Clausura del horizonte moderno

05.01.2016 20:47

Clausura del horizonte moderno

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Índice:

 

A modo de introducción                                           

Crisis del sistema-mundo

Más allá del occidente y el oriente                          

Sistema-mundo político                                          

Crisis del orden mundial                                         

Mecánicas y dinámicas del sistema-mundo político  

Globalización ideológica e ideología

de la globalización                                                 

Metafísica de la economía                                               

Crisis de la democracia representativa

Política y democracia                                             

La concepción inocente

de la democracia                                                     

Democracia representativa                                      

Arenas deleznables, suelos inconsistentes              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A modo de introducción

 

No hablamos apocalípticamente, aunque pueda aparecer, a veces como metáfora, la figura del apocalipsis, como fondo imaginario, para ilustrar; tampoco hablamos como la decadencia de occidente, como lo hacía en tono apocalíptico y profético Oswald Spengler, en su conocido libro La decadencia de occidente; bosquejo de una morfología de la historia universal[1]. No estimamos, a la manera marxista, el hundimiento en sus contradicciones del modo de producción capitalista, como resultado de la dialéctica de la historia; sino, que consideramos que tanto el sistema-mundo capitalista como su derrumbe solo se dan y pueden darse por la proliferante práctica, plural, local, social, colectiva, grupal e individual, de las fuerzas sociales, atrapadas en las mallas institucionales; en el segundo caso, del derrumbe, en contraste, por la liberación de la potencia social. Lo que impide comprender que el mundo construido es resultado de la praxis social, lo que obstaculiza el librarse de las capturas institucionales, lo que inhibe liberar la potencia social, la potencia creativa e inventiva, para construir mundos alternativos, es la “ideología” generalizada, que corresponde a la economía política generalizada.  Por eso, se pone mucha atención en la crítica de la economía política generalizada, en la crítica de la “ideología” generalizada, que es crítica a la fetichización generalizada, que para nosotros, corresponde a la crítica del poder, en todas sus formas, variaciones y genealogías, critica de las dominaciones polimorfas.

 

La primera parte, está dedicada a la crisis del sistema-mundo político; la segunda, a la crisis de la democracia representativa. El título de la primera parte retoma una proposición hecha en un escrito, que está incluido en este ensayo, que se titula precisamente Sistema-mundo político, como sugiriendo otro plano de intensidad, esta vez, político, del sistema-mundo capitalista, entrelazado con la economía mundo capitalista y con la cultura-mundo. En los capítulos de esta primera parte se ocasionan desplazamientos teóricos; no se asume el sistema-mundo político reducido y circunscrito al orden mundial, que, mas bien, se considera como la malla institucional, la maquinaria imperial, por así decirlo, del orden de las dominaciones a escala mundial.  El sistema-mundo político desborda la malla institucional del orden mundial, malla institucional mundial que busca poner orden en el desorden planetario, en el caos múltiple, plural, proliferante, de bullentes singularidades, que hacen al mundo efectivo, en constante devenir. El sistema-mundo político, entonces, es este caos, desde la perspectiva reguladora del orden mundial; caos organizador, que se sistematiza, por así decirlo, espontáneamente. Son los efectos masivos de la bullente singularidad de las acciones, las prácticas, las relaciones, múltiples, la que ocasiona efectos masivos, molares, conformando tejidos entrelazados, más que instituciones. Tendríamos que hablar de lo previo, de prejuicios, de habitus, de esquemas de conductas y comportamientos. En consecuencia, no es un camino adecuado comprender y conocer el sistema-mundo político en las fuentes discursivas de las instituciones; esto es como creer en la propia imagen que tienen de sí mismas estas instituciones. El recorrido adecuado para aproximarse al mundo efectivo, al sistema-mundo político, es, más bien, el de las prácticas, de las acciones, de los tejidos entrelazados, de los mapas yuxtapuestos de los dominios, como espacios, y de las resistencias, como territorios.

 

Sin embargo, este entorno, por así decirlo, del orden mundial, este sistema-mundo político, no es, de ninguna manera, lo último, el substrato del acontecimiento político. Más allá del sistema-mundo político, incluso, mejor dicho, más acá del sistema-mundo político, se encuentra como condición de posibilidad del tejido social, que contiene al tejido político, el pluriverso de las sociedades alterativas, que no son exactamente resistencias, como entendía Michel Foucault, sino, más bien desbordes, flujos de fuga creativos de la potencia social, más parecidos a las líneas de fuga de Gilles Deleuze y Félix Guattari.

 

Lo que viene después, en esta primera parte, puede denominarse como relativo a las diseminaciones de la modernidad; la decadencia, no en el sentido de Spengler, sino, más bien, en el sentido del nihilismo criticado por Friedrich Nietzsche. También, en sentido práctico, se podría decir, que se trata de la crítica de la globalización.

 

La segunda parte, crisis de la democracia representativa, se dedica a la crítica de la democracia restringida, institucionalizada, formalizada, reducida a la hipostasis del ejercicio de la democracia, que no puede ser otro que el autogobierno del pueblo. Este ejercicio del poder, que subordina al pueblo a la representación y a la delegación, conformando mediaciones de mando, de legislación y de justicia, instaura las dominaciones modernas, edulcorando las cadenas, las redes de captura, la usurpación de las voluntades singulares en la llamada representación de la voluntad general. También se ocupa de la crítica a las teorías contemporáneas académicas de la democracia. Teorías, rescatables, en algunos casos, por sus descripciones; empero, débiles en sus puntos de partida, en sus premisas, en sus paradigmas teóricos, así como insostenibles o, en su caso, banales en sus conclusiones.

 

Ambas parte, la primera y la segunda, de La clausura de un horizonte, la de la crisis del sistema-mundo político y la de la crisis de la democracia representativa, auscultan problemáticas, que, en parte, son heredadas, en condición de no resueltas, y, en parte, son nuevas perspectivas de la percepción social, de la experiencia social y de la memoria social, que son apreciadas desde la perspectiva de la complejidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crisis del sistema-mundo

 

Más allá del occidente y el oriente

 

 

 

 

El quinto continente, llamado por los nativos kuna Abya Yala, por los europeos conquistadores, América, está más allá del oriente y occidente, más allá de los ejes cardinales. Es la utopía imaginada por Tomás Moro. No está en ningún lugar de los referentes definidos hasta entonces, hasta la conquista. Tampoco está en los nuevos referentes, desde cuando la tierra es esférica, desde la conquista de América, pues América es el imaginario europeo del continente “descubierto”, que aparentemente no se encontraba en sus mapas cartográficos, aunque sí parece aparecer en los mapas chinos. Cuando se “descubre” este quinto continente, por casualidad, que quizás ya fue un referente para la flota china, también para la flota vikinga, aparece en el mapa y en el imaginario europeo. Pero, esto no quiere decir que lo que aparece en el mapa y en el imaginario corresponda plenamente a lo que es el continente. Incluso en el caso de la intervención conquistadora y colonizadora. Estos, la intervención y la colonización, son esfuerzos de homologación de realidades, por así decirlo. Empero, la homologación es formal, no es efectiva.

 

Para decirlo fácilmente, aunque no del todo correcto, no se pueden homologar “realidades” diferentes. Incluso en el caso de Norte América. Ese capitalismo, geográficamente e históricamente ubicable, por así decirlo, es otro capitalismo, distinto al regional y provincial, dado en Europa, que nace en tierra virgen, usando una metáfora. Aunque los criollos en América, sean sajones o latinos, así como los llaman, han hecho grandes esfuerzos por transformar el continente “salvaje”, como así lo llamaban, en una prolongación europea, no lo fue ni lo es, a pesar de las apariencias, incluso de las analogías. Esto se debe, por así decirlo, también fácilmente, a que sus pasados son diferentes; aunque estos pasados hayan tratado de ser extirpados; primero, por los colonialistas; después, por los criollos, que no dejaron de ser coloniales. Si los pasados son diferentes, cualquier presente ha de ser diferente, sin hablar todavía del mundo; es decir, de la globalidad. El mundo puede contener las diferencias que lo componen.

 

No se trata de un pasado fantasmagórico, o de un pasado que quedó en la memoria, en el recuerdo, en la reinvención actualizada, sino de un pasado, mas bien, efectivo, un pasado que se manifiesta en los condicionamientos, en las prácticas, en las relaciones, en las formas, incluso en los contenidos de las estructuras. Esto no depende de un deseo, ni de programas y políticas de modernización, de su fracaso o de su realización, sino de la adecuación de las nuevas instituciones en la nueva tierra, el llamado nuevo mundo. Esta adecuación tiene que ver con el condicionamiento de las condiciones y características de la nueva tierra. Esto afecta indudablemente a las mismas estructuras e instituciones, pretendidamente europeas. No lo son. En América se inventa la modernidad, en América comienza la globalización.

 

La modernidad no es una extensión del capitalismo europeo, mas bien, es, al contrario, la cultura-mundo,  que emerge de la mezcla de realidades diferentes, que, al mezclarse, generan una composición de combinaciones, que integran las diferencias en un mundo articulado, en un mundo que ya no puede darse como sistemas-mundos regionales, casi independientes, el uno del otro. El sistema-mundo que se conforma es integral, completo, donde las regiones, son, mas bien, partes del sistema-mundo global. Esto, aunque parezca paradójico, hace diferente a América.

 

Al emerger allí la modernidad, que integra las regiones, que integra las regiones de sistemas-mundos distintos, el continente es un comienzo distinto del comienzo europeo anterior, incluso se convierte en el nuevo comienzo de Europa. Al ser el comienzo del mundo moderno. Este comienzo, a pesar de ser primordial, ha sido ocultado, no reconocido por las narrativas europeas, que, mas bien, se han inventado el mito de la modernidad europea. Narrando una historia imaginaria, para tranquilidad de las consciencias colonizadoras.

 

La historia efectiva va por otra parte, tiene recorridos distintos a los recorridos de la historia imaginada, es decir, de la “ideología”. Es indispensable reconocer este comienzo o nacimiento de la modernidad, para comprender no solo la modernidad misma, sus avatares, sus arqueologías y genealogías, si se quiere su historia, sino también sus crisis, sus contradicciones, sus desenvolvimientos, también sus crepúsculos.

 

En este sentido, se puede decir, que la descolonización es moderna, forma parte de la modernidad. Cuando hablábamos de la descolonización anti-moderna, asumíamos la modernidad como continuidad de la colonización, en su versión capitalista.  Sin embargo, esta modernidad es la modernidad restringida, mas bien, la modernidad que corresponde a las narrativas europeas, no es la modernidad completa, efectiva, sin pretender calificarla de buena o mala. Tampoco queremos decir que se trata de efectuar, ahora, la modernidad plena, nada de esto. Se trata de comprender la modernidad efectiva, para salir tanto de la genealogía colonial o de la colonialidad, así como de la modernidad, sea este restringida o plena.

 

No porque la modernidad sea mala o buena, sino porque esta modernidad, esta globalización, esta transformación de los mundos regionales en el mundo global, esta transvaloración de valores, esta estructuración de instituciones, sociedades, habitus, imaginarios, ha sido incontrolable, no decidido colectivamente, sino vivido como fatalidad o fortuna. Se trata de tener la libertad, así como la voluntad, de construir sociedades e instituciones de consensos sociales y colectivos. A esto no le llamaríamos modernidad, donde todo lo sólido se desvanece en el aire, sino, cuando lo sólido se consolida, en la dinámica creativa de la potencia social, incluso mutando cambios, aparece como contra-modernidad, pues no se trata ni del desvanecimiento, es decir, de la diseminación, ni de la vertiginosidad, sino del enraizamiento, de la territorialización, y los ritmos de los cambios, las mutaciones y las transformaciones.

 

Esta armonía contra-moderna, usando el término, para contrastar con lo que parece, mas bien, irracionalidad del sistema-mundo capitalista, la modernidad restringida, se abre a desplegar las integraciones del mundo en su pluralidad y heterogeneidad. En tanto componentes dinámicos de las articulaciones, dinámicas de composiciones, de combinaciones diversas, que no homogeneizan, sino que vinculan lo distinto en conexiones e interpretaciones compartidas, aunque decodificadas propiamente.

 

Son posible entonces otros mundos, como dice el eslogan de los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos. No solo por voluntad activista, sino por la materialidad social de las condiciones de posibilidad histórica. Estas condiciones de posibilidad no solamente son inherentes al mundo efectivo, no al mundo de las representaciones, sino que son las condiciones efectivas del mundo en devenir, aunque estas condiciones de posibilidad históricas sean desconocidas por las narrativas dominantes. Por lo tanto, son también las condiciones de posibilidad histórica de la modernidad restringida y del sistema-mundo capitalista. Solo que, en este caso, no son tomadas en cuenta, sustituyendo, imaginariamente, “ideológicamente”, las condiciones de posibilidad histórica por representaciones “ideológicas” de las condiciones de posibilidad histórica.

 

Parte del atolladero del sistema-mundo capitalista tiene que ver con esta “ideología” imperial, que, al embarcarse en su mundo de representaciones, al ignorar el mundo efectivo, parte de premisas falsas, por así decirlo, usando metáforas de la lógica, y deriva en conclusiones erróneas. Por ejemplo, la conclusión de que la realidad se circunscribe a la modernidad restringida, homogeneizante, a la cultura-mundo restringida y banal, al sistema-mundo capitalista. Que lo que hay que hacer es asumir esta realidad imaginaria y buscar en este contexto soluciones, salidas, reformas o, incluso, transformaciones.

 

Todos los esfuerzos para salir del capitalismo, del colonialismo, de la dominación global, han sido vanos. Las salidas terminaron absorbidas por la esfera histórico-cultural de donde se pretendía salir. Las revoluciones anti-capitalistas terminaron siendo nuevas versiones del capitalismo. Las independencias nacionales terminaron siendo la base de las nuevas dependencias. No se salió, se persistió en los círculos viciosos del poder, de la colonialidad, del capitalismo, no tanto por conspiraciones, por traiciones, por debilidades congénitas, sino porque las premisas eran falsas y las conclusiones eran equivocadas.

 

Las salidas del capitalismo se encuentran en las mismas condiciones de posibilidad efectivas que sostienen el sistema-mundo capitalista. No hablamos de las representaciones “ideológicas” de estas condiciones, sino de las condiciones de posibilidad histórica, desconocidas por la “ideología”. Adelantándonos algo, diremos que una de las condiciones de posibilidad histórica efectivas tiene que ver con las articulaciones singulares, las integraciones singulares, las mezclas singulares, no homogeneizantes, de las conexiones singulares de realidades regionales, locales, culturales, sociales. La integración del mundo efectivo es plural y múltiple, por eso mismo, mejor cohesionado, a diferencia de las descohesiones o las crisis sociales y culturales, que provoca la globalización de la modernidad restringida.

 

Se preguntaran por qué decimos esto, cuando, mas bien, planteamos que se trata de la “ideología” moderna, de la modernidad restringida. Si bien decimos que esta modernidad restringida es imaginaria, que corresponde al mundo de las representaciones, esto no quiere decir que es fantasmagórica, sino que la “ideología” y los imaginarios correspondientes, se sostienen en la materialidad institucional del poder. Una realidad institucional, por así decirlo, se ha impuesto o superpuesto, a la realidad efectiva. Se mantiene y preserva por la violencia sostenida sistemáticamente por las mallas institucionales y los estados; ahora congregados en el orden mundial, en el imperio. Por eso, esta realidad institucional, es, mas bien, vulnerable.

 

Las salidas a la modernidad restringida y a la modernidad plena se encuentran en las mismas texturas de esta modernidad, en los entrelazamientos, las mezclas, los zurcidos, las vinculaciones singulares, que se dan en el mundo efectivo, en la filigrana de sus momentos múltiples. Lo que pasa es que esta pluralidad proliferante y cambiante no es reconocida, porque, además, no es institucionalizada. Lo que se ha institucionalizado es la “ideología”, los fetichismos, las economías políticas generalizadas, que se presentan como globalización lograda, cultura-mundo homogeneizante y banal, como sistema-mundo capitalista, que se asume institucionalmente e imaginariamente como realidad.

 

Las articulaciones singulares, las integraciones singulares, las mezclas singulares, se efectúan proliferantemente en las sociedades efectivas, en las sociedades alterativas, no en las sociedades institucionalizadas. Las sociedades institucionalizadas se sostienen por capturas de parte de las dinámicas de las sociedades alterativas, el poder funciona y se reproduce por captura de parte de las fuerzas de la potencia social. Si las sociedades quisieran, decidieran, cambiar las reglas del juego de las sociedades institucionalizadas, del sistema-mundo capitalista, el orden mundial, el imperio, con todos sus Estado-nación, que lo componen, se desmoronarían como castillos de naipes. Esto no ocurre porque esta inmanencia, este deseo, por así decirlo, no se convierte en querer social, tampoco en voluntad social. La explicación se halla en que las sociedades institucionalizadas se encuentran atrapadas en las redes “ideológicas”, en las capturas de las mallas institucionales. Entonces se trata de desbloquear las fuerzas capturadas por la “ideología” y por las mallas institucionales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sistema-mundo político

 

 

 

 

 

 

Se puede decir que, así como se configura un sistema-mundo económico, como economía-mundo, también, así como se configura un sistema-mundo capitalista, que pretende comprender la vinculación entre la economía-mundo capitalista y el mapa de los estados, añadiendo sus culturas, sus lenguas, ya afectadas por la modernidad – en todo caso, a pesar de esta pretensión, mas bien, compleja, de conectar algunos planos de intensidad, el económico, el político, el cultural, se sigue circunscribiendo este sistema-mundo a los límites del horizonte económico, al nombrarlo como capitalista -, así como se concibe, aunque sea hipotéticamente, un sistema-cultura mundo,  se puede sugerir la configuración de un sistema-mundo político. Llama la atención que se haya descuidado esta configuración para hacer inteligible el fenómeno complejo de la mundialización. El concepto del sistema-mundo político, se encontraría concibiendo una complejidad menor que la del sistema-mundo capitalista; sin embargo, no una complejidad mayor que la de la economía-mundo capitalista, sino equivalente. Esto por un lado. Por otra parte, si ya el sistema-mundo capitalista concibe cierta espontaneidad y pluralidad, que vincula economías locales y regionales diferenciales, Estado-nación diferenciales, con la particularidad de formas de gobierno diferentes, incluso culturas distintas y lenguas diferenciadas, espontaneidad y pluralidad que, paradójicamente, garantizan la acumulación de capital, tanto en su forma recurrente de acumulación originaria, como en su forma incrementada de acumulación ampliada. El concepto de economía-mundo, si bien, adquiere cierta tonalidad de pluralidad, también de espontaneidad, es un concepto más homogéneo, en su composición, de lo que ocurre en la composición, mas bien, abigarrada del sistema-mundo capitalista. En cambio, el concepto de sistema-mundo político, propuesto por nosotros, se encontraría como en el medio de estas dos configuraciones sistémicas del mundo. No deja de manifestar también cierta tonalidad de espontaneidad y cierta característica de pluralidad, sin embargo, no adquiriría la connotación más homogénea de la economía-mundo, tampoco alcanzaría la connotación heterogénea y abigarrada del sistema-mundo capitalista. Tiene menos alcance que el concepto de sistema-mundo capitalista, debido a que este concepto conecta y vincula algunos planos de intensidad de la complejidad, en tanto que el concepto de economía mundo capitalista y de sistema-mundo político se mueven en un plano de intensidad, cada uno, el económico, en el primer caso, el político, en el segundo caso.

 

¿Por qué proponemos este concepto, el de sistema-mundo político? Entendemos que retornamos a las formas de pensamientos no complejas, sin embargo, que ya se embarcaban, por sus configuraciones sistémicas, en el análisis de ciertas complejidades, debido a que en los límites del horizonte de la episteme moderna o, si se quiere, de sus puentes con otro horizonte epistemológico, que nosotros denominamos episteme compleja, han quedado tareas pendientes, como éste de pensar la política, en el siglo XX, por lo menos, después de la segunda guerra mundial, no solamente a partir de las historias políticas locales y nacionales, sino comprender las políticas locales y nacionales como componentes de un sistema-mundo político; primero, en conformación, después, conformado. No se puede hablar de mundialización o globalización sin tener en cuenta estas consecuencias, las relativas a que los fenómenos locales, particulares, nacionales, forman parte de la fenomenología mundial. Immanuel Wallerstein decía que no hay historia nacional en la modernidad, en el sistema-mundo capitalista, sino historia del sistema-mundo; que lo que llamamos historia nacional, hay que descifrarla desde la historia mayúscula del sistema-mundo. De la misma manera, podemos decir que, no se puede terminar de comprender las historias políticas particulares, locales, nacionales, sin comprender la historia política del sistema-mundo político.

 

Antonio Negri y Michael Hardt ya propusieron un concepto integral, el concepto de imperio, para configurar un orden mundial de las dominaciones, la transformación de los imperialismos particulares en el imperio global. Sacando las consecuencias de que todos los Estado-nación forman parte de este imperio. Ahora bien, el concepto de imperio se basa en la metáfora de la concepción de imperio que estructuró Polibio.  Lo dicen claramente Negri y Hardt en el Imperio[2]. No vamos a discutir aquí si es o no un concepto adecuado para pensar la complejidad de las dominaciones concomitantes en el mundo, sobre todo por esta metáfora del imperio concebida por Polibio, que se refería al imperio romano. Sino, tan solo, por el momento, anotar que hay un antecedente importante, en la reflexión crítica, que sugiere pensar la política desde la perspectiva mundial.

 

La ventaja del concepto sugerido, de sistema-mundo político, es que no se basa en la metáfora del imperio de Polibio, ni tiene, entonces como referente la estructura de poder del imperio romano, sino que tiene como referente la mundialización moderna. También tiene la ventaja de conjugarse con los otros conceptos sistémicos, el de economía-mundo capitalista, el de sistema-mundo capitalista, el de cultura-mundo. Por otra parte tiene, así mismo, la ventaja de pensarse no desde el marxismo, incluso crítico, como ocurre con Negri y Hardt, sino desde un pensamiento sistémico, que da pasos hacia el pensamiento complejo, que es el que postulamos, en el presente de la experiencia social y de la memoria social.

 

La hipótesis principal, relativa a este concepto de sistema-mundo político, hipótesis método-lógica, es decir, de método y de lógica, en la estructuración configurante del concepto, es que, a partir de un determinado momento, los fenómenos políticos, los procesos políticos, las historias políticas, no pueden pensarse, para hacer inteligible el acontecimiento político, solo desde el recorte de realidad local o nacional, sino que, estos fenómenos políticos particulares, ya forman parte como manifestaciones variadas, diferentes, heterogéneas, de una fenomenología compleja política mundial.

 

¿Desde cuándo se puede hablar de un sistema-mundo político? ¿Desde cuándo la política, en su pluralidad y diferencia, funciona así, de este modo, globalmente? ¿Desde la primera guerra mundial, desde la segunda guerra mundial, desde antes, desde un poco después? No lo sabemos. Dejamos esta respuesta a las investigaciones histórico-políticas; desde el ensayo de la interpretación, desde la perspectiva de la complejidad,  basada en hipótesis prospectivas, podemos adelantar que, dejando pendiente esta respuesta, se puede comprender que estas dos guerras son, mas bien, fenómenos de alcance mundial, que pueden interpretarse como crisis en la conformación de este sistema-mundo político; en palabras sencillas, del orden mundial impuesto después de la segunda guerra mundial por los vencedores.

 

En este sentido, lo que viene después, como crisis de las dominaciones coloniales, como luchas de liberación nacional, como expresiones primerizas de la descolonización, pueden entenderse como fenómenos concretos, en contextos específicos, en historias particulares, de la composición dinámica del sistema-mundo político, de las crisis del sistema-mundo político.

 

Así mismo, puede entenderse que la revolución cubana forma parte de las crisis del sistema-mundo político, de la misma manera la guerra del Vietnam, antes, de la guerra de Corea, así como otras luchas, revoluciones, guerras, que aparecen, a primera vista, como la continuidad de las luchas de liberación nacional, como el caso de Angola, que, sin embargo, también puede entenderse, como crisis del sistema-mundo político. Parece corroborar lo que decimos la situación coyuntural y de contexto, donde, en el caso de Angola, aparecen estados y países no solamente como Angola y Portugal, sino también Sud África y Cuba, involucrados.

 

Para los efectos de un análisis concreto, desde esta perspectiva sistémica, pues el análisis concreto no excluye el análisis complejo; por ejemplo, el análisis de la revolución cubana, puede tomar en cuenta y complementar, así como combinar, el análisis de este acontecimiento político, tomando en cuenta la historia política de la isla, así como la historia política del continente, y la historia del sistema-mundo político. Nos interesa hacer esto, pues buscamos un análisis no acostumbrado de la revolución cubana, porque creemos que los análisis hechos, si bien han servido, para situar la revolución cubana en las historias de las luchas de clases nacionales, dadas en el mundo,  en la historia de las luchas antimperialistas, en la dramática historia truncada de la lucha por la Patria Grande, no han logrado hacer inteligible la comprensión de la excepcionalidad singular de la revolución cubana, que, a nuestro entender, puede hacerse comprensible desde la perspectiva de la complejidad.

 

Parece corroborar lo que decimos, el proceso permanente de esta revolución, cuando de revolución nacional-popular se convierte en revolución socialista, cuando de la retoma de la guerra de independencia inconclusa, dada por tramos, no solamente contra el colonialismo española, sino contra la neo-colonización norteamericana, en su carácter de imperialismo hegemónico; Estados Unidos de Norteamérica habría sustituido a España en lo que respecta a la dominación colonial, solo que, la diferencia consiste, en que la dominación colonial norteamericana se da en los términos de la dominación imperialista, en el ciclo largo hegemónico del capitalismo signado por la pujante híper-potencia capitalista, de un capitalismo “nacional”, que adquiere, mas bien, connotaciones, más marcadas que el capitalismo de la revolución industrial británica, globales, mundiales, integrales. Ciertamente estas diferencias modifican, por así decirlo, los contenidos, las formas, las expresiones, las estructuras, de esta dominación colonial.

 

También parece corroborar lo que decimos, el hecho de que se involucran, en el decurso de la revolución cubana, cuando se declara socialista, incluso antes, las súper-potencias enfrentadas, en la guerra fría, Estados Unidos y la URSS. Por otra parte, el impacto de la revolución cubana no solamente es continental, sino mundial, tanto en lo que respecta a las formas políticas contestatarias, como en lo relativo a los imaginarios y las “ideologías” emancipadoras. Ni hablar de las proyecciones de la estrategia y táctica de la guerra de guerrillas, como procedimiento de lucha, que se privilegia, por lo menos, en casos connotados, dejando de lado la estrategia insurreccional.

 

Por lo tanto, proponemos, para comprender la revolución cubana, desde la perspectiva de la complejidad, analizarla desde el ciclo largo de la guerra de la independencia, con todas las connotaciones, que ésta tiene, además, complementando, desde la perspectiva del horizonte del sistema-mundo político.

 

Un adelanto a lo que escribimos en el ensayo La isla que contiene al continente. Aproximaciones para comprender la excepcionalidad de la revolución cubana[3]. En este ensayo proponemos ciertos ejes de la interpretación, a partir de hipótesis prospectivas. Estos ejes interpretativos son los siguientes:

 

1.   La excepcionalidad singular de la revolución cubana, es decir, su persistencia, constancia y consecuencia, con todas las contradicciones y problemas que pueda cargar como peso histórico, se debe a una composición y combinación de composiciones singulares, donde las composiciones logran liberar mejor la potencia social, con más alcance y repercusión en la sociedad y en la construcción del socialismo, a pesar de las limitaciones nacionales.

 

2.   La revolución cubana, desde la perspectiva del ciclo largo de la guerra anticolonial, que se convierte en guerra antiimperialista, no solo guerra de guerrillas democrática-nacional-popular, en guerra por el socialismo, la revolución cubana puede interpretarse como la continuidad dada en forma de desplazamientos, cada vez más exigentes, de las guerras de la independencia inconclusas, truncadas y no acabadas.

 

3.   La revolución cubana forma parte de la lucha dramática y truncada por la constitución de la Patria Grande. Decimos esto, sobre todo por la convocatoria misma de la revolución cubana al continente.

 

4.   La revolución cubana, es una manifestación de las crisis del sistema-mundo político.

 

 

 

 

Crisis del orden mundial

Sistema-mundo político, orden mundial y hegemonía en el ciclo del capitalismo

 

 

 

 

 

Dos preguntas son necesarias; una es: ¿Cuándo se puede hablar de del sistema-mundo político ya conformado y consolidado? La segunda es: ¿Cuándo se puede hablar del orden mundial ya conformado y consolidado? Las dos preguntas no son iguales; la primera, se refiere a la complejidad del tejido de los flujos de fuerza en concurrencia, entrelazados, enfrentados. La segunda, se refiere a la malla institucional mundial, que funciona como orden internacional, orden opuesto a lo que considera caos, que corresponde al sistema-mundo político, que, ciertamente, no lo nombra así el discurso institucional del orden mundial. La pregunta de mayor alcance es la primera, pues se refiere como a la integralidad de los planos de intensidad políticos, entrelazados, articulados, en el plano de intensidad político mundial. Se trata de planos de intensidad políticos articulados de los flujos de las fuerzas concurrentes. En cambio, la segunda pregunta, en comparación, tiene no solamente un menor alcance, sino corto, pues se refiere a la tenue red de mallas institucionales, que buscan capturar las fuerzas de la potencia social, lográndolo solo con una parte, una parte que, en comparación con la complejidad del sistema-mundo político, es apenas un fragmento, aunque a los ojos, por así decirlo, del orden mundial, les parece enorme, incluso, que abarca la totalidad. Pero, esta es la representación autocomplaciente de la híper-burguesía mundial, de las mallas de la institucionalidad mundial.

 

Como hemos dicho, en el anterior ensayo[4], el orden mundial forma parte, la parte coagulada de las fuerzas del sistema-mundo político. En este sentido, no se puede sostener la autonomía o, si se quiere, la independencia, del orden mundial, respecto al sistema-mundo político. Al formar parte, no solo depende del acontecer del sistema-mundo, sino que es como su efecto institucional, solo que no en el sentido que lo sea como consecuencia del funcionamiento espontaneo del sistema-mundo, sino que es una construcción deliberada de las estructuras de poder, concretamente de los Estado-nación, sobre todo, en principio y como dominancia, de los Estado-nación vencedores de la segunda guerra mundial. En el discurso oficial, se dice que para evitar las guerras; en el peor caso, una tercera guerra mundial. Sin embargo, podemos decir que, efectivamente, el orden mundial emerge del desenvolvimiento del sistema-mundo; empero, como respuesta estratégica, si se quiere, geopolítica, de la híper-burguesía mundial, que nacía, en el contexto de la posguerra. Cuando Estados Unidos de Norte América se convierte en una de las híper-potencias del orden mundial bipolar, siendo la segunda híper-potencia la Unión Soviética.

 

Se puede decir que el Tratado de Yalta es el que expresa la conformación del orden mundial bipolar. Las súper-potencias, una explícitamente capitalista, otra pretendidamente socialista, sin embargo, implícitamente capitalista, reproduciendo el mismo modo de producción capitalista, solo que, en una versión burocrática.  Ambas superpotencias ingresan a la llamada guerra fría, que para Immanuel Wallerstein se le antoja de montaje, que encubre un acuerdo, un reparto de zonas de influencia[5]. Ahora bien, como dijimos, el orden mundial, desde entonces, va a sufrir mutaciones, expansiones, debidas a sus propias ampliaciones e incorporaciones, que lo convierten en un sistema-mundo como tal, ya no parcial, como era al principio. También, como es de esperar, en algún momento entra en crisis, si se quiere de hegemonía. ¿Cuándo entra en crisis el orden mundial? Según Wallerstein, el orden mundial bipolar, que el denomina “sistema-mundo”, es interpelado por la revolución mundial, de carácter cultural, por las movilizaciones, las revueltas, los levantamientos, los desplazamientos provocados, de 1968, en el mundo. ¿Es cuándo se da la crisis del orden mundial? Recurriendo a la interpretación de Wallerstein, esta es como la crisis del orden mundial bipolar; sin embargo, que venía anunciándose en crisis menores, aunque virulentas, empero, localizadas, como es el caso de la Guerra de Corea. La guerra de Corea es como el acontecimiento bélico que cuestiona precisamente el orden-mundial bipolar. De la misma manera, la revolución china, por sus características singulares, tanto como guerra de liberación nacional, así como revolución socialista, cuestiona el orden mundial bipolar. No es bien vista con buenos ojos ni por la URSS ni por los Estados Unidos; la URSS trata de controlar y dirigir esta revolución; pero, no puede, el decurso propio de la revolución se escapa a su control, y realiza recorridos inesperados para la nomenclatura. Entonces, se puede decir que la crisis del orden mundial bipolar se da en 1968.

 

¿Hay crisis en el sistema-mundo político? Así como hay crisis en el sistema-mundo capitalista, que es la complejidad mayor, la complejidad de la integralidad de los planos y espesores de intensidad sistémica, que contiene al plano de intensidad del sistema-mundo político, también hay crisis en este último sistema-mundo. Sin embargo, hay que anotar, que, si bien, la economía-mundo capitalista, que es también el plano de intensidad económico, contenida en la complejidad del sistema-mundo capitalista, que, por lo tanto, también es afectado por crisis cíclicas, las crisis de la economía-mundo y la del sistema-mundo político no necesariamente coinciden. Mas bien, tienen ondulaciones diferentes. Las crisis de la economía-mundo capitalista son, además de cíclicas, medianas y largas, crisis estructurales de sobreproducción, que se convierten en crisis financieras. Antes de estas crisis estructurales, le anteceden crisis de crecimiento y de adecuación, en lo que respecta al mercado de la fuerza de trabajo, a sus resistencias, así como al control de las reservas de recursos naturales, también al monopolio de los mercados, al desarrollo tecnológico. En cambio, las crisis del sistema-mundo político son crisis del tejido mismo político, que se convierten en crisis de reproducción de las formas de poder, antecedidas por crisis de expansión. Las ondas de ambos sistema-mundo, como planos de intensidad de la complejidad del sistema-mundo capitalista, son distintas; por lo tanto, también lo son las ondas de las crisis que sufren, respectivamente, cada uno. En este sentido, hablar de la crisis del sistema-mundo capitalista es más complejo, pues, solo tomando en cuenta estos dos planos de intensidad, el económico y el político, la crisis, en este caso, comprende, conjunciona, ambas crisis, ambas frecuencias de ondas diferentes. Se acostumbra a hablar de crisis del sistema-mundo capitalista como si fueran solo las crisis de la economía-mundo, lo que no es correcto, pues es una reducción inapropiada de la compleja crisis del sistema-mundo capitalista.

 

Volviendo a la pregunta sobre la crisis del sistema-mundo político, ciertamente, que cuando se dan las crisis en el orden mundial, también hay que tomarlas como crisis del sistema-mundo político; empero, circunscritas a las mallas institucionales. La pregunta abarca a los entornos del orden mundial, que son, comparativamente, más extensos, más complejos y, sobre todo, son dinámicos, en contraste con la fijación del orden mundial. Las crisis también tendría que darse en el tejido de los flujos de fuerza.

 

El sistema-mundo político no es controlable, no es controlado, en su complejidad, salvo los recortes institucionales que logra controlar el orden mundial. Sin embargo, esto no quiere decir que el sistema-mundo político escapa a la reproducción del poder; lo hace, ocasiona la reproducción del poder, solo que no de manera institucional, sino de manera espontánea, indeterminada, hasta casual, aunque en el juego de azar y necesidad. El sistema-mundo político no es un sistema emancipador, por así decirlo; al contrario, al encontrarse configurado, conformado, por los flujos de fuerza en concurrencia, enfrentados, el tejido político reproduce, de todas maneras, campos de posibilidad de formas de poder. La diferencia, fuera de lo que dijimos, entre el orden mundial, que reproduce estructuras de poder, recurrentes y reiterativas, como círculos viciosos del poder, y el sistema-mundo político, que reproduce campos de posibilidad de formas de poder, es que la reproducción del orden mundial es cerrada, en tanto que la reproducción del sistema-mundo político es, mas bien, abierta.

 

Una anotación más, antes de responder a la pregunta. Si bien el orden mundial fue bipolar, no lo fue el sistema-mundo político; pues el primero puede comenzar a instaurarse o, si se quiere, puede ratificarse, institucionalmente, legalmente, mediante un tratado, como orden institucional del mundo, el sistema-mundo político no funciona por tratados, no funciona institucionalmente, sino por dinámicas de flujos de fuerza. La crisis, en este caso, tendría que darse en los campos de fuerza, en las dinámicas mismas de los flujos de fuerza; la crisis tendría que entenderse como truncamiento, bloqueo, ruptura, de la reproducción de los campos de posibilidad de las formas de poder. No se puede decir que la revolución cultural mundial de 1968 ha logrado esta magnitud y alcance de la crisis en el sistema-mundo político. Tampoco las crisis anteriores, para dar ejemplos; la crisis de la guerra de Corea, después la crisis de la guerra del Vietnam, aunque hayan hecho temblar, incluso afectar notoriamente, al orden mundial, obligándolo a cambiar, pues la reproducción de los campos de formas de poder ha continuado. Sin embargo, estas crisis del orden mundial son síntomas de la crisis latente del sistema-mundo político, incluyendo a las crisis recientes del orden mundial, las relativas a las guerras del medio oriente, a las intervenciones del orden mundial en los países árabes. Sin embargo, parece mostrarse una peculiaridad en este último caso. Hay señales de vulnerabilidad, de debilitamiento, en el orden mundial, que ha dejado de ser bipolar, apareciendo, en principio, como orden mundial unipolar, que otros han creído ver un orden mundial multipolar, sin embargo, no era otra cosa que orden mundial sin hegemonía, aunque si con dominación a secas, en su capacidad de control institucional de los Estado-nación, incluso abriendo sus márgenes de maniobra. Precisamente cuando técnicamente es más poderoso el orden mundial, cuando tiene a su disposición armas de destrucción masiva, sin hablar de las armas nucleares, es cuando, paradójicamente, aparece más débil. ¿A qué se debe?

 

La hipótesis de interpretación que tenemos es la siguiente:

 

El sistema-mundo político se ha transformado, a consecuencia de sus propios desenvolvimientos y desplazamientos. Los flujos de fuerza han modificado el tejido político. Ante estos cambios, el pesado, burocrático, casi estático, orden mundial institucionalizado, no se ha podido adecuar, no ha podido responder a las modificaciones de su propio suelo, por así decirlo. Por más fuerza demoledora que emplee, por más tecnología que derroche, por más astucia que pretenda en sus estrategias, nada de esto sirve cuando su arquitectura institucional resulta inadecuada en el nuevo suelo del sistema-mundo político. La crisis es estructural en el orden mundial. Empero, esta crisis estructural del orden mundial es síntoma de la crisis latente del sistema-mundo político, crisis ya emergiendo a la superficie. Si los desplazamientos de los flujos de fuerza han cambiado el tejido político, esto implica que el sistema-mundo político mismo ha alcanzado un umbral en sus propias mutaciones y cambios; umbral, a partir del cual comienza a dejar de ser sistema-mundo político, para adquirir otra forma de mundo, que quizás ya no sea político, sino, mas bien, respondiendo a la complejidad del mundo efectivo en constante devenir, conforme una complejidad múltiple, no en un solo plano de intensidad, sino que se abra a formas más completas y complejas de convocatoria y cohesión social.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mecánicas y dinámicas del sistema-mundo político

 

 

 

 

En el anterior texto[6] presentamos el concepto propuesto de sistema-mundo político, desde la perspectiva sistémica; ahora, intentaremos describir algunos rasgos sobresalientes y características estructurales del sistema-mundo político.

 

Podemos decir que el sistema-mundo político se ha formado de manera parecida o análoga, incluso paralela, a como se ha conformado la economía-mundo capitalista. Este sistema-mundo económico se ha conformado a partir de la intervención e interacción de múltiples actividades, dispositivos y disposiciones económicas, que participaban en ese espaciamiento que los economistas llamaron y llaman mercado. No es pues un producto planificado, controlado, en su construcción, desde un diseño pre-establecido, sino, todo lo contrario; es como el conjunto de resultados o desenlaces, no controlados, de múltiples actividades económicas singulares. El plano de intensidad económico resulta pues de múltiples actividades, practicas, relaciones, participaciones, de carácter económico, mejor dicho, para no anticipar este término, de carácter productivo, distributivo y de consumo, comprendiendo también el intercambio inherente. El sistema-mundo económico o la economía-mundo también, puede comprenderse, como la articulación e interacción de los distintos planos de intensidad económicos locales y nacionales, incluso regionales. De la misma manera, la economía-mundo no resulta de ninguna planificación a escala mundial; al contrario, como antes, se conforma en la dinámica de las interacciones de los planos de intensidad económicos singulares, conformando la singularidad de una composición más compleja, que es esta integración de los planos de intensidad económicos en un tejido integrado en la simultaneidad dinámica de bloques de planos de intensidad económicos.

 

En lo que respecta al sistema-mundo político, de manera paralela, aunque con sus propias especificidades, concreciones, sobre todo, singularidades, en sus composiciones, locales, nacionales y regionales; distinguiendo claramente lo que es actividad económica de lo que es actividad, acción y práctica política, que, obviamente no funcionan de la misma manera, tampoco con la misma lógica, como suponen los economistas, tanto liberales, neoliberales y también marxistas economicistas, aunque sea la lógica, que suponen, concebida de manera diferente, por cada una de estas teorías. Para utilizar, a modo de ilustración, el mismo término, lógica, en sentido metafórico, la lógica o lógicas económicas, teniendo como referentes las lógicas, que suponen cada una de estas teorías, son cualitativamente diferentes a la lógica o lógicas políticas. Sin embargo, el paralelismo, no se da en la forma de la lógica, sino en cómo se conforma el tejido del plano de intensidad, en un caso económico, en otro caso político. En el sistema-mundo político, el paralelismo, tampoco se da a partir de una planificación, de un control, deductivo o conspirativo, aunque estas pretensiones, proyectos o instrumentalizaciones, se den, pues las mismas no tienen el alcance como para ocasionar ese control y la eficacia global de la planificación. Mas bien, los desenlaces son siempre inesperados o mejor dicho, no controlados, a pesar de que se pueda hablar de márgenes de probabilidad. Lo importante de anotar es esto, el tejido del plano de intensidad político se da como resultado de las múltiples actividades, acciones, intervenciones, prácticas y relacionamientos políticos. Por eso, es indispensable estudiar el acontecimiento político, púes es necesario reconocer, comprender, visualizar e interpretar lo que termina conformándose.

 

En consecuencia, es insostenible hablar de determinismos, tanto en lo que respecta a lo que acontece en cada plano de intensidad, así como lo que acontece en la relación y conexión, sobre todo, articulación, entre ambos planos de intensidad. No es sostenible la tesis del determinismo económico, que conjetura la determinación de la base económica sobre la superestructura política. Tampoco sería sostenible, si hubiera una tesis inversa, que parece que no la hay, en el sentido pleno de la palabra, de su expresión teórica; hipotéticamente, la tesis determinista política, que postularía la determinación política sobre la economía.  Aunque se parezca algo la tesis marxista gubernamental de la planificación, que, de alguna manera, supone el control estatal de las variables económicas, este marxismo gubernamental se circunscribe, en la teoría y en la “ideología”, del marco del determinismo económico.

 

Dicho esto, la interpretación de cómo se conforman los tejidos en los planos de intensidad, podemos pasar a proponer hipótesis teóricas de ciertas condiciones, características, funcionamientos de lo que nombramos como mecánicas y dinámicas del sistema-mundo político.

 

Llamaremos política a la relación que logra una concomitancia, si se quiere, complicidad, pero también, de aceptación, así como de delegación y representación. En esta perspectiva, hablamos de una relación de reconocimiento, que puede ser entendida, extremando el alcance de este concepto, como de relación de identidad o de identificación. La política no produce, distribuye y consume, como ocurre con la lógica económica, sino cohesiona o disocia, por así decirlo; conjunciona o dispersa; empodera o delega, mejor dicho, potencia o delega; logra autonomía y autodeterminación u ocasiona dependencia y subordinación. Por eso, decimos que se trata de lógicas cualitativamente distintas.

 

Las relaciones políticas, entonces, puestas, por así decirlo, en escena, tejen ámbitos políticos, puntales, locales, micros, colectivos, sociales, nacionales, regionales. Que pueden adquirir connotaciones, más en un sentido u otros; más, por ejemplo, en sentido de la cohesión o, en contraste, de descohesión; más en el sentido de complicidad y concomitancia, o en el sentido de antagonismos y separaciones; más en el sentido de liberación o en el sentido de subordinación, más en el sentido de autodeterminación o en el sentido de sumisión. Ciertamente, efectivamente, se dan todas estas alternativas, como al mismo tiempo, simultáneamente; empero, en una composición variada. En este sentido, la composición compleja puede combinar las alternativas de distinta manera. Dependiendo del peso de las tendencias, el acontecimiento político puede dar lugar o inclinarse más a la liberación de potencias o, en su defecto, a la inhibición de potencias.

 

Quede claro, que, como hemos dicho, al concebir un juego de azar y necesidad, el tejido complejo del plano de intensidad político resulta en configuraciones no controladas, incluso inesperadas. Por ejemplo, una planificación política puede ocasionar, mas bien, consecuencias no esperadas, incluso no queridas. De manera diferente y opuesta, acciones casuales, pueden terminar reforzando lo que la planificación buscaba. Por eso, se trata de comprender la mecánica y dinámica del plano de intensidad político, así como comprender las mecánicas y dinámicas articuladas del sistema-mundo político. No suponer, de ninguna manera, que el sentido práctico político se encuentra en los discursos políticos, en las “ideologías”, en los programas, propósitos y planificaciones políticas, en las estrategias políticas, sino, de manera distinta, el sentido inmanente político aparece en el juego de azar y necesidad de estas múltiples actividades políticas; en el tejido dinámico que se conforma, sin control, a través del conjunto abigarrado de relaciones políticas

 

En todo caso, son reconocibles ciertas figuras pronunciadas en los ámbitos que definen los panoramas, paisajes y mapas políticos. Una de estas figuras es bastante conocida, son las formas de gobierno, en contraste, son las formas de contra-gobierno, las formas de resistencia. Sin embargo, para llegar a las formas de gobierno, es menester que se hayan dado composiciones singulares políticas entre grupos definidos en ámbitos, mas bien, micros. A esto se ha venido en llamar, con sus distintas acepciones, micro-política. La configuración de la forma de gobierno depende pues del haberse tejido un substrato de micro-políticas, que pueden coadyuvar o no a la conformación de una forma de gobierno de eficacia relativamente esperada o relativamente no esperada.  En otras palabras, el secreto, por así decirlo, de la eficacia o no de la forma de gobierno, no depende tanto, como se cree, de la consecuencia, de la determinación, de las personas que componen un gobierno singular, sino depende del tejido que se conforma a partir de la incidencia, el hilado, en un sentido u otro, de estos pequeños escenarios de la micro-política.

 

En lo que respecta a las formas de resistencia, pasa algo parecido; aunque los propósitos involucrados, son diferentes, es decir, opuestos a los de la forma de gobierno. La eficacia de la resistencia depende también de los pequeños ambientes de la micro-política. Si en estos puntuales escenarios, en su interrelación y entrelazamiento, en su acumulación, se logra un tejido resistente, capaz de contrarrestar la fuerza de la forma de gobierno, entonces, se puede hablar de un contra-poder eficaz, de una resistencia capaz de detener las políticas, los objetivos de estas políticas, el impacto de estas políticas, evitando su inscripción en los cuerpos, en la inducción de conductas y comportamientos. Esta resistencia, en conjunto, en el conjunto abigarrado de múltiples resistencia, logra que el gobierno no gobierne.

 

No tiene sentido, aunque tenga algo de significación, discutir el problema político, la problemática política, el decurso de un proceso político, en base al supuesto de la consecuencia o traición política de los gobernantes, en un caso, o en base a la consecuencia o debilidad de los dirigentes delegados de la resistencia. No está ahí el problema; en todo caso, estos temas están en la cabeza de los que interpretan de esa manera, son temas tratados de manera “ideológica”; se encuentran en la mecánica y dinámica del funcionamiento político.

 

Hay otras figuras, quizás menos conocidas; empero, que funcionan en los ámbitos de las prácticas políticas. Una de estas figuras tiene que ver con las formas de cohesión o, en su defecto, con las formas de diseminación. La forma cómo se cohesiona un grupo de referencia, define la proyección política, por lo menos, en el escenario micro-político, para comenzar. Si la cohesión adquiere una connotación autoritaria, por así decirlo, tiene una proyección política distinta a cuando la cohesión adquiere una connotación no-autoritaria, más bien libre, espontánea. En este último caso, la proyección política adquiere un alcance que libera la potencia; en el otro caso, en contraste, inhibe la potencia.

 

Lo que acabamos de decir tiene consecuencias en la interpretación. Por ejemplo, a pesar que el proyecto político pretenda emancipaciones, si la forma de cohesión adquiere una connotación autoritaria, en vez de fortalecer la potencia del proyecto, lo debilita, a pesar del objetivo liberador. Las subordinaciones implícitas modifican el proyecto liberador, a tal punto que, en vez de producir lo esperado, la emancipación, termina produciendo lo inesperado, la subordinación, aunque adquiera otro perfil.

 

En contraste, la forma de diseminación también incide e impacta en la proyección política. Para no internarnos en una lista, que puede ser larga, remitiéndonos, mas bien, a un ejemplo; si la forma de diseminación, vinculada a unas formas de resistencia, adquieren la connotación de una dispersión renovadora, la proyección política puede resultar inesperada para la resistencia misma. Puede dar lugar a un refortalecimiento del gobierno, del poder, de la institucionalidad, que se pretende desmantelar. La malla institucional, el gobierno, el Estado, en este caso, la estructura de poder, puede, al defenderse, mutar, en las nuevas condiciones de crisis y desorden, y reformular sus formas de gobierno y de poder, por lo tanto, de dominación, de una manera más compleja, incluso incorporando a parte de las resistencias. En cambio, si las formas de resistencia adquieren una connotación de diseminación destructiva, por lo tanto, abriendo perspectivas de fundación de ámbitos y horizontes distintos, bajo otras reglas de juegos, la proyección política, puede, en este caso, adquirir la incidencia transformadora en el mapa de dispositivos, disposiciones, de composiciones institucionalizadas. Logrando, mas bien, entonces, que no pueda rearmarse, reformularse, reforzarse, el poder, cambiando de forma, de estructuras, complejizarse, evitando reproducirse a las formas de gobierno, de poder, de Estado, de dominación.

 

Como se puede ver, hasta aquí, la realización política no depende de la racionalidad abstracta empleada, no depende del programa político, de la “ideología”, tampoco de la consecuencia o inconsecuencia de los gobernantes o dirigentes, aunque, obviamente, juegan un papel, una incidencia; empero, no es la función crucial; la realización política se materializa en la composición de los hilos que tejen. En la medida que los hilos se hilvanan creativamente, inventivamente, a partir de la potencia, la configuración del tejido adquiere la connotación estética de la creatividad. En cambio, en la medida que los hilos se hilvanan respondiendo a moldes, diseños preformados, repetitivos y recurrentes, el peligro es que, independiente de lo que se persiga, resulten reproduciendo lo mismo, en otras variantes.

 

La primera consecuencia de esta interpretación de la política, del plano de intensidad política, del sistema-mundo político, es que la política, en sentido pleno, entendida como desborde, suspensión de los mecanismos de dominación, se realiza cuando se libera la potencia social. En contraste, la política, en sentido restringido, institucional, como delegación y representación, se inhibe la potencia social, se repite el círculo vicioso del poder, a pesar de las buenas intenciones.

 

Hay otras figuras, que las vamos a exponer en otro ensayo. Por el momento, a partir de lo expuesto, queremos vislumbrar el efecto en la conformación del sistema-mundo político, considerando estas figuras descritas y definidas.

 

El sistema-mundo político no es pues el imperio; postular esta tesis es como aceptar que la planificación, mejor dicho, la estrategia, la conspiración de la clase dominante internacional, logra sus objetivos conspirativos.  Nada más lejos de lo que efectivamente acontece. La híper-burguesía mundial puede implementar planes, estrategias, políticas, conspiraciones, encaminadas a lograr los efectos buscados, vinculados a su prolongación, expansión, intensificación y consolidación de su poder, de sus dominaciones, materializando las mismas en una malla institucional global; sin embargo, a pesar de su dominio, incluso hegemonía, tecnología empleada, incluso astucia, además de dominancia militar, comunicacional, monopólica, las consecuencias de lo que ejecuta pueden, mas bien, ocasionar lo inesperado. Por ejemplo, la proliferación desbordante de resistencias, incluso y sobre todo, en colectivos, sociedades, pueblos, que eran, hasta ese momento, conformistas. El sistema-mundo político no es controlable por el imperio, que es como la estructura de intervención mundial, como la malla compleja de redes de dominación, ligadas, aliadas, vinculadas, con el objeto de lograr el control global, el monopolio mundial de la violencia legítima, sino, el sistema-mundo político es lo que desborda a esta malla institucional, a este proyecto de dominación global, en términos de orden mundial. Cuando decimos desborda, no queremos darle una connotación emancipadora, sino al contrario. La reproducción del poder mutante se realiza mediante la materialización de formas de dominio, de control, inesperados. Si hay más resistencia, el impacto, a pesar de no haber logrado desordenar, diseminar, desmantelar, las estructuras de dominación, las instituciones de gobierno, puede afectar, de tal manera, que las formas de poder son condescendientes o tolerantes en algunos o más aspectos. Dándose lugar una especie de acuerdo o armisticio. En cambio, cuando las resistencias son débiles, también, no duraderas, sin alcance ni expansión, las formas de poder pueden lograr imponer incidencias autoritarias, inhibidoras, restrictivas, donde no hay tolerancia, menos acuerdos de ninguna clase, sino imposiciones.

 

En lo que respecta al sistema-mundo político, que tiene probabilidades más grandes de ocasionar desenlaces inesperados, configuraciones inesperadas, a escala mundial, combina planos de intensidad políticos singulares, distintos, variados, incluso diferenciales y dicotómicos, que dan lugar a sistema-mundos políticos más restrictivos o, mas bien, menos restrictivos, incluso, en el mejor de los casos, aperturantes. Por ejemplo, paradójicamente, ahora, en esta coyuntura, de la actualidad del sistema-mundo capitalista, parece que, a pesar de contar con una apabullante información, de contar con una masa crítica enorme de intelectuales, de la eficacia de la comunicación, casi inmediata, de contar con una experiencia acumulada de trascendencia, de conseguir actualizar las memorias sociales, interpretante de mundos dados en el devenir del mundo integral, en vez de que todo estos atributos y facultades liberen la potencia, acontece un conformismo masivo y global, en la cultura-mundo. Este efecto inesperado quizás tenga que ver con que en los escenarios de la micro-política, se sigue tejiendo con moldes y diseños acostumbrados, cayendo entonces en el círculo vicioso del poder.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Globalización ideológica e ideología de la globalización

 

 

 

 

 

Desde hace un tiempo se ha venido hablando mucho de globalización. Quizás desde la década de los ochenta con mucha asiduidad; a pesar que, ciertamente, la mundialización se da desde la conquista y colonización del quinto continente, desconocido hasta entonces, de Abya Yala, por parte de Europa. Se han formado como dos bandos; claro que hay más; empero, nos quedaremos con estos dos, por sus contrastes, dejando las otras interpretaciones, que son, en todo caso, menores. Lo hacemos para exponer el problema, considerando sus extremos, por así decirlo. Los unos, ven en la globalización un evento positivo; otros ven, mas bien, un evento negativo. De alguna manera, son conocidas estas posiciones y tendencias opuestas; no creemos necesario entrar en detalles y evaluarlas minuciosamente, de acuerdo a sus variantes. En todo caso, ya expusimos el debate en otros escritos[7]. Suponiendo que se tiene una idea, aunque vaga o, si se quiere, general, del debate, lo que interesa, ahora, es preguntarse sobre lo que se significa cuando se habla de globalización; se esté a favor o en contra.

 

Los que se inclinan por la positividad de la globalización, consideran que, este proceso de mundialización, beneficia a las sociedades, países y Estado; los que se inclinan por la negatividad de la globalización, consideran que destruye a las sociedades, a la cohesión, a las culturas, a la autonomía de las sociedades, a la soberanía de los Estado-nación. En los ensayos que difundimos, sobre todo, desde el 2010, hicimos la crítica a lo que llamábamos la globalización privatizadora, acercándola a la expansión planetaria del proyecto neoliberal; optando, en contraposición, más bien, por una globalización social, colectiva, solidaria, complementaria y conformada por reciprocidades[8]. Bueno; empero, ahora, debemos preguntarnos: ¿Hay globalización efectivamente? A muchos esta pregunta les puede parecer ingenua o desubicada; sin embargo, es menester hacerlo, pues requerimos saber si esta globalización es “ideológica” o efectiva.

 

Aceptemos que la globalización se da institucionalmente; la ONU es una corroboración institucional planetaria que esto sucede. El mercado mundial, cada vez más integrado, es otra prueba que el fenómeno se da no solamente a escala mundial sino que afecta a las sociedades en el plano de intensidad económico. La cultura-mundo parece ser la otra evidencia; ahora en los imaginarios, incluso en los habitus, en las conductas y comportamientos.  La lista puede ser más larga, dando ejemplos de que la globalización concurre. Sin embarga, todo lo que se presente como verificación, no hace otra cosa que mostrarnos las formas institucionales de la globalización, incluyendo ciertas tecnologías y políticas. Cuando se habla de efectividad se está pensando, mas bien, en la articulación integrada de las sociedades.

 

Para poder hablar de una globalización, en este sentido, es menester que las sociedades del mundo, distinguidas por países, por lenguas, culturas, incluso estados, se complementen; es decir, se cohesionen, incluso manteniendo sus diferencias. Sin embargo, esto no ocurre, pues las sociedades no se complementan; al contrario, compiten, para usar una palabra tan cara para los neoliberales. Las economías guerrean, por así decirlo, unas contra otras. Concretamente, como dice Joseph E. Stiglitz[9], las recetas generales del FMI no han hecho otra cosa que beneficiar a los “países desarrollados” y afectar a los “países en desarrollo”. En pleno ciclo de crisis, obligó a la austeridad a estos países, “en desarrollo”, comprimiendo más su economía, además de empujarlos a privatizaciones; lo que terminaba de beneficiar a los “países desarrollados” y a las grandes empresas monopólicas. Puede ser que la balanza económica se haya equilibrado, en términos estadísticos; sin embargo, esto ocurrió a un costo muy alto para la sociedad. Los pobres aumentaron significativamente, las desigualdades se incrementaron abismalmente. Esto no es exactamente globalización o mundialización, como se quiera llamar; sino, mas bien, distinción, también diferenciación, por la magnitud de las desigualdades. La paradoja es la siguiente: cuando más institucionalmente se globaliza el mundo, es cuando las sociedades se hacen más desiguales, más distintas, sobre todo, en lo que respecta a los beneficios de la globalización.

 

Como se puede ver, no se trata de estar a favor o en contra de la globalización, ciertamente, reducida a los acuerdos institucionales, sino de contrastar esta tesis con lo que acaece en el mundo. Stiglitz también asume que hay globalización; empero, a diferencia de la burocracia del FMI y del BM, considera, que si bien, se notan aspectos positivos, en el balance, se puede observar que, al final de cuentas, el balance es negativo. Empero, ¿hay efectivamente globalización? No hablamos de si se preservan o no la lenguas, las culturas, los condicionamientos histórico-culturales, sino de la integración de las sociedades, países, Estados, culturas; también, por supuesto, economías. No la hay. Entonces, cómo se puede hablar de globalización efectivamente.

 

Este es un buen ejemplo de lo que dijimos respecto de la gran diferencia entre el mundo de las representaciones y el mundo efectivo. Los que interpelan y critican la globalización, parecen solamente constatar las consecuencias destructivas; en contraste, los que hacen apología de la globalización, parecen solamente constatar las consecuencias constructivas. Empero, es menester preguntarse si este fenómeno tan mentado se da efectivamente.

 

Sacando consecuencias de lo que expone Stiglitz, podemos decir que, para que se dé efectivamente la globalización, las condiciones de vida deben ser equivalentes, aunque se preserven las diferencias culturales, las lenguas, los contextos sociales. No basta mostrar que los supermercados, los moles, son los mismos, son las mismas cadenas o parecidas, en todos los países. No basta mostrar que las clases medias tienden a consumir prácticamente lo mismo o parecido; no basta mostrar que ven los mismos programas, de las mismas producciones, en la televisión. No basta mostrar que las conductas y comportamientos, sobre todo, de las clases medias, tienden a parecerse cada vez más. Las sociedades no se reducen a estas características, las sociedades son complejas, son composiciones singulares; para poder hablar de globalización en sentido positivo, manteniendo este término, que no compartimos, lo hacemos por motivos de exposición, las sociedades deben de complementarse, articularse e integrarse, incluso, manteniendo su diversidad y heterogeneidad. Si, se diera el caso, que esto no ocurre, sino una globalización homogeneizante, también, la globalización se puede entender como modernización única, no heterogénea. Pero, no es así, no aconteció, ni ocurre esto.

 

Se entiende que la tesis de la globalización, ayuda a construir explicaciones manejables de las sociedades y sus problemáticas en el mundo.  También se entiende que esta tesis ayuda a operar a los gobiernos, a los estados, a las organizaciones internacionales. Sin embargo, sobre todo por las consecuencias de lo que acaece con este supuesto de la globalización, debemos contrastar la tesis con las historias efectivas en el mundo, los países, los estados y las regiones. Si los resultados son, más bien, el aumento de las desigualdades; para decirlo, usando una figura tan reiterada; los ricos se hacen cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres; además, los pobres cada vez más son más numerosos. Sin hablar de otras diferenciaciones.

 

No hay, pues, tal globalización, sino, más bien, desintegración de las sociedades; paradójicamente, cuando aparentemente se comienzan a parecer. La globalización “ideológica” se da institucionalmente; son las instituciones las que cada vez se parecen más; son prácticamente lo mismo. Si se puede hablar de globalización, habría que decir que se trata de la globalización institucional; por lo tanto, de globalización no efectiva, en el sentido de lo que acontece, no en el sentido instrumentas. Si fuese esto último, mas bien, ocurre.  

 

¿Qué es lo que hay? La proximidad de las sociedades, en el sentido del acortamiento de las distancias, debido al avance tecnológico, aunque unas produzcan la tecnología y otras consuman los efectos de la tecnología, debido a la velocidad de las comunicaciones, de los transportes, no las convierte en parte de una globalización. Las hace solamente próximas, como compartir un mundo, interpretaciones de ese mundo; consumiendo cosas parecidas, distinguiendo clases sociales. Las sociedades no es que sean diferentes, no solo por su singularidad, sino porque no se han integrado, con todas las diferencias que puedan contener.

 

Por lo tanto, la globalización es una tesis “ideológica”, que legitima tanto a las posiciones positivas de la globalización, así como las posiciones contrastadas.  Paradójicamente, la tesis de la globalización coadyuva a multiplicar las separaciones. Se trata de entender, comprender y conocer lo que acaece efectivamente; si se logra un avance, en este sentido, se trata de transformar el mundo, vinculando a los pueblos, a partir de la complementariedad de sus singularidades.

 

Lo problemático de todo esto, es que mientras las instituciones, conciben que se da efectivamente la globalización, hasta pueden haber conformado mallas institucionales, que se conectan globalmente, el mundo efectivo se mueve en sus devenires, en los ciclos vitales; afectado, en sus planos de intensidad aislados, ocasionando la desintegración, la diseminación demoledora en las sociedades. Las organizaciones internacionales, los Estado-nación de las potencias “desarrolladas”, no dan chance a que los pueblos puedan deliberar, puedan sopesar, y actuar en consecuencia, en la perspectiva de las emancipaciones y liberaciones múltiples. Las organizaciones internacionales ya saben lo que se tiene que hacer; su recetario compartido por todos los países. En el lado opuesto, el pueblo, las sociedades alterativas, también saben lo que se quiere hacer; lograr la asociación efectiva de las sociedades y pueblos del mundo. La integración mundial.

 

Sabemos que no basta compartir luchas sociales, aliarse, comprometerse, ser solidarios; es urgente, a estas altura de la crisis múltiple de las sociedades, vincularse, conectarse, conocerse, en sus singularidades, es decir, en sus diferencias, complementándose. Ya no pueden ignorarse las sociedades; ignorancia que se da, a pesar de que estén informadas, a pesar de que repitan ciertos rasgos que, aparentemente, les hace parecerse. Las sociedades tienen que compenetrarse respecto de sus singularidades; con estas comprensiones, integrar sus particulares en el mundo efectivo, dinamizado por las singularidades.

 

A pesar de su petulancia, de su seguridad engreída, las organizaciones internacionales, los Estado-nación, las representaciones, la “ideología”, los intelectuales, no pueden sostener efectivamente la tesis de la globalización, pues las sociedades no logran parecerse en lo que respecta a las condiciones de vida. Un mundo de las representaciones, que responde a la tesis de la globalización; un mundo del limbo, entre el mundo de las representaciones y el mundo efectivo; no son pues, un mundo globalizado, sino un mundo desarticulado, desintegrado, en crisis. Desintegración que se oculta y que se efectúa, paradójicamente presentada como mundialización.

 

¿Qué efecto tiene que las instituciones internacionales y nacionales crean en la globalización, si efectivamente, se produce otra cosa, la desintegración? Las sociedades se desarman; no pueden resolver los problemas que enfrentan. Si bien parece que las burguesías, sobre todo la híper-burguesía mundial, logran prolongarse, aparentemente fortalecerse, lo que pasa no es un augurio de su permanencia tranquila; todo lo contrario. Es una marcha implacable al apocalipsis, por así decirlo, por el camino de la competencia, de la concurrencia, basados en la estrategia de las dominaciones. La híper-burguesía no tiene una estrategia de largo alcance; el imperio y los imperialismos que lo componen, no cuenta con una estrategia de largo ciclo, que le permita desenvolverse en el ciclo largo. Sólo tienen, en vez del conocimiento adecuado, de la comprensión de la complejidad, la pretensión de saberlo todo, basada en la pretensión de dominar el mundo, sustentada en el amor propio, en la autocomplacencia, y en el desprecio a los demás, que no conoce. No se da cuenta, que, si no se resuelven los grandes problemas heredados de la humanidad, no hay futuro para nadie.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Metafísica de la economía

Fundamentalismo de mercado

 

 

 

En 1985 escribimos y publicamos un ensayo titulado Crítica del discurso metafísico de la economía[10]. Creemos que mucho de lo que se escribió en ese entonces, sigue teniendo hoy validez, en cuanto a la crítica de la economía política; también en lo que respecta a la crítica de la teoría y de la filosofía, que, en aquel entonces, considerábamos que se trataba de la crítica efectuada desde la epistemología crítica.  Vamos a decir por qué pensamos esto. Primero, recogeremos algunas interpretaciones expuestas en el ensayo citado; después, retomaremos las críticas, de otro estilo, que hemos venido desenvolviendo desde que escribimos y publicamos Crítica de la economía política generalizada.

 

Recurriendo a una cita larga, del ensayo mencionado, a propósito, se escribió:

 

 

Hablar de la crisis económica se ha vuelto cosa común; esta comunión de la crisis de una comunidad económica, además de ser un acontecimiento empírico, se abre a la problemática de su definición: ¿Se trata de una crisis conceptual? ¿Una crisis de la razón económica? ¿Quizás más bien de una crisis moral? ¿Juntando los ámbitos, podremos hablar tanto de una crisis de los valores económicos así como de los valores subjetivos? Dejando de lado todo esto, optando por la descripción y la objetividad ¿sólo podemos hablar una crisis del sistema económico? Sin descontar la relación posible entre los tres niveles de crisis, la relativa al ciclo del capital, la vinculada a la inmanencia de los valores subjetivos, es decir, correspondiente a la esfera moral, y la referida al sistema económico, en otras palabras al paradigma o al modelo, es indispensable detectar en cuál de los niveles se manifiesta una desmesura mayor. En cuál de los niveles se hace más visible y evidente la crisis, cuál de estas crisis se convierte en la representante de la crisis integral. La identificación de la desmesura mayor, el lugar de la mayor diferencia, ayuda a comprender el carácter del desplazamiento ideológico. No olvidemos que la ideología funciona como recurso de legitimación de las dominaciones. Desde esta perspectiva es menester evaluar el carácter del desplazamiento ideológico, encontrar los síntomas de este desplazamiento en el discurso económico. Esto, sobre todo, por las características de la crisis y también por el brío de las medidas políticas emprendidas, medidas políticas privatizadoras en el contexto de la globalización. La evaluación ideológica, que no puede hacerse sino desde la crítica de la ideología, según Paul Ricoeur, desde el horizonte de la utopía. Este trabajo crítico nos lleva a enfrentar las formas de la conciencia social, que se dan en el acontecer o en la coyuntura. A propósito de las formas de conciencia, quizás sea conveniente comenzar por las manifestaciones de la vida cotidiana, remontar la crisis desde sus lugares más empíricos. Al respecto, una buena pregunta podría ser esta: ¿Cuál es la imagen ordinaria de la subida de los precios? Esta experiencia nos lleva a la noción de la desproporción constante entre precio y producto, entre el valor de los productos y el monto de los productos mismos. Es a este desfase a lo que llaman los economistas inflación. Esta experiencia de la crisis es patente, su manifestación empírica es dramática, considerando sobre todo a las clases sociales de escasos recursos. Sin embargo, el problema de la crisis no acaba aquí, más bien empieza.  La pregunta subsiguiente, que necesariamente acompaña a la anterior es: ¿Por qué se da lugar el distanciamiento entre precio y producto, dicho en otras palabras, entre precio de producción y precio comercial? Uno de los secretos de la etapa tardía del ciclo del capitalismo es la especulación financiera; como efecto inmediato de este movimiento financiero, de esta ganancia especulativa, tenemos a la inflación. El ciclo del capitalismo, en su periodo financiero, produce inflación.

 

Entre las medidas económicas adoptadas por el primer gobierno del periodo neoliberal[11] se menciona la regularización de los precios por medio del libre cambio. Se dice que, con la vigencia del libre mercado, no se dará lugar a subvenciones, ni se impondrán precios políticos.  Una de las fórmulas de los llamados mercantilistas es la de que los precios se definen a través del juego de la oferta y demanda, con la intervención de la competencia entre compradores y vendedores.  Esta proposición enuncia un concepto de valor, en tanto equilibrio, resultante de la concurrencia. Esta valoración, dada en el mercado, deriva en un indicador móvil, sobre todo escurridizo; una magnitud mensurable movediza. Medida realizada en el momento del encuentro de fuerzas contradictorias, punto localizable en el espacio de intersección de las fuerzas.  Este concepto de valor no es el único desarrollado en la historia de las doctrinas económicas; al contrario, la historia se abre a una gama amplia de conceptos derivados de la valorización del valor.  Es en este contexto histórico donde hay que apreciar la relatividad de las teorías monetaristas y mercantilistas, viejas y nuevas.  Los fisiócratas trabajaron un concepto de valor natural.  La economía clásica ha desarrollado unos conceptos de valor en el marco de la ciencia general del orden.  Por ejemplo, ha desarrollado un concepto abstracto del valor, en el cual se diferencia una parte referida al costo de producción y otra parte referida a la ganancia.  Dentro lo que se considera costo de producción se halla el gasto en salario, además del costo del desgaste y la reposición de los medios de producción.  En el horizonte de la formación discursiva clásica, David Ricardo ha deducido que el valor se reduce al trabajo. En esta perspectiva, el economista inglés se entrabó en un dilema: Los productos contienen valor en la media que contienen trabajo; pero, también valen las cosas escasas. Dos campos epistemológicos se mezclan en este discurso, el campo epistemológico de la producción y el campo epistemológico de los bienes necesarios. A Karl Marx le corresponde desarrollar la epistemología de la producción, del trabajo y de la acción, dejando las premisas clásicas como objetos de la crítica de la economía política. Podríamos decir que la teoría del valor atraviesa dos siglos (XIX y XX), los últimos de la modernidad. Después de la nueva configuración del capitalismo, de desterritorialización y biopolítica, después de la crisis de la década de los setenta, la teoría del valor no es sostenible, cuando se informatiza la producción, se virtualiza el trabajo y la reproducción del capital se apropia de la gestión de la vida. En el interregno, en el paso de un campo teórico a otro, las teorías neoclásicas intentaran desesperadamente volver al clasicismo de la economía del equilibrio, a la racionalidad del mercado, a las figuras de los circuitos monetarios. Pero, estos esfuerzos son vanos, la historia es despiadada, ingresa a las nuevas formas de la experiencia social, a las nuevas formas de la producción, a las nuevas formas del capitalismo, a las nuevas formas del nuevo orden mundial, dando lugar a nuevas certezas, a nuevas intuiciones, a nuevos paradigmas, a nuevas formaciones discursivas, que desplazan y enriquecen la arqueología del saber económico. 

 

Los funcionaros, los técnicos, los ideólogos y los epígonos del periodo neoliberal, se cuelgan de esta formación discursiva, relativa al neoclasicismo económico, deduciendo de ella sus prácticas políticas.  El tono del discurso político de quienes son responsables de las medidas económicas es dogmático. Acordes con la pretensión racionalista de que todo lo real es racional y todo lo racional es real, creen que su discurso neoclásico expresa la realidad, así como que la realidad se reduce a los estrechos marcos de su visibilidad teórica. Vivimos el cuarto ciclo del capitalismo, el ciclo del capitalismo norteamericano, después de haber vivido el ciclo del capitalismo genovés, el ciclo del capitalismo holandés y el ciclo del capitalismo inglés. Nos encontramos en la tercera etapa de este último ciclo; es decir, la etapa financiera, siendo la primera comercial y la segunda industrial. Algo que caracteriza a las periodizaciones de los ciclos de capital es la formación de consorcios monopólicos. Según Fernando Braudel, el capitalismo se caracteriza, mas bien, por la formación de monopolios que por el libre mercado. Por la estructuración de relaciones cerradas en el mundo económico. Donde la libre competencia es un cuento de hadas o, en el mejor de los casos, un acontecimiento vivido por los pioneros del capitalismo.  Este desfase entre el tiempo histórico del capitalismo e ideología, sobre todo la ideología de libre mercado, entre temporalidad y discurso, es la marca de la diferencia entre historia efectiva y saber eficiente del poder.

 

Desde la perspectiva de una teoría de las ideologías, se puede proponer ciertas hipótesis interpretativas acerca de las configuraciones ideológicas:

 

 

a)   Las representaciones no son en ningún caso productos espontáneos, son construcciones orgánicas, son instituciones sociales, constituidas en el devenir del imaginario social.  Hablamos de un campo complejo de relaciones entre lo real, lo simbólico y lo imaginario.

 

b)   Se puede considerar una distinción entre representaciones elaboradas de manera más o menos conscientes y representaciones construidas de modo inconsciente. Ambos contextos representativos son investidos por procesos subliminales[12].

 

c)    Los procedimientos lógicos, las descripciones objetivistas y las prácticas científicas no escapan a la irradiación ideológica, pues no dejan de producir y reproducir de representaciones. En el mismo sentido, no escapan a repetir ciertos rasgos de la ideología en la medida que no dejan de construir sentidos. Todo esto tiene que ver con la institución de la sociedad moderna, institución social que crea y recrea individuos, supuestamente autónomos, los mismos que incorporan estructuras y cierta rigidez de las instituciones modernas. La imitación de estos procedimientos pueden funcionar muy bien en función de la legitimidad social.

 

d)   Es posible una teoría crítica de las ideologías siempre y cuando salgamos del ámbito de la ideología, sino caemos en la paradoja de Mannheim: La misma teoría de las ideologías termina siendo una ideología. La práctica ideológica no puede descubrirse desde adentro, tiene que pensarse críticamente desde un afuera. Para Paul Ricoeur, este afuera es la utopía. Se puede concebir, de una manera más radical, que los espacios del desborde de la ideología se dan en las desterritorializaciones de la praxis y las contradicciones de la historia efectiva.

 

 

 

Desde esta perspectiva, desde el horizonte que dibuja las hipótesis, vamos a abordar la crítica del discurso neoliberal, crítica de la ideología tardía del capitalismo.

 

Simson, en Estados Unidos, Nogaro, en Francia; y Einaudi en Italia, son los representantes y arquitectos reconocidos del discurso neoliberal[13]. Para ellos la historia económica puede diferenciarse entre economías centrales dirigidas y economías mercantiles. La última forma de organización económica expresa una manera de estructuración democrática, mientras que la primera desarrolla variantes de un sistema totalitario, que descarta el mercado regulador de precios. A los ojos de estos ideólogos, el mercado representa no solo el medio fundamental de garantía de una vida democrática, sino también es el símbolo de la democracia misma. Son, en cierto sentido, anti-keynesianos, pues no aceptan la intromisión del Estado en el mundo económico, salvo dentro de ciertos límites. Al interior de los cuales el Estado debe garantizar la existencia libre del mercado. ¿Contra quién? Entre otras cosas, contra la tendencia económica a la monopolización. La libertad de empresa y la libre competencia son los axiomas primordiales en el diseño de una normal política económica. Como derivación de estos axiomas, ven en los desfases del sistema monetario una enfermedad peligrosa al interior de un organismo macroeconómico. En este sentido, proponen regular la masa de dinero en relación directa a la masa de mercancías en circulación. En la medida que la inflación es un fenómeno consecuente de la tendencia económica al monopolio, combaten la inflación recurriendo al libre cambio. Para ellos la oferta y la demanda definen el espacio de realización económica. Es así que podemos decir que el neoliberalismo ve en la patología de la circulación las causas esenciales de la crisis. Para el discurso neoliberal, la economía boliviana, bajo el modelo de la acumulación estatal, es un caso más de la enfermedad económica provocada por la tendencia económica al monopolio y por las perturbaciones de orden circulatorio.

 

Haciendo una comparación entre el periodo definido por los años de la Revolución Nacional (1952-1964) y el periodo definido por la aplicación de políticas de shocks y de ajuste estructural, es visible la metamorfosis sufrida por parte de los antiguos proteccionistas, quienes se han convertido en los novísimos librecambistas.  Las condiciones de esta metamorfosis se encuentran en la debacle del partido populista (MNR), en su división, en su conspiración interna, en su vocación golpista, en las prácticas clientelares, expandidas por el partido en lo ancho de la sociedad civil, en la descalificación ideológica, en su distanciamiento permanente del nacionalismo revolucionario, abriendo un vacío moral al interior, vacío que va a ser llenado por los billetes del empresario minero Gonzalo Sánchez de Lozada. En 1985 el partido no sólo va a ser comprado por el empresario, sino que es convertido en una agencia publicitaria de las trasnacionales. La ideología neoliberal va a ser aceptada sin mayores trámites ni discusión. Los movimientistas, que es así como se les llama a los partidarios del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), se convierten en los defensores recalcitrantes más celosos de la privatización de la economía. No es que manejen del todo la teoría neoliberal; empero, son sus más empedernidos practicantes. Después del paso por el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada no quedará nada de la economía nacional. Este espacio habría desaparecido o se habría trasnacionalizado. En otras palabras, el régimen económico forma parte de un afuera, del exterior a la nación, de la economía mundial.

 

Uno de los principales blancos de la nueva política económica es la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), entidad estatal centralizada y monopolio productor y comercializador de minerales. El ministro de planificación, del último gobierno de Paz Estensoro y el primero del periodo neoliberal[14], justificó de la siguiente manera el desmantelamiento de COMIBOL: Dijo que se busca atacar la excesiva burocratización de esta entidad, así como a la innecesaria centralización. Acompasando este discurso de libre cambio con una mezcla local, dijo también que se trata de asignar una mayor autonomía al poder de las regiones.  Aunque estas elucidaciones tengan que ver más con la forma de decir que con el contenido del discurso, expresiones parecidas fueron contundentes al momento de la promulgación del decreto de descentralización de COMIBOL. Ciertamente la analogía entre la insidiosa discursividad criolla neoliberal y el discurso del libre cambio sale a luz. A pesar de tratarse de un decreto de descentralización, se acaba con el monopolio estatal de la minería, derrumbando con esto uno de los mayores símbolos de la Revolución de 1952.

 

Es evidente que una descentralización no significa necesariamente una desestatalización; las entidades descentralizadas pueden, a su vez, ser estatales. La relación no se establece en este sentido.  La tendencia al monopolio de la economía capitalista marcha paralelamente a la centralización rigurosa de los mecanismos económicos: La dirección unitaria, la distribución orgánica del capital, el nucleamiento del poder de decisión, son procedimientos, que podría decirse, necesarios al desarrollo tardío del capitalismo. En este sentido, se puede establecer un paralelo entre una política descentralizadora y una política antimonopolista; en última instancia, entre el decreto de descentralización y la tendencia neoliberal de desmonopolización.  Mirando así las cosas, no se puede reducir esta historia a sólo casos de pasos hacia la descentralización.  En este punto el problema se abre a una doble variante: 1) ¿Hasta dónde se puede se puede hablar objetivamente de entidad nacional con autonomía económica?, y 2) ¿En un Estado unitario y no federal la descentralización no significa, en los hechos, una desnacionalización? No como paso, sino de manera inmediata.

 

Después de esta forma de descentralización, que en la práctica es, mas bien, una desnacionalización efectiva, los efectos de la desmonopolización de las empresas estatales, en una sociedad profunda, de un país periférico, son demoledores, desde la perspectiva de la autonomía económica. Con la destrucción de las empresas públicas el Estado ha perdido definitivamente su autonomía económica. En relación a la segunda pregunta, es indispensable revisar los alcances de la teoría de la dependencia. Esta teoría supone una estructura de la división del trabajo a escala mundial, que diferencia el centro de la periferia del sistema-mundo capitalista. El funcionamiento de esta estructura produce desarrollo en el centro y subdesarrollo en la periferia. ¿Cómo escapar de esta condena, cómo romper la estructura de la dependencia, cómo salir del círculo vicioso del desarrollo? ¿Es una ilusión el desarrollo nacional? ¿Es posible la autonomía económica en los Estados subalternos?  En todo caso fue una apuesta de los gobiernos populistas latinoamericanos durante las décadas de los cincuenta y sesenta. No vamos a concentrarnos en los resultados empíricos, que son, mas bien, mezquinos y parecen repetir la historia de la dependencia por otras vías. Sin embargo, respecto de los cuales, se puede aludir a las inconsecuencias políticas. Es preferible evaluar las consecuencias teóricas de la teoría de la dependencia, aunque siempre teniendo como telón de fondo la experiencia de las políticas de sustitución de importaciones. 

 

Uno de los connotados teóricos de la teoría de la dependencia es André Gunder Frank[15]. Es conocida su tesis sobre el sistema-mundo capitalista, dividido entre centro y periferia. También es conocida su tesis derivada de la dependencia. Se trata de una relación perversa entre centro y periferia. La estructura de la dependencia provocaría dos efectos opuestos, dependiendo del lugar desde donde se reproduce el sistema capitalista: Desarrollo y acumulación en el centro, subdesarrollo y desacumulación en la periferia. Esta estructura de la dependencia es la que explica la generación del subdesarrollo. Aunque el centro pueda extenderse y desprender otros centros derivados, atravesando la periferia, y estos centros recreen, a su vez, sus entornos periféricos, esta extensión y distribución repetida, de la misma división entre centro y periferia, no dejan de reproducir la estructura de la dependencia y sus consecuencias opuestas; empero, complementarias.  André Gunder Frank privilegia una perspectiva, que hace hincapié en la esfera circulatoria. Entonces de las tres esferas del modo de producción capitalista, la relativa a la producción, la correspondiente a la circulación y la referida al consumo, destaca la segunda para poder dibujar el diseño del sistema-mundo capitalista.   Uno de los libros más destacados, fuera del conocido sobre la teoría de la dependencia, es Lumperburguesía: Lumpendesarrollo [16]. Libro en el que muestra una de las estratificaciones claves de la estructura de la dependencia y del sistema-mundo capitalista, dividido entre centro y periferia, es la burguesía intermediaria de los países periféricos. Se trata de una burguesía subalterna, que renuncia a competir con la gran burguesía del capital financiero internacional, prefiriendo acurrucarse en su localismo, sin disputarle al capital internacional ni mercados ni inversiones. Hablamos de una burguesía mediatizadora y mendigante. Estrato dominante en su país periférico; empero la quinta rueda del carro en la maquinaria del capitalismo mundial.

 

    

 

La teoría de la dependencia de Gunder Frank ha sido criticada desde distintas posiciones. Desde posiciones marxistas ortodoxas, que no aceptan desplazamientos desde la teoría matriz a las nuevas categorías construidas, desde la perspectiva de la esfera circulatoria, dejando en una relatividad discutible la esfera de la producción. Quizás lo más interesante de este posicionamiento se encuentre en Heinz Dieterich, quien critica la visión inclusiva de Gunder Frank, al considerar éste como parte del sistema capitalista a las formaciones que instaura el colonialismo, las formas de explotación basadas en la servidumbre y el esclavismo[17]. Para Heinz Dieterich sino hay relaciones capitalistas en el trabajo, si no hay obreros, por un lado, y burgueses, por el otro, si no hay relaciones salariales, no se puede hablar de relación capitalista, menos de modo de producción capitalista, en sentido estricto.  Aparentemente la teoría de la dependencia deja de lado la revolución teórica de Marx, circunscribiendo el análisis en la esfera circulatoria, en el espacio delimitado por de los recorridos circulatorios.  Otro tema de discusión tiene que ver con la demarcación planetaria del sistema-mundo capitalista, entre centro y periferia.  De acuerdo a cierta ortodoxia, el modo de producción capitalista, como sistema económico es único e indivisible; se manifiesta, desde su constatación hegemónica, en todo el globo terráqueo.  Ocurre otra cosa si se plantea el problema desde la perspectiva de las formaciones económico-sociales nacionales. Desde esta óptica no se trata de un modo sistemático, no se trabaja de manera abstracta la reproducción social de las relaciones de producción, sino que, se plantea el problema de la especificidad de la realidad histórica.  En este sentido, se puede encontrar más de dos (central y periférico) grupos de formaciones económico-sociales nacionales, dependiendo del particular proceso de articulación vivido por las conformaciones sociales.  Se puede apreciar el aporte analítico e interpretativo de Gunder Franck, situando dos niveles de la teoría de la dependencia:

 

 

1) Desarrollar el análisis del capitalismo en su fase imperialista a partir de las relaciones de dependencia, constituida entre un centro y periferia del sistema-mundo capitalista.

 

 2) Derivar en una tesis del desarrollo capitalista, que crea subdesarrollo y dependencia.

 

 

En relación a la segunda variante del problema, habría que discutir antes la relación entre lo nacional y el Estado.  Porque de lo que se trata de saber es: ¿Qué es lo dependiente, qué es lo atrasado, el Estado o la nación o, quizás ambos? ¿Es el país como campo económico específico, compuesto por su distribución y sus estructuras determinadas? ¿Es el Estado compuesto por sus regímenes específicos, por áreas administrativas, estructurado jurídicamente como un equilibrio de poderes, articulado al ejercicio práctico de las dominaciones polimorfas? Yendo un poco más lejos, también podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Se puede hablar del atraso de la sociedad? Empero, si aceptamos esta pregunta, respecto a qué parámetros podríamos decir que una sociedad es atrasada. ¿Referentes económicos, sociológicos, culturales? ¿La solución metodológica es optar por indicadores de la estadística social? Como se puede ver, es discutible la misma tesis sobre el subdesarrollo, sobre todo cuando se comprende estos problemas, vinculados a las características descriptivas del sistema-mundo capitalista.

 

Al respecto, estrechando nuestra discusión a la relación entre Estado y nación, habría que escapar a la voluble comparación e inconsistente analogía que establece la equivalencia entre Estado y nación. Lo nacional no necesariamente es estatal, aunque el Estado adquiere una connotación territorial nacional.  Por cierto, delimitar lo estatal y lo nacional no es una tarea de orden filosófico; es de orden histórico-político. Al tratarse de formaciones sociales, de estructuraciones sociales historiables, será la cartografía de sus espaciamientos y territorialidades, la delimitación de los campos de sus localizaciones, de sus propias expansiones, de la ubicación de sus conmensurabilidades, de sus volúmenes, de sus densidades y de sus movimientos específicos, lo que permitirá el cumplimiento de esta tarea geográfica.  Sin embargo, la filosofía no está ausente en ésta distinción, ella se esconde en las definiciones, cuando se piensa en cierta forma de desciframiento histórico, cuando se ratifican las medidas, cuando se configuran los volúmenes, cuando se palpa las densidades, y cuando se ordenan los movimientos estratégicos.  La filosofía se manifiesta desde el comienzo mismo; ¿Qué otra cosa es el criterio diferenciador de la limitación sino concepción filosófica de la separación, de la escisión? Después de estas consideraciones, deberíamos preguntarnos acerca de las configuraciones filosóficas de los discursos sobre lo nacional[18].

 

                                                                                                                                                           

Rescatamos de este ensayo la crítica del proyecto neoliberal, que se comenzaba a implementar justo ese año, 1985. No como denuncia de la “conspiración neoliberal”, como acostumbra a hacer la “izquierda”, sino como crítica de la economía política, en su versión tardía, y crítica de la “ideología” neoliberal.  Creemos que es válida su interpretación del neoliberalismo, como discurso en la fase financiera del ciclo del capitalismo vigente. Por otra parte, de la misma manera, estamos de acuerdo con la apreciación de las contradicciones en la concepción económica neoliberal, que al configurar un fundamentalismo de mercado, no logra ver, está muy lejos de hacerlo, que el capitalismo, lleva necesariamente al monopolio y a la centralización. Que, desde esta evidencia empírica, no existe el mercado perfecto, salvo en sus cabezas metafísicas, aunque se trate de una metafísica simple e instrumental. Así también apreciamos la lectura singular de la singularidad de la mezcla del discurso neoliberal en boga y la astucia criolla. Por otra parte, coincidimos, ahora, con la crítica de la ortodoxia marxista y la aproximación al aporte de la teoría de la dependencia.

 

¿Qué diferencias tendríamos, desde nuestras interpretaciones actuales y aquélla interpretación crítica? Fuera de lo que resulta obvio, fuera de nuestra incursión en el pensamiento complejo, qué además supone nuestra crítica del marxismo como una nueva “ideología”, retomando la paradoja de Mannheim, concebimos ahora el sistema-mundo capitalista como una complejidad de espesores y planos de intensidad, no solo del campo económico, sino de distintos campos, por así decirlo, y espesores, no económicos. Además ponemos en duda el poder seguir nombrando la realidad social, que se nombraba como histórica-económica-social-política, que denominamos, ahora, tejido espacio-tiempo-territorial-social, como sistema-mundo capitalista, pues la complejidad no es interpretable, desde las connotaciones del concepto capitalista, que sigue reducido o circunscrito a sus interpretaciones economicistas.

 

Otra diferencia que debemos anotar es respecto a nuestra posición actual sobre la descentralización y la autonomía. Después de la Asamblea Constituyente, en el mismo proceso constituyente, sobre todo, después de la restauración del Estado-nación, por parte del gobierno neo-populista, después de la preservación del centralismo, del desmantelamiento de la Constitución y, en este desmantelamiento, de la anulación efectiva del pluralismo autonómico, sobre todo, de las autonomías indígenas-originarias, queda claro, que, en aquél entonces, nos dejamos llevar por un debate no solamente “ideológico” contra los supuestos “autonomistas”, las oligarquías regionales, sino un debate falso. Los “autonomistas” no eran, ciertamente autonomistas, desconocían el concepto y los alcances teóricos de una gran tradición de las luchas libertarias, en el país, de las luchas descolonizadoras de los pueblos indígenas. Los del MAS decían defender la soberanía nacional contra el proyecto separatista de la oligarquía cruceña; sin embargo, se ha visto, en la historia política reciente, que el gobierno progresista es el mejor gobierno de la burguesía boliviana, en ella, de la burguesía agroindustrial cruceña. El gobierno está más cerca del prejuicio político de la burguesía que del concepto constitucional de Estado Plurinacional comunitario y autonómico. La autonomía pluralista y la descentralización son, políticamente, indispensables y coherentes, además de necesarios, en el sistema político de la democracia pluralista, de la democracia participativa, directa, comunitaria y representativa.

 

Estas anotaciones las tenemos en cuenta cuando evaluamos la crítica de Joseph E. Stiglitz a la globalización, en su versión y hegemonía neoliberal. El premio nobel de economía efectúa una crítica honesta, transparente, a partir de su experiencia como asesor presidencial, como vicepresidente del Banco Mundial y de sus debates con el FMI. Sus descripciones del comportamiento, de las conductas, de las concepciones dogmáticas y fundamentalistas del FMI son elocuentes e ilustrativas. Además de ofrecernos anécdotas, que expresan persuasivamente lo que ocurrió y sigue ocurriendo, en lo que respecta a la repetición recurrente de recetas abstractas y generales, como salidas monetaristas a la crisis económica, a la crisis financiera, que, en realidad, de acuerdo a Robert Brenner, es crisis de sobreproducción[19]. Las anécdotas nos muestran figurativamente la estructura de poder del FMI.

 

El libro de Stiglitz El malestar de la globalización[20] es una de las pocas críticas fuertes, solventes, descriptivas, económicas y políticas, a las políticas neoliberales aplicadas globalmente, como si se tratase de un mundo homogéneo, equivalente a la imagen abstracta de la teoría económica neoliberal; teoría simple y circunscrita. Stiglitz no es radical, no se le puede atribuir una “ideología” de “izquierda”, a pesar de sus ponderaciones del Estado de bienestar, del mismo papel del Estado, que lo aproximan, mas bien, a la herencia keynesiana. No deja de considerar algunos aspectos positivos del FMI, también del dogmatismo neoliberal, ciertamente, en el contexto completo de sus desaciertos. Esta posición en la distribución del campo económico, del campo de la teoría económica, así mismo de la “ideología”, lo hace sugerente. Podemos decir que se trata de una crítica desde adentro, desde la barriga del monstruo, el sistema-mundo capitalista, sobre todo, desde sus mallas institucionales, convertidas en el orden mundial de las dominaciones polimorfas. Esto lo hace más sugerente todavía. Stiglitz es un profesional, un investigador, un economista, que cree en el desarrollo, que cree que es posible el desarrollo; que lo que ha fracasado no es el desarrollo o la posibilidad del desarrollo, sino las políticas impuestas por el FMI, por las potencias dominantes, que han inducido o, mejor dicho, impuesto como obligaciones y mandatos, ajustes estructurales a los países “en desarrollo”. Países que pedían apoyo del FMI, para obtener financiamiento, que pueda cubrir su déficit, su carencia de capitales, en momentos agudos de crisis económicas y sociales concretas. Estas políticas neoliberales, basadas en la privatización, la liberación de los mercados y la austeridad, mas bien, habrían, en la mayoría de los casos, empujado a la recesión; es decir, al ahondamiento de la crisis, arrastrando a las mayorías de las poblaciones a la miseria, ensanchando abismalmente la diferencia entre ricos y pobres; empujando a los “países en desarrollo” al subdesarrollo, en vez de lograrse el desarrollo.

 

No nos interesa, ahora, disentir con esta concepción desarrollista; esta crítica de la economía política del desarrollo la expusimos antes[21]; lo que importa es sacar las consecuencias analíticas, críticas, teóricas y políticas, de la crítica de Stiglitz, de sus descripciones; pero, también, en este caso, de sus conclusiones. Queda claro que no compartimos sus premisas, su paradigma teórico. Pero esta no es la discusión, sino la relativa al balance efectuado, por el autor, de la globalización, de las políticas de ajuste estructural, de sus lamentables logros, del FMI. Importa esto no solo por las connotaciones teóricas y políticas, sino también porque el FMI persiste, en la actualidad, con la misma receta, no solo en los países periféricos, sino también en países europeos, a los que empuja al abismo.

 

Desde nuestra lectura, ordenando por categoría sus conclusiones, diremos que la conclusión más significativa es la que califica de colonial la relación del FMI con los países usuarios “en desarrollo”. La segunda conclusión en categoría, nos parece que es la que califica la concepción operativa del FMI como fundamentalismo de mercado. El creer que todo lo resuelve el mercado, la mano invisible del mercado, cuando un mercado perfecto no existe, sino, mas bien, se requiere en ciertas áreas la participación del Estado.  La tercera conclusión, tiene que ver con la ineptitud de los profesionales, especialistas, doctores, del FMI, de entender cómo funciona el mundo efectivamente, de cómo funcionan, en concreto, las economías de los países. De reducir al mundo y a los países a un cuadro simple y abstracto de oferta y demanda, de equilibrio macroeconómico. La cuarta conclusión, es que la burocracia del FMI ni se inmuta ante los sucesivos fracasos de sus políticas implementadas; mas bien, persiste tercamente, segado por una prepotencia altanera, que supone su inefabilidad. La quinta conclusión, que no por quinta no es la menos importante, sino, hasta quizás la más importante, es la que devela que al FMI no le interesan para nada sus efectos destructivos en las sociedades, en su cohesión social, y en la gente; no le interesan los estragos que causa en la gente sus políticas.

 

Estas cinco conclusiones son cardinales en la comprensión e interpretación del orden mundial, que nombra como globalización, que funciona a partir de instituciones internacionales, distanciadas de las sociedades concretas y de los pueblos, apegadas a su mundo de representaciones, divorciadas del mundo efectivo. Interpretación, a la que no le vamos exigir radicalidad, sino que apreciamos por su honestidad, transparencia; sobre todo, por describir un cuadro ilustrativo e iluminador de las fuerzas dominantes en el mundo, de cómo funcionan, de cómo operan, a partir de qué relaciones de dependencia y subordinación, respecto a estados, que deberían ser soberanos; empero, el FMI no los considera, en el fondo, como tales. Sino los reduce a usuarios obedientes.

 

En un ensayo anterior sacamos una consecuencia de la lectura del libro mencionado de Stiglitz[22], dijimos que para él la globalización como tal no se llega a dar, debido a las desigualdades desatadas por estas políticas dogmáticas neoliberales, debido al truncamiento, en la práctica, del desarrollo deseado por y para los “países en desarrollo”. Que la globalización como tal corresponde a lograr el desarrollo, en sus distintas transiciones singulares, dependiendo de los contextos de cada país. Esta consecuencia tiene alcances de connotación teórica y política fuerte. Es posible la globalización, que nosotros nombramos como integración, es posible una gobernanza mundial, aunque él siga suponiendo la necesidad de los Estado-nación, en tanto que nosotros hablamos de la gobernanza mundial de los pueblos. A condición de que los organismos internacionales operen como apoyo, no como maestros, ni como déspotas, nuevos colonialistas, rescatando los saberes de los países, apoyando la formación de consensos en las transiciones.

 

Claro que la gran diferencia con la interpretación crítica de Stiglitz radica en su concepción positiva del capitalismo, que considera, aunque no lo exprese abiertamente, como realidad, en el sentido de naturalidad, y nuestra interpelación crítica y activista contra el capitalismo, el sistema-mundo capitalista, en todas sus formas y variantes, sus formas dominantes financieras, su forma especulativa adquirida y su exacerbada desmesura extractivista. Pero, como hemos dicho antes, no se trata de entablar esta discusión, bastante conocida, sino de ponderar el alcance y la irradiación de una crítica desde la teoría económica, de herencia keynesiana, desde la experiencia, desde la apreciación de realidades concretas de los países, sus economías y sus dramas.

 

Stiglitz distingue los papeles del BM y del FMI. El primero, encargado de promover el desarrollo de los países “en desarrollo”; el segundo, encargado del equilibrio económico mundial. Algo que no sabíamos, a ciencia cierta, que esta distinción era notoria a ojos de los miembros de estas instituciones, del mismo Stiglitz, sobre todo, de las repercusiones diferenciales del ejercicio de ambas instituciones. Nos hemos acostumbrado a meterlas en la misma bolsa. Distinguirlas, para nosotros, no quiere decir que el BM escaparía a la crítica, sino que es indispensable, desde nuestro punto de vista, no solamente en el sentido de comprender la complejidad, sino comprender la composición diferencial del orden mundial, de su malla institucional, de sus dispositivos económicos y financieros. No hacerlo equivale a reproducir dogmatismo, por el lado de la “izquierda”, como los fundamentalismos expresados, por el lado de la “derecha”. En pocas palabras, es no solamente apostar a abstracciones desoladoras e inútiles, sino, lo peor, a derrotas.

 

Del texto citado de 1985 nos interesa también la crítica de la metafísica de la economía. En aquel entonces hablaba de metafísica en el sentido de la crítica de Jacques Derrida a la metafísica, a la historia y a la semiología; metafísica que se hacía carne, por así decirlo, en las formas de dominación transversales, que nombraba como falo-centrismo, fono-centrismo y logo-centrismo. La metafísica, entonces, era concebida por Derrida y por nosotros, compartiendo la tesis, como vaciamiento, como narrativa civilizatoria dominante, que excluye la escritura como danza, como gramatología, como diferencia, como espesor, como cuerpo.

 

Cuando calificábamos al discurso neoliberal como parte del discurso metafísico de la economía, discurso, que nos parecía y nos sigue pareciendo como más elemental, en comparación con otras teorías económicas, por así decirlo, burguesas, aunque ya no compartimos estas reducciones, sin necesariamente considerar al marxismo, que, en efecto, tiene en común mucho con estas teorías, su economicismo, su determinismo económico, lo hacíamos, en el sentido definido más arriba.

 

Al leer a Stiglitz, en El malestar de la globalización, recordaba este texto de 1985, pues el autor de El malestar nos muestra ilustrativamente y anecdóticamente la manifestación patente de esta metafísica. En el texto mencionado, Crítica del discurso metafísico de la economía, se consideraba, además, la relación de metafísica y violencia, retomando al ensayo de Derrida sobre Emmanuel Levinas, de su ontología critica de la violencia[23].  Es esta tesis la que desarrolla Derrida; la metafísica, como él la concibe, solo es posible por la efectuación demoledora de la violencia; violencia del sigo contra el símbolo, violencia del logos contra el acontecimiento, violencia del hombre contra la mujer. Violencia del poder contra el cuerpo. Aunque suene todo esto muy teórico, nos parece esta interpretación consecuente, pues hace hincapié en la relación profunda, concomitante, entre economía y violencia; es decir, en el ejercicio y efecto del poder, despliegue de las dominaciones efectivas y polimorfas.    

 

 En lo que respecta a la Crítica de la economía generalizada, concebimos la complejidad, sinónimo de realidad, en este tejido, el sistema-mundo capitalista como una integración articulada y dinámica de múltiples economías políticas, que valorizan lo abstracto y desvalorizan lo concreto, sustentando plurales fetichismo y lo que podemos denominar la “ideología” generalizada. En consecuencia, lo que se nombra como capitalismo, no puede explicarse desde el plano de intensidad económico, sea la teoría que sea la que interpreta, pues este plano de intensidad económico no es autónomo, ni está autonomizado, como supone la ciencia económica, también la sociología, sino que se encuentra articulado a múltiples planos de intensidad y espesores de intensidad. Este desplazamiento hacia la perspectiva de la complejidad, implica interpretaciones complejas del tejido social presente en la simultaneidad dinámica.

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Crisis de la democracia representativa

 

 

Política y democracia

 

 

 

 

Nos hemos ocupado de estos temas y tópicos; temas en tanto campos teóricos; tópicos en cuanto espaciamientos o campos referenciales; por lo menos, en tres periodos secuenciales. Primero, durante el periodo de Comuna; después, en el periodo de evaluación crítica, después del proceso constituyente; en tercer lugar, recientemente, cuando incursionamos, desde la perspectiva del pensamiento complejo. Quizás en los tres periodos haya algo compartido, una premisa, la que enuncia la equivalencia entre política y democracia. Compartimos o asumimos la tesis de Antonio Negri, expuesta en el Poder constituyente[24]. La política es inmediatamente la democracia; el ejercicio pleno de la política es el desborde del poder constituyente; el autogobierno popular es la efectuación evidente de la democracia. Los límites impuestos al poder constituyente por parte del poder constituido son límites al ejercicio de la política, son limitaciones impuestos a la efectuación de la democracia. Entonces, el poder constituido aparece como negación del poder constituyente; la política institucionalizada aparece como negación de la política; la democracia formal aparece como negación de la democracia efectiva.

 

En la misma perspectiva, se comparte, en los tres periodos, la tesis de Jacques Rancière de que la democracia es la suspensión de los mecanismos del poder[25]. Forma de autogobierno, basada en el prejuicio de la igualdad. También, en este caso, se supone la equivalencia entre política y democracia. En otras palabras, en términos de ecuación, la política es democracia y la democracia es política.

 

Lo que ha cambiado en los tres periodos, para decirlo resumidamente, es la perspectiva teórica; en el primer periodo, se formulaba el análisis crítico desde la perspectiva del marxismo crítico y desde la perspectiva descolonizadora indianista; en el segundo periodo, el análisis crítico se enunciaba desde desplazamientos epistemológicos, que comenzaban con la crítica al marxismo, incluso crítico, además de comenzar también la crítica al fundamentalismo indianista; en el tercer periodo, el análisis crítico se desenvuelve desde el pensamiento complejo

 

Volvemos, ahora, a la reflexión sobre la relación política y democracia, desde el pensamiento complejo, en la secuencia analítica e interpretativa del sistema-mundo político. Esto es necesario, pues en los ensayos, que reflexionan sobre este plano de intensidad político, hablamos de sistema-mundo político, como plano de intensidad de los planos y espesores de intensidad, articulados e integrados del sistema-mundo capitalista; empero, todavía no aclaramos, nuevamente, qué entendemos por política, en esta complejidad.

 

Como dijimos en Acontecimiento político[26], la política supone la pluralidad; en esto compartíamos la tesis de Hannah Arendt[27]. Hay política en el ejercicio de la pluralidad. Sí, pero, de qué ejercicio hablamos. Podríamos salir por el lado fácil; decir, por ejemplo, el ejercicio de la democracia. Interpretación que compartimos, como expusimos anteriormente. Sin embargo, desde la perspectiva de la complejidad, ¿cómo se configura la política?

 

Recurriendo a nuestras hipótesis prospectivas, donde comprendemos que el plano de intensidad político forma parte de los múltiples planos y espesores de intensidad, articulados e integrados, en la simultaneidad dinámica. No hay pues ningún plano autónomo, aislado, que pueda comprenderse por sí mismo, como sugería el pensamiento de la episteme moderna. Desde esta perspectiva, la de la complejidad, la política no solamente es un acontecimiento, entendido como multiplicidad de singularidades, sino que adquiere su sentido inmanente, en el tejido espacio-tiempo-territorial-social, en la articulación singular con otros acontecimientos, como, por ejemplo, el acontecimiento de la movilización social anti-sistémica, así como, en contraste, con el acontecimiento capitalista, sobre todo, en lo que respecta a la institucionalidad de la forma Estado. La política no es una esencia, ni puede definirse por un concepto abstracto racional. La política es un fenómeno complejo, que se da en distintos planos y espesores de intensidad, en la intersección o nudo que vincula estos planos y espesores. La política aparece en el imaginario social, adquiere una connotación en la “ideología”, se expresa en formaciones discursivas, se realiza en esquemas de comportamientos y conductas, si se quiere en habitus; pero, también, en deconstrucción de habitus. Desborda en la materialidad explosiva de los flujos de fuga, en el desencadenamiento de los movimientos sociales; se cristaliza, negándose, a pesar de que no cambie el discurso, en las mallas institucionales del Estado.

 

La política, no como concepto, sino la política como prácticas populares, colectivas, sociales, de autogobierno, como pragmatismo político, en el sentido del pragmatismo lingüístico, como efectuación de la potencia social; entonces, la política se manifiesta en la complejidad, sinónimo de realidad, como creación y recreación irradiante de la potencia social. La política no es un concepto o representación, sino, mas bien, espesor de prácticas sociales de autogobierno. El concepto o la representación sirven para aclarar lo que se hace o para interpretar las prácticas políticas. Los conceptos pueden cambiar, mejorando sus interpretaciones; las prácticas pueden desenvolverse de manera efectiva, aprendiendo de la experiencia social.

 

Sin embargo, no puede darse este ejercicio plural de la política, sin la equivalencia de los componentes, de los individuos, de las mónadas, que se asocian, que componen, que combinan composiciones, que transforman, de forma libre y voluntaria. No hay política sin democracia. La efectuación de la democracia es la realización del autogobierno del pueblo; es el gobierno del pueblo. En los tres periodos, desde distintos campos teóricos, hemos criticado la reducción perpetrada de la democracia formal, representativa y delegativa. Concebimos la democracia institucionalizada como una usurpación de la democracia efectiva, plena, una usurpación de la voluntad colectiva del pueblo, por parte de los representantes. Desde la perspectiva de la complejidad, debemos explicarnos cómo ocurre esto, cómo se da esta usurpación, considerando, ahora, el entrelazamiento de planos y espesores de intensidad de la complejidad. Antes, en el primer periodo, la respuesta fue dada desde la tesis crítica del Estado; en el segundo periodo, desde el despliegue de la crítica evaluativa, que enfoca las contradicciones inherentes en los procesos políticos. En, las primeras incursiones, desde la perspectiva del pensamiento complejo, pusimos en juego la tesis del círculo vicioso del poder, diferenciando poder de potencia[28]. En la siguiente incursión, planteamos la tesis de la decadencia, poniendo en juego la interpretación de la diseminación[29]. Ahora requerimos comprender este fenómeno de la usurpación a partir de las conformaciones que se dan en los distintos planos y espesores de intensidad de la complejidad. En un ensayo reciente sobre los movimientos sociales antisistémicos, desde la perspectiva de la complejidad, propusimos que las instituciones, las mallas institucionales del Estado, mas bien, resisten, en sentido conservador, el desborde de las sociedades alterativas[30]. Esta tesis nos llevaría a comprender la política, en sentido restringido, en sentido institucional, como resistencia instrumentalizada por parte del Estado, ante el desborde constante, permanente, de las sociedades alterativas, en devenir. Sociedades alterativas que desprenden, mas bien, la política, en sentido pleno, en sentido no institucionalizado, como flujos creativos de la potencia social.

 

La democracia, el autogobierno del pueblo, es latente en los decursos, prácticas, despliegues de las sociedades alterativas; sin embargo, no se realizan institucionalmente, salvo en cortos periodos, en excepciones a la regla, en lugares de alta intensidad política. Hasta ahora, el autogobierno efectivo del pueblo ha sido truncado o evitado por el decurso del círculo vicioso del poder. La pregunta entonces es: ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad complejas para realizar institucionalmente el autogobierno del pueblo; es decir, la democracia efectiva y plena?

 

En escritos anteriores[31], propusimos algunas hipótesis políticas; resumimos su exposición:

 

1.   Salir de la “ideología”; es decir, del fetichismo de las representaciones.

 

2.   Salir de las mallas institucionales, ancladas en su constitución, afincadas en su normativa congelada, siendo soportes de la legitimación de las dominaciones polimorfas. Salir, entonces, del fetichismo institucional.

 

 

3.   Salir de la episteme moderna de los esquematismos dualistas, que expresan, teóricamente, la economía política generalizada.

4.   Salir de la concepción política, definida en el esquematismo dualista amigo/enemigo. Que no es otra cosa, que la repetición, en otra formación discursiva, en otra “ideología”, moderna, del esquematismo dualista religioso fiel/infiel. Ir, entonces, más allá del dualismo político del amigo y enemigo.

 

5.   Liberar la potencia social de las capturas institucionales del poder.

 

 

Para decirlo, también resumidamente; estas hipótesis políticas nos llevan a sugerir que la usurpación acaece cuando no se cumplen estas salidas, esta liberación de la potencia social. Cuando parte de las fuerzas de la potencia social son capturadas por las mallas institucionales, coadyuvando a la reproducción de las estructuras de poder. Ahora bien, ¿qué pasa en la articulación de los planos de intensidad y los espesores de intensidad, acoplados, de la complejidad, para que ocurra esto?  Vamos a sugerir otras hipótesis prospectivas, abriendo otras interpretaciones, desde la perspectiva de la complejidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hipótesis prospectivas sobre las limitaciones de la política y la democracia

 

1.   La usurpación de la democracia, del autogobierno, de la voluntad colectiva, mediante la representación y la delegación, en la democracia formal, solo puede ocurrir institucionalmente; es decir, solo puede acontecer en el imaginario, “ideológicamente”, y en la materialidad institucional. No ocurre en la sociedad alterativa, que sigue sus cursos, autónomamente, por así decirlo, de la representación autocomplaciente de las mallas institucionales. Entonces, ocurre tanto imaginariamente como en la materialidad institucional conservadora; por lo tanto, en las burbujas que edifica y establece, afincándolas, el poder, las estructuras de poder.

 

2.   La usurpación política, en sentido restringido, se expresa no solamente en las teorías conservadoras del Estado, de la filosofía política y la ciencia política, sino también en las narrativas institucionales, que se construyen a partir de una trama teleológica.

 

 

3.   La usurpación política, en sentido restringido, se realiza por el ejercicio del poder, que despliega diagramas de poder, cartografías de fuerza, estrategias instrumentalizadas e institucionalizadas, que se inscriben en la piel, se sumergen en la carne, constituyendo subjetividades domesticadas, dóciles, disciplinadas, subordinadas.

 

4.   El montaje de la democracia formal, que es producto de esta usurpación política, corresponde al teatro político de las distintas expresiones políticas e “ideológicas, aunque encontradas, contradictorias, antagónicas, en concurrencia, comparten el fetichismo del poder, se encuentran formando parte del círculo vicioso del poder, repitiéndolo en sus distintas formas y versiones.

 

 

5.   La conformación del sistema-mundo político, en paralelo, con la conformación de la economía-mundo capitalista, con la cultura-mundo, en la modernidad y en la híper-modernidad - que son planos de intensidad, político, económico y cultural, integrados en la articulación e integración compleja del sistema-mundo capitalista - refuerza, expande, generaliza, homogeneiza, prolonga, esta usurpación a escala mundial. Acarreando consecuencias de inhibición de la potencia social de los pueblos, configurando una geopolítica del sistema mundo capitalista, que diferencia centros de periferias; ahora, en la contemporaneidad actual, estableciendo también una zona móvil de las potencias emergentes.

 

6.   La usurpación política, efectuada a escala mundial, así como a las escalas nacionales, puede comprenderse, como las resistencias conservadoras del orden mundial de las dominaciones, orden mundial compuesto por los Estado-nación, tanto dominantes como subalternos, ante el desborde de las sociedades alterativas, ante la posibilidad de la alianza mundial de los pueblos, en el horizonte político de la confederación de autogobiernos de los pueblos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La concepción inocente

de la democracia

 

 

 

 

Hay ciertamente distintas y variadas teorías de la democracia, tanto en la ciencia política así como en la filosofía política. La forma, las características, los contenidos, hasta las expresiones y los alcances, dependen, en parte, del paradigma, por así decirlo; también de la metodología de investigación. Sin embargo, no se puede olvidar, menos en este asunto, de la política, que, sobre todo, depende de la corriente “ideológica”. De todas maneras, estas teorías de la democracia, elaboradas en el horizonte de las epistemologías de la modernidad, que privilegian o aíslan algún plano de intensidad, el plano político, en este caso, para estudiar el desarrollo de la democracia; concibiéndola también como parte de este plano de intensidad o como una temática propia del campo político, con sus propias características y especificidades. Desde nuestra perspectiva, la que incursiona el pensamiento complejo, vemos que esta manera de enfocar la democracia no solo es restrictiva y abstracta - al aislar el plano de intensidad político del conjunto de planos y espesores de intensidad de la complejidad política y social, complejidad articulada e integrada, en forma de simultaneidad dinámica; articulación integrada que hace posible los fenómenos que reconocemos como políticos, que hace posible, entonces,  el ejercicio de la democracia -, sino que también son teorías cándidas, por no decir simples.

 

En las corrientes liberales de estas teorías, se supone el individuo abstracto, ni siquiera el homo politicus, tampoco el homo economicus; casi como unidad cuantificable, el votante o el elector. A partir de este supuesto, generan sus axiomas, que no abandonan la divagación abstracta; reduciendo las prácticas políticas, incluso si se tratase de solo las decisiones electorales, a comportamientos conmensurables, que ayudan, por eso, a definir las formas democráticas, que reducen también, casi siempre, a las formas y reglas electorales. La democracia efectiva, como autogobierno del pueblo, autogobierno que no puede ser sino pleno, ha sido no solo aminorado a la condición restrictiva de democracia limitada de la institucionalidad constituida, sino que, también, ha sido comprimida esta democracia formal al juego numérico de mayorías y minorías. Estas reducciones sucesivas llevan a una comprensión no solo abstracta,   fuera de la historia efectiva y singular de los pueblos concretos, sino también fuera de las predisposiciones individuales, que al agruparse, conglomerarse, acumularse, generan efectos masivos, quizás incontrolables o inesperados. Por esta heurística los problemas efectivos de la democracia terminan substraídos a la formas sin cuerpo de la lógica y a las regularidades de los grandes números, empleando una aritmética de las probabilidades, ciertamente en sus recursos más elementales.

 

Adam Przeworski publica Qué esperar de la democracia. Límites y posibilidades del autogobierno[32]. Libro, que si bien, es sugerente por su actualidad, por la evaluación descriptiva del debate, de las teorías de la democracia, sobre todo, de los problemas presentados al ejercicio de la democracia. Así también por la puesta en juego de teorías analíticas, que optan por soluciones operativas, para los problemas y desafíos que afronta la democracia, como ejercicio y como apertura, que ausculta  las posibilidades de la democracia, la superación de sus límites, de su “autogobierno”, por cierto restringido a la representación y delegación. De todas maneras, reproduce las restricciones epistemologías de las teorías de la democracia de la modernidad. Fuera de lo que dijimos, el supuesto de un individuo abstracto, sin carne ni huesos, sin experiencia, sin memoria, sin historia singular, fuera de moverse en un plano de intensidad aislado, por lo tanto campo abstracto, el problema mayúsculo es que considera la democracia, sus contingencias, desafíos, problemas, sin estructuras de poder que la atraviesan. ¿Cómo se puede estudiar las fenomenologías políticas sin considerar las estructuras y las relaciones de poder? Cuando precisamente la política es un acontecimiento que tiene como cuestión primordial al poder, ya sea para de-construirlo, diseminarlo, desmantelarlo, en el caso de la política, en pleno sentido de la palabra, o, si se quiere, de las concepciones radicales; ya sea para, mas bien, lograrlo, realizarlo, mejorarlo, prolongarlo. Esta exclusión del núcleo problemático de la política, incluyendo a la democracia, no hace operativa la investigación y el estudio de la democracia, por más que quiera hacerlo; al contrario, las anula, pues lo que estudia no es la democracia efectiva sino una representación reducida y esquemática. Tampoco logra una explicación adecuada a la problemática y a la complejidad del tema y del tópico. Que, de todas maneras, se siga adelante con esta enorme falencia, muestra que a la academia no le interesa comprender, tampoco conocer, los procesos políticos y democráticos, sus “lógicas” inherentes, sus mecanismos y dinámicas, sino que le interesa sustituir esta realidad efectiva y singular por modelos teóricos, que aunque digan poco de su campo de estudio, terminan usándose como herramientas de análisis de algo que está ausente. La academia levita, navegando el océano de sus divagaciones, cuyas corrientes marinas responden a paradigmas esquemáticos, que por su simpleza compendiada, naufragan irremediablemente.

 

De entrada, el autor, renuncia al ideal de democracia, postulado en las concepciones antiguas y clásicas de la democracia; reduce la democracia a lo posible, viable y operativo. En otras palabras, reduce la democracia a la legitimación del orden, por lo tanto, a la legitimación de la estructura de poder vigente. Entonces la democracia no libera, no emancipa, tampoco iguala, a pesar de que va a ser, este de la igualdad, un línea fundamental en su análisis. Se entiende ahora, que al desentenderse del núcleo primordial de la política, del poder, le sea fácil esta operación con bisturí analítico, de reducir el ejercicio democrático a la legitimación del poder; por lo tanto, de su institucionalidad central, del Estado, en su forma de República. Przeworski no solo comparte el fetichismo “ideológico” liberal, sino que presenta la narrativa “ideológica” de legitimación como técnica democrática. Para caracterizar estos procedimientos analíticos, diremos, irónicamente, que esto es como elevar el efecto “ideológico” a la segunda potencia, al pretender neutralidad técnica y analítica.

 

Por otra parte, y esto es grave, reduce el autogobierno del pueblo a la representación, a la delegación, a la métrica de mayorías y minorías, a una caricatura probabilística. De sopetón tira por la borda la historia del debate teórico, político e “ideológico”, de corrientes tanto radicales como liberales y conservadoras. El prestigio académico le ayuda a esta osadía; sin embargo, el prestigio no resguarda, de ninguna manera, de inexcusables errores conceptuales, incluso de investigación y de metodología de estudio. Puede consumirse, como se puede entender, estas divagaciones analíticas, ordenadas, pretensiosas, exhibidas como análisis serio, en forma de narrativas teóricas, en esos espacios académicos, separados de las sociedades efectivas, por la distancia y el distanciamiento; es decir, el aislamiento institucional, que suspenden en el aire a estos establecimientos de formación. Este consumo intelectual no es más que un fenómeno ilusorio, en el espacio aislado, en el tiempo provisional, sostenido por otras ceremonialidades del poder, las relativas a las ritualidades académicas. Es muy difícil aceptar este consumo como parte del conocimiento efectivo, del saber propio, de las ciencias acumuladas, que, al final de cuentas, pueden constar como instrumentos interpretativos de la experiencia social y de la memoria social, instruir las formas de prácticas sociales; por lo tanto, forjar las genealogías sociales. Aunque las teorías clásicas, antiguas y modernas, hayan sido desplazadas por otras teorías más abarcadoras, más complejas, con mayor horizonte, esas teorías clásicas forman parte del aprendizaje humano. Empero, cuando nos vemos ante estas narrativas pretensiosas, reclamándose como técnicas y neutrales, que terminan estudiando los fantasmas que emergen, una vez que se acaba con los cuerpos, quedamos asombrados ante la producción discursiva que analiza lógicas y cantidades, obviando el sostén material, de cualquier lógica, de cualquier magnitud. Sostén material compuesto por multiplicidades singulares de procesos y acontecimientos singulares.

 

¿Es parte de la decadencia académica, cobijada en la decadencia de la cultura-mundo de la híper-modernidad? ¿Son los sofisticados dispositivos de poder, especializados, para producir verdades envasadas, para el consumo mediatizado del gran público, una vez que haya sido consumido, de manera directa y apropiada, por los intelectuales? Si algo tenemos que reconocer a estas producciones académicas es que gozan de abundante información, de acceso a fuentes, sin descartar una tocante cosmopolita erudición. Tampoco podemos desconocer su privilegiada formación académica, que ciertamente es ponderable; empero, lo que es difícil entender es que semejante formación, erudición, información, acceso, termine produciendo una redundancia vacía.

 

No está demás hacerse la pregunta, aunque sea anecdótica, de ¿cuándo se perdió la academia? Ciertamente nos referimos a las facultades y las carreras de las llamadas ciencias sociales; no estamos hablando de las otras facultades, vinculadas a las ciencias físicas y matemáticas; de la misma manera, no hablamos de las ciencias biológicas, como tampoco de las ciencias tecnológicas. Así mismo no nos referimos a las denominadas ciencias humanas, como la historia y la lingüística, que no comparten esta diseminación teórica, cognitiva y analítica. No vamos a referirnos a ellas, estas últimas, en este ensayo, ya lo hicimos en otros anteriores[33]. Parafraseando a Edmund Husserl podríamos hablar de la crisis de las ciencias sociales; pero, no lo vamos a hacer, pues la problemática de la crisis epistemológica va más lejos de lo que visualiza el mismo Husserl, en su momento pertinente, cuando hablaba de la crisis de La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental[34].

 

Antes de ocuparnos de esta pregunta anecdótica, recurriremos a una interpretación de parte del libro citado; la otra parte, que corresponde al desarrollo de lo emprendido; expuesto en sus piezas componentes, enseñado en el análisis de su “condiciones”, hipótesis, axiomas. Esta otra parte será analizada en otros ensayos.

 

En la introducción de Qué esperar de la democracia, se presenta la tesis fundamental del libro. Hay diferencias conceptuales en la historia filosófica, teórica y de la ciencia política, sobre todo, en lo que respecta a lo que se podría llamar utopía democrática; en contraste con el “pragmatismo” democrático, “pragmatismo” no del sentido que rescatamos, del pragmatismo lingüístico, sino del “pragmatismo” reductivo, reducido a la facticidad instrumental.   Como dijimos, se excluyen las relaciones y estructuras de poder en el análisis de la democracia; empero, se sustituye este vacío por el eufemismo de categorías como ideales, acciones e intereses, que pretenden definir tópicos políticos, desde una pretendida neutralidad. El contenido de la democracia viene estructurado por “condiciones”, que hacen de hipótesis, además de aparecer como axiomas, de la igualdad, la participación, la representación y la libertad. Entonces, lo que se estudia son las variadas composiciones de estas “condiciones” de la democracia.

 

En el capítulo El autogobierno del pueblo, se analiza este otro nombre de la democracia, considerando la historia del debate, sobre todo en los aquellos tiempos de la modernidad, cuando se instauraban las primeras repúblicas. Entonces, se distingue el ideal de autogobierno de su realización institucional y operativa, del ejercicio empírico de la democracia, en sentido restringido. ¿Qué quiere decir autogobierno del pueblo? ¿Cómo se puede lograr y viabilizar el autogobierno, sin entrar en mayores contradicciones? Se evalúan, al respecto, las experiencias de las democracias dadas, principalmente en el llamado “occidente”; también se comparan y contrastan las teorías, puestas, en mesa, partiendo de la lectura de El Contrato social de Juan Jacobo Rousseau[35]. Lo que es significativo, es el tratamiento del tema, del autogobierno, en el contexto de la heterogeneidad; por lo tanto, ante el desafío de la pluralidad. Sin embargo, esta heterogeneidad no es tratada en sus espesores, en su complejidad, sino como variedad de opciones individualizadas, en el contexto demográfico del pueblo, que es la población.

 

Por otro lado, se analiza el ejercicio de la democracia, sobre todo, sus procedimientos y sus formas operativas, como método de resolución de conflictos. Estos conflictos se remiten al problema de las aproximaciones; ¿qué procedimientos cuantificables se aproximan más al ideal? Entonces, la aproximación a la utopía se efectúa o se traslada a la técnica electoral, a la cuestión de mejorar la decisión colectiva, de tal manera que se maximice el alcance de las mayorías y se minimice el impacto en las minorías. Acompañando a esta concepción metodológica de la democracia, se evalúa el alcance de la rotación de los cargos, como forma adecuada al autogobierno.

 

Se exponen dos teoremas; uno, el teorema de la igualdad-anonimato. Adam Przeworski escribe:

 

Igualdad significa que todos los individuos tengan el mismo peso en la decisión de la colectividad. El anonimato requiere que la decisión colectiva sea la misma si cualesquiera dos individuos intercambian sus preferencias. Si el anonimato debe ser aplicable a todos los pares de individuos posibles (“dominio abierto”), entonces se puede satisfacer si todos tienen el mismo peso. Por lo tanto, la igualdad y el anonimato son equivalentes sobre el dominio abierto[36].

  

El otro; teorema de la neutralidad. El autor escribe:

 

La esencia de la condición de neutralidad es que no se debe favorecer ninguna opción independientemente de las preferencias individuales. Esta condición suele formularse diciendo que las decisiones no deben depender de los nombres unidos a las alternativas[37].

 

                                                                                     

Como se puede ver, los dos teoremas no son teóricos, sino operativos. Establecen categorías, ya no conceptos, como igualdad, anonimato, neutralidad, para viabilizar la aplicación, también para lograr la cuantificación.  En otras palabras, el problema de la realización del autogobierno del pueblo, es decir, de la democracia, se ha ceñido a la resolución técnica, si se puede hablar de técnica, en este caso, del peso equivalente de los electores, así como de la conmutabilidad de sus preferencias.  Presentando estas soluciones democráticas como independientes de las preferencias. Pero si, como dice el mismo autor, garantizando el statu quo

 

Esta interpretación de la democracia, del autogobierno del pueblo, no es, evidentemente, crítica; al contrario, es una exposición de legitimación del régimen, pretendidamente democrático, aunque se declare reconociendo que es restringido y limitado. No toca para nada, los problemas efectivos, históricos-políticos-culturales, dados en su singularidad local, nacional, regional y mundial, considerando distintos periodos, incluso épocas. No se toca para nada la crisis de la democracia formal, institucionalizada. Ya Jürgen Habermas tocó, hace tiempo, en Historia y crítica de la opinión pública[38], uno de los focos desencadenantes de esta crisis, catalizador de la crisis,  referido a la desaparición de la opinión pública, a la inhibición del raciocinio; también evaporación de la intimidad, produciéndose, mas bien, el fenómeno de su exteriorización en lo público-mediático. Sustituyéndose por el artificio masivo de los medios de comunicación de masa, suplantando la deliberación por el montaje y el teatro político del Congreso, donde se llevan ya las decisiones del partido, que pueden haberse negociado antes, al margen de la opinión de los ciudadanos. Hay otros promotores de la crisis de la democracia formal; de estos temas hemos hablado en otros ensayos[39]. Lo que importa anotar, es que Przeworski no retoma esta tradición crítica de la acción comunicativa, tampoco de los problemas de legitimación, que consideraron los trabas de la democracia como los relativos al desvanecimiento de la ciudadanía efectiva, en lo que respecta a ser tomados en cuenta en la construcción de las decisiones políticas.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

 

 

 

 

 

 

 

Democracia representativa

Desigualdades sostenidas sobre el supuesto de la igualdad  

 

 

 

 

 

Si bien hemos hecho una lectura crítica de Qué se espera de la democracia, de Adam Przeworski, es posible otra lectura del mismo libro, si lo hacemos, no desde las pretensiones del mismo, que, resumidamente se presenta como Límites y posibilidades del autogobierno, que es el subtítulo del libro. Como auscultando en el núcleo problemático del gobierno del pueblo, de la democracia, como acontecimiento político; sustentado en el pre-juicio de la igualdad y en las íntimas y concomitantes relaciones entre la revolución política y la revolución social; independientemente de las interpretaciones “ideológicas, efectuadas, por unos y por otros, sean estas radicales, liberales o conservadoras. El libro no es teórico, tampoco se mueve en las reflexiones paradigmáticas de la filosofía política; no se puede decir que propone una teoría nueva política, ni menos una teoría nueva de la democracia. Es un libro descriptivo, con instrumentos analíticos valiosos, no solamente para medir, conmensurar, manejar series de indicadores, que le permiten ponderar las tendencias inherentes a lo que, nosotros, llamamos crisis de la democracia formal, en tanto el autor habla de límites y posibilidades de la democracia. Entonces Qué se espera de la democracia adquiere otro perfil, si entendemos que se trata de una investigación descriptiva y analítica de las relaciones, particularidades, enumeraciones y explicaciones, que expone de manera ilustrativa, iluminando los detalles de una institucionalidad política; también histórica, en la medida que los escenarios históricos aparecen, donde la construcción de las instituciones representativas se instala, desarrollando sus estructuras, incidiendo en la sociedad y el Estado. De la misma manera, por cierto, en la política. Con recurrencia a fuentes apreciables, además de contar con una bibliografía exhaustiva. Entonces la connotación del libro es altamente apreciable. La lectura posible es otra, así mismo la interpretación que podemos desplegar. Desde este otro enfoque, respecto del texto, en el contexto del debate; vamos a exponer esta otra lectura.

 

La historia de las instituciones representativas de la democracia formal institucionalizada es sinuosa; con avances y retrocesos, con ampliaciones diferidas, que se deben, casi siempre, a conquistas sociales, a luchas, a victorias, de los y las que llamaremos demócratas, para diferenciarlos de los conservadores, incluso de los liberales. Por el momento no son importantes las diferenciaciones “ideológicas” y políticas, al interior de estos conjuntos políticos. Interesa, si se quiere, una inclinación general, que comparten, como tendencia. En principio son pocos los países donde aparece esta forma de gobierno, que convierte al pueblo en interlocutor privilegiado, además en referente de la legitimación de la democracia representativa. Después, el número va creciendo, aunque lentamente, sin dejar de tener pérdidas; es decir, retrocesos, retornos, a formas de gobiernos no-democráticos. Sin embargo, se dan saltos, debido a crisis políticas, sociales y económicas; se dan revoluciones, como la revolución francesa, también como la guerra anticolonial de Haití, antes, como la guerra anticolonial norteamericana, que ocasionan implementaciones institucionales democráticas de gran alcance, instaurando republicas; entonces, constituyendo Estado-nación modernos.

 

Son estas experiencias políticas, las que pueden considerarse el substrato material de las transformaciones estructurales del Estado, así como también de las expansiones, que se van a dar en el mundo; aunque a distintos ritmos, según los periodos. Esta es la razón por la que Przeworski se concentra en estas experiencias políticas, en el debate y en las reflexiones que generan, en exposiciones encontradas y contradictorias, en expresiones “ideológicas” distintas y enfrentadas, que, de todas maneras, tienen en común un problema, la democracia. Para unos, se trata de cómo implantarla; para otros, de cómo limitarla. Aunque no es el único campo de estudio, ni el único núcleo problemático, de todas maneras, es, después de estas experiencias intensas, que se proyecta, por así decirlo, la teoría de la democracia, que también puede ser considerada como teoría de la república moderna. Sobre todo se construye, se edifica, en pleno sentido de la palabra, la materialidad institucional de la democracia representativa. La historia de las instituciones representativas es como subir cuesta arriba, sobre todo, al principio. A pesar de la Declaración de los Derechos del Hombre, que supone la igualdad de los humanos al nacer, la aplicación de la democracia, aparece como recortada, no solamente en un principio, sino en una parte importante de la historia. En principio los electores son un sector privilegiado; hombres con propiedad e ilustrados. Teniendo como antecedentes el caso polaco y el caso británico; donde, en los primeros albores de la democracia representativa, incluso bajo la forma, en el segundo caso, de una monarquía constitucional, los votantes no solamente son hombres, propietarios e ilustrados, sino terminaban siendo una oligarquía, que sustituía, en lo que respecta a los privilegios, a la antigua aristocracia o nobleza.

 

Téngase en cuenta que, tanto en el caso británico como en el polaco, hay dos guerras civiles, que pueden ser consideradas dos revoluciones singulares, de las burguesías contra los nobles, contra los terratenientes. En el caso británico, no se puede hablar, a ciencia cierta, de una reforma agraria, sino de una revolución política, al restringir los privilegios de la nobleza y los atributos de la monarquía; en el caso polaco, se puede hablar de una reforma agraria, donde la burguesía agraria sustituye, desplazándola, a la nobleza latifundista. Esto es importante anotar, pues, si bien, ponderamos en esta lectura, el aporte del libro en cuestión, el aporte del autor del libro, de su investigación, en lo que respecta al análisis de la problemática compleja de la democracia representativa, de todas maneras, mantenemos, en ciertos puntos o líneas de exposición, nuestras diferencias.

 

Lo que no se ve, en la exposición de Przeworski, es la comprensión de que la democracia es un hecho revolucionario, no solamente, por las connotaciones aperturantes, en lo que respecta a la participación ciudadana, sino porque la democracia, incluso representativa, nace de revoluciones, luchas, guerras; no es un evento espontáneo, pacifico, como resultado de la racionalización política. Sin embargo, desde la perspectiva de lectura, que hemos adoptado, esta vez, esta premisa no tiene tanta repercusión en la exposición descriptiva. Para nosotros, sí la tiene, pues, como se sabe, nuestra interpretación de la democracia no es descriptiva, sino política, en pleno sentido de la palabra, incluso institucionalmente, pues, para nosotros, el autogobierno del pueblo no es representativo ni delegativo sino autogestionario.

 

Volviendo al libro, se puede apreciar la descripción de la historia de las instituciones representativas, de sus normas, de sus reglas, de sus leyes, de sus composiciones institucionales. Se tarda en incorporar a todos los hombres, en términos del sufragio universal masculino; se tarda más en incorporar a las mujeres, en principio, a un sector, también privilegiado; mucho después, como sufragio universal femenino. La ampliación de estos derechos - término que no le gusta utilizar a Przeworski, pues considera que no se trata exactamente de derechos sino de regulaciones, de reglas, del juego democrático representativo, por así decirlo - se debe también a conquistas sociales y políticas, mediante luchas sostenidas.

 

Otra peculiaridad del libro, en esta historia mundial de las instituciones representativas y de la democracia representativa, es que observa el adelanto temprano, en cuestiones de democracia representativa, de su institucionalización, como repúblicas, de América Latina, a la que antecede Estados unidos de Norte América. No es pues, exactamente, una historia europea, la de la democracia, sino, mas bien, antes, una experiencia americana. La revolución francesa, que se convierte en el paradigma de la revolución política y social, en el paradigma de la república, en el paradigma de la democracia representativa, viene después de la Constitución republicana de Norte América. Ciertamente, la revolución francesa es el momento más intenso, junto a la guerra y revolución haitiana, de la revolución democrática. Esta observación es sugerente para salir de los mitos eurocéntricos.

 

Tomando en cuenta esta observación, pertinente del autor, queremos proponer una hipótesis de interpretación: El acontecimiento democrático no es un hecho histórico-político-social aislado, dado en la historia política de un país o de algunos países, sino ya, un acontecimiento mundial, en la formación del sistema-mundo político, aunque parte de la historia de la democracia representativa se haya realizado en pocos países. Donde se da, el acontecimiento democrático, se convierte en referente para los pueblos y las sociedades del mundo.

 

La hipótesis de interpretación, que proponemos, no solamente tiene significación en lo que respecta a la conformación del sistema-mundo político, sino también en lo que respecta a la democracia misma. La realización de la democracia plena, como autogobierno efectivo del pueblo, depende del ejercicio democrático pleno en el mundo. No puede darse, así como se dice del socialismo, en un solo país o en unos cuantos, incluso en una buena proporción, sino en el mundo. Hablamos de la democracia plena, radical, la democracia autogestionaria, del autogobierno autogestionario, que es efectivamente democracia, en pleno sentido de la palabra.

 

Otra diferencia con la interpretación y análisis de Przeworski es con respecto a su definición de participación, en esta democracia representativa, en este autogobierno restringido del pueblo. El autor dice:

 

Si pensamos en términos cuantitativos en la participación electoral como la proporción de votantes efectivos en relación con el total de la población, podemos descomponerla mediante la siguiente tautología:

 

Participación = votantes/población = elegibles/población * votantes/elegibles

 

Donde la tautología completa depende de que haya habido efectivamente alguna elección. “Participación” sera entonces la proporción de los votantes sobre el total de la población, “elegibilidad” la proporción del número de personas legalmente calificadas para votar sobre el total de la población, mientras que “asistencia” es la proporción de votantes efectivos sobre los elegibles. En este lenguaje,

 

Participación = elegibilidad * asistencia[40].

 

 

Sin embargo, cuando cambiamos el enfoque de lectura, considerando, mas bien, el alcance descriptivo y analítico de la delineación histórica y estructural de Qué se espera de la democracia, esta diferencia, tiene valor, alcance y connotación teórica para nosotros, no para la narrativa explicativa y descriptiva de semejante investigación, de alcance global, además de detallada, en lo que respecta a los mecanismos institucionales y a las regulaciones de la democracia representativa.

 

Es indispensable, aprovechar este aporte, esta visibilidad abierta por la investigación, que, además, se mueve en el análisis comparativo, no solamente, para ponderar el libro, sino para sacar consecuencias teóricas en nuestra interpretación, que se desenvuelve en otra perspectiva o, por lo menos, pretende moverse, en la perspectiva de la complejidad. La formulación de Przeworski, nos permite comprender que el sentido de la democracia representativa, sus alcances, implican desplazamientos en las composiciones, no solamente institucionales, sino de repercusión en la sociedad misma, en el pueblo. En la medida que se amplía el universo de los electores, en la medida, entonces, que también se amplía la ciudadanía, no solo cuantitativamente sino cualitativamente, la composición de la democracia representativa institucionalizada se transforma. El sentido de la democracia representativa, sobre todo, sus alcances, no es el mismo, no son las mismas. El carácter mismo de la república cambia, muta.

 

Ahora bien, estas transformaciones en la composición institucional de la democracia representativa, modifican el Estado, modifican la república, sus estructuras. Estas transformaciones pueden ser captadas, decodificadas, descifradas, en estas relaciones cuantitativas, en términos de indicadores, que sugiere Przeworski; sin embargo, estas transformaciones, estos desplazamientos de las composiciones institucionales, no pueden ser reducidos a la estrecha circunscripción abstracta, en términos de magnitudes, de los indicadores, que son como síntomas de la aritmética de la democracia representativa. Como parece hacerlo Przeworski.

 

Para nosotros, participación democrática tiene que ver con la democracia participativa, con la participación efectiva de la población, del pueblo, en el autogobierno. Lo que llama participación electoral, el autor, no es más que una relación aritmética o probabilística, expresada en términos de proporciones, de votantes y elegibles, en el contexto demográfico de la población. No tiene nada que ver con el problema que se plantea en las pretensiones del libro, develadas, en la primera lectura crítica que efectuamos; no tiene nada que ver con la cuestión crucial, histórica-política-social del autogobierno del pueblo. Empero, sí tiene que ver con el análisis descriptivo de las composiciones institucionales de la democracia representativa.

 

Przeworski dice, retomando investigaciones de su bibliografía, que los demócratas, en principio, no se enfrentan tanto con la monarquía, sino con la nobleza, contra los privilegios de la aristocracia. La idea de igualdad, como que nace en esta contradicción entre demócratas y aristócratas. La monarquía absoluta es, mas bien, una pérdida de parte de los privilegios de la nobleza; el rey, un aristócrata, se desentiende de la nobleza, para convertirse en el símbolo del Estado, de la nación. La idea de la igualdad nace descartando los privilegios de la aristocracia, rechazando las diferencias de sangre impuestas por herencia. La premisa es que los humanos nacen iguales, es la sociedad la que los diferencia.

 

La idea de igualdad, el concepto de igualdad, se va complejizando, después; sobre todo, va logrando alcances mayores, irradiaciones universales, después, cuando no solamente los demócratas se enfrentan a los privilegios consagrados por la aristocracia, sino, generalizando a toda clase de privilegios, que obstaculizan la realización de la democracia. Entonces, en consecuencia, no tardaran en entrar en contradicción, hasta en antagonismo, con la misma monarquía absoluta, postulando, mas bien, la república. Podemos concebir estos desplazamientos, de la suspensión de toda clase de privilegios, como radicalizaciones de la misma premisa de la igualdad; así también, como consecuencias políticas, que se trae a colación, que modifican las prácticas políticas, la política misma, así también, la composición y estructura de Estado. Sin embargo, en las teorías analíticas, de las que comparte Przeworski, se produce una abstracción mayor, donde la generalización efectiva, la ampliación de las connotaciones políticas, se convierten en enunciados cada vez más abstractos, sobre todo, en su aspecto reductivo, volviéndose líneas o curvas gráficas. Pueden ser muy útiles estas ecuaciones, estas curvas gráficas, estos cuadros estadísticos, en la ilustración de la descripción; empero, nunca sustituyen o pueden sustituir al análisis conceptual, teórico de las estructuras complejas de las formaciones políticas, de las formas de Estado, de las formas de gobierno, de las formas democráticas.

 

Antes de seguir con la temática de la igualdad, como premisa, pre-juicio, pre-concepto y concepto, de la igualdad, debemos detenernos, un poco, en la división de poderes; característica configurante de la república. A Przeworski le llama la atención que las repúblicas tempranas americanas hayan optado por el sistema presidencialista, más que por el sistema parlamentario. Él interpreta esta inclinación por el presidencialismo como una especie de reproducción de un fenómeno político dado en las monarquías, que es el centralismo, además de las atribuciones exageradas otorgadas al presidente.  Lo que no condice con la vocación democrática. Quizás se deba, como el mismo autor lo dice, a que estas flamantes repúblicas, no contaban con la experiencia dramática de las aristocracias históricas y de las monarquías. Estas repúblicas se constituyeron, mas bien, en contra de monarquías alejadas, extra-territoriales. Algo, que al parecer, no ocurre en las repúblicas europeas, que si cuentan con la memoria de estas experiencias políticas de las jerarquías heredadas.

 

De todas maneras, las repúblicas diseñan e instalan, en la composición del Estado-nación, contrapesos, para disminuir el alcance de las centralizaciones del poder; estos contrapesos definen un panorama estatal de equilibrio de poderes, principalmente, en lo que respecta a la relación ejecutivo y parlamento o Congreso. Sin embargo, esta relación no siempre es armoniosa, sino, mas bien, conflictiva, a no ser que el ejecutivo logre controlar u subordinar al legislativo, cuando sus representantes son la mayoría congresal. En este punto, Przeworski critica las posiciones e interpretaciones de ideólogos republicanos, cuando argumentan a favor del sistema presidencialista, incluso más, a favor de una especie de republicanismo mixto o mezclado, que retoma perfiles de la monarquía; por ejemplo, la figura de la presidencia vitalicia.  Este fenómeno conservador, en las formas postuladas de la democracia representativa, no solo se da en el caso del ejecutivo, sino también en el parlamento, en el poder legislativo, cuando se propone la cámara alta, convirtiendo a los senadores en una especie de aristocracia de nuevo tipo, política. Esta crítica es importante, no solo en lo que respecta a la ilustración y analítica de la investigación, sino también en lo que respecta a las consecuencias que podemos sacar en nuestra interpretación. Esta vez sí, retomamos el subtítulo del libro, Limitaciones y posibilidades del autogobierno; estas son las contradicciones inherentes en las democracias representativas, sus limitaciones; por lo tanto, sus obstáculos en la realización del ejercicio democrático. En consecuencia, en el análisis descriptivo, la división de poderes, el equilibrio de poderes, el juego de contrapesos, resulta insuficiente, para evitar la reproducción de centralismos, que no son otra cosa que recurrencias monárquicas. Por otra parte, en el análisis más teórico, resulta como una composición, una estructura institucional, que termina legitimando, paradójicamente los centralismos, que se dan, de todas maneras, mutando de formas y de escenarios.

 

Otro aporte, no solamente descriptivo, sino también teórico, además de analítico, de Przeworski, es su conclusión de que la democracia representativa, las instituciones representativas, a pesar de sus avances, de sus desplazamientos, de sus ampliaciones, hasta universalizaciones, no garantiza el cumplimiento de la igualdad, no solo social, no solo económica, que es, obviamente primordial, sino también la igualdad política.  A pesar de sus propósitos inmanentes, la democracia representativa desata nuevas diferenciaciones, nuevas desigualdades, nuevos privilegios. Por eso, es menester, que los gobiernos democráticos sean perseverantes en corregir las generaciones de desigualdades.

 

Przeworski se detiene, en algunos apartados, a observar las relaciones entre democracia y restricciones de las formas de sufragio. Observa que, paradójicamente, estas formas, sus regulaciones y reglas, a pesar que mejoran, se corrigen, se amplían, contradicen el supuesto fundamental de la democracia, la igualdad. Quizás lo más significativo y sugerente de la interpretación de Przeworski es la relación conflictiva entre democracia y propiedad. Los conservadores, que fueron los primeros en oponerse a la democracia, conciben a la democracia como opuesta a la propiedad, que la pone en peligro. Este es el argumento que utilizan, en principio, para oponerse, después, cuando se constata que no pueden, que no pueden detener la marcha de la forma democrática de gobierno, para limitar los alcances de la democracia, para deformarla. En distintas formas expresivas, en distintas formaciones discursivas, los demócratas, con distintas tonalidades, son conscientes de esta consecuencia de la democracia. En este sentido, unos optan por reformas, que difieren, para un futuro lejano, la suspensión de la propiedad; otros, buscan taxativamente garantizar la propiedad instituyendo formas de la democracia representativa que lo hacen, garantizar la propiedad, a pesar de la contradicción inherente. Los otros, en cambio, radicalizan esta consecuencia, apuntando categóricamente a la suspensión de propiedad, para efectuar la democracia; llamemos a estos demócratas, socialistas.

 

Antes de terminar este ensayo, queremos sacar una consecuencia interpretativa, de lo último enunciado, respecto a los socialistas. Sin distinguirlos, todavía, en sus postulados, en sus concepciones “ideológicas” y políticas, sino considerándolos en conjunto; los socialistas o, mejor dicho, el socialismo, es pues una radicalización de la misma concepción política de la democracia. Sin llegar a ser la democracia radical, pues siguen apostando al Estado, al gobierno, a la delegación, si no es a la representación; entonces, a la mediación. El socialismo saca las consecuencias políticas, sociales y económicas del ejercicio de la democracia. Por eso, llama la atención que revoluciones socialistas victoriosas, hayan optado por la suspensión de la democracia, para plasmar el socialismo. El resultado ha sido catastrófico, con solo una excepción; el socialismo real reprodujo las jerarquías, los privilegios, los centralismos monárquicos, las clases sociales, por otros caminos, por otros medios, instaurando un Estado policial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arenas deleznables, suelos inconsistentes

 

 

 

 

No se puede edificar en suelos inconsistentes, en terrenos deleznables. Hacerlo es peligroso; la edificación peligra en derrumbarse cualquier rato. Aunque la arquitectura y la geología han avanzado tanto, no solamente en los conocimientos, sino en las tecnologías; se dice, por eso, que ya se puede construir en cualquier lugar, incluso en terrenos movedizos. Si aceptáramos esto, con cierta certeza, habría, en todo caso, que contar con esta tecnología, estos conocimientos, este manejo de los suelo, de la ingeniería civil y de la arquitectura. Cuando, en vez de todas estas herramientas apropiadas, tenemos una inclinación por la demagogia, por la especulación, por la hipóstasis, entonces, igual, sin contar con las herramientas e instrumentos apropiados, sin tampoco el material pertinente, se edifica, sin importar si se derrumbara o no, y en cuánto tiempo, el edificio producto de un montaje.

 

Lo que dijimos arriba puede servirnos como metáfora de lo que ocurre con montajes políticos. Parece que en la modernidad tardía hay mucho de esto, de esta especulación política, montada por gobiernos a los que les interesa más simular, los escenarios, la espectacularidad de las ceremonias, de la difusión desmesurada en los medios de comunicación, que efectuar políticas que incidan en la realidad. Parece que estos gobiernos creen que su representación, la que tienen del mundo, de la realidad, de la sociedad, es inmediatamente la realidad, lo que ocurre; o, en el peor de los casos, más extravagante todavía, que pueden, de alguna manera, engañar a la realidad. A propósito del tema, es indispensable hacernos algunas preguntas cruciales. ¿Se puede sostener una “revolución” política y social cuando no se cuenta con el suelo apropiado, por así decirlo? En este caso la metáfora se refiere a la predisposición de la voluntad colectiva, que puede estar organizada de una manera espontánea y abierta, emergiendo de la experiencia y memoria social, o puede estar organizada de una manera instrumental, en el buen sentido de la palabra. En el discurso marxista militante, se hablaba de las condiciones subjetivas. No hay que dudar de la respuesta; no, no se puede. Sería un bluff; peor aún, un autoengaño, no solamente un engaño para los demás. Con esto se caería en la propia trampa, al confundir el montaje con aquello que pretende ser, que emula. Es esto lo que pasa con gobiernos especuladores, que hacen de la demagogia una recurrencia constante, que se convierte en el derrotero a su propia perdición, de su propia derrota.

 

Por ejemplo, cuando las bases de un supuesto movimiento político “revolucionario” consiste en el diletantismo ambiguo de pequeños propietarios privados, vinculados al comercio de una mercancía preciada por los mercados paralelos y las economías políticas del chantaje; entonces, lo único que se puede construir, a partir de estas condiciones subjetivas, es una impostura política. Este supuesto movimiento político ni es “vanguardia” de nada, salvo de sus propias ilusiones y ambiciones, una de esas es ser ricos. Aquí no hay nada de emancipador, ni de libertario, menos de descolonizador. Si hay algo que se acerca a lo que expresa esta clase de movimiento político es, precisamente, el prejuicio de la libertad de mercado. Se puede vender todo y libremente.

 

Es sorprendente que cierta “izquierda”, nacional e internacional, haya seguido los cantos de sirena, haya preferido el montaje a la realidad, haya optado por escuchar, tomar en serio, los discursos estridentes y demagógicos. Esta autocomplacencia “izquierdista” habla de por sí de la decadencia de lo que una vez fue el referente heroico de las luchas sociales. Los bolcheviques de antaño, de los inicios del siglo XX, que se organizaron en un partido profesional o de profesionales militantes, que tenían como interlocutores al proletariado de un país capitalista atrasado y dependiente, son sustituidos, a fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI, por cultivadores del excedentario bien, destinado al mercado de la economía política del chantaje. ¿Qué clase de “revolución” se puede generar a partir de este prejuicio de libre mercado y en la economía política del chantaje?

 

Sin embargo, a pesar de las inconsistencias, de las incongruencias, visibles y evidentes, la “izquierda” de la que hablamos, ha seguido con la narrativa de la “rebelión” de los nuevos enemigos del imperialismo. Esta autocomplacencia, este autoengaño, se puede explicar, en parte, porque, paralelamente, se dieron movimientos sociales anti-sistémicos efectivos, haciendo emerger, de nuevo, el acto heroico de los colectivos sociales. Si esto no hubiera acontecido, no fuera posible, el montaje, el autoengaño y la autocomplacencia “izquierdista”. Lo que pasó es que la “rebelión” de los del libre mercado de la economía política del chantaje se beneficiaron de la movilización prolongada de un pueblo heroico, que se plantó contra el proyecto neoliberal, contra las herencias coloniales, contra la clase política y las clases dominantes económicas. Por las confusiones a las que se brindan las formas de la democracia representativa, sobre todo, la recurrencia legitimadora de las elecciones, la “rebelión” del chantaje terminó usurpando las victorias heroicas de la rebelión efectiva de los movimientos sociales anti-sistémicos.

 

Esta es la increíble y triste historia de una comedia política. Sin embargo, la comedia sigue y suma. Los llamados “gobiernos progresistas” se reclaman de ser portadores de lo que su imagen especulativa pretende. Se consideran “revolucionarios”, “antimperialistas”, además, acosados por las burguesías de sus países y por el imperialismo. Este cuento no solamente se la creen ellos mismos, lo que era de esperar, sino esa “izquierda” autocomplaciente, incluyendo a los intelectuales apologistas, que logran su prestigio provisional al apoyar a los “gobiernos progresistas” y los supuestos “procesos de cambio”.

 

El problema de todo esto es que parte, en principio, gran parte, del pueblo, es engatusado por este montaje, por estos escenarios especulativos y ceremoniales; por lo tanto, cree en la promesa, quizás en un principio y en un periodo; después, se desencanta, empero, no puede romper con las redes del chantaje político.  El problema es que este pueblo se encuentra desarmado, no puede sacar las fuerzas ni encontrar la voluntad para enfrentar el bluff, la ilusión en la que ha caído, debido a sus candorosas esperanzas. La impostura ha terminado de mermar las fuerzas sociales de los movimientos anti-sistémicos, que abrieron el proceso de cambio.

 

El problema es también que esta “izquierda” al optar por los disfraces, la comedia del teatro político, ha terminado por desmantelar, por lo menos, por el momento, en la coyuntura, las posibilidades de una efectiva revolución. Con ambas destrucciones, la de las fuerzas sociales y la de las condiciones de posibilidad de la revolución, la “izquierda” autocomplaciente y los “rebeldes” del chantaje han terminado haciéndole un gran favor al imperialismo y a las burguesías nativas. En términos prácticos, son más eficaces en la destrucción de la potencia social que los mismos partidos de las “derechas”, que los mismos aparatos de represión de las oligarquías, que los mismos servicios de inteligencia del imperialismo. Esto pasa, aunque no lo hayan querido estos personajes y estas expresiones tardías, rezagadas, de la mimesis anacrónica de antiguas revoluciones heroicas.

 

 

¿Qué clase de forma de poder se constituye en estas historias singulares de la decadencia política? Dijimos, en ensayos anteriores[41], que los populismos se asientan sobre la convocatoria de la expansión desbordante de las relaciones clientelares, una vez, que se agota rápidamente, la convocatoria primeriza de la movilización, en la crisis múltiple del Estado y de la sociedad institucionalizada. Podemos seguir con esta interpretación; empero, no es suficiente cuando hay que caracterizar fenómenos como estos, los dados en la exacerbada manifestación de las inflaciones representativas, de los montajes mediáticos, de las simulaciones espeluznantes, que apenas se sostienen en la virtualidad de imágenes fofas.

 

En primer lugar, diremos que en el sustento de la economía política del chantaje, que, a la vez, se sostiene en la materialidad de la desmaterialización de los recursos naturales, por más paradójico que resulte decirlo y escucharlo, por cierto, destrucción material y consistente, de la economía extractivista, colonial del capitalismo dependiente, se da, se edifica, el plano de intensidad político del chantaje institucionalizado. Adquiriendo las formas inconmensurables de una gubernamentalidad perversa, que se efectúa sobre la base del despliegue estrambótico de los forcejeos, de lo chuto, de la proliferación de trampas, acompañadas por la irradiación minuciosa de corrupciones diseminadas y de corrosiones demoledoras de la institución formal, del Estado constitucional y de la sociedad institucionalizada.

 

En segundo lugar, diremos que la forma de poder configurado en las estructuras des-estructurantes de estas expresiones políticas deleznables, si bien, no son tan distintas a las formas de dominación instauradas por la formalidad del Estado burgués, adquiere la tonalidad de las suspensiones, de lo desechable, anunciando, encontrarse ya en su decadencia, en la diseminación misma de la institucionalidad, incluyendo al Estado-nación[42]. Es el aviso apocalíptico de la ineficacia terminante, de lo que no dura, de que nada funciona, salvo la propia corrosión de todo, la propia oxidación de los materiales, la propia decrepitud de los personajes y sujetos involucrados en la economía política del chantaje y en el plano de intensidad político del chantaje.

 

En tercer lugar, diremos que esta forma de gobierno, basada en la convocatoria desmesurada de las relaciones clientelares extendidas, forma de gobierno que adquiere la tonalidad decadente de las diseminaciones y corrosiones envolventes, expansivamente deterioradoras, que se inclina por lo desechable, es concomitante con el orden mundial, con el imperio, con el régimen mundial de las dominaciones del sistema-mundo capitalista.   Es como una de las caras del monstruo de mil cabezas del imperio; la cara más elocuente, hasta quizás la cara más verídica, sin tapujos, la cara descarnada de este poder mundializado de la híper-burguesía mundial, en su etapa del capitalismo financiero, extractivista y especulativo.

 

¿Cómo pueden combinarse las formas sofisticadas, tecnológicas, virtuales y mediáticas de la dominación mundial del sistema-mundo capitalista y estas formas, mas bien, locales, localizadas, específicas y singulares, de la economía política del chantaje y del plano de intensidad político del chantaje? No se trata de solo de vasos comunicantes, entre ambos escenarios, tampoco solo de complementariedades perversas, sino de algo más; de que el sistema-mundo político es precisamente esto; la integración articulada de estas formas, aparentemente distintas, diferentes, sobre todo, porque una, la mundial, pretende formalidad, y la otra, la local, se pavonea en lo contrario, lo informal. La integración del sistema-mundo político integra y articula las formas de poder en aras del ejercicio constante, incrementado, de las dominaciones polimorfas. Ejercicio de poder mundial que logra el control, aunque solo de las sociedades institucionalizadas, no de las sociedades alterativas[43]; que logra las sujeciones múltiples de los pueblos y las sociedades, por la efectuación categórica del despojamiento y la desposesión de los bienes comunes y de lo común de las sociedades alterativas.

 

 

 

Lo que decimos, esta crítica a la farsa, a la comedia política, al efecto de usurpación de los movimientos sociales, no quiere decir, de ninguna manera, que se clausuró la posibilidad de liberar a la potencia social, de efectuar abiertamente la creatividad social, del abrir horizontes. Se trata del aprendizaje de la experiencia social, de las reflexiones, si se puede hablar así, de la memoria social, actualizando su repaso de las historias singulares. Es parte del aprendizaje de los pueblos y las sociedades. Ahora saben, conjeturando, los pueblos, como lo expresan claramente los zapatistas, las comunidades indígenas mayas de la Selva Lacandona, de que no se trata de “tomar el poder”; pues no ocurre eso, salvo en el imaginario. Sino que, lo que ocurre es de que el poder te toma, convirtiéndote en engranaje de su reproducción, del circulo vicioso del poder.  Se trata de destruir el poder, salir del círculo vicioso del poder, de liberar la potencia social, de liberar la potencia de la vida, potencia creativa, dando lugar a las invenciones inéditas de la vida.

 

No se puede decir, como adelantando, que se ha tardado en aprender estas lecciones de las historias dramáticas políticas de la modernidad, pues sabemos muy poco de la simultaneidad dinámica del tejido del espacio-tiempo. Pero si sabemos, que, en lo que llamamos, equivocadamente, presente, es cuando tenemos la posibilidad social de incidir en los decursos, de integrarnos a la vida, en sus plurales formas, en las distintas escalas; entablar comunicaciones con los seres del pluriverso; de articularnos a los ciclos vitales de la existencia y la vida. Esta es la oportunidad de los pueblos del mundo, de las sociedades alterativas, de hacer, lo que hace la existencia y la vida; inventarse y reinventarse. En este presente, estamos convocados a abandonar la “ideología”, los fetichismos degradantes, a abandonar el círculo vicioso del poder de las civilizaciones que optaron por los mitos, las religiones monoteístas, los imaginarios autocomplacientes, las “ideologías” desdichadas. Tenemos la oportunidad de corresponder a la vida con la liberación de nuestra potencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones

 

1.   Hay un más acá y un más allá de la mirada humana, que tiene que ver con el tejido del espacio-tiempo, en su dinámica simultánea, en las distintas escalas.

 

2.   En el planeta, nos encontramos cobijados por las ecologías de la biodiversidad.

 

 

3.   Como parte de estas ecologías, se conectan las sociedades humanas, formando parte de los ciclos vitales.

 

4.   El substrato profundo de las sociedades humanas son las sociedades alterativas; es decir, la potencia social creativa, inventiva, desbordante, en contante asociación, composición y combinaciones, en constante devenir, desplegando las capacidades vitales de la potencia social.

 

 

5.   Como capturas institucionales, en otras palabras, capturas de poder, se conforma, se constituyen e instituyen, las sociedades institucionalizadas, que reproducen las mallas institucionalizadas, el Estado, el orden mundial, las formas cristalizadas de poder, mediante la captura y retención de parte de las fuerzas sociales.

 

6.   El sistema-mundo capitalista corresponde a planos y espesores de intensidad, donde las prácticas y relaciones sociales institucionalizadas, canalizadas por la economía política generalizada,  dan lugar, como efecto masivo, a ese sistema-mundo capitalista, que orienta la acumulación de capital, articulando modos de producción, formaciones sociales, estados diversos, gobiernos distintos, diferentes culturas y lenguas, en función de la conmensurabilidad de la expropiación, desposesión y despojamiento de lo común, de los bienes comunes.

 

 

7.   La economía mundo capitalista es uno de los planos de intensidad del sistema-mundo capitalista, la cultura-mundo es otro de los planos de intensidad, y el sistema-mundo político es otro de los planos de intensidad del sistema-mundo mentado. No son, obviamente los únicos planos de intensidad entrelazados, que conforman el sistema mundo capitalista. Hay múltiples planos y espesores de intensidad.

 

8.   Ninguno de los planos de intensidad se explica por sí mismo, como han pretendido las ciencias modernas, como ha asumido la filosofía moderna; es decir, la “ideología” generalizada. Ningún plano de intensidad es autónomo ni se encuentra autonomizado. Los planos de intensidad son articulaciones singulares de los distintos planos y espesores de intensidad de la complejidad, en su originalidad particular. Son, entonces, comprensibles en su complejidad singular.

 

 

 

 



[1] Oswald Spengler: La decadencia de occidente; bosquejo de una morfología de la historia universal; Tomo I-II.  ESPASA – CALPE, S. A. MADRID 1966. http://www.abrelosojos.yolasite.com/resources/Libros/La%20decadencia%20de%20occidente%20(TOMO%20I).pdf. http://www.abrelosojos.yolasite.com/resources/Libros/La%20decadencia%20de%20occidente%20(TOMO%20II).pdf.

[2] Ver de Michael Hardt y Antonio Negri Imperio. Paidos; Buenos Aires 2002.

[3] Ver de Raúl Prada Alcoreza La isla que contiene al continente. Aproximaciones para comprender la excepcionalidad de la revolución cubana. Todavía no publicada; pero, se lo hará en Dinámicas moleculares; La Paz 2006.

[4] Mecánicas y dinámicas del sistema-mundo político. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[5] Ver de Immanuel Wallerstein Capitalismo histórico y movimientos anti-sistémicos. Un análisis del sistema-mundo. AKAL; Madrid 2004.

[6] Ver de Raúl Prada Alcoreza Sistema-mundo político. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/sistema-mundo-politico/.

[7] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.

[8]  Ver de Raúl Prada Alcoreza Horizontes de la descolonización; también Descolonización y transición. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.

[9] Ver de Joseph E. Stiglitz El malestar en la globalización. Debolsillo; Madrid 2015.

[10] Ver de Raúl Prada Alcoreza Arqueología del discurso económico. A propósito de la metafísica de los valores: La crisis económica y las medidas políticas. Episteme; La Paz 1985.

[11] Se hace referencia al periodo que arranca el año 1985 y llega al 2003, quizás continúe incluso el año 1985, durante el gobierno de transición. El primer gobierno neoliberal es el de Paz Estensoro (1985-1990), cuando se da comienzo a las políticas de ajuste estructural con el decreto ley 21060.

[12] Cornelius Castoriadis dice que: El objeto de la sublimación, aquello en lo que se inviste la energía en cuestión no es y no vale más que en y por su institución social, casi siempre efectiva, llegado el caso virtual. Equivale a decir que la sublimación es la investidura de una representación cuyo referente ya no es un objeto privado sino un objeto público, o sea, social. Cornelius Castoriadis: Sujeto y verdad en el mundo histórico social. Seminarios 10986-1987. La creación humana I. Fondo de Cultura Económica 2004; México. Pág. 120.

[13] Aunque actualmente se habla mucho de Milton Friedman, sin embargo Simson, Nogaro y Einaudi fueron los organizadores del discurso neoliberal.  Ver Historia de las doctrinas económicas de Karataev Ryndinay Stepanov. Tomo II.  Ciencias Económicas y Sociales.  Editorial Juan Grijalbo 1964; México. Pág. 1149.

 

[14] El ministro no era nada más ni nada menos que el mismísimo Gonzalo Sánchez de Lozada.

[15] Ver de André Gunder Frank Latinoamérica: subdesarrollo o revolución socialista. http://www.filosofia.org/rev/pch/1968/pdf/n13p003.pdf. También, del mismo autor,  ver Capitalismo y subdesarrollo en América Latina. http://www.archivochile.cl/Ideas_Autores/gunderfa/gunderfa0006.pdf.  

[16] Ver de André Gunder Frank Lumpenburguesía: Lumpendesarrollo. Dependencia, clase y política en Latinoamérica, 1972. Lumpenburguesía: Lumpendesarrollo. Dependencia de la clase política en Latinoamérica. http://amauta.lahaine.org/?p=1680.

[17] Heinz Dieterich: Relaciones de producción capitalistas en América Latina. Cultura popular 1978. México.

[18] Ver de Raúl Prada Alcoreza Arqueología del discurso económico. A propósito de la metafísica de los valores: La crisis económica y las medidas políticas. Episteme; La Paz 1985.

 

                                                                                                             

 

[19] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

[20] Ver de Joseph E. Stiglitz El malestar de la globalización. Debolsillo. Barcelona 2015.

[21] En Crítica de la economía política generalizada. Ob. Cit.

[22] Ver Arenas deleznables, suelos inconsistentes. Dinámicas moleculares; La Paz 2016. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/arenas-deleznables-suelos-inconsistentes/.

 

[23] Jaques Derrida: Escritura y diferencia. Anthropos. Barcelona.

[24] Revisar de Antonio Negri El Poder Constituyente. Ensayo sobre las alternativas de la modernidad. Madrid 1994, Prodhufi. En el libro se analiza la diferencia entre la revolución política, de la independencia norteamericana, y la revolución social, relativa a la revolución francesa.

[25] Ver de Jacques Rancière El desacuerdo. Política y filosofía. Buenos Aires 1996. Nueva Visión.

[28] Ver Cartografías histórico-políticas. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/cartografias-historico-politicas/.

[29] Ver Diseminaciones. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/diseminaciones/.

[31] Ver Acontecimiento político. Ob. Cit.

[32] Ver de Adam Przeworski Qué se espera de la democracia. Límites y posibilidades del autogobierno. Siglo XXI; Buenos Aires 2010.

[35] Ver de Juan Jacobo Rousseau El Contrato social. http://www.enxarxa.com/biblioteca/ROUSSEAU%20El%20Contrato%20Social.pdf.

[36] Ver de Adam Przeworski Qué se espera de la democracia. Límites y posibilidades del autogobierno. Siglo XXI; Buenos Aires 2010. Págs. 75-76.

[37] Ibídem; pág. 76.

[38] Ver de Jürgen Habermas Historia y crítica de la opinión pública. Gustavo Gili, Barcelona, 1981. https://es.scribd.com/doc/126926418/Jurgen-Habermas-Historia-y-critica-de-la-opinion-publica.

[39] Véase Acontecimiento político. Ob. Cit.

[40] Ver de Adam Przeworski Qué se espera de la democracia. Límites y posibilidades del autogobierno. Siglo XXI; Buenos Aires 2010. Pág. 107.

 

[41] Ver de Raúl Prada Alcoreza Cartografías histórico-políticas; también Gramatología del acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. 

http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/cartografias-historico-politicas/. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/gramatologia-del-acontecimiento-/.

[42] Ver de Raúl Prada Alcoreza Diseminaciones. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/diseminaciones/.

[43] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-explosion-de-la-vida/.

 

 

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Pluriversidad Libre Oikologías

Proyecto emancipatorio y libertario de autoformación y autopoiesis

 

 

Diplomado en Pensamiento complejo:

Contrapoder y episteme compleja

 


 

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Diplomado en Pensamiento complejo:

Contrapoder y episteme compleja

 

 

Objetivo del programa:

Umbrales y limites de la episteme moderna, apertura al horizonte nómada de la episteme compleja.

 

Metodología:

Cursos virtuales, participación virtual en el debate, acceso a la biblioteca virtual, conexión virtual  colectiva. Control de lecturas a través de ensayos temáticos. Apoyo sistemático a la investigación monográfica. Presentación de un borrador a la finalización del curso. Corrección del borrador y presentación final; esta vez, mediante una exposición presencial.

 

Contenidos:

 

Modulo I

Perfiles de la episteme moderna

 

1.- Esquematismos dualistas

2.- Nacimientos de del esquematismo-dualista

3.- Del paradigma regigioso al paradigma cientifico 

4.- Esquematismo ideológico

 

Modulo II

Perfiles de la episteme compleja

 

1.- Teórias de sistemas

2.- Sistemas autopoieticos 

3.- Teorías nómadas

4.- Versiones de la teoria de la complejidad

 

Modulo III

Perspectivas e interpretaciones desde la complejidad

 

1.- Contra-poderes y contragenealogias 

2.- Composiciones complejas singulares

3.- Simultaneidad dinámica integral

4.- Acontecimiento complejo

 

Modulo IV

Singularidades eco-sociales 

 

1.- Devenir de mallas institucionales concretas

2.- Flujos sociales y espesores institucionales

3.- Voluntad de nada y decadencia

4.- Subversión de la potencia social

 

 

Temporalidad: Cuatro meses.

Desde el Inicio del programa hasta la Finalización del programa.

Finalizaciones reiterativas: cada cuatro meses, a partir del nuevo inicio.

Defensa de la Monografía. Defensas intermitentes de Monografías: Una semana después de cada finalización.



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