avanzar en la revolución social que quieren las masas y se posibilitará, poco a poco, el nuevo triunfo de la reacción favorecido por el MNR.”[32]

Lamentablemente, eso fue lo que sucedió. La falta de una dirección revolucionara capaz de aprovechar la situación llevó a la capitulación ante la burguesía nacional, contrariando así la Tesis de Pulacayo. Se pasó de competir con esa burguesía por la hegemonía de la revolución, a subordinarse a una de sus alas, fomentando en las masas la confianza en el gobierno y no lo contrario. El problema principal fue, entonces, la ausencia de un verdadero partido obrero: “Había en el movimiento proletario, empero, una duplicación; se sentían, por una parte, integrantes del movimiento democrático considerado como generalidad y, por lo tanto, impusieron  como algo natural el retorno de Paz Estenssoro y la reivindicación de su presidencia, como emergencia de su victoria en las elecciones de 1951. Pero, por otra parte, eran portadores semiconscientes de su propio programa, que era el que figuraba en la tesis de Pulacayo, aprobada en 1947. Lechín expresaba lo primero; lo segundo, demostró ser un germen imposible de desarrollarse en tanto cuanto no se diferenciara la clase del movimiento democrático general, es decir, ya como partido obrero.”[33]

La revolución boliviana dará lugar a la revolución restauradora, es decir, fracasará, en la medida en que tuvo como resultado la revolución nacional y no la revolución proletaria, en el marco del agotamiento del capitalismo y del ciclo de revoluciones socialistas, o sea, de la inviabilidad de la burguesía nacional para conducir proceso de liberación nacional alguno y de la inviabilidad misma del capitalismo. Pero en qué medida la revolución fue nacional y terminó siendo derrotada sólo puede verse, como dijimos, a partir del curso que tomaron los acontecimientos, siempre sin perder de vista la relación entre lo nacional y lo internacional, lo cual necesariamente da paso al siguiente punto[34].

 

Secuencia 4

 

Después de estas narraciones sobre la revolución de 1952, ambas distintas por el alcance y la pretensión de sus interpretaciones, quizás tengamos que detenernos en la exposición, el análisis y la narrativa del historiador Guillermo Lora, intelectual trotskista, fundador del POR, además de militante, persistente crítico, y coautor de la Tesis de Pulacayo. Lora escribe:

 

Son numerosos los documentos y testimonios que demuestran que la dirección movimientista había preparado cuidadosamente un golpe de Estado, contando con la complicidad del entonces Ministro de Gobierno Seleme. Los conjurados, realizaron sondeos infructuosos en las tiendas falangistas, buscando apoyo para sus planes subversivos. Por otro lado, era evidente que el MNR se convirtió en un partido popular y había logrado, gracias a la sistemática persecución policial desatada en contra suya y al trabajo sacrificado y heroico de sus activistas sindicales, el apoyo de grandes sectores de los explotados. Estaban dadas las condiciones para el retorno al poder de los derrocados el 21 de julio de 1946. La causa fundamental de este fenómeno sorprendente para casi todos los observadores, radica en la frustración y traición del estalinismo, que llegó al poder después del golpe contrarrevolucionario que derrocó a Villarroel, si se exceptúa la aproximación a las graderías del Palacio Quemado durante el gobierno “socialista” de Toro, que vino a poner de relieve su indiscutible vocación palaciega.

 

El PIR nació como un partido naturalmente entrenado en las masas, se puede decir que fue el primer partido marxista que contó con verdaderos cuadros dentro del sector minero, y perdió todas sus posibilidades de dirigir a los explotados al concluir su contubernio con la rosca (no era un misterio para nadie que Carlos Víctor Aramayo en persona prestó incontables favores al partido estalinista e inclusive financió muchas de sus actividades); desde este momento los explotados le dieron progresivamente las espaldas y se desplazaron en busca de otra dirección más consecuente con sus enunciados. El estalinismo no pudo aprovechar magníficas oportunidades para convertirse en movimiento de masas y en dirección del proletariado, esto por dos causas: la primera se refiere a la rápida disgregación del Partido Comunista clandestino de los años veinte y que contaba con el apoyo decidido del Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista. La segunda no es otra que la experiencia política para el retorno del MNR al poder, esto en un plazo inmediato, históricamente permitió que el trotskismo, como un fenómeno excepcional, penetrase gradualmente en el seno de las masas hasta convertirse en una de las tendencias obreras más poderosas. La política de los frentes populares y de la unidad nacional, ideada y dirigida desde el Kremlin, se tradujo en Bolivia en la vergonzosa obsecuencia pirista hacia el imperialismo norteamericano, palpable opresor y explotador foráneo del país, y en el pacto político con la rosca, todo bajo el pretexto de que así se luchaba más eficazmente contra el nazifascismo, presentado como enemigo de la “democracia” burguesa y de la civilización contemporánea. La teoría en sentido de que la vigencia de la revolución democrático-burguesa obliga a la clase obrera o aliarse y someterse a la burguesía nacional y progresista, se convirtió en los hechos, en el contubernio rosca-PIR; la ausencia de una burguesía industrial poderosa no podía menos que conducir a tan triste resultado. El antecedente inmediato de lo sucedido el 9 de abril de 1952 se tiene que buscar en los resultados de las elecciones generales de 1951, realizadas bajo la presidencia del pursista Mamerto Urriolagoitia y que obligaron a consumar el famoso mamertazo (auto-golpe palaciego que permitió la sustitución de un gobernante civil por el general Hugo Ballivián).

 

En febrero de 1951 se reunió, en pleno sexenio y cuando imperaba el desconocimiento de las garantías democráticas, la quinta Convención Nacional del MNR, bajo la presidencia de Hernán Siles, que era ya notable por sus desplantes, su osadía, sus proezas de valiente, aunque no todos sabían aun exactamente hasta dónde iba su pensamiento inconfundiblemente derechista (sustentaba ya posiciones mucho más conservadoras que Víctor Paz, Lechín, etc,). Esta reunión tenía como finalidad central la designación de candidatos para las próximas justas electorales. La dirección movimientista estaba interesada en presentar una fórmula capaz de arrastrar a la mayoría nacional y de vencer las resistencias que motivaban los hombres conocidos del partido nacionalista. Formalmente se propuso la candidatura del excelente poeta y calamitoso político Franz Tamayo, que iría acompañado por Víctor Paz como Vicepresidente. Este último fue uno de los pocos que vio el problema en sus verdaderas dimensiones: no se trataba de jugar a las elecciones y menos de lograr la victoria con pequeñas trampas, sino de tomar el toro por las astas e imponer una inconfundible fórmula partidista. Finalmente se proclamó el binomio Víctor Paz Estenssoro-Hernán Siles Zuazo. La derecha, segura de que el monopolio del poder le permitiría fácilmente imponer su voluntad en las urnas, fue dividida y también así lo hizo la izquierda. Los resultados fueron sorpresivos, inclusive para la mayoría de los movimientistas: el partido opositor logró triunfar, lo que debe atribuirse al hecho de que todavía las ciudades podían imponerse en las elecciones. Los resultados logrados el 6 de mayo de 1951 fueron los siguientes: Víctor Paz, 54.049; Gosálvez (PURS, partido de gobierno), 39.940; Gral. Bilbao (FSB), 13.180; Gutiérrez Vea Murguía (candidato de la empresa Aramayo), 6.559; Tomás Manuel Elío (Partido Liberal), 6.441 y José Atonio Arze (pirista y candidato de los universitarios).

 

Ya sabemos que el general Ovidio Quiroga. Comandante en Jefe del Ejército designó como Presidente de la República al Gral. Hugo Ballivián, anulando así, con un simple golpe de espada, lo obtenido en las elecciones. No era el ejército como tal el contrariado, sino la minería, que comprendió con claridad que la victoria movimientista y su llegada al poder importarían el desbordamiento de las masas y recurrió a los generales como a su última carta. Tal es el verdadero sentido del mamertazo (16 de mayo de 1.95l).

 

El MNR se dio modos para sacar toda la ventaja posible del escamoteo electoral y convirtió en bandera de agitación su victoria y la usurpación consumado por el gorilísmo. Esta campaña se desarrolló de modo inseparable con su demagógica propaganda en contra de los organismos norteamericanos que adquirían más y más preeminencia dentro del país.

 

La insurrección movimientista, que comprometió a las fuerzas de carabineros encargadas de garantizar el orden público, comenzó con todas las características del golpe de Estado blanquista, confiando su victoria al manejo o neutralización de ciertas unidades del ejército o el pronunciamiento de determinados jefes con mando de tropa. El General Humberto Tórres Ortíz reagrupó a los efectivos militares, opuso tenaz resistencia y pasó al ataque contra los facciosos.

 

Fueron la prolongación de la lucha, el traslado de la enconada pugna en el cuartel o los ministerios a las calles, los que permitieron que las masas se incorporasen a la batalla, que tomasen en sus manos la suerte del choque armado y determinasen la victoria del MNR como partido. Sería incorrecto limitarse a hablar de las masas así en general, esto porque lo que importa es qué clase social las dirige o se convierte en eje fundamental. Las masas populares jugaron el papel de tegumento del proletariado fabril en las ciudades (la experiencia de lucha de este sector es sumamente rica constituyendo la masacre de Villa Victoria de 1949 uno de los puntos culminantes) y también del minero.

 

No se trata simplemente de que las masas explotadas determinaron con su acción la victoria, de que se apoderaron de las armas del ejército (así se efectivizó la consigna de que el arsenal natural del pueblo está en los cuarteles), sino de que transformaron, con su presencia y acción, un golpe de Estado en una verdadera revolución. Ya no se buscó sustituir a un grupo militar o civil por otro, todo dentro de la política de la misma clase, sino de desplazar del poder a la rosca y a sus testaferros para reemplazarlas por el partido de la pequeña burguesía.

 

Las masas estaban allí, determinando autoritariamente el curso de los acontecimientos, pero no lograban expresarse adecuadamente en el plano político. Su acción fortalecía al MNR y éste se apropiaba, de manera natural, del esfuerzo, heroísmo, etc. de los explotados. El MNR pudo hablar a nombre del país. La lucha concluyó con la victoria movimientista, como se desprende del Acta de Laja (11 de abril):

 

“En las ciudades del interior, los Comandos Políticos Regionales entrarán en contacto por intermedio del Estado Mayor General con las autoridades políticas designadas por el Presidente de la Junta señor Hernán Siles Zuazo.

 

“Inmediatamente de conocida esta comunicación todas las unidades militares, de carabineros y elementos civiles se retirarán a sus bases. Todos los elementos civiles o militares que desacaten este acuerdo o cometan atentados contra la vida y la propiedad de los habitantes de Bolivia serán pasibles de las sanciones que señalan las leyes.

 

“Firmando: General Humberto Torres Ortíz, Hernán Siles Zuazo.

 

“Refrendan esta acta los siguientes Jefes y Oficiales del Ejército Nacional y dirigentes de la Revolución:

 

Firmado: General Francisco Arias; General Jorge Rodríguez H.; Cnel. Edmundo Paz Soldán; Coronel Claudio Moreno Palacios; señor Jorge del Solar; señor Luis Peláez Rioja; Dr. Flavío Ballón Viscarra”.

 

Los hechos nos dicen que un partido popular, que enarbolara consignas radicales, cierto que demagógicamente, centró toda su atención en la preparación de un perfecto golpe de Estado, poniendo cuidado en cerrar todas la compuertas por donde pudiesen colarse las masas (el golpe de Estado se idea y se ejecuta a espaldas de éstas y procurando que no irrumpan en el escenario). Esto que puede parecer paradójico se explica perfectamente si se tiene en cuenta la naturaleza y programa del MNR.

 

El partido pequeño-burgués sabía perfectamente, y esto por la experiencia que había vivido durante el gobierno Villarroel, que la clase obrera puesta en píe y cuando adquiere su propia fisonomía, tiende a imponer su línea política, su estrategia, lo que supone la acentuación de la tendencia a superar las limitaciones propias del partido y gobierno nacionalistas pequeño-burgueses, que son las limitaciones propias del marco capitalista.

 

Lo anterior explica por qué el MNR prefería un golpe de Estado en seco, sin participación militante de las masas, aunque buscaba el apoyo de éstas y, por supuesto, el control sobre ellas. Un gobierno nacido de semejante golpe tendría muchas posibilidades de lograr el apoyo del imperialismo y de realizarse en un marco de pos social. Los acontecimientos que se sucedieron en abril de 1952 y después han venido a demostrar que el MNR tenía razón en sus apreciaciones.

 

 

 

La destrucción del ejército

 

Antes que nadie conociese el documento de Laja y que tiene un marcado sabor de capitulación, las tropas regulares del ejército, los cadetes del Colegio Militar y los oficiales, volcaron sus gorras y corrieron despavoridos, entregando sus armas a quien quisiese tomarlas. Los fabriles habían aplastado a varios regimientos. Los mineros de San José hicieron morder el polvo de la derrota a los soldados y oficiales, en Papel Pampa y las proximidades de la fábrica ILBO; desde Milluni se descolgaron hacia el Alto los trabajadores del subsuelo, más fuertemente entroncados en el campesinado que sus hermanos de otras regiones, y rápidamente se convirtieron en amos de un punto estratégico. Nunca se dirá bastante acerca de la historia de las luchas obreras y campesinas en esta región paceña, que cobran singularidad porque se dan en toda su pureza como choque de determinadas clases sociales explotadas contra los organismos de opresión, casi sin interferencias extrañas. En el cementerio de Alto Madidi, algunas cruces rústicas de madera señalan el lugar donde fueron enterrados numerosos campesinos, que fueron llevados hasta allí como prisioneros políticos durante el sexenio.

 

 

Un poco más abajo, el relato continúa:

 

Si recordamos los datos de la historia de las jornadas de abril, llegaremos al convencimiento de que el equipo gobernante, como expresión de un orden social caduco y en desintegración, se desmoronaba a pedazos. El golpe de Estado fue gestado a nivel ministerial y los conspiradores jugaban con las unidades armadas para asegurar su propia victoria. No puede exigirse mayor prueba del hundimiento de uno de los pilares fundamentales del gobierno: el poder Ejecutivo. El aparato represivo se diluía y no pudo soportar la presión ejercitada sobre él desde el exterior. En estas condiciones, el ascenso revolucionario de las masas se proyectó directa e imperativamente sobre las fuerzas armadas, creando en su seno una serie de tendencias centrífugas; vale decir, que muy fácilmente pudo dislocarlas desde dentro. Los choques y las batallas no fueron más que el golpe de gracia a un proceso que se desarrolló larga y profundamente.

 

Las masas, aunque no necesariamente el MNR, personificaron en el ejército rosquero a todos sus enemigos y a los causantes de sus males. Las razones sobraban para esto. El ejército rosquero, directamente entroncado en la aristocracia terrateniente y, como ésta misma, destinado a defender los intereses de la gran minería, tiñó reiteradamente sus bayonetas con la sangre de obreros y campesinos. Desde entonces, la clase dominante no encontró mejor fórmula para resolver los agudos problemas sociales y políticos que la masacre: se confundían la paz de las tumbas con la paz social y la estabilidad política. La tambaleante democracia y sus dificultades crecientes se expresaron y encontraron soluciones a través de los cuartelazos y golpes de fuerza. Objetivamente, los elementos uniformados aparecieron como verdugos de los humildes, pero el hombre de la calle los aisló de la clase dominante y se tomó la libertad de considerarlos muy por encima de la lucha de clases, de esa lucha en la que los explotados son los principales y necesarios protagonistas.

 

El ejército es sólo una parte del aparato represivo, la encarnación de la violencia de una sociedad basada en la explotación del asalariado; lo que tiene que destruirse son los fundamentos de esta sociedad y de esta explotación, entonces no podrá ya existir un ejército diferente a las masas, contrario a sus intereses y convertido en látigo de los oprimidos. Consiguientemente, las masas en abril de 1952 se consideraron ya libres porque el ejército fue disuelto a bala, hecho que se oficializó mediante solemnes actos gubernamentales. El Colegio Militar cesó simplemente de existir, por considerar que los revolucionarios no podían permitir un centro de formación de los carniceros de las masas. En los primeros momentos, se tuvo la impresión de que la jerarquía movimientista, particularmente los señores Paz Estenssoro y Lechín, estaban de acuerdo con la necesidad de la desaparición del ejército de charreteras, botas etc., como expresó chabacanamente el “líder” obrero. No se trataba de la consecuencia de posiciones doctrinales, sino del inconfundible seguidismo a las masas todavía encabritadas. En lo que hicieron y dijeron esos políticos no había ninguna posición orientadora, sino simplemente la repetición de un empirismo a toda prueba. Un poco después, estos mismos dirigentes se encargarían de imprimir características legales a las imposiciones imperialistas acerca de la urgencia de volver a poner en pie a las fuerzas armadas.

 

Las masas y sus organizaciones (la Central Obrera Boliviana, los partidos marxistas, éstos últimos moviéndose entre la tolerancia del gobierno y la clandestinidad) consideraron que no sólo había que destruir al ejército y evitar su resurrección, sino que, para poder defender eficazmente la revolución de la arremetida de sus enemigos de dentro y fuera, se imponía la necesidad de reemplazarlo por las milicias obrero-campesinas, que aparecieron, vivieron y se destruyeron como el brazo armado de las masas que habían logrado imponerse a la rosca y a su ejército.

 

La existencia y fortalecimiento de las milicias - consigna y tradición de los movimientos obrero y revolucionario - están subordinados a la politización y actividad de las masas. Cuando éstas eran dueñas de la calle, cuando desde la COB vigilaban e imponían sus decisiones al Poder Ejecutivo, impulsaron la estructuración y fortalecimiento de las milicias. Los explotados al movilizarse vigorosamente, a fin de imponer sus decisiones y al convertir a sus organizaciones en órganos de poder, se plantearon como una necesidad inaplazable la formación de las milicias obrero-campesinas, no como entidades colocadas por encima de ellas, extrañas a sus intereses o designios, sino como una expresión armada de su propia actividad cotidiana, como un instrumento indispensable para la imposición de sus decisiones, frente a la resistencia de los enemigos de clase y a la estulticia del gobierno. La defensa de la revolución se presentaba inseparable del logro de nuevas reivindicaciones. Cuando las masas ingresaron al período de momentánea depresión, se registró un aflojamiento en el funcionamiento de las milicias obrero campesinas, punto de partida de su posterior degeneración, de su movimientización y de su total destrucción futura. Las milicias no pueden mantenerse independientes al desarrollo y vicisitudes de la politización de las masas. Las milicias fuertes se convirtieron, así en uno de los elementos que plantearon la posibilidad de la conquista del poder por los explotados. Más tarde, cuando se produzca la victoria de los explotados se transformaran en pilares del futuro ejército proletario, elemento indispensable para la defensa de la revolución.

 

No bien el gobierno movimientista pudo emanciparse de la presión y control directo de los explotados, atrevidamente se orientó hacia la derecha y hacia posiciones inconfundiblemente pro-imperialistas. Entonces se pudo constatar que las presiones foráneas se transformaban rápidamente en leyes y actos del gobierno criollo, lo que importaba pasos decididamente antipopulares y antinacionales. Fue de esa naturaleza la reorganización del ejército: imposición de los Estados Unidos para que sirviese de factor de control decisivo del amenazante proletariado. Simultáneamente, se procedió a desarmar a las milicias, es decir, a destruirlas físicamente, a eliminarlas del escenario, no a asimilarlas en el seno de las nuevas fuerzas armadas, que a los dirigentes movimientistas se les antojaban democráticas y expresión de los intereses de las masas, sino simplemente por algún tiempo campearon las milicias mercenarias al servicio del oficialismo y que actuaron como fuerza represiva de los sindicatos.

 

Se tiene que comprender que no puede concebirse la coexistencia pacífica del ejército al servicio de la reacción interna e internacional y de las milicias obrero-campesinas, a través de choques y fricciones uno de ellos tiene que imponerse, lo que supone la victoria de la revolución o de la contrarrevolución. Las fuerzas armadas expresan descarriada y brutalmente la evolución común a los movimientos nacionalistas de los países atrasados: pueden usar consignas pretendidamente antiimperialistas. Y que tengan relación con los intereses populares e inclusive abusar de ellas, pero concluyen invariablemente postradas ante el imperialismo y reaccionan contra las fuerzas revolucionarias del interior del país. La orientación pro-yanqui y contra-revolucionaria se ha dado en el ejército boliviano en toda su nitidez debido a que ha sido organizado, financiado y entrenado por el imperialismo. Esto si consideramos que el ejército está definido, en lo que se refiere a la política que desarrolla y a su fisonomía oficial, por su alta jerarquía. Como quiera que es producto de la clase dominante, refleja las contradicciones internas de ésta y pueden generarse en su seno tendencias nacionalistas que opongan resistencia a la presión imperialista y a la orientación seguida por los mandos tradicionales; sin embargo, estas corrientes rebeldes no podrán, llevar su “antiimperialismo” hasta las últimas consecuencias, es decir, hasta confundirse con las postulaciones proletarias, y, tarde o temprano tendrán que concluir postradas ante el enemigo foráneo.

 

El proceso iniciado el 9 de abril ha agotado todas las posibilidades liberadoras de las fuerzas armadas y en esta medida el proletariado ha madurado políticamente al haber superado las ilusiones que frecuentemente nacen acerca del antiimperialismo, del obrerismo y de la viabilidad de los planes castrenses de desarrollo del país dentro de los moldes capitalistas. El sector más osado e izquierdista (izquierdista con referencia al resto de la entidad castrense) de las fuerzas armadas no va más allá que la izquierda del nacionalismo burgués o pequeño-burgués, puede diferenciarse de éste únicamente por el uso de particulares métodos de gobierno. Pese a esta realidad, que emerge del análisis de los acontecimientos, los sectores militares se mueven animados de la certeza de que se encuentran por encima de la sociedad y de sus luchas.

 

Los gobiernos nacionalistas de los países atrasados, particularmente los castrenses, tienden a devenir bonapartistas, oscilantes entre el imperialismo y la burguesía nacional y el proletariado indígena. No se trata de una abstracción (muchos “marxistas” se limitan a invocar este bonapartismo para ahorrarse el trabajo de analizar una situación política concreta). El bonapartismo de los nacionalistas no busca otra cosa que forjar autoritariamente una sociedad burguesa próspera, ésta es su estrategia y ésta su limitación, y así se encamina hacia la capitulación frente al enemigo imperialista. En determinadas circunstancias, puede exclusivamente apoyarse en las fuerzas armadas y en la burguesía criolla, entonces inaugura un régimen de corte policial. Generalmente, precisa el respaldo de la clase obrera, puede organizarla (eso hizo Villarroel) y movilizarla, para así poder resistir mejor la presión imperialista e incluso lograr estabilidad política interna. De todos modos, los nacionalistas, con la careta bonapartista o no, se empeñan seriamente en mantener controladas a las masas, en evitar que sigan su propio camino y se desborden de los límites fijados por el gobierno.

 

El tiempo y la amplitud del movimiento oscilatorio, propio del bonapartismo, al que puede someterse la burguesía nacional depende de su fortaleza económica, de la que parten sus posibilidades políticas, de la belicosidad y politización del proletariado e inclusive de las coyunturas internacionales más o menos favorables. El gobierno Villarroel mostró rasgos bonapartistas a lo largo de toda su existencia. El centrismo pazestenssorista (centrismo dentro del MNR, ciertamente) se puede decir que fue bonapartista en los primeros momentos, por breve tiempo, reflejando así el impetuoso empuje de las masas, pero bien pronto se inclinó atrevidamente hacía las posiciones pro-imperialistas[35].

 

 

 

Análisis de la narrativa histórica-política

 

Partamos de lo siguiente: la narrativa es un recurso, por así decirlo, de construcción de sentido. No se trata, por cierto, de un significado particular, relacionado a una palabra o algún concepto, sino de sentido en su alcance total. Se puede quizás hablar de la estructura y composición del sentido construido por la narración. Se atribuye sentido no sólo a una secuencia de eventos, sino, incluso, a un conjunto de secuencias entrelazadas; mucho más aún, a un bloque de campos de secuencias yuxtapuestas. La narrativa selecciona eventos, acaecimientos, hechos, nudos de secuencias, colección de hechos, vinculaciones entre distintos planos, usando estos recortes como escenarios y actos de la trama. El sentido entonces es la trama, el entramado, el tejido de acaecimientos.

 

Ahora bien, la pregunta es la siguiente: ¿Esta trama es la que efectivamente ha ocurrido o es tan sólo la interpretación efectuada por el/la narradora, los/las narradoras? Las respuestas, son, por lo menos, tres: Una, que la trama es imaginaria, en tanto que lo que acontece responde a una complejidad incontrolable e ininteligible; dos, que entre la narración y los hechos, sucesos, eventos, secuencias, planos de “realidad”, se da lugar como a una intersección, sin dejarse de afectar mutuamente; tres, que la narrativa forma parte de la “realidad” misma, de la complejidad misma, incidiendo en su decurso. Sin embargo, a estas tres respuestas posibles consideradas, hay que añadirle una cuarta, la que se da comúnmente en los que consideran y creen que su narración es la verdad de la “realidad”. Esta cuarta respuesta es la que descarta taxativamente a las otras tres posibles respuestas, pues considera que las otras respuestas no solamente que no son posibles, sino que responden a un error “ideológico”.

 

No nos interesa considerar esta cuarta respuesta, no solo por sus limitantes epistemológicas, sino porque precisamente esta apreciación de la propia narrativa es la que es nuestro “objeto” de crítica, además de “objeto” de estudio, usando términos metodológicos. Lo que nos interesa es comprender la “lógica” de esta narrativa verdadera, cómo reduce el mundo a su representación teleológica, de qué manera usa su narrativa para imprimir legitimidad a sus acciones, que buscan incidir en la transformación del mundo. En esta perspectiva, haremos aproximaciones hipotéticas al análisis de esta forma de narrativa, que llamamos histórica-política.

 

 

En su alcance general, las narrativas históricas-políticas son dispositivos de acción política, forman parte de las acciones políticas. Desde esta perspectiva, desde ya la discusión no puede centrarse en si estas narrativas reflejan, expresan, interpretan, adecuadamente la “realidad”, pues este no es el interés mayúsculo de estos dispositivos narrativos, sino si ayudan, coadyuvan, colaboran en la estrategia de incidencia, de intervención, de transformación de la “realidad”. Aunque, lo primero, la necesidad de contar con una adecuada comprensión y conocimiento, siempre redunda en lo segundo, permite una mayor incidencia, otorgándole un mayor alcance. De todas maneras, la importancia de las narrativas histórico-políticas radica en su efecto en las acciones sociales.

 

Ahora bien, a esta altura, debemos anotar un problema. “Racionalmente” se espera que cuando determinada narrativa-política no logra los efectos esperados, en la convocatoria a las acciones colectivas, no logra incidir, como proyecta, en la “realidad”, se opte por desechar esta narrativa o corregirla, para contar con un dispositivo narrativo más apropiado en la acción política. Sin embargo, lo sorprendente es que esto no ocurre. Hay como un apego “irracional” a mantener la narrativa contrastada por la “realidad”. ¿Por qué ocurre esto, cuando precisamente el objetivo es político, la transformación de la sociedad? ¿Por qué se persiste en una narrativa contrastada por los decursos tomados efectivamente por eventos? Teniendo en cuenta esta insólita conducta debemos entonces considerar la hipótesis interpretativa de que la narrativa histórica-política se convierte en el sentido supremo para los narradores políticos. En este caso, ya no se trata de transformar el mundo, sino de darle al mundo sin sentido un sentido, que es el que contiene la narración en cuestión. De lo que se trata es de imponer un sentido al caos, al desorden, al marasmo de los hechos. Con lo que la narrativa histórica-política deja de ser un dispositivo político para la acción, se convierte en un dispositivo moral para educar a los mortales. Cuando la narrativa histórica-política sufre estas modificaciones es cuando se asemeja a las narrativas religiosas.

 

Por cierto, no ocurre esta transvaloración con todas las narrativas históricas-políticas; paradójicamente, son las narrativas más fuertes, que han tenido, en un principio, relativo éxito, incidiendo en los sucesos y eventos políticos, las que terminan ancladas en su propio discurso, dejando a un lado la reflexión, el análisis y, sobre todo, la crítica. Es cuando los referentes históricos de esta etapa dorada de la “revolución” se convierten en los fines de lo que debe suceder en otros escenarios geográficos, políticos y sociales. Los narradores histórico-políticos no solo quedan atrapados en las redes de la propia narración, sino que quedan seducidos por una forma de “memoria”, de remembranza, que convierte en ejemplo lo acontecido. Ambos adormecimientos, por así decirlo, terminan afectando a la acción política, desencadenando errores de intervención, encaminando al proyecto político al fracaso.

Nuevamente, ¿por qué ocurre esto? Otra hipótesis interpretativa: La historia no se repite, cada evento, cada suceso, cada acontecimiento, es singular. Si la narrativa histórica-política en uso tuvo efectos trascendentes en determinada experiencia social y política, esto no quiere decir que tenga los mismos efectos en otro contexto, en otra experiencia social y política. La obligación del activista es reconocer la singularidad del contexto donde está inserto, comprender la mecánica histórico-social de las fuerzas involucradas, elaborar o relaborar una narrativa como dispositivo político apropiado a las condiciones históricas, políticas, sociales y culturales que gravitan en el contexto donde actúa. Sin embargo, esto es lo que no ocurre, generalmente el activista considera a la narrativa histórica-política heredada como verdad transmitida. Entonces, no se puede renunciar a la verdad, sino que se deben encontrar los desaciertos en la conducción, se debe denunciar las incomprensiones, se debe condenar las traiciones. Los “revolucionarios”, hablo de los y las consecuentes, los y las que merecen este nombre, se convierten en titánicos sujetos empeñados en la tarea imposible de moralización.

 

 

El problema está en la trama o las tramas, no sólo de las narrativas históricas-políticas, sino en todas las narrativas. Las narrativas construyen sentidos duraderos, ayudan a interpretar el mundo en devenir, permiten fortalecer las voluntades, las que se proponen fines; empero, estos fines no son fines trascendentales, sino fines de las voluntadesfines prácticos, adecuados a las necesidades, demandas, requerimientos humanos. Estos fines son fines operativos; el problema es cuando se convierten estos fines prácticos en fines trascendentales, como si el fin estuviera contenido en la “realidad” misma, en la historia misma. Esta transferencia de la voluntad humana al mundo a la naturaleza, al cosmos, empuja a caer en el espejismo antropomórfico, se encuentra en todo el perfil humano; se encuentra en todo el perfil de las intenciones humanas.

 

Las tramas, los entramados inherentes a las narrativas, tan útiles para la sobrevivencia humana, también pueden convertirse en redes que atrapan a los humanos, dependiendo de las circunstancias, el uso, sobre todo la institucionalización de las narrativas. Cuando el mundoimaginariamente, se convierte en trama, no es que el mundo en devenir, queda detenido, pues sigue sus decursos; los y las que quedan detenidas en el devenir del mundo son los y las narradoras seducidas por sus propias tramas. Por cierto que estos anclajes en la trama no perduran, pues la invención humana, no deja de inventar nuevas narrativas, más adecuadas a la complejidad. Las narrativas que quedaron en el camino, se convierten en piezas de museo o, en el mejor de los casos son parte de las memorias sociales, las que se retoman para comprender históricamente el pasado. Mucho, más aún, las narrativas estéticas forman parte del despliegue humano, en la forma de la potencia social realizada. Las narrativas estéticas se renuevan en su propia plasticidad. Las narrativas científicas se estudian, comprendiendo las distancias que las separa de las ciencias contemporáneas; pero, también, comprendiendo los hitos que marcaron en el logro y realización del conocimiento.

 

Las narrativas histórico-políticas no son estéticas ni científicas. Son herramientas discursivas de convocatoria, son voluntades plasmadas en la interpretación de las luchas y los enfrentamientos, son fuegos iluminadores que develan los engranajes de las opresiones y dominaciones. Responden a formas de saber colectivos, a intuiciones subversivas, que pueden adquirir la forma de discursos elaborados, de explicaciones labradas. Forman parte de la historia de las emancipaciones y liberaciones. Esta es la parte candente y de apertura de estas narrativas. Las narrativas histórico-políticas al no contener las cualidades plásticas de las narrativas estéticas, no pueden renovarse como despliegue de la creatividad humana; al no contener las cualidades cognitivas de las narrativas científicas, no pueden fijarse como hitos en los recorridos del conocimiento humano. Las narrativas histórico-políticas no se despliegan en ciclos de larga duración, duran menos, se inmolan apasionadamente en los acontecimientos políticos que han generado. Su valor profundo se encuentra en esas singularidades, quizás, incluso en la irradiación de sus entornos espaciales y temporales. Pretender convertirlos en universales, con capacidad de generalización; pero, aún en ley material, es como darles vida más allá de la muerte, una vez que se inmolaron en el acto heroico. Los que hacen esto son taxidermistas.

 

¿Es que no hay nada que quede de estas narrativas histórico-políticas? No como dispositivos políticos para la acción, sino como conocimientos de un acontecimiento singularconocimientos que permiten el análisis comparativo de contextos y de situaciones, de temporalidades, ritmos y periodicidades, de estructuras e instituciones. Empero, estos conocimientos tiene valor y son útiles en la medida que se re-articulan en otras nuevas narraciones históricas-políticas, las contemporáneas y las actuales. Estos conocimientos heredados son actualizados en las nuevas narraciones históricas-políticas de las nuevas generaciones de luchas sociales. Si estos conocimientos no son actualizados en las nuevas narraciones históricas-políticas, si son, mas bien, encapsulados por las narraciones preservadas más allá de la muerte, estos conocimientos quedan detenidos en un círculo vicioso repetitivo.

 

 

¿Por qué hablar entonces de genealogía del poder y genealogía política? La genealogía del poder se refiere a diagramas, a cartografías, a mapas de fuerzas, a inscripciones en los cuerpos; en este sentido, la genealogía del poder tiene que ver más con estructuras de larga y mediana duración que con estructuras coyunturales o periódicas. La genealogía política, en todo caso, se remite a campos, a formas de Estado, a estructuras políticas, por lo menos, de mediana duración. En cambio, los discursos histórico-políticos y las narrativas históricas-políticas tienden a desenvolverse, más bien, en ciclos de mediana duración o cortos. Cuando se dice que la concepción histórica-política de la guerra de razas se transforma, o tiene su génesis, en la concepción de la lucha de clases, se recogen las mutaciones y transformaciones del discurso histórico-político en su propia discontinuidad; es decir, en sus propios desplazamientos discursivos, aunque no necesariamente de la trama. La trama puede mantenerse como formato, como modelo, si se quiere; lo que cambian son los personajes, los escenarios, incluso los discursos; empero, se repite el ciclo dramático de la contradicción y del desenlace esperado.

 

No hay que olvidar que la política, en el sentido formal, pero también imaginario, al final de cuentas, en la versión bolchevique y en la versión de Carl Schmitt, en la versión del Estado y en la versión de los proyectos emancipatorios, que se circunscriben en el horizonte del Estado, sin cruzarlo, se conforma y estructura en base a la definición del enemigo, teniendo en cuenta la separación clasificatoria amigo-enemigo. La trama de las narrativas históricas-políticas se inspira en el mismo paradigma dicotómico. Por eso, las formaciones discursivas y las formaciones narrativas históricas-políticas tienden a repetir este esquematismo; aunque unas narrativas aparezcan más elaboradas y más sutiles.

 

En resumen, lo que es sugerente de esta hermenéutica histórica-política son, por lo menos, tres aspectos; uno, su corta o mediana duración; dos, sus transformaciones o, en contraste, su estancamiento anclado; tres, su trama del enfrentamiento y el desenlace emancipatorio.

 

 

 

 

De las secuencias narrativas seleccionadas, como ejemplo, de los recortes de narraciones efectuados y escogidos, vemos que:

 

La secuencia 1 parte de la impresión de un pueblo en permanente insurrección; por eso, expresa, que se suceden sucesivas insurrecciones.

 

La secuencia 2 se atiene a la descripción de los hechos, a partir de esta descripción somera, busca encontrar la explicación de los sucesos, sobre todo de su encadenamiento, en el eslabonamiento de los eventos. La explicación no viene a ser otra cosa que un recuento, ordenado de acuerdo a la selección de lo importante, dejando de lado lo contingente.

 

La secuencia 3 construye la explicación no a partir de la descripción, aunque la tome en cuenta, sino a partir de una mirada teleológica. Parte de la teoría de lucha de clases, retoma las tesis de la revolución permanente, define las clases y sus roles en la historia, centra el conjunto de antítesis en la contradicción nuclear entre proletariado y burguesía; aunque la burguesía tenga características de una minoría, mas bien, ligada al capitalismo internacional, sustituida por una pequeño-burguesía pretendidamente radical en la palabra y condescendiente en los hechos con el imperialismo. Por eso, la revolución nacional, hecha por trabajadores mineros, obreros y campesinos está destinada al fracaso, si es que no se convierte en revolución socialista y está conducida por el proletariado. Como se puede ver, la explicación es antelada, ya estaba dada, antes de la narración; lo que hacen los hechos es corroborar la acertada tesis y la teoría verdadera. Se entiende entonces el poco interés en detenerse en los hechos, en analizarlos, en evaluar las diferencias que plantean respecto a la tesis y la teoría.

 

La secuencia 4 podría decirse, en principio, sólo tomando la forma, que se parece a la secuencia 3, que es equivalente; sin embargo, hay una diferencia notoria, se detiene en los hechos, se preocupa por analizarlos, y, aunque no sea la principal premura el cuidado de evaluar las diferencias que plantean respecto de la tesis y la teoría, termina haciéndolo, debido al esmero respectivo en la descripción de los hechos y buscar sus conexiones. Esta narración es hecha por un historiador, de la misma manera que la segunda es hecha por una historiadora o una cientista social, que usa los métodos de la investigación historiográfica. La diferencia entre la secuencia 2 y la secuencia 4 no radica solamente en que la última toma claramente partido, sino en el alcance de la explicación. Se esté de acuerdo o no con el carácter y la estructura de la explicación, con la teleología inherente, lo sugerente es que la explicación se construye tomando en cuenta los hechos, el análisis de los mismos, evaluando las diferencias y las analogías con otras experiencias históricas revolucionarias. En este caso, no interesa tanto discutir las conclusiones, tampoco el estilo de explicación, sobre todo la teleología inherente, sino apreciar críticamente el análisis de la conexión de los hechos, de los sucesos, de los eventos, en sus propias sucesiones. Es una narración, correspondiente a una investigación histórica, cuya explicación tiene en cuenta, por lo menos, una aproximación, a lo que llamamos la mecánica histórica-social.

 

Alguien podría llamar la atención sobre el lenguaje; se trata de un lenguaje militante. Empero, el lenguaje militante no le quita rigor “científico”, que radica en la investigación de las fuentes, registros, hemerotecas, bibliotecas, además de contar, en este caso, con la experiencia directa. También se encuentra en la explicación, que, aunque pueda no compartirse, es efectuada a partir de los hechos, los sucesos, los eventos, sus conexiones, tomando en cuenta el poyo teórico optado. En todo caso, se puede discutir la explicación, sus conclusiones, es decir, su interpretación; sin embargo, no se puede olvidar que se trata de una narrativa histórica, efectuada con procedimientos investigativos y de análisis de esta ciencia o saber, la historia.

 

Las hipótesis de trabajo, no las hipótesis teóricas, sino las hipótesis que tienen que ver con la conexión y sucesión de los hechos, hacen consideraciones que coadyuvan a construir el cuadro particular de la explicación. Una de ellas es la que toma en cuenta el papel del PIR, partido marxista, al que el autor le reconoce que tuvo incidencia en el proletariado boliviano, que incluso tuvo la oportunidad de conducirlo hacia la revolución; sin embargo, por su concepción “etapista”, por la caracterización del gobierno de Villarroel como nazi-fascismo, optando políticamente por la alianza con la burguesía, conformando el frente amplio antifascista, propugnado por los partidos comunistas, en ese entonces, llevan al PIR a una alianza con la odiada “rosca minero-feudal”, dándole contenido social al colgamiento de Villarroel. Este comienzo de la narración es importante, en la explicación que construye, para dar cuenta del fortalecimiento del MNR.

 

Otro dato que toman en cuenta las hipótesis de trabajo es la victoria electoral del MNR en 1951. Hecho que muestra, por lo menos, la convocatoria electoral del MNR, además de explicar por qué los insurrectos victoriosos del 9 de abril veían la secuencia natural de la entrega del poder al MNR, después de haber vencido al ejército. Estos dos datos, el comportamiento político del PIR, la victoria electoral del MNR, con la consecuente incidencia en la comprensión política y coyuntural de la mayoría de los insurrectos, colocan a la narración en los escenarios históricos concretos, sin hacer abstracción de ellos, como en el caso de la secuencia 3. La cuestión está en cómo se llega, a partir de esta puesta en escena, de esta consideración inicial de la trama narrativa, a la explicación teleológica y a las conclusiones políticas taxativas.

 

El autor reconoce que el MNR se inclina a un radicalismo, aunque sea demagógico, aprovecha el escamoteo y desconocimiento de su victoria electoral, convoca, organiza y conspira, según el autor, de una manera “blanquista”. Se propone efectuar un golpe de Estado, detonando con la acción de grupos armados, que dan la señal a los carabineros y los militares involucrados. Empero, el ejército reacciona y está a punto de derrotar a estos grupos armados y al golpe de Estado; es cuando la convocatoria al pueblo, la decisión de las organizaciones sociales, los sindicatos mineros y fabriles, su participación decidida en la lucha, sus tomas geográficas, terminan invirtiendo la balanza de la lucha armada. Las masas en las calles terminan convirtiendo el golpe fracasado en una revolución. Esta mecánica social, política y de lucha armada, insurreccional, es sumamente sugerente, pues muestra la diferencia entre un hecho político, en sentido restringido, y una sumatoria de hechos encaminados al evento político-social, en sentido amplio; la diferencia entre un procedimiento grupal, incluso partidario, el de la conspiración y el golpe de Estado, y los procedimientos proliferantes, desbordantes de las multitudes, del pueblo insurrecto, del proletariado. La intervención y la acción multitudinaria de estos últimos terminan desencadenando el acontecimiento de la revolución.

 

La discusión política se concentra en este suceso mayúsculo. ¿Qué alcance tiene? ¿Cuáles son sus consecuencias? ¿Tiene o no posibilidades de prolongarse a una revolución socialista? Conocemos las apreciaciones, interpretaciones, conclusiones del autor. No se trata de discutir con ellas, de estar o no en desacuerdo con esta narración histórica, sino de discutir y evaluar a fondo si existía esta posibilidad, con qué potencia y de qué manera. No se trata ya de una discusión “ideológica”; está ya la conocemos, incluso los límites impuestos por su incomunicación, por su atrincheramiento en pre-juicios. Se trata de una discusión histórica, si se quiere, de una discusión histórica-política; lo que implica también es investigar minuciosamente lo acaecido. El autor, en la medida que se mueve en las tesis de la revolución permanente y en la teoría de la lucha de clases, es consecuente con las tesis y la teoría; sus conclusiones son una deducción de éstas. Es ocioso discutir si se trata de una revolución por etapas o de una revolución permanente, como si se tratara de principios. Esta es una discusión abstracta y dogmática. El debate está en otro lugar, en el análisis de las posibilidades inherentes, de las fuerzas en juego, de su potencia y alcance; también en el análisis de los contextos locales, nacionales, regionales y mundiales.

 

En el presente ensayo no podemos adentrarnos a este análisis minucioso de las posibilidades inherentes y de las fuerzas en juego, en ese entonces; además se requiere de una investigación histórica previa para hacerlo. Lo que podemos hacer es proponer ciertos recorridos para abordar estos tópicos problemáticos, polémicos y, a la vez, iluminadores.

 

 

 

El aprendizaje dramático de la lucha de clases

 

 

 

 

 

 

 

Decodificaciones paralelas

 

Hay que reflexionar sobre la experiencia del proletariado y la constitución de su memoria. ¿Cómo aprende, en su experiencia, los símbolos y signos de la lucha de clases? ¿Cómo percibe los discursos interpeladores de su explotación; sobre todo y particularmente los discursos marxistas? ¿Cómo combina su aprendizaje por experiencia directa y la interpretación, la suya, de los discursos? ¿Cómo todo esto se convierte en una predisposición y en una voluntad para actuar? Es importante atender el detalle de las funciones, mecanismo y flujos de este aprendizaje. Se ha descuidado este detalle, pues se ha optado por supuestos racionalistas, como el que acepta sin dudar que la razón de una ciencia social y económica llega directamente o indirectamente al trabajador, pues él la vive en su cotidianidad. Entonces, se supone una misma estructura de funcionamiento tanto en el campo económico, así como en el campo social, y en el campo teórico; por lo menos, en lo que se refiere a la teoría “científica”. Los partidarios de este supuesto no se hacen problemas sobre la llegada del discurso teórico, “ideológico” y político, al interlocutor, al pueblo, al proletariado, a la nación. Pues la equivalencia estructural, entre teoría y realidad, sostiene la linealidad causa-efecto, o la linealidad determinista; incluso, en casos aparentemente más complejos, como cuando se supone una racionalidad inmanente a la historia.

 

El problema mayúsculo aparece aquí, cuando la complejidad, sinónimo de realidad, es no solamente reducida, como lo hace la teoría, a una explicación representativa, sino es reducida a la mínima expresión de la linealidad causal y determinista, incluso, un poco más complejadialéctica.

No nos vamos a detener en esta discusión, que se encuentra ya en otros textos[36]; nos interesa ahora recoger la problemática planteada, analizarla y buscar hipótesis interpretativas, en lo posible desde la perspectiva de la complejidad.

 

A diferencia del supuesto de equivalencia, anteriormente expuesto, partimos de que no hay equivalencia entre la estructura narrativa teórica y las estructuras de los planos de intensidad del acontecimiento. Por ejemplo, la experiencia del proletariado minero boliviano, correspondiente al periodo intenso político de 1946 a 1971, se conformó en el ciclo extractivista de la minería, preponderantemente del estaño, relativa al ciclo hegemónico estadounidense del capitalismo, una vez tomada la posta, por así decirlo, con el declive del ciclo hegemónico británico. Hablamos de la introducción de alta tecnología y de un desplazamiento en las formas administrativas y de comunicación, en comparación con el ciclo extractivista de la minería anterior, preponderantemente de la plata, correspondiente al ciclo hegemónico británico del capitalismo. Si bien no se puede homogeneizar la misma condición tecnológica en todo el mapa minero boliviano, de todas maneras, el hecho que un sector minero, precisamente el más pujante, cuente con la tecnología extractivista de punta, de ese entonces, arrastra al resto de los sectores mineros a un ordenamiento, que sitúa su eje en este sector tecnológicamente más avanzado; incluso, se puede decir, conformando rentas diferenciales mineras, en beneficio de las empresas tecnológicamente más avanzadas. Lo que nos interesa es señalar que hablamos ya de un proletariado minero cuya relación con la herramienta extractiva es esta tecnológicamente más avanzada. También nos encontramos con un proletariado minero que conforma una organización sindical más compuesta, respondiendo a los cambios en la división del trabajo, la división de secciones, división de interior mina e ingenio, distribución del vínculo diferencial en formas de heterogéneos medios coordinados e integrados de extracción de minerales, de lixiviación, de traslado y desmontes. También el campamento minero es más extenso, cuyo asentamiento responde a un diseño ordenado, diferenciándose del poblado cercano. Si bien no en toda la minería, por lo menos, en este sector tecnológicamente más avanzado, los campamentos cuentan con pulpería. Ciertamente, el grueso de la minería presenta condiciones más parecidas a las formas dispersas y provisionales del ciclo de la minería de la plata, de todas maneras, la presencia de estos campamentos modernos, por así decirlo, es un referente para el resto del proletariado minero y para el resto de las empresas mineras. Pero, por otra parte, en lo que respecta a los salarios, ocurre, un tanto al revés, por así decirlo, que lo que ocurre con la renta diferencial minera, donde se benefician los sectores mineros más pujantes. Las peores condiciones de la mayoría del proletariado minero arrastran a bajar los salarios del proletariado minero de estas empresas extractivistas pujante. Se puede decir que, en general, la tendencia es a disminuir los salarios de los trabajadores, debido al mapa precario de la mayoría del proletariado minero. Se explica entonces que uno de los principales conflictos sea precisamente la lucha por un salario digno.

 

El proletariado minero unifica sus luchas reivindicativas con la constitución y conformación de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, instituida en 1945. Que al siguiente año sea la Tesis de Pulacayo la Tesis asumida por la FSTMB, habla también de la expresión “ideológica” del proletariadoexpresión que se plantea un programa político de transición hacia el socialismo. ¿Cómo explicar esta politización del proletariado? Ciertamente tiene que ver con el activismo del POR; sin embargo, el hecho de que este activismo logró cosechar su siembra, se debe a que la actividad formativa y de difusión se efectuaba en el espesor de una larga lucha del proletariado, que había sedimentado una memoria social de duración prolongada. Estamos hablando de un proletariado que ya era rebelde.

 

Es como decir que hablamos de una sensibilidad social mayor, de una interpretación social espontanea de mayor alcance, debido a la experiencia y la memoria de las luchas. Por otra parte, el proletariado boliviano se enfrenta a una oligarquía minera que no deja de ser afectada por la herencia colonial, incorporando rasgos coloniales en su relación con los trabajadores mineros. Esta relación colonial, heredada y combinada con las relaciones capitalistas, aunque las relaciones capitalistas sean preponderantes, particularmente determinantes, si se quiere, en el sentido de sobre-determinación, le da un contenido anticolonial a la interpelación del proletariado al Estado oligárquico. Por otra parte, la certidumbre de que la riqueza de los “Barones del Estaño” no se quedaba en el país, sino se internacionaliza, también le da un contenido antiimperialista a la lucha del proletariado contra una burguesía nativa internacionalizada. En otras palabras, este caudal abigarrado de las contradicciones – usando todavía un concepto que no es del pensamiento complejo, sino que responde a los esquematismos dualistas de la modernidad – politiza tempranamente al proletariado minero.

 

Se puede decir que, si bien, la periferia del sistema-mundo capitalista se especializa en transferencia de materias primas hacia los centros del sistema-mundo, cerrándose con este modelo extractivista a la industrialización, pareciera, por así decirlo, para ilustrar, que el proletariado de la periferia se politiza tempranamente, en comparación con el tiempo que necesita de experiencia el proletariado del centro.

No pretendemos convertir esta interpretación, que corresponde a una región lugares concretos, en un periodo determinado, en una hipótesis de generalización. Esto no se puede hacer, desde la perspectiva de la complejidad, pues cada lugar es singular, cada región es singular; estas singularidades responden a composiciones particulares de distintos planos y espesores de intensidad. Puede llegarse a encontrar ciertos rasgos parecidos en el proletariado de las periferias del sistema-mundo, sobre todo, tendencias paralelas; sin embargo, el proletariado de las periferias se presenta, más bien, en su diversidad heterogénea, dependiendo de sus historias singulares, sus experiencias y memorias sociales singulares, además de sus propias historias coloniales y republicanas. Recordemos que el pensamiento complejo busca la comprensión de las singularidades y de su pluralidad; el pensamiento complejo comprende el acontecimiento como multiplicidad de singularidades. No se trata de generalizaciones, tampoco de universalizaciones, como era el procedimiento metodológico en la modernidad, sino de comprender y entender las formas integrales de estas singularidades y de los acontecimientos singulares. Esto, esta enunciación compleja, puede entenderse, como dijimos en otro escrito[37], como universalización compleja, que corresponde a la simultaneidad dinámica e integral.

Entonces la singularidad del proletariado boliviano, en el periodo correspondiente de intensidad política, tiene que ver con la temprana politización. Que puede explicarse por su experiencia intensa y su memoria dinámica. Esta experiencia y esta memoria hacen de substratos de la intuición subversiva del proletariado. Es esta intuición subversiva, que ya es saber, en el sentido amplio de la palabra, o mejor dicho hace de matriz perceptiva de saberes críticos e interpoladores, la que interpreta las formaciones discursivas criticas del capitalismo, de la dependencia, del Estado oligárquico, del imperialismo. Como se dice popularmente, no es en oídos sordos a los que hablan los discursos marxistas; también hay que incluir al discurso del nacionalismo revolucionario, aunque tenga otras características y objetivos de menor alcance, coincidiendo, por lo menos, en una etapa inicial, con el antiimperialismo, aunque sea solo de palabra; y coincidiendo, aún más, con la lucha por la soberanía nacional, aunque le otorgue otro contenido.

 

Lo que importa aquí es la relación entre percepción social proletaria, intuición subversiva minera, y las formaciones discursivas marxistas. Se produce una interpretación por ambas partes; también, si se quiere, traducción a los propios códigossímbolos e imaginarios, por ambos lados. El proletariado minero - déjennos todavía hablar con cierta generalidad, por cierto inapropiada, con objeto de ilustrar - interpretó los discursos marxistas como continuidad de sus luchas acumuladas; los marxistas interpretaron la escucha y la acción proletaria como corroboración de sus teorías. Se puede decir que, paradójicamente, se daba lugar a un entendimiento, pero, también a una incomprensión. Los mensajes llegaron, a ambos lados, de acuerdo a las propias expectativas, dejando de lado lo que no llegaba del mensaje emitido por el otro lado. La traducción se efectuaba según los propios códigos de una manera incompleta; así mismo la interpretación se dio parcialmente, sin lograr una interpretación completa del mensaje.

 

Ciertamente, esto no solo pasa, en este caso, el de la relación comunicativa, en el periodo en cuestión, entre el proletariado minero y los discursos marxistas, sino en toda comunicación lingüística, restringida al leguaje hablado y escrito. Este es un problema compartido no solo por la teoría política sino por toda comunicación lingüística, aunque se dé la diferencia en distintas tonalidades. Por eso, es indispensable corregir esta falencia con comunicaciones integrales, que, además del uso del lenguaje, se efectúe el contacto con otras formas de comunicación, captables por la percepción social. No hablamos solo de estética, de arte, de música, sino también de formas afectivas, de formas de empatía, formas éticas de comunicación.

La comunicación como tal, completa, no ha dejado de ser perceptual; es decir, corporal, haciendo participar a todo el cuerpo, a las sensaciones, a los sentidos, a la imaginación, a la razón integrada a la percepción. Lo que pasa es que, a partir de un momento o lapso, si se quiere, de momentos o lapsos dispersos, las sociedades han inducido restricciones en el cuerpo, en la percepción, llevándola a poner en la sombra u en el olvido la integralidad de la percepción, enfocando su actividad en el privilegio de una razón “separada” de la percepción, la razón abstracta, que llamamos razón fantasma. Subordinando la imaginación a esta razón fantasmasubsumiendo, por así decirlo, las sensaciones, los sentidos, también distanciados entre sí, desarticulados, desintegrados, a la imaginación subordinada a la razón fantasma. La comunicación se restringe al lenguaje hablado y escrito. Esta ortopedia del cuerpo, esta especialización del cuerpo, que corresponde a las modulaciones exigidas por determinadas formas de sociedad institucionalizadasformas de sociedad, que a su vez, se miran en el espejo del Estado, que es la institución imaginaria de la sociedad, si bien lleva a la eficacia de la comunicación lingüística, “racional”, instrumental, sobre todo intencionada institucionalmente, premeditada, orientada a fines, la restringe y acota a sus connotaciones racionales abstractas. Convirtiendo la misma comunicación en un medio al servicio de los fines. La comunicación instrumentalizada e institucionalizada, de esta manera, se reduce y empobrecereduciendo y empobreciendo las dimensiones humanas.

Las falencias comunicativas, de las que hablamos, llevan a las distorsiones del lenguaje, a decodificaciones disonantes o no equivalentes, sino, mas bien, adaptadas a las propias expectativas. Paradójicamente, el mundo de las comunicaciones, vive, a la vez, los efectos de una comunicación in-comunicante y de una incomunicación comunicante. En este fenómeno paradójico de la comunicación in-comunicante se dan distintas tonalidades, distintas formas, desde las más próximas al error de códigos hasta las más próximas a la exactitud de la decodificación. Ciertamente, en el caso tratado, el de la relación de los discursos marxistas y la escucha social del proletariado minero, en el periodo correspondiente, no estamos tan alejados de la exactitud de la codificación ni tan cerca del error de códigos; sin embargo, nos encontramos en un intervalo, por así decirlo, donde las distorsiones adaptaciones del mensaje ocasionan errores de apreciación, generando mitos, como aquella de la consciencia de clase.

 

Este fenómeno de la adaptación y adecuación del mensaje, recortado y deformado, de acuerdo a las expectativas es, en realidad, general, por así decirlo, en todos los ámbitos de la comunicación moderna. Sirve para legitimar pretensiones, finalidades, programas, teorías, sobre todo, formas, estructuras, relaciones de poder. Esto se ve claramente, en el tema y tópico que tocamos, en el papel de la “vanguardia”; la “vanguardia” va enseñar, no a aprender. Es el proletariado el que aprende. Esta relación entre maestros y alumnos, por así decirlo, metafóricamente, reproduce la relación jerárquica, que no es otra que una de las formas de las dominaciones.  Obviamente, no necesariamente se efectúa esta relación intencionadamente, conscientemente, buscando ese objetivo; todo lo contrario, se enseña liberarse, a emanciparse, a tener consciencia histórica de clase. Sin embargo, la relación de maestro y alumno, la relación jerárquica, incluso diremos iluminista, reproduce veladamente el sistema que se quiere destruir. Esta es una de las paradojas de la revolución[38].

 

Tampoco se trata de la falsa humildad, que habla de retaguardia intelectual, pues al no haber vanguardia tampoco hay retaguardia, que es una versión oculta de la vanguardia. La retaguardia como la vanguardia también enseña, no aprende.  Una relación comunicativa entre equivalentes, entre iguales, es la que aprende por ambos lados. Se trata del aprendizaje mutuo, que mejora constantemente la comunicación, que rescata, cada vez mejor y más apropiadamente los mensajes, que integra a ambos lados en composiciones autogestionarias sociales, sobre todo, en composiciones autogestionarias de la rebelión y de la subversión.

 

Después de esta introducción teórica, ahora pasaremos a ejemplos descriptivos e ilustrativos de la experiencia por aprendizaje dramático del proletariado minero.    

 

 

 

Del aprendizaje dramático

 

La masacre de Catavi

El gobierno del “súper Estado minero” declaró zona de control militar a todas las minas, alegando la obligación de suministro de materias primas a los países aliados en la segunda guerra mundial, contra la Alemania nazi. Los aliados demandaban recursos naturales, principalmente el estaño, en el caso de Bolivia, para la industria de guerra. En consecuencia, en el país se requería de orden social, de seguridad y disciplina, sobre todo, en los campamentos mineros. El conflicto social había estallado en la minas; las reivindicaciones salariales se hicieron presentes en Uncía, Catavi y Siglo XX, ya desde antes, por lo menos, de una manera intermitente desde 1941. Se hizo oficial la demanda salarial en el complejo minero de Catavi - Siglo XX. Como la empresa no responde adecuadamente, tampoco el Ministerio de Trabajo, el conflicto se orientó hacia una huelga general, emprendida el 14 de diciembre de 1942. En respuesta a la huelga, el gobierno despachó al regimiento Ingavi, al mando del Coronel Luis Cuenca. Con el regimiento en Catavi, la tensión se incrementó, poniendo al vilo las infructuosas negociaciones y reuniones, particularmente debido a la intransigencia empresarial y subordinación del ejército a los “Barones del Estaño”. La secuencia de sucesos se desató dramáticamente; el 21 de diciembre, en dos ocasiones, las tropas dispararon, primero, contra un grupo de mujeres. Quienes intentaban ingresar a Catavi   , en busca de víveres y bienes.  Ese fue como el comienzo del drama; posteriormente la represión se ensañó contra una masiva manifestación de rechazo a la represión gubernamental, indignada por las iniciales muertes. Cerca de dos centenares de soldados, una media docena de sargentos, dirigidos por tres oficiales, dispararon a mansalva contra una manifestación de alrededor de siete mil mineros y familiares, hombres, mujeres y niños. La masacre perpetrada dio como resultado más de una veintena de muertos y medio centenar de heridos[39].

 

A pesar de que la represión al pueblo ya tiene historia y las masacres ya se conocía, la masacre de Catavi marca un hito. Es como quien dice, la gota que hizo desbordar el vaso.

Después de la masacre, una vez conocida por la opinión pública, se dio lugar el requerimiento parlamentario de los diputados movimientistas, el interrogatorio, la denuncia oficial y la interpelación al gobierno por su responsabilidad en la masacre. Especialmente fue destacada la exposición del diputado Víctor Paz Estenssoro. Habiendo sido ya Ministro de Hacienda del gobierno de Gualberto Villarroel López, por lo tanto conocido, su popularidad creció a partir de este momento.  Desde entonces el MNR no solo era el partido nacionalista, que apoyo y coparticipó en el gobierno de Villarroel, sino aparecía como un partido defensor del pueblo, incluso revolucionario, a los ojos populares.  Este partido, el MNR, que adquiere el perfil discursivo del nacionalismo revolucionario, participó activamente en el movimiento obrero; en Catavi promovió al movimiento de trabajadores mineros, movimiento que se encontraba ya organizado. Movimiento proletario, que adquirió madurez, por así decirlo, después de esta experiencia de la masacre de Catavi. También desde este momento trágico, la imagen y la legitimidad, tanto del “Súper Estado Minero”, del gobierno asesino y de la casta de los “Barones del Estaño”, no solamente se deterioró, sino que se convirtió en el enemigo sanguinario del pueblo, del proletariado y de la nación.

 

 

La Guerra Civil de 1949

El quinto mes del año 1949, estalló una huelga general; en el mapa de la huelga general, el campamento minero de Siglo XX se convirtió en un centro de operaciones; allí se desencadenó un grave conflicto en el campamento, que era propiedad de Simón I. Patiño. El presidente interino, de entonces, Mamerto Urriolagoitia, que después va a ser presidente de la república, dispuso el arresto de dirigentes sindicales. Como respuesta a esta represión, los trabajadores mineros tomaron como rehenes a dos empleados extranjeros; después los ajusticiaron. La represalia gubernamental no se hizo esperar; vino enseguida la operación militar de ocupación del campamento, con su consecuente masacre de trabajadores mineros. Este evento trágico se conoce como la Masacre de Siglo XX.

Tres meses después del hecho, el 27 de agosto de 1949, se desencadenó una sublevación de proporciones. Esta rebelión fue encauzada por el MNR, en coordinación con el POR y con la izquierda del PIR. El alzamiento armado se extendió a cuatro departamentos y fueron tomadas sus cuatro ciudades capitales; Santa Cruz, Cochabamba, Potosí y Sucre. A pesar de que Cochabamba iba a ser el centro de comando de la insurrección, se conformó un gobierno paralelo en Santa Cruz, bajo la presidencia interina de Edmundo Roca, de Acción Obrera, incorporada al MNR. Esto debido a las dificultades que ocasionó el enfrentamiento en Cochabamba. Los insurrectos llegaron a controlar más de la mitad de la geografía política del país. Ya en los desenlaces del conflicto bélico, sobrevinieron rápidamente las batallas; se produjo un choque militar grave en Incahuasi, otro en Camiri y un tercero, de la misma magnitud, en Yacuiba, jurisdicción que se hallaba bajo control rebelde, al mando de Froilán Calleja. La insurrección proclamó a Víctor Paz Estenssoro, que se encontraba exiliado, como presidente de la republica insurrecta, y a Edmundo Roca como vicepresidente. Mamerto Urriolagoitia mandó tropas del ejército, al mando del General Ovidio Quiroga. El ejército regular retomó Cochabamba, después, Santa Cruz, lugar donde se trasladó el centro de operaciones de la insurrección. El gobierno recurrió a todo su arsenal para impedir el avance de la insurrección armada, incluso apeló a la aviación; se bombardearon las ciudades de Santa Cruz y Cochabamba. Cuando en Potosí, el ejército regular retomó la plaza de armas, se arrestaron a los rebeldes, que después fueron fusilados, contando con un juicio sumario. Otros fueron fusilados en el cuartel Manchego, como Lidio Ustarez.

Ante esta arremetida gubernamental, los trabajadores mineros tomaron los centros mineros, declarándose la huelga en los campamentos mineros. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos heroicos, los primeros días de septiembre el gobierno retomó el control de todo el territorio. Al finalizar las dos semanas del mes, varios de los implicados en la subversión de Santa Cruz se vieron obligados a salir de Bolivia en aviones del Lloyd Aéreo Boliviano.

La Guerra Civil de 1949 marcó otro hito importante y crucial en el devenir histórico-político de Bolivia; tanto por su expansión, así como por su intensidad, en cuatro de los departamentos y ciudades capitales, también por sus desenlaces bélicos y dramáticos introdujo al pueblo a un lapso intenso de características insurreccionales. Comparándola con la Guerra Federal de 1899, la Guerra Civil de 1949 fue la sublevación y asonada más transcendental desde la Guerra Federal de fines de siglo.

Sin embargo, la irradiación de la Guerra Civil de 1949 no culminó con la victoria del gobierno. El 18 de mayo de 1950 se lanzó la convocatoria a una huelga general; esta convocatoria desplegó acciones y movilizaciones sociales, particularmente en la zona norte, en el barrio fabril de La Paz, en el bosquecillo de Villa Victoria. La reacción gubernamental fue inmediata; el ejército embistió con varios regimientos ocupando la ciudad. Los fabriles alzados resistieron esta acometida; se dio lugar el repliegue obrero; empero, la defensa proletaria se efectuó en el puente de Villa Victoria, donde casi una cincuentena de trabajadores defendió bravamente sus posiciones hasta la retirada final. El ejército procedió inclementemente; quedaron los muertos tendidos, que fueron recogidos por carros basureros[40].

 

 

La revolución de 1952

Las versiones de los protagonistas van a variar; son, ciertamente distintas. Los historiadores del MNR van a llevar agua a su molino; mostrar cómo el MNR se convierte en la figura del héroe de la revolución. Este partido aparece como operador en distintos terrenos; desde la resistencia, después del colgamiento de Villarroel, hasta la acción armada, pasando por la conspiración de un golpe de Estado. La versión del POR va a descartar esta versión, mostrando, mas bien, que desde un principio, el MNR trata de eludir lo que se venía, una insurrección, a pesar de su participación en la Guerra Civil de 1949. La opción del golpe de Estado era una manera de evitar la intervención de las masas, sobre todo, del proletariado, que, según la experiencia movimientista, cuando intervenía, tendía a inscribir en los eventos su propia perspectiva radical. Para el POR, el fracaso del golpe de Estado movimientista es convertido en una insurrección victoriosa por el proletariado minero y fabril, acompañado por lo popular urbano. La versión del PC, aunque tardía, en la evaluación hecha, retrospectivamente por René Zabaleta Mercado, es que, si bien se da un poder dual o algo parecido, entre la COB y el gobierno nacionalista-revolucionario, también se da el Co-gobierno, por lo menos en un año. Que el poder dual no dura, sino que es como una transición, que tiende a su propia resolución, ya sea de una forma o de otra, ya sea que la cuestión la resuelva el proletariado a su favor o el Estado burgués la resuelva a su favor. No podía perdurar por mucho tiempo esta situación de dualidad de poderes. Según el teórico marxista del PC, el POR no supo resolver este dilema. Por otra parte, la historiografía trata de apegarse a la mera descripción de los hechos, basándose en fuentes; sin embargo, al hacerlo no logra explicar el decurso de los eventos, sucesos y de la revolución misma.

 

Nosotros, como escribimos[41], consideramos que la interpretación más adecuada es aquella que comprende la complejidad de la coyuntura. Por un lado, en su secuencia, se tiene a un partido populistanacionalista-revolucionario, que llega a radicalizarse en la Guerra Civil de 1949, participando conjuntamente con el POR y el ala izquierda del PIR en la insurrección. Este partido gana las elecciones de 1951; victoria que es escamoteada por la oligarquía, que decide, truncar su llegada al poder por la vía democrática, haciendo intervenir un golpe de Estado. Este partido conspira contra el gobierno de facto, usurpador de la victoria electoral, combinando la conspiración con la preparación de comandos armados movimientistas; no con  la intención de provocar una insurrección, como la de 1949, sino como apoyo al golpe militar. El golpe fracasa; empero, para su propia sorpresa, la insurrección popular estalla y vence al ejército, durante tres días de enfrentamiento.  En una situación pos-insurreccional, donde no hay ejército, sino, en sustitución, están las milicias obreras y campesinas, armadas y victoriosas, no le queda de otra que seguir a la presión del proletariado armado y del campesinado en armas, que toma tierras. Las milicias, las organizaciones sindicales, obreras y campesinas, obligan a la nacionalización de las minas y a la reforma agraria.

 

Por otro lado, tenemos a un POR que, en parte, opta por el entrismo al partido nacionalista-revolucionario, quedando la otra parte, opuesta a esta táctica, en contraposición de un régimen que considera, desde un  principio, como pequeño burgués, destinado a claudicar ante el imperialismo. Los poristas del entrismo no dividen el partido populista de masas, por lo tanto, tampoco conforman el partido revolucionario de masas; se quedan cómodamente en el partido en el gobierno. El POR, que queda, se reorganiza, forma cuadros, sobre todo, trabajadores mineros, aclara y explica las contradicciones inherentes del gobierno, del régimen y del nacionalismo-revolucionario; sin embargo, no puede incidir en el decurso de los acontecimientos, para convertir esta revolución proletaria, que lleva al poder a los nacionalistas-revolucionarios, en una revolución socialista.

 

El PC, que sufre un desgarramiento, cuando parte del comité central expulsa a Sergio Almaraz Paz y otros jóvenes fundadores del PC, retomando una de las tradiciones estalinistas del PIR, la matriz del PC, interviene en la organización del proletariado y se da a la tarea se controlar sindicatos, en un ambiente de fuerte influencia “ideológica” trotskista, en un entorno de organización proletaria de tradiciones anarcosindicalistas.

 

El proletariado minero y el proletariado en general, que había asumido como programa la Tesis de Pulacayo, tanto como Tesis de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, así como Tesis de la COB, vota por dirigentes marxistas, salvo en lo que respecta al máximo dirigente movimientista, del ala izquierda del MNR, Juan Lechín Oquendo; empero, se inclina pragmáticamente por el MNR como gobierno.

 

La mayoría de la población, que era campesina, todavía en ese entonces, esta seducida por el MNR, partido que le entrega tierras y decreta la Reforma Agraria. En las urbes, aunque un tanto divididas, se nota, por lo menos, al principio, casi hasta la finalización de la primera década de gobiernos movimientistas, la inclinación de una mayoría por el MNR, en las votaciones; ciertamente, atendiendo a las diferencias de región y de ciudad.

 

Ante esta distribución de interpretaciones, de tendencias, de inclinaciones “ideológicas”, así como de clase, lo apropiado es considerar como importante, en 1952, la espontanea, por así decirlo, inclinación popular por la insurrección; particularmente del proletariado minero y fabril. No hay que olvidar que habían pasado sólo entre tres o cuatro años desde la Guerra Civil de 1949; además de enfrentar a un  gobierno ilegitimo. El proletariado va actuar en consecuencia, casi, como una continuación de la Guerra Civil de 1949 perdida; el proletariado fabril va actuar como una especie de continuidad de su alzamiento armado de 1950. El pueblo que sale a las calles a combatir y colaborar con los insurrectos lo hace por la propia crisis y derrumbe del gobierno, hundimiento de un Estado oligárquico aterido, además de estar aguijoneado por los comandos armados movimientistas.  Es más sostenible, desde la perspectiva de la descripción y de las fuentes, la versión de que la insurrección proletaria convierte un golpe de Estado fracasado en una insurrección popular victoriosa.

En abril de 1952, durante los primeros días del mes, el Ministro de Gobierno, Antonio Seleme, trabó comunicación con el MNR; se dice que lo hizo con Hernán Siles Zuazo y Juan Lechín Oquendo. También lo hizo con la FSB, con Oscar Únzaga de la Vega. Sin embargo, la segunda semana de abril, la FSB optó por la evacuación de Falange del golpe de Estado, sobre todo, debido a divergencias con el programa de gobierno, así como por desacuerdos en la provisional repartición de carteras ministeriales. El golpe de Estado fue proyectado, en principio, para el 12 de abril; el plan se tuvo que adelantar, pues el General Ballivián anunció su disposición de reestructurar el gabinete. En la concepción de la conspiración golpista, la plataforma de la asonada se circunscribía a los carabineros; policía compuesta por 2500 efectivos. A la madrugada del 9 de abril, los carabineros ocuparon el centro de la ciudad de La Paz. El General Ballivián intentó llegar a la base aérea de El Alto; pero, fue interceptado en el recorrido. Tuvo que desviarse al Colegio Militar, en la zona sur de La Paz. Ballivián se atrinchero allí hasta el 12 de abril, cuando se evidenció la derrota del gobierno y del ejército. El presidente de facto destronado, dejó el Colegio Militar, para asilarse en la embajada de Chile[42].

 

Es innegable, a pesar de la versión movimientista, que se atribuye el papel decisivo en los sucesos, que la intervención del proletariado organizado, tanto minero como fabril, fue decisiva en el desenlace. El descuelgue de los mineros de Milluni de la Ceja de El Alto, la toma, por parte de ellos, de una parte estratégica de la ciudad de La Paz. La toma de Oruro por parte de los mineros, cortando la posibilidad de refuerzos militares, que venían desde el sur; las victorias militares en lugares estratégicos, contando, además con el repliegue militar a zonas relativamente alejadas del centro de la ciudad, para resguardar a la tropa, dejando en manos de los insurrectos a gran parte de la ciudad; fueron eventos decisivos en la sucesión de los desenlaces. Gracias al pueblo insurrecto, el MNR llega al gobierno.

 

 

 

Conclusiones

 

  1. Más que consciencia de clase, que no solo es un concepto hegeliano, sino que hace hincapié en el sujeto, no solo como individuo, lo que, ya de por sí, no puede expresar la composición múltiple de lo colectivo, sino, que además, se trata de un sujeto racional, en sentido abstracto y cognoscente. Entonces, estamos ante una de las tradiciones caras de la metafísica. ¿Cómo una filosofía materialista dialéctica puede afincar uno de sus conceptos más claves, relativos a la teoría de la lucha de clases, en un concepto idealista de esta tradición densa de la metafísica?

 

  1. Hay pues un uso no crítico de la tradición filosófica hegeliana en el marxismo.

 

 

  1. Se trata, mas bien, del aprendizaje social del proletariado, que por su propia semántica, implica Aprendizaje en la experiencia.

 

  1. El proletariado aprende de la experiencia y en la experiencia aprende interpretar los símbolos y signos de los acontecimientosAprende de las inscripciones en su piel, de las hendiduras en su cuerpoAprende de la memoria social compartida por la clase.

 

 

  1. El proletariado aprende de las formaciones discursivas, sobre todo, de las formaciones discursivas críticas e interpoladoras de la dominación capitalista, que somete al proletariado a la explotación de su fuerza de trabajo, que somete a su pueblo al dominio del Estado burgués, que somete a su nación al dominio del imperialismo y al dominio de la colonialidad.

 

  1. El proletariado aprende de su capacidad intuitiva social, sobre todo, de su intuición subversivaIntuición que se manifiesta en acciones, también en saberes colectivos rebeldes, heterodoxos e iconoclastas. Así como también, en comunicación, con saberes “ideológicos”, políticos, filosóficos, científicos, haciendo de su intuición subversiva una hermenéutica que interpreta estos saberes, adecúa estos saberes a los requerimientos de las acciones de sus luchas.

 

 

  1. El aprendizaje social es acumulativo, enriquece y dinamiza, además de actualizar, su memoria social. Sin embargo, en contraste, también puede darse lugar una especie de des-aprendizaje, ocasionando, en consecuencia, olvido. Esto ha ocurrido desde la relocalización de los trabajadores mineros, después del decreto inaugural del periodo neoliberal en Bolivia, el 21060, en 1985. El impacto de esa relocalización, en la memoria social del proletariado, es devastador. El proletariado sindicalizado, que es una minoría, se ha convertido, en un país destruido por el costo social del neoliberalismo, en una clase privilegiada, perdida en un océano demográfico, donde abunda la precariedad en la condición del proletariado nómada, la mayoría. Es más, el proletariado minero, ha olvidado su “ideología” constitutiva, ha reducido su interpretación al más descarnado pragmatismo y oportunismo. Sus dirigentes, que no son cuadros formadosexpresan, en su perfil y conducta, las más lamentables formas de cooptación y clientelismo. Esta es la decadencia, de una clase, la sindicalizada, que en otro tiempo, fue heroica, el referente y el orgullo, no solo del proletariado, en general, sino del mismo pueblo boliviano.

 

  1. Para recuperar el tiempo perdido, es menester reactivar la memoriaactualizarla, dejando que su propia dinámica, su simultaneidad dinámica, pueda no solamente reconstruir los tejidos, sino tejer nuevos tejidos. que entrelacen al proletariado con el tiempo presente y con las luchas actuales sociales contra las formas del capitalismo y las dominaciones contemporáneas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Potencia y acontecimiento

Composiciones complejas singulares

Marxismo de guardatojo, nacionalismo-revolucionario, populismo indigenista

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay que salir de la ilusión moderna que cree que son la razón y el conocimiento los que dirigen el mundo, que rigen el decurso del mundo, que orientan su evolución; como resumía ingenuamente un teórico analista bets seller, diciendo que el conocimiento es poder, aludiendo a una tercera ola de la revolución industrial, tecnológica e informática[43]. Esta creencia o esta “ideología” responde a la irradiación de la metafísica en la modernidadmetafísica que ha edificado su filosofía, por así decirlo, en la conjetura indemostrable de las esencias y sustancias, que, por cierto, no solo son abstractas, sino inexistentes, salvo en la cabeza de los modernos[44]. En el mundo, en constante devenir, que, incluso, puede ser concebido o imaginado, como una interjección de múltiples universos, en distintas escalas, se mueve, funciona, contiene dinámicas, en distintas escalasplanos y espesores de intensidad, entre fuerzas concurrentes, en distintas escalasfuerzas que inciden, componen, se asocian, creando desplazamientos en el tejido espacio-temporal[45]. La razón y el conocimiento son meros instrumentos de estas fuerzas; en vano, el hombre moderno las ha convertido, a la razón y al conocimiento, en fines supremos y, sobre todo, en la realización trascendental del sentido ontológico[46]. Esto no es más que una ilusión de un imaginario encaracolado en sí mismo.

 

Ningún discurso, ninguna teoría, ninguna filosofía, ninguna ciencia, ninguna “ideología”, ninguna razón, funciona por sí misma, ninguna es autónoma. Son producciones de prácticas, de relaciones, de asociaciones, de composiciones sociales, que se edifican sobre la experiencia y la memoria social. Si la teoría persiste, si el discurso se difunde, si la filosofía se enseña, si la ciencia se estudia, es porque las mónadas sociales hacen que esto ocurra; constantemente reproducen el paradigma teórico, hacen circular los discursos, ponen a disposición o comentan las filosofías heredadas, registran, clasifican, analizan, reaprenden las ciencias. Por lo tanto, todas estas composiciones son los efectos de complejas actividades de las fuerzas entrelazadas. También de fuerzas que componen instituciones, que hacen de plataformas organizadas para la captura de fuerzas, su retención, la canalización de su potencia, orientando su realización en productos diseñados. La razón y el conocimiento son efectos del conglomerado de esta dinámica de las fuerzas

 

Como varias veces hemos dicho, no se trata de tener la razón, sino de tener la fuerza para incidir en el decurso de los acontecimientos. Dicho de otra manera, no se trata de ser razón sino de ser acontecimiento. La razón y el conocimiento están integrados en el acontecimiento. Ciertamente no cualquier razón ni cualquier conocimiento se terminan integrando e incidiendo en el acontecimiento, sino aquella razón y aquel conocimiento adecuados a la complejidad del acontecimiento. Por lo tanto, lo que hay que valorizar, por así decirlo, no es la teoría, sea científica o filosófica, sino la composición compleja donde se encuentra esta teoríacomposición, por cierto, que no es solamente teórica o discursiva, sino que cuenta con dispositivos materiales que la hacen posible, como las instituciones; pero, sobre todo, las composiciones e irradiaciones de fuerzas, que conforman ambientes, climas, atmósferas culturales, donde se mueven los humanos, respirando circulaciones simbólicascirculaciones narrativasimaginarios transmitidos[47].

 

En vano se desgañitan las academias en enseñar las verdades científicas o filosóficas, cuando la selección de las teorías, de los discursos, pertinentes, no las hacen estas instituciones prestigiosas, sino el desenvolvimiento mismo del acontecimiento. Las teorías más adecuadas, más útiles, por así decirlo, son las que forman parte del tejido espacio-temporal-territorial-social-cultural. Lo que hacen las academias es montar escenarios de validación institucional, donde se efectúa la ceremonia del encumbramiento, ungiendo a los referentes institucionales, a los elegidos institucionalmente, como representantes de la nobleza académica. Pero, todo esto no es más que una autocomplacencia y la ilusión de la satisfacción de estar en poder de la verdad científica o filosófica. En otras palabras, esta ceremonialidad académica forma parte de los juegos de poder. La vida está en otra parte, la vida discurre, se mueve, por otra parte y de otra manera. Se queda, por así decirlo, lo que es útil a la vida, a sus ciclos vitales, a sus memorias sensibles, a su potencia, que es creación e inventiva.

 

En lo que respecta a las “ideologías” políticas, adquieren una configuración y una composición complejas, en el sentido del entrelazamiento de planos y espesores de intensidad de los cuerpos, aquellas que impactan en el conglomerado social. Al respecto, ciertamente, “ideologías” institucionalizadas, que ya cumplieron su ciclo, persisten tercamente, acudiendo al círculo vicioso de instituciones, que también cumplieron su cicloinstituciones que se afincan en estructuras de poder incrustadas como reminiscencias, pero, se niegan a morir, se imponen mediante violencias, aparentando juventud, cuando ya sus arrugas desbordadas develan la decrepitud, que las aleja del presente y las arrastra a la nada.  Hablamos entonces, si se quiere, para entendernos e ilustrar, de “ideologías” nuevas, concurrentes, en los campos de fuerzas. No de las “ideologías” ateridas a un pasado imaginario.

 

Desde esta perspectiva, se puede decir que, si bien ha habido distintos discutiros marxistas, distintas corrientes marxistas, distintas versiones interpretativas teóricas, solo algunas se han plasmado en los tejidos sociales. Son estas las que se pueden llamar consistentemente marxistas, en el sentido de lo que pretende esta concepción del mundo, ser teoría y praxis, es decir, realizarse en la praxis, ser comunismo, en el sentido de la dinámica de las luchas en el presente. Ahora bien, el marxismo, en su composición compleja, por lo menos, durante parte  del siglo XX, que articula teoría, “ideología”, partido, organización proletaria, prácticas y acciones efectivas, en territorios concretos, atravesados por problemáticas específicas, en coyunturas álgidas, como composición singular que ha tenido impacto, entonces forma parte de un tejido social, de la irradiación histórico-política. En otras palabras, propiamente el marxismo singular, como teoría y praxis, que ha afectado a la sociedad, a los rumbos sociales, incidiendo en sus decursos, también llega a cumplir su ciclo. Los marxismos singulares, que cumplieron su ciclo, se convierten en un obstáculo político cuando buscan persistir, aferrándose, agarrándose de las estructuras del poder constituidas, buscando la eternidad imposible, justificada imaginariamente por la eternidad de sus verdades. Esto es también, y de manera más evidente, forma parte de los juegos de poder; de ninguna manera, de la continuidad de las luchas emancipativas y libertarias.

 

No necesariamente este ciclo “ideológico” de impacto, que forma parte de una composición compleja singular, tiene que haberse realizado en el poder, con la toma del poder, con su estatalización. Puede haberse dado su impacto en la recepción entusiasta del proletariado, en la adaptación adecuación, por parte del proletariado, de esta “ideología” aceptada, al desenvolvimiento de sus luchas. El ciclo “ideológico” habría concluido; en este caso, se habría dilatado en un periodo político intenso. Pasado el cual, en otro periodo, con problemáticas mutadas, cambiadas, hasta transformadas, en caso extremo, entonces, distintas, la “ideología”, de impacto anterior, ya no es útil a las luchas de este otro presente. En todo caso, en la mejor de las situaciones, forma parte de la memoria de las luchas, es la herencia referencial de esa memoria. Buscar la persistencia de esa “ideología”, como si estuviera edificada en verdades inamovibles, es también caer en los juegos de poder, que destruyen las capacidades de lucha, en un presente distinto.

 

Las “ideologías” populistas no tienen estas características de la “ideologías” emancipadoras, como las que fueron, en su momento, de esta manera, las marxistas. Mas bien, conforman un bricolaje abigarrado de discursos mezclados, ordenados por una narrativa mesiánica y milenarista, actualizada en la convocatoria del mito del caudillo. Las “ideologías” populistas pueden presentar pretensiones “ideológicas” emancipadoras, incluso tomar fragmentos, des-contextuados, de las narrativas de las “ideologías” críticas y emancipadoras; sin embargo, el collage discursivo populista no deja de ser, mas bien, “ideología” institucional del viejo Estado, del viejo régimen, de la vieja sociedad institucionalizada, en crisis. Lo que hace la “ideología” populista es barnizar el edificio desvencijado con colores y símbolos aparentemente innovadores, simuladamente emancipadores.  Se trata de una “ideología” de emergencia, para salvar el antiguo régimen y el Estado patriarcal. Por lo tanto, como en los otros casos, forma parte de los juegos de poder, solo que en este caso, se presentan estos juegos de poder de una manera enrevesada y saturada.

 

En todos estos juegos de poder, que tienen como eje a estas “ideologías” eficaces, en su momento, aparecen los apologistas imperturbables; quienes se encargan de presentar las narrativas correspondientes como verdades eternas y comprobadas. Estos apologistas odian la duda o el poner en cuestión las narrativas del poder, odian la crítica. Para hablar metafóricamente, metáfora que expresa, sin embargo, una regularidad histórica, estos apologistas son como la figura recurrente de los inquisidores, solo que en otros personajes, con otros discursos, con otras religiones, mas bien, “ideologías”, en sus distintas formas y tonalidades; en otros escenarios y coyunturas. La regularidad consiste en que con solo recurriendo al uso de la violencia se puede inhibir, sino es el intentar hacer desaparecer, las certezas sociales de que todo cambia, todo cumple su ciclo, y hay que renovar las instituciones, las narrativas y los imaginarios.

 

En el pensamiento complejo, el análisis no se enfoca en los discursos, en las teorías, sino en las composiciones complejas singulares, donde se encuentran estos discursos y estas teorías, como parte del tejido complejo. Ya no se trata del análisis del discurso o de la teoría, de sus lógicas y su paradigma, de su alcance descriptivo o explicativo, sino de comprender de cómo funcionan en la dinámica misma de la complejidad de la composición singular, de cómo se articulan con los otros hilos del tejido, integrando una composición singular. Se trata de un análisis integral de la complejidad dada.

 

El valor, por así decirlo, de una teoría no se encuentra en el alcance del paradigma, en sus pretensiones de verdad, que puedan corroborarse, sino en la capacidad de articulación, en el tejido de la composición compleja singular. El valor de la teoría no se encuentra en la racionalidad abstracta, en las pretensiones universales de esta racionalidad fantasma, sino en la racionalidad concreta, integrada en la composición compleja y singular, de que se trate. Entonces, el análisis complejo enfoca no entelequias sino composiciones complejas en el tejido espacio-temporal social.

 

 

 

 

Composiciones complejas singulares

 

Abordemos, como ejemplo, tres aproximaciones a composiciones complejas singulares. Hablamos ciertamente de composiciones complejas en el tejido espacio-tiempo-social. Se trata de reflexiones, que ilustran sobre la complejidad articulada, de tres composiciones complejas singulares, en el tejido social de la constelación de composiciones singulares, que antes, en el discurso marxista, por lo tanto, en uno de los discursos de la modernidad, se denominaba formación económico-social boliviana. Estas aproximaciones reflexivas, dejando pendiente sus investigaciones, en la episteme compleja, suponiendo también metodologías relativas a la complejidad, son las tres composiciones singulares, que se dieron - si se puede hablar así, para decirlo; pues, en verdad, no se puede, en el pensamiento complejo, que concibe la simultaneidad dinámica - en lo que se llamaba antes temporalidad histórica-política, en su momento, en su coyuntura, diferida en el lapso correspondiente. Todas las composiciones complejas, las constelaciones de composiciones singulares, que las contienen, se encuentran en constante devenir. En este sentido, la reflexión se aposenta en el diseño que dejan estas composiciones, en un momento determinado, para cambiar después; incluso si cierta estructura combinatoria de la composición se mantiene. En consecuencia, lo que diremos, a propósito de los ejemplos seleccionados, tiene alcance ilustrativo, para comprender las mecánicas y dinámicas de los funcionamientos de estas composiciones complejas singulares, que pueden también imaginarse como tejidos entrelazados, en planos y espesores intensos, articulados e integrados.

 

El primer ejemplo corresponde al acontecimiento del marxismo de guardatojo, que nace en la asociación y combinación de varias composiciones singulares, conectadas en los flujos del tejido social[48]. Quizás una de las composiciones singulares de este acontecimiento sea aquella que articula partido obrerodiscurso marxista de transición, que concibe la revolución como permanente, con una militancia bolchevique, es decir, profesional. Articulando también al partido con las dinámicas moleculares del proletariado boliviano minero, cuya experiencia y memoria social de las luchas, tiene larga data, en un contexto, por así decirlo, de crisis múltiple del Estado-nación. Forma Estado, cuyas características, en ese entonces, venían enunciadas, por el análisis y la interpelación política, como Estado oligárquico, también “Súper Estado Minero”, refiriéndose al dominio de los “Barones del Estaño”. 

 

El otro ejemplo es la composición singular compleja correspondiente al acontecimiento del nacionalismo-revolucionario; es decir, de lo nacional-popular. Quizás una de las composiciones complejas singulares, en la constelación de composiciones que dieron lugar a este acontecimiento mencionado, sea aquel que articula y combina “ideología” populista, en la singularidad con la que aparece a mediados del siglo XX, en Bolivia, acompañada o, mas bien, expresada en un discurso dualista, que distingue nación de colonianacionalismo y coloniaje[49]. En las articulaciones de esta composición singular aparece la organización partidaria, dúctil, flexible, amplia, heterogénea, del partido nacionalista y populista, que se atribuye, a sí mismo, las características de movimiento político. La articulación de la composición también comprende no solo al proletariado, por sus vínculos y su incursión en la dirigencia y en los comandos, sino al pueblo, a lo popular-urbano, así como a las formaciones campesinas. Hay que atender a esta composición singular, por lo menos, en dos etapas, por así decirlo; la etapa de la resistencia al gobierno de facto, y la etapa de gobierno, después de la revolución nacional.

 

El tercer ejemplo seleccionado es el relativo a la composición compleja singular correspondiente al acontecimiento político populista-indígena, de fines de siglo XX y principios del siglo XXI. Es también quizás aquélla composición singular, que forma parte de la constelación de composiciones singulares que hacen al acontecimiento aludido, que articula resistencia y defensa de los cultivos de la hoja de coca, organizaciones sindicales campesinas, convocatoria electoral popular, vínculos con movimientos sociales anti-sistémicos, que estallan independientemente y de manera distinta, que lo que acontece en el Chapare y en los Yungas. Articulando también a la resistencia y defensa con la tarea de conformación de un partido populista, que propaga una “ideología” populista recompuesta, “ideología” que mezcla, como toda “ideología” populista, esta vez, nacionalismo revolucionario o, mas bien, sus reminiscencias fragmentadas, con la “ideología” indianista, aunque también indigenista[50]. Así como con fragmentos dispersos y desconectados de pronunciaciones del discurso marxista, que, en su generalidad imaginada, aparece como fragmentos improvisados del discurso socialista. Esta “ideología” populista-indigenista se mantiene abierta, mucho más que la “ideología” populista del nacionalismo revolucionario, incorporando en su seno a tutti quanti. La articulación se da entre este partido populista y el campesinado del trópico cochabambino, extendiéndose al resto de las formaciones campesinas, después. En la medida que el impacto electoral crece, al crecer la convocatoria del partido populista, las articulaciones se dan con el conjunto abigarrado de las clases sociales populares, sobre todo urbanas. También, en este caso, hay que, por lo menos, distinguir dos etapas; la de las resistencias sociales, que se convierten, a partir del 2000, en ofensiva social; y la etapa de gestión de gobierno.

 

 

Como se puede ver, la problemática y la temática no residen en los límites de la “ideología”, en los errores políticos, en las inconsecuencias, en las características y condiciones del capitalismo dependiente y del modelo extractivista, en los alcances limitados del populismo; en todos estos temas, que se hallan en recortes de algunos planos de intensidad, manejados como sueltos y aislados, sino en el funcionamiento de los engranajes, las mecánicas y dinámicas de la composición compleja singular, composición singular entrelazada con otras múltiples composiciones singulares, en la constelación compleja de composiciones que hacen al acontecimiento singular.

 

 

 

En el primer ejemplo, podemos encontrar el diseño de esta composición singular, en el funcionamiento e impacto de las conexiones del partido obrero con el proletariado minero, no como generalidad, sino en las formas y maneras concretas de cómo aparece este proletariado, en sus relaciones con el partido obrero[51]. En la formación de cuadros, en la difusión y recepción, en las reuniones políticas, en los congresos, en los distintos campamentos mineros, donde se hace activismo político, en la militancia, sobre todo, de trabajadores mineros, en la participación del partido en los sindicatos. Las conexiones también se extienden, aunque de manera más difusa, al resto de la sociedad; quizás importe, sobre todo, la relación o el impacto de la convocatoria del POR en los imaginarios sociales; ¿cómo es percibido por los distintos sectores, estratos y clases sociales? También hay que tomar en cuenta, para el diseño de la composición singular, las relaciones con los otros partidos políticos, sobre todo marxistas, como el PC; pero, también con el MNR, en sus dos etapas, la de las resistencias y la de gobierno.

 

 

Esto del funcionamiento de estas conexiones, que corresponden a las articulaciones de la composición singular, es importante, pues esta dinámica es la que conforma la composición; también es la que, en entrelazamiento con otras composiciones singulares, que hacen al acotamiento del marxismo de guardatojo, inciden en el tejido espacio-tiempo-social, del periodo en cuestión (1946-1971). Lo que importa, lo que queda, lo que deja huella, por así decirlo, es este funcionamiento en el tejido, pues, precisamente estos funcionamientos y dinámicas de las composiciones singulares son las que tejen el tejido social.

 

 

Se puede decir que la principal incidencia se da en el proletariado minero; incidencia de la composición singular de esta conectividad del partido obrero, de estas ondas, frecuencias y vibraciones, de sus cuerdas, en el espacio-tiempo social, donde vibran las otras cuerdas, las del proletariado minero[52]. Por lo menos, en lo que respecta al imaginario político del proletariado minero, del periodo político en cuestión. Impacto en el imaginario social, que incide en los comportamientos y conductas políticas del proletariado, por lo menos, en las argumentaciones usadas para interpretar sus acciones.

 

La explicación de lo que acontece se encuentra en la tonalidad, por así decirlo, en la intensidad de la vibración de las cuerdas sociales. La intensidad del activismo político incide en la medida que hay también intensidad en la recepción; a su vez, hay impacto en el activismo político en la medida que la intensidad de la movilización obrera impacta en la recepción del partido. Estas vibraciones y ondas, que se dan en el ámbito de estas conexiones del partido con el proletariado minero, impactan en los planos de intensidad de la sociedad, en la medida que sus recepciones también son intensas. Parece que es en los periodos de crisis que las sociedades abren sus poros sensibles.

 

Se trata de conjunciones fértiles, por así decirlo, de ondas, de vibracionesde frecuenciasde cuerdas sociales, que pueden, en condiciones de posibilidad de apertura y de circunstancias propensas, dar lugar a una sinfonía social y política, que es la que toca el acontecimiento. No es pues, en cualquier circunstancia, en cualquier condición, en cualquier situación, que se puede dar el acontecimiento; no se puede repetir a gusto y antojo. Lo sugerente es que son estos acontecimientos, que son, si se quiere, escasos, los que dejan huella en la memoria social. Lo que comúnmente se dice que hace historia

 

El acontecimiento es único, irrepetible, por eso, es singular. Es vano buscar repetir un acontecimiento; esto es imposible. No solo porque las condiciones de posibilidad han cambiado, son otras, el espacio-tiempo-social ha mutado, se ha transformado, sino porque la incidencia voluntaria es apenas uno de los factores, en algunos planos de intensidad de la complejidad; cuando intervienen, en contraste y efectivamente, una pluralidad y multiplicidad de factores, en distintas escalas. El acontecimiento vivido, experimentado, hendido en la memoria, puede ser aprendido, servir de aprendizaje, para mejorar la incidencia voluntaria en el acontecimiento presente. De lo que se trata es de participar creativamente en el acontecimiento presente.

 

Los acontecimientos no se dan por voluntad; es más, las voluntades forman parte del acontecimiento; son algunas de las singularidades en la multiplicidad de singularidades y procesos singulares entrelazados, que conforman y configuran el acontecimiento. Hay que aceptar el acontecimiento y experimentarlo intensamente, participando con toda la potencia social acumulada, incidiendo en sus decursos. Por eso, pretender mantenerse en una “ideología”, que fue de impacto en un periodo político intenso, es como querer usar esa “ideología”, correspondiente a un acontecimiento singular, en otro acontecimiento, que tiene otras características y otras condiciones de posibilidad. No solamente es vano; pues no se tendrán los resultados esperados, sino que la “ideología” se comporta como un obstáculo político, inhibiendo las capacidades de lucha.

 

En el segundo ejemplo, podemos encontrar otro diseño de la estructura de composición compleja singular, participe del acontecimiento del nacionalismo-revolucionario. Las articulaciones que aparecen, conectan al imaginario popular, conformado en la experiencia social de la primera mitad del siglo XX, en un país de adentro del continente, en un país interno y mediterráneo, bordeado por sus cordilleras al oeste y extendido en sus llanos y selvas al este. Una experiencia social cuya densidad mayor se concentra en la explotación minera. Es en el sustrato de esta experiencia de donde emerge la narrativa nacionalista y popular, contestataria a la legalidad, legitimidad y dominación de la oligarquía minera. Sin embargo, la experiencia minera, no es la única; hay otras, que tienen que ver con otros ámbitos de desenvolvimientos sociales, más poblados; en un caso, en su forma dispersa, las formaciones campesinas; en otro caso, de manera concentrada, las formaciones urbanas. Estas experiencias también generan sus imaginarios populares; quizás en las formaciones campesinas emergen utopías de recuperación de la tierra; quizás en las formaciones urbanas nazcan mitos de modernidad, de industrialización, también utopías de soberanía. No siempre los imaginarios se comunican, ni siempre efectúan sus hermenéuticas; es más probable que se prejuzguen a partir de las pre-narrativas imaginarias propias. Sin embargo, pueden conectarse parcialmenteintersectarse parcialmente, y ocasionar hermenéuticas fragmentadas incompletas. De todas maneras, es la formación discursiva la que interpreta estos imaginarios y puede construir una narrativa. Esto hace la formación discursiva del nacionalismo revolucionario. El substrato imaginario de este discurso del nacionalismo revolucionario no es, inmediatamente, ninguno de los imaginarios populares, aunque éstos hagan de substratos del substrato del discurso. El imaginario del discurso es, mas bien, intelectual. Son los intelectuales nacionalistas los que construyen una narrativa, la que interpreta, desde su punto de vista y perspectiva, lo que los otros imaginarios, los popularesexpresan. Son las narrativas y no los imaginarios los que pueden operar efectivamente en la interpelación a una forma de poder, a una estructura de poder; pueden difundirse como discursos, como “ideología”, pueden coadyuvar en la argumentación de las organizaciones, políticas y sindicales, involucradas en la resistencia a la forma de poder vigente y odiado. Entonces, en este caso, tenemos prioritariamente la articulación de la “ideología” del nacionalismo revolucionario, con el mismo partido populista, con las organizaciones barriales, los comandos, con las organizaciones sindicales, también en relación con otros partidos y en relación antagónica con el gobierno.

 

Estamos ante una composición compleja singular de la “ideología” con el conjunto de sus conexiones, en distintos planos de intensidad, con distintos dispositivos sociales y políticos, con distintas organizaciones sindicales y políticas. Incluso, en conexión con las teorías modernas, que usa en la conformación de su propia narrativa; aunque lo haga de una manera fragmentaria, sin utilizar o tener en cuenta la totalidad de estas teorías. Mas bien, la narrativa del nacionalismo revolucionario es más práctica que teórica, por así decirlo; le interesa desplegar la trama, teniendo en cuenta las imágenes ya afincadas en los imaginarios populares. No teoriza, sino narra, en el sentido llano de la palabra; expone la historia dramática de la nación afectada, desterrada en su propia tierra, exilada en su propia tierra; para convocar a la nación a levantarse contra la opresión, contra los opresores, que colonizan la nación. Por estas características de la narrativa nacionalista revolucionaria, la “ideología” populista en cuestión es altamente eficaz, tanto en su convocatoria, así como en la transmisión de su mensaje. Es comprensible para el pueblo.

 

En imaginarios populares, que son más asequibles, más sensibles, a este tipo de narrativas convocantes, por estar más próximas a los sentidos comunes y a las pre-narrativas imaginarias populares, el discurso del nacionalismo revolucionario tiene más posibilidades de impactar, de incidir en las conductas y comportamientos de las clases sociales de la nación oprimida. Si bien no es un discurso que enriquece, en el sentido de desplazamientos del saber, pues se mueve en lo ya sabido, en lo ya digerido en la experiencia social, su difusión y expansión política tiene mayor alcance.

 

Por lo tanto, las cuerdas de esta “ideología” vibran intensamente, son recepcionadas intensamente, en los ámbitos sociales de sus conexiones; en consecuencia, logran tocar una sinfonía con las otras cuerdas, inherentes en esos ámbitos sociales, pues las notas ya se conocen y están en la memoria. Es una sinfonía que ya está en el repertorio histórico, por así decirlo. No es una sinfonía nueva, creada recientemente, como ocurre con el anterior ejemplo.

 

Como hablamos de dos etapas del populismo nacionalista revolucionario, diremos, metafóricamente, que la sinfonía gusta en la etapa de las resistencias; empero, comienza a disgustar por sus repetición saturada, su recurrencia aburrida. Es más, en la repetición y recurrencia el placer de la percepción se convierte en displacer; el movimiento compuesto de las cuerdas se desgasta. Peor aún, el uso del poder institucional, el Estado, apresura el ciclo del acontecimiento, ingresando rápidamente a su crepúsculo y clausura. La alborada y crepúsculo, el ciclo intenso del nacionalismo revolucionario, puede recortarse en el intervalo definido, en sus inicios, por la masacre de Catavi (1941) - cuando el MNR es conocido no solo como el partido que compartió el gobierno en la presidencia de Gualberto Villarroel, sino como defensor de los trabajadores mineros y de la soberanía del Estado, en relación a la interpelación al monopolio ejercido por los “Barones del Estaño”, cuando se hace popular -, y, en su finalización,  por la caída del último gobierno movimientista del periodo de la revolución nacional (1952-1964). La historia política de este partido, posterior a 1964, después del golpe de Estado, es otra historia. No la del tiempo de las cosas pequeñas, como caracterizaba Sergio Almaraz Paz a la última fase de las gestiones de gobierno del MNR, en el periodo de la revolución nacional; no la de la decadencia y hundimiento de la revolución; sino la de la renuncia explicita y oportunista al mismo nacionalismo revolucionario. Interpretación que se corrobora cuando el mismo presidente que firmó las medidas de nacionalización de las minas, en 1952, es el que firma el decreto ley 21060, en 1985, iniciando el periodo destructivo del ajuste estructural neoliberal. Desde 1964 no se puede hablar del MNR, de cualquiera de sus fragmentos dispersos, como cristalería quebrada, como expresión política, menos “ideológica”, del nacionalismo-revolucionario. Este partido o lo que queda de él no es, con toda evidencia, revolucionario, ni al viejo estilo populista; tampoco es nacionalista. En su versión última, en el periodo denominado de la democracia pactada, fue una expresión y brazo operativo del proyecto de desposesión y despojamiento neoliberal. Después de la caída de esta expresión política, como consecuencia de la victoria política de la movilización social, durante la guerra del gas (2003), los fragmentos, cada vez más pequeños y más dispersos, del MNR, son la expresión más deplorable del oportunismo descarnado y de las pequeñas y miserables angurrias del poder. Algunos de estos fragmentos dispersos son aliados, ahora, del MAS, incluso, otros fragmentos, han ingresado a este partido.         

En lo que respecta al tercer ejemplo, podemos encontrar el diseño de la estructura de la composición compleja singular, en la constelación de composiciones singulares, que hacen al acontecimiento de la “ideología” del populismo-indigenista, en una articulación sui generis entre las Federaciones Sindicales Campesinas del Trópico de Cochabamba, gestoras de la defensa de los cultivos de hoja de coca; primero, en su relación con su entidad matriz, la CSTCB; después, con la COB. Este contexto de relaciones y conexiones sindicales, sobre todo, las relativas a las organizaciones campesinas, es primordial para desprender el proyecto que va adquirir el nombre connotado de Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos. En principio, el Instrumento Político, que nace en el fragor de las reuniones, de los debates, de los foros, y, por último, en un Congreso campesino, como Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, se proyecta novedosamente. Lo que se mostraba, por lo menos, en dos intenciones políticas e “ideológicas”; por una parte, conformar un Instrumento Político de las organizaciones sociales; lo que le daba un carácter distinto al partido o movimiento político. El partido, en este caso, está subordinado, por lo menos, en el proyecto inicial, a las organizaciones sociales. La otra intención proyectada, tiene que ver con una perspectiva descolonizadora, al concebir un Instrumento Político de las organizaciones sociales como de-colonialInstrumento que se asumía como expresión de las naciones y pueblos, no solamente indígenas. Entonces, estamos ante un proyecto pluralista y plurinacional.

 

Podemos entonces comenzar a trazar un periodo político intenso, cuyo corte inicial se puede situar entre 1996-97, años en que el Congreso campesino asume el proyecto del Instrumento Político como propósito orgánico de los sindicatos campesinos. 

 

Siguiendo con la descripción de las conexiones de la resistencia y defensa de los cultivos de la hoja de coca, en distintos planos de intensidad, con otros dispositivos, incluso composiciones singulares, podemos encontrar las conexiones de dispositivos orgánicos y de dispositivos políticos, en ciernes, en el proyecto y desarrollo inicial del Instrumento Político, con las ONGs. Por lo menos, aquellas, que, en principio, se encuentran en programas alternativos de desarrollo al cultivo de la hoja de coca; después, muy pocas, en compromisos, más que programas, de defensa de los cultivos de la hoja de coca; y posteriormente, con ONGs “izquierdistas”, que apoyan directamente la proyección del Instrumento Político. Muy temprano, en este proceso de constitución, de lo que debería haber sido el Instrumento Político de las organizaciones sociales, las formas orgánicas de gestación del Instrumento Político entran en contacto con organizaciones políticas, también fundaciones y ONGs de la “izquierda” internacional. En el mapa de estas conexiones, de la resistencia y la defensa de la hoja de coca, de sus formas orgánicas de la resistencia y defensa, teniendo como base operativa y orgánica a la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba, se encuentran las organizaciones políticas de “izquierda” o lo que queda de ellas; después de la crisis política, la segunda, una vez dado el derrumbe de la UDP[53]. No se puede dejar de lado, en el mapa de estas conexiones, a los medios de comunicación, que, si bien, puede haberse dado una relación conflictiva y sensacionalista, hasta adversa, con un conjunto de medios empresariales, el MAS tenía también una relación, que podemos denominar solidaria, con medios no empresariales; hablamos no solo de las radios populares, sino de medios que forman parte de la Iglesia Católica. Lo que debería ser el Instrumento Político de las organizaciones sociales y terminó siendo el MAS, un partido, más que movimiento social, que no es Instrumento Político de las organizaciones sociales, sino que convierte a las organizaciones sociales en instrumentos del partido, es un fenómeno también mediático; este hecho no se puede obviar en el análisis.

 

No vamos a extender más la descripción del mapa de las articulaciones y conexiones de la composición compleja singular; dejaremos esta extensión para la investigación. El ejemplo sería abrumador; por otra parte, adquiriría connotaciones más complicadas. Lo que importa ahora, en esta ilustración, es mostrar las características del análisis complejo, su enfoque en los funcionamientos, los engranajes, las mecánicas y dinámicas de la composición compleja singular.

 

En esta perspectiva, la del pensamiento complejo, en el análisis de los tejidos sociales del acontecimiento, se destaca el impacto, de este diseño de la estructura de la composición singular, en el tejido social y político de la coyuntura y del inicio del periodo, en cuestión. Este impacto tiene que ver con la repercusión en los imaginarios de un símbolo cultural, el de la hoja de coca, que, a la vez, aparece como símbolo de-colonial, y, a la vez, como símbolo de resistencia antiimperialista. Ciertamente, en otros ámbitos, no populares, la hoja de coca, mas bien, aparece como un signo descalificado, debido al uso de la hoja de coca en la producción de cocaína. Entonces, asistimos a una especie de debate “ideológico”, mas bien mediático, en torno a las interpretaciones políticas del símbolo o signo de la hoja de coca. En otras palabras, la defensa de la hoja de coca se politiza, adquiere connotaciones antiimperialistas, en una micro-región, donde se desenvuelve lo que se puede llamar, acertadamente, guerra de baja intensidad.

 

Por lo tanto, la politización no solo tiene como eje esto del proyecto del Instrumento Político y esto de la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, sino también el eje de la interpretación “izquierdista”, por lo menos de una parte de la “izquierda”, de que la defensa de la hoja de coca es antiimperialista. A la larga, el eje más efectivo y preponderante va a ser éste, el del carácter antimperialista de la defensa de la hoja de coca.

 

A propósito de lo que decimos, hay que salir de toda irradiación de las teorías de la conspiración. No se puede aceptar, por lo menos, demostrar y sustentar, la hipótesis de que todo lo que acontecía, en lo que respecta al impacto de los ejes mencionados, formaba parte de un plan, de una conspiración política, por más emancipadora que pueda pretender ser esta conspiración. De ninguna manera, los proyectos como los del Instrumento Político, sus características plurinacionales, evidentemente forman parte de un proyecto; empero, sus conexiones con los otros ejes, los impactos en el tejido social y político, son, mas bien, casuales, usando este término para ilustrar y contrastar. Es muy difícil sostener que los planes humanos se realicen plenamente; una vez que se despliegan, en busca de su realización, provocan consecuencias inesperadas, precisamente porque los dispositivos operativos no controlan el conjunto de variables intervinientes; son, mas bien, sobrepasados por la complejidad.

 

Se puede decir, sin mucho riesgo de errar, que el MAS, por sí solo, contando con este mapa de sus conexiones, con la composición compleja singular, en una constelación de composiciones singulares, que hacen al acontecimiento, no podría haber llegado a donde ha llegado, dicho popularmente, al poder. Es el estallido de otros movimientos sociales anti-sistémicos el que ha favorecido el decurso que toma el MAS. Entonces, en el mapa entran las relaciones, las conexiones, incluso contradictorias, de concurrencia, de debate y desacuerdos, entre este proyecto del Instrumento Político y los otros movimientos sociales anti-sistémicos

 

La problemática, en esta cuestión última, es la siguiente: ¿Por qué el MAS ha terminado beneficiándose políticamente de la movilización prolongada y no los otros movimientos sociales anti-sistémicos, o alguno de ellos? Responder a esta pregunta equivale a comprender la dinámica molecular de las fuerzas concurrentes, en ese periodo político intenso, comprender la dinámica de la composición molar de esas fuerzas. Pero esta comprensión no se logra por medio de los análisis acostumbrados, basados en los esquematismos duales, atrapados en paradigmas racionalistas; hablando de la razón abstracta, que nombramos como razón fantasma; análisis lineales y deterministas. La comprensión es posible en el análisis complejo de las dinámicas inherentes al tejido espacio-tiempo-social-político-cultural del periodo, en cuestión (1996-2015).

 

En este ensayo no podemos explayarnos en la descripción de los diseños de las estructuras de las composiciones complejas singulares, relativas a los movimientos sociales anti-sistémicos, que se desplegaron en el periodo de la movilización prolongada (2000-2005). Aunque describimos, de manera más detallada, aspectos, características, formas y perfiles de estos movimientos sociales, en los análisis realizados por Comuna[54], estos análisis todavía se inscriben en la episteme moderna de los esquematismos dualistas. Ahora, se requiere del análisis complejo de los tejidos espacio-temporales-territoriales-sociales-culturales. Como se trata ahora, de exponer ejemplos ilustrativos, dejaremos para más adelante, para otros ensayos, la exposición de composiciones complejas singulares, relativas a estos movimientos sociales anti-sistémicos.

 

Por de pronto, lanzaremos la siguiente hipótesis interpretativa: el movimiento autogestionario de la guerra del agua, el movimiento indianista del bloqueo indígena-campesino, el movimiento nacional-popular de la guerra del gas, el movimiento descolonizador de las organizaciones indígenas originarias, los movimientos dispersos y diversos, relacionados a la resistencias al costo social neoliberal, en los que sobresalen los movimientos de los y las prestatarias, así como de los jubilados, el movimiento resurgente del proletariado, sobre todo del proletariado nómada, se presentan como movimientos, que adquieren otro perfil, de características autónomas y de autogobierno, por lo menos, en los dos primeros, como movimientos anti-estatalistas. Esta proyección política, ponderable por cierto, dada la crisis múltiple del Estado-nación, dada la experiencia acumulada a través de las historias políticas de la modernidad, convierten a estos movimientos sociales anti-sistémicos en imposibles, por así decirlo, en el marco institucional político establecido, el de la democracia formal. Solo podrían haber prosperado si la mayoría poblacional, si la mayoría del pueblo, hubiera adquirido también una propensión anti-estatal. Sin embargo, esto es precisamente lo que no pasó, lo que era difícil que pase, cuando el pueblo, por así decirlo, se encuentra atrapado en el imaginario estatal.

 

El MAS era y es estatalista, a diferencia de la Coordinadora del Agua y la defensa de la vida, por lo menos, en su proyección auténtica e intensa; a diferencia de la CSTCB de entonces (2000). Organizaciones que no propendían a mantenerse en reformas del Estado-nación, sino se proyectaban a la realización esperada de una forma política global alternativa. Esta proyección y límite estatalista del MAS, a la vez restringía sus pretensiones emancipadoras, sus poses de-coloniales, sus fintas soberanas, incluso sus retóricas socialistas, al tamaño de un  Estado-nación subalterno, al tamaño del campo económico del capitalismo dependiente. Y, a la vez, lo convertía en viable, en los márgenes permitidos por el sistema-mundo capitalista. Ésta, quizás, es la razón de fondo  del porque el MAS pudo beneficiarse de las victorias de la movilización prolongadavictorias políticas, como las de la guerra del agua y de las de la guerra del gas, en las que el MAS tuvo poco que ver, si es que no tuvo nada que ver.

 

Entonces, se puede decir que las cuerdas, inherentes a la resistencia y defensa de la hoja de coca, vibraron, de tal manera, que su vibración, si bien, no fue crucial en los desenlaces de la movilización prolongada, fueron como las notas finales de esta sinfonía social. Lo que recuerda la “memoria” – usando irónicamente el término - mediática son estas notas finales, no recuerda el proceso. Institucionalmente, políticamente, en sentido restringido, se impone lo mediático, en el periodo de las gestiones gubernamentales, aunque no se imponga históricamente, en el largo ciclo y en las estructuras de larga duración. Hay pues una historia oficial, que se sostiene institucionalmente, mediáticamente, propagandísticamente, que busca convencer de una “descripción” de los hechos, de la secuencia de hechos, eventos y sucesos, del llamado “proceso de cambio”; “descripción” que, sin embargo, no es sostenible. Al respecto, lo que importa no es oponer, a esta invención de la historia de los vencedores, la pretensión de objetividad, como se hacía en la episteme de la modernidad, pues esta objetividad solo se puede mover en algún plano de intensidad, o, en el mejor de los casos, en algunos planos de intensidad; desconectados y aislados, quizás vinculados, de manera forzada y no propia.  Lo que se requiere es el análisis complejo de los tejidos entrelazados del acontecimiento, de la constelación de composiciones complejas singulares entrelazadas, que hacen al acontecimiento. Esto no es objetividad, sino comprensión integral de la simultaneidad dinámica

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aporías del capitalismo de Estado

La “ideología” del nacionalismo-revolucionario

 

 

 

 

 

 

 

 

Para partir con un referente claro, aunque un tanto esquemático, acordemos que la “ideología” es el imaginario ordenado por la formación discursiva, que adquiere su interpretación histórica en la narrativa construida. La “ideología” del nacionalismo revolucionario comprende todo esto, estas estratificaciones de la formación “ideológica”. Claro que también se sustenta en formaciones prácticas; es decir, en esquemas de comportamientos y conductas, pero sobre todo en esquemas prácticos, que tienen que ver con habitus, particularmente con formas de hacer política. También, en este acuerdo de partida, podemos definir la “ideología” como discurso de legitimación institucional, de la malla institucional que hace al Estado, también a la sociedad institucionalizada, aunque también de los proyectos políticos que disputan el Estado, incluso pueden, en principio, funcionar como contra-poder, en el sentido de contra-gobierno, también contra una forma y estructura de poder; por lo tanto, contra una forma de Estado, sin necesariamente salir del horizonte estatal. El contra-poder alterativo, no solamente, alternativo, tiene un mayor alcance que todo esto; su contra-poder es radical, está contra toda forma de poder; en consecuencia, sale de los horizontes estatales. Este contra-poder es un contra-Estado.

 

Si acordamos este referente dibujado, que define rasgos estructurantes de la “ideología”, como partida para el análisis crítico de la “ideología” del nacionalismo revolucionario, ahora nos falta caracterizar el imaginario del nacionalismo-revolucionario, así como el discurso y la narrativa del nacionalismo-revolucionario. Lo hicimos en Potencia acontecimiento. Vamos a recordar lo que dijimos:

 

 

 

 

Las “ideologías” populistas no tienen estas características de la “ideologías” emancipadoras, como las que fueron, en su momento, de esta manera, las marxistas. Mas bien, conforman un bricolaje abigarrado de discursos mezclados, ordenados por una narrativa mesiánica y milenarista, actualizada en la convocatoria del mito del caudillo. Las “ideologías” populistas pueden presentar pretensiones “ideológicas” emancipadoras, incluso tomar fragmentos, des-contextuados, de las narrativas de las “ideologías” críticas y emancipadoras; sin embargo, el collage discursivo populista no deja de ser, mas bien, “ideología” institucional del viejo Estado, del viejo régimen, de la vieja sociedad institucionalizada, en crisis. Lo que hace la “ideología” populista es barnizar el edificio desvencijado con colores y símbolos aparentemente innovadores, simuladamente emancipadores.  Se trata de una “ideología” de emergencia, para salvar el antiguo régimen y el Estado patriarcal. Por lo tanto, como en los otros casos, forma parte de los juegos de poder, solo que en este caso, se presentan estos juegos de poder de una manera enrevesada y saturada[55].

 

Con esto incorporábamos la “ideología” del nacionalismo revolucionario en el ámbito de “ideologías” populistas. Las “ideologías” populistas adquieren un cariz nacionalista en América Latina. Lo nacional se convierte en la utopía de lo propio, de la nación sometida, de la nación que debe liberarse, también la nación como finalidad suprema. Como parte del pensamiento moderno, en toda su variedad y diferencias, sobre todo como parte de la “ideología” en su forma general, la “ideología” del nacionalismo revolucionario se edifica sobre la base del esquematismo dualista; apone a la nación el antagonismo de la no-nación, que puede adquirir el nombre de coloniaje, de imperialismo, de oligarquía u otros nombres. Lo que importa, en esta forma de pensamiento, es separar la nación de su opuesto, valorizar la nación en contra de su opuesto. La valorización nacional marcha acompasada por la desvalorización de su opuesto, de su antagónico. Este dualismo ha permitido al discurso “ideológico” explicar no solo el antagonismo, sino el por qué la nación se encuentra como se encuentra, sometida, despojada, expropiada, sino también el carácter de la dominación; que se denomina, en un caso, como colonial, en otro, como imperialismo, en un tercero, de burgués nativo.

 

La “ideología” del nacionalismo revolucionario emerge en la primera mitad del siglo XX, cuando las “ideologías” marxistas de difunden por el país, convocan al proletariado, también al campesinado y al pueblo. El marxismo no es desconocido para los “ideólogos” del nacionalismo revolucionario; unos los consideran un referente, otros, incluso se consideran marxistas, aunque hay quienes que pueden calificar al marxismo como eurocéntrico. En todo caso, al no ser ignorado el discurso marxista, como en toda “ideología” se incorporan y adaptan fragmentos del otro discurso, de la otra “ideología”. Para decirlo en términos maoístas, para los nacionalistas revolucionarios la contradicción principal es nación versus imperialismo.

 

Aunque el discurso del nacionalismo revolucionario tiene su centro de emisión en el Movimiento Nacionalista revolucionario (MNR), ciertamente, no se restringe a este centro. Se puede remontar hacia atrás y encontrar precursores y antecedentes, también se puede remontar hacia adelante y encontrar reminiscencias, irradiaciones, prolongaciones. Incluso en versiones marxistas, de las que tantas hay.

 

Después de la caída del último gobierno movimientista de la revolución nacional (1952-1954), cuando lo que queda del MNR, deja de ser, en sentido “ideológico” y político, nacionalista revolucionario, retoman la posta expresiones de izquierda: lo que se ha venido en llamar la izquierda nacional. Hay dos diferencias en esta continuidad del nacionalismo revolucionario. Primero, es desde la izquierda que se reivindica un nacionalismo revolucionario, en la perspectiva de la revolución socialista. Algo que no ocurría en el nacionalismo revolucionario del MNR.  Por otra parte, la lectura del nacionalismo revolucionario, concretamente de la contradicción principal nación/imperialismo, se efectúa desde el discurso marxista. Tercero, a diferencia del MNR cuyo impacto “ideológico” fue masivo, incidió en el imaginario, comportamiento, conductas, de la masa, del pueblo, incluyendo al proletariado, ni que decir del campesinado, la izquierda nacional es minoritaria. Se trata de grupos de intelectuales de “izquierda” que entablan el debate con lo que cundieran la izquierda internacional, plantean la necesidad de apoyar a los gobiernos nacionalistas, encabezados por caudillos, sean militares o no. Cuestionan a la izquierda tradicional por oponerse a los gobiernos nacionalistas, de estas características, inclinación política que les parece que coadyuva a la conspiración pro-imperialista. Este debate intelectual ha tenido repercusión en el debate de la izquierda, en la agenda de debates de la izquierda, que ha incorporado en su agenda la cuestión nacional. Sin embargo, la izquierda nacional no ha dejado de ser eso, una expresión intelectual de grupo, sin mayor irradiación en el pueblo, en el proletariado, incluso en el campesinado.

 

No consideramos al Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) como expresión de esta izquierda nacional, por más que use este nombre en sus siglas, pues su concepción “ideológica” y práctica política no se parecen a las formas de expresión de la izquierda nacional, que le otorga al discurso del nacionalismo revolucionario un cariz marxista. Mas bien, su perfil “ideológico” y político se parece mucho más a las formas de la social democracia.

 

En Bolivia, cuando se hizo conocer por la opinión publica esta izquierda nacional, fue durante el gobierno del General Juan José Torres. Este general, hecho presidente, por medio de un contra golpe, apareció como un militar nacionalista. Se puede decir, que continuaba la ruta emprendida por el General Alfredo Ovando, la ruta de las nacionalizaciones. La expresión de izquierda nacional del denominado Grupo Octubre planteó la necesidad del apoyo crítico a Torres, a diferencia de lo que la izquierda emprendía con la Asamblea PopularAsamblea popular que no optaba por el apoyo crítico sino por la autonomía de clase.

 

Este debate no tuvo mayores repercusiones, correspondientes a la acción política, salvo el propio debate en los medios de prensa. El Grupo Octubre, al ser pequeño, no incidió en el medio para lograr un apoyo masivo y organizado al gobierno del General Torres. Lo que llaman la izquierda internacional, en cambio, conformo la Asamblea Popular, que era una especie de proyecto consejista o de soviets, que comenzaba su construcción arquitectónica política por el techo y no por los cimientos.

 

Conocemos la historia de este lapso (1970-1971), el desenlace de la coyuntura; cayó el gobierno de Torres y con él la Asamblea Popular, por el cruento golpe del General Hugo Banzer Suarez. El Grupo Octubre, en su evaluación de lo ocurrido, señala la responsabilidad de la izquierda internacional en esta caída del gobierno nacionalista y en la subida de la dictadura militar reaccionaria y pro-imperialista. La defensa de la llamada izquierda internacional fue que Torres cayó por sus propias contradicciones, abandonado por el propio ejército que lo llevó al gobierno. También enuncia que no hubo tiempo para organizar la Asamblea Popular como un verdadero poder dual.

 

Si bien, una fracción del ejército sale a defender a Torres, el cuartel de Los Colorados de Bolivia, que se enfrenta en el llamado “Desecho”, que baja de Miraflores a Obrajes, la mayor parte del ejército y el resto de las Fuerzas Armadas está comprometido con el golpe. Por otra parte, el tiempo es una variable indispensable que debe considerar el análisis político, sobre todo cuando se trata de expresiones marxistas que se orientan a la revolución. Es un tema que no podía dejar de considerar la izquierda. ¿Si había poco tiempo que habría que haber hecho?

 

En todo caso, este debate en la izquierda, sirvió en la formación de los militantes, durante la resistencia a la dictadura. Los mayores, militantes con experiencia, salieron al exilio; se quedaron jóvenes que ingresaban a la universidad. Son estos los que se formaron en las condiciones de la clandestinidad, en plena dictadura banzerista. El debate, en sí, no tuvo mayores repercusiones, se haya tomado una posición u otra, pues no hizo efecto en las acciones sociales de resistencia, de las organizaciones sindicales, que también quedaron en el país. No hizo carne. Lo que sí tuvo incidencia y repercusiones fue la resistencia misma, que se efectuó tanto en las universidades como en los centros mineros. Después de la masacre del Valle (1974), la resistencia se extendió al campesinado, en la forma que le daba el movimiento katarista.

 

El Grupo Octubre, aunque pequeño, tenía gente en la resistencia universitaria, como toda la izquierda. En esto se unieron y se hicieron fuertes, expulsando a la Falange de la universidad pública. La organizaciones partidarias de izquierda más grandes, incluso con más tradición y experiencia, eran el PC-ML, el mimo PCB; como el POR se fragmentó en pedazos, después de la Asamblea Popular, que fue su apuesta política de mayor alcance, están las distintas agrupaciones trotskistas, que también incidieron en la resistencia. En ese entonces, se consideraba también al MIR de izquierda, y formó parte importante de la resistencia. En resumen, en este periodo de resistencia, la izquierda nacional fue parte de la agenda de los debates; empero, no se puede decir que tuvo incidencia política. Como muchas expresiones de izquierda, sufrió su propia crisis el Grupo Octubre; al no responder a las demandas organizativas de algunos emprendimientos de formación, fuera de la universidad, por ejemplo en Huanuni, así como también a exigencias de militancia efectiva y no de café, el propio Grupo se fraccionó. Una parte, la menor, se incorporó a las búsquedas de las fracciones trotskistas, criticas del POR, concretamente al POR de Pie. Otra parte, significativa, se incorporó al PS-1, ante una convocatoria directa de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Después de ciertas desavenencias con el mismo PS-1, debido al ímpetu de uno de los militantes incorporados, éste vivió su propio nomadismo hasta encontrarse con el anarquismo, donde ahora es activista. Ocurrió lo mismo con quien se adhirió a la organización trotskista del POR de Pie. Otro militante incorporado al PS-1, que asumió la responsabilidad de Mañana el Pueblo, periódico del partido socialista, sufrió el asesinato de Marcel Quiroga Santa Cruz hasta enfermarse gravemente. Sin embargo, una parte del Grupo Octubre, la mayoritaria se mantuvo un tiempo como tal, hasta su incorporación a CONDEPA. Se puede decir que es donde el Grupo Octubre tiene influencia política; esto se puede apreciar en el mismo nombre de CONDEPA, Consciencia de Patria, que era como una paráfrasis del nombre de RADEPA, Razón de Patria, organización o logia militar de la que formaba parte el General Gualberto Villarroel, caudillo reivindicado por el Grupo Octubre.

 

La diseminación de CONDEPA, después de la muerte de su líder, el “compadre” Palenque, mermó las mismas posibilidades del Grupo Octubre, dentro de CONDEPA, además de la potencial irradiación en la masa seguidora del “compadre”. Se puede decir, que con esta diseminación del movimiento condepista, desaparece también lo que fue, en vida, el Grupo Octubre. Uno de sus miembros, por cierto importante, pues, después de la muerte de Adolfo Perelman, fundador del Grupo Octubre y tutor de Sergio Almaraz Paz, se hizo cargo de la dirección del Grupo, reapareció como ministro del primer gobierno de Evo Morales Ayma, en la cartera estratégica del Ministerio de Energía e Hidrocarburos. Se puede decir que es él el que diseñó, incluso redactó, en gran parte, dándole forma y sobre todo contenido, al Decreto Ley Héroes del Acre, con el que se nacionalizan los hidrocarburos.

 

Esta breve historia de la izquierda nacional, nos puede ayudar a interpretar el significado de los celajes discursivos que aparecen, de vez en cuando, tratando de reproducir el debate, que tuvo su peso e incidencia, durante el periodo del gobierno de Torres. Ahora, en otro contexto, después de la movilización prolongada (2000-2005). Después del proceso constituyente, después de un ciclo político de las gestiones de gobiernos del MAS, de ascenso y descenso, de nacionalización, sobre todo de los hidrocarburos, después de ingresar de lleno a la etapa de decadencia, después del “gasolinazo”, resulta fuera de contexto el intentar reproducir este debate, en otras condiciones, en otra problemática, además de manifestarse un retroceso notorio respecto a la experiencia del nacionalismo revolucionario, que efectuó transformaciones estructurales, que repercutieron en la estructura estatal y en la estructura social. El populismo del MAS, fuera del inicio de la nacionalización de los hidrocarburos, no continúo por este camino; es más se embarcó en una deshonesta desnacionalización con los contratos de operaciones, fuera de entregarse a las trasnacionales mineras con sus políticas mineras, sobre todo con su Ley Minera. En este contexto, en esta coyuntura, es insostenible una postura anquilosada en el tiempo, que ha quedado recordando el momento único, cuando quizás se tuvo certeza política.

 

Antes de pasar a otro punto, volveremos a retomar lo que dijimos en Potencia y acontecimiento.     

 

 

Podemos encontrar otro diseño de la estructura de composición compleja singular, participe del acontecimiento del nacionalismo-revolucionario. Las articulaciones que aparecen, conectan al imaginario popular, conformado en la experiencia social de la primera mitad del siglo XX, en un país de adentro del continente, en un país interno y mediterráneo, bordeado por sus cordilleras al oeste y extendido en sus llanos y selvas al este. Una experiencia social cuya densidad mayor se concentra en la explotación minera. Es en el sustrato de esta experiencia de donde emerge la narrativa nacionalista y popular, contestataria a la legalidad, legitimidad y dominación de la oligarquía minera. Sin embargo, la experiencia minera, no es la única; hay otras, que tienen que ver con otros ámbitos de desenvolvimientos sociales, más poblados; en un caso, en su forma dispersa, las formaciones campesinas; en otro caso, de manera concentrada, las formaciones urbanas. Estas experiencias también generan sus imaginarios populares; quizás en las formaciones campesinas emergen utopías de recuperación de la tierra; quizás en las formaciones urbanas nazcan mitos de modernidad, de industrialización, también utopías de soberanía. No siempre los imaginarios se comunican, ni siempre efectúan sus hermenéuticas; es más probable que se prejuzguen a partir de las pre-narrativas imaginarias propias. Sin embargo, pueden conectarse parcialmenteintersectarse parcialmente, y ocasionar hermenéuticas fragmentadas incompletas. De todas maneras, es la formación discursiva la que interpreta estos imaginarios y puede construir una narrativa. Esto hace la formación discursiva del nacionalismo revolucionario. El substrato imaginario de este discurso del nacionalismo revolucionario no es, inmediatamente, ninguno de los imaginarios populares, aunque éstos hagan de substratos del substrato del discurso. El imaginario del discurso es, mas bien, intelectual. Son los intelectuales nacionalistas los que construyen una narrativa, la que interpreta, desde su punto de vista y perspectiva, lo que los otros imaginarios, los popularesexpresan. Son las narrativas y no los imaginarios los que pueden operar efectivamente en la interpelación a una forma de poder, a una estructura de poder; pueden difundirse como discursos, como “ideología”, pueden coadyuvar en la argumentación de las organizaciones, políticas y sindicales, involucradas en la resistencia a la forma de poder vigente y odiado. Entonces, en este caso, tenemos prioritariamente la articulación de la “ideología” del nacionalismo revolucionario, con el mismo partido populista, con las organizaciones barriales, los comandos, con las organizaciones sindicales, también en relación con otros partidos y en relación antagónica con el gobierno.

 

Estamos ante una composición compleja singular de la “ideología” con el conjunto de sus conexiones, en distintos planos de intensidad, con distintos dispositivos sociales y políticos, con distintas organizaciones sindicales y políticas. Incluso, en conexión con las teorías modernas, que usa en la conformación de su propia narrativa; aunque lo haga de una manera fragmentaria, sin utilizar o tener en cuenta la totalidad de estas teorías. Mas bien, la narrativa del nacionalismo revolucionario es más práctica que teórica, por así decirlo; le interesa desplegar la trama, teniendo en cuenta las imágenes ya afincadas en los imaginarios populares. No teoriza, sino narra, en el sentido llano de la palabra; expone la historia dramática de la nación afectada, desterrada en su propia tierra, exilada en su propia tierra; para convocar a la nación a levantarse contra la opresión, contra los opresores, que colonizan la nación. Por estas características de la narrativa nacionalista revolucionaria, la “ideología” populista en cuestión es altamente eficaz, tanto en su convocatoria, así como en la transmisión de su mensaje. Es comprensible para el pueblo.

 

 

En imaginarios populares, que son más asequibles, más sensibles, a este tipo de narrativas convocantes, por estar más próximas a los sentidos comunes y a las pre-narrativas imaginarias populares, el discurso del nacionalismo revolucionario tiene más posibilidades de impactar, de incidir en las conductas y comportamientos de las clases sociales de la nación oprimida. Si bien no es un discurso que enriquece, en el sentido de desplazamientos del saber, pues se mueve en lo ya sabido, en lo ya digerido en la experiencia social, su difusión y expansión política tiene mayor alcance.

 

Por lo tanto, las cuerdas de esta “ideología” vibran intensamente, son recepcionadas intensamente, en los ámbitos sociales de sus conexiones; en consecuencia, logran tocar una sinfonía con las otras cuerdas, inherentes en esos ámbitos sociales, pues las notas ya se conocen y están en la memoria. Es una sinfonía que ya está en el repertorio histórico, por así decirlo. No es una sinfonía nueva, creada recientemente, como ocurre con el anterior ejemplo (el marxismo).

 

Como hablamos de dos etapas del populismo nacionalista revolucionario, diremos, metafóricamente, que la sinfonía gusta en la etapa de las resistencias; empero, comienza a disgustar en la etapa de gobierno, por sus repetición saturada, su recurrencia aburrida. Es más, en la repetición y recurrencia el placer de la percepción se convierte en displacer; el movimiento compuesto de las cuerdas se desgasta. Peor aún, el uso del poder institucional, el Estado, apresura el ciclo del acontecimiento, ingresando rápidamente a su crepúsculo y clausura. La alborada y crepúsculo, el ciclo intenso del nacionalismo revolucionario, puede recortarse en el intervalo definido, en sus inicios, por la masacre de Catavi (1941) - cuando el MNR es conocido no solo como el partido que compartió el gobierno en la presidencia de Gualberto Villarroel, sino como defensor de los trabajadores mineros y de la soberanía del Estado, en relación a la interpelación al monopolio económico y político ejercido por los “Barones del Estaño”, cuando se hace popular -, y, en su finalización,  por la caída del último gobierno movimientista del periodo de la revolución nacional (1952-1964). La historia política de este partido, posterior a 1964, después del golpe de Estado, es otra historia. No la del tiempo de las cosas pequeñas, como caracterizaba Sergio Almaraz Paz a la última fase de las gestiones de gobierno del MNR, en el periodo de la revolución nacional; no la de la decadencia y hundimiento de la revolución; sino la de la renuncia explicita y oportunista al mismo nacionalismo revolucionario. Interpretación que se corrobora cuando el mismo presidente que firmó las medidas de nacionalización de las minas, en 1952, es el que firma el Decreto Ley 21060, en 1985, iniciando el periodo destructivo del ajuste estructural neoliberal. Desde 1964 no se puede hablar del MNR, de cualquiera de sus fragmentos dispersos, como cristalería quebrada, como expresión política, menos “ideológica”, del nacionalismo-revolucionario. Este partido o lo que queda de él no es, con toda evidencia, revolucionario, ni al viejo estilo populista; tampoco es nacionalista. En su versión última, en el periodo denominado de la democracia pactada, fue una expresión y brazo operativo del proyecto de desposesión y despojamiento neoliberal. Después de la caída de esta expresión política, como consecuencia de la victoria política de la movilización social, durante la guerra del gas (2003), los fragmentos, cada vez más pequeños y más dispersos, del MNR, son la expresión más deplorable del oportunismo descarnado y de las pequeñas y miserables angurrias del poder. Algunos de estos fragmentos dispersos son aliados, ahora, del MAS, incluso, otros fragmentos, han ingresado a este partido.

 

En lo que respecta al tercer ejemplo, podemos encontrar el diseño de la estructura de la composición compleja singular, en la constelación de composiciones singulares, que hacen al acontecimiento de la “ideología” del populismo-indigenista, en una articulación sui generis de las Federaciones Sindicales Campesinas del Trópico de Cochabamba, gestoras de la defensa de los cultivos de hoja de coca; articulación que primero se da, en su relación con su entidad matriz, la CSTCB; después, con la COB. Este contexto de relaciones y conexiones sindicales, sobre todo, las relativas a las organizaciones campesinas, es primordial para desprender el proyecto que va adquirir el nombre connotado de Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos. En principio, el Instrumento Político, que nace en el fragor de las reuniones, de los debates, de los foros, y, por último, en un Congreso campesino, como Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, se proyecta novedosamente. Lo que se mostraba, por lo menos, en dos intenciones políticas e “ideológicas”; por una parte, conformar un Instrumento Político de las organizaciones sociales; lo que le daba un carácter distinto al partido o movimiento político. El partido, en este caso, está subordinado, por lo menos, en el proyecto inicial, a las organizaciones sociales. La otra intención proyectada, tiene que ver con una perspectiva descolonizadora, al concebir un Instrumento Político de las organizaciones sociales como de-colonialInstrumento que se asumía como expresión de las naciones y pueblos, no solamente indígenas. Entonces, estamos ante un proyecto pluralista y plurinacional.

 

Podemos entonces comenzar a trazar un periodo político intenso, cuyo corte inicial se puede situar entre 1996-97, años en que el Congreso campesino asume el proyecto del Instrumento Político como propósito orgánico de los sindicatos campesinos. 

 

Siguiendo con la descripción de las conexiones de la resistencia y defensa de los cultivos de la hoja de coca, en distintos planos de intensidad, con otros dispositivos, incluso composiciones singulares, podemos encontrar las conexiones de dispositivos orgánicos y de dispositivos políticos, en ciernes, en el proyecto y desarrollo inicial del Instrumento Político, con las ONGs. Por lo menos, aquellas, que, en principio, se encuentran en programas alternativos de desarrollo al cultivo de la hoja de coca; después, muy pocas, en compromisos, más que programas, de defensa de los cultivos de la hoja de coca; y posteriormente, con ONGs “izquierdistas”, que apoyan directamente la proyección del Instrumento Político. Muy temprano, en este proceso de constitución, de lo que debería haber sido el Instrumento Político de las organizaciones sociales, las formas orgánicas de gestación del Instrumento Político entran en contacto con organizaciones políticas, también fundaciones y ONGs de la “izquierda” internacional. En el mapa de estas conexiones, de la resistencia y la defensa de la hoja de coca, de sus formas orgánicas de la resistencia y defensa, teniendo como base operativa y orgánica a la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba, se encuentran las organizaciones políticas de “izquierda” o lo que queda de ellas; después de la crisis política, la segunda, una vez dado el derrumbe de la UDP[56]. No se puede dejar de lado, en el mapa de estas conexiones, a los medios de comunicación, que, si bien, puede haberse dado una relación conflictiva y sensacionalista, hasta adversa, con un conjunto de medios empresariales, el MAS tenía también una relación, que podemos denominar solidaria, con medios no empresariales; hablamos no solo de las radios populares, sino de medios que forman parte de la Iglesia Católica. Lo que debería ser el Instrumento Político de las organizaciones sociales y terminó siendo el MAS, un partido, más que movimiento social, que no es Instrumento Político de las organizaciones sociales, sino que convierte a las organizaciones sociales en instrumentos del partido, es un fenómeno también mediático; este hecho no se puede obviar en el análisis.

 

No vamos a extender más la descripción del mapa de las articulaciones y conexiones de la composición compleja singular; dejaremos esta extensión para la investigación. El ejemplo sería abrumador; por otra parte, adquiriría connotaciones más complicadas. Lo que importa ahora, en esta ilustración, es mostrar las características del análisis complejo, su enfoque en los funcionamientos, los engranajes, las mecánicas y dinámicas de la composición compleja singular.

 

En esta perspectiva, la del pensamiento complejo, en el análisis de los tejidos sociales del acontecimiento, se destaca el impacto, de este diseño de la estructura de la composición singular, en el tejido social y político de la coyuntura y del inicio del periodo, en cuestión. Este impacto tiene que ver con la repercusión en los imaginarios de un símbolo cultural, el de la hoja de coca, que, a la vez, aparece como símbolo de-colonial, y, a la vez, como símbolo de resistencia antiimperialista. Ciertamente, en otros ámbitos, no populares, la hoja de coca, mas bien, aparece como un signo descalificado, debido al uso de la hoja de coca en la producción de cocaína. Entonces, asistimos a una especie de debate “ideológico”, mas bien, mediático, en torno a las interpretaciones políticas del símbolo o signo de la hoja de coca. En otras palabras, la defensa de la hoja de coca se politiza, adquiere connotaciones antiimperialistas, en una micro-región, donde se desenvuelve lo que se puede llamar, acertadamente, guerra de baja intensidad.

 

Por lo tanto, la politización no solo tiene como eje esto del proyecto del Instrumento Político y esto de la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, sino también el eje de la interpretación “izquierdista”, por lo menos de una parte de la “izquierda”, de que la defensa de la hoja de coca es antiimperialista. A la larga, el eje más efectivo y preponderante va a ser éste, el del carácter antimperialista de la defensa de la hoja de coca.

 

A propósito de lo que decimos, hay que salir de toda irradiación de las teorías de la conspiración. No se puede aceptar, por lo menos, demostrar y sustentar, la hipótesis de que todo lo que acontecía, en lo que respecta al impacto de los ejes mencionados, formaba parte de un plan, de una conspiración política, por más emancipadora que pueda pretender ser esta conspiración. De ninguna manera, los proyectos como los del Instrumento Político, sus características plurinacionales, evidentemente forman parte de un proyecto; empero, sus conexiones con los otros ejes, los impactos en el tejido social y político, son, mas bien, casuales, usando este término para ilustrar y contrastar. Es muy difícil sostener que los planes humanos se realicen plenamente; una vez que se despliegan, en busca de su realización, provocan consecuencias inesperadas, precisamente porque los dispositivos operativos no controlan el conjunto de variables intervinientes; son, mas bien, sobrepasados por la complejidad.

 

Se puede decir, sin mucho riesgo de errar, que el MAS, por sí solo, contando con este mapa de sus conexiones, con la composición compleja singular, en una constelación de composiciones singulares, que hacen al acontecimiento, no podría haber llegado a donde ha llegado, dicho popularmente, al poder. Es el estallido de otros movimientos sociales anti-sistémicos el que ha favorecido el decurso que toma el MAS. Entonces, en el mapa entran las relaciones, las conexiones, incluso contradictorias, de concurrencia, de debate y desacuerdos, entre este proyecto del Instrumento Político y los otros movimientos sociales anti-sistémicos

 

La problemática, en esta cuestión última, es la siguiente: ¿Por qué el MAS ha terminado beneficiándose políticamente de la movilización prolongada y no los otros movimientos sociales anti-sistémicos, o alguno de ellos? Responder a esta pregunta equivale a comprender la dinámica molecular de las fuerzas concurrentes, en ese periodo político intenso, comprender la dinámica de la composición molar de esas fuerzas. Pero esta comprensión no se logra por medio de los análisis acostumbrados, basados en los esquematismos duales, atrapados en paradigmas racionalistas; hablando de la razón abstracta, que nombramos como razón fantasma; análisis lineales y deterministas. La comprensión es posible en el análisis complejo de las dinámicas inherentes al tejido espacio-tiempo-social-político-cultural del periodo, en cuestión (1996-2015).

 

En este ensayo no podemos explayarnos en la descripción de los diseños de las estructuras de las composiciones complejas singulares, relativas a los movimientos sociales anti-sistémicos, que se desplegaron en el periodo de la movilización prolongada (2000-2005). Aunque describimos, de manera más detallada, aspectos, características, formas y perfiles de estos movimientos sociales, en los análisis realizados por Comuna[57], estos análisis todavía se inscriben en la episteme moderna de los esquematismos dualistas. Ahora, se requiere del análisis complejo de los tejidos espacio-temporales-territoriales-sociales-culturales. Como se trata ahora, de exponer ejemplos ilustrativos, dejaremos para más adelante, para otros ensayos, la exposición de composiciones complejas singulares, relativas a estos movimientos sociales anti-sistémicos.

 

Por de pronto, lanzaremos la siguiente hipótesis interpretativa: el movimiento autogestionario de la guerra del agua, el movimiento indianista del bloqueo indígena-campesino, el movimiento nacional-popular de la guerra del gas, el movimiento descolonizador de las organizaciones indígenas originarias, los movimientos dispersos y diversos, relacionados a la resistencias al costo social neoliberal, en los que sobresalen los movimientos de los y las prestatarias, así como de los jubilados, el movimiento resurgente del proletariado, sobre todo del proletariado nómada, se presentan como movimientos, que adquieren otro perfil, de características autónomas y de autogobierno, por lo menos, en los dos primeros, como movimientos anti-estatalistas. Esta proyección política, ponderable por cierto, dada la crisis múltiple del Estado-nación, dada la experiencia acumulada a través de las historias políticas de la modernidad, convierten a estos movimientos sociales anti-sistémicos en imposibles, por así decirlo, en el marco institucional político establecido, el de la democracia formal. Solo podrían haber prosperado si la mayoría poblacional, si la mayoría del pueblo, hubiera adquirido también una propensión anti-estatal. Sin embargo, esto es precisamente lo que no pasó, lo que era difícil que pase, cuando el pueblo, por así decirlo, se encuentra atrapado en el imaginario estatal.

 

El MAS era y es estatalista, a diferencia de la Coordinadora del Agua y la defensa de la vida, por lo menos, en su proyección auténtica e intensa; a diferencia de la CSTCB de entonces (2000). Organizaciones que no propendían a mantenerse en reformas del Estado-nación, sino se proyectaban a la realización esperada de una forma política global alternativa. Esta proyección y límite estatalista del MAS, a la vez restringía sus pretensiones emancipadoras, sus poses de-coloniales, sus fintas soberanas, incluso sus retóricas socialistas, al tamaño de un  Estado-nación subalterno, al tamaño del campo económico del capitalismo dependiente. Y, a la vez, lo convertía en viable, en los márgenes permitidos por el sistema-mundo capitalista. Ésta, quizás, es la razón de fondo  del porque el MAS pudo beneficiarse de las victorias de la movilización prolongadavictorias políticas, como las de la guerra del agua y de las de la guerra del gas, en las que el MAS tuvo poco que ver, si es que no tuvo nada que ver.

 

Entonces, se puede decir que las cuerdas, inherentes a la resistencia y defensa de la hoja de coca, vibraron, de tal manera, que su vibración, si bien, no fue crucial en los desenlaces de la movilización prolongada, fueron como las notas finales de esta sinfonía social. Lo que recuerda la “memoria” – usando irónicamente el término - mediática son estas notas finales, no recuerda el proceso. Institucionalmente, políticamente, en sentido restringido, se impone lo mediático, en el periodo de las gestiones gubernamentales, aunque no se imponga históricamente, en el largo ciclo y en las estructuras de larga duración. Hay pues una historia oficial, que se sostiene institucionalmente, mediáticamente, propagandísticamente, que busca convencer de una “descripción” de los hechos, de la secuencia de hechos, eventos y sucesos, del llamado “proceso de cambio”; “descripción” que, sin embargo, no es sostenible. Al respecto, lo que importa no es oponer, a esta invención de la historia de los vencedores, la pretensión de objetividad, como se hacía en la episteme de la modernidad, pues esta objetividad solo se puede mover en algún plano de intensidad, o, en el mejor de los casos, en algunos planos de intensidad; desconectados y aislados, quizás vinculados, de manera forzada y no propia.  Lo que se requiere es el análisis complejo de los tejidos entrelazados del acontecimiento, de la constelación de composiciones complejas singulares entrelazadas, que hacen al acontecimiento. Esto no es objetividad, sino comprensión integral de la simultaneidad dinámica[58]

 

Ahora retomaremos el debate sobre capitalismo de Estado.

 

 

 

Capitalismo y capitalismo de Estado

 

Es frecuente encontrarse con argumentos enrevesados en la defensa provisional que se hace de los gobiernos progresistas; algunas llaman la atención por su saturada y abultada explicación, que insiste en la existencia de un “proceso de cambio”, dando ejemplos des-conexos, donde unos parecen formas de algo parecido al reformismo de la social democracia, otros, en cambio, en contraste, rayan en repeticiones incongruentes de las gestiones de los gobiernos liberales. Terceros, pretenden demostrar que avanzamos a una “revolución socialista”, aunque nunca se sabe por dónde; pero, otros, cuartos, que llegan a argumentar con enunciados sorprendentemente contradictorios, que parecen juegos de ingenio. Decir, por ejemplo, que se puede ser anticapitalista siéndolo, es decir, capitalista, cuando se opta por el capitalismo de Estado. Que el capitalismo de Estado es la forma que adquiere la soberanía en las periferias, su lucha antiimperialista. Lo del capitalismo anticapitalista es un enunciado que se parece a la serpiente que se muerde la cola. Lo del capitalismo de Estado antiimperialista, puede ser tomado en cuenta, sobre todo en la primera etapa de los procesos de gestión de gobiernos que expresan la voluntad de recuperar los recursos naturales: pero, que este antiimperialismo sea, además anticapitalismo, parece muy forzado.

 

Es Karl Polanyi quien definió el concepto de capitalismo de Estado y lo atribuyó a la Unión Soviética. Si se puede hablar como formación económica-política de capitalismo de Estado, es decir, como realización, es esta, la que se ha dado en la Unión soviética, también en la República Popular China. No se puede calificar a estas formaciones como socialistas, en pleno sentido de la palabra, aunque su proyecto haya sido socialista; no hay socialismo sino en el mundo. Esto ocurre, teóricamente, cuando el sistema-mundo socialista remplaza al sistema-mundo capitalista. Las formaciones sociales en las periferias son, mas bien, de un capitalismo dependiente. Si algunos de los países periféricos han logrado industrializarse, convirtiéndose como Brasil, en una potencia emergente, a pesar de esta incursión, no dejan el perfil del desarrollo desigual y combinado. Efectúan, además de la revolución industrial, la revolución tecnológica y la revolución cibernética; sin embargo, como dice Francisco de Oliveira, Brasil no ha dejado la dependencia, mas bien ha ingresado al neo-atraso, debido a una composición combinada de su economía, cuya estructura, la gravitación de su estructura está orientada por el extractivismo. Sería sugerente comparar los perfiles económicos de las llamadas potencias emergentes, incluyendo a la India, además de los famosos “Tigres del Asia”. Esta tarea la dejaremos para después, pues nos interesa seguir con la discusión sobre el capitalismo de Estado.

 

En Cartografías histórico-políticas, escribimos:

 

El capitalismo de Estado tiene por lo menos dos acepciones en la teoría; una, en la teoría marxista de la escuela austriaca; otra, en el discurso teórico latinoamericano. En la escuela austriaca el capitalismo de Estado tiene que ver con la tesis del imperialismo como última fase del capitalismo, tesis difundida por Lenin[59]. La tesis se elabora a partir de la caracterización del capitalismo en esta fase, sobre todo por el papel que juega el Estado en intima articulación con el capital financiero.  El Estado no solamente es instrumento indispensable en la acumulación de capital, sino que juega un papel dinámico en el proceso de concentración, en el control y la administración financiera de todas las formas de capital. Proyecta una geopolítica de expansión en los entornos y en el mundo. A esta vinculación estrecha entre Estado y capital financiero y a la plataforma de políticas económicas que apoyan la concentración de capital se llama capitalismo de Estado. En América Latina se ha llamado capitalismo de Estado a los procesos inherentes dados en los gobiernos nacionalistas y populistas, que optaron por el camino de las nacionalizaciones y la política económica de sustitución de importaciones, promoviendo la industrialización y conformando empresas públicas.

Como se puede ver son dos concepciones distintas de capitalismo de Estado. Extendiéndonos en las consideraciones de capitalismo de Estado, Karl Polanyi tiene una comprensión más abarcadora del capitalismo de Estado; incluye en el capitalismo de Estado a los propios Estados socialistas. Para este teórico la característica principal del capitalismo de Estado es el monopolio del Estado en la Economía; lo que ocurría en la URSS y en la República Popular China no era otra cosa que la gestión de la economía capitalista por la vía Estatal. Entonces hay varias formas de capitalismo de Estado. A nosotros nos interesa la forma de capitalismo de Estado que se instituye en las periferias del sistema-mundo capitalista, a partir de la política de nacionalizaciones y el proyecto de sustitución de importaciones. Sobre todo interesa comprender por qué muchos de estos proyectos no salen del modelo extractivista y terminan atrapados en una economía rentista[60].

 

Si hacemos caso a Polanyi el capitalismo de Estado es el monopolio del Estado en la economía. No parece este perfil darse en las formaciones económico sociales de la potencias emergentes, mucho menos en las formaciones económico sociales de los países periféricos cuyo perfil económico sigue siendo primario exportador, como es el caso de Bolivia. ¿Por qué entonces hablar de capitalismo de Estado para caracterizar el perfil económico boliviano en tiempos de Evo? Esto no se sostiene por ningún lado.

 

Vamos a revisar lo que describimos en Bolivia: Perfil económico. Estamos ante un perfil económico extractivitamodelo primario exportador, una administración de Estado rentista, que está, muy lejos de construir una logística estructural para sostener un proceso de industrialización; proceso que viene acompañado, necesariamente, por la formación de la masa crítica de científicos, además de la masa crítica de técnicos y tecnólogos; lo que implica una revolución pedagógica, formativa y educativa. No hay nada de esto en las gestiones de gobierno; lo que si hay es una hipertrofia de la demagogia, un incremento desmesurado en la retórica, mientras, mas bien, se asientan las bases para una nueva expansión extractivista a gran escala, como la dada en la Ley minera. ¿Dónde se sustenta eso de capitalismo de Estado, de camino a la industrialización? Solo en el imaginario de lo que queda de la izquierda nacional.

 

Ahora pasaremos a una revisión necesario del perfil económico boliviano.

 

Estructura económica de Bolivia[61]

 

Si se observa la composición estructural del PIB[62], desde la participación por actividad económica, vemos que la estructura no se ha modificado. Hay variaciones porcentuales de las participaciones; empero, mínimas, que no afectan a la estructura misma. Del 2006 al 2013 la agricultura, silvicultura, caza y pesca, han pasado de un 11% a un 10%. En el mismo lapso la extracción de minas y canteras, ha pasado de un 11,6% a un 14,1%; siendo lo que corresponde al petróleo y gas natural un paso del 6,4% al 7,9%; en tanto que los minerales metálicos y no metálicos pasaron de un 5,2% a un 6,2%. En contraste, la participación de las industrias manufactureras bajó de un 11,3% a un 9,9%. También el transporte, almacenamiento y comunicaciones bajó de un 10,2% a un 7,9%. En cambio la participación de la actividad de los establecimientos financieros, seguros, bienes inmuebles y servicios prestados a las empresas subió de un 8,5% a un 8,8%. También la participación de la administración pública subió de un 11% a un 11,7%. La participación de los restaurantes y hoteles prácticamente se mantuvo en su nivel, con una ligera variación a disminuir. En contraste, la participación de la actividad de los servicios comunales, sociales, personales y domésticos, bajó de un 4,5% a un 3,5%. Tomando en cuenta la diferencia entre el PIB a precios de mercado y el PIB a precios básicos, considerando que la diferencia consiste en los derechos de importación, IVA, IT, impuestos otros indirectos, lo que si subió notoriamente es la participación de la actividad de los derechos de importaciones, IVA, IT y otros impuestos indirectos de un 21,2% a un 25%.

Ahora bien, en el 2013, si tomamos en cuenta las actividades que podemos considerarlas productivas, incluyendo electricidad gas y agua, además de la construcción, tenemos una participación del orden del 38,6%, quedando el resto, 61,4%, como porcentaje de la participación de actividades se servicio, comerciales y de circulación, es decir, de actividades no-productivas, aunque coadyuven a la producción. Claro que aquí se incluye la participación de los servicios comunales, sociales, personales y domésticos, que es del 3,5% en el 2013. ¿Cuál es el peso de la participación comunitaria? La situación estructural no ha variado en el año siguiente, 2014. El peso de los servicios, el comercio y el transporte es notoriamente mayor que el peso de las actividades productivas. Esto se hace categórico cuando observamos que el peso de la industria manufacturera, además de ser bajo, manifestó una tendencia a disminuir su participación. ¿De qué industrialización estamos hablando?

 

Si pasamos de la estructura del PIB a la cuenta de acumulación y financiación de capital, según componente, tenemos otro cuadro, quizás más sugerente, en lo que respecta a la disponibilidad de inversión. Antes de entrar al análisis de este cuadro, vamos a tener el cuidado de definir los conceptos de capital, de acumulación de capital, de formación bruta de capital, de financiación de la acumulación bruta, de ahorro bruto y de transferencia de capital, que son conceptos macroeconómicos y no marxistas. Esto para evitar confusiones y habilitar la interpretación de los indicadores.

En sentido estricto, el capital es una abstracción contable; se trata de los bienes y derechos, es decir, de los elementos patrimoniales del activo, menos las deudas y obligaciones, que corresponden al pasivo. De todo de lo cual es titular el capitalista. Tomando en cuenta esta clasificación, de esta manera, se dice que se capitaliza una empresa o se amplía capital cuando aumenta su activo o disminuye su pasivo o se incorporan nuevas aportaciones de socios o se reduce el endeudamiento con terceros. Cuando el pasivo es superior al activo se dice que la unidad económica está en situación de capital negativo.

La acumulación de capital se refiere a la variación neta de activos financieros. La Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF) es un concepto macroeconómico utilizado en las cuentas nacionales, como el Sistema Europeo de Cuentas (SEC). Estadísticamente mide el valor de las adquisiciones de activos fijos nuevos o existentes, menos las cesiones de activos fijos realizados por el sector empresarial, los gobiernos y los hogares, con exclusión de sus empresas no constituidas en sociedad. En el análisis macroeconómico, la FBCF es uno de los dos componentes del gasto de inversión, que se incluye dentro del PIB, lo que muestra cómo una gran parte del nuevo valor añadido en la economía se invierte en lugar de ser consumido. La financiación de la acumulación bruta se refiere a los préstamos netos y a la variación neta de pasivos financieros. El Ahorro Bruto supone, generalmente, la comparación entre los ingresos corrientes y los gastos corrientes, excluida la partida de gastos financieros. El ahorro nacional es la suma del ahorro público y el privado. El ahorro nacional viene dado por la diferencia entre la renta nacional o valor del conjunto de bienes producidos y el consumo. El ahorro interno bruto se calcula como el PIB menos el gasto de consumo final, consumo total. Un valor negativo para este indicador de estructura implica la financiación de gastos corrientes con ingresos por operaciones de capital, situación financiera comprometida que no puede mantenerse a largo plazo. Se habla de transferencia de capital cuando el Estado u otro organismo público efectúan una subvención con el objeto de financiar inversiones y operaciones de capital fijo del sujeto beneficiario.

 

Teniendo en cuenta estos conceptos, pasamos ahora al análisis del cuadro de la cuenta de acumulación y financiación de capital[63]. Del 2006 al 2013 se dio lugar una variación compuesta[64] del orden del 36% en la acumulación de capital; se puede decir que la acumulación de capital casi se triplicó (2,8). Teniendo en cuenta que la variación de existencias es la diferencia entre las entradas y las salidas de almacén de las materias primas, productos semielaborados, trabajos en curso y productos terminados, en un periodo determinado, vemos que la variación de existencias disminuyó su monto negativo; es decir, el exceso de salidas respecto a las entradas. Esta disminución se dio lugar en una proporción del 36,8%; lo que quiere decir que el exceso de las salidas disminuyó en una relación tres (2,7). La formación bruta de capital varió en un 51%; lo que quiere decir que prácticamente se duplicó (1,9). Teniendo en cuenta que el préstamo neto del resto del mundo equivale al excedente de la nación por transacciones corrientes, que es el saldo de la cuenta corriente obtenido de todas las transacciones de ese tipo, incluidas en la balanza de pagos, se tiene una variación compuesta negativa del orden del 3%; lo que quiere decir que lo acumulado tiene una relación de 33 respecto a la diferencia negativa de los montos, lo que a su vez indica una disminución del excedente del saldo de la cuenta corriente. El comportamiento de la formación de la acumulación bruta es el mismo que el de la acumulación de capital. Del ahorro bruto se tiene prácticamente también el mismo comportamiento. La transferencia de capital del resto del mundo tuvo una variación compuesta negativa del orden del 68%; la relación entre lo acumulado respecto a la diferencia es de 1,5. Se puede interpretar tanto el porcentaje como la relación de lo que dicen los datos mismos, hay menos dependencia de la transferencia de capital del exterior.

Interpretando de manera resumida el cuadro, hay más acumulación de capital, entonces mayor disponibilidad para invertir en la adquisición de activos fijos. Teniendo en cuenta, los mandatos constitucionales, se tiene mayor disponibilidad para invertir productivamente. ¿Qué pasa entonces? ¿Por qué no se lo ha hecho? ¿En qué se gasta el dinero? Para intentar responder esta pregunta pasamos al cuadro del crecimiento de la formación bruta de capital fijo, a precios constantes, según producto[65].

 

La formación bruta de capital fijo, que comprende bienes de capital y construcción, pasó de un 9,3% a un 12,9%. Si entendemos que los bienes de capital son los equipos pesados, tales como maquinaria pesada, excavadoras, carretillas elevadoras, generadores, o vehículos, que, a diferencia de los bienes de consumo, requieren una inversión relativamente grande, que se compran para ser utilizados durante varios años, por eso mismo son también llamados bienes de producción[66], la inversión en bienes de capital pasó de un 8,2% a un 12,5%; lo que significa que hay una variación positiva del orden de 20,5%. Sin embargo, no es el Estado el que ha aumentado su inversión en bienes de capital, sino el sector privado, que pasó de un 3,7% a un 7,4%; dando lugar a una variación compuesta positiva de 33,9%. En cambio la inversión pública en bienes de capital pasó de un 27,6% a un 26.3%; dando lugar a una variación compuesta negativa del orden de 2,4%. La inversión estatal subió en la construcción, de un 12% a un 14,2%; dando lugar a una variación compuesta positiva del 8,7%.También el sector privado incrementó su inversión en la construcción, al pasar de un 6,4% a un 10,1%; lo que da lugar a una variación compuesta positiva del orden de 22,5%. ¿Qué pasa entonces con la inversión estatal, que cuenta con mayor disponibilidad de capital? Para responder a la pregunta vamos a considerar la estructura del Presupuesto General del Estado 2014[67].

 

De acuerdo al cuadro de las variables macroeconómicas 2007-2014, la tasa del crecimiento del PIB para el 2006 presupuestado fue de 5%, en tanto que para el 2013 fue presupuestado en el orden del 5,5%; sin embargo, el presupuesto ejecutado fue de 4,6% y de 6,5%, considerando los mismos años. El proyectado para el 2014 fue de 5,7%. Anotamos que el presupuesto ejecutado el 2006 fue 1% menor a lo presupuestado en 2006, en tanto que fue mayor en el mismo porcentaje el 2014. Se proyecta una tasa de crecimiento del PIB de 5.7% para el 2014. La tasa de inflación presupuestada fue de 3,7% para el 2006 y de 4,6% la ejecutada; la misma tasa de inflación presupuestada para el 2013 fue de 4,5% y la ejecutada de 7,5%. Se proyecta una inflación del 5,5% para el 2014. En el 2006, el PIB nominal presupuestado fue de 11.009 millones de U$, en tanto que el ejecutado fue de 13.215 millones de U$; en el 2013, el PIB nominal presupuestado fue de 28.704 millones de U$ y el ejecutado de 29.221 millones de U$.  Para el 2014 se proyectan 31.083 millones de dólares del PIB nominal.

En el cuadro de precios de barril del petróleo 2005-2014, tenemos que la variación del precio por barril osciló entre 65,9 WTI en USD/Bbl y 106,3 WTI en USD/Bbl en el 2012, llegando a 133,9 WTI en USD/Bbl en el 2008, el pico más alto, bajando a un 98,1 U$ por barril en enero de 2013, incluso bajando hasta 71,9 U$ por barril en octubre de 2014. El Presupuesto General del Estado (PGE) manejó un promedio estimado de 74,6 U$ por barril para el 2014; sin embargo a octubre del mismo año bajó a 71,2 U$ por barril; hoy se encuentra por debajo de los 50 U$ por barril.

En los precios de exportación del plomo, zinc, cobre y estaño, también se manifiesta una tendencia a bajar. El estaño osciló entre 4.3 U$ la libra fina, en mayo de 2004 y 8,2 U$ la libra fina en mayo de 2014, pasando por 14,2 U$ la libra fina en enero de 2011, el pico más alto. El plomo osciló entre 0,4 U$ la libra fina y 0,8 U$ la libra fina en mayo de 2014, pasando por 1,7 U$ en septiembre de 2007, el pico más alto. El cobre osciló entre 1,4 U$ la libra fina en mayo de 2004 y 3 U$ en mayo de 2014, pasando por 4,4 U$ la libra fina en septiembre de 2011, su pico más alto. El zinc osciló entre 0,5 U$ la libra fina en enero del 2004 y 0,8 U$ la libra fina en mayo de 2014. La tendencia general es a bajar en el 2015, considerando, empero las diferencias singulares por mineral.

En cambio, los precios de exportación del oro y la plata manifiestan una tendencia a subir. El oro osciló entre 673 U$/oz en junio de 2006 y 1.205,5 U$/oz en diciembre de 2013, pasando por 1.783,7 U$/oz en junio de 2011, su pico más alto. La plata osciló entre 13,4 U$/oz en junio de 2006 y 21,4 U$/oz en marzo de 2014, pasando por sobre los 1.800 U$ en mayo de 2011, su pico más alto.

El cuadro de recaudación de ingresos tributarios 2001-2013 nos ofrece un incremento considerable de las recaudaciones. Se pasa de una recaudación de 7.721 millones de bs. En el 2001 a unos 52.122 millones de bs., en el 2012.  Una variación compuesta del orden del 74% en 11 años; casi siete veces mayor de recaudación; una relación de 1,3 de la suma respecto a su diferencia, que sería como el indicador lo que no varió. El aporte mayor es la participación de la recaudación tributaria, respecto al IDH y al IEHD; en el 2012 la recaudación tributaria llegó a 37.563 millones de bs., en tanto que el aporte del IDH fue de 12.111 millones de bs., el del IEDH fue de 2.448 millones de bs. El 72% del aporte en recaudaciones le corresponde a la recaudación tributaria, el 23% al IDH y el 5% al IEDH.

El ingreso por concepto de hidrocarburos, comprendiendo el IDH y las regalías, llegó a los 19.277 millones de bs., en el 2012; siendo el aporte del IDH de 12.111 millones de bs., y de 7.166 millones de bs., el aporte por concepto de regalías; es decir, el 23% de aporte le corresponde al IDH y el 14% le corresponden a las regalías.

Las transferencias del Tesoro General del Estado fueron del monto de 23.010 millones de bs., en el 2012, correspondiéndole 7.860 millones a las gobernaciones, 11.499 millones a los municipios y 3.200 millones a las universidades; es decir, el 34% de transferencias van a las gobernaciones, el 52% a los municipios y el 14% a las universidades.

Tomando en cuenta el presupuesto general del Estado agregado y consolidado; el agregado fue para el 2013 de 228.285 millones de bs, y de 172.121 millones de bs., el consolidado; para el 2014, el agregado llegó a 259.439 millones y el consolidado a 195.410 millones.  Hablamos de una variación simple del 14%.

Del cuadro PGE agregado y consolidado para el 2014 por nivel institucional, se ha destinado el 23% del PGE consolidado a la administración central, el 10% a las entidades descentralizadas, el 44% a las empresas públicas, el 6% a los gobiernos departamentales, el 10% a los gobiernos municipales, el 2,7% a las universidades públicas, el 2,8% a la seguridad social y el 1,2 % a las actividades financieras.

El cuadro del presupuesto consolidado de recursos, del sector público, acumuló 195.410 millones de bs., en el 2014. De los cuales el 64% corresponde a ingresos corrientes, el 1% a ingresos de capital y el 35% a fuentes financieras. En lo que respecta a ingresos corrientes, el 34% corresponde a ingresos de operaciones, el 29% a YPFB, el 5% al resto, el 1% a venta de bienes y servicios de la administración pública, el 22% a ingresos tributarios, el 2% a contribuciones de la seguridad social y el 4% a otros ingresos corrientes. En lo que corresponde a ingresos de capital, el total corresponde a donaciones de capital. En lo que respecta a fuentes financieras, el 3% corresponde al financiamiento externo, el 32% a otras fuentes internas, el 14% a YPFB y el 18% al resto.

El presupuesto consolidado de gastos, del sector público, en el 2014, destinó el 56% a gastos corrientes, el 22% a gastos de capital y el 23% a uso de fondos. En lo que respecta a gastos corrientes, el 14% se destinó a sueldos y salarios, el 4% a las direcciones departamentales, el 10% al resto institucional, el 2% a aportes a la seguridad social, el 30% a bienes y servicios, el 20% a YPFB, el 11% al resto de gastos, el 1% a intereses de la deuda interna, el 1% a intereses de la deuda externa, el 3% a prestaciones de la seguridad social, el 3% a transferencias corrientes al sector privado, el 3% a transferencias corrientes al sector público, el 1% a otros gastos corrientes. En lo que respecta a gastos de capital, el 17% corresponde a la formación bruta de capital fijo, y el 4% a otros gastos de capital. En lo que respecta a uso de fondos, el 1% corresponde a la amortización de la deuda pública externa, el 21% a otras aplicaciones financieras, el 10% a YPFB y el 11% al resto.

En el presupuesto consolidado de gastos en sueldos y salarios y formación bruta de capital, de 2005-2014, tenemos dos curvas ascendentes, la de formación bruta de capital un poco por debajo de la curva de sueldos y salarios, ente 2005 y 2011, quedando por encima la primera curva respecto a la segunda, entre 2011 y 2014, produciéndose un punto de cruce en el año 2010. ¿Qué quiere decir este cuadro? ¿Cómo interpretarlo? Los montos destinados a la formación bruta de capital pasaron de 5.078 millones de bs., en el 2005, a 33.715 millones de bs., en el 2014; los montos destinados a sueldos y salarios pasaron de 7.379 millones, en el 2005, a 27.922 millones, en el 2014. Se ha pasado de una variación compuesta del 18% a una del 9%, del 2005 al 2014, y de una variación simple del 31% a una del 20%, del 2005 al 2014, comparando las curvas respecto a la formación bruta de capital. En todo caso, se puede decir, que se gasta tanto en formación bruta de capital como en sueldos y salarios, salvando las diferencias que hemos mencionado.  En otras palabras se invierte en formación bruta de capital 1,20 bolivianos por cada boliviano que se gasta en sueldos y salarios. ¿Ha cambiado la política presupuestaria? Este comportamiento nos dice que no, sobre todo cuando se trata de invertir para la industrialización; sigue siendo el perfil de un presupuesto de un Estado rentista.

Otro cuadro sugerente es el del presupuesto de gastos corrientes, del 2005-2014. El 2005 se gastaba en gastos corrientes lo que corresponde al 28,7% del PIB, en tanto que el 2014 se gasta el 51% del PIB por este concepto, pasando por un pico de casi el 58% del PIB de gastos corrientes en el 2009. Estos datos corroboran nuestra interpretación de que se trata de un perfil de presupuesto de Estado rentista, muy lejos de un presupuesto destinado a la industrialización, como manda la Constitución.

Teniendo en cuenta que el concepto de gasto de capital implica erogaciones destinadas a la adquisición o producción de activos tangibles e intangibles y a inversiones financieras en la entidad pública, que incrementan el activo del sector público y sirven como instrumentos para la producción de bienes y servicios, vamos a revisar el cuadro del presupuesto consolidado de gastos de capital, 2005-2014. En el lapso de tiempo se pasó de una inversión de 9.566 millones de bolivianos a 42.815 millones de bolivianos; hablamos de una variación compuesta de 63%; lo que significa que la inversión se cuadruplicó, pasando incluso el 2014 el cuádruple de la inversión en 2005. Sin embargo, no hay que olvidar que hablamos del 9% del PIB en el 2005 y del 20% del PIB en el 2014.

La inversión pública proyectada por sector económico para el 2014 fue de 4.519 millones de bolivianos; de los cuales corresponde a la inversión en infraestructura 1.695 millones de bs., 1.530 millones en sectores productivos, 1.114 millones en inversión social y 140 millones en inversión multisectorial. Entonces el 37,5% corresponde a infraestructura, el 34% a inversión productiva, el 25% a inversión social y el 3% a inversión multisectorial. La variación compuesta entre la inversión productiva y la inversión en infraestructura es de -5%, y de 14% entre la inversión productiva y la inversión social. La variación compuesta entre la inversión productiva y el conjunto de la inversión pública es de -49%. Si bien se puede considerar que toda esta inversión pública redunda en la producción, no es una inversión directa en la producción; también la inversión en infraestructura puede redundar en la expansión del comercio y de los servicios, sin necesidad que impacte mejor en producción. Todo depende de las articulaciones, integración y composiciones de la estructura económica y de sus dinámicas. Por eso, mientras no se mejore la inversión productiva, no sólo cuantitativamente, sino cualitativamente, creando las condiciones de posibilidad material, tecnológica y científica de la absorción productiva, lo que se llama inversión productiva resulta solo una contabilidad y no una dinámica.

Pasando a los proyectos de inversión pública, correspondientes al 2014, tenemos que de los 1688 millones de U$,  el 8,6% se destina a la planta de urea y amoniaco de Carrasco; el 4,4% a la planta de extracción y fraccionamiento de licuables, ubicada en Tarija; el 2,8% a la doble vía La Paz-Oruro; el 2,6% al transporte por cable teleférico La Paz-El Alto; el 2% a las obras de vía férrea Montero-Bulo Bulo; el 1,8% a la planta de gas natural licuado para el abastecimiento del norte de Bolivia; el 1,6% a la planta de San Buena Aventura de  La Paz; el 1,6% a las redes de gas 39k, en Santa Cruz; el 1,1% a las redes de gas domiciliario; el 1% a la carretera cruce Condo-K-Huancarani-Uyuni; el 0,9% al componente hidroeléctrico Misicuni; el 0,8% a las líneas de transporte Cochabamba-La Paz; el 0,7% a las redes de gas de Cochabamba;  el 0,7% a las plantas de etileno y polietileno, en la provincia del Gran Chaco; el 0,6% al programa social madre-niño; el 0,5% al acceso vial Los Lotes-Planta Río Grande; el 0,5% a la Planta Ravelo-Lluchu-Chacapuco; el 0,5% a  la Ciudad UNASUR San Benito-Cochabamba; el 0,5% a la carretera Ixiamas-San Buena Aventura; el 0,5% a la carretera Potosí-Tarija; el 0,4% a la carretera Paracaya-Aiquile; el 0,4% al aeropuerto internacional Alcantari; el 0,4% a la carretera Zudañes-Padilla-Monteagudo-Ipati; el 0,4% al Aeropuerto internacional de Chimore; el 0,4% al desarrollo integral de salmuera del Salar de Uyuni; el 0,4% a la carretera Zudañes-Padilla, en Chuquisaca; el 0,4% a las redes domiciliarias en La Paz; el 0,3% al programa de conversión de gas natural vehicular; el 0,3% a la carretera Ququibey-Yucumo; el 0,3% al pavimento del tramo Santa Barbara-Quiquibey. Hablamos de un subtotal de proyectos que abarcan el 37% de la inversión pública; quedando el 63% para el resto de proyectos. Se puede decir que de esta inversión cerca del 50% tiene que ver más directamente con la inversión productiva; nos referimos a 834 millones de dólares.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Plano de intensidad económico boliviano[68]

 

No vamos a hacer un balance, mas bien, nos vamos a basar en un balance hecho, Bolivia: perfil económico[69], para interpretar y explicar este perfil económico, la estructura económica y sus cartografías y genealogía extractivistas y dependientes. El balance del perfil económico de Bolivia ha empleado indicadores macroeconómicos, por lo tanto conceptos macroeconómicos; en Cartografías histórico-políticas[70] se desplegó la interpretación desde la crítica de la economía política generalizada[71]. Ahora, vamos a retomar la perspectiva móvil de ésta última, teniendo como referencia el balance descriptivo mencionado.

 

La caracterización que se hacía de Bolivia como país capitalista atrasado y dependiente no es suficiente para dar cuenta del acontecimiento Bolivia[72]. Menos las caracterizaciones derivadas de la macroeconomía, como país de economía primario exportadora. Se requiere comprender la complejidad del acontecimiento Bolivia, la comprensión de la multiplicidad de singularidades, que hacen momentos singulares, periodos singulares, así como también a regiones singulares, a territorialidades singulares y a formaciones sociales singulares, componentes del acontecimiento Bolivia. Entonces hablamos de plurales planos y espesores de intensidad, que se articulan, se conectan, hilan tejidos espacio-temporales-sociales-territoriales, configuran perfiles, estructuras y formaciones, sometidas a sus propias mutaciones en el acontecimiento en devenir.

 

 

Las contradicciones

 

Se puede decir que es alrededor de 7 mil millones de dólares el monto de la formación de capital y de la disponibilidad de la formación de capital bruto fijo. En relación al PIB, conforma el 23% de la valorización de la producción anual. Empero, sólo se han invertido el 22% de este monto estrictamente en lo que se puede considerar proyectos productivos.  En otras palabras, se tiene acceso a la disponibilidad de capital, a la formación de capital bruto fijo, en la magnitud mencionada; empero, se invierte productivamente sólo una parte no sobresaliente de este monto en la inversión propiamente productiva. Lo demás se usa de una manera no-productiva; entonces se lo hace, siguiendo el modelo de interpretación, de una manera rentista. ¿Cómo explicar este comportamiento y este uso?

 

La explicación se encuentra en el plano de intensidad económico, entrelazado con el conjunto de los planos de intensidad con los que intersecta. Se trata de un plano de intensidad económico cuya composición define un perfil dependiente, basado en una economía extractivista y en una administración rentista. No se puede orientar la disponibilidad de capital de inversión a la producción; es decir, a la generación de capital bruto fijo, pues la lógica efectiva no es la sustitución de importaciones, sino la expansión extractivistas, aprovechando la coyuntura de precios altos de las materias primas. Si el gobierno popular hubiera tomado en serio eso de la industrialización su obligación sería la inversión productiva. Sin embargo, revisando las estadísticas de inversión, sobre todo la dedicada a la producción, se observa una inversión desordenada, diseminada, no concatenada, una inversión sin proyección planificada. Se invierte, considerando lo poco que se invierte, en el ámbito productivo por inercia o por mostrar esta inversión ante la opinión pública; en el mejor de los caso, intentando, improvisadamente, generar un recorrido que pueda ser productivo.

 

Lo que pasa es que en la interacción entre los planos de intensidad social, el plano de intensidad político incide en el plano de intensidad económico, orientando su decurso en la satisfacción de la demanda rentista. No interesa el largo plazo, sino el plazo inmediato de demanda de recursos, para cubrir el déficit administrativo. No interesa la estrategia de industrialización, salvo como retórica, sino la estrategia provisional de captar la atención ciudadana, sobre todo la atención de la población electoralmente activa. La simulación se hace efectiva en estas conductas políticas, que terminan, lamentablemente incidiendo en el plano de intensidad económico, orientándolo a convertirse en la plataforma de generación de recursos para cubrir las demandas administrativas.

 

Viendo la configuración descriptiva del plano de intensidad económico, se puede observar que se da como un equilibrio entre tres componentes de la estructura económica; para resumir, diremos que se presentan el campo productivo (34%), el campo de los servicios (12%) y el campo administrativo (26%). Los tres campos son más o menos equilibrados, sus pesos específicos se contrarrestan, estableciendo una cierta equivalencia tripartita. Empero, el tema es: ¿hasta qué punto los tres campos se complementan, interactúan fortaleciéndose mutuamente, sobre todo fortaleciendo la iniciativa productiva?  En esta perspectiva, vemos que esto no ocurre, vemos que los tres campos funcionan más o menos independientemente como compitiendo. Sobre todo compitiendo por la cuota presupuestaria. El resultado es categórico, se merma preponderantemente la inversión productiva, si es que esta es la estrategia; por lo menos, lo es discursivamente.

No sólo estamos ante una economía extractivista, ante un Estado rentista, sino ante una opción por la inversión política, inversión destinada al impacto coyuntural, al impacto publicitario; entonces, se explica, de que no se trata de la valorización del valor, lógica capitalista, del modo de producción capitalista, sino de la valorización política del voto. ¿Funcionan o no funcionan de este modo las sociedades abigarradas, extendiéndonos, las sociedades del mundo contemporáneo? Tal parece, que la tendencia mundial, con todas sus variantes, es ésta. Las potencias industriales invierten en la industria de guerra, las potencias emergentes invierten en la industrialización y en las revoluciones tecnológicas y cibernéticas, los estados periféricos invierten en potenciar su base de legitimación, para poder sostener sus políticas extractivistas.

 

En estas condiciones es mucho menos viable la estrategia de industrialización en países periféricos, pues la gravitación de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, más condicionante que antes, privilegia estas tendencias con la demanda y la subida de los precios de las materias primas. Estas tendencias también se refuerzan por los problemas de legitimación de los gobiernos de los estados periféricos, que requieren la aquiescencia de sus pueblos. Aquiescencia que obtienen mediante el impacto de bonos, asistencias, políticas coyunturales sociales. La industrialización ha quedado en la retórica, salvo en las potencias emergentes, que han heredado, en la división del trabajo internacional, la responsabilidad de la inversión de largo plazo, mientras que las potencias industriales tradicionales transfieren las industrias pesadas a las potencias emergentes, quedándose con las tecnologías de punta.

 

Entonces el perfil del plano de intensidad económico boliviano se explica por la inversión política y por los condicionamientos contemporáneos de la división del trabajo internacional del modo de producción capitalista, de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, que delegan al país la tarea de garantizar la exportación de las materias primas requeridas por la maquinaria productiva mundial del capitalismo.     

 

Después de las reflexiones sobre el concepto de capitalismo de Estado y el análisis descriptivo del perfil económico boliviano, pasaremos consideraciones críticas histórica-políticas de las nacionalizaciones en el capitalismo de Estado de los países periféricos, capitalismo de Estado en su acepción más restringida y provisional, menos teórica y más metafórica, en el sentido del populismo latinoamericano

 

 

 

 

 

La nacionalización de la Gulf Oil[73]

 

Los últimos gobiernos del MNR del periodo de la revolución nacional (1952-1964) entregaron las reservas de gas e hicieron concesiones petrolíferas a la empresa trasnacional norteamericana Gulf Oil, afectando al propio desarrollo de YPFB, empresa estatal de los hidrocarburos. El gobierno del MNR firmó el Código Davenport, Código del Petróleo oneroso para los intereses del país, que afectaba la soberanía del Estado sobre los recursos hidrocarburíferos. ¿Por qué hizo esto un partido que había firmado las nacionalización de la minas? Hay que tomar en cuenta que la nacionalización de las minas, tampoco la reforma agraria, se encontraba en el programa del MNR. Ambas medidas se encontraban en el programa del PIR y en el programa del POR. Se hicieron carne en los sindicatos mineros y en las organizaciones campesinas en sus largas luchas contra “Súper Estado Minero” de los “Barones del Estaño”, en las luchas y resistencias contra el latifundio y el avasallamiento a tierras comunitarias. Cuando el golpe de Estado planeado por el MNR se convirtió en una insurrección popular, los acontecimientos se desbordaron y rebasaron las perspectivas del MNR. Destruido el ejército, después de tres días de guerra civil, en abril de 1952, las milicias obreras y campesinas tenían el control de las fuerzas armadas insurreccionales. Fue la COB la que impuso la nacionalización de las minas, fue también el levantamiento campesino y la toma de tierras lo que obligó al MNR adelantar la reforma agraria, que quería hacerla de una manera burocrática. Como dice Sergio Almaraz Paz, el pueblo insurrecto vencedor encontró en la calle al MNR y se lo llevó de los cabellos al palacio de gobierno[74].           

El MNR había ganado las elecciones de 1951, empero la oligarquía “minero-feudal”, que era como se caracterizaba a la alianza de propietarios mineros y terratenientes, recurrió al golpe para evitar el ascenso al poder por parte del MNR, que era un partido nacionalista, que ya había participado en el gobierno de Gualberto Villarroel. Gobierno, derrocado por un cruento golpe que coaligaba al PIR, partido de izquierda, y a la rancia oligarquía “minero feudal”. El PIR justificaba el golpe con la formación de un supuesto “frente popular”, al estilo de los dados en Europa, enfrentado, en Bolivia, a un a supuesto fascismo, encarnado en Razón de Patria (RADEPA), que era la organización de militares nacionalistas partícipes de la guerra del Chaco. Esta apreciación des-contextuada de la realidad histórico-política-económica boliviana llevó al PIR a aliarse con la odiada oligarquía criolla. El golpe terminó con la vida y el colgamiento de Gualberto Villarroel. Este error garrafal del PIR le valió su vida política, fue su muerte política. Uno de los partidos más grandes de la izquierda boliviana, de influencia en los sindicatos de los trabajadores y en las universidades, terminó comprometido en un golpe de Estado que, al final, defendía los intereses de los “Barones del Estaño”, de la burguesía minera, con la que se enfrentaba el gobierno de Gualberto Villarroel. Del PIR nace el Partido Comunista (PC), fundado por Sergio Almaraz Paz, uno de los militantes de la juventud del PIR más brillantes, dirigente de la célula Lenin. La fundación del Partido Comunista contó, en principio, con jóvenes militantes; después viejos militantes del PIR pidieron su ingreso. En el comité central se compartió entre jóvenes y viejos militantes; los viejos terminando expulsando a Sergio Almaraz Paz, supuestamente por su desviaciones nacionalistas, además por leer más a Camus que a Konstatinov[75]. Sergio Almaraz Paz ingresó al MNR.

Otro partido de izquierda marxista era el Partido Obrero Revolucionario (POR), de tendencia Trotskista, también de influencia en los sindicatos mineros, incluso más que el PIR en lo que respecta a la influencia “ideológica”. Esto se ve en la aprobación de la Tesis de Pulacayo, tesis elaborada desde la perspectiva de la revolución permanente y la tesis de transición. También militantes trotskistas deciden ingresar al MNR, bajo la justificación de la táctica de “entrismo”, puesto que las masas estaban con el MNR, en pleno proceso de la revolución nacional en curso. Después de esto, prácticamente el joven militante e intelectual de los distritos mineros, Guillermo Lora, se quedó a cargo del POR. Siguió la línea de la independencia de clase y de crítica proletaria a lo que consideraba era una revolución burguesa. Con todo, se puede ver la inmensa agitación en las filas de la izquierda y en los sindicatos obreros ante la exigencia de las coyunturas políticas al inicio de la revolución nacional. El MNR se auto-identificó como un partido poli-clasista, más o menos un frente amplio; por eso fue un partido donde se trasladaron las tensiones de la lucha de clases, de las tendencias inherentes sobre la conducción de la revolución, la administración de las empresas nacionalizadas, la reforma agraria y la perspectiva política de la misma revolución. Más tarde, cuando las crisis del partido arreciaron, el partido se dividió, de acuerdo a sus tendencias y composición de clase. EL Partido Revolucionario de Izquierda Nacional (PRIN), se conformó sobre la base de la influencia en la COB y en los sindicatos de trabajadores, que tenían como líder al carismático Juan Lechín Oquendo. El Partido Revolucionario Auténtico (PRA) se conformó desde el ala derecha del MNR, liderada por Walter Guevara Arce, quién había redactado la Tesis de Ayopaya en contraposición a la Tesis de Pulacayo.

Teniendo en cuenta este panorama, se puede ver que el MNR, siendo un partido populista nacionalista, también una especia de frente amplio, en la medida que se fue consolidando como gobierno y fue equilibrando las fuerzas. Equilibrando el peso entre milicianos, policía y ejército. En la medida que fue estructurando el aparato burocrático administrativo, las tendencias más conservadoras fueron ganando terreno en la conducción del partido y el gobierno. Este proceso de derechización puede ser interpretado a partir de una hipótesis un tanto exagerada, que, empero, esclarece el comportamiento del partido nacionalista. Se puede decir que el MNR en la medida que logró consolidarse en el poder quiso corregir lo que en el fondo consideraba errores políticos precipitados, la nacionalización de las minas y la reforma agraria, por lo menos en su forma. Sin embargo, esta hipótesis se acerca mucho a la tesis de la conspiración, esta vez desde dentro. Cosa que descartamos, pues la dinámica política es mucho más compleja que las conspiraciones.

Al respeto, hay que tener en cuenta la enseñanza histórica, en la medida que las revoluciones no se profundizan. La retracción comienza en un momento, a partir de un punto de inflexión, pues no pueden quedar como en el medio, estancadas; a partir de ese momento se genera el curso regresivo, conservador, incluso autodestructivo. También hay que tener en cuenta el contexto internacional; al gobierno Estadounidense no dejan de preocuparle estas rebeliones, reformas y revoluciones nacionalistas, las asocia con las revoluciones socialistas, sobre todo en América Latina después de la revolución cubana; en principio y en parte inspirada en la revolución de 1952, después decidiendo el curso socialista, empujada por la política intransigente e intervencionista norteamericana. Sobre todo desde el gobierno de J. F. Kennedy se decide contrarrestar la influencia comunista en Latinoamérica; se crea la “Alianza para el Progreso”, un programa continental asistencialista, y se interviene de una manera más asidua y detallada en los gobiernos latinoamericanos. En el caso boliviano se tiene especial atención. Desde esta perspectiva se puede decir que los gobiernos del MNR van a ser absorbidos a la influencia estadounidense, en plena guerra fría con el bloque socialista.

De todas maneras, los gobiernos del MNR no dejaron de experimentar tensiones y contradicciones, a pesar de la influencia estadounidense y el papel que empezó a jugar la embajada norteamericana en las decisiones políticas; creían que defendían la minería nacionalizada entregando el petróleo y el gas a los norteamericanos[76]. Este comportamiento devela el carácter del partido populista y nacionalista; no tenía una comprensión integral del significado histórico político de las nacionalizaciones, de su efecto de irradiación estatal. Creyó que bastaba cumplir con la nacionalización de las minas, nacionalización que también fue saboteada por la entrega de 23 millones de dólares a los “Barones del estaño” – como indemnización -, descapitalizando a COMIBOL, acompañada por una administración corrupta y clientelar. Las masas insurrectas llevaron al MNR al poder; sin embargo, el MNR nunca supo por qué. Creía que se lo merecía por haber ganado la elecciones de 1951. Nada más equivocado, una cosa es llegar al gobierno por elecciones y otra por una insurrección popular, los objetivos de las masas ya no eran los mismos que los del MNR; buscaban la emancipación social y la liberación nacional.

No se puede hacer una revolución a medias, esta cae, precisamente por indecisión y ambivalencia. No se puede tener una concepción parcial de las nacionalizaciones, sin entender la lucha mundial de los pueblos de los países periféricos por la independencia económica, la liberación nacional y la emancipación social. La nacionalización es un acontecimiento histórico-político de irradiación estatal. Los estados al hacerse cargo de sus recursos naturales soberanamente transforman los campos políticos y los campos burocráticos, transforman el mapa institucional. Las nacionalizaciones no sólo recuperan el excedente para el país, si es que logran recuperar todo el excedente que se genera en el país, aunque escape a su control el efecto multiplicador de la acumulación de capital, que se realiza en el mundo, con las materias primas explotadas en el propio país; las nacionalizaciones llegan a generar una idea distinta de Estado. Se trata de la idea de Estado ligada al subsuelo, ligada a los recursos hidrocarburíferos y minerales; un Estado que se constituye en una relación íntima con los yacimientos. Se trata de la idea de un Estado que emerge de las vetas minerales y de los yacimientos hidrocarburíferos. Es una idea que contraviene al contractualismo liberal, que otorga incluso el subsuelo en condición de propiedad privada a las empresas, como ocurre en los Estado Unidos de Norte América. Es la nación la propietaria, como en el caso de México desde la nacionalización del petróleo en el gobierno de Lázaro Cárdenas; es el Estado el propietario, como en el caso de Bolivia, desde la nacionalización de la Stantard Oil; es el pueblo boliviano, desde la promulgación de la Constitución. En el último caso, la propiedad colectiva le da un carácter de propiedad comúnpropiedad del común, de todos; lo que a su vez le quita el carácter de propiedad y lo acerca al de disfrute equilibrado de los bienes comunes. Entonces se trata de un Estado que se genera no sólo desde el campo político y como campo burocrático, sino que genera un campo de interacción con los recursos naturales, en el caso de las anteriores constituciones, o un campo de interacción con la naturaleza, en el caso de la última Constitución. Esta idea es sumamente sugerente pues la matriz de los campos político, cultural, simbólico, económico y burocrático, no es sólo el campo social, sino un campo social geográfico y geológico, por así decirlo, de interacción con los recursos naturales y con la naturaleza. Este campo es, mas bien, inmanente, como el planómeno de Gilles Deleuze y Félix de Guattari[77]. Que este campo sea “real”, en el sentido de la materialidad social, depende de las transformaciones institucionales y estructurales del Estado. Es una idea presente y difusa en torno a las nacionalizaciones. Idea que queda arrinconada después del entusiasmo de las nacionalizaciones, cuando los burócratas se hacen cargo de las negociaciones y vuelven a convertir los recursos naturales en una mercancía.

El caso de la nacionalización de la Gulf Oil, es un ejemplo de este acontecimiento no sólo de soberanía nacional sino de propiedad pública ligada a los yacimientos hidrocarburíferos, a su control y recorridos en los mercados, en los ductos y en las formas de consumo. El entusiasmo inicial corrobora un sentimiento colectivo de soberanía. El boicot posterior de la Gulf Oil, usando todos los dispositivos a su alcance, intentando detener la construcción del gaseoducto a la argentina y la venta de petróleo a ese país, adjudicándose la propiedad del petróleo y del gas, así como de los yacimientos concesionados. Usando su influencia en el país con políticos, medios de comunicación y personeros del gobierno oportunistas o, en su caso “pragmáticos”. Estos usos del poder disponible muestran que la lucha por el control de los recursos naturales, entre los pueblos y las empresas trasnacionales, no culmina con la nacionalización sino que continúa después, donde entran al conflicto los términos de la indemnización de por medio, el control de los flujos cuando salen del país, el control de los mercado y la decisión de los gobiernos involucrados, además de los organismos internacionales de financiamiento[78].

La nacionalización de la Gulf Oil del 17 de octubre de 1969 fue, en los hechos, desde una mirada histórica, observando los ciclos largos del capitalismo, donde se contienen los ciclos de explotación de los recursos naturales, además de los periodos políticos, una medida que continua la perspectiva histórica y política de la nacionalización de la Standard Oil y la nacionalización de las minas. Aunque se lo haya hecho en otro gobierno, después del interregno del gobierno militar, que barre con el último gobierno de la revolución nacional (1964-1966), interregno que comprende al gobierno electo del general René Barrientos y Siles Salinas, que continuaron la política entreguista de los hidrocarburos de los últimos gobiernos del MNR, del periodo de la revolución nacional. Esto plantea problemas teóricos; la continuidad de la lucha no está garantizada por los gobiernos sino por la estabilidad y continuidad de las medidas, en este caso de las nacionalizaciones. Acontece algo así como un meta-gobierno que atraviesa a los mismos gobiernos, aunque aparece de manera intermitente, que se efectúa como una doble irradiación estatal, en tanto soberanía y en tanto transformación estructural del mismo Estado. Se trata también de acontecimientos políticos y sociales, definidos por el carácter democrático, de ampliación de derechos democráticos, profundización de la democracia y participación popular.

Ciertamente la fase del entusiasmo y de las transformaciones no es perdurable, paradójicamente son los mismos gobiernos nacionalizadores los encargados en comenzar el amortiguamiento del impacto de la nacionalización, presionados por los dispositivos de poder de las empresas trasnacionales, los estados imperialistas, las estructuras y relaciones de poder distribuidas en el orbe y la región de dominio. La nacionalización de las minas indemnizó a los “Barones del estaño”, aunque estos eran los verdaderos deudores del país, por el saqueo, los minúsculos impuestos que pagaban al Estado, el haberse enriquecido exorbitantemente a costa del pueblo y de los recursos minerales, propiedad del Estado, y haber extranjerizado el capital acumulado. La nacionalización de la Gulf Oil terminó indemnizando a la empresa del petróleo norteamericana; el propio general Ovando Candia se comprometió hacerlo. Es cuando el ministro Marcelo Quiroga Santa Cruz renuncia, pues no estaba de acuerdo con las condiciones y los montos exigidos por la empresa; más tarde es el gobierno de facto del General Banzer el que accede pagar una indemnización cada vez mayor y de acuerdo a los requerimientos de la Gulf Oil.

Este tema de la indemnización, después de la nacionalización, nos muestra el control que tienen todavía las empresas trasnacionales, incluso después de efectuada la expropiación. El obtener ganancias con la indemnización no solamente depende de los controles de la empresa trasnacionales, de los monopolios que tiene, de la capacidad de coerción y chantaje que pueda realizar, sino también de lo que llamaremos los hombres de las trasnacionales en el propio gobierno nacionalizador. Tan fuerte es la presión de la empresa trasnacional afectada que termina formándose como una tendencia a buscar resolver el problema de la indemnización lo antes posible. A pesar de las auditorias que muestran otras cifras, a pesar de los incumplimientos de la empresa, de los fraudes descubiertos, de las multas a las que se debe someter, algunos funcionarios tienden a dirimir con la empresa trasnacional, aceptando una negociación que afecta los intereses del Estado. ¿Por qué se lo hace? No tienen el mismo perfil estos funcionarios pusilánimes; por un lado, están los “pragmáticos”, que optan por una solución rápida; por otro lado, están los de un dudoso comportamiento, sobre todo por su afinidad con los intereses de la empresa trasnacional. En el medio está toda clase de posiciones ambiguas. En contraste son estas disposiciones diletantes, se encuentran los que quieren llevar consecuentemente la nacionalización, evitando que la empresa expropiada se salga con las suyas, buscando hacer cumplir   las normas de la nacionalización y las leyes del país, evaluando las inversiones y el comportamiento de la empresa, sacando las consecuencias de las auditorias. Los resultados dependen de cuál de los grupos tiene más peso en la toma de decisiones. Lastimosamente los grupos “pragmáticos” y los afines a la empresa trasnacional terminan teniendo muchas veces mayor peso que el grupo de los consecuentes. Esto conduce a la descapitalización de la empresa estatal y a llevarla a situaciones comprometedoras en los escenarios operativos, técnicos y comerciales en los que tienen que desenvolverse.

Por eso el curso de las nacionalizaciones es dramático; comienzan recuperando los recursos naturales para el Estado, la nación, el pueblo, produciendo un efecto estatal de control soberano y de administración autónoma de los recursos naturales, un efecto estatal que implica la nacionalización del mismo Estado y del gobierno, transformando sus composiciones y estructuras, vinculando su porvenir al rumbo de los recursos naturales y de los yacimientos. El Estado se vuelve un Estado minero y/o petrolero, su economía está íntimamente ligada a la explotación, producción y comercialización minera e hidrocarburífera. Gran parte de la administración recae en la administración de estos flujos y del excedente. La economía estatal, conformada por las empresas estatales, cobra gravitación en la estructura económica, dinamizan el funcionamiento de todas las formas de organización económica. El perfil de la economía se puede definir como el de un capitalismo de Estado. No es que todo el campo económico sea estatal o público, sino que el centro gravitatorio del campo económico es el Estado; es decir, la economía manejada por el Estado, las empresas públicas. 

En la misma perspectiva anterior, la de efectuar una genealogía de las nacionalizaciones en el capitalismo de Estado, vamos a abordar las historias efectivas de estas nacionalizaciones.

 

 

La genealogía de las nacionalizaciones[79]

 

La historia de los hidrocarburos en Bolivia está vinculada a la historia dramática de sus insurgencias y de sus actos heroicos, a los procesos de nacionalización, en contraste con los periodos de apertura y de concesiones al gran capital de las empresas trasnacionales. Hay que seguir esta historia en el devenir de tres nacionalizaciones, la de 1937, después de la Guerra del Chaco, la de 1969, durante el gobierno del general Ovando Candía, y la de 2006, en el primer año y la primera gestión del gobierno de Evo Morales.

En un sentido homenaje al Ingeniero Enrique Mariaca, homenaje que se encuentra en una revista de Jubileo, dedicada a la nacionalización de los hidrocarburos, reproduciendo las Memorias del insigne ingeniero ligado al destino de los hidrocarburos en Bolivia, en la introducción la de las memorias se  escribe:

Al mediodía del 14 de junio de 1935, bolivianos y paraguayos dejaron caer sus armas para darse un abrazo emotivo, en medio de un llanto sin rencor. La Guerra del Chaco había llegado a su fin, pero no era la última batalla de los patriotas en la defensa del petróleo[80].

Dos años más tarde se nacionalizaba a la empresa concesionaria Standard Oíl por incumplimientos múltiples y estafa al Estado boliviano. Entre los acuerdos que tenía con el Estado era el abastecimiento del mercado interno, que nunca cumplió. En la misma revista, en la parte de las memorias del Ingeniero Mariaca, el autor de las mismas interpreta la situación del modo siguiente:

Sin embargo, el abastecimiento del mercado interno no fue prioritario para la Standard Oíl que buscó, principalmente, obtener información valiosa sobre el potencial hidrocarburífero del país, a objeto de preservar reservas hidrocarburíferas a futuro ya que, en ese tiempo, contaba con importantes volúmenes de producción en el ámbito mundial. Toda esta información geológica, junto con los datos de las inversiones realizadas dentro del contrato de concesión, no fue entregada al gobierno boliviano para su aprovechamiento. Además, Bolivia debía importar desde Perú el combustible necesario para el consumo interno, el cual, irónicamente, era producido y comercializado por la misma Standard Oíl en Perú. Este conjunto de irregularidades, además del incumplimiento del pago de regalías y patentes, la resistencia a ingresar en etapas de producción y las denuncias presentadas sobre exportaciones ilegales de petróleo del campo Bermejo hacia Argentina –donde también la empresa tenía concesiones– ocasionaron que en marzo de 1937, durante el gobierno del general David Toro, se decidiera la caducidad de todas las concesiones de la Standard Oíl en territorio boliviano y la reversión total de sus bienes a favor de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), empresa estatal creada el 21 de diciembre de 1936. Finalmente, en 1942, luego de varias solicitudes presentadas, y a cambio de la información geológica obtenida por la Standard Oíl durante el tiempo de permanencia en Bolivia, se llegó a un acuerdo de indemnización por un millón de dólares aproximadamente, equivalente a unos sesenta millones de dólares en la actualidad[81].

Estas situaciones de enfrentamientos entre Estado y empresas trasnacionales de los hidrocarburos va volver a repetirse, sobre todo por el comportamiento sinuoso de las empresas, acostumbradas a manejar los negocios, los altos negocios, los negocios estratégicos, como es este del petróleo y del gas, como creen que se debe, imponiendo la ley del más fuerte. Si no imponen sus propias normas internacionales, que siempre les favorece, transgreden las propias normas nacionales. Siempre buscan el sobre-beneficio, la ganancia extraordinaria en todos los detalles, en todas las transacciones, y cuando pueden ocultan información. Ante sus jugadas, todos los conquistadores y piratas se quedan pequeños. Han ocasionado guerras por todas partes, como en el caso de la Guerra del Chaco y siguen haciéndolo.  Esta historia de trampas se vuelve a repetir con la Gulf Oíl treinta años más tarde.

El ingeniero Mariaca escribe:

El 26 de septiembre de 1969, el General Ovando Candía asumió la Presidencia de la República y casi inmediatamente, en fecha 17 de octubre del mismo año, decidió revertir las concesiones de la Gulf Oíl Company al Estado, así como nacionalizar todos sus bienes e instalaciones, incluidos muebles, medios de transporte, estudios, planos, proyectos y todo otro bien, sin excepción alguna. Producto de esta nacionalización, la Gulf Oíl Company entró en disputa con el gobierno boliviano y aplicó un embargo petrolero que impedía a Bolivia la comercialización del petróleo producido y la continuación de la construcción del Gasoducto Bolivia–Argentina, que hasta entonces presentaba un avance de 10%, aproximadamente.

 

En los dos casos, el de la nacionalización de la Standard Oíl en 1937 y el de la nacionalización de la Gulf Oíl en 1969, ambas empresas consiguieron hacerse indemnizar, lo que descapitalizó a la empresa estatal. En la medida que tienen el monopolio del mercado, el monopolio financiero y el monopolio tecnológico, logran chantajear, presionar, efectuar coerción sobre los gobiernos nacionalistas. Ante la eventualidad de no poder vender la producción, se sienten acorralados y ceden.

De la primera nacionalización a la segunda, las reservas comprometidas son mayores, la escala de la economía hidrocarburífera es mayor, así también los compromisos de venta, sobre todo en el caso de la Gulf Oíl, que contaba con reservas gasíferas y con negociaciones de venta de gas a la Argentina. El Estado se hace cargo cada vez de mayores dimensiones del proceso hidrocarburífero, comprendiendo la exploración, la explotación, la separación de líquidos, la industrialización y la comercialización. Por lo tanto la confrontación con los dominios de estas empresas es mayor. La situación de enfrentamiento entre Estado y empresas trasnacionales hidrocarburíferas vuelve a reaparecer en los primeros años del milenio, esta vez haciéndose clara y directa la confrontación entre empresas trasnacionales y pueblo, incluso entre pueblo y gobiernos neoliberales.

Después de seis años de luchas semi-insurreccionales, de procesos desatados por los movimientos sociales autogestionarios, auto- convocados y con vocación al autogobierno, se abre un proceso constituyente, el que irradia el poder constituyente de los movimientos sociales naciones y pueblos indígenas originarios. Se optan por elecciones después de la prodigiosa movilización de mayo y junio de 2005, que toma las ciudades de La Paz, de El Alto, de Oruro y Potosí, culminando con la toma de la capital, Sucre, donde se encontraba sesionando Congreso para tratar una nueva sustitución constitucional. El pueblo movilizado obligó a la extraordinaria sesión del Congreso a la renuncia del presidente del Congreso y del presidente de la cámara baja, habilitando la sustitución constitucional del presidente de la Corte Suprema, quien recibía el mandato de convocar a elecciones.

En adelante transcribimos el balance que hace de la tercera nacionalización la Fundación Jubileo en la revista mencionada[82].

 

Las elecciones realizadas a fines del año 2005 llevan a la presidencia a líder sindical Evo Morales Ayma, quien asumió la Presidencia de la República el 22 de enero de 2006. Entre las primeras medidas que adoptó el flamante gobierno popular fue la promulgación del Decreto Nº 28701 de Nacionalización de los Hidrocarburos “Héroes del Chaco”. El objetivo de esta norma fue recuperar, a favor del Estado, la propiedad y el control absoluto y total de los recursos naturales hidrocarburíferos del país. Además, con la emisión de este decreto, se pretendía que las empresas petroleras que realizaban actividades de producción de gas natural y petróleo entregasen toda esta producción a YPFB, empresa que definiría nuevas condiciones comerciales, aplicando una política de reposición de reservas que no fue aplicada luego del proceso de capitalización.

La medida inmediata más efectiva y más visible de cambio, a propósito de la nacionalización, fue la aplicación, durante un periodo de seis meses, de una participación para YPFB equivalente a 32% del valor de la producción, adicional al pago de 50% que ya se tributaba a partir de la vigencia de la Ley Nº 3058. Hay que aclarar, sin embargo, que esta participación no se aplicaba a todos los campos, sino solamente a aquellos cuya producción de gas natural se encontraba por encima de los 100 millones de pies cúbicos por día, es decir que esta participación se aplicaba prácticamente a los mega-campos San Alberto y Sábalo, operados por la empresa Petrobras Bolivia S.A.

Una segunda medida importante fue la conminatoria para la suscripción de nuevos contratos petroleros, los mismos que debían ser firmados dentro de un plazo máximo de 180 días, en las condiciones establecidas por el Gobierno nacional, caso contrario, las empresas petroleras no podían seguir operando en el país. Para este fin, se instruyó al Ministerio de Hidrocarburos y Energía realizar auditorías petroleras que permitan cuantificar el monto de inversiones que iba a ser reconocido a cada una de estas empresas, así como las amortizaciones, costos de operación y rentabilidad de cada campo.

Con estas medidas se potenciaría a YPFB para que nuevamente, después de tantos años, asuma la operación y administración de toda la cadena productiva de hidrocarburos. De acuerdo con el Decreto de Nacionalización, YPFB debía reestructurarse de manera integral y debía convertirse en una empresa modelo, transparente y eficiente. Lamentablemente ese cambio tan esperado aún no se ha producido, ya que la empresa petrolera todavía se encuentra en una situación muy crítica, con falta de recursos humanos, técnicos y económicos.

La información sobre el sector todavía es muy escasa y los datos que se publican de manera oficial no son presentados de manera oportuna. Respecto a otras determinaciones de esta tercera nacionalización, no se puede dejar de mencionar la transferencia a favor de YPFB, a título gratuito, de las acciones del Fondo de Capitalización Colectiva de las empresas capitalizadas Chaco S.A., Andina S.A. y Transredes S.A., que eran administradas por las AFP. Complementando esta medida, se instruye, como parte de la nacionalización, que YPFB controle, como mínimo, el 50% + 1 de las acciones necesarias en las empresas citadas, además de Petrobras Bolivia Refinación y la Compañía Logística de Hidrocarburos Bolivia.

Con el control de estas empresas se pretendía que YPFB retome las actividades de exploración, explotación, transporte, refinación, almacenaje y comercialización de todos los hidrocarburos en el territorio nacional.

Sin embargo, luego de la promulgación del Decreto de Nacionalización se sucedieron eventos que alteran al mismo proceso de nacionalización:

En septiembre de 2006 se iniciaron las auditorías a las empresas petroleras a cargo del Ministerio de Hidrocarburos y Energía, bajo la dirección del ingeniero Enrique Mariaca Bilbao. A través de un proceso de contratación, estas auditorías fueron adjudicadas a 11 empresas consultoras, a objeto de determinar las inversiones que serían reconocidas para la puesta en vigencia de los nuevos contratos petroleros. Sin embargo, considerando la elevada tasa tributaria fijada para los mega-campos y el plazo definido en el Decreto Supremo, estos contratos fueron suscritos en fechas 27 y 28 de octubre de 2006, dejando de lado los resultados que dichas auditorías estaban obteniendo.

El tipo de contrato aplicado fue el Contrato de Operación, el mismo que contenía siete anexos técnicos, contables y económicos. Entre ellos se encuentran el Anexo F y el Anexo G que establecen, respectivamente, las fórmulas para la retribución al titular y las inversiones que les serán reconocidas. De acuerdo con el Ingeniero Mariaca, a pesar del establecimiento de estas fórmulas, aún no se cuenta con la información necesaria a objeto de verificar cuán beneficiosas son las condiciones económicas establecidas en cada contrato para YPFB; más aún, se desconoce la metodología para la determinación de las mismas.

Un aspecto observado en los 44 Contratos de Operación, aprobados por el Congreso Nacional, es el tema de inversiones. Si se lee y revisan bien estos contratos se notará que en ninguna parte existen obligaciones claras para realizar inversiones que permitan incrementar los niveles de producción de cada campo. Esta ausencia de inversiones ha traído consigo disminuciones en la producción de petróleo y, por ende, en las cargas de refinerías que actualmente entregan menores volúmenes de combustibles líquidos.

En el caso del diésel oíl, el país se ve continuamente obligado a importar cada vez mayores cantidades a precios internacionales, para luego comercializarlos a precios subsidiados, cuya diferencia es asumida por el Gobierno nacional, a través de la emisión de notas de crédito fiscal a favor de YPFB. En el caso de la gasolina, a la fecha, YPFB está importando aditivos de alto octanaje que, mezclados con la gasolina blanca, permiten obtener gasolina especial dentro de las especificaciones de calidad establecidas para este producto en el reglamento de calidad correspondiente.

Con relación al GLP, Bolivia, a pesar de ser un país productor de hidrocarburos, ha iniciado la importación de volúmenes mínimos de este combustible, a través de la República Argentina. Por lo anteriormente expuesto, YPFB debería ajustar los contratos petroleros vigentes, a través de la suscripción de adendas que establezcan compromisos y garantías de inversión que permitan incrementar los niveles de producción, así como las cargas en refinería, a objeto de garantizar el abastecimiento del mercado interno y reducir el nivel de importación de combustibles.

Siguiendo con el proceso de nacionalización, posterior a la suscripción de los nuevos Contratos de Operación, YPFB inició negociaciones con la empresa Petrobras Refinación S.A., a fin de recuperar las principales refinerías del país. Producto de estas negociaciones, en junio de 2007, YPFB compró el 100% de las acciones de las refinerías Guillermo Elder Bell y Gualberto Villarroel, hasta entonces propiedad de Petrobras Refinación, en 112 millones de dólares americanos. Así, más que una nacionalización de las refinerías del país fue más bien un proceso de concertación y compra de las empresas por parte de YPFB, sin existir de por medio procesos de confiscación de bienes y/o pagos por indemnización.

Como siguiente paso, YPFB decidió adquirir el 50% + 1 de las acciones de la Compañía Logística de Hidrocarburos Bolivia (CLHB), encargada del transporte y almacenaje de productos derivados como gasolina, diésel oíl, GLP, etc. Luego de intensas negociaciones en las que CLHB no cedía, el Gobierno emitió, en fecha 1º de mayo de 2008, el Decreto Supremo Nº 29542, a través del cual YPFB adquiere el 100% de las acciones, pagando un monto total de 12 millones de dólares americanos, aproximadamente.

La siguiente empresa que fue adquirida por YPFB fue Transredes S.A., cuyas acciones fueron “nacionalizadas” mediante Decreto Supremo Nº 29586, de fecha 2 de junio de 2008. El costo de esta adquisición, de acuerdo a información proporcionada por el Gobierno, fue de aproximadamente 240 millones de dólares. La empresa Andina S.A. llegó a un acuerdo para que YPFB adquiera el 50% + 1 de sus acciones, tomando el control de la misma y participando de manera conjunta en la administración de la empresa, toma de decisiones y operación de los campos que se encuentran bajo contrato.

Finalmente, en fecha 23 de enero de 2009, el Gobierno emitió el Decreto Supremo Nº 29888, mediante el cual “nacionaliza” la totalidad de las acciones de la empresa Chaco S.A., a un costo aproximado de 233 millones de dólares americanos.

A diferencia de las primeras nacionalizaciones de los hidrocarburos en Bolivia, la tercera no se produjo bajo políticas de confiscación de bienes y resolución inmediata de contratos, sino que respondió a un proceso de concertación y negociación de nuevas condiciones económicas para la suscripción de nuevos contratos, así como para la adquisición del total del paquete accionario de aquellas empresas capitalizadas y privatizadas[83].

 

Como se podrá ver se trata de una nacionalización sui generis, sin expropiación, tal como aconteció en los otros casos, la primera y la segunda nacionalización de los hidrocarburos. Esta es la razón por la que hemos preferido, en su momento, hablar de un proceso de nacionalización, que tiene que completarse. Sin embargo, el proceso parece revertirse en el mismo momento que se firman los contratos de operaciones. Se entiende que las dificultades cada vez son mayores para la realización de una nacionalización, más si se trata de la explotación de los hidrocarburos. Se entiende que nos encontramos con un dominio mucho más estructurado del capital financiero, se entiende también que la globalización ha conformado redes complejas de asociación, subsidiarias, flujos de capital, cadenas de producción, complementariedades de rubros y capitales, que estas redes hacen más difícil que antes lograr los resultados de la nacionalización. Sin embargo, esto no quiere decir que sea imposible una nacionalización, que no se pueda llevar adelante un proceso de nacionalización, teniendo muy claro que se debe tener un control del proceso productivo y del proceso comercial, que se tiene que tener sobre todo el control técnico de la producción, que se debe refundar YPFB en todo el sentido de la palabra. Que esta empresa estatal debe tener, además del control nominal, el control real de las decisiones, del proceso técnico y de los flujos del petróleo y el gas. El problema radica en esto, no se tiene este control técnico, no se tiene el control real de las decisiones técnicas y operativas, no se tiene el control de los flujos; el control técnico y real la siguen teniendo las empresas trasnacionales.

 

En un estudio de CEDLA se afirma que:

 

En el 2009, el 85,2% del total de reservas de gas y petróleo de Bolivia estaba bajo el dominio de las petroleras extranjeras como Petrobras, Repsol y Total[84].

En el informe de CEDLA mencionado se sacan algunas consecuencias de esta situación, una de ellas es la siguiente:

 

Al no tener el control real del sector hidrocarburífero y mantener una presencia estatal secundaria a través de YPFB, el gobierno nacional optó por ofrecer mejores condiciones a las transnacionales para intentar superar por esta vía los grandes problemas del sector como la caída en la producción de líquidos y el virtual estancamiento en la producción de gas.

 

De acuerdo al estudio, se interpreta que una de las consecuencias de la reversión del proceso de nacionalización tiene que ver con los desesperados intentos del gobierno por viabilizar la medida de shock, conocida popularmente como el “gasolinazo”. La baja de la producción de los combustibles, la subida de la demanda interna, el estancamiento de las reservas, el control efectivo de las empresas trasnacionales, han incidido en una situación altamente problemática en lo que respecta a los hidrocarburos. Empero, lo que es más grave, el balance del proceso de nacionalización muestra que no hubo tal nacionalización, que no se llegó a completar el proceso, que no se refundó YPFB, que no se controla el proceso productivo y el flujo de exportaciones. Lo que se tiene ahora es un proceso de reversión de la nacionalización. Esta lectura del proceso de nacionalización amerita una reflexión sobre los proyectos de nacionalización, sobre sus perspectivas de romper las cadenas de dependencia, sobre los proyectos de desarrollo casados a las nacionalizaciones.

Una pregunta directa que habría que hacerse es: ¿qué pasó con las nacionalizaciones, por qué no fueron la base del desarrollo? Dejemos las respuestas fáciles, dejemos de lado el problema de la burocratización, también el de la corrupción, así como la hipótesis de la conspiración, la traición o la falta de consecuencia. El problema es comprender las condiciones de posibilidad histórica y económica para lo que se supone es el desarrollo, centrado en la industrialización. ¿Puede una nacionalización llevarnos de por sí a la industrialización, por lo menos a la industrialización de los hidrocarburos? En relación a esta pregunta hay que despejar una confusión, que debería estar dilucidada desde la crítica de la economía política; el dinero no es capital, el ahorro no es capital, el ahorro de dinero no es capital; el capital es el dinero que se valoriza en el proceso de producción. El principal problema de las nacionalizaciones tiene que ver con esta distinción, que acabamos de hacer. Las nacionalizaciones tienden a llevar al Estado a optar por una economía rentista; el ingreso proveniente de la nacionalización es usado para el gasto no productivo, es usado para cubrir demandas, es usado en la distribución del presupuesto, que mayormente usa los recursos para cubrir gastos administrativos del fabuloso aparato de Estado. No se trata sólo de redistribuir el ingreso, que puede darse a través de bonos, sino, de lo que se trata es cómo la nacionalización convierte la recuperación del excedente en acumulación, en inversión productiva, en transformación de las condiciones de producción.

¿Ausencia de una burguesía nacional?  Esta era la hipótesis de la izquierda latinoamericana. ¿Falta de vocación industrial del Estado? Hipótesis de la inconsecuencia. Estas hipótesis son posibles si se tiene como referente la historia europea o por lo menos parte de esta historia, lo que se cree saber sobre esta historia, su reducción a la interpretación de la revolución industrial británica, interpretación lineal de la formación de la burguesía francesainterpretación dificultosa de la vía prusiana, la vía emprendida por Otto von Bismarck, donde el Estado juega un papel fundamental en la industrialización de Alemania. A propósito de estas hipótesis, resultan contraídas como por imitación de una supuesta historia europea; por otra parte, pecan de ser generales. Suponen una identidad universal de la burguesía, portadora del desarrollo capitalista; no tienen para nada en cuenta la historia efectiva de las burguesías nacionales y de la variación de sus identidades. Por otra parte, también se tiene una idea abstracta del Estado, de la que se deduce su papel protagónico en la industrialización y el desarrollo.  Lo llamativo de ambas hipótesis es que pretenden resultar de apreciaciones históricas; sin embargo, hay que decirlo, la historia es concebida como repetición o emulación. La historia efectiva, pensada en el espesor del flujo de acontecimientos, no se repite, ni siquiera dos veces. Cuando Hegel se expresa de esa manera lo hace desde la fenomenología del espíritu y de la filosofía de la historia, donde el devenir de los acontecimientos se convierte en la dialéctica de los conceptos. Cuando Marx parafrasea a Hegel, lo hace irónicamente, diciendo que la historia se repite dos veces, pero una como tragedia y la otra como comedia.

Hay que rescatar a la historia de estas interpretaciones teleológicas; hay que entender la historia no sólo como relato, no sólo como narración; es evidente que forma parte de las experiencias y el trabajo de la memoria, empero también, se ha convertido en un campo de batalla de las interpretaciones. Se ha distinguido, por ejemplo la historia de los vencedores de la historia de los vencidos. Empero, todo esto nos lleva a re-plantearnos nuestra relación compleja con las temporalidades, las experiencias, las memorias, las vivencias de los acontecimientos. Quizás se acerca a esta comprensión la relación que establece la hermenéutica entre historia y singularidad. La historia es singular, no universal, salvo la que tiene que ver con la narratividad de los vencedores. Las historias son singulares, hay que contar historias singulares, los acontecimientos son singulares, además de estar configurados por múltiples singularidades. Vale decir, la historia es plural. Cada presente, cada coyuntura, cada momento, cada perfil histórico, por ejemplo, de tal o cual burguesía, es singular. Desde esta perspectiva no podría hablarse de una identidad única de la burguesía. Lo que ocurrió en el siglo XIX con la burguesía británica no se repitió con la burguesía francesa, menos con la burguesía alemana. Se trata de distintas constituciones de la clase propietaria de los medios de producción. Menos puede pasar lo mismo con las burguesías latinoamericanas. No sólo porque los tiempos son diferentes, las condiciones distintas, los contextos heterogéneos, sino porque la historia de su constitución obedece a la combinación singular de condiciones y factores sociales, económicos, políticos y culturales que se dan en las periferias del sistema-mundo capitalista.

 

 

Genealogía de la revolución industrial

La pregunta que deberíamos hacernos es qué es lo que ha llevado a ciertas burguesías a la industrialización. La historia de la revolución industrial comienza en Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII y se arrastra el despliegue de las transformaciones tecnológicas durante el siglo XIX. No hay que olvidar que el requerimiento de una transformación constante tecnológica forma parte de la compulsión productiva. Durante el siglo XIX comienzan su industrialización Estados Unidos de Norte América, Francia, Alemania y Japón. Durante el siglo XX la revolución industrial arrastra a más países, que intentan desesperadamente ponerse a la par. Son sintomáticos los casos de la Unión Soviética y la República Popular China, países de construcción socialista en formaciones sociales mayoritariamente campesinas, que se dan la descomunal tarea de industrializar sus países a paso forzado, de una manera militarizada. A fines del siglo XX saltan a la palestra de la renovada y actualizada revolución industrial los famosos países asiáticos denominados los tigres del Asia (Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán), también China se integra a esta revolución en una escala gigantesca, convirtiéndose en la principal potencia emergente industrial. Como puede verse, no se trata de las mismas condiciones de emergencia de la llamada revolución industrial. Sin pretender hacer una historia de las revoluciones industriales en estos países, podemos distinguir algunas tendencias particulares.

Respecto a las condiciones de la revolución industrial inglesa, el historiador Eric John Ernest Hobsbawm dice que la revolución industrial inglesa fue precedida, por lo menos, por doscientos años de constante desarrollo económico. También dice que las principales condiciones previas para la industrialización ya estaban presentes en la Inglaterra del siglo XVIII. Otra caracterización importante es lo que acontece en el área rural; hacia 1750 es dudoso que se pudiera hablar con propiedad de un campesino propietario de la tierra en extensas zonas de Inglaterra y es cierto que ya no se podía hablar de agricultura de subsistencia. El país había acumulado y seguía acumulando un excedente lo bastante amplio como para permitir la necesaria inversión en un equipo no muy costoso, antes de los ferrocarriles, para la transformación económica. Buena parte de este excedente se concentraba en manos de quienes deseaban invertir en el progreso económico. Además Inglaterra poseía un extenso sector manufacturero altamente desarrollado y un aparato comercial todavía más desarrollado. El transporte y las comunicaciones eran relativamente fáciles y baratos, ya que ningún punto del país dista mucho más de los 100 km. del mar, y aún menos de algunos canales navegables. Esto no quiere decir que no surgieran obstáculos en el camino de la industrialización británica, sino sólo que fueron fáciles de superar a causa de que ya existían las condicione sociales y económicas fundamentales, porque el tipo de industrialización del siglo XVIII era comparativamente barato y sencillo, y porque el país era lo suficientemente rico y floreciente para que le afectaran ineficiencias que podían haber dado al traste con economías menos dispuestas[85]. 

Respecto a las condiciones iniciales y el nacimiento de la revolución industrial francesa podemos identificar las diferencias. Se trata más de una lenta transformación de las técnicas de producción; por lo tanto, en este caso es difícil hablar de una revolución; se trata más bien de un desarrollo gradual. A lo largo del siglo XIX la economía francesa se transforma progresivamente. La clave de este proceso se encuentra en el desplazamiento paulatino del centro de gravedad, que se hallaba en la agricultura, hacia lo que va a ser la nueva médula de gravitación, el desarrollo industrial. Si el primer centro estaba extendido casi en todo el país, el segundo centro se encuentra, mas bien, localizado en algunas ciudades del norte del país.

De todas maneras hay que tener en cuenta que podemos contar con un conjunto de factores que favorecieron el desarrollo industrial francés, factores que tienen que ver con las transformaciones revolucionarias, con las transformaciones institucionales y políticas. Haciendo una interpretación comparativa, un poco apresurada, podríamos decir que Francia se adelanta con la revolución política y social, en tanto que Gran Bretaña se adelanta con la revolución económica.  La revolución de 1789 liquidó el feudalismo y abolió la servidumbre, la ley de marzo de 1791 sepultó el régimen gremial de las corporaciones de oficio. También hay que considerar el nuevo ordenamiento territorial de la geografía política. Todo esto se encaminó a organizar una estrecha centralización administrativa, sobre todo impulsada por Napoleón Bonaparte.  Se suprimieron las aduanas interiores entre las provincias, dejando que se produzca una libre circulación de humanos, mercancías y capitales. De esta manera se convirtió el espacio nacional en un mercado único, protegido por un elevado arancel exterior.    

El caso alemán en la revolución industrial es también diferente, la peculiaridad sobresaliente es el papel del Estado. Hay que comprender dos fases en este proceso, la primera fase corresponde al periodo de 1830-1880; una segunda fase corresponde al lapso que comienza en 1880 y se extiende a la segunda década del siglo XX, a 1914. En este segunda etapa es cuando la composición de la industrialización se complejiza, no sólo por las transformaciones tecnológicas requeridas, que exigen mayor inversión, sino por la participación gravitante del sistema financiero.  

Un resumen de esta historia se expresa de esta manera:

 

La historia económica de Alemania nos enseña que el papel del Estado fue importante en el proceso de su industrialización. La revolución industrial se inició más tarde en Alemania que en Gran Bretaña o Francia. Este desfase explica por qué la construcción de ferrocarriles pudo jugar un papel motor en el proceso de industrialización alemán. La demanda de equipo ferroviario condujo a la expansión de la producción de carbón, de hierro y acero. La economía alemana se orientó desde el comienzo a la industria pesada. No podemos dejar de recordar, sin embargo, que el gobierno prusiano había fomentado directamente la producción de hierro y carbón desde mediados del siglo XVIII. Estos recursos eran necesarios para la fabricación de armamento y bienes de producción. La economía alemana pudo industrializarse a partir del Zollverein, que consiste en la apertura aduanera y la libre circulación.

Las iniciativas estatales en el campo económico y la puesta a punto de una red de vías de comunicación ayudaron al proceso de industrialización. La abundancia de recursos carboníferos y minerales no hizo sino acelerar el desarrollo. La revolución industrial alemana dependió menos, en esta fase, del comercio colonial de lo que lo habían hecho Gran Bretaña y Francia, pues su mercado fue principalmente interno. Los progresos de las industrias textiles, siempre secundarias, se debieron más a la utilización de materias primas domésticas. En cualquier caso, a partir de 1850, aumenta considerablemente el proceso de concentración empresarial -siendo otra característica importante de la industrialización alemana-. Numerosas pequeñas empresas desaparecieron (en el contexto de la Gran Depresión; fase B o ciclo depresivo en los ciclos Kondratieff) y, con ellas, la figura del empresario individual. Este proceso de concentración se puede explicar por tres causas:

 

  1. El aumento constante de la complejidad técnica hace aumentar mucho los costes de la maquinaria utilizada.
  2. Se buscaba obtener la mayor rentabilidad creando unidades de producción cada vez más grandes.
  3. En el caso alemán se añade también la ausencia de colonias, lo que favorece, sobre todo en momentos de crisis, la concentración.

Esta evolución señala el paso del viejo capitalismo liberal hacia el capitalismo financiero y monopolista.

 

Tras la gran crisis del capitalismo de los años setenta se inicia una nueva etapa de expansión que ya no se detuvo hasta 1914.  El desarrollo considerable de los medios de transporte (nueva extensión de la red ferroviaria, construcción de canales, de una flota marítima) así como la implantación de nuevos sectores industriales - químico, eléctrico, automovilístico... - dio un fuerte impulso a casi todas las actividades. La concentración del mercado financiero en manos de un reducido grupo de grandes bancos palió la insuficiencia de capitales y permitió la financiación de las empresas.  Hacia 1895 la concentración de recursos financieros había llegado al extremo de que los cuatro grandes bancos de Berlín controlaban el 50 % del capital bancario y el 80 % de la actividad financiera. Se formaron así los llamados konzerne – que eran trust que, a su vez, estaba agrupados en cárteles, y que llegaban a controlar todo el mercado –.

Las industrias pesadas impulsan el desarrollo económico alemán.  Los comienzos de la industria química se remontan a la década de 1860 y se basaron en los yacimientos de sal y potasa de la Sajonia prusiana.  A ello se sumó la existencia de una magnífica red de institutos técnicos que formó muy buenos químicos capaces de desarrollar nuevos métodos de producción que se impusieron en la fabricación de tintes y fertilizantes agrícolas. La creación de la industria eléctrica constituyó un importante logro de la industrialización alemana.  Las invenciones del generador electromagnético, del telégrafo y del teléfono favorecieron la rápida expansión de este sector.  Buena parte del mercado de estas industrias estaba en el extranjero – Suiza, Italia y Escandinavia especialmente –.

La industria del motor de combustión interna fue más tardía.  En su desarrollo tuvieron un papel fundamental tres ingenieros: Daimler, Benz y Diésel. Pero hasta principios del siglo XX no se organizó ni cobró importancia esta industria. La influencia de los intereses agrarios y el deseo de no depender del extranjero - nacionalismo económico - explican que Alemania, a diferencia de Gran Bretaña, no sacrificase su agricultura, que en estos años experimentó una gran modernización y llegó a asegurar el 80 % del consumo[86].

Los tres casos europeos son distintos, cada uno tiene su propia peculiaridad; Gran Bretaña conforma un sistema mundial basado en el libre mercado; en esa expansión, en esa mundialización, un conjunto de desafíos la llevan a la revolución industrial. La misma lucha de clases, donde el proletariado organizado arranca acotar las horas de trabajo, obliga a la burguesía a incrementar la productividad y disminuir el tiempo de trabajo necesario. El requerimiento de comunicaciones y transportes rápidos que conecten su gran imperio y el mercado-mundo. La formación de un gran capital que requiere ritmos acelerados de reproducción y acumulación. Todo esto se podía resolver incorporando la tecnología al proceso de producción y absorbiendo la tecnología al capital; es decir, haciendo que la tecnología se incorpore al proceso de valorización.

 

En contraste, Alemania incursiona en la revolución industrial como parte de su geopolítica. La industrialización es un tema de Estado, forma parte de las estrategias de Estado. Por eso se recurre rápidamente a la concentración de capital y al monopolio, así como a la intervención financiera. El ritmo de la industrialización alemana es acelerado en comparación.

 

En cambio Francia se toma tiempo para experimentar un proceso gradual de transformación industrial. En Francia se combina una centralización administrativa con transformaciones graduales de la composición de capital. No se abandona la agricultura, se efectúa la reforma agraria, y se construye lentamente el sistema industrial.            

Esta rápida y breve revisión de los nacimientos de la revolución industrial en Europa nos lleva a remarcar algunos rasgos y tendencias. Comprendiendo que se trata de historias singulares, propias y particulares, que combinan las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales de cada país, en el contexto histórico de las propias intervenciones de la burguesía, del perfil particular de la burguesía, con la intervención estatal, podemos encontrar ciertos rasgos y tendencias sobresalientes.

 

  1. Se ha definido el capitalismo como el sistema que valoriza el dinero; esto sólo puede hacérselo en la esfera de la producción, como lo comprendió claramente Karl Marx. También se ha dicho que el capitalismo es un modo de producción y de funcionamiento múltiple, que decodifica los códigos culturales, que deja de moverse en codificaciones cualitativas, recurriendo, en cambio, a una axiomática cuantitativa, tal como ha interpretado Gilles Deleuze. Empero, ahora también comprendemos, a partir de la historia de los ciclos del capitalismo, que el capitalismo supone varios ciclos estructurales de larga duración, que manifiestan diferencias estructurales entre los mismos ciclos del capitalismo, así como distintas estratificaciones de las formas capitalistas, tal como lo ha estudiado Giovanni Arrighi. Tenemos entonces en la geología de las genealogías capitalistas una matriz de los desplazamientos y devenires capitalistas, esa matriz es comercial; después tenemos como un “fantasma” articulador y de conversión de los productos en mercancías; éste es el “fantasma” de la inexistente economía mercantil simple. Un supuesto, una hipótesis, un “fantasma” del modo de producción y del modo de circulación Sobre la base de la matriz comercial del capitalismo, sobre el espacio diferencial y heterogéneo de los mercados, tenemos la formación, consolidación y expansión de capitalismo industrial, que Marx entendía como el modo de producción propiamente capitalista. Sin embargo, éste no es el último estrato del capitalismo; se ha tejido, desde un momento de simultáneo encuentro entre Estado y mercado, un sistema red financiera que poco a poco se ha convertido en la expresión dominante del capitalismo, por su gran capacidad dual de centralización y de descentralización, de concentración y de desconcentración, de retención del ahorro y de inversión, añadiéndole constantemente a los flujos y las transacciones un interés, que no es valorización del capital, sino apropiación especulativa de la plusvalía. Al respecto, Arrighi observa que es el paso de la dominación del capital industrial a la dominación del capital financiero el que anuncia la clausura de un ciclo y el comienzo de otro, paso que se da en forma de crisis. Visto de esta forma, la historia y la estructura del capitalismo, sus desplazamientos y transformaciones, comprendiendo que la valorización del dinero no es otra cosa que acumulaciónacumulación originaria y acumulación ampliada de capital, vemos que el fenómeno de la acumulación conduce necesariamente a la revolución industrial. Esto nos lleva a diferenciar centros, donde se produce la acumulación ampliada de capital, y periferias, donde no se produce la acumulación ampliada de capital, periferias que viven de la venta de sus recursos naturales, mayoritariamente de una forma rentista. Son pocos los casos dónde se intenta retener el excedente e iniciar un proceso de acumulación, por medio de incipientes revoluciones industriales o, en su caso de gigantescas revoluciones industriales, como lo que acontece en la China contemporánea.

 

  1. Otra característica notoria es que, fuera de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos de Norte América, donde la revolución industrial llega prioritariamente por iniciativa de sus burguesías, en los demás países el Estado aparece como promotor de la revolución Industrial. Estos son los casos históricos de Alemania, Japón, la Unión Soviética y la China Popular, además de la China del “socialismo de mercado”. También va a ser el caso de procesos inconclusos de revolución industrial como los dados en Argentina, Brasil y México. Se puede decir que, en todos estos países, el problema de la revolución industrial se convierte en un problema geopolítico, en unos casos, como proyecto de hegemonía y dominación, en otros, como tareas necesarias en la construcción del socialismo; en tanto que en un tercer grupo, como modificación de las relaciones de intercambio entre centro y periferias.

 

  1. Una tercera característica sobresaliente es que se da una revolución verde que acompaña a la revolución industrial, por lo menos en los casos típicos de la revolución industri Algo que no ha ocurrido necesariamente en los casos a-típicos de la revolución industrial, como en la Unión Soviética, la China y los países periféricos. En estos casos, los gobiernos se obsesionan tanto por la revolución industrial que descuidan la producción agrícola, contrayendo graves problema en lo que respecta a la reproducción social y a la alimentación de la población.

 

 

  1. Otro aspecto importante es aquel que tiene que ver con la masa crítica de la ciencia y la tecnología. Una revolución industrial requiere necesariamente de una formación cualitativa en ciencia y en tecnología. Hablamos de una masa crítica de científicos y técnicos. No contar con esta masa te lleva a una dependencia atroz en lo que respecta a la trasferencia tecnológica. Algunos países periféricos, que han incursionado en la revolución industrial, descuidan este aspecto creyendo que sólo se trata de comprar tecnología y de inversión de capital. Esta incompetencia les lleva a dramáticos desencuentros con la revolución industrial.

 

  1. Por último, debemos decir que no se puede hablar en general de la revolución industrial, ésta tiene sus historias, sus etapas, sus fases, sus diferencias. En la medida que avanza el desarrollo científico y tecnológico resulta más complicado iniciar la revolución industrial o continuarla, tanto por las inversiones que implica como por las actualizaciones que exige en la ciencia y en la tecnología, tomando en cuenta también la complejidad de las articulaciones entre capital financiero, inversiones, estados y mercados.

 

 

En relación a la revolución industrial en Estado Unidos de Norte América, en el Japón, en la Unión Soviética, los países llamados los “tigres del Asía” y China, vamos a hacer apuntes muy rápidos y sintéticos, salvo en lo que respecta a China, de la que vamos a hacer una consideración un poco mayor.

De alguna manera la revolución industrial en Estados Unidos de Norte América es en parte extensión de la revolución industrial británica y en parte es también una revolución industrial propia. La expansión al oeste, conquistando los territorios de las naciones y pueblos indígenas, la Guerra de Secesión, la victoria del norte sobre el sud, la conformación de un extenso espacio y de una nación de migrantes, sobre todo la conformación de un inmenso mercado interno, dinámico y exigente, en pleno auge del capitalismo americano, terminan incidiendo favorablemente en una revolución industrial que adquiere características innovadoras, pujantes, contando con una masa crítica en crecimiento de científicos y técnicos, incluso cooptados de otros países. Aquí también es la burguesía la que se involucra tempranamente en la revolución industrial como consecuencia ineludible de una vertiginosa acumulación de capital. Cuando el nuevo ciclo del capitalismo sustituye al ciclo del capitalismo británico, la hegemonía y dominio estadounidense configura un sistema de la libre empresa a diferencia del sistema del libre mercado británico.

En contraste la revolución industrial nipona también va a ser un asunto de Estado, forma parte de la geopolítica del Imperio del sol naciente. La monarquía nipona se encontraba obsesionada por apropiarse de la tecnología europea, sobre todo se encontraba intrigada por la tecnología militar. En la segunda mitad del siglo XIX la monarquía absoluta nipona decide una transformación de la sociedad y de la economía japonesa, particularmente destinada a crear las condiciones de la industrialización y arrancar con la revolución industrial. Esta revolución va a ser conocida como Revolución Meiji.

La revolución industrial en la Unión Soviética y en la República Popular de China se dan en el siglo XX; primero en la Unión Soviética, en la segunda mitad del siglo XX, después de la revolución proletaria de 1917. Posteriormente la República Popular de China se encamina a una revolución industrial, esta vez en la segunda mitad del siglo XX. Esta tarea es ineludible, una vez que el Ejército Rojo entra a Pekín en 1949.   Para la Unión Soviética y la China Popular la revolución industrial era una tarea primordial, sobre todo comprendiendo la condición periférica en la que se encontraban respecto a las potencias imperialistas occidentales, en la geografía jerarquizada de la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Se produce una industrialización forzada y militarizada. Se dan pasos gigantes en poco tiempo, a costos que todavía no se han evaluado. Esta industrialización se concentra en la tecnología militar. Como se puede ver no solo se trata de una geopolítica, sino de la construcción del socialismo. Se entendía, por parte de los partidos comunistas, que una condición necesaria para lograr el socialismo era el desarrollo de las fuerzas productivas, entonces podemos decir que esa fue la tarea primordial de estas revoluciones, cumplir las metas de la revolución industrial. La herramienta para lograr este objetivo, acompañados de otras aspiraciones, fueron los famosos planes quinquenales.

Empero, lo que nos interesa, por ahora, es la segunda revolución industrial de la China, la que se da a finales del siglo XX, después de la derrota de la Revolución Cultural, apoyada y, en parte, promovida por Mao Zedong. Después de la muerte del líder, se da un viraje fuerte hacia el mercado y hacia la inversión extranjera, viraje promocionado por el propio Comité Central del Partico Comunista. A este viraje se le va llamar el “socialismo de mercado”. Vamos a detenernos un poco en este tema, pues nos interesa, no solamente por ser un tema actual, sino porque es un referente en el contexto y la coyuntura mundial. Debe discutirse esta cuestión, sobre todo por los dilemas del proceso boliviano.

La sorpresa de la dinámica desatada por la emergencia de la China del “socialismo de mercado” puede resumirse en una pregunta que hace John K. Fairbank:

 

 ¿Puede pasar China de una economía planificada al libre mercado en bienes, capital, personas y hasta ideas? En tal caso, ¿puede mantenerse la dictadura del partido? La construcción de ferrocarriles y ciudades, que parecía corresponder al siglo XIX, coincide con el florecimiento de la tecnología electrónica posindustrial. Cuestiones que en Occidente se plantearon durante el Renacimiento o la Ilustración compiten con la reapropiación de valores tradicionales chinos. En China se vive un cambio precipitado, en el que el desarrollo tensa las fuerzas y las ideas. La unidad entre teoría y práctica de Wang Yang-ming, tan admirada desde el siglo XVI, resulta difícil de encontrar. No es extraño que las reformas de Deng Xiaoping nos confundan a nosotros como a los propios chinos[87].

 

La discusión está echada: ¿Es posible un “socialismo de mercado”? En todo caso, ¿qué es un “socialismo de mercado”? Al respecto las posiciones son encontradas; hay quienes descalifican esta incursión y apertura al mercado por parte de la revolución socialista, manifestando su total desacuerdo con este proceso. A propósito de este debate Giovanni Arrighi anota, en su libro Adam Smith en Pekín, que la profesora He Qinglian de la Universidad de Fudan de Shanghai afirmaba que el principal resultado de las reformas de Deng era una gran desigualdad, una corrupción generalizada y la erosión de la base moral de la sociedad. En su opinión, en lugar de producir nueva riqueza, lo que se había producido durante la década de 1990 era un “saqueo” – esto es, la transferencia de propiedades estatales a los poderosos y sus secuaces y de los ahorros personales de ciudadanos corrientes a las empresas públicas desde los bancos estatales. Lo único que se había filtrado a la gente corriente era el cinismo y el hundimiento de la ética[88]. La revista marxista Monthly Review asume esta postura crítica ante el viraje chino, como la mayor parte de los marxistas occidentales; sin embargo, no todos los marxistas comparten con esta interpretación, incluyendo al mismo Giovanni Arrighi, quien escribe:

 

Aunque nadie niegue la penetración de tendencias capitalistas a raíz de las reformas de Deng, su naturaleza, alcance y consecuencias siguen siendo controvertidos, incluso entre los marxistas. Samir Amin, por ejemplo, no cree que por el momento el socialismo haya ganado o perdido en China, y afirma: “En tanto que sea reconocido y puesto en práctica el principio de acceso igualitario a la tierra, no será demasiado tarde para que la acción social influya con éxito en una evolución todavía tan incierta”[89].

 

La posición de Arrighi se hace evidente a continuación:

 

Acontecimientos recientes corroboran la valoración de Amin sobre el alcance y eficacia de las luchas populares en China. En febrero de 2006 el gobierno chino, preocupado por la creciente desigualdad y los disturbios en el campo, anunció importantes iniciativas bajo el estandarte de un “nuevo campo socialista” para ampliar los servicios de salud, educación y bienestar para los campesinos, posponiendo nuevamente la privatización de la tierra[90].

 

El debate también se encuentra en el seno del Partido Comunista Chino. El Congreso Popular Nacional abrió un debate ideológico sobre socialismo y capitalismo. La cuestión de fondo del debate no era tanto cuestionar la apertura al mercado sino las disparidades y desigualdades que creaba esta apertura. ¿Cómo evitar que esto ocurra? Insistir en el espíritu socialista de igualdad y responsabilidad social para no caer en la economía de mercado elitista[91]. Arrighi considera que asistimos a la clausura del ciclo del capitalismo hegemonizado por los Estados Unidos de Norte Américaimperio que habría ingresado a la etapa de dominación a secas, sin hegemonía; cree que la crisis actual del capitalismo es estructural y financiera, que esto anuncia un nuevo ciclo o el crepúsculo de los ciclos del capitalismo mismo. Ve en la emergencia de la superpotencia China la posibilidad de un nuevo ciclo del capitalismo hegemonizada por China. Sin embargo, esto no está claro, todo depende de los alcances de la crisis y de las posibilidades de un nuevo ciclo. La crisis actual parece comprometer el provenir mismo del capitalismo, su continuidad, sobre todo por los alcances de la crisis ecológica que ha desatado. Los costos ecológicos y sociales de la reciente revolución industrial de las llamadas potencias emergentes son muy altos. Si bien sorprende la emergencia China, su gravitante peso en la economía mundial, la combinación entre una segunda revolución industrial y la revolución tecnológica científica, cibernética y digital, su participación en el sistema financiero, su influjo en otras economías como un gigante comprador, las consecuencias de esta reconfiguración geopolítica del sistema-mundo capitalista son inciertas y hasta pueden ser abrumadoras, sobre todo por las consecuencias ecológicas. El ascenso vertiginoso de la economía china ha vuelto a promocionar el mercado de las materias primas, de los minerales y de los hidrocarburos, haciendo subir el precio de las mismas y dinamizando las economías periféricas exportadoras de materias primas. También ha dinamizado la producción agrícola y agroindustrial, sobre todo de la soya. Empero esta situación refuerza el carácter dependiente de estas economías. Particularmente esta situación es problemática en América Latina, que mira con buenos ojos la emergencia china. ¿Cuál es el destino de las economías latinoamericanas? ¿Trasladar sus relaciones dependientes que tienen con Estados Unidos y Europa a relaciones dependientes con China? ¿Cómo van a ser estas relaciones? En este contexto: ¿Son posibles revoluciones industriales en los países latinoamericanos? Particularmente en Bolivia: ¿Es posible una revolución industrial? ¿Este es el camino? Son preguntas a las que se debe responder con una profunda reflexión histórica, política, económica, social y cultural. Una evaluación del capitalismo y del socialismo es necesaria a la luz de la crisis ecológica que vivimos, también de los resultados alcanzados en lo que respecta a las emancipaciones y a la resolución de los grandes problemas heredados.

Las conclusiones provisionales de esta parte, correspondiente a genealogía de las nacionalizaciones, son las siguientes:

 

  1. El Estado ha jugado un papel primordial en las revoluciones industriales que se han dado desde las periferias. Estas revoluciones han formado parte de una geopolítica periférica, que persigue dejar de serlo. Sin embargo, ninguna de estas revoluciones ha podido cambiar las estructuras de dominación mundial, salvo la actual emergencia China, que parece disputar la hegemonía y dominación a la supremacía e imperio Sin embargo, esto no está claro. No conocemos los resultados de este reacomodo mundial de las estructuras capitalistas. Un tiempo atrás, la Unión Soviética parecía disputar la hegemonía y la dominación, su presencia parecía mostrarnos un mundo bipolar a lo largo de la guerra fría; empero, la Unión Soviética implosiona estrepitosamente después de siete décadas de régimen socialista, mostrando sus profundas debilidades y vulnerabilidad ocultadas. ¿Qué ocurre con China que, a diferencia de la Unión Soviética, ha decidido incursionar en el mercado, abriéndose al libre mercado tanto internacional como nacional? ¿Es real su socialismo de mercado o se trata, mas bien, del desarrollo del capitalismo, combinando todas las formas feroces del capitalismo, desde el capitalismo salvaje hasta el capitalismo de redes, de la revolución tecnológica-científica? ¿Qué pasa con Brasil, que es la otra potencia emergente regional? ¿La salida son revoluciones industriales paralelas acompasadas con respecto a la revolución industrial y cibernética china? ¿Es esto posible? ¿Cuál es el papel de los estados en este reacomodo de la estructura mundial del sistema-mundo? Sobre todo: ¿Cuál debería ser el papel de los estados involucrados en procesos de transformación?

 

  1. Haciendo un balance de las revoluciones en las periferias, vemos que ninguna de ellas ha resuelto el problema de las desigualdades y de las inequidades; no fueron la base para el desarrollo de las fuerzas productivas, tampoco resolvieron los grandes problemas heredados. El derrumbe de la Unión Soviética nos trae, como consecuencia, una forma de capitalismo salvaje peculiar, controlado por las mafias. El viraje de la revolución china nos reproduce otra vez desigualdades, corrupciones, y el peligro de la privatización de la tierra. Se ha formado una burguesía china, con sus propias particularidades; ciertamente ha aparecido una clase media gigantesca, que se beneficia de la emergencia china, altamente consumista. Al mismo tiempo que esto ocurre, se han acrecentado los desequilibrios sociales, sobre todo en lo que respecta a los estratos campesinos.

 

  1. La disyuntiva boliviana, del proceso descolonizador, es crucial. Optar por estos caminos de la revolución industrial - que en todo caso es mejor que optar por la sola ilusión y demagogia desarrollista, que esconde el modelo extractivista adoptado - o abrir una nueva alternativa que combine una revolución tecnológica y científica, que incorpore tecnología de punta y tecnología limpia, combinada con una revolución en la soberanía alimentaria, que no es revolución verde, sino la recuperación formas comunitarias y sociales encaminadas al vivir bien. No renunciar a transformaciones tecnológicas; empero, encauzarlas a satisfacer la demanda interna, desconectándose relativamente de la dependencia del mercado externo, orientándose hacia la estrategia de la soberanía alimentaria y a la armonía con los ecosistemas.

 

  1. Sin embargo, estas opciones no son fáciles de viabilizar si no se logran construir transiciones trasformadoras, si no se tiene claro el significado de la transición, si no se producen transformaciones institucionales y estructurales Sobre todo si no se logra resolver el problema fundamental, inherente a todo esto, que es construir una alternativa a la acumulación capitalista. ¿Cómo salimos de la esfera de la valorización cuantitativa? ¿Cómo liberamos las potencialidades inherentes a la reproducción de la vidapotencialidades que tienen que ver con la apreciación cualitativa de la plenitud y el cuidado de la vida?       

 

 

Ahora, antes de concluir, vamos a dibujar el perfil del modelo extractivista del capitalismo dependiente, que es el modelo optado por los gobiernos progresistas, teniendo en cuenta las diferencias y variabilidad de sus propias particularidades, contextos, coyunturas, duraciones e historias singulares.

     

 

El modelo extractivista[92]

 

El tema de fondo de nuestra discusión es el modelo extractivista, modelo que forma parte de la organización y de la división del trabajo a nivel internacional, forma parte de la economía-mundo capitalista, del sistema-mundo capitalista. Hay dos formas de explotación en el proceso de acumulación del capital, la explotación de la fuerza de trabajo y la explotación de los recursos naturales. Se puede decir que la primera forma de explotación ha sido ampliamente explicada por la teoría del valor y que la segunda forma, en parte también ha sido explicada por la teoría del valor, en tanto se pueda considerarla, en su derivación, como teoría de la renta, no tanto de la tierra, sino precisamente de los recursos naturales. En este caso habría que diferenciar las formas de renta de los recursos naturales, la de los minerales, la de los hidrocarburos, la de las otras formas de recursos naturales. Esta investigación sobre la renta de los recursos naturales, articulada al proceso de valorización, no ha sido, de ninguna manera, agotado, acabado; al contrario, se trata de investigaciones pendientes. Esta problemática se complica mucho más desde la perspectiva ecológica, cuando se introducen como imponderables los daños causados a los ecosistemas, daños que pueden ser irreparables y que están afectando a los ciclos vitales de la reproducción de la vida. La teoría de la renta de la tierra se basa en que el capital o la incorporación del capital, en las explotaciones agrarias, termina valorizando, como si fuese producto del trabajo, algo que no tiene valor, en ese sentido, en el sentido económico. Al hacerlo introduce el concepto de renta, anexo al de ganancia salario, en la composición del capital. ¿Pasa lo mismo cuando hablamos de renta minera, de renta petrolera, de rentas de otros recursos naturales? Ciertamente se les atribuye valor, como si formaran parte del capital, ingresando de este modo al proceso de acumulación de capital, es decir de valorización. En este caso, la renta no la reciben los terratenientes sino otros actores que aparecen en la escena, preponderantemente el Estado, si es que no se reconocen propietarios territoriales, que pueden ser privados o comunidades. El Estado, si tomamos esta figura, que es la que más aparece, no alquila, sino concesiona territorios de explotación, recibiendo a cambio un tipo de tributación por volúmenes de explotación. El Estado incluso puede participar como socio o, en su caso, como dueño exclusivo, y contar con empresas de servicios. El Estado entonces participa en la renta o percibe la renta de la explotación minera o hidrocarburífera, puede incluso participar en la ganancia; empero, el control de la acumulación múltiple y agregativa se produce en el mercado internacional, bajo la condición de control de grandes monopolios empresariales, dándose lugar las respectivas transformaciones productivas e industriales. En este itinerario podemos ver dos fenómenos limítrofes; uno, que ocurre en los territorios de explotación y en los respectivos ecosistemas, ocasionando depredación y desequilibrio ecológico, sin compensación equivalente al daño; el otro, que ocurre en los centros de acumulación de capital, lugar del control efectivo de la acumulación y de los sistemas de control, como los relativos a las estructuras y redes financieras. En resumidas cuentas, la explotación no beneficia a los países convertidos en exportadores de materias primas sino a las burguesías de los países donde se manejan los grandes monopolios, el financiero, el de los mercados, el tecnológico, el comunicacional y el militar. En conclusión, el modelo extractivista es un modelo colonial. En tanto tal sostiene el proceso de acumulación de capital mediante la explotación de los recursos naturales, el método de despojamiento, que no es otro que la reiterada acumulación originaria del capital. Así como hay trabajo no pagado, que explica la formación de la plusvalía, también hay extracción no compensadadepredación no repuestadesequilibrio no armonizado, en lo que respecta a los componentes, los sistemas de vida, de lo que llamaremos la Madre Tierra. El capitalismo también se explica por esta dialéctica de la destrucción de las condiciones naturales de la reproducción de la vida.

 

Ciertamente el modelo extractivista no se circunscribe solamente a la geografía extensa de la periferia del sistema-mundo capitalista, pues forma parte de la historia y de los recorridos de los ciclos del capitalismo, extrayendo también recursos naturales en el centro del sistema-mundo. Sin embargo, hay que tener en cuenta, que en la geopolítica de la economía-mundo se ha especializado prácticamente a la periferia en las formas extractivas, respondiendo a una división del mercado internacional. Aunque las fronteras de centro y periferia no son inmovibles, al contrario, son móviles y cambiantes, haciendo emerger nuevas potencias con vocación industrial, de todas maneras mientras haya un dominio y una hegemonía en el ciclo del capitalismo, en este sentido, se puede seguir hablando de centro y periferias en los procesos de acumulación de capital. Visto desde la perspectiva de las periferias, el modelo extractivista es una condena al círculo vicioso de la dependencia. Visto desde una perspectiva ecológica, el modelo extractivista pone en peligro la reproducción de la vida, de sus ciclos vitales, de sus interrelaciones integrales. La acumulación desmedida o la compulsión por la acumulación tienen un costo irreparable y sin retorno, la vida misma. 

 

Una segunda conclusión tiene que ver con que el modelo extractivista es depredador, en el sentido más destructivo del término. A mediano o a largo plazo sus daños son irreparables.

 

El modelo extractivista es una estructura compleja de explotación de la fuerza de trabajo. La incorporación de tecnología cada vez más avanzada ha ocasionado un uso intensivo de la fuerza de trabajo, disminuyendo el número de trabajadores requeridos, aumentando su rendimiento con las maquinarias y tecnologías sofisticadas, incluso pagando mejor a sus trabajadores, técnicos, ingenieros administrativos; ocasionando, en contraste, entornos de poblaciones pobres y dependientes, afectadas por la contaminación y supeditadas a formas desmesuradas de dependencia y de discriminación.

 

La diferencia descomunal, en lo que respecta a la disponibilidad, entre los enclaves extractivistas, es decir, los espacios controlados por las empresas trasnacionales, enclaves mineros e hidrocarburíferos, en comparación con la disponibilidad de los poderes locales, incluso el poder del Estado, provocan relaciones corrosivas con las instituciones locales, regionales y nacionales.

 

Una tercera conclusión tiene que ver con la potencia altamente corrosiva del modelo extractivista respecto de las formas de cohesión social y las formas institucionales.

 

El modelo extractivista está íntimamente ligado al mercado internacional, es como ajeno al mercado interno, su lógica entonces se mueve con los vaivenes de los precios internacionales de las materias primas, no con los requerimientos del mercado interno. Por eso mismo es tan difícil arrancar desde el modelo extractivista un proyecto de industrialización de las materias primas. Esto ocurre cuando se modifican los términos de intercambio y se modifica la misma división del mercado internacional, transfiriéndose la industria pesada a las potencias emergentes. En todo caso, cuando esto pasa, las potencias emergentes no dejan de estar apegadas al modelo extractivista y les resulta difícil armonizar la composición desgarrada de su economía. Ya la vinculación con el mercado externo es muy grande y gravitante.

 

Ahora bien, hay que entender que cuando se habla de modelo extractivista se lo hace desde cierta perspectiva, la perspectiva de las periferias, donde el modelo concurre de manera expansiva y gravitante, condicionando toda las economías de los países, irradiando su lógica a todos los sectores e incluso orientando las políticas económicas de los gobiernos. Lo que hay que tener en cuenta es que este modelo no es un modelo distinto del modo de producción capitalista, no es un modelo externo a la economía-mundo capitalista, no está fuera del sistema mundo capitalista; al contrario, forma parte del modo de producción capitalista, garantiza el flujo constante de materias primas, que serán transformadas e industrializadas. Forma parte integrante de la economía-mundo capitalista, de la división del trabajo internacional, de la articulación de flujos y stock en las redes de los mercados, en la articulación de un consumo productivo dado a escala mundial. No cabe duda que el modelo extractivista es el modo de producción capitalista en su forma de dominación sobre la naturaleza, recogiendo esa idea brillante de los mitos de la modernidad, expuestos en Dialéctica del iluminismo de Horkheimer y Adorno, de que la modernidad y el progreso de basan en un dominio sobre la naturaleza, que pueden ejercer este dominio, sin tener consecuencias. El modo de producción capitalista supone no solo la transformación de la materia de producción, además de consumir tiempo de trabajo y producir la valorización en el proceso de producción, sino también la transformación de sus propias condiciones de producción. Lo que hay que anotar al respecto es que también produce la transformación de los ecosistemas, transformando radicalmente los territorios y espacios donde se asienta el sistema productivo. La economía-mundo capitalista convierte a todas estas gestiones extractivistas en dispositivos de una maquinaria global integrada, articulando plenamente al modelo extractivista a los procesos de acumulación de capital. El sistema-mundo capitalista define el papel del modelo extractivista en el contexto de la geografía y la geopolítica mundial.  Lo que queremos decir es que el modelo extractivista es parte estratégica de un modelo de acumulación, de un modelo de producción, de un modelo de consumo, incluso de un modelo energético. No es un modelo independiente, tampoco controla los hilos que hacen funcionar su maquinaria, pues al ser parte del modo de producción capitalista, de la economía-mundo y del sistema-mundo capitalista se encuentra sometido a los juegos del capital financiero, de los grandes monopolios, de las trasnacionales, de los mismos mercados y sus vaivenes de precios de las materias primas. Podemos decir que este modelo se encuentra ligado a la base económica de los Estado-nación subalternos de la periferia, así como a su ilusión de desarrollo y progreso basado en la economía extractivista. El modelo extractivista es básicamente el modelo que adoptan estos Estado-nación y sus gobiernos. Esta apuesta explica el circulo vicioso de la dependencia; cuanto más apuestan al modelo extractivista más dependientes son sus economías particulares. Por eso estos Estado-nación terminan funcionando como engranajes administrativos de la transferencia de recursos naturales al centro del sistema-mundo capitalista. Se convierten en dispositivos políticos de la dominación capitalista a escala mundial. Cuando se dan intentos de replantear las condiciones de las relaciones de intercambio, buscando una salida nacionalista, puede mejorarse la situación, en la medida que se mejore el control del excedente, de parte del excedente, optando incluso por la industrialización de las materias primas; sin embargo, en la medida que sus propias salidas independientes mantienen el modelo extractivista, vuelven a caer en la lógica perversa de la dominación, que ocasiona la subalternidad, y en la lógica destructiva de la dependencia.  Los proyectos nacionalistas no dejan de ser intentos dramáticos de independencia económica en contextos definidos por el orden mundial de dominación capitalista. No es que no hay opción sino que las opciones deben ser alternativas, tienen que salir de la lógica extractivista, tienen que desconectarse de los condicionamientos del mercado internacional, del condicionamiento del sistema financiero, buscando en la pluralidad de intercambios posibles, transiciones transformadoras y emancipadoras. La construcción de otro mundo es posible en tanto se den alianzas, complementariedades e intercambios alternativos.  Conformar otras lógicas de producción, abrir el horizonte de la valorización de la vida, saliendo de la valorización del capital.

 

 

Conclusiones

 

  1. El capitalismo de Estado no es la cara bondadosa del capitalismo, como creen o parecen creer los defensores del capitalismo de Estado. En cualquiera de sus formas o, mejor dicho, versiones interpretativas, el capitalismo de Estado es parte de la maquinaria de extracción, explotación, producción, distribución y consumo del sistema capita De las versiones interpretativas, la más solvente, que viene de la tesis del marxismo austriaco, que dice que el capitalismo de Estado corresponde al etapa imperialista del capitalismo, cuando el capital financiero se articula con el Estado; la que concibe el capitalismo de Estado como  el control y monopolio de la economía, incorporando a esta acepción a los estados socialistas; la menos solvente teóricamente, la que caracteriza a los nacionalismos populares latinoamericanos como capitalismo de Estado; el capitalismo de Estado no es otra cosa que una forma política, operativa y administrativa, en la constelación de formas institucionales que hacen funcionar el sistema-mundo capitalista. Es pues un engranaje articulado e integrado al funcionamiento del sistema-mundo. Coadyuva, a su manera, burocráticamente, a lograr la acumulación ampliada a escala mundial, siendo cómplice de la acumulación originaria reiterada, desatada depredadoramente, en los países periféricos.

 

  1. En consecuencia, apostar por el capitalismo de Estado es apostar por la reproducción ampliada del sistema-mundo capitalista, de su geopolítica estructurada, que convierte a los países periféricos en exportadores de materias pri Lo que quiere decir que es apostar a la continuidad de la dependencia, a pesar de las buenas intenciones, aunque se use un lenguaje antiimperialista; en la práctica, el capitalismo de Estado contribuye a la permanencia del imperialismo en el orden mundial. Lo que pasa que lo hace en los márgenes permitidos y delimitados por el sistema-mundo capitalista.

 

  1. En este contexto de la dominación mundial en los ciclos del capitalismo hegemónico vigente, la revolución industrial, en el sentido pleno de la palabra, se ha dado en las revoluciones socialistas, como parte de su proceso de construcción socialista. Incluso, en este caso, las revoluciones socialistas mostraron ser el método más corto para efectuar la revolución industrial, y, paradójicamente, terminaron formando parte del sistema-mundo capitalista. Este éxito en lo que respecta a la revolución industrial, alejó a estos estados socialistas de la construcción del socialismo y los acercó, más bien, a composiciones y combinaciones sui generis capitalistas.

 

  1. Las potencias emergentes, a excepción de China, no definen un perfil de capitalismo de Estado, mas bien, configuran formas mezcladas, mixtas, abigarradas, del capitalismo. Estas potencias emergentes refuerzan la estructura de dominación capitalista en el orden mundial. De ninguna manera se puede sostener que cuestionan la estructura del imperio, entendido como orden mundial; al contrario al ingresar al espacio geopolítico de los centros cambiantes del sistema-mundo, logran sacarlo de sus crisis estructurales.

 

  1. La mayoría de las experiencias de capitalismo de Estado en las periferias ha mostrado palpablemente que estos capitalismos de Estado periféricos refuerzan y fortalece a sus propias dominaciones imperiales al expandir intensamente el modelo extractivista. Refuerzan la dominación en la geopolítica campante del sistema- mundo capitalista.

 

  1. No hay pues ninguna salida mediante la incursión en el capitalismo de Estado, el capitalismo de Estado no es ninguna alternativa; al contrario, es una opción, entre muchas, de las formas de dispositivos y engranajes, en la maquinaria del sistema-mundo capitalista.

 

  1. La salida se encuentra en la alteratividad de este sistema-mundo de la valorización abstracta y de la destrucción concretaalteratividad que desate, desmantele, destruya, esta maquinaria de dominaciones polimorfas del capital. Alteratividad constructora de alternativas y de mundos posi Esta alteratividad es propia de la potencia social, que para hacerlo tiene que liberarse de las mallas institucionales, de los fetichismos, de la economía política generalizada. Esta tarea corresponde a todos los pueblos del mundo, que deben suspender los juegos de poder de sus estados y sus gobiernos, que forman parte del orden mundial imperial, se declaren liberales o progresista, se los califique de “derecha” o de “izquierda”. Es en la integralidad de una gobernanza de los pueblos del mundo donde se pueden resolver los problemas pendientes, inventar otros horizontes civilizatorios, que reincorporen a las sociedades humanas a los ciclos vitales, a la potencia creativa de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los tejidos y manejos del poder

 

 

 

 

 

 

No hay que buscar el poder sólo en los grandes escenarios, también es menester encontrarlo en los pequeños ambientes, teatros menores, en comparación con el escenario estatal y la magnificencia del gobierno central; por lo tanto encontrarlo en los eventos cotidianos, en los hechos minúsculos e intrascendentes. Ver cómo funciona en los lugares menos relevantes que aquellos dónde se expresa la soberanía como símbolo mayúsculo. Preguntarnos por ejemplo qué se juega en una elección de las presidencias de la cámara baja y de la cámara alta del Congreso. ¿Por qué tiene que intervenir el presidente del Estado y jefe del partido en estas elecciones? ¿Por qué tiene que decidir quién va presidir la presidencia del Senado? Se entiende que sea importante tratándose de la Asamblea Legislativa, pero, ¿por qué intervenir en elecciones donde el partido oficial es mayoría y está garantizada la elección y el control de esa mayoría? ¿Por qué los nombres de la presidenta del senado y la presidenta de diputados son imprescindibles para el presidente? ¿Por qué no pueden ser elegidas las personas y representantes de ambas presidencias del Congreso por los propios asambleístas? Parece que para la presidencia de diputados hubo consenso o se construyó un consenso, después de largas negociaciones; empero que, para el caso del Senado, no se había logrado este consenso, las fuerzas estaban divididas, es más, la mayoría se inclinaba por otras personas, vinculadas a sus regiones y bancadas, en tanto el presidente eligió otra persona, después de un discurso anacrónico que se refería a la sucesión monárquica del poder; el hijo del soberano, el hijo del hijo del soberano, y así sucesivamente. Por último se quedó con el nombre que impuso el supremo. Se acató la decisión del presidente, a pesar del notorio malestar de los senadores y senadoras.

En el análisis no nos interesa saber quién ha sido nombrada presidenta de cada una de las dos cámaras, no interesa sus nombres; no es un problema de personas, sino se trata de comprender por qué le es tan imprescindible intervenir al presidente en esta elección. En general, se puede decir que el presidente no es ajeno a toda elección, sea de federaciones, de confederaciones sindicales, particularmente campesinas, sea de alcaldías, sea de la “nacional” del partido, sean de las departamentales del partido, así como de las elecciones relativas a la Asamblea Legislativa. Esta es una preocupación constante que se comprende que se dé; empero, ¿por qué intervenir, si los que eligen son partidarios? ¿No se tiene confianza? ¿Por qué se tiene que intervenir incluso en contra de los elegidos por las propias bases? ¿No es acaso mejor que las bases se fortalezcan a través de sus propias dinámicas? ¿Este control vertical no debilita más bien al propio partido y a las organizaciones sociales, así como a las instituciones del Estado? ¿Qué nos dicen estas intervenciones de los tejidos y manejos de las relaciones de poder?

Una primera hipótesis de interpretación tiene que ver con la forma y el modo de ejercer la política, con el modelo de organización sindical de la política. Remontando su propia historia, el MAS viene de las organizaciones sindicales campesinas; su principal experiencia se encuentra en las luchas sindicales campesinas, particularmente en las luchas de las Federaciones Sindicales Campesinas del Trópico de Cochabamba. Hay pues una memoria política vinculada a estas luchas, íntimamente ligada a las formas de organización de los sindicatos campesinos. También a sus formas de elección y selección de los dirigentes, que tienen que ver con las alianzas territoriales, la acumulación de fuerzas y la formación de bloques. La experiencia de la larga lucha en la defensa de la hoja de coca, en pleno contexto de guerra de baja intensidad, templa a estas organizaciones sindicales campesinas. La represión, las acciones punitivas policiales y militares de la interdicción,  obligan a estas organizaciones a adquirir un perfil semi-clandestino, un compromiso de exigente lealtad y fidelidad con los objetivos de la lucha; lucha en defensa de la hoja de coca que adquiere, en el transcurso, un discurso anti-imperialista, por las características propias de la guerra de baja intensidad. Se trata de organizaciones sindicales campesinas que exigen disciplina respecto a las determinaciones de las asambleas. Como se puede ver, una de las características de esta experiencia sindical es que se trata de organizaciones de lucha, obligadas a organizarse para la defensa territorial, además de contar con la disponibilidad y capacidad de convocatoria; estamos ante organizaciones sindicales que aprenden a preparar y a desplegar una serie de marchas de cocaleros y cocaleras a la sede de gobierno, en defensa de la hoja de coca. Estas marchas son ya legendarias, forman parte de la historia de las Federaciones Cocaleras del Chapare y también de las Federaciones cocaleras de los Yungas de La Paz. En estas movilizaciones, en esta defensa territorial, en esta alianza territorial de los sindicatos campesinos, se formaron los dirigentes cocaleros, principalmente su líder primordial y ahora presidente del Estado.

Este es el estrato más antiguo y más importante del MAS; estos dirigentes que emergieron de estas luchas en defensa de la hoja de coca. Otros estratos posteriores se añaden al anterior, sobre todo después de las elecciones de 2002, cuando el MAS se convierte en la segunda fuerza política del Congreso. Los otros estratos van a ir modificando el perfil y la estructura del MAS, sobre todo cuando se suman contingentes de las ciudades. Pero, antes de entrar en esto, es indispensable seguir a estos dirigentes sindicales campesinos, del estrato matricial; lo que pasa con ellos, sobre todo cuando asumen tareas de gobierno, tareas en la Asamblea Constituyente y en el Congreso.

Es indudable que llegar al gobierno implica un gran desafío, sobre todo cuando no se cuenta con la experiencia de la administración pública. Era indispensable cerrar filas, defender al flamante gobierno indígena y popular ante las contingencias que puedan venir. Se comparte el entusiasmo del pueblo, después de las elecciones de 2005 y la contundente victoria por mayoría absoluta. La asunción al gobierno es apoteósica, llena de símbolos promisorios; tanto en Tiwanaku como en la Plaza Murillo. En Tiwanaku se despeja el cielo cuando llega Evo Morales, deja de lloviznar, se forma una aureola bordeada por colores del arco iris. Era una aureola llena de luz radiante. Lo que sucedía era asombroso y fue comentado por la gente que asistió a la ceremonia. En el palacio de la Asamblea Legislativa, el vicepresidente entrega el bando al presidente, quien no contiene sus lágrimas de emoción. El discurso inaugural de la gestión es convocativo y de invitación a vigilar el proceso, invitando a los amautas a participar y orientar, urgiendo al pueblo a la crítica si hay equívocos y errores. Esto ocurría mientras ancianos campesinos aymaras lloraban en las veredas de la plaza, ancianos emocionados e incrédulos todavía ante los eventos trastrocadores que acontecían. Fue una gran fiesta, así como son las revoluciones al inicio de su desenvolvimiento.

Lo que vino después es como enfrentar las formas concretas de gobierno, posteriormente al entusiasmo. Al escoger gobernar se tuvo que dejar el impulso de la rebelión, se tuvo que optar por el realismo, entonces por administrar los recursos del Estado, sobre todo sus ingresos, y distribuirlos. Para esto se necesitaba que la maquinaria siga funcionando, para que esto ocurriera también se necesitaba de los técnicos y funcionarios que sabían hacerla funcionar, pues formaron parte de esta maquinaria. La diferencia radicaba en el discurso, también en la procedencia de los nuevos gobernantes, a quienes se tenía, en principio, temor. Habían ganado fama en años de lucha. Sin embargo, estos “guerreros” dejaron de serlo en otro contexto, en el contexto del campo burocrático. Al principio se sentían desubicados en esos grandes salones, en esos palacios, que eran símbolos arquitectónicos contra lo que habían luchado. Después, se acostumbraron a mandar a quienes antes aborrecían, los funcionarios que los trataban mal. Con un tiempo más transcurrido de experiencia en el gobierno, terminó gustándoles el mando. Claro que hubo otras diferencias, se pudo ampliar los ingresos del Estado mediante la nacionalización de los hidrocarburos; si bien, esto mejoró los márgenes de distribución, se siguió haciendo lo mismo; captar ingresos y distribuirlos mediante el presupuesto general de la nación, después de la Constitución llamado presupuesto general del Estado.  Había una alegría por haber aprendido a manejar este know-how administrativo público, con ayuda de “técnicos” afines, nombrados ministros. También una alegría no disimulada por haberlo hecho mejor que los gobiernos anteriores. Desde una perspectiva administrativa no se les puede reprochar; el problema no es precisamente una mala administración, como creen los voceros de la derecha. El problema es que hicieron lo mismo y quizás mejor que los gobiernos neo-liberales. El problema es que los dirigentes quedaron atrapados en las redes administrativas e institucionales del Estado.

Ciertamente los dirigentes no estaban solos en las tareas de la administración del Estado, contaron con otros estratos de masistas, que ingresaron después de las elecciones de 2002, además de contar con los funcionarios heredados de anteriores administraciones. Fuera de dirigentes y campesinos de base, que son el primer estrato, se sumaron sectores populares urbanos, ciertos estratos de las clases medias, e infaliblemente trabajadores, cooperativistas mineros y obreros. El partido o movimiento, como quiera llamarse, creció de una manera in-controlable. Se ganaron las elecciones de 2005 por mayoría absoluta; el MAS era indiscutiblemente la principal fuerza política del país. Es esta colectividad la que es mayoría en la Asamblea Constituyente. Allí este conglomerado tuvo su primer gran desafío, construir un instrumento jurídico y político para transformar el Estado. Allí se aprendió a compartir y formarse en la discernimiento de sus propias diferencias, a convivir en la adversidad y a construir dramáticamente el pacto social. Sin embargo, también en la Asamblea Constituyente se recurrió a una forma de organización política para encarar el desafío; la forma de organización a mano y conocida era la sindical y territorial. Se optó por esta forma de organización, buscando adaptarla al nuevo contexto político, sobre todo al escenario deliberativo de la Asamblea Constituyente.         

 Esta adecuación de la forma de organización política sindical fue problemática. Sacada de su contexto la forma de organización territorial campesina resultaba incongruente para las tareas deliberativas, para las tareas de comisión y las tareas de elección de la directiva. La democracia de la asamblea sindical, que era ciertamente deliberativa en su propio contexto, recurriendo a la propia retórica sindical, no se pudo rehacer ni repetir en la Asamblea Constituyente, tampoco en el Congreso y menos en el gobierno. El condicionamiento de estos escenarios de la deliberación liberal, de la administración jerárquica y vertical gubernamental, transformaron las formas del sindicalismo campesino. Ya no valían tanto las decisiones de las asambleas, eran mas bien decisivas las decisiones del presidente, quien seguramente tomaba determinaciones consultando al gabinete o algún entorno estrecho allegado al caudillo. Como era, además de presidente del Estado, presidente de las Federaciones del Trópico de Cochabamba, líder popular y cabecilla del MAS, se suponía que la deliberación debería llegar de las bases a las más altas dirigencias, que en este caso ya eran mandos del Estado. Esto no ocurrió, pues se trataba de dos formas de organización política, la sindical y la estatal, que no podían sincronizar. La combinación de ambas formas resulto en un “síntesis” autoritaria. Entonces se asumía las decisiones del presidente como si fuera la decisión de todos, aunque la construcción colectiva no haya ocurrido. Los dirigentes sindicales del primer estrato del MAS interpretaban esta actitud como que el presidente no se puede equivocar. Los otros estratos del MAS, se encontraron insertos en el hechura de la forma de organización política sindical recurrida; en ese contexto, debían acatar las decisiones del presidente, y cumplir con la orden disciplinadamente. De alguna manera, la justificación de que el presidente no se puede equivocar también fue asumida por estos estratos, por las otras organizaciones sociales involucradas, incluso por  las organizaciones indígenas originarias, que tenían cierta autonomía de organización y de deliberación, contando con sus propias decisiones. El entusiasmo del que venían, la confianza que imperaba, el sentimiento de bloque, coadyuvó a justificar esta forma de decisiones no democráticas. Esta forma de operar trajo muchos problemas, se cometieron errores, se puso en peligro a la Asamblea Constituyente, pero se siguió delante de la misma manera sin dejar ventilar la crítica y la autocrítica. El clima compartido se puede describir como una atmósfera de concomitancias, explicada por la coyuntura, había que entender que se luchaba con la derecha y era indispensable cerrar filas. Este itinerario se repitió en los otros escenarios institucionales, incluso en los municipios. La decisión del presidente era la voz de todos. A pesar de ciertos desacuerdos y algunas protestas, se terminaba aceptando esta forma de conducir. La Asamblea Constituyente tuvo que atravesar dos crisis graves que casi la llevan a la periclitación, la crisis de la aritmética de las decisiones, la de los 2/3 o mayoría absoluta, y la crisis de la “Capitalía”. Empero el peso de la mayoría era gigantesco; esta diferencia casi desmesurada permitió salvar los atolladeros. El problema era que esta forma de conducir se convirtió en costumbre, se arraigó en las prácticas gubernamentales y se cristalizó como obediencia, en la forma de organización política sindical. El sindicato ya no fue nunca lo mismo que era antes, un escenario de deliberación de la asamblea; se convirtió en una organización que acataba disciplinadamente las decisiones del presidente, una organización cooptada. Los dirigentes, los representantes y altos funcionarios de los otros estratos del MAS, en el gobierno, asumieron las prácticas de la administración pública liberal. El procedimiento entonces se institucionalizó. Las decisiones del presidente fueron legitimadas por la aceptación de todos y por la forma gubernamental de proceder.

Todo era revisado celosamente por el estrecho grupo de colaboradores del presidente, los nombramientos de ministerios, los nombramientos de jefes de bancadas, los nombramientos de coordinadores de comisiones, los nombramientos de candidatos. A pesar de haber acarreado tensiones y no pocos conflictos, se siguió adelante con el procedimiento. Cualquier discusión al respecto era tomada como indisciplina o desacato, incluso como favorable a la derecha, por lo tanto era descalificada de inmediato. Cuando se pasó de la primera gestión de gobierno a la segunda y se enfrentaron conflictos mayores como los del “gasolinazo” y el del TIPNIS - una vez de haber atravesado la culminación de la ofensiva de las oligarquías regionales, que optaron por oponerse a la aprobación de la Constitución, inclinándose al recurso de la violencia, tomando instituciones e involucrándose en  la masacre de El Porvenir, en el departamento de Pando -, este procedimiento autoritario, avalada por el gabinete, el MAS y las dirigencias campesinas, se convirtió en el mecanismo que apañó la proliferación de las corrupciones, la corrosión institucional, la violencia desmesurada del Estado y el aval de una casta política, convertida en indispensable, en el trámite de la reproducción de un sistema político corroído por prácticas de poder paralelas y colaterales.

La descripción de este panorama político no tiene nada que ver con la aludida definición del “centralismo democrático”. Si se recurre a este enunciado, esta recurrencia es una muestra patética del desajuste que hay entre el imaginario político del sujeto de la enunciación y la efectiva práctica política. Es una invocación al fantasma de los bolcheviques para que vengan a salvar al último “bolchevique”, para amparar una conducción política caudillista. El uso del concepto de “centralismo democrático” llama la atención por dos razones; no sólo por el gran contraste entre el enunciado invocado y la efectiva práctica política, sino también por la misma historia de este “centralismo democrático”. El “centralismo democrático” condujo al comunismo de guerra, donde las decisiones se concentraron en el comité central del partido comunista, comunismo de guerra del que nunca se salió. El “centralismo democrático” llevó a la forma política centralizada del estalinismo, fenómeno estatal por excelencia totalitario, donde la dictadura del partido se convirtió en la dictadura del patriarca de la patria socialista. A todas luces es un desatino usar el argumento del “centralismo democrático” para justificar un procedimiento caudillista y carismático.

A estas alturas, después de la elección de la presidencia del senado, se puede decir que los mandos de la conducción del gobierno y del Estado se encuentran atrapados en la estructura de un procedimiento autoritario. Ya no pueden salir del mismo; se trata de un funcionamiento mecánico. El presidente y el entorno más estrecho del caudillo no pueden dejar que estas decisiones queden en manos de los asambleístas, la presencia del soberano tiene que manifestarse en todo. Los colaboradores en todas las instancias de representación tienen que quedar a cargo de las personas que han demostrado fehacientemente la lealtad y la obediencia a las órdenes emitidas. La fidelidad con las consignas es premiada. El objetivo es lograr la conexión y la articulación más homogénea y dócil a la voluntad del soberano, así como del grupo estrecho de colaboradores, más aún si se trata de un periodo electoral. Mucho más si el ejecutivo, el gobierno, la conducción política, son interpeladas por las organizaciones sociales, incluso por grupos del propio partido.

Como se puede ver, se ha perdido la perspectiva democrática, la perspectiva asambleísta de la democracia participativa, el ejercicio plural de la democracia. Estas son las únicas prácticas políticas que pueden defender, profundizar y fortalecer el proceso de cambio. Se ha optado mas bien por el desarme de lo popular; se le ha quitado al bloque popular sus dinámicas propias de organización y deliberación. Se ha vulnerado la defensa del proceso, sustituyendo el proceso de transformaciones por la defensa de una casta política, que se considera a sí misma la encarnación del proceso. En estas condiciones le resulta más difícil al MAS afrontar sus tareas electorales; es difícil repetir las mismas lealtades que antes, cuando hay un deterioro mayúsculo en las convicciones, cuando un grueso de los militantes se encuentran frustrados.  Los conductores creen que todo se puede resolver con el control y el monopolio del aparato de Estado, que de alguna manera sustituiría a la falta de entusiasmo y a la carencia de convicción. Esta es una creencia que muestra más desesperación que seguridad; en el fondo se intuye el problema, pero se prefiere ignorarlo.

La otra hipótesis de interpretación de esta forma de poder autoritario, donde en el centro se acción se encuentra el caudillo, es la que plantea que cuanta con más disponibilidad de fuerzas se dispone, ya sea en votos y adhesiones, es cuanto más se manifiesta la tendencia a la centralización del poder en pocas manos. ¿Por qué ocurre esto? Parece paradójico, cuanto menos preocupación se puede sentir por la vulnerabilidad es cuando más se insiste en controlarlo todo, incluso en los detalles; menos se confía, incluso en los partidarios, en los dirigentes, en las organizaciones sociales que abrieron el proceso. ¿Por qué a mayor disponibilidad de fuerzas, incluso mayor legitimidad, se busca mayor centralización, control y concentración de poder? ¿Qué tiene el poder que preocupa tanto a sus agentes, operadores, sobre todo a sus conductores y dirigentes? La disponibilidad de fuerzas choca con la distribución democrática de la potencia social; la acumulación y el uso de las fuerzas terminan recayendo en mandos, en cambio la acción y el flujo de la potencia social requiere de composiciones espontáneas y acordadas, requiere entonces de deliberación y asambleas, de la construcción participativa y colectiva de la decisión social. En el acontecimiento que más se requiere de la mayor disponibilidad de fuerzas posible, la guerra, por lo general, se opta por la centralización de los mandos, la unificación de las fuerzas y las voluntades, para lograr los desplazamientos coordinados de los combates. Tomada la política como la continuación de la guerra por otros medios, el Estado es un complejo dispositivo que no ha abandonado el escenario de la guerra; el Estado está estructurado por una centralización jerárquica de mandos, no deja de ser un aparato de guerra. ¿Contra quién está en guerra permanente el Estado? Los gobiernos que se hacen cargo del Estado experimentan esta tendencia a la concentración y centralización, actúan en conformidad buscando el control total. El ejercicio democrático, la deliberación, la participación son un estorbo. Lo que importa ya no es tanto el mandato popular, sino cumplir con esta lógica inherente de concentración y centralización de poder, que además se realiza a nombre de los mandatos populares. Aunque se cuente con un mapa institucional, normas institucionales y administrativas, leyes, incluso una Constitución como mandato, el impulso primordial no es legal ni administrativo, sino a la concentración y centralización del poder.

El caudillo no gobierno sólo, se apoya en un núcleo de confianza. A lo largo de las gestiones de gobierno se forman amistades y complicidades, se selecciona por descarte un grupo de confianza, no sólo los más cercanos y los más íntimos del presidente, sino los más eficaces en la colaboración y asesoramiento. La conformación de un grupo de decisión última, algo así como la última defensa, pero también la primera en importancia en la toma de decisiones, es parte de estratificación en la administración del poder. Se comparte gran parte del tiempo de sus vidas, entregadas al ejercicio de gobierno, se conocen no solamente en las reuniones oficiales, sino que se convive conllevando preocupaciones, amarguras, alegrías; se llegan a conocer mejor, terminan siendo los habitantes solitarios del mundo cerrado del poder. Cada uno de los miembros del núcleo de poder tiene como sus propias redes, sus influencias, sus dominios. También tienen sus personas de confianza repartidos en el aparato estatal, incluso algunos en las organizaciones sociales. Es de esperar entonces que haya interés en ciertos nombres para la presidencia del Senado, también en otros cargos, en la postulación a gobernación, incluso en las coordinaciones de comisiones. Entonces los juegos de poder se hacen más variados, se abren a distintas opciones. De lo que se trata es de lograr mayor control y prevenir contingencias; entre los congresistas hay dirigentes ligados a sus regiones, que consideran que deben responder a sus regiones y a sus mandatos. Estos dirigentes pueden convertirse en problemáticos, dado el caso. O como ocurrió con Rebeca Delgado, que siendo presidenta de la cámara baja, decidió responder a su mandato constitucional, al reclamo de organizaciones sociales, como los gremialistas y transportistas, incluso de organizaciones regionales, en el asunto de la controvertida ley de bienes. Nadie puede osar semejante acción deliberativa, legislativa y fiscalizadora, pues no cuenta con el visto bueno del núcleo cupular. Por eso es importante el control de las presidencias y de las comisiones encargadas; en consecuencia, de los partidarios hay que seleccionar a los que no tengan atisbos de convertirse, en algún momento, en problemáticos.

Como puede verse esta es la lógica del control; vigilancia, concentración y centralización del poder, aparentemente eficaz, a los ojos del núcleo del poder, pues garantiza el cumplimiento de la voluntad concentrada del poder. Empero, lo que no ve este núcleo de poder, es que esta lógica merma la capacidad organizativa, destruye la dinámica propia de la Asamblea Legislativa. Al convertir a la Asamblea Legislativa en un apéndice del ejecutivo, ha descartado un espacio indispensable de legitimación, que sólo se puede realizar si hay deliberación, apertura a las propias deliberaciones populares, madurando y experimentando el desarrollo legislativo como parte de una experiencia constructiva. La mejor defensa del proceso no puede ser otro que el ejercicio democrático, el ejercicio plural de la democracia, el ejercicio participativo y de control social. Al núcleo de poder todo esto le parece una pérdida de tiempo; para este grupo lo práctico y realista, contando con la mayoría absoluta, los dos tercios del Congreso, es ejecutar las medidas tomadas por el ejecutivo, operando con la aprobación del legislativo. Esta “certeza” en su “correcta” posición los empuja a exigir disciplina en el cumplimiento de lo que vendrían a ser órdenes. Esta “certeza” se afirma en la creencia de la claridad y objetividad de sus análisis de coyuntura. A pesar de varios traspiés del ejecutivo, no se inmutan de los errores, prefieren suponer que se trata de incomprensiones o, en el peor de los casos, de conspiraciones.

La experimentación del poder produce fenómenos peculiares; uno de ellos es lo que llamo la desconexión con la “realidad” efectiva; otro es que los propios conductores se cavan su propia tumba al descartar todas las defensas democráticas del proceso; preferir las defensas “militares”, las defensas “fortalezas”, creyendo que el cerrar filas es la mejor defensa. Lo único que han hecho con este comportamiento es aislar la “fortaleza” de la sociedad y empujar a la sociedad en contra de la “fortaleza”. Se trata de una conducta paradójica, una política de control que ocasiona consecuencias que no controla. Este aislamiento del poder es uno de los fenómenos más notorios en el desenvolvimiento político en la modernidad y capitalismo tardíos.

En relación a la crisis política, que es crisis del proceso, también crisis del Estado, por lo tanto crisis del poder, crisis manifestada en sus contradicciones profundas, hay dos interpretaciones que observamos por su simpleza y esquematismo; una es la que se coloca en una posición programática, dice que si hubiera habido un programa revolucionario, un partido revolucionario, compuesto por militantes profesionales, otro hubiera sido el cantar, el proceso hubiera sido revolucionario. Los que emiten esta interpretación se basan en lecturas parciales e incompletas de la revolución rusa, tienen como una caricatura de este acontecimiento histórico, una caricatura como la de los dibujos animados, donde los personajes pierden rasgos humanos y se caracterizan por representar una sola convicción y determinación reiterativas. Han dejado de lado la historia efectiva y la complejidad de situaciones que tuvo que atravesar esa revolución. Armados por una caricatura pretenden realizar una revolución pura en su propio país, noventa  y seis años después de este acontecimiento trascendental. Creen que se puede hacer una revolución como acto de voluntad y como logro de la imaginación. Por lo tanto, la crítica a lo que ocurre es deducida de esta interpretación esquemática; el proceso estaba destinado al fracaso pues esta conducido por pequeños burgueses, por una burguesía emergente; el populismo engaña a las masas y no observa las leyes dialécticas de la historia. La ausencia de la conducción del proletariado, de su dirección y programa revolucionarios, muestran de antemano el fracaso de este proceso.

Esta interpretación apoya la inmovilidad política a nombre de la pureza de la revolución. Esta interpretación en la actualidad, está lejos de la utilidad que tenía la versión inaugural de la revolución permanente y la tesis de transición difundida en la década de los años cuarenta del siglo pasado, cuando se aprobó la Tesis de Pulacayo. La utilidad de la Tesis de Pulacayo, fuera de formar parte de la constitución del proletariado minero boliviano, fue de servir de herramienta de interpretación de los procesos sociales y políticos en las formaciones sociales periféricas del sistema-mundo capitalista. Se convirtió después en el programa del proletariado boliviano y tesis de la COB. En aquél periodo heroico la teoría de la revolución permanente y la tesis de transición eran instrumentos interpretativos que se usaban para intervenir en las luchas concretas del proletariado y en las coyunturas específicas de la temporalidad política. No como ahora, cuando se ha reducido el discurso “revolucionario” a un esquematismo ingenuo, que sirve para inmovilizarse políticamente. No se participa en las luchas concretas del proletariado minero, que enfrenta las contradicciones más complejas del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. El proletariado minero ha sido abandonado de la preocupación activista, dejado en la experiencia contingente de un capitalismo salvaje. El sindicato de maestros no sustituye al proletariado, como se pretende en las actuales versiones de este discurso “radical”.

La anterior versión esquemática viene de la izquierda. Otra versión, mas simple, e incluso más ingenua, viene de la derecha. La “crítica” de los voceros de los partidos de derecha denuncian la corrupción, el autoritarismo, las políticas económicas provisionales del gobierno, como si éstos fenómenos administrativos no se hubieran dado en sus gobiernos neo-liberales. Colocan al pasado inmediato, cuando gobernaron, como si hubiera sido un ejemplo de paz y de institucionalidad. Como si el caos y el “barbarismo” se dieran en el gobierno de Evo Morales Ayma. Esto equivale a inventarse un paraíso terrenal en el pasado inmediato, descargando todos los males de la política al gobierno indígena y popular. El problema no es éste, justamente en esto no hay diferencia entre el presente gobierno y sus gobiernos pasados. El problema es que el presente gobierno se parece demasiado a sus gobiernos. En este sentido parece una continuidad de las viejas prácticas políticas, prebéndales, corrosivas, de los circuitos de influencia y las redes de corrupción. ¿Cuál es la diferencia? La corrupción era privilegio de los doctorcitos, ahora  se ha democratizado, se ha vuelto popular. Para esta derecha no pasó nada, no hubo crisis política del Estado, de la clase política, del modelo neoliberal, de los partidos políticos, de las formas y monopolios de la representación. Tienden a obviar la movilización general de 2000 al 2005, u optan por explicarla a partir de la conspiración; algo parecido a lo que hace el gobierno actual, sólo que al revés. Esta derecha continúa con su crítica a la Constitución, o la usa parcialmente, de una forma des-contextuada, para contrastar con lo que no cumple el gobierno; continúa su crítica al Estado plurinacional, defendiendo la unidad nacional, defendiendo al Estado-nación. En su ingenuidad no se da cuenta que precisamente en esto coincide con el gobierno, que ha restaurado al Estado-nación, que se enfrenta a las naciones y pueblos indígenas originarios, quienes exigen la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico. La propuesta de la derecha es ofrecer volver al Estado de derecho, que garantice la propiedad privada y la inversión extranjera, criticando las nacionalizaciones. Las nacionalizaciones se han reducido a compra de acciones, como se hace en otros lados, incluso en Estados Unidos, que es el modelo económico de la derecha neoliberal. El gobierno popular ha continuado, expandido y profundizado el modelo extractivista que ha preponderado en la historia económica de Bolivia. Este rasgo continúa, además de prorrogar la característica de Estado rentista. La diferencia radica en el discurso, y también en las medidas sociales de corto alcance, coyunturales, como las relativas a los bonos. El problema que no puede ver la derecha, pero si lo tiene claro el pueblo, es que la “revolución democrática y cultural” se ha quedado en el camino, más cerca de sus gobiernos neo-liberales, más lejos del horizonte abierto por la Constitución.

Con esto no se dice que el gobierno popular es lo mismo que los gobiernos neo-liberales, no se puede llegar a este extremo de no leer la diferencia, extremo a la que llega cierta izquierda supuestamente “radical”. El gobierno popular no es neo-liberal por la sencilla razón de que emerge de un proceso semi-insurreccional de luchas sociales que se enfrentan al modelo neoliberal (2000-2005), su política económica arranca con la nacionalización de los hidrocarburos, aunque haya sido imparcial, y continua con otras nacionalizaciones, aunque sean montajes propagandísticos, evidentemente efectuados por compras de acciones. Se propone fortalecer al Estado como empresario, aunque esto quede en planes y no terminé de realizarlos; además de inclinarse por la inversión social, aunque esto no termine de efectuarse en la gran escala que se requiere, con impacto en el mediano y largo plazo. Ciertamente hay parecidos, entre el gobierno popular y los gobiernos neo-liberales, principalmente en lo que respecta a las políticas económicas monetaristas. Empero estos parecidos no los convierte en equivalentes. Tampoco las empresas estatales en hidrocarburos y minerales se han librado del control técnico de las empresas trasnacionales, de la presencia de estas empresas en el campo económico. Sin embargo, es insostenible afirmar que se trata de un gobierno neo-liberal. El problema del gobierno popular no es que sea neo-liberal, aunque esté más cerca de los gobiernos neoliberales que de la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico; el problema del gobierno popular son sus contradicciones y limitaciones en el proceso de transformaciones, el haberse convertido en un obstáculo para el cumplimiento y la realización de las transformaciones estructurales e institucionales establecidas por la Constitución.

Los tejidos y manejos del poder del gobierno popular son una continuidad de los tejidos y manejos del poder de los gobiernos liberales, nacionalistas, dictatoriales, populistas y neoliberales anteriores, a lo largo de la historia política republicana. Estos tejidos y manejos tienen que ver con la formación de clientelas, por medio de procedimientos prebéndales, la reiteración de recorridos de circuitos de influencia, la reproducción de estructuras de corrosión y corrupción, las llamadas prácticas de poder paralelas. La formación de grupos afines, la mantención de personas de confianza, la conformación de redes de operadores. Ciertamente estas prácticas son más notorias en los gobiernos nacionalistas, en los gobiernos populistas y en el actual gobierno indígena y popular, pues sus bases sociales y convocatorias son ampliamente mayores que el apoyo y la convocatoria de los gobiernos liberales, dictatoriales y neo-liberales. Lo que interesa al respecto no es el cumplimiento de la norma, las leyes, la institucionalidad, la administración pública; lo que interesa en el hilado del poder, en el manejo de las relaciones de poder, es la configuración de amistades y complicidades como garantías personales en el cumplimiento de las políticas gubernamentales y la voluntad del núcleo conductor. Esta es una dimensión intersubjetiva del poder, de reconocimiento mutuo de los más afines de los afines, de los más leales de los leales, de los más confiables de los confiables. Los que reclaman plena institucionalidad de los cargos, entre ellos los convenios de los organismos internacionales, deberían saber que esta instancia de las complicidades personales se dan en todos los gobiernos del mundo. Si se quiere, se trata de la relación “afectiva” de las relaciones de poder. La seguridad de la fluidez de las directrices, de las transmisiones y las conducciones, radica, al final, en la confianza en los concebidos como suyos. La supuesta racionalidad, en sentido kantiano, de la administración del poder en el Estado moderno, no ha podido borrar estas prácticas y esta dimensión “afectiva” basada en las confianzas y complicidades.

Terminamos como comenzamos; uno de los secretos de las formas de reproducción del poder, de su conservación, prolongación, efectuación minuciosa, se encuentra en esta dimensión de las relaciones personales, intersubjetivas, de las amistades que sostienen una de las formas de efectuación de la política, una de las formas que llamaremos “afectivas” por la exigencia del reclamo de confianza que tienen los que conducen y gobiernan.

¿Cómo escapar de esta condena, de esta repetición de lo mismo? Se dice  que no hay peor derrota que no haber intentado. Las claves para intentar hacer otra cosa se encuentran en la Constitución; la definición del sistema de gobierno como democracia participativa, el ejercicio plural de la democracia; democracia directa, representativa y comunitaria. En el capítulo sobre participación y control social se define la participación como construcción colectiva de la decisión política, construcción colectiva de la ley y construcción colectiva de la gestión pública. También se encuentran claves en una propuesta de nueva gestión pública, trabajada en un equipo inter-ministerial, a cargo del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, el Anteproyecto de Ley de Gestión Pública Plurinacional Comunitaria e Intercultural, donde se plantea, como base de las transformaciones estructurales e institucionales, encaminadas a la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, el pluralismo institucional, jurídico, administrativo, normativo y de gestiones. Se propone transformar la gestión mediante la planificación integral y participativa, con enfoque territorial, la ejecución y el seguimiento con control social, la evaluación participativa y la retroalimentación ajustada y corregida. Se propone además una gigantesca Escuela de Gestión Pública donde no solamente se formen los servidores públicos, sino también los que van a hacer control social. También se propone el gobierno electrónico, un gobierno paralelo virtual, que viabilice la transparencia, permita el acceso a la información, y logre la participación de todos, de la gente, de las organizaciones, de las comunidades. De la misma manera el Plan Plurinacional del Vivir Bien, que fue aprobado por el gabinete de políticas sociales de una manera insólita, pues buscaban un instrumento para mejorar la baja gestión y la baja ejecución, sin atender a concepción que recogía de la Constitución los tres modelos de transformación estructural; el modelo político del Estado plurinacional comunitario; el modelo territorial, expresado en el pluralismo autonómico; y el modelo económico, concebido como economía social y comunitaria. Los tres modelos eran contenidos, atravesados y articulados por el macro-modelo del Vivir Bien. En esta perspectiva, de los instrumentos de la transformación, se contaba también con el Anteproyecto de Ley de la Madre Tierra, elaborado por el Pacto de Unidad, después convertido en Proyecto de Ley, en discusión y acuerdos con el gobierno y la Asamblea Legislativa. Este proyecto, que conservaba el espíritu del anteproyecto, fue desecho por el gobierno y la Asamblea Legislativa, sin respetar los acuerdos con las organizaciones sociales, para elaborar una ley más de desarrollo integral que de la madre tierra. Como puede verse, se contaban con propuestas para una transición transformadora; sin embargo, todo esto ha sido descartado por el gobierno y el núcleo de poder. Han preferido ignorar los mandatos constitucionales y descartar la discusión del Anteproyecto de Ley de Gestión Pública Plurinacional Comunitaria e Intercultural, así como el Plan Plurinacional del Vivir Bien, del mismo modo la Ley de la Madre Tierra. La vocación del gobierno no es precisamente democrática, participativa, tampoco transformativa. Como hemos dicho, su vocación es conservar y prolongarse en el poder. Este rasgo no lo distingue de los otros gobiernos de la historia política de Bolivia.                 

 

El fetichismo del capital

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Levitación política

 

 

Los discursos adquieren su sentido inaugural en un lugar, en un contexto determinado, en una coyuntura singular. Emergen, no como fantasmas, ni como abstracciones; eso viene después, como generalización y universalización. Sin embargo, esta generalización y universalización, esta ascensión a lo abstracto no podría efectuarse sin la experiencia matricial, de la que emerge, bañada de sensaciones, imaginaciones primordiales, codificaciones y racionalizaciones integradas a la percepción. Por eso mismo, es indispensable contextuar los discursos, las teorías, las posiciones políticas; de lo contrario, si no se hace eso, contextuar, relacionar los discursos y las teorías en uso con su lugar, contexto, momento, coyuntura, experiencias concretas, se termina levitando sin pisar la tierra, en el sentido de sin ubicarse en el espacio-tiempo. Este oficio de des-contextuar es aprovechado para citar a autores de la manera más ligera, usando fragmentos de sus discursos, en beneficio de los intereses, que se dan, en el campo de fuerzas, en otro lugar, en otro contexto, en otra coyuntura, en otro tiempo; por lo tanto, en otra realidad, para la que, posiblemente, lo que se cita ya no tenga nada que decir.

Este abuso, va en detrimento tanto del autor citado y de su obra, que, obviamente, no es responsable del uso extemporáneo y des-contextuado que se hace de su pensamiento y sus posiciones, tampoco de la interpretación del tema, tópico, realidad, que está en cuestión o en discusión, en otro momento, en otro lugar, en otro contexto y en otra problemática.  No sirve ni para reivindicar al autor, tampoco sirve para decir algo sobre la problemática en cuestión. Mas bien, se demuele y menoscaba lo que tenía de sentido histórico-político y de significación política el discurso del autor citado. Se lo convierte en mono de naipe para ocupar los lugares vacíos, remplazables. Esta es la pobreza de la argumentación política populista, al querer justificar, de las maneras más insólitamente estrambóticas los diletantismos descarnados y extravagantes de un gobierno progresista, que dice luchar contra el capitalismo; sin embargo, es el principal promotor del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. Dice ser antiimperialista; sin embargo, no duda en ir a mendigar inversiones de capital a la sede más conocida del imperio.  Con esto, lo que hace el gobierno populista, es mostrar por enésima vez, no solamente su diletantismo, sino su miseria “ideológica” y política. En este caso, la “ideología”, que es la formación discursiva de legitimación institucional, es vaciada de lógica, de construcción argumentativa, de reflexión, y raciocinio, hasta dejarla tan exhausta, que lo único que le queda es el pellejo arrugado y enfermo, que a lo único que atina es dar alaridos incomprensibles.

 

El vicepresidente ha citado a Vladimir Ilich Lenin para justificar el viaje de una delegación de alto nivel, encabezada por el presidente, para participar en el foro “Invirtiendo en la nueva Bolivia”, realizado en Nueva York. El presidente ofreció seguridad jurídica a los inversionistas, que se concentraron en el evento. Dijo: “Yo quiero decirles que en nuestra gestión aprobamos tres leyes importantes en el tema de inversión: la Ley de Empresas Públicas; la Ley para Incentivar la Inversión y la Ley sobre Arbitraje y Conciliación acordada con los empresarios”. ¿No son estos dispositivos para atraer el capital extranjero, que es el fetiche de todas las burguesías o lumpen- burguesías de las periferias del sistema-mundo capitalista? ¿Qué hay de diferente en este comportamiento subordinado? Hayan empleado distintos matices, en un discurso demandante, los liberales, enamorados del libre mercado, los nacionalistas, enamorados de la industrialización, los neoliberales, enamorados de la libre empresa, los populistas del siglo XXI, enamorados del desarrollo y el progreso. ¿Acaso se diferencian tanto en esta su concepción economicista, por lo tanto fetichista, que combina los juegos monetaristas, las obsesiones mercantilistas, el delirio por el capital financiero, otorgándole la magia de la inversión y sus efectos multiplicadores?

Como se puede ver, a pesar de sus diferencias discursivas, incluso “ideológicas”, liberales, nacionalistas, neoliberales y populistas, comparten el imaginario del fetichismo del capital. Creen que el capital es un monto, una cantidad, mejor si es grande, que puede distribuirse en una estructura clasificada de inversiones. Esta mentalidad de contables, pues no han salido de los estrechos criterios de la contabilidad, es la que conmensura el crecimiento del capital. Olvidan, si es que alguna vez han tenido alguna vaga idea, de que el capital es expropiación de fuerza de trabajo, de energía humana y dominación taxativa sobre la naturaleza. Son estos embelesados por el brillo del capital en sus imaginarios extraviados, aunque reducidos al espejo de vitrina de los objetos del capital, los que creen que pueden decir cualquier cosa, como usar citas des-contextuadas, para justificar diletantismos sumisos al imperio, aunque se desgarren las vestiduras con trasnochados discursos antiimperialistas, hablando de una forma de imperialismo que ya no está; empero, no dicen nada de la forma del imperialismo presente, el orden mundial, el dominio del capital financiero y la aplastante expansión destructiva del capitalismo extractivista.

 

 

La Nueva Política Económica

 

La Nueva Política Económica (NEP) se institucionalizó en el 10° Congreso del Partido Comunista de la URSS. Se promulgó por decreto el 21 de marzo de 1921, relevando a la Prodrazvyorstka por la Prodnalog; en substitución de los embargos de bienes alimenticios, vinculados a un impuesto fijo, que se paga en forma de especies. La NEP admitió que pequeñas empresas funcionaran con el objeto de incentivar la economía agraria, aceptando, de manera acotada, el beneficio privado; en tanto que el Estado continuaba  con el control del comercio exterior, los bancos y las grandes industrias. En concreto, después de la culminación de la guerra civil, después de la victoria del Ejército Rojo sobre los ejércitos imperialistas intervencionistas, que apoyaban a los rusos blancos, la NEP sucedió a las políticas del comunismo de guerra; estrategia provisional, que fue asumida en la emergencia de la guerra y en defensa de la Patria Socialista. Las leyes autorizaron la coexistencia de los sectores públicos y privado, que fueron incorporados en la NEP. Lenin justificó la introducción de la NEP, en el contexto de la transición y a causa de los costos de las guerras, mostrando que las grandes industrias pesadas, las fábricas, que producían carbón, hierro, electricidad, continuarían estando bajo el control estatal. La NEP también liberó restricciones comerciales y buscó reanudar alianzas con países extranjeros.

 

Como se puede ver, el lugar, la coyuntura, el contexto, la problemática singular, que atravesaba la URSS, en ese entonces, no pueden compararse con el lugar, la coyuntura, el contexto, la problemática, que atraviesa el gobierno progresista en Bolivia. ¿Por qué usar a Lenin en la demanda angustiada de capital por parte del gobierno populista? ¿Recurrir al prestigio bolchevique para barnizar con sus símbolos un incongruente e incoherente proyecto económico, que lo único que tiene de asidero, es la continuidad del extractivismo?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El capital, una de las serpientes de la cabellera de Medusa del poder

Dominación y sumisión

¿Qué es el capital?

 

 

 

Las burguesías, las lumpen-burguesías, los gobernantes, los políticos, incluso el sentido común; sobre todo los economistas, creen que el capital es una cantidad de dinero, sobre todo cuando es grande. Creen que el capital es una cifra de gran tamaño; algo así como el espíritu santo, que no solamente da la gracia, sino que al tocar donde llega lo transforma, lleva a los países de la mano a la ruta del desarrollo. Este imaginario no es iluminista, como lo fue la primera fase de la modernidad, que buscaba desprenderse de sus fantasmas más viejos, de los imaginarios religiosos, de las propiedades latifundistas, de la nobleza, que afincaba su jerarquía en el abolengo, en la ascendencia y en la descendencia de sangre, en la buena educación y en las buenas costumbres. El iluminismo fue la crítico, como el buen Emmanuel Kant nos enseñó; también fue el camino de la ciencia, como el buen François-Marie Arouet, Voltaire, nos enseñó. Sin embargo, lo que continuó al iluminismo fue otro oscurantismo; el nuevo imaginario moderno no tardó en hacer nacer a los nuevos fantasmas, aunque jóvenes, al principio, adquirieron pronto el perfil maduro del fantasma eterno: la “ideología”, que es hija de la madre, la religión. Sin embargo, uno de los fantasmas o una de las familias de fantasmas optó por la simpleza, prefirió no ostentar grandes narrativas, como las que tuvieron las religiones monoteístas, tampoco por las narrativas propiamente “ideológicas”, que sustituyen a la providencia por los caminos de la razón o por los recovecos de la evolución, sino quiso ser una presentación sucinta, casi sin narrativa; una especie de fórmula, pero en prosa seca y corta, aunque después convertida a fórmula matemática y a gráficas. Esta exposición es un paquete, diríamos hoy, un enlatado, es una frase mágica, sin la ceremonialidad de los magos de antaño, que contaban con otras narrativas, sino directa y pretensiosa. Se trata de la receta edulcorante, aunque dicha en distintas tonalidades, que siempre lanza el mismo mensaje: obtenga capital y se hará rico, obtenga capital e ingresará a la modernidad, obtenga capital y saldrá del subdesarrollo, obtenga capital y entrará al reino del desarrollo y el progreso. El mensaje único es: el secreto de la felicidad es el capital.

 

El capital no es pues este imaginario resumido y empaquetado. Lo sabemos un tanto desde Marx, que tuvo la lucidez de mostrarnos que deriva del fetichismo de la mercancía; empero, se quedó a mitad del camino, después de haber mostrado, que la valorización del valor, es decir del dinero, se da en el proceso de producción, como expropiación de tiempo socialmente necesario desplegado por la fuerza de trabajo. En resumidas cuentas, Marx nos enseñó que el capital es una relación, una relación social, entre los propietarios de medios de producción y los propietarios de la fuerza de trabajo. Sin embargo, no queda ahí todo; como dijimos en la Crítica de la economía política generalizada[93], se trata de un haz de relaciones. Se trata no solamente de la economía política, en sentido restringido, sino de la economía política generalizada; se trata no solamente del plano de intensidad económica, sino de múltiples planos de intensidad, articulados e integrados. En este sentido, el capital es efectivamente, en su materialidad social, una organización social, no solamente reducida a su núcleo, el modo de producción capitalista, ni a su abigarramiento, la formación económico-social, sino comprendida en la expansión del sistema-mundo capitalista. En este sentido, hemos aprendido, por los marxistas latinoamericanos de la teoría de la dependencia, que se trata de una geopolítica del sistema-mundo, que divide centros y periferias en este sistema-mundo. Siguieron enriqueciendo este concepto de sistema-mundo la escuela de los anales, los historiadores del ciclo del capitalismo, desde Immanuel Wallernstein[94] hasta Giovanni Arrighi[95]. Eso es, el capital es la organización, la geopolítica, de control de la producción, la distribución y el consumo, a escala planetaria. Fernand Braudel[96] nos enseñó que el capitalismo no se basa en el libre mercado, sino que, paradójicamente, lo niega. El capitalismo se genera, mas bien, en el monopoliomonopolio de los medios de producciónmonopolio de la tierra, monopolio de los recursosmonopolio tecnológicomonopolio financiero. En consecuencia, el capital es y responde a estos dominios sobre la tierra, sobre los medios, sobre las técnicas, sobre las finanzas o sus circuitos.

 

Por de pronto, para resumir, quedemos con esto: el capital es monopolio sobre las fuerzas y los recursos que captura. Partiendo de esta certidumbre, contrasta asistir al devaneo pedigüeño de lumpen-burguesías y de gobernantes, de economistas y demandantes, demandantes de capital extranjero o privado, capital de inversión. Esta es una figura patética, que muestra las miserias de lumpen-burguesías y de gobiernos, sean estos liberales, nacionalistas, neoliberales o populistas; precisamente en esto se parecen, en compartir el fetichismo del capital.

 

¿Cómo explicar esa actitud de demanda de capitalImaginario simplón, que acompañó a la historia política de los países periféricos, a la secuencia de gobernantes. Se crean hombres del progreso, como José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, en México; o se crean gestores del desarrollo, como les ha ocurrido a los nacionalistas del siglo XX; o se crean progresistas, como les ocurre a los gobiernos de “izquierda” de Sur América. Peor aún, como cuando los neoliberales se creían portadores de la libre empresa, entregando empresas públicas, recursos naturales, ahorros del pueblo, a las empresas trasnacionales. Para ellos, no valían nada o casi nada, estas empresas públicas, estos recursos, estos ahorros; lo que importa es el capital foráneo, el gran capital, pues solo su inversión nos llevará de la mano a la tierra prometida de la libre empresa

 

No parece haber otra explicación que los variados rostros de la sumisión y subordinación a las formas de dominación capitalistas históricas. Los imperios coloniales; después, los imperialismos; después, el híper-imperialismo hegemónico; ahora, parece el imperio integrado. Puede ser esta una explicación de entrada; sin embargo, queda por explicar la recurrencia del círculo vicioso de la sumisión y la subordinación, en sus distintos rostros; incluso en los rostros que muestran un gesto de rebeldía, pero, que no se atreven a romper sus cadenas.  Vamos a intentar sugerir una interpretación para auscultar este círculo vicioso de la sumisión.

 

 

 

 

El circulo viciosos de la sumisión

 

Se conoce la relación dominación y sumisión como relación de placer, en el ámbito de las relaciones sexuales; hacen referencia a una serie de comportamientos, costumbres y prácticas sexuales, centradas en relaciones concomitantes; relaciones que implican el dominio y la sumisión por parte de las personas involucradas en la relación y en el acto. Es una de las prácticas del Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión y Sadismo Masoquismo (BDSM)[97]. En la relación de dominación y sumisión, cada cómplice padece placer; al respecto, la relación de dominación y sumisión se establece representativamente como relación de Amo o Ama y Dominado o Dominada[98]. En el ámbito de las relaciones sexuales, los roles pueden intercambiarse; lo que se denomina como interruptor o switch es alguien que puede cumplir con roles[99].

 

¿Podemos encontrar una clave en estas relaciones de dominación y sumisión, dadas en cierto ámbito de las relaciones sexuales, si no es en todos los ámbitos, para explicar el círculo vicioso de la sumisión política, económica, social y cultural? Bueno, es esto lo que ha sugerido el psicoanálisis; también ha encontrado Wilhelm Reich en Psicología de masas del fascismo[100]. Empero, no se trata de nada intrínseco, sino, mas bien, de un fenómeno constituido e instituido por los dispositivos institucionales de la sociedad, por los dispositivos de poder de las cartografías de fuerzas de las dominaciones. El placer no necesariamente tiene que basarse en la relación dominación/sumisión. Extendiendo el ámbito de relaciones, desde la referencia de las relaciones sexuales, llegando a los ámbitos políticos y públicos, incluso económicos, además de culturales, la pregunta es: ¿Es el placer el que explica esta relación de dominación y sumisión, para nosotros el círculo vicioso de la sumisión?

 

¿El o la dominada desean serlo? La hipótesis de Reich es ésta; el deseo del amo. El secreto de la dominación se encuentra en la reproducción del poder; los que lo reproducen son precisamente y paradojamente los dominados. Esta interpretación nos lleva a otra, no menos paradójica; algunas demandas, algunas rebeliones, no todas, terminan siendo demandas al dominante para que verifique su dominación sobre los y las dominadas. Esto pasa cuando algunas reivindicaciones, algunas demandas, algunas rebeliones, terminan siendo incorporadas a la reproducción del poder. Esto nos puede ayudar a echar luces sobre las características y condición de los gobiernos populistas. No se puede decir que no se rebelan, que no interpelan al amo; sin embargo, esta rebelión y esta interpelación se mueven en determinados márgenes, aceptados, incluso tolerados, por la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Se entiende entonces, que después de la trifulca con el imperio, vuelve una especie de reconciliación, no declarada, donde el amo sigue siendo el amo y el subordinado sigue siendo subordinado.

 

No es fácil hablar de placer cuando no se trata de relaciones sexuales, no tanto cuando se toca el tema del gusto o de la estética, sino cuando las referencias son los campos sociales; el campo político, por ejemplo. Aunque Michel Foucault ha afirmado que el poder también causa placer, refiriéndose no tanto al papel de la dominación, sino al papel de los y las dominadas. En todo caso, no parece ser consciente la búsqueda de este placer, que se obtendría por someterse; tampoco parece ser el placer político de sumisión tan equivalente al placer sexual. Lo que importa, en esta hipótesis interpretativa, es que hay como una voluntad inconsciente, por así decirlo, que busca el sometimientovoluntad acompañada por prácticas que hacen efectiva la sumisión. Por lo tanto, como decía Foucault, el poder no solo causa dolor, sino también placer.

 

Es indispensable auscultar esta fenomenología de la dominación y sumisión. Pues para salir del círculo vicioso del poder es menester romper esta relación de dominación/sumisión. Esto equivale a salir del gusto de ese placer, que emerge de la relación dominación/sumisión. Si seguimos con este referente de la hipótesis, el de las relaciones sexuales, aunque, en los ámbitos de otras relaciones sociales pueda adquirir este placer formas más complejas, debemos comprender mejor las relaciones del poder con el cuerpo.

 

El poder no solamente se ha inscrito en los cuerpos, sino que esta inscripción forma parte de las circulaciones corporales. El poder ha logrado afectar el cuerpo induciéndole comportamientos y conductas, constituyendo subjetividades moduladas por el poder, aunque estas subjetividades hayan definido un perfil que también ha sido dibujado por las resistencias. Es más, el poder, que aparece materialmente en las mallas institucionales, atravesadas por diagramas de poder y cartografías de fuerzas, ha creado entornos a los cuerpos, que son los espacios codificados y estriados que canalizan los movimientos corporales. Las relaciones de poder son imaginarias, constituyen subjetividades, configuran espacios de dominio y de movimiento canalizado de las sumisiones. El poder, entonces, es un fenómeno complejo, que no puede reducirse a un plano de intensidad, como el campo político, tampoco al campo económico, a la combinación de ambos, convirtiendo a la economía en la base de la superestructura política.  Ni a otros planos de intensidad, como, por ejemplo, el sexual. El poder es un fenómeno que se da en la articulación integral de múltiples planos y espesores de intensidad. Lo que hay que describir son las formas de estas articulaciones integrales de planos y espesores de intensidad, que producen poder.

 

Por lo tanto, no es conveniente creer a los discursos interpoladores, incluso rebeldes y hasta antagónicos, que cuestionan al poder, a alguna forma concreta del poder, como, por ejemplo, el imperialismo o el capital. Tampoco creer en posturas “revolucionarias”. Si solo afectan y resuenan en uno de los planos de intensidad de la complejidad, sinónimo de realidad. El conglomerado de la composición del poder no está afectado ni plenamente interpelado y cuestionado. La integralidad de la composición de planos y espesores de intensidad seguirá reproduciendo el poder, a pesar del efecto parcial en alguno de sus planos. Entonces, se puede explicar la larga persistencia del círculo vicioso del podermutando de formas, debido a que nunca se ha afectado la integralidad de la composición del poder.

 

Obviamente, la subordinación de los gobiernos progresistas no es la misma que la subordinación de los gobiernos neoliberales; se puede decir que los gobiernos neoliberales se subordinan conscientemente, por así decirlo; esto lo expresan en su propio discurso, pues no encuentran en su imaginario otra realidad que la de la libre empresa. En cambio, se puede decir que los gobiernos progresistas o populistas se subordinan inconscientemente, por así decirlo. Se creen antiimperialistas, ventilan discursos que expresan esforzadamente y chillonamente su antiimperialismo; sin embargo, cuando hay que venderle materias primas al imperialismo, lo hacen sin reparos; cuando hay que pedirle dinero, que llaman capital, lo hacen sin considerar que esta es una contradicción en el acto con su propio discurso antiimperialista. Ciertamente, además, se puede decir que los gobiernos populistas son menos subordinados que los gobiernos neoliberales; pero, ambos comparten el fetichismo del capital y la compulsión extractivista. ¿Por qué los gobiernos progresistas prosiguen en el círculo vicioso de la sumisión?

 

No es que lo quieran, ser sumisos o subordinados; pues parece lo contrario, no solo por su discurso, sino por las medidas políticas que toman, al principio, como las nacionalizaciones. Hay que situar la mirada en el contexto de relaciones del país periférico con el imperio. El imperio entendido como el orden mundial de las dominaciones, como la institucionalidad política mundial, que legitima el sistema-mundo capitalistaimperio, como dicen Antonio Negri y Michael Hardt, que tiene su arquitectura jerárquica estructurada; tiene a la gendarmería del imperio, la híper-potencia militar-tecnológica-comunicacional-cibernética; tiene su oligarquía universal, por así decirlo, las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial y sus recientes incorporaciones, las potencias industriales emergentes. En la base, se distribuyen los demás Estado-nación, que también definen sus diferencias jerárquicas, por más menores que sean. En la mayoría de los Estado-nación subalternos el contexto de relaciones con el imperio se define por su condición de países de economía primario exportadora, como clasifican los economistas. Esta condición, de entrada, establece una subordinación afincada en la dependencia y en el modelo colonial extractivista. Mientras no se salga de esta condición el discurso antiimperialista es pura retórica.

 

Si los gobiernos progresistas hacen muy poco para salir de esta condición de economía primario exportadora, lo que hacen es ahondar la dependencia por la ruta extractivista, digan lo que digan. Entonces, se puede decir, que esta es la materialidad política de la subordinación, su dependencia y su condición extractivista. Si, además, le añadimos la poca predisposición a una consecuencia política antiimperialista, salvo en los discursos, entonces la dependencia y la subordinación se ahondan; pues, en vez de cambiar de actitud, tienden a justificar sus contradicciones y contrastes.  La situación se agrava, cuando, en vez de cumplir con su Constitución, con el mentado proyecto descolonizador, prefieren apostar al progreso y desarrollo, enfrentándose a los pueblos indígenas; amplían la frontera agrícola, optan por el extractivismo, depredador y destructor de los ecosistemas. Nos encontramos con un cuadro barroco, donde el discurso es antiimperialista, la “ideología” un collage de fragmentos diversos, las políticas se distribuyen en un monetarismo a ultranza, una estrategia extractivista expansiva, un diletantismo pragmático, y para conservar la legitimidad, despliegan formas clientelares masivas, acompañadas por corrosiones y corrupciones jerárquicas. Se entiende entonces, que la subordinación persista en los llamados gobiernos progresistas.

 

 

 

 

 

 

 

La unidimensionalidad economicista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La pregunta no es cómo se crece y cómo se desarrolla económicamente; ni siquiera, ya que se pretende que se crece y se desarrolla, acudiendo al indicador del PIB, como indicador de las variaciones estadísticas de la estructura de la producción, ponderada en precios, corroborara la hipótesis del crecimiento y la hipótesis del desarrollo. El PIB es un indicador macroeconómico, que nace en el paradigma del equilibrio y busca medir el equilibrio o el desequilibrio del cuadro macroeconómico de un país. Es un indicador útil, si se quiere, para apuntalar políticas del equilibrio macroeconómico. ¿Por qué se usa este indicador para demostrar el crecimiento, peor aún, el desarrollo? Porque se ha reducido tanto el concepto de crecimiento como el concepto de desarrollo a la linealidad unidimensional numérica y aritmética, despojando a la voluminosa realidad de las otras dimensiones. Porque se quiere medir, pretendiendo, con esto ser efectivos, incluso objetivos. ¿La efectividad se logra con la medida, reduciendo lo que se mide a la dimensión de la medida? La medida, los indicadores, las estadísticas, son como las reglas o los metros que usamos para medir; son instrumentos muy útiles para eso. No se puede convertir a estos instrumentos de la medida en la verdad o en verificadores de la verdad; en este caso, de la verdad del crecimiento, de la verdad del desarrollo.

 

La efectividad solo se puede lograr operando adecuadamente en la materia que se quiere afectar, cambiar, transformar. La operación, es decir, la acción efectuada de una manera técnica, que supone información, además de conocimientos, es una actividad compleja. No puede ser resultado de una lectura, inclusive, de una interpretación de los datos. Las acciones sociales que pueden incidir o ya inciden, de manera efectiva y diseñada, de antemano, en el crecimiento, también en el desarrollo, no son resultado de decisiones derivadas de la lectura e interpretación de los datos. Sino de la coordinación de varias acciones técnicamente diseñadas, incluso incorporando actividades y prácticas, que no lo estén; empero, el conocimiento del funcionamiento espontaneo de estas actividades o prácticas, ayuda, más que a planificar, a incidir efectivamente en el impacto, en este caso, económico. Desde esta perspectiva, podemos comprender el porqué del fracaso, por lo menos, algunas de las razones de por qué fracasan, en gran parte, las políticas económicas. Las políticas económicas se diseñan abstractamente, no solamente reduciendo el mundo al plano de intensidad económico, sino reduciendo este mismo plano de intensidad económico a la unidimensionalidad numérica.  Estas reducciones no son otra cosa que el colmo de la abstracción. La representación, sobre todo si es conceptual, es ya una abstracción; ahora bien, reducir el concepto al dato no es otra cosa que seguir con el vaciamiento de contenidos hasta llegar a la pura forma, en este caso pura forma inaudita unidimensional del número. Para nada se descarta el número, ni la medida, tampoco los datos, así como no se descarta el indicador, mucho menos las estadísticas; todo lo contario, se busca interpretarlos en la propia semiología del dato[101], obteniendo del dato las descripciones posibles de las tendencias numéricas, que expresan medidas de procesos complejos. Para interpretar estos procesos complejos es indispensable conocer las mecánicas y dinámicas inherentes a los mismos. Desconocer estas mecánicas y dinámicas, pretendiendo sustituirlas por las tendencias numéricas, no es más que la muestra grave de una confusión epistemológica. Se confunde medida con concepto, confundiendo la representación de la realidad con la huella y el recorrido de los indicadores.

 

Podemos explicarnos entonces el por qué, por lo menos, algunas de las razones, se considera el crecimiento y el desarrollo como variaciones positivas de indicadores macroeconómicos, interpretando la variación de los indicadores. De esta forma, los ministros de economía llegan a afirmar que hay crecimiento y hay desarrollo, cuando la variación del PIB es positiva.  Una cosa es el análisis y otra cosa es la lectura de un cuadro estadístico. Pretender sustituir el análisis por la lectura monótona del cuadro de indicadores es empobrecer la interpretación económica, por un lado, y la interpretación estadística, por otro lado. Pues la estadística ha sido reducida a la aritmética de los números racionales; peor aún, a la simple lectura de un cuadro económico estadístico.

 

Todo esto, todo lo que hacen los economistas acríticos, funcionales a la metafísica de los datos, empero, reducidos a na simple aritmética, circunscrita a unos cuantos indicadores, es funcional al poder. El poder no requiere de un conocimiento de los procesos inherentes a la realidad, incluso cuando se dan en el recorte de un plano de intensidad, como el relativo al campo económico; sino que requiere de un discurso, pretendidamente “científico”, que avale sus políticas, por más descabelladas que sean. Al poder le interesa armar aparatos de legitimación y de conservación del poder. No importa si las políticas económicas terminan fracasando; lo que importa es convencer a la gente que las políticas funcionan bien, corroboradas por demostraciones estadísticas.

 

Este fetichismo de los datos, que no es culpa de la estadística, sino de los que usan la estadística de una manera tan reductiva y simplona, a pesar de los discursos “teóricos” que la acompañan, es el que sustenta esa demanda de capital de inversión para el desarrollo. Pues como el capital es una cifra, correspondiente a un monto grande de dinero, desde este imaginario unidimensional, lo que se requiere es esta cifra dineraria para avanzar en el desarrollo. El fetichismo de la mercancía, el fetichismo dinerario, el fetichismo del capital, el fetichismo de los datos, forman parte del círculo vicioso de un imaginario unidimensional numérico, que no solo ha reducido el mundo al mundo de las representaciones, sino ha reducido el mundo de las representaciones a la unidimensionalidad numérica. Este círculo vicioso se manifiesta en las políticas económicas, cuyos costos lo pagan los pueblos. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capitalismo andino amazónico e ilusión estadística

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El vicepresidente comenzó la conmemoración del tercer aniversario del “Estado plurinacional” con un discurso teórico, que emite términos como “topología”, geografía homogenizada, poli-centrismo, ciclos largos del Estado; quizás también quiso decir ciclos largos económicos; la estructura argumentativa del discurso ratificó la tesis, lanzada hace unos años, del capitalismo andino amazónico. Tesis guardada rápidamente, dada la discusión y la crítica que suscitó; la tesis fue suplida por la propuesta del socialismo comunitario, que contiene, sin embargo, la misma estructura argumental de la tesis del capitalismo andino amazónico. Al respecto de la pervivencia del capitalismo, hay que recordar que el modo de producción capitalista, contenido en la economía-mundo y el sistema-mundo capitalista, es el gran operador de la homogeneización del espacio, de la reducción de la geografía plural al espacio estriado[102], capturado por el Estado moderno. Como puede verse la homogeneización espacial es una consecuencia de la expansión y mundialización  capitalista.  Persistir en la homogenización del espacio es, en otras palabras, persistir en la desterritorialización capitalista, reterritorializada en el Estado-nación.  Aunque se use metafóricamente el lenguaje matemático de topología,  el estudio  de los espacios abstractos, a partir de su conexidad y compacidad, se está referenciando al espacio homogéneo producido por el capitalismo[103].

El modelo del capitalismo andino amazónico se asienta en un conjunto de vértices, comprendidos como polos de desarrollo. Se divide la geografía política en áreas especializadas, de acuerdo a sus vocaciones territoriales, restringidas a los recursos naturales de la región, según la división del trabajo que requiere este modelo de desarrollo, concebido como una “topología” política y económica. En el discurso se busca distinguir la “topología” del “Estado plurinacional” de las “topologías” de los estados coloniales y republicanos. La diferencia radica en la oposición del poli-centrismo, del espacio correspondiente al “Estado plurinacional”,  respecto del uni-centrismo, del Estado colonial y el Estado republicano. Hay también otra diferencia marcada; las dos civilizaciones pre-coloniales, anteriores a la invasión europea, la andina y la amazónica, lograron, a su modo, homogeneizar el espacio, abarcarlo, desde una perspectiva poli-céntrica. Estas civilizaciones, fueron portadoras de ciencias, tecnologías, saberes agrarios que revolucionaron la producción alimentaria; añadiríamos, manejando el genoma de las plantas, sobre todo de los tubérculos.

Estas dos diferencias históricas, en el pasado y en el presente, plantean un interregno colonial que nos convirtió en dependientes, sometidos al control y al dominio imperialista, dando lugar a una sociedad estructurada a partir de desigualdades. Esta hipótesis interpretativa, histórica y política, concibe al periodo de transición, desde el 2006 hasta la fecha, como etapa de recuperación soberana de la condición plurinacional, que también se dio, en sus propios contextos y temporalidades, en las formaciones administrativas de las civilizaciones andina y amazónica. Esta hipótesis supone una conexión con el pasado pre-colonial; este es el sentido de nombrar lo andino-amazónico como referente y matriz del modelo político y económico del Estado plurinacional. Tal parece, hasta aquí, que la interpretación histórica y política del Estado plurinacional encuentra su matriz en las civilizaciones andinas y amazónicas pre-coloniales. Hasta aquí la hipótesis se parece a otras interpretaciones  histórico-políticas, que critican la dominación buscando su origen en una guerra de conquista[104]. Empero, lo que ya no aparece como crítica a la dominación, lo que se diferencia de las teorías histórico-políticas, es una suerte de apología del capitalismo, en su posible versión local y regional, andina y amazónica.  Lo que es incongruente, en esta interpretación histórica y política, es la concepción capitalista de lo andino amazónico. No sólo por qué es difícil sostener que esas civilizaciones fueron capitalistas. En todo caso, usando todavía el concepto de modo de producción, se puede comprender que se trataba de otros modos de producción, diferentes al modo de producción capitalista. En este caso, no podría haber una re-conexión con los “modelos económicos” andinos y amazónicos; en contraste, en desconexión mas bien,  la transición todavía experimentaría el condicionamiento capitalista del sistema-mundo. Es notorio que, si bien, el capitalismo andino-amazónico no se lo menciona en el discurso, es, sin embargo, el contenido de la tesis topológica poli-céntrica del Estado integral.

Entonces la hipótesis interpretativa histórica y política adolece de esta incongruencia conceptual, respecto a la mantención de un modelo de desarrollo que sigue siendo capitalista. Está claro que no se puede caracterizar de capitalistas a las civilizaciones andinas y amazónicas; sin embargo, ¿se puede seguir manteniendo esta estructura económica acumulativa, de valor abstracto, en la transición del Estado plurinacional? Ante esta pregunta, hay dos respuestas alternativas posibles; una, que sostenga que en la transición no se puede hacer otra cosa que ir transitando bajo los condicionamientos del sistema-mundo capitalista, empero creando condiciones para superar esta marco capitalista. La otra respuesta, es la que propone como estrategia una variante de este modelo de desarrollo capitalista; por lo tanto, se define este modelo como horizonte histórico, aunque no se lo mencione, empero se lo muestra en toda la estructura argumentativa y propositiva estratégica. Es esta segunda opción la que aparece en el discurso “topológico” poli-céntrico, que interpreta el mismo modelo de desarrollo capitalista con otros términos y una perspectiva espacial matemática. No es esta última la mayor incongruencia de la interpretación histórica y política en cuestión; pues la mayor parece ser la de referirse a las civilizaciones andinas y amazónicas desde la perspectiva de la experiencia del capitalismo y la modernidad, como si el capitalismo hiciera inteligibles estas sociedades antiguas[105]. La otra incongruencia, la de una transición capitalista, es problemática políticamente. Pues, si se emerge de luchas sociales anti-neoliberales, anti-coloniales, que son, por el contenido social y cultural de las movilizaciones, anti-capitalistas, no se puede persistir como objetivo estratégico en un modelo de desarrollo que supone el modo de producción capitalista. En todo caso, se puede decir que en la transición se debe tener en cuenta el condicionamiento del sistema-mundo y la economía-mundo capitalista, en el que estamos insertos, empero, no se puede, consecuentemente, proponer un modelo de económico alternativo que suponga la acumulación capitalista. Aunque no se la mencione como tal, por su nombre, los vértices del modelo de desarrollo, los polos de desarrollo, no son otra cosa que ejes del capitalismo periférico, a pesar que se intente insistir en éstos provisionalmente para salir de la dependencia, a través de la industrialización y la soberanía alimentaria. Una transición tiene que ser transformadora respecto a los condicionamientos del capitalismo, una transición no puede llegar a ser transformadora si se repite el modelo de desarrollo capitalista. No se puede reducir a las regiones y a los territorios de acuerdo a su vocación en recursos naturales, configurar una división del trabajo más eficiente y abarcadora, que al final de cuentas está destinada a la exportación de materias primas. No se puede apuntar a la expansión y al crecimiento económico mediante este modelo de desarrollo, basado en las vocaciones territoriales para su explotación, que no puede ser otro que la explotación del capital, que es el que se alimenta con estas materias primas en sus procesos de producción. La industrialización no transforma el modelo extractivista sólo por el hecho de su mayor participación en la estructura económica; mientras la estructura económica esté articulada a la demanda de la acumulación capitalista a escala mundial sigue siendo un modelo extractivista, pues la matriz del mismo siguen siendo la explotación de los recursos naturales, reducidos a objetos de la transformación y acumulación capitalista.

El discurso “topológico” poli-céntrico no es más que otra versión de la misma tesis del capitalismo andino amazónico. De todas maneras, llama la atención que se vuelva a insistir en el contenido de esta tesis con un discurso ya no del socialismo comunitario, sino “topológico”. Lo que se nota es una preocupación por explicar  mejor lo que se está haciendo, por adecuar mejor su justificación a la Constitución, por mostrar que no se ha abandonado el proceso y el proyecto. Hay como un atisbo a reflexionar sobre el proceso, cosa que no necesariamente ocurría antes, en discursos anteriores, cuando parecía mostrarse una reiteración afirmativa de lo que se hacía. Estas pequeñas variaciones, estos desplazamientos imperceptibles en el discurso, pueden mostrar ciertos cambios en la condición subjetiva, no sólo de los gobernantes, sino también en la relación intersubjetiva entre gobernantes y pueblo.

El segundo discurso, esta vez más largo, pronunciado como informe del residente, es mas bien descriptivo. Aparece como balance económico. El segundo discurso entonces corresponde al de la exposición económica; una larga disertación sobre los logros del gobierno en sus dos gestiones, comparando el contraste entre los alcances económicos de los gobiernos anteriores y el gobierno popular. Lo que se muestra es el crecimiento de las cifras, en cuadros y en histogramas. La diferencia es notoria en la variación positiva del PIB del país, en el crecimiento abultado de las reservas internacionales, también en los PIB departamentales, en los ingresos del Estado, del Tesoro General del Estado, en el ingreso de las gobernaciones, municipios y universidades. También se describen los avances en las exportaciones. Del mismo modo se muestran los datos de la inversión; se hace notar que es importante el monto de la inversión, como no ocurrió nunca antes; esta inversión está destinada a la producción, a la industrialización, al incremento del valor agregado. También se muestran los montos destinados a los bonos sociales, su impacto en número de beneficiarios. Se presentan indicadores que muestran la reducción de la pobreza extrema, interpretada por el gobierno como avances en la meta del milenio, en paralelo al fenómeno de la movilización social, con el crecimiento de la clase media y su disponibilidad dineraria. Como se podrá ver, este panorama es la mejor propaganda de los cambios habidos en el proceso. Sin embargo, hay dos explicaciones para todo este llamado crecimiento económico; primero, obviamente la nacionalización de los hidrocarburos modifica la estructura de ingresos del Estado, mejorándolos notablemente. Ingresos que se van a repartir en todas las instancias administrativas del país, gobierno central, gobernaciones, municipios y universidades, además del ejército, la policía y el sistema educativo. La otra explicación tiene que ver con la subida sostenida de los precios de las materias primas en el mercado internacional. Los ingresos del Estado son mayores; para que ocurra esto no se necesitaba mucha genialidad económica,  bastaba con beneficiarse de la alta temporada de altos precios para los recursos naturales. Entonces estamos ante un incremento de cifras, al que no se puede reconocer como crecimiento estructural de la economía. No se puede caer en el fetichismo de las cifras. El problema es que la estructura económica sigue siendo la misma, la preponderancia expansiva del modelo extractivista, el perfil dominante de un Estado rentista. Las cifras han crecido, empero no se ha transformado la estructura económica. De este crecimiento económico cuantitativo, los mayores beneficiarios fueron los bancos, por lo tanto, su lógica especulativa financiera salió beneficiada. También la empresa privada se beneficia con este “crecimiento económico”, el Estado tiene más para gastar, aunque muchas veces no ejecuta su propio presupuesto. Hay más grasa, pero el cuerpo sigue siendo enfermo; hablamos de una economía dependiente[106].

En lo que respecta a las inversiones, también se sufre de un fetichismo de las cifras; se cree que por el sólo hecho de destinar montos a la inversión, ésta se realiza materialmente, como arte de magia[107]. Si las condiciones para la realización material, la transformación productiva, no están dadas, estas inversiones no son ejecutadas o se pierden en gastos insulsos, hasta en desvíos corruptos. La experiencia del fracaso del proyecto siderúrgico, en el caso del Mutún, es categórico. El engaño de la empresa de producción del carbonato de litio, la Planta de Carbonato de Litio, inaugurada siete veces, con montajes y desmontajes de la planta, equipada y desmantelada con materiales y equipos alquilados, a pesar de los montos destinados a la construcción de la planta; además del fraude de la compra de carbonato de litio en Chile, que se le presentó al presidente como si fuese hecha en la planta; acompañando esta historia con otras tramoyas, con simulaciones de que se está vaporizando la sal, cuando se ha echado alcohol en las piscinas, para que esto parezca ocurrir. Sumándose a esto el conflicto con los coreanos, quienes se llevaron una cantidad grande de salmuera para experimentos científicos, sin permiso del Congreso; experimentos que terminaron con descubrimientos de nuevas tecnologías, que no la comparten con Bolivia, y mas bien quisieron cobrarle como parte del contrato[108]. Todas estas anomalías muestran la cruda realidad. Se puede constatar entonces que, efectivamente, no se efectúa una real transformación de la matriz productiva; hablamos de fracasos y de bluff. Si a esto le sumamos las incursiones en la petroquímica, la Planta de Amoniaco y Urea que se la proyecta instalar en el Chapare y no en Puerto Suarez, donde parece que es aconsejable, por la proximidad de la fuente de gas y del mercado. Planta que se instalaría en tierras regaladas por el Estado a campesinos, que ahora serían indemnizados por una rara confiscación de las tierras.

Como se puede ver, estamos ante un panorama nada alegador en lo que respecta a los proyectos industriales estratégicos. La instalación de plantas separadoras de gas, que no corresponden exactamente a procesos de industrialización, como hace creer el gobierno, pasaron por historias de escándalos de corrupción, sobre-precios, que hasta ahora no se han aclarado. Siguiendo con las tristes historias, las inversiones menores en empresas industriales estatales como PAPELBOL, CARTONBOL, LACTEOSBOL, no lograron parar empresas industriales tal como se proyectaron. Unas están estáticas, otras están muy lejos de llegar a ser empresas que puedan funcionar por sí mismas. Ante esta realidad, el discurso de las inversiones cae por su propio peso. La única empresa pública que parece haber funcionado es EMAPA, pero no en los marcos que ha sido constituida, que es la de producción de alimentos, sino en marcos más estrechos, circunscrita al acopio de productos, con el objeto de controlar y nivelar los precios, distribuyendo, además, en los pequeños y medianos productores, insumos para la agricultura. En este panorama gris, esperemos que la empresa estatal de la castaña, Empresa Boliviana de Almendra y Derivados (EBA),  pueda cumplir su papel; apoyar a las comunidades, a las cooperativas, a las trabajadoras castañeras, rompiendo el monopolio privado de la castaña, donde Bolivia es el principal exportador mundial.

YPPF y COMIBOL son indudablemente las dos más grandes empresas estatales estratégicas, que captan la mayor parte de los recursos de la estructura económica del país; sin embargo, no hay que olvidar que estas empresas existen desde los años de la revolución nacional (1952-1964). También se puede citar a ENTEL, la empresa estatal de telecomunicaciones nacionalizada, así también a otras empresas nacionalizadas, en el rubro de los hidrocarburos, así como recientemente la empresa nacionalizada de servicio y distribución de energía eléctrica. Todo este conjunto de grandes empresas ya existía, no se pueden mostrar como parte de la transformación de la matriz productiva. Para que se pueda hablar de este cambio es menester la creación de nuevas empresas estratégicas de gran alcance e impacto, de tal forma que logren modificar el perfil de la estructura económica.

El fetichismo de las cifras no sustituye a la realidad; no se puede confundir el crecimiento cuantitativo con el crecimiento cualitativo, que es el real. No se puede tomar en serio los montos destinados a la inversión, si no se cumplen con las condiciones de posibilidad para su realización material. No se puede vivir de propagandas y de informes positivos, que enorgullecen al presidente, al vicepresidente y al ministro de economía. La necesidad de las transformaciones estructurales e institucionales en la economía requiere de transformaciones materiales, de condiciones objetivas y subjetivas, de transferencia de tecnologías y formación científica.

La arcas del Estado han crecido, ni duda cabe; esto no está en discusión. El problema es que no se trabaja en la creación de condiciones de posibilidad material y subjetiva para la transformación de la matriz productiva. Se prefiere apostar al fetichismo de las cifras, experimentando en la imaginación la transformación productiva y el soñado “desarrollo”. El problema del gobierno popular es su concepción monetarista de la economía. Un gobierno popular, colocado en la transición que debe ser transformadora, no puede proyectar políticas económicas transformadoras desde una concepción económica conservadora, como el monetarismo. Sin embargo, es a esta eficiencia a la que apuesta el gobierno, a la eficacia de las cifras. El gobierno que tiene que responder a la Constitución, a la Organización Económica del Estado, debería desarrollar una concepción materialista y dinámica de la economía, apostando a la movilización productiva generalizada, inyectando inversión en los sectores productivos comunitarios, empresariales, sociales, incluso cooperativas, garantizando que se cumpla con el estatuto social de la cooperativa. Obviamente, la inversión en las empresas estatales es estratégica, para que esta inversión sea estructural, es indispensable una transformación radical de la llamada empresa pública; desburocratizándola, convirtiéndola en una institución de ingeniería productiva, compuesta por científicos, profesionales y obreros altamente calificados. Puede ser que para dar estos pasos se requiere de un macro operador de planificación integral y participativa, con enfoque territorial, como establece la Constitución. En contraste, el gobierno ha optado por desmantelar el Ministerio de Planificación para el Desarrollo, reduciéndolo a la mínima expresión. La planificación quedó reducida al núcleo estrecho de clarividentes que definen las políticas públicas. Por otra parte, siguiendo con las condiciones de posibilidad institucionales, para una planificación integral y participativa se necesitaba urgentemente de un censo científico, que cuente con una actualización cartográfica, antes de realizarse, incorporando variables para la construcción de indicadores específicos y diferenciales, útiles para la planificación participativa y las políticas públicas. En discrepancia, el gobierno ha preferido seguir con un censo que no contaba con la actualización cartográfica, cuya boleta ha sido desarmada, sin cumplir con las preguntas de la comparación internacional, que es un requisito, menos introducir preguntas para indicadores específicos y diferenciales. La pregunta que se mantuvo es la de opción de auto-identificación con algún pueblo indígena; pegunta de opinión, que requería otros soportes y controles, que tampoco se introdujeron. En otras palabras, nos quedamos sin soga ni cabra. El gobierno quiere cubrir estas abismales falencias con propaganda. Si el censo no es científico, está mal implementado, no cuenta con el requisito básico de la actualización cartográfica, no se puede esperar alguna utilidad apreciable de sus resultados.

El gobierno vive una ficción estadística, quiere que también el pueblo viva de esta ficción; sin embargo, esto no es posible. Los gobernantes pueden darse el lujo de alimentar el imaginario de una economía en crecimiento, de manera diferente, el pueblo, que se encuentra en otros planos, en los planos donde experimenta la evidencia cualitativa de las dinámicas sociales y económicas, de sus procesos recurrentes, no llega a entusiasmarse con cuadros e histogramas.

Como dijimos al principio, llama la atención el atisbo de reflexión y elaboración discursiva sobre el proceso, una especie de desplazamiento de retoma en el discurso de preocupaciones emancipatorias. Se introducen términos como de la madre tierra,  el vivir bien, se critica al capitalismo, a la dependencia de los mercados, al dominio del capital financiero, se alude a la necesidad de respetar a la madre tierra y estar en armonía con ella, por lo tanto de diseñar un desarrollo que equilibre “progreso” y respeto de los derechos de la madre tierra. Al respecto, algo que ya deberíamos haber aprendido de la enunciación discursiva es que la introducción de estos términos no garantiza una concepción no-desarrollista, no-extractivista, no-depredadora. Puede darse un discurso que incorporé estos términos, pertenecientes a otras concepciones, por ejemplo, a las cosmovisiones indígenas, pero, se lo hace, para colonizar estas concepciones, adecuándolas a una ideología modernista. Incluso, puede esperarse que los que emiten el discurso creen que logran equilibrar tendencias contradictorias, la indígena y la moderna, la desarrollista y la ecológica; pero, no puede obviarse que las prácticas discursivas no garantizan su deducción en prácticas no-discursivas, en este caso, en la efectuación de políticas y prácticas que logren armonizar y equilibrar tendencias efectivas, de evidente contraste. Los gobernantes creen que por que hablan de madre tierra se respetan sus derechos, consagrados en la Constitución, creen porque por que hablan del vivir bien, ya se encaminan en este horizonte y expresan esta perspectiva. Nada se resuelve en el discurso, salvo su propio desplazamiento y emisión, muchas veces contradictorio. Si el gobierno se mantiene en el modelo extractivista, nada ha cambiado, sigue una política económica depredadora.

Es anecdótico, que en el mismo discurso el gobierno se traicione, termine develando sus ocultas intenciones; el presidente ha dicho que va erradicar la extrema pobreza del TIPNIS, y esa tarea se encargará al ministro de la presidencia. Ese es el respeto a los derechos de la madre tierra y a los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. El presidente ha dicho que el gobierno ha sido exageradamente democrático - ¿cómo se puede ser exageradamente democrático? -, que ha hecho la consulta en el TIPNIS, cuando no le correspondía, pues se trata de una carretera y no de temas administrativos y fiscales que afecten a los pueblos indígenas. Ha dicho que ha consultado a las comunidades del TIPNIS, las que de acuerdo al informe oficial, han aceptado la suspensión de la intangibilidad, interpretada por el gobierno como aceptación de la construcción de la carretera. El presidente ha recurrido, en su argumentación, a una consulta que no es consulta, que no cumple con la estructura normativa y conceptual de la consulta con consentimiento, previa, libre e informada. Ha dado cifras de preguntas hechas a familias, no a comunidades, mostrando forzadamente que la mayoría del TIPNIS ha aceptado la construcción de la carretera. Una vez conocido el informe del gobierno, se ha visto al detalle todas sus falencias; se sabe ya lo que significan sus cifras. También se sabe que de ahí, del informe de la consulta, a pesar de que solamente son familias y no comunidades las que respondieron, no se puede deducir la construcción de la carretera. Sin embargo, el gobierno persiste en una interpretación insostenible. También se conoce el informe de Defensoría del Pueblo, así como el informe de la comisión verificadora de la consulta, compuesta por Derechos Humanos, la iglesia católica y una oficina interamericana, informes que arrojan lucen de la violencia sistemática, la violación de derechos fundamentales, la manipulación grotesca de la consulta gubernamental. Hasta se dio el caso del rapto de una familia de Gundonovia, que fue trasladada a Trinidad, a un cuartel donde fue adoctrinada, para posteriormente hacerle la consulta en una hacienda. Sin embargo, el presidente persiste en seguir utilizando como argumentos estos mecanismos alterados.

Como se puede ver, se sigue optando por la persistencia de la fuerza, de las demostraciones de fuerza, en el uso ilegitimo de la mayoría congresal, a pesar de la evidencia de los crasos errores, el deterioro alarmante, la expansión de la corrupción y las derrotas electorales, en la elección de magistrados y en el departamento del Beni. Tal pareciera, que el gobierno ha llegado a un lugar de la curva del tiempo político del que ya no se puede retroceder. Ya está atrapado en una lógica de poder que se desencadena indeteniblemente. El gobierno no va optar por una evaluación crítica de lo que ha pasado en los ocho años de gestión, no se le ocurre revisar su comportamiento político, tampoco piensa contrastar lo que efectivamente hace respecto de lo que establece la Constitución. Esto ya no va ocurrir, el caballo de los acontecimientos ya está desbocado.

Lo que ha ocurrido en la conmemoración del aniversario del llamado “Estado plurinacional”, que no es otra cosa que el mismo Estado-nación, solo que folklorizado, pues no se han efectuado las transformaciones estructurales e institucionales, que sostengan la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, es una clara manifestación de lo que ocurre. Se moviliza un auditorio popular, se traen organizaciones, que ya no acuden espontáneamente, se arma un desfile cívico y militar, repitiendo lo que se hizo años atrás; solo que ahora, ya no se nota el entusiasmo, como al principio de la primera gestión de gobierno. Se trata de una “movilización” formal, armada por el mismo gobierno; estamos lejos de las convocatorias a la movilización para profundizar el proceso. Estos actos se han convertido en una inercia repetitiva. Por otra parte, se tiene al verdadero público de los discursos, los diputados y senadores de la Asamblea Legislativa, quienes sí aplaudieron los discursos del vicepresidente y del presidente. El público que asistió a la Plaza, fuera de las organizaciones que desfilaron,  fue por los festejos, la presentación de los conjuntos musicales. Fue a divertirse. Por último, tenemos a los propios miembros del gobierno, quienes no son público, sino actores de las políticas públicas que estaban contempladas en el informe del presidente. En este estrato privilegiado están los mandatarios, quienes dieron los discursos. Habría que preguntarse: ¿A quiénes se dirigen? ¿Quiénes son sus interlocutores? ¿El pueblo boliviano? ¿Cuántos del pueblo realmente vieron y escucharon los discursos? Ya no ocurre como antes, al principio de la primera gestión, cuando la gran mayoría estaba atenta a lo que decía el presidente. La gran mayoría se sentía comprometida con el proceso. Ahora, en cambio, se siente desplazada por los funcionarios, los políticos profesionales, los gobernantes, que siempre tienen la razón, no escuchan, todo el rato se justifican y explican asombrosamente sus errores más garrafales. A propósito, una figura exagerada puede mostrarnos lo que patéticamente parece ocurrir: Los oradores se dirigen a su propio espejo; se miran a sí mismos en la épica estadística de sus grandes logros. También se miran a sí mismo en el espacio “topológico” de una trama donde aparecen como los héroes incomprendidos.                      

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué es el capitalismo?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se puede decir que desde el siglo XVII se habla de economía como del referente primordial, que caracteriza a la realidad social. Los historiadores de la modernidad, también, de manera, mas bien, circunscrita, los historiadores del capitalismo, así como cierta temática de estudios, que podemos identificar como de una sociología del capitalismo, encuentran en este periodo, si no es un poco antes o un poco después, lo que se viene en llamar la autonomización de la economía; si se quiere, en un lenguaje, posterior, de la sociología más contemporánea, la conformación del campo económico. Esto es importante, pues la economía se vuelve una realidad, incluso determinante, para algunas teorías.  Otras teorías van más lejos, llegan a concebirlo incluso como la realidad misma, no tanto por los primeros economistas, que le otorgaban un carácter natural, sino por considerarla la gran reguladora, por excelencia; primero, como mercado; después, como competencia.

 

Aunque las corrientes económicas, es decir, de las teorías económicas, se lleguen a confrontar, todas se refieren al referente de la economía, como campo, como realidad, como estructura determinante, como reguladora, como racionalidad. Entonces, para todos ellos, la economía existe como campo, como autonomía, casi absoluta, si no lo es ya, como referente primordial. A partir de esta consideración o premisa, se concibe un mundo jerarquizado, donde la economía es la base o, en su caso, es la red o tejido que cohesiona a la sociedad. Puede, como interpreta Michel Foucault, que los teóricos neoliberales, de la escuela austriaca y alemana, conciban una vinculación indisociable institucional entre el derecho y la economía[109]; sin embargo, aunque sea así, aunque se tenga una concepción institucional del capitalismo o de los capitalismos, dependiendo si se trata de la teoría de la acumulación o de la teoría de la competencia, de todas maneras, esta concepción de economía compuesta con lo jurídico, viene a ser también una dimensión jerárquica en un mundo estratificado. Se puede decir que el debate más importante, que se desata en las ciencias sociales, es éste, sobre la economía. No solo sobre sus condiciones, sus características, su estructura, su funcionamiento, sino también sobre sus interpretaciones teóricas, así como después, sobre el gobierno apropiado para desarrollar la economía.

 

En relación a la última temática, el debate más conocido se da entre socialistas y liberales, esquematizando al extremo la discusión, sobre cuál es el gobierno más adecuado para desarrollar la economía en beneficio de la sociedad. Siguiendo con la reducción, los socialistas, saltando sus diferencias, de posiciones y corrientes, proponen formas de gobierno que corrijan o emenden las destrucciones que ocasiona la economía capitalista en la sociedad. En tanto que los liberales, proponen límites al Estado, de tal manera, que, en lo que respecta al mercado, deje hacer y deje pasar, no se meta. Más tarde, los neoliberales, mas bien, proponen un Estado regulador, incluso, se puede decir, un Estado interventor, que intervenga, no en la economía, que es regulada por la competencia, sino intervención en las condiciones de posibilidad sociales para garantizan la competencia.

 

Aunque no es  correcto decirlo, diremos bloques teóricos enfrentados, estos bloques opuestos, pues son corrientes teóricas y políticas, que incluso, a veces, algunas de ellas, se cruzan y mezclan, comparten el referente, el de la economía, se lo nombre como capitalismo o capitalismos. Ahora, no nos interesa abordar sus diferentes explicaciones conceptuales; lo hicimos antes[110]. Nos interesa constatar que estos bloques opuestos, antagónicos, comparten el referente, que, para ellos, es prácticamente la realidad, con todas las diferentes cosmovisiones que puedan tener. Se puede decir, entonces, que construyen su concepción del mundo a partir de la realidad económica, por más diferentes maneras que conciban a la economía, incluso en el caso de que deje de ser baseestructura, o tejido primordial, incluso en el caso que se relativice su incidencia en la realidad social. Lo cierto, para ellos, los bloques encontrados, es que las claves interpretativas de la realidad social se encuentran en la economía, aunque en algunas pocas versiones, la economía deje de ser determinante, en sentido determinista.

 

Esto es lo que queríamos anotar. Ambos bloques antagónicos comparten el referente; es más, se disputan el referente, la explicación del referente, la intervención o incidencia en el referente. Estamos no solo ante una episteme moderna, a la que pertenecen estos bloques, sino ante una formación epistemológica que tiene su substrato en la economía o cree tenerlo. Si bien, estos bloques, se enfrentan teóricamente, “ideológicamente, políticamente, además, con formas de gobierno opuestas, lo que no se puede obviar es que forman parte de una formación de pensamiento, cuya enunciación fundamental nace en visualización de la economía. Si disputan es porque comparten algo, el referente primordial; incluso podríamos decir, porque disputan el excedente. Para distribuirlo de una determinada manera, de acuerdo a su enfoque, ya sea para ahondar la competencia, que viene a ser como el motor de la economía, o para igualar las condiciones desiguales de la sociedad, corrigiendo y enmendando las destrucciones que provoca la economía capitalista

 

Se trata de una formación de pensamiento que reduce la vida social a la economía, es decir, si se quiere, a la producción, distribución y consumo, para no decir al mercado, a la competencia, al equivalente general. Ahora, que ingresamos a la episteme compleja[111], relativa al pensamiento de la complejidad, esta formación de pensamiento economicista nos resulta harto reductiva. Desde la perspectiva de la complejidad no se puede concebir campos autónomos o autonomizados; estas son abstracciones metodológicas. La realidad, sinónimo de complejidad, conforma tejidos espacio-temporales-territoriales-sociales. Estos espacios-tiempos comprenden entrelazamientos abigarrados en constante movimiento. Se trata de comprender las dinámicas integrales de estos tejidos espacio-temporales, la sinfonía de estas cuerdas materiales[112].

 

En Crítica de la economía política generalizada, concebimos la dinámica simultánea e integral de múltiples planos y espesores de intensidad entrelazados. No hay pues un plano de intensidad económica aislado, autonomizado, que pueda explicarse por sí mismo. Sino que este plano de intensidad económica es, a su vez, la intersección articulada de múltiples planos y espesores de intensidad del espacio-tiempo-social. Por eso, dijimos que posiblemente, de manera apropiada, no se podría hablar de capitalismo, pues resulta este concepto reductivo, correspondiente el pensamiento economicista; en todo caso, tendríamos que recurrir a la configuración de un concepto complejo, que configure las estructuras de poder generalizantes de distintas y plurales economías políticas, que disocian lo concreto de lo abstracto, en sus distintas singularidades, en el marco de los esquematismos dualesvalorizando lo abstracto y desvalorizando lo concreto. Se habría instaurado en los imaginarios sociales institucionalizados la fetichización generalizada de estas economías políticas. Por lo tanto, asistimos a una “ideologización” expansiva y generalizante en las sociedades modernas, con clave heterogénea, desvalorizando, imaginaria e institucionalmente, desde distintos campos, niveles, planos, construidos artificialmente, de manera abstracta, por la razón fantasma, la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La inclinación “progresista” por el capitalismo verde

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Haciendo un poco de historia, transcribimos lo que redactamos en Figuraciones hacia el Vivir  Bien:

Las iniciativas de las naciones unidas frente a lo que llama eufemísticamente cambio climático comenzó en Bali, el 2007, con la Cumbre de la ONU sobre el cambio climático (COP 13); esta Cumbre abrió el camino hacia la Cumbre del Clima de Copenhague 2009 (COP15), a través de la Cumbre de Poznan 2008 (COP14). En la Cumbre del Clima se tenía que negociar la continuación del Protocolo de Kyoto, que vence el 2012, empero por la intransigencia o reticencia de los países más contaminantes del planeta, entre los que se encuentra Estados Unidos de Norte América, fracasa la negociación de la COP 15, que es considerada por algunos especialistas una de las últimas oportunidades para evitar una catástrofe planetaria. Después vino la Cumbre de México, que se efectúo en Cancún (COP 16), donde de alguna manera se vuelve a repetir la misma situación, el boicot de los países industrializados y responsables mayores de la contaminación; aunque esta vez se llega a firmar una resolución por mayoría, no por consenso, pues la posición de Bolivia queda al margen. La resolución tiene que ver con un fondo mundial de reforestación, de la cual participan los estados con el objeto de reforestar los territorios afectados, con lo que se termina de mercantilizar la restauración, reposición y compensación de daños, cooptando a los países afectados a la estrategia del capitalismo verde[113].

 

Las Cumbres mundiales sobre temas tan importantes como el medio ambiente y el cambio climático, han resultado encuentros burocráticos, hegemonizados por los llamados países desarrollados y por los emergentes BRICs. Después de la Cumbre de Kyoto, conocido como Protocolo de Kyoto, también como Cumbre del Clima,  donde los países se comprometieron a bajar sus emisiones de gas de efecto invernadero, no hubo avances, sino más bien retrocesos. Bolivia jugó un papel importante en la Cumbre de Copenhague de 2009 (COP15), cuando se enfrentó al discurso dominante, que justificaba la no ratificación del compromiso de Kyoto, con argumentos burocráticos y haciendo gala de un doble discurso.  Fue cuando el presidente de Bolivia habló ante cien mil activistas y convocó a los pueblos y movimientos a realizar una anti-cumbre, una Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático y Defensa de la Madre Tierra (CMPCC). Conferencia que se llevó a cabo en Tiquipaya-Cochabamba; la misma que sacó resoluciones avanzadas en defensa de la madre tierra. En la Cumbre de Cancún (COP 16), la posición boliviana, contra el capitalismo verde, contra la venta de carbono, quedó solitaria, abandonada por los países del Alba, que firmaron las resoluciones de Tiquipaya. Después la política boliviana al respecto, en la práctica, siguió el curso que tomaron los países del Alba, la opción, aunque camuflada, del capitalismo verde.

En Cancún los países del Alba no vieron viable la posición boliviana, optaron por un camino pragmático; prefirieron acceder a los fondos de compensación por no talar bosques. Esta posición de los gobiernos “progresistas” condice con su apego al modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. No resultaría esto contrastante con la opción del gobierno boliviano, también inclinado a expandir y profundizar el extractivismo minero, hidrocarburífero y de la ampliación de la frontera agrícola. Sin embargo, el gobierno boliviano, por lo menos en lo que respecta a los foros internacionales, mantuvo una posición de defensa de la madre tierra, por exigir a los países desarrollados ratificar el compromiso de Kyoto de bajar las emisiones de gas, incluso en las resoluciones de Tiquipaya de bajar en un 50% estas emisiones. Posteriormente a Cancún, con la salida de Pablo Solón, quien llevaba adelante esta política, la posición boliviana se debilitó y retrocedió en toda la línea. Claro está, que discursivamente, se esfuerzan en mantenerlas apariencias.

En la COP19, llevada a cabo en Varsovia, los países desarrollados y los BRICs volvieron a hegemonizar las resoluciones. Es más, eludieron los temas principales pendientes. Las expectativas eran que, por lo menos, las partes involucradas, particularmente los países desarrollados, formulen compromisos serios de reducciones de emisiones, medibles reportables y verificables. Teniendo en cuenta responsabilidades comunes, aunque diferenciadas, además de tomar en cuenta las responsabilidades contraídas históricamente, como deuda ambiental y colonial. Por otra parte, se esperaba que los países desarrollados se fijen operativamente obligaciones para el traspaso de financiamiento público. Con el objetivo de lograr los 100 mil millones de dólares anuales para el 2020, haciendo posible las acciones de mitigación y adaptación. Particularmente en los países llamados “en desarrollo”. Se esperaba también el diseño de un sistema de mecanismo de daños y pérdidas para atender a las poblaciones afectadas por desastres climáticos, comenzando a cubrir los requerimientos de los países más pobres. Aclarando los compromisos de financiamiento[114].

Las expectativas quedaron nuevamente frustradas. Los “países desarrollados” volvieron a obstaculizar el avance sobre de estos temas pendientes. De manera distinta, en contraste, lo que se ha efectivizado es la apertura al financiamiento privado, en el marco del capitalismo verde. El compromiso de Kyoto quedó en el olvido; en vez de su ratificación, cada vez más suspendida, se minimizaron los compromisos, alargando indefinidamente la permanencia de la peligrosa emisión de gases de efecto invernadero.

La posición boliviana no dejó de ser declarativa, empero débil, sin mayores consecuencias. La fuerza interpeladora volvió a radicar en la “cumbre” paralela de la sociedad, que en las calles, volvió a hacer patente la hipocresía de Naciones Unidas. A propósito, en un artículo de balance de la COP19, Martín Vilela, escribe:

Bajo las actuales reglas de negociación, con el restringido mecanismo de participación social, y los intereses nacionales de crecimiento económico como prioridad será imposible lograr un acuerdo, por esto es muy alentador que una gran alianza de la sociedad civil ha logrado hacer temblar las salas de negociación, explicando que no serán cómplices del crimen que se está cometiendo en este escenario de negociación y que exige que se tomen acciones urgentes y necesarias[115].


Se puede colegir, teniendo en cuenta la historia frustrante de las Cumbres mundiales, que no se puede esperar mucho de estas Cumbres burocráticas, que forman parte del orden mundial. La esperanza no está ahí, espacio institucional del imperio, que forma parte de los escenarios de legitimación de la dominación mundial, sino en los pueblos, en la lucha de los pueblos, en una alianza de los pueblos en defensa de la madre tierra y de la vida, en contra del capitalismo, financiero y verde, extractivista y de despojamiento y desposesión.

 

 

Potencia social o poder

 

Gobernanza mundial de los pueblos o Estado de excepción mundial

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentamos un ensayo, que podríamos llamar de coyuntura, compuesto por un análisis de coyuntura y tres tesis genealógicas. El análisis de coyuntura parte de los casos Julian Assange y Edward Joseph Snowden, además, en este contexto, de la clausura del espacio aéreo europeo al avión presidencial de Evo Morales Ayma, a su retorno de Moscú. Se analizan los hechos como síntomas de la transformación de la dominación mundial, de los diagramas de poder en el sistema-mundo capitalista. La primera tesis anuncia la muerte de la forma Estado-nación y la conformación de un Estado mundial de excepción prolongado; la segunda tesis propone la expansión del diagrama de poder del control en forma global e integrada, el biopoder globalizado; y la tercera tesis apuesta a la liberación de la potencia social como alternativa al poder, a los diagramas de poder, a los agenciamientos de poder, que son las instituciones que sostienen el Estado.

 

 

Ultra-burguesía y Estado de excepción mundial

Clausura del espacio aéreo y de las soberanías

Lo ocurrido recientemente, durante el regreso del presidente Evo Morales de Moscú, donde se realizó la  II Cumbre de Países Exportadores de Gas (GECF), es insólito. Los gobiernos de Francia y Portugal decidieron cerrar su espacio aéreo al avión del presidente boliviano, en tanto que el gobierno español dijo que se permitía el aterrizaje si es que se dejaba revisar el avión. Se supo que lo que se hacía, esta intervención de los países europeos, era porque se sospechaba que el avión trasladaba al joven Edward Joseph Snowden, perseguido por el gobierno estadounidense, acusado de filtrar información “secreta” de Estado, quien se encuentra en el limbo del aeropuerto de Moscú, sin poder acceder ni al asilo ni al tránsito. El gobierno de la Federación Rusa estableció que no podía dar asilo si es que Edward Joseph Snowden no se comprometía a no difundir la información cuestionada. Todo esto acontecía cuando el avión del presidente se encontraba en pleno vuelo. Ante las gestiones apuradas de la Cancillería boliviana, el avión del presidente pudo aterrizar en Viena dónde todavía se encontraba hasta la madrugada de 3 de julio. El gobierno de Austria notificó que Edward Joseph Snowden no se hallaba en el avión, como se había sospechado. Se dice que por fin, recientemente, Francia dio su consentimiento para el aterrizaje y el reabastecimiento del avión. Sin embargo, antes, el gobierno español expresó que permitía el aterrizaje y el reabastecimiento del avión en las islas Canarias, hacia donde finalmente se dirigió el vuelo oficial. Ante semejantes hechos violatorios de la soberanía boliviana, el vicepresidente de Bolivia se pronunció, dijo que este era un virtual secuestro imperialista del presidente boliviano. Los países del ALBA protestaron ante esta vulneración de los derechos internacionales, apoyando al presidente de Bolivia y al pueblo boliviano. Se espera un pronunciamiento de UNASUR, así como de la OEA. El Partido Comunista de Chile denunció la agresión y expresó también su apoyo al gobierno y al pueblo boliviano. Como se puede ver, esta sucesión de hechos muestra una flagrante violación del derecho internacional y un claro atentado a la soberanía boliviana. Se observa la intervención del gobierno estadounidense y la complicidad de los países europeos, incluyendo al gobierno “socialista” de Francia. El argumento de que se sospechaba que Edward Joseph Snowden se encontraba en el avión presidencial no justifica, de ninguna manera, este torpe y desproporcionado  procedimiento de clausura del espacio aéreo por parte de los gobiernos europeos; al contrario, termina demostrando la concomitancia de estos estados no sólo con la política neo-colonialista norteamericana, sino con una actitud policial de un Estado, el estadounidense, que ha convertido en institución el espionaje y la intervención,  incluyendo a los propios países europeo, como se ha terminado conociendo, por las últimas denuncias, que demuestran espionaje de reuniones de la Unión Europea.

 

Estábamos acostumbrados a las historias de espionaje de la guerra fría, también conocimos los montajes del espionaje norteamericano para justificar la segunda guerra del golfo y la invasión de Irak, así como se pudo entrever la continuidad interventora de las agencias de inteligencia de las potencias opresoras en la secuencia de sucesos de la llamada primavera árabe. Esta guerra tibia continúa con las intervenciones de apoyo a los grupos armados sirios, opuestos al gobierno del Presidente Bashar Al-Assad. Todo esto parece una historia de nunca acabar, la increíble y triste historia del eterno imperio de la infinita colonialidad. Empero, a lo que no se asistió todavía es a esta flagrante vulneración del derecho internacional y de soberanía de los países, afectando el regreso de un presidente a su país, incluso poniendo en riesgo su vida, al no permitirle aterrizar para reabastecimiento del avión. El antecedente a lo ocurrido es reciente, se trata de la amenaza del gobierno de  Barack Obama al gobierno de Ecuador; la amenaza no deja dudas, dice que sí este país accedía a dar asilo a Edward Joseph Snowden se atenía a las consecuencias, a represalias de orden económico. ¿Qué nos dicen estos sucesos ignominiosos en el panorama internacional?

La persecución jurídica a Julian Assange, el asilo bloqueado por el gobierno de Londres, ya suspendido un año, manteniendo al responsable de WikiLeaks en la embajada de Ecuador en Londres, estos sucesos nos muestran la indisimulada intervención del gobierno estadounidense en los estados europeos, así como en los asuntos internacionales, afectando el derecho internacional. Llaman la atención los procedimientos empleados, la persecución desatada, el desconocimiento explicitado del derecho internacional, así como el asilo suspendido; violaciones que encubren, paradójicamente al manifestarlas, lo expuesto y denunciado a la luz por WikiLeaks. Las evidentes intervenciones, el descaro de los procedimientos intervencionistas, la violación de derechos, aparecen claramente en las informaciones clasificadas, hechas públicas por Wikileaks. ¿Qué es lo que más molesta a los estados dominadores del centro del sistema-mundo capitalista, en ambos casos, el de WikiLeaks y el de Edward Joseph Snowden? ¿Qué se pongan en evidencia y se develen los “secretos” sucios de las intervenciones imperialistas? Los derechos internacionales, los derechos individuales, las soberanías de los países quedan en entredicho. Los llamados estados “democráticos” y desarrollados se ponen en evidencia, se desnuda la descarnada dominación y su apego a los procedimientos “secretos”, el uso recurrente de las agencias de inteligencia, el recurso constante de la intervención velada y abierta de las soberanías de los países. También se devela el poco respeto del derecho internacional por parte de las potencias neo-colonialistas. Los gobiernos de estos estados no perdonan este develamiento de los “secretos” sucios de la política internacional, los recursos ilegítimos de la geopolítica del sistema-mundo; por eso, se considera viable optar por conductos violatorios, como los recurridos ante el vuelo de regreso del presidente boliviano.

Es indispensable el repudio a esta flagrante violación de la soberanía de Bolivia y vulneración del derecho internacional, repudio espontáneo de bolivianos y latinoamericanos, exigiendo además sanciones internacionales a los estados involucrados en estos actos violatorios y de vulneración de derechos; esta es la conducta consecuente que debemos seguir. Sin embargo, fuera del repudio, es indispensable analizar los alcances de todos estos eventos. Las informaciones de WikiLeaks, el asilo de Julian Assange, la filtración de información por parte de Edward Joseph Snowden, la persecución  de ambos, el desconocimiento del derecho de asilo, la complicidad de las potencias, la clausura del espacio aéreo europeo y el virtual “secuestro” diplomático del presidente boliviano, son síntomas de la descomposición de la geopolítica de dominación mundial.

El problema de las filtraciones

Hay que situar el problema que preocupa, en la coyuntura, al gobierno de los Estado Unidos de Norte América; este es el de la publicación de las llamadas filtraciones. Wikileaks pública a través de su sitio web  informes anónimos y documentos filtrados  con contenido comprometedor para las potencias involucradas, garantizando el anonimato de sus fuentes. Las filtraciones más relevantes el 2010 fueron un video de tiroteo a periodistas, acontecido el 13 de julio de 2007 en Bagdad, los Diarios de la Guerra de Afganistán, los Registros de la Guerra de Irak, los papeles del Departamento de Estado, el Archivo insurance.aes 256, el archivo Global Intelligence Files leak. Todas estas publicaciones y difusiones comprometen la ética y moral del imperio.  Edward Joseph Snowden reveló pormenores del programa de vigilancia (PRISM). Programa descomunal de vigilancia mundial, que viola la privacidad y los derechos civiles y políticos de los ciudadanos del mundo. Las filtraciones las dio a conocer el Washington Post, periódico que informó el motivo que condujo el dar a conocer las filtraciones; Snowden dijo que la razón es denunciar el "estado de vigilancia" existente en Estados Unidos. Justificando su acción. Snowden comentó que no puede "en conciencia, permitir al gobierno de Estados Unidos destruir la privacidad, la libertad en internet y las libertades básicas de la gente de todo el mundo con esta gigantesca máquina de vigilancia que están construyendo en secreto". En una entrevista otorgada a The Guardian, en junio de 2013, dijo: No quiero vivir en una sociedad que hace este tipo de cosas… No quiero vivir en un mundo donde se registra todo lo que hago y digo. Es algo que no estoy dispuesto a apoyar y admitir. Los diarios The Guardian y The Washington Post hicieron pública la identidad de Snowden a petición suya, días después de la filtración. El argumento para renunciar al anonimato fue el siguiente: "No tengo intención de esconder quién soy porque sé que no he hecho nada malo".

 

 

¿Qué es entonces lo que está en juego? Este monstruoso proyecto de control y vigilancia, que convertiría al mundo en un inmenso panóptico, iluminado, atravesado por la mirada y los oídos absolutos de un sistema policial total. Como, de alguna manera, dice Snowden, la libertad y los derechos adquiridos desaparecerían, serían puestos en suspensos. Estaríamos asistiendo a un monumental Estado de excepción permanente. Todo esto bajo el control de ejércitos gendarmes, de intervención rápida, que defenderían los intereses de una minúscula ultra-burguesía todopoderosa. El dominio absoluto del sistema financiero internacional, que ha convertido la acumulación ampliada de capital en un sistema de valorización ficticia, hipertrofiada, por el camino de la desorbitada especulación, con tasas cortas de retorno, renunciando o postergando la inversión productiva; llevando al colapso a las propias clases medias de los países del centro del sistema-mundo capitalista, convirtiéndolas en eternos deudores, incapaces de pagar las amortizaciones y los intereses en constante incremento, después expulsándolos de sus casas y echándolos a la calle.  Edward Joseph Snowden no es un criminal, tampoco un traidor a su país; todo lo contrario, responde a los principios primordiales de su Constitución, conculcados por el enorme aparato represivo, de vigilancia y de espionaje, montado por la clase dominante. No se puede perder de vista esta situación; Snowden ha arriesgado su libertad y su vida buscando desesperadamente salvaguardar la libertad y la vida de los ciudadanos del mundo. Como dijo el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, hay que proteger la vida de este joven valiente. Los ciudadanos del mundo debemos exigir garantías y protección para el joven Snowden. La lucha que enfrentan ahora los pueblos es contra una amenaza nuca jamás vista, sin precedentes; la minúscula ultra-burguesía apuesta a un Estado policial mundial para preservar sus gigantescas  y desbordantes ganancias, a costa de las inmensas mayorías de las sociedades y de los pueblos. A no dudar lo que se tiene que hacer; unidad de todos los pueblos del mundo en esta lucha contra la ultra-burguesía mundial y el dominio descomunal del sistema financiero internacional. Defensa del joven que se ha atrevido a desafiar al monstruo, al despropósito de los servicios de inteligencia. Exigir a las potencias develar sus “secretos” sucios. Enjuiciar a todos los responsables ante semejante atentado a los derechos fundamentales y libertades ciudadanas. Plantear la democratización de todos los dispositivos de seguridad. Desmantelar los servicios de inteligencia. Avanzar a una gobernanza de los pueblos del mundo. Poner fin al abuso de los sistemas financieros, que han endeudado a los ciudadanos de los países. ¡Qué paguen la crisis los responsables de ella! Los banqueros y la ultra-burguesía.

 

El problema de los gobiernos progresistas

 

Con todas las contradicciones que puedan contener los gobiernos progresistas, contradicciones que señalamos en distintos escritos, obligándonos a la crítica, en defensa de los procesos de cambio en cuestión, es indispensable distinguirlos de los gobiernos neoliberales y conservadores. La ultra-burguesía y el imperio ven a estos gobiernos como un peligro, una amenaza, por más frágil que sea. Los ciudadanos movilizados de los países céntricos, los indignados, observan con cierta condescendencia a estos gobiernos, pues consideran que se oponen a sus mismos enemigos, sus propios gobiernos y el sistema financiero internacional.

Los intelectuales conservadores y reaccionarios del norte se inventaron una teoría descalificadora e intervencionista, construyeron el término de estados canallas identificando a países susceptibles de intervención, por distintas razones, incluyendo razones humanitarias, así como preventivas, retornando al concepto medioeval de la guerra justa. Esta es la base argumentativa de la declaración de guerra infinita contra el terrorismo, que, en el fondo, es una guerra contra todo el mundo que se oponga a su ciclópea dominación. Para la ideología conservadora y reaccionaria de la ultra-burguesía los gobiernos progresistas corresponden a los estados canallas. No es pues casual que se haya atentado contra un presidente de un gobierno progresista de Sud América. Es como un ensayo, observando las reacciones de los gobiernos, de las instituciones internacionales, de los movimientos sociales y de los  ciudadanos. ¿Qué es lo que nos tienen preparado los servicios de inteligencia, expertos y especialistas contra-insurgentes y de distintas formas de guerra, guerra fría, guerra tibia y guerra caliente, responsables de diseñar proyectos estratégicos y tácticos de intervención, simulando distintos escenarios?

Lo que ha ocurrido con el presidente Evo Morales Ayma no es casual, tampoco sólo responde a la sospecha de que iba en el vuelo Snowden, protegido por la inmunidad diplomática del avión oficial. Se juega mucho más. La crisis desatada en Europa, que alcanza a Estados Unidos de Norte América y a la mayoría de los países del centro del sistema-mundo capitalista, no se afronta, desde la perspectiva de la ultra-burguesía, sólo con disposiciones financieras y reingenierías administrativas, sino mediante una estrategia de guerra. Ante este proyecto descomunal de dominación mundial, ante la proyección de un Estado policial mundial, ante la posibilidad de un Estado de excepción mundial y permanente, es menester, por parte de los pueblos del mundo, un proyecto alternativo, adverso a la dominación de la ultra-burguesía. Contra la guerra infinita a los pueblos, oponer la paz mundial; contra el Estado de excepción mundial, oponer la gobernanza mundial de los pueblos; contra el sistema panóptico de control, vigilancia y espionaje, oponer la exigencia de transparencia, garantías múltiples de las libertades y los derechos ciudadanos y de los pueblos; contra el estado policial mundial, oponer la profundización de las democracias, alcanzando formas operativas de participación y control social. Contra la dominación perversa del sistema financiero internacional, oponer un sistema mundial de complementariedades económicas y productivas. Contra los monopolios de las empresas trasnacionales, oponer la liberación de la potencia social, sus capacidades creativas, apoyadas en los bienes comunes, el intelecto general, los saberes colectivos y las revoluciones tecnológicas-científicas compartidas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La agonía del Leviatán

Estado policial paranoico mundial o gobernanza democrática y participativa de los pueblos

La lucha es por preservar la democracia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué es lo que está en cuestión? La democracia, las generaciones de derechos conquistados. La democracia nunca fue compatible con el dominio de las burguesías, como algún discurso político quiere hacer creer, el discurso de la legitimación liberal. Al contrario, se tuvieron que arrancarle al dominio de la burguesía los derechos, conquistados por luchas sociales. Las constituciones democráticas plasmaron estos derechos o parte de ellos, sobre todo recogiendo las primeras generaciones de derechos, los derechos fundamentales, civiles y políticos. Sin embargo, las leyes, particularmente la aplicación de las leyes, se encargaban de disminuir el alcance de los derechos. La defensa de los derechos conquistados fue una tarea constante de los movimientos sociales anti-sistémicos; pero, también de las instituciones encargadas de garantizar su cumplimiento; salieron a la palestra en defensa de los derechos. A estas alturas, de la historia política y constitucional, se puede hablar de dos siglos de consolidación y ampliación de derechos, reconocidos por convenios internacionales y por organismos mundiales, además de ser reconocidos por los sistemas jurídicos de muchos estados. Sin embargo, los sistemas de derechos no dejaron de ser un estorbo para gobiernos interesados en hacer efectiva las dominaciones de las burguesías, dominaciones plasmadas en “estructuras” de poder y en las maquinarias estatales. Visto de esta forma, desde la perspectiva de la historia efectiva, los estados aparecen conteniendo contradicciones, como no podía ser de otra manera; por una parte, jurídicamente, no podían dejar de institucionalizar los derechos y convertirlos en políticas públicas; por otra parte, la maquinaria fabulosa del Estado funciona para realizar efectivamente las dominaciones múltiples de las burguesías, así como de los propios diagramas y cartografías de poder. Estas contradicciones se hicieron notar en el decurso de los conflictos políticos, menores y mayores, en la secuencia y proliferación de denuncias, en análisis minuciosos, descriptivos y explicativos, aunque también, de una manera práctica, en resoluciones de tribunales, que, cuando son imparciales y cumplen con la división de poderes, atributo de la composición de la república y de la organización de la democracia formal, terminan resolviendo los casos en favor de las víctimas y exigiendo a los gobiernos el cumplimiento de las leyes y la Constitución.

En periodos de crisis, los gobiernos tienen la gran tentación de recurrir al Estado de excepción, donde se suspenden derechos. Esto ha ocurrido en casos de guerra, en casos de rebeliones e insurrecciones; los gobiernos de facto implantaban de hecho el Estado de excepción. Ciertos estados en transición, estados tomados por “revoluciones”, conformaron periodos largos de formas institucionales absorbentes, de lo que no podía ser otra cosa que un Estado de excepción prolongado. Después del 11 de septiembre de 2001, se construye una forma descomunal de Estado de excepción, caracterizado, delirantemente, como guerra infinita contra el terrorismo. Desde entonces han pasado trece años; se sabe que no solo está en marcha esta guerra infinita, sino que se tiene armado un mapa de dispositivos de control y prevención, que cumplen esta tarea a nivel mundial, la tarea sucia de la guerra infinita contra el terrorismo. Los dispositivos son jurídicos, económicos, políticos y militares. La tecnología cibernética e informática permite avanzar en un diagrama de control monumental, sofisticando los procedimientos de espionaje, convirtiendo al espionaje en una labor extensa y constante.

Edward Joseph Snowden ha puesto en evidencia uno de estos proyectos, llamado PRISM, que vulnera derechos civiles y políticos de los ciudadanos, así como la soberanía de los estados. Ciertamente no es el único proyecto, pues se trata de todo un sistema complejo de control; por otra parte, Estados Unidos de Norte América no es el único país donde se efectúa el espionaje masivo a sus ciudadanos, así como a los ciudadanos de otros países. Con menor alcance de lo que se propone el diseño descomunal del PRISM, los gobiernos de los estados practican esta violación de privacidades y de vulneración de libertades; práctica secreta, empero, conocida por los ciudadanos que la sufren. Entonces el PRISM no es un proyecto aislado, forma parte de todo un desplazamiento de las “estructuras” y relaciones de poder, que se encaminan no sólo a consolidar el diagrama de control, sino construir un complejo sistema de poder que integre todos los diagramas de poder inventados; el diagrama del castigo, acompañado proliferantemente por la expansión y la actualización perversa de la tortura, cada vez más recurrente; el diagrama de la vigilancia, la arquitectura de la cárcel; el diagrama disciplinario, la modulación del cuerpo atendiendo a una anatomía diferenciada en partes dinámicas especializadas, diagrama que contó con los dispositivos institucionales modernos para su efectuación múltiple; el diagrama del control, que conecta varios mecanismos, relativos a la simulación, a la comunicación masiva, al control del público, a la flexibilización de las tecnologías disciplinarias, compensadas con el manejo y administración de las velocidades de los flujos de la movilidad social y espacial. Estos diagramas de poder afectan a los cuerpos, a los territorios, a las poblaciones; se constituyen en maquinarias abstractas y agenciamientos concretos del bio-poder, que ya interviene en las dimensiones infinitesimales del cuerpo, en los imaginarios, en la genética y en el cúmulo de facultades inherentes. Esta genealogía del poder parece indetenible; ante la crisis mundial financiera y económica, los gobiernos de las potencias han respondido con salvaguardas a los responsables de la crisis, la alta burguesía financiera, degenerando el círculo vicioso de la crisis, no sólo porque mantiene las causas de la crisis, sino que premia a los gestores de la misma. También han respondido con guerras policiales, preventivas y de castigo. La paranoia les ha llevado a idear lo que George Orwell había imaginado como cuadro alucinante en su novela famosa 1984. Sin embargo, la realidad supera a la imaginación; no sólo por la escala, la vigilancia, el control, el dominio en todo el orbe terrestre, sino también por la minuciosidad y detalle de la malla del control desmedido al que se ha llegado, que lo permite el avance tecnológico y cibernético. Así como por la descarnada suspensión de la democracia por un Estado de excepción mundial.

Se observa un recorrido de los estados hacia la forma de Estado de excepción prolongado. Ciertamente es un desplazamiento diferencial hacia este descarnado y descomunal ejercicio del poder; no todos se encaminan al mismo ritmo, tampoco lo hacen contando con recursos equivalentes; se da como un desplazamiento desigual y combinado en esta asunción al poder absoluto. Sin embargo, todos coinciden en globalizar esta arquitectura de la vigilancia y de control, que, a su vez, es un panoptismo y una cibernética del control, con pretensiones despóticas. Llama la atención que los gobiernos contrastados compartan el mismo modelo de dispositivos y hasta el mismo discurso de la guerra infinita contra el terrorismo; gobiernos progresistas repiten el mismo procedimiento que los gobiernos conservadores. Persiguen a dirigentes de movimientos sociales críticos, hasta se llega a encarcelarlos; tal como ha ocurrido en Ecuador con dirigentes indígenas; así como ha ocurrido en Bolivia donde los dirigentes indígenas son acosados políticamente y descalificados, además de espiados; algo parecido pasa en Brasil donde son identificados como agitadores. Entonces no se trata de sólo un comportamiento paranoico de las potencias dominantes del sistema-mundo capitalista, sino de una caracterización general de los estados en la actualidad. No sólo los denominados, por el discurso liberal,  estados “totalitarios”, tampoco no solamente los llamados, por el discurso ultra-conservador,  “estados canallas”, sino también los autodenominados, por el discurso oficial, estados “democráticos”, manifiestan patentemente esta tendencia hacia el control total. ¿Por qué ocurre esto? ¿Se trata de una tendencia irreversible de los estados?

Se puede decir que la historia del Estado moderno comienza con las monarquías absolutas (siglos XIV-XV-XVI). Estas máquinas territoriales, centradas en el núcleo de la soberanía del soberano, que es, en verdad, la base de toda soberanía, aunque ésta se haya desplazado, de la soberanía del monarca a la soberanía del pueblo, enfrentaron las rebeliones anti-feudales, después las rebeliones y las revoluciones sociales del pueblo. Interpelado por la revuelta popular y el proyecto republicano, el Estado moderno, iniciado en la forma de monarquía absoluta, se “transformo” en Estado-nación, estructurado como república, basado en la representación y delegación del pueblo, la voluntad general; Estado republicano conformado en el equilibrio de la división de poderes. Visualizado en la perspectiva histórica, el Estado moderno, cuyo núcleo inicial es la forma de la monarquía absoluta, no disolvió la “estructura” de poder configurada y las maquinarias de castigo, de vigilancia, de disciplinamiento, sino que las mejoró, haciéndolas más flexibles y dúctiles; empero, a la vez, más extensas y abarcadoras, más centralizadas y burocráticas, con instituciones de alcance nacional. La maquinaria estatal avanzó mucho en eficacia, en organización, en especialización, en divisiones de tareas, en la promoción de políticas públicas y, sobre todo, en su relación extensa y constante con la sociedad. El Estado-nación se convirtió en la “síntesis política” de la sociedad civil, en la concepción dialéctica de Hegel. La forma republicana, la formalización de la democracia, la elección y selección de las representaciones, construyeron legitimidad por “consenso”, como resultado de la voluntad general. En estas condiciones institucionales de la república y la democracia formal, los aparatos y la maquinaria estatal prosperaron, beneficiándose de la acumulación capitalista, ampliando su presupuesto, a través del sistema impositivo y tributario minucioso, detallista y sofisticado. La organización de la policía y el ejército mejoró notablemente, incorporando nuevas técnicas organizativas y administrativas, nuevas tecnologías destructivas, de vigilancia y, sobre todo, de control. La experiencia de las guerras modernas transformó a los ejércitos, y la experiencia del “combate” contra la delincuencia y el crimen, en sus manifestaciones modernas, transformó a la policía. La revolución de las comunicaciones, después de la informática, empujó a los estados a usar estos ámbitos y medios ampliamente; uso que repercutió en las relaciones de Estado y sociedad. Las poblaciones comenzaron a ser vistas como públicos, ante los cuales había que actuar, convirtiendo a la política en un teatro y en un escenario de permanente simulación; también se trata de incidir e inducir en el público comportamientos, generar necesidades, usar sus capacidades y requerir su atención.

La primera y segunda guerras mundiales exigieron modernizar el espionaje. Ya no se trataba sólo de resolver problemas de la infiltración para obtener información, procedimiento antiguo y tradicional, sino de lograr organizar equipos sofisticados de obtención, captura y transmisión de información. La guerra fría fue la ocasión de implementar tecnología avanzada y sofisticar mucho más aún las “estructuras” y las formas de organización del espionaje, llegando a convertirse en parte estratégica de la composición del Estado. Se institucionalizan los servicios de inteligencia. Visto desde este enfoque, se puede ver que la relación entre los llamados estados “socialistas” y los llamados estados “democráticos” fue de mutuo aprendizaje. Las “revoluciones socialistas” triunfantes, una vez conquistado el poder, se vieron obligadas a usar el Estado para defenderse de la agresión externa e interna. Pronto se vieron envueltas en un casi irreversible camino a la construcción de un Estado paranoico, por su perfil psicológico, remarcando el carácter de Estado policial, por su perfil empírico, ampliándolo hasta dimensiones inimaginables; situación inesperada, sobre todo, por los que lucharon por la emancipación y la liberación. Después de la crisis económica de 1929, las grandes potencias capitalistas, optaron por incorporar la planificación “socialista” a la gestión económica para resolver la crisis económica, el Estado capitalista intervino en la economía para incidir en ella y conducirla nuevamente al equilibrio. En lo que respecta a la paranoia del Estado policial, resultó ser contagiosa; las llamadas “democracias” occidentales refinaron, ampliaron y sofisticaron los rasgos policiales que ya contenían, convirtiendo estas características secundarias en el contenido supremo y obsesivo de los estados “occidentales”. La identificación y definición del enemigo llegó a convertirse en toda una taxonomía; poco a poco, nadie de la sociedad, ningún miembro, ningún ciudadano, podía salvarse, pues estaba sujeto a sospecha.

La culminación de la guerra fría, la caída de los estados “socialistas” de la Europa oriental, no derivó, como se esperaba, en un desarme del Estado de guerra y del Estado policial; la costumbre en la preparación a la guerra se mantuvo. Con la desaparición del enemigo “comunista”, se lo sustituyó por el enemigo difuso, ambiguo, abigarrado y barroco, de múltiples rostros, enemigo indefinido, pero con suficiente presencia fantasmagórica como para justificar otra escalada bélica. Las guerras no han terminado, como lo predijo Francis Fukuyama, sino que se extendieron en formas locales y regionales, adquiriendo el perfil de intervenciones policiales y preventivas por parte del imperio, el orden de la dominación mundial, dominación de una ultra-burguesía internacional. El 11 de septiembre de 2001 marca un hito; después del atentado a las torres gemelas en Nueva York; el gobierno de Estados Unidos declara la guerra infinita al terrorismo. Ingresamos entonces a una etapa de amenaza bélica, más alucinante que la llamada guerra de las galaxias, de amenaza permanente de intervención preventiva, policial, “humanitaria”; pero, sobre todo, lo que caracteriza a esta etapa es la conformación de dispositivos que declaran abiertamente la suspensión de derechos, por razones de seguridad. Esta etapa puede ser caracterizada como la de la construcción del Estado de excepción, del Estado policial, a escala planetaria.

Ya no son solamente los pueblos de las sociedades periféricas del sistema-mundo capitalistas los amenazados, sino también, notoriamente, los propios pueblos de las sociedades centrales de esta geopolítica policial del sistema mundo. El poder desmesurado y el goce de los privilegios escandalosos se nuclean cada vez más en una minúscula ultra-burguesía internacional, la que controla y administra tecnologías de destrucción, de información y de desinformación desbastadoras. La delirante compulsión de la hegemonía y dominación del capital financiero mundial ha arrastrado al sistema-mundo capitalista a una forma descomunal de valorización dineraria especulativa, trasladando el costo a la ecología, a las sociedades, a los pueblos, desechando todo respeto por la democracia y de los derechos conquistados. La amenaza es a la biosfera, a los ciclos de la vida, a los ecosistemas, a todos los pueblos del mundo, a la supervivencia humana, a la democracia y a las posibilidades de futuro. La gravedad de lo que está en ciernes, de los paranoicos proyectos de control de la sociedad, inscritos en la composición de poder del Estado, en su devenir policial, exige a los pueblos del mundo acciones de emergencia de defensa de la democracia, de los derechos conquistados, de las libertades adquiridas, exige acciones conjuntas, asociaciones internacionales, organizaciones inclusivas e integrales en defensa de la vida.

La “evolución”, si podemos hablar así, de la forma, de la composición, de la “estructura” y de la expresión del Estado moderno, parece mostrar el fin de una época, la del Estado, en su forma moderna de Estado-nación, parece que se ha llegado al crepúsculo de esta forma de organización política, de representación, de apropiación de las múltiples y plurales voluntades de las multitudes. Asistimos a la crisis mayúscula del Estado moderno, crisis que plantea un dilema, o el Leviatán desmesurado impone su decurso demoledor y destructor, convirtiendo al planeta en un inmenso y alucinante panoptismo, o los pueblos, resisten, liberan su potencia social, y encaminan la historia a un nuevo horizonte civilizatorio, que profundice la democracia, la solidaridad y complementariedad de los pueblos, ampliando el alcance de las libertades y los derechos, logrando construir una gobernanza mundial y participativa.    

 

 

Globalización del diagrama del control

 

No solo se puede hablar de una globalización económica, la relativa a la expansión mundial del capitalismo, sino también de una globalización cultural; esto es la modernidad. Sin embargo, tenemos que atender también a la globalización de formas de poder. Ciertamente se ha estudiado la generalización de la forma del Estado-nación, aunque no se la haya visto desde la perspectiva de la globalización. Sin embargo, lo que ahora se presenta, en pleno proceso de globalización, es una forma de poder vinculada a lo que hemos llamado el diagrama del control. Se trata de lo que parece ser una marcha  impredecible hacia el control total por parte de los estados y gobiernos del mundo. No se trata sólo de la expansión desorbitada del Estado policial, dado en distintos momentos intermitentes del siglo XX, sino de algo más. Se trata del control absoluto en sus distintas formas variadas y distribuidas. Control como disciplinamiento, empero, compensado con simulaciones de libertades; a la inversa, flexibilizaciones, sin embargo, compensadas con el incremento descomunal de las vigilancias y los registros. Control como bio-poder; es decir, como intervención en los ciclos de la vida; en la reproducción, en la migración, en la salud, en la seguridad; también, en la genética. Control como manejo de los públicos, mediante la intervención masiva de los medios de comunicación, afectando a los imaginarios e induciendo necesidades. Control como espionaje monstruosamente masivo y detallado, aboliendo los espacios de soberanías nacionales y de privacidad. Se trata de un estado de cosas donde todo el mundo es sospechoso y susceptible de ser considerado enemigo público. Este diagrama de poder del control ya es compartido por los estados del mundo, tanto por los gobiernos de “derecha” como por los gobiernos de “izquierda”, tanto por los gobiernos conservadores como por los gobiernos progresistas. Ambos usan la heurística, la instrumentalidad, de este diagrama de poder del control. Por eso, podemos hablar de una globalización de este diagrama de poder, así como también de una forma de poder montado sobre la base del espionaje, la manipulación y la infiltración. Ya no hay diferencia en cuanto al uso del método. Los estados, en la medida que hay que defenderse, lo usan; incluso usan los procedimientos inventados por, supuestamente, el otro lado, el conservador, por ejemplo, como ocurre con los dispositivos extralegales y extraterritoriales de la guerra infinita contra el terrorismo, ideados por el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica después del 11 de septiembre de 2011.

Lo que pasó en Chaparina, la represión policial a la VIII marcha indígena, incluso la infiltración policial y la agitación para llevar a cabo presiones físicas, como las ejercidas por el grupo de mujeres, que presiona al Canciller a ir delante de la marcha para romper el bloqueo de los policías y el bloqueo de los colonizadores, nos muestra la opción del gobierno progresista boliviano; el uso de la fuerza, de la violencia simbólica y física, del espionaje y de la infiltración, para someter a los movimientos sociales anti-sistémicos, que se oponen a lo que consideran regresiones del gobierno, respecto a los objetivos del “proceso” y los mandados constitucionales. Los dirigentes indígenas fueron descalificados como aliados de la derecha, incluso se los ha acusado de haber tenido contactos con la embajada estadounidense, así como estar comprometidos en venta de madera y otros negocios. Es decir, se ha ventilado sobre ellos una guerra sucia. Posterior a la VIII marcha indígena, después de haber aprobado la Ley 180, en defensa del TIPNIS, ley arrancada por la victoria política de la VIII marcha, el gobierno recula. El propio presidente pide abrogar la ley firmada por él. Se prepara todo un montaje; se organiza una contramarcha con el CONISUR, un consejo, en realidad de afiliados a la Federación Sindical Campesina del Trópico de Cochabamba, que pertenecen al polígono siete, la zona de avasallamiento del TIPNIS. La contramarcha de productores de coca pide abrogar la Ley. Llegados a La Paz acuerdan con el gobierno una consulta espuria, que no cumple con la estructura normativa y conceptual de la consulta con consentimiento, previa, libre e informada, constitucionalizada y acordada en convenios internacionales. El gobierno no puede lograr su cometido, la ejecución adecuada de la consulta espuria, pues sólo llega a consultar a familias, en condiciones altamente coercitivas; no puede realizar la consulta a las comunidades. Esta es una derrota clara del gobierno. No contentos, el “mariscal del TIPNIS, como se lo llama al actual ministro de la presidencia, monta una escenificación patética, un congreso de corregidores en el territorio indígena del TIPNIS con la dirigencia del CONISUR, que no pertenece al territorio indígena comunitario. La reacción de las comunidades no se hizo esperar; en defensa de su territorio, intervienen, impiden la realización de este montaje, someten al dirigente Gumersindo Pradel y sus acompañantes a la justicia comunitaria, incluyendo azotes, expulsándolos del territorio comunitario. El gobierno, ante estos hechos elocuentes, acusa y procesa a los dirigentes del TIPNIS, por intento de homicidio. El órgano judicial se presta a este juego desorbitado y da curso al proceso; los dirigentes del TIPNIS no se presentan a declarar, donde presumiblemente los iban a apresar, y la fiscalía los declara rebeldes y emite mandamiento de apremio.

En contraste, el gobierno boicoteó el juicio a los responsables de la represión en Chaparina, encubrió a los que dieron la orden, los dignatarios de Estado y el gabinete, llegando al ridículo de declarar que fueron los mismos policías los que tomaron la arbitraria decisión de intervenir la marcha pacífica. Los que dieron la orden, que todo el mundo los conoce y sabe que fueron los que dieron la orden, no tuvieron el valor de asumir su responsabilidad. Lo lamentable es que la misma fiscalía los encubre, a pesar de los indicios y las pruebas. Ahora, que las comunidades del TIPNIS aplican la justicia comunitaria, alzan las manos al cielo y montan un juicio, que adolece, de principio a fin, de contar con el apego a la ley; este juicio peca de nulidad de pleno derecho. Todo esto lo hacen sin inmutarse, como si bastara su indiferencia ante flagrantes contradicciones y paradojas; se juzga a las víctimas. Esta actitud de indolencia y desprecio de las leyes y la Constitución no podría explicarse sin recurrir a la globalización del diagrama del poder del control. La pregunta es: ¿Por qué se da esta globalización de una forma de poder, de la que llamamos diagrama de control?

La respuesta parece obvia; la mundialización que se experimenta desde el siglo XVI, sino es antes, de acuerdo a la interpretación de Andre Gunder Frank[116], viene acompañada por la expansión colonialista del modo de producción capitalista y del sistema-mundo capitalista, de las formas del Estado moderno, sobre todo, a partir de un momento, del Estado-nación. La modernidad también difunde diagramas de poder, así como estataliza otros diagramas de poder, que tenían características locales y regionales. El Estado-nación se estructura primordialmente sobre la base de las distintas estrategias disciplinarias, cartografías, saberes, instituciones, que se inscriben en el cuerpo, modulándolo. No se hicieron esperar las políticas de población, demográficas, reproductivas y migratorias, tipificadas por Michel Foucault como bio-poder[117]. Tampoco la difusión del diagrama del control se hizo esperar; apareció con lo que llamaremos, metafóricamente, la “revolución” de las comunicaciones; la radio, la televisión, el cine, la tecnología digital, la informática y la cibernética.  Una revolución que no impacta tanto, aunque no lo deje de hacer, en el “modo de producción”, como lo hace, en su momento, la revolución industrial, sino, para seguir de una manera compulsiva con la composición económica vigente, dominante y hegemónica, generando formas intensivas y expansivas en la distribución y el consumo. Haciéndola a la primera más rápida y extensa, convirtiendo a la segunda en consumo de imágenes, más que de productos, en consumo de estándares, más que de bienes, en consumo de modas, más que de necesidades.  El diagrama de control no tiene como objeto a los individuos, como es el caso del diagrama disciplinario, no tiene como objeto las poblaciones, como es el caso del bio-poder, en su sentido inicial, sino tiene por objeto a los públicos[118]. Captura públicos construyendo mundos; mundos como grandes escenarios para los públicos clasificados; mundos interpretados desde imaginarios monitoreados desde la pantalla. Este diagrama de control se encuentra constantemente preocupado por evaluar la conducta de los públicos capturados; se hace periódicamente seguimientos de los comportamientos, de las inclinaciones, de las tendencias, de los ranquin; se efectúan estadísticas de opinión. La obsesión por los públicos es tal que se restaura el modelo de la vigilancia, asociado al diagrama de la disciplina; solo que ahora se trata de una vigilancia en un espacio abierto, no en un espacio cerrado, como en el caso de la cárcel. La vigilancia en los espacios abiertos es la vigilancia en las redes de comunicación; pero, también vigilancia de los lugares de concentración y de los corredores de flujos. La vigilancia se ejerce sobre las ciudades, en los lugares de trabajo, en las escuelas, en las universidades. La vigilancia se convierte en vigilancia de los y las ciudadanas; todos son sospechosos. Se trata de un panoptismo de otro tipo; no solo porque se ilumina todo, se evita dejar algún resquicio de oscuridad o sombra, sino porque la mirada y la escucha es constante. Se trata de la expansión desmesurada del espionaje; todos son objeto de espionaje. La sociedad es espiada por el Estado. Los satélites artificiales han convertido a la tierra en un planeta contantemente observado; hay satélites de observación meteorológica, del medio ambiente, de la geografía, de la geología, de los recursos; pero también satélites espías con objetivos militares y de inteligencia. Estos artefactos sumados a otros, diseñados específicamente para vigilar, escuchar, interceptar, es decir, espiar,  han transformado el diagrama del control, en tanto vigilancia, al tal punto que se han borrado los límites entre lo público y privado.

No solamente es ignominioso, por la torpeza, sino también ilegal, inconstitucional, además de represivo, el juicio a los dirigentes del TIPNIS, sumando a los dirigentes de lo que ha quedado de la CIDOB, pues la otra CIDOB, la oficialista, no deja de ser un montaje, con dirigentes puestos a dedo. Es como decimos parte del diagrama de poder del control, la parte de la vigilancia absoluta, la parte de la subordinación y sumisión de todas las organizaciones sociales, la parte de la simulación; en este caso, de lo grotesco en la implementación de juicios espurios, juicios que no tienen juicio, que no responden al procedimiento, sino que responden a la orden, nuevamente, del ejecutivo, contando con el órgano judicial sometido, convertido en apéndice del gobierno, en el brazo de ejecución formal del poder; no de la división de poderes, sino de un poder único y centralizado.  Esta parte de la composición del diagrama de control recuerda a los antiguos métodos de violencia represiva, de castigo, de domesticación por “látigo”; empero, al articularse en la “estructura” del diagrama de control, adquieren otra connotación. Acompañados por la publicidad y propaganda desbordantes, por el dominio de los medios de comunicación de masa, que tienen por objeto de poder a los públicos, que modulan, por así decirlo, los imaginarios, entonces aquellos procedimientos retomados adquieren la dirección que toma el control en los confines de la modernidad. Se trata de bio-poder, ahora en sentido amplio, de la apropiación de la vida, de su incorporación al estómago de la maquinaria de la vorágine capitalista. En el caso del TIPNIS es la destrucción de los ciclos de vida, del ecosistema, de los ciclos comunitarios, arrasando los bosques, el corazón de la producción del agua, que es el ecosistema del TIPNIS, destruyendo la vida comunitaria, ampliando la frontera agrícola del cultivo excedentario de la hoja de coca, construyendo una carretera que conecta a dos comunidades del interior del TIPNIS, pues la amplia mayoría de las comunidades se encuentran en los alrededores de los ríos Isiboro y Sécure, carretera que favorece a los comerciantes de Villa Tunari, San Ignacio de Moxos y a los ganaderos de Rondonia, que quieren llevar su carne de res al mercado del pacífico. Carretera al servicio de la exploración de hidrocarburos, pues el núcleo del TIPNIS ha sido concedido a PETROBAS y PDVSA, sin  consulta previa; violación flagrante porque se trata de territorio comunitario indígena y parque. Estamos ante el avance del control geopolítico del IIRSA, la estrategia de integración económica y comercial de Sud América, diseñada por la burguesía internacionalizada brasilera. El gobierno boliviano sirve como agente de esta burguesía y como dispositivo de su geopolítica. El diagrama de poder de control en las periferias adquiere un carácter más abigarrado, más saturado, responde a geopolíticas regionales, no sólo a la geopolítica mundial de control, que es el sentido supremo de la estrategia de dominación del sistema-mundo capitalista, en la comisura de su propio crepúsculo. La geopolítica de control del TIPNIS es también una geopolítica del Estado-nación restaurado[119], en contra de los gérmenes del Estado plurinacional comunitario y autonómico, que se encuentra en los territorios indígenas, en los movimientos anti-sistémicos que vuelven a emerger, en la Constitución Política del Estado de Bolivia. Es la geopolítica de una burguesía local recompuesta, articulando a la antigua burguesía nacional con las incorporaciones de los nuevos ricos, una nueva burguesía con características nativas; comerciante, campesinos ricos, colonizadores ricos, cocaleros ricos, cooperativistas ricos. Esta burguesía recompuesta y su geopolítica nacionalista[120] identifican como enemigos a los pueblos indígenas, a sus comunidades, a sus territorios y ecosistemas. No es pues casual que intereses, que antes eran encontrados, como los relativos a los terratenientes y, en contraposición, como los relacionados al campesinado, se hayan aparentemente aliado, contra los territorios indígenas y la propiedad comunitaria. En realidad se trata de los intereses de los campesinos ricos, no de la gran mayoría de los campesinos, a quienes se ha acallado, por medio de la manipulación y la selección de dirigentes sumisos. Resulta que el vicepresidente promueve la revisión, por parte del Congreso, de la Constitución aprobada en Oruro; la revisión congresal suspende la reforma agraria, que se encontraba en la Constitución. Más tarde, ahora, en pleno periodo electoral, el gobierno promueve y el Congreso servil acata, la suspensión de la función económica social, suspende el saneamiento de tierras,  favoreciendo a los terratenientes. ¿Quiénes son los cómplices de semejante retroceso, anulando al propio movimiento campesino, que tiene como base precisamente la reforma agraria?; nada más ni nada menos los dirigentes llunk’u campesinos y los congresistas serviles, que son lastimosamente la mayoría.

La suerte de los dirigentes del TIPNIS está en manos de la resistencia a esta local imposición del diagrama del poder del control, la suerte de la reconducción del “proceso”, que está desquiciado, y conducido al abismo por el gobierno, que es un contra-proceso[121], está en manos de los movimientos sociales anti-sistémicos, los cuales no han podido emerger en plenitud, tampoco articularse como bloque. El dejar que esto avance, que la composición local del diagrama de control progrese, es convertirnos en cómplices de la descomunal dominación mundial de Estado de excepción prolongado, cómplices de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, en la comisura de su crepúsculo, cómplice de la geopolítica regional del IIRSA, que nos convierte en área de dominación del nuevo ciclo hegemónico del capitalismo, vanguardizada  por la potencia emergente de China. Convirtiendo a América latina nuevamente en el espacio continental del modelo extractivista colonial renovado. 

Una nota es indispensable. El gobierno popular dice que se enfrenta al imperialismo, dice que es anti-imperialista; sólo que lo hace con el fantasma del imperialismo, la imagen del imperialismo que corresponde a los tiempos anteriores a la segunda guerra mundial; no se enfrenta al imperialismo de carne y hueso, al imperialismo contemporáneo, que ha cambiado de forma y de “estructura”. Este imperialismo, que corresponde a la dominación y hegemonía absoluta del capitalismo financiero y de la malla de empresas trasnacionales, es más bien al imperialismo que sirve el gobierno popular. Sus políticas monetaristas, sus seudo-nacionalizaciones, por medio de compra de acciones, sus entregas del control técnico de las empresas nacionalizadas, la entrega de sus reservas fiscales a bancos del imperialismo, la emisión de bonos soberanos en el sistema financiero internacional, hablan de ello. Lo que ha ocurrido con el caso Snowden y la clausura del espacio aéreo al avión del presidente boliviano, no es más que roces y amagues en el reordenamiento de la organización del imperio, del orden de dominación mundial, bajo el encuadre del diagrama de poder del control. Estas desavenencias de gobiernos, uno, el gendarme del imperio, el otro, gobierno progresista de un país periférico, no son más que contingencias en la marcha descomunal del diagrama de poder del control, marcha hacia el Estado de excepción mundial prolongado.  Estas desavenencias muestran que ninguno de sus gobiernos, de sus asesoramientos, de sus servicios de inteligencia, comprende lo que pasa, ninguno comprende esta marcha desbordante del diagrama del poder del control. Todavía mantienen las imágenes del periodo de la guerra fría. Se trata de representaciones anacrónicas que no corresponden al presente.  No se pude esperar otra cosa de estos gobiernos, agenciamientos concretos del poder del Estado-nación, aunque uno sea imperialista y el otro sea subordinado; Estado-nación construido a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. Sus “estructuras” y representaciones responden a la gravitación de este largo periodo. Las “estructuras” políticas y las formas de representación del presente están en ciernes, emergiendo de las nuevas experiencias. Las cabezas de estos gobernantes siguen peleando guerras pasadas, cuando asistimos a la marcha descomunal del diagrama del poder de control mundializado.

Otra anotación. Un diagrama de poder, lo que hemos llamado diagrama, es decir, mapa, interpretando las cartografías de poder investigadas por Foucault, no es el resultado del diseño de élites conspiradoras, como es la imagen que tienen algunos críticos de la dominación imperialista. No es ninguna variante de la teoría de la conspiración la que explica la conformación de mapas de poder. Al contrario, las élites conspiradoras no son más que uno de los componentes del diagrama de poder. Élites que se ilusionan con sus conspiraciones, que casi nunca les sale, pues enfrentan múltiples contingencias y la complejidad de la “realidad”. El diagrama de poder, las cartografías de fuerzas, los mapas de agenciamientos y dispositivos, se arman como articulación de composiciones en el acontecimiento político, social, económico y cultural, acontecimiento de múltiples singularidades. Se trata de efectos molares no controlados, en principio, aunque, después, cuando se toma “consciencia” de ellos, se busca controlarlos, aunque sólo se lo logra en parte. Teniendo en cuenta esta reflexión, si bien tiene el peligro de que suene extraño y hasta paradójico, el siguiente esquema, un tanto exagerado, puede servir para comprender este fenómeno y esta fenomenología del diagrama de poder: Se puede decir que todos somos “cautivos” del diagrama de poder, aunque unos, la minoría dominante, lo haga de manera privilegiada, y los otros, las grandes mayorías, lo hagan de una manera sufriente, como explotados, discriminados, marginados, subordinados, condenados, colonizados. La ultra-burguesía hedonista de la dominación mundial se ilusiona con un poder que no posee, empero lo ejerce, cree que la acumulación compulsiva y los placeres mundanos a los que se entrega, que por cierto cada vez son más caros, satisfacen su deseo, que no es otra cosa que el deseo del deseo, que no se satisface nunca. Esta ultra-burguesía mundialmente dominante, altamente privilegiada, de una manera abismal, en comparación, no es otra cosa que clase dominante, subjetividad exaltada, propietaria de medios de producción, de tecnologías, de tierras inmensas, de conocimientos patentados, del capital acumulado y de la acumulación de capital, en tanto proceso de valorización. Domina, pero no posee el poder; el poder la inviste como dominante, así como inviste a los demás como dominados. De esta interpretación, obviamente, no se puede sacar ninguna conclusión de que al ser la burguesía parte de diagramas de poder que no controla, aunque sólo lo haga en parte, es de alguna manera, en algún momento de lucidez, aliada de las resistencias, las luchas emancipadoras y liberadoras contra las dominaciones múltiples, en la lucha contra el poder, contra sus múltiples formas; de ninguna manera. La teoría de la lucha de clases está plenamente vigente, la lucha contra las burguesías está vigente. La conclusión es otra; hay que sacarse de la cabeza la teoría de la conspiración, sus interpretaciones, sus tesis y sus hipótesis. La teoría de la conspiración no ayuda en estas luchas, convierte la lucha contra las dominaciones y el poder en una lucha contra los conspiradores, encogiendo los alcances de las luchas sociales, restringiendo las “finalidades” de las luchas sociales. Entre ellas, la más importante, no puede ser otra cosa que la destrucción del poder, de las “estructuras” de poder, de la economía política del poder[122], que diferencia poder de potencia, liberando la potencia social creativa.

Ciertamente no se puede decir que no hay contradicciones entre los Estado-nación del centro mutante del sistema-mundo capitalista y los Estado-nación de las periferias de este sistema-mundo. Las hay, a veces llegan a momentos de intensidad como cuando los gobiernos nacionalistas y populistas del siglo XX nacionalizaban empresas privadas del capital internacional, por el único método de nacionalización efectivo, la expropiación de los expropiadores. Lo que precisamente no hizo el gobierno de Evo Morales Ayma. Antes, durante el nacimiento de las repúblicas, hubo contradicciones entre las nacientes repúblicas y las coronas coloniales. Claro que hay contradicciones; estas son coyunturales y de lapsos históricos concretos. Sin embargo, no hay que olvidar que al final se conformó la geopolítica del sistema-mundo capitalista, una dominación mundial basada en la configuración de los Estado-nación. Los Estados nación del centro del sistema-mundo aprovecharon su situación para centralizar y concentrar la acumulación originaria y ampliada de capital, los Estado-nación periféricos terminaron convertidos en administradores de la transferencia de recursos naturales a los centros industriales. El margen de maniobra que les quedaba era disputar los términos de relaciones de intercambio. Ahora, en los confines de la modernidad, en los límites del sistema-mundo capitalista, los Estado-nación progresistas entran en contradicción con los Estado-nación imperiales. Lo que se disputa, otra vez, es la relación de los términos de intercambio, pues los gobiernos progresistas están encaminados a intensificar y expandir el modelo extractivista, no de cambiarlo. Estas contradicciones son transitorias, si tenemos en cuenta la marcha a un nuevo modelo de dominación global, que llamamos del Estado de excepción mundial prolongado, que corresponde al diagrama de poder del control mundializado.  Si la secuencia histórica fuese esta, si las resistencias y las luchas de los pueblos no logran detenerla, los gobiernos progresistas serán una figura fugaz en el camino. Los Estado-nación periféricos experimentaran transformaciones que los articulen a la integración del Estado de excepción mundial, respondiendo a la globalización del diagrama de poder del control. Los Estado-nación del centro mutante del sistema-mundo capitalista también experimentaran transformaciones, convirtiéndose en el centro administrativo, de dirección, de esta fabulosa maquinaria del panoptismo mundial del control globalizado y del espionaje total, permanente y minucioso.

¿Qué fueron los llamados estados “socialistas” en todo este decurso histórico? No se puede negar que, al principio, fueron un inmenso gasto heroico, la movilización descomunal de las voluntades contra la “realidad” y contra la historia. No disputaron la relación de los términos de intercambio con las potencias capitalistas, sino que se propusieron la revolución mundial. Sin embargo, en la medida que la correlación de fuerzas quedó clara, se optó por la coexistencia pacífica, es decir, por  la convivencia entre “socialismo” y capitalismo. Este acomodo carcomió, por dentro, a los estados “socialistas”, los cuales terminaron implosionando.   El caso de la revolución cubana, es también un gasto heroico inmenso y prolongado, a pesar del bloqueo de medio siglo, emprendido por los Estados Unidos de Norte América. Sin embargo, es una revolución aislada, detenida en la dilatación de la transición al socialismo, finalidad que no podría lograrse sin una revolución mundial. El caso de China no es de una implosión, pero si de una conversión, llamado “socialismo de mercado”, que no es otra cosa que su adecuación al capitalismo, en condición de potencia industrial emergente. Esta potencia industrial forma parte, ahora, del centro del sistema-mundo capitalista; es la segunda potencia industrial y tecnológica, en camino de convertirse la primera potencia. Algunos despistados creen ver en esto un avance en el proyecto; ¿en qué proyecto? ¿Socialista? Estos despistados parecen desconocer que la batuta de la hegemonía capitalista siempre ha cambiado, de ciclo largo en ciclo largo; del norte de Italia, pasó a los países bajos, Holanda, de Holanda a Gran Bretaña y de Gran Bretaña a Estados Unidos de Norteamérica. Cada uno de estos ciclos largos ha caracterizado una forma y una “estructura” capitalista; comercial, por acciones, revolución industrial, revolución administrativa y organizacional, revolución científica tecnológica. La emergencia capitalista de China parece anunciar un nuevo ciclo largo del capitalismo, bajo su hegemonía, que probablemente caracterice una nueva forma y una nueva “estructura” en los modos de acumulación. Empero, como todo capitalismo no puede ser sino una forma de dominación sobre las fuerzas de trabajo y sobre la naturaleza. De esta proyección histórica no se puede esperar ninguna emancipación, menos ninguna liberación. El camino emancipatorio y de liberación no es por la preservación del capitalismo, lleve quien lleve la batuta, sea potencia “occidental” o sea potencia “asiática”. La emancipación y la liberación son de los pueblos del mundo respecto de la dominación capitalista, comprendiendo todas sus formas de explotación.

Una tercera nota es indispensable; sobre los fundamentalismos. El fundamentalismo musulmán es mas bien resistencia más que emancipación; resistencia basada en el fundamento religioso. Resistencia al dominio y hegemonía “occidentales”, defensa de la cultura, la lengua, las instituciones tradicionales y la religión. Como resistencia local y hasta regional tiene perspectiva de mediano alcance; en la medida que no se trata de un proyecto emancipatorio, que convoque al resto, no se abre una perspectiva de largo alcance. El secreto de las revoluciones democráticas y socialistas fue el proyecto emancipatorio, humanista, con pretensiones universales, convocando a todos, incluyendo a todos. Por esta razón tuvieron repercusiones de alcance mundial, pudieron cambiar el mundo, aunque el proyecto socialista solo lo hizo en parte y duro un mediano plazo.

El fundamentalismo, si todavía podemos hablar así, “indianista”, no es solo de resistencia, pues se propone la emancipación de las comunidades, pueblos y naciones indígenas; empero, se trata de una emancipación y de una convocatoria restringidas, a no ser que ocurra que el proyecto indígena comunitario se convierta en una convocatoria a todos. En este caso se convierte en un proyecto emancipatorio, en pleno sentido de la palabra. Lo sugerente del proyecto indígena es que se propone la defensa de la madre tierra, comprometiendo a las sociedades humanas y a los pueblos a defender los derechos de los seres y los ciclos vitales. Esta convocatoria se dio en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, llevada a cabo el 22 de abril  en Tiquipaya-Cochabamba; se propuso la internacional de los pueblos en defensa de la madre tierra y contra el capitalismo. En este sentido el proyecto de defensa de la madre tierra, proyecto civilizatorio llamado vivir bien, se convierte en una perspectiva mundial alternativa. Esta es la perspectiva de largo alcance; sin embargo, en la medida que el “indianismo” se circunscribe en un fundamentalismo es resistencia, queda localizado y su perspectiva es de corto alcance, en el mejor caso, de mediano alcance. 

Asistiendo a la marcha hacia la globalización del diagrama de poder mundial y de la imposición del Estado de excepción mundial prolongado, las alternativas no pueden ser sino emancipatorias y liberadoras; es decir de convocatoria mundial, a todos los pueblos. Las resistencias quedaran en el camino como acciones heroicas, pero pasajeras. Bajo estas consideraciones, los pueblos están como empujados a coordinar y articular sus luchas, a conformar una internacional de los pueblos. Ahora bien, haciendo un rápido diagnóstico de lo que pasa, podemos ver que los pueblos han salido a las calles, han ocupado las plazas, se han insubordinado contra sus gobiernos, en un caso autoritarios, en otro caso, neoliberales. Empero, estos levantamientos parecen encontrarse escasamente politizados; las contradicciones entre pueblos y gobiernos llega incluso a cambios de gobiernos, que resultan ser parte de un círculo vicioso, son la expresión del mismo problema, la usurpación de la representación popular. Estos levantamientos populares no han logrado construir una alternativa a la forma de gobierno, una alternativa a la forma de Estado. La llamada primavera árabe es un ejemplo de este drama. La movilización popular ha sido aprovechada por grupos de poder que se encaminan a restaurar lo mismo o, peor aún, se encaminan a proyecciones neoliberales demoledores. La movilización popular también ha sido aprovechada por servicios de inteligencias de potencias “occidentales” que se han inmiscuido en los conflictos. En Europa los levantamientos populares, calificados como movimientos de “indignados”, no han derivado en cambios de gobierno; no han contado con la fuerza para hacerlo; tampoco han logrado la politización requerida. Quedaron, hasta el momento, como movimientos reivindicativos y defensores de derechos adquiridos. Los movimientos de “indignados” en Estados Unidos de Norteamérica han quedado como en el inicio, controlados desde el principio de los estallidos. En otras palabras, los pueblos, amenazados por la turbulencia del sistema financiero internacional, por su lógica especulativa e inflacionaria, por su valorización ficticia, por la estrategia de deuda infinita, sistema financiero que hecha a la calle de las casas a los moradores cuando no pueden pagar sus deudas, todavía se encuentran en una fase pre-política, abusando del término. Sin embargo, el conflicto ya se ha dado y a escala mundial. La tarea de los y las activistas consiste en apoyar la politización de los pueblos, en los escenarios de los nuevos levantamientos y movilizaciones, coadyuvando a la coordinación de las luchas y la conformación de una internacional de los pueblos. La propuesta, en perspectiva, parece ser la enunciada en los foros sociales, como gobernanza mundial de los pueblos[123], acompañada o, mas bien, sustentada por la construcción civilizatoria alternativa, democrática, participativa y pluralista, llamada vivir bien, por la Conferencia Mundial de los pueblos en Tiquipaya-Cochabamba.              

La potencia de la vida

 

¿Quiénes somos? ¿Qué somos? ¿Para qué nos constituimos tal como hemos llegado a ser en el momento presente? Estas preguntas son cruciales al momento de sentirnos interpelados por los desafíos del presente; ¿cómo afrontar todas las problemáticas acumuladas? ¿Seremos capaces de solucionarlas o los problemas que enfrentamos nos van a desbordar? Para decirlo en términos dramáticos: ¿vamos a destruir el planeta donde habitamos? ¿Vamos a llevar a cabo una guerra sin fin aniquilándonos? ¿Vamos a dejar que el sistema de acumulación que inventamos nos arrastre a crisis económicas cada vez más paradójicas, cuando más capacidad tecnológica y productiva tenemos, más desigualdades se crean, arrojando a grandes mayorías a la incertidumbre, sino es a la miseria? No lo sabemos. Pues hasta el momento el modo de responder a las preguntas ha sido la de la confianza en el porvenir, basándonos en una supuesta predeterminación, en una supuesta finalidad de la evolución de la vida, cuya corona se encuentra en el ser humano, también confianza en la racionalidad humana, la que ha ayudado a construir instituciones como mecanismo de la racionalidad instrumental. Partiendo de esta certeza teleológica, se concluye un futuro promisorio, una suerte de continuidad evolutiva de la historia. El ser humano es un ser extraño, es un ser seducido por sus propias creaciones, dominado por sus propias criaturas, enamorado de sus propios fantasmas. Esta facultad creativa, que es la imaginación, terminó dominando sobre la misma capacidad creativa; la imaginación terminó sustituyendo a la creación, a la potencia social, construyendo un mundo imaginario, donde los fantasmas ocupan el lugar privilegiado, son los valores, las normas, las reglas, las estructuras, las representaciones, que gobiernan, son el comienzo y el fin de la historia. Entonces los humanos se explican la razón de su existencia por la existencia de estos fantasmas, estos valores, estas normas, estas reglas, estas estructuras, estas representaciones. Explican sus acciones y las justifican. Explican las guerras, las dominaciones, los privilegios, las diferencias, las exclusiones, las discriminaciones; pero, también, explican las resistencias, las luchas, las demandas, las rebeliones, las sublevaciones, las revoluciones. El mundo no es otra cosa que representación, así como la “realidad” de la que se habla es también representación. El problema de este enfoque es que las soluciones a los problemas que se enfrentan son también imaginarios, por lo menos, en gran parte. No solo por la parcialidad, en cuanto la efectuación material, sino por la interpretación, que se mueve teniendo como referente a los fantasmas. Hay como un fin que tiene o que ya ha cumplido el ser humano; este fin por cumplir puede ser el socialismo u otro proyecto civilizatorio; el fin cumplido puede ser el capitalismo, así como lo interpreta Francis Fukuyama. O, si se quiere, se pueden considerar fines religiosos, espirituales, incluso fines de armonía con la naturaleza. Entonces, una vez armado el cuerpo teórico, la “estructura” enunciativa, lo que queda es convencer a los demás sobre la pertinencia del proyecto o, en su caso, imponerlo por la fuerza. La guerra de los paradigmas, para darle un nombre, la guerra por los ideales, la guerra de los proyectos, termina siendo una guerra sin cuartel, incluso despiadada. No se puede dejar de ser intransigente, pues se trata de la verdad.

Todo este imaginario, el mundo como representación y la representación del mundo, toda esta historia, la humana, se basa en un presupuesto que parece incorregible, que más que presupuesto es una predisposición, este presupuesto es central, es el antropocentrismo. El ser humano es único en el universo; sino es el fin mismo, es una pieza clave, fundamental. Este lugar privilegiado es también imaginario. ¿Qué lo distingue de los demás seres vivos? Todo los seres vivos son autónomos, autopoiéticos, constituyen una memoria sensible, también una memoria genética, es decir un programa, que pude considerarse también memoria informática. Los seres vivos sienten, se informan, administran la información, la decodifican, actúan, en consecuencia, conocen, calculan, componen, se asocian, crean. Todos los seres vivos son “maquinas” para resolver problemas, usando una metáfora mecánica. Los seres humanos, como todos los seres vivos, estamos para resolver problemas y seguir adelante. Eso es y nada más. Sin embargo, considerando el enunciado de más cerca, se trata de una inapreciable facultad; los seres vivos, el ser humano, son organismos creativos. Al resolver problemas crean soluciones, abren horizontes, crean mundos. Dicho esto, no habría que complicarse, no habría que perderse en los laberintos de las representaciones, de los proyectos finalistas, de defender los privilegios heredados, conquistados o impuestos, de defender los derechos, de conquistar derechos, de lograr igualdades. Pues cómo no resolver todos estos problemas construyendo una mejor organización, una mejor composición social, una más armónica convivencia. ¿Cómo no poder construir una mejor sociedad que la capitalista? Que, a pesar de sus grandes logros, revolución industrial, productiva, científica, tecnológica, ha ocasionado también grandes problemas, desigualdades, explotaciones, dominaciones, colonialismos, racismos, subordinaciones, contaminación a gran escala, degradación ambiental, destrucción ecológica, además de construir armas de destrucción masivas, capaces de acabar son las sociedades humanas si no atentan contra la vida misma. ¿Cómo no resolver este problema racionalmente, que es una facultad inherente a todos los seres vivos? ¿Qué es lo que hace difícil ponerse de acuerdo? ¿Acaso es sostenible racionalmente acumular por acumular, producir por producir, enriquecerse por enriquecerse, no importando los costos? ¿Es este el fin, el telos buscado? En la medida que el ser humano es el centro de los imaginarios, antropocentrismo, ciertamente su goce puede ser tomado como un fin, desprender un hedonismo reiterativo; empero, como dijimos antes esto es imaginario.

Llama la atención que sea el ser humano uno de los seres incapaces de resolver este problema simple, el de resolver problemas, sobre todo los problemas que ha ocasionado su participación en la biodiversidad. Este resolver problemas pasa por la formación de asociaciones, composiciones, construcciones, creaciones, cada vez más adecuadas al incremento de la problematización que ha ocasionado su propia inserción en la biosfera. El ser humano está equipado para resolver problemas, para resolver este supremo problema, el de conformación de organizaciones armónicas. Como cualquier organismo vivo, está equipado para resolver problemas; esa es, si se quiere, la razón de su existencia. Sin embargo, el ser humano se ha vuelto un problema, no solo para su propia sobrevivencia, sino también para los propios ciclos de la vida. Si el ser humano no resuelve este problema, esta como destinado a desaparecer o quedar en un rincón marginal en la biodiversidad de los ciclos vitales. Si no es él el que se autodestruye, puede ser la propia vida la que lo descarte. Formamos parte, con todos los seres vivos, de un mismo genoma matricial (LUCA)[124]; la múltiple información que llega a todos los seres vivos es procesada por sus propias memorias genéticas, sus propios saberes genéticos. La propia vida puede crear una defensa y anticuerpo contra esta especie tan peligrosa como es la del ser humano.

¿Por qué entonces no darnos una oportunidad para resolver este problema tan sencillo? ¿Dónde se encuentran las resistencias y los obstáculos para hacerlo? Hay como bloqueos mentales. Si el ser humano es el fin de la evolución, ¿por qué no puede ser el fin de la humanidad el del director de banco, el del empresario privado, el del gobernante? ¿Por qué la sociedad capitalista y el Estado liberal no pueden ser el fin de la historia? Entonces, si este es el fin, lo que queda, sensatamente, es defender el orden, las instituciones, las leyes, las buenas costumbres, contra los que atentan contra el orden, las instituciones, las leyes y las buenas costumbres. De esta manera, el problema está resuelto; hay que defender el bien, que es esta sociedad y este Estado, contra el mal, que es todo lo que atenta contra el fin logrado. Este imaginario se desmorona ante un simple recuento de los problemas acumulados no resueltos; grandes problemas por cierto, comenzando por la infelicidad humana. El problema para este fin logrado, imaginariamente, es que sólo ha sido alcanzado por una minúscula minoría de la inmensa humanidad. Una sociedad organizada de esta manera no puede subsistir, en el largo plazo. Una sociedad donde una minúscula minoría se arroga la representación de la inmensa mayoría y dice representar el bienestar logrado por la humanidad; dejando que las mayorías se conviertan en públicos, que contemplan los grandes logros de los representantes de la humanidad; mayorías convertidas en sacrificados trabajadores, que tienen que ahorrar para sobrevivir y pagar sus deudas, que van en crecimiento; mayorías convertidas en poblaciones marginales, condenadas a que no se les reconozca como ciudadanos y sus derechos consagrados o, en su caso, a la reiteración de las subordinaciones múltiples, en sus tierras de origen. Una sociedad, organizada y estructurada de esta manera, es un problema, no es, de ninguna manera, una solución. Es parte del problema no resuelto.

La solución de este problema, la de componer formas de organización que liberen la potencia social, que den lugar a la realización libre y espontánea de la creatividad, aprovechable por todos, no es el único problema a resolver, es el problema fundamental que hay que resolver para atender los otros problemas primordiales, como, por ejemplo, lograr organizaciones transversales capaces de armonías complementarias con los seres vivos. Los seres humanos al formar parte de la vida, de las constelaciones de vida, de los innumerables ciclos vitales, de los mapas y espesores de la biodiversidad, depende de lo que pase en este pluriverso ecológico; entonces, forma parte de sus desafíos la coexistencia y la convivencia dinámica con los seres vivos. Otro desafío que tiene ante sí el ser humano es su relación con el universo o el pluriverso físico en el que habita, estudiado por la física clásica, la física relativista y la física cuántica; pluriverso físico del que ya se sabe,  por lo menos, se conocen fenomenologías, si podemos hablar así, sorprendentes. Las leyes de la física clásica no son válidas a velocidades próximas a la luz, donde las leyes de la relatividad restringida, descartando la gravedad, y de la relatividad general, que incluye la teoría relativista de la gravitación, ayudan a comprender el nacimiento, la formación y la expansión del universo, comprendiendo la curvatura del espacio-tiempo, debidos a la gravitación. Ambos cuerpos teóricos, la física clásica y la física relativista, no son válidos en las dimensiones infinitesimales de los fenómenos cuánticos; en este caso, es la física cuántica la que ayuda comprender la mecánica cuántica, la gravitación cuántica, la dualidad cuántica, como onda y partícula, introduciendo la hipótesis de la incertidumbre y calculando el intervalo probabilístico de la posición de las partículas. Es en este pluriverso, del que forma parte el humano, donde los seres humanos pueden desplegar su potencia, su autopoiesis, su capacidad creativa, aprendiendo a conocerlo y aprovechando su casi inagotable energía de múltiples formas. El ser humano corresponde a los organismos autopoiéticos, equipados y capaces de resolver problemas; para seguir adelante requiere resolver el problema de su organización social. ¿Podrá hacerlo o la vida seguirá su camino prescindiendo de él?

No hay finalidad en el universo, como suponen las teorías teleológicas, el universo está abierto a sus propias contingencias y devenires. No hay finalidad en la vida, a no ser que entendamos por tal la memoria genética, que guarda la historia de la información genética y sirve para conservar la reproducción de las especies, entendiendo entonces esta memoria genética como un proyecto inscrito en las macromoléculas. Las finalidades propiamente dichas son propósitos que se usan como herramientas para resolver problemas, solo que, muchas veces, estas herramientas se convierten en un problema más que en una ayuda, cuando son tomadas como finalidades en sentido metafísico, como fines a los que hay que llegar ineludiblemente, como deber supremo, pues son el sentido de la historia. Estos proyectos teleológicos inhiben la potencia, las capacidades creativas, de los seres humanos; encasillan a estas facultades moldeándolas para cumplir el fin. Este es un destino destructivo. La potencia creativa del ser humano le abre múltiples posibilidades; puede crear mundos, puede producir alternativas. Lo que pueda pasar depende de él, crear una bella obra de arte o una pesadilla, una pesadilla de la que no podrá despertar.

Desde hace unos siglos, si no es más, los seres humanos, en vez de resolver problemas, causan más problemas. Al momento presente las sociedades se encuentran saturadas de problemas sin resolver; ¿estos problemas terminaran rebasándolas a tal punto que las conducirán a la implosión? En adelante haremos un breve recuento de algunos de los problemas que consideramos cruciales y que se deben resolverse, antes que los mismos ahonden las crisis, problemas que acompañaron a las sociedades humanas, y lleguen tan lejos que la desmoronen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La cuestión del poder

 

Este quizás sea el problema principal; la dominación. ¿Por qué las sociedades humanas optaron por construir formas de organización basadas en jerarquías; es decir, en el monopolio de la representación, en  el control del monopolio del Estado? ¿Por qué el imaginario de una distinción, de la aceptación del ejercicio de la fuerza sobre los demás? El poder es el control de las fuerzas, el monopolio de la disponibilidad de las fuerzas; el uso legítimo de estas fuerzas, desde la perspectiva del Estado.  El poder se expresa, elocuentemente, en el avasallamiento de tierras comunitarias, en el desconocimiento de los derechos y las reivindicaciones de los pueblos Indígenas, en el incumplimiento de la Constitución. El poder es esta desmesura; es el empleo de la fuerza sobre las resistencias, es el peso que tiene la concentración de fuerzas y la disposición de esta concentración. Pero, también es representación; esta disposición de fuerzas viene acompañada por imágenes y significaciones del poder compartidas. El poder aparece como diferencia y diferenciación; es decir, diferencia entre poder y potencia, diferencia de las fuerzas capturadas, que hacen de poder, y las fuerzas que son de por sí potencia. Toda fuerza es potencia, se convierte en poder por la diferenciación ejercida por captura. ¿Qué es lo que realiza la captura? La institución, en tanto estructura y organización social. Se trata no sólo de una asociación, sino de una diferenciación en la asociación, diferenciación que deriva en la construcción de jerarquías y roles, en la construcción del mando. Se puede decir que esto forma parte de la organización social, de la organización de las comunidades, organización que les permite sobrevivir. En principio los mandos eran rotativos o, en su caso, de transferencias rápidas, controladas por las comunidades. Estas formas de mando se conocieron, en la antropología política, como relativas a las llamadas jefaturas. Estas formas de organización, también desde un principio, fueron acompañadas por representaciones, por simbolizaciones, por narrativas, que interpretan, valorizan y explican el funcionamiento de las  formas de organización.

Desde la perspectiva de lo que llamamos economía política del poder, el poder se conforma por diferenciación respecto la potencia, de la que captura fuerzas, energía, y las presenta, a las fuerzas capturadas, como si fuesen autónomas, como si fuese autónomo el poder. Desde este punto de vista, se puede hablar de poder, propiamente dicho, cuando aparece como si fuese autónomo, como si precediese a la sociedad misma, como si la sociedad dependiera del poder. Entonces el poder aparece como institución separada, como institución que manda, que organiza a la sociedad, como institución permanente, como si tuviera vida propia. Es cuando el poder crece a costa de la sociedad, hasta lo hace de una manera hipertrofiada, exigiendo cada vez más de la sociedad, agotando sus fuerzas y energía, en beneficio de los administradores, de los funcionarios, de los sacerdotes, del símbolo que representa la unidad de todo, el comienzo y el fin, la propiedad absoluta de la tierra, concedida a las aldeas y comunidades. El despotismo es una de las figuras alucinantes de este poder estructurado como desmesura de la concentración de fuerzas, la centralización inquietante, la acumulación de riquezas, las sobre-codificación, la desterritorialización de los territorios ancestrales para reterritorializarlos en el cuerpo del monarca, padre de todo, de los territorios, de las vidas, de los ciclos, de los destinos. Sin embargo, no se crea que esta figura, el despotismo, es el poder por excelencia; el poder, la diferenciación respecto a la potencia, atraviesa toda la sociedad, todas las relaciones, establece diferencias en toda la sociedad, en todo el campo de relaciones, instituyendo relaciones de poder en todo el ámbito social. Se constituyen instituciones que codifican, que regulan, que legislan esta multiplicidad de relaciones; entonces el poder atraviesa toda la sociedad, la reorganiza a imagen y semejanza de las instituciones. La efectuación institucional del poder es dominación. Las instituciones instituyen múltiples dominaciones. La sociedad aparece como un inmenso campo atravesado por múltiples relaciones de poder, por la efectuación de múltiples dominaciones. Empero, no ocurre esta conformación del poder en toda la superficie social sin resistencias de la potencia social. Se resiste en todo el campo social, ocasionando alteraciones en la efectuación de las dominaciones; el poder tiene que imponerse por la fuerza o acordar con las resistencias. En la práctica, el poder se efectúa deformándose por las resistencias, que le oponen sus propias fuerzas. El poder, como relación de fuerzas, no se configura exactamente tal como la concibió Friedrich Nietzsche, configuración retomada por Michel Foucault y Gilles Deleuze; una relación entre una fuerza activa y otra fuerza pasiva, una que hace de función de poder y otra que hace de materia de poder. Esta es una relación asimétrica, que parte del presupuesto del poder constituido, cuando había que partir de la potencia espontánea que compone el poder. El poder se debe a la potencia que captura, no tiene fuerza ni energía propia. La potencia no desaparece, al contrario, es una condición necesaria del poder. Por eso, las resistencias son el contraste permanente del poder; en este caso ocurre como enuncia Foucault; hay poder porque hay resistencias que vencer.

Visto desde la perspectiva de las resistencias, el poder es cambiable. En periodos más o menos largos, el poder se transforma, por acumulación de desplazamientos imperceptibles, que pueden llevar a irrupciones violentas de la potencia social, cambiando la forma del poder, ampliando la participación de los y las que resisten. Lo que no ha logrado hacer la potencia social es trastrocar el poder, acabar con la diferenciación entre poder y potencia, devolverle a la potencia su autonomía, componer una forma de organización lo suficientemente flexible, lo suficientemente sensible, a las variaciones y juegos de la potencia social, dando libertad a su espontánea creatividad. Lo que ha ocurrido es que el poder siempre se restaura, adquiriendo otras formas, incluso más abiertas, como cuando se instituyó y constituyó la democracia formal en las repúblicas modernas y el Estado-nación. Sin embargo, el poder siempre tiende a la gran concentración de fuerzas, a la separación, a la aparente autonomía, a la desmesura, convirtiéndose en una hipertrofia descomunal. La nueva forma de poder, que en realidad, son múltiples formas de dominación, más o menos articuladas, atraviesa la sociedad, diferenciando poder de potencia en todo el campo social, codificando las relaciones a imagen y semejanza de las nuevas instituciones.

Dos diagramas de poder han caracterizado a la modernidad, sin hacer desaparecer otros diagramas de poder heredados, solo que subordinados o reutilizados en el nuevo contexto conformado; estos son el diagrama disciplinario y el diagrama del control. El primero corresponde a distintas estrategias, procedimientos, modelos, tecnologías de disciplinamiento; el segundo corresponde a la flexibilización disciplinaria, empero optando por la simulación, la manipulación de los públicos disponiendo de medios de comunicación de masa y de tecnología cibernética. Entonces se controla actuando en los imaginarios y las necesidades; se intensifica la actividad de controlar mejorando notablemente los registros, los censos, las estadísticas, la vigilancia, incluyendo el espionaje. El diagrama del control también corresponde a variadas estrategias, procedimientos, modelos, tecnologías; no se trata de un diagrama homogéneo, incluso se puede hablar de distintas cartografías de control. Ambos diagramas comprenden el despliegue del bio-poder; es decir, del poder que interviene en la vida. Foucault habla de bio-poder cuando se tiene como materia de poder a la población, cuando se controla la vida, los ritmos de la vida, los ciclos de la vida, en las poblaciones; interviniendo en la reproducción, en la migración, en la salud, a través de políticas públicas, que tienen efectos masivos. También habla de bio-poder cuando se tiene como objeto la seguridad, cuando se trabaja la seguridad de la población, cuando se protege a la población de contagios, cuando se cuentan con políticas epidemiológicas, así como también cuando se tienen políticas raciales. Nosotros ampliaremos el concepto de bio-poder incluso al diagrama disciplinario, pues si la materia del poder son los cuerpos, si se modula los cuerpos, si se inscribe en ellos una historia política, buscando inducir comportamientos, ya se afecta a la vida, se interviene en la vida. En este sentido, todo poder, en nuestro lenguaje, todo diagrama de poder, incluso los dados antes de la modernidad, afecta la vida, tienen como materia de poder la vida. El concepto de bio-poder es un concepto vigoroso, pues aclara lo que dijimos del poder, de la economía política del poder como diferenciación respecto de la potencia; el poder tiene como materia de poder la vida; la vida es potencia.

 

La cuestión económica

 

El poder dispone de fuerzas, que es lo mismo que decir que dispone de cuerpos; pero, ¿qué pasa cuando se dispone de objetos, es más, cuando se dispone de las técnicas que producen estos objetos, por lo tanto, se dispone de la producción, de las condiciones de producción, de los medios de producción, de los insumos para la producción, además de disponer del saber productivo? ¿Se trata de poder? ¿De otro ámbito del poder? ¿El poder comprende estas disposiciones? ¿O mas bien se trata de disposiciones, agenciamientos, relaciones, de la potencia social? Este es el punto. El poder puede apropiarse de estas disposiciones y agenciamientos, de los objetos, incluso de las técnicas y los saberes, además de las condiciones y los insumos; empero, todo este ámbito no requiere del poder; es más, el poder puede inhibir sus capacidades, aunque parezca ordenarlas y hasta organizarlas. Se trata de uno de los ámbitos relativos a la realización de la potencia creativa.

Aquí, en este lugar, hay que hacer algunas anotaciones pertinentes. En las investigaciones históricas hay como un cierto prejuicio, como punto de partida; al distinguir sociedades nómadas de sociedades sedentarias, sociedades cazadoras y recolectoras de sociedades agrícolas, se tiende a considerar a las sociedades sedentarias como productivas, las que desarrollarían tecnologías, saberes y escritura. Algo que faltaría en las sociedades cazadoras y recolectoras. Para ser cazadoras, pescadoras y recolectoras, estas sociedades requerían de instrumentos, entonces de técnicas, tecnologías, saberes, para producir estos instrumentos. Las armas de las sociedades cazadoras han tenido que producirse. Entonces se observa que la producción, la técnica, la tecnología, no arrancan con las sociedades sedentarias, con las sociedades agrícolas. Hay producción de herramientas, hay producción de armas, hay producción de artefactos, en estas sociedades nómadas. Por otra parte, se tiende también a la imagen de que la agricultura comienza con las llamadas sociedades sedentarias. Que estas sociedades hayan desarrollado la agricultura en mayor escala es otra cosa. Es difícil concebir que no haya sido en las sociedades recolectoras, conocedoras de los bosques, donde haya comenzado la domesticación de las plantas. Nuestra hipótesis es que la agricultura comienza en estas sociedades nómadas, precisamente por su conocimiento, saber, destreza y apego a los bosques. Las sociedades se hacen sedentarias no por la agricultura, como comúnmente se piensa, sino por los lugares de encuentro, si se quiere de fiesta, de acuerdos, de alianzas, incluso de “intercambio”, abusando del término. Son estos asentamientos los que se ven obligados a capturar las técnicas agrícolas de las sociedades recolectoras, a convertir la agricultura en una producción mayor, modificando las pautas de su producción y organización, incluso, más tarde, de “propiedad”. El paso de las jefaturas rotativas a los mandos estables y centralizados, conformando jerarquías, se da en esta etapa, que ha debido ser larga. No se trata sólo de mandos, sino de toda una diferenciación, por así decirlo, “estructural”.

La economía no es más que uno de los campos generados por la potencia social, creativa e inventiva. Lo que se ha venido en llamar eco-nomía, viene de la conjugación de oikos y nómos, en griego, hogar y administrador. Oikonomía, administración de bienes de la casa; se convirtió con el tiempo en economía, que quiere decir administración cuidadosa de los recursos; ciencia que trata de la producción, distribución y consumo de bienes y servicios[125]. Viene de  oeconomía, del latín, que también quiere decir, como en griego, administración de los bienes de la casa. Como se puede ver, la oeconomía deja de ser meramente administración de los bienes, para convertirse en ciencia de la producción, distribución y consumo, pasando por el sentido ampliado de la administración de los recursos.  Bajo su acepción moderna la economía no sólo es ciencia, sino también es el referente de esta ciencia, el campo de las actividades económicas, vale decir, de la producción, distribución y el consumo. Es ciencia, por lo tanto teoría, es decir, representación; pero, al mismo tiempo, es el referente de esta ciencia, su objeto de estudio; en otras palabras, “realidad” económica. En tanto referente, “realidad”, campo económico, es el espacio-tiempo económico generado por la potencia social. Uno de los espacio-tiempos generados por la potencia social.

La producción y la administración, para resumir el concepto de economía, no es la misma a lo largo de las historias, tampoco en las distintas sociedades; sus formas son generadas por múltiples dinámicas singulares productivas, distributivas y de consumo; son compuestas por asociaciones, las que establecen formas de organización, que estabilizan los flujos de relaciones. Adquieren carácter de institución, se institucionalizan. En la historia de las sociedades son variadas y diversas estas formas de organización “económica”; es decir, aquellas dedicadas o que tienen que ver con la producción, la distribución y el consumo de bienes y servicios. En las sociedades no-capitalistas es difícil separar de estas organizaciones lo que corresponde al c