Subversión corporal y ecológica

07.05.2017 18:43

Subversión corporal y ecológica

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Desde la perspectiva ecológica de lo que se trata es de la participación en los ciclos vitales del Oikos. Se puede decir que no se puede dejar de estar en el Oikos, por lo tanto, no se puede dejar, de alguna manera, de participar; empero, hay que distinguir que participar es involucrarse, actuar teniendo en cuenta los ciclos vitales. Cuando se actúa sin tenerlos en cuenta, como si fuesen parte de la “naturaleza”, externa a la sociedad humana, como concibe la ideología moderna, no se participa, de la manera como definimos la participación, aunque se incida, de todas maneras.  El problema radica en las incidencias que no toman en cuenta los ciclos vitales, entonces, no controlan las consecuencias de las acciones desplegadas. Por ejemplo, la industrialización desmesurada, además de desordenada, desatada en plena competencia entre las empresas productoras, sin medir que esta competencia conduce a la sobreproducción, causa efectos masivos de depredación, contaminación y destrucción de los ecosistemas.

 

¿Qué implica pasar la eco-industrialización; es decir, qué implica tomar en cuenta los ciclos vitales y participar en el Oikos? Ciertamente dejar la competencia, coordinar cuotas de producción a escala mundial, pues el mercado es mundial. El problema que esto no se puede hacer bajo las condiciones del sistema-mundo capitalista. Lo llamativo, en esto, es que los estados exportadores de materias primas lo han podido hacer; conformar entidades internacionales que coordinan y acuerdan las cuotas de explotación y exportación. Aunque varíe según el rubro, además de que esto no ocurre con todas la materias primas, lo sugerente que los estados exportadores de estaño lo hicieron, en su momento; también, en la historia reciente, los estados exportadores de petróleo; aunque no estén todos los países en estas organizaciones internacionales de coordinación de cuotas de explotación y exportación. En cambio las empresas industriales, los países industriales no lo hicieron. ¿Por qué? La competencia se hace sentir aquí, en estos campos de la producción industrial, en estos ámbitos de la incorporación tecnológica.

 

¿Por qué no pueden renunciar a la competencia las empresas industriales? ¿Por qué juegan a imponerse o morir? Pues las empresas que no logran responder a la competencia, mueren. ¿Por las tasas de ganancia? Las empresas que no logran adecuarse a la competencia, a los ritmos de ésta, sufren la merma de sus ganancias. Pero, mantener los niveles de ganancia o mejorarlos, equivale a renovar contantemente la tecnología, incorporando a la producción tecnología más avanzada; incluso se llega a sustituir la maquinaria en uso, antes de que llegue a su desgaste. Esto significa, incrementar la inversión tecnológica de manera compulsiva y obliga a esfuerzos adicionales para recuperar estas inversiones, siendo más competitivos en el mercado. Estas empresas industriales se encuentran en permanente tensión, obligadas a ser cada vez más competitivas. Llegan a tales niveles de productividad y de producción que ocasionan stocks que no se venden. Es cuando comienza la crisis de sobreproducción.

 

Bueno, todo esto pasa a costa de lo que llama la ideología de la modernidad “naturaleza”. Pues se arrancan los recursos naturales de ella, de una manera cada vez más expansiva e intensiva, debido, precisamente a esta competencia atroz. Esta destrucción no se contabiliza en las cuentas de la economía capitalista; se ignora este costo, tanto cuantitativamente como cualitativamente. La contabilidad capitalista suma el Producto Interno Bruto, un indicador de la producción física, ponderada en dinero, sin tener en cuenta la medida de la destrucción de los ecosistemas, la depredación y la contaminación ocasionadas. Esta falta habla de la validez de su aritmética económica; se trata de una aritmética parcial, que solo suma una parte del proceso de producción; descuida calcular todos los costos que intervienen. No toma en cuenta los costos transferidos a la “naturaleza”. Sobre este error aritmético la economía basa su ciencia.

 

Ciertamente esta pretensión de ciencia no es más que ideología. Si la ciencia es conocimiento objetivo, recurriendo a las definiciones positivistas, las mismas que menciona el discurso económico, está economía no es una ciencia. Su conocimiento es segado y parcial, ignora una parte de la realidad, por así decirlo, económica. Como todo error, además mantenido tercamente, ocasiona desastres; la economía-mundo capitalista ha causado no solamente desastres ambientales, sino crisis ecológica planetaria de gran envergadura, a tal punto que amenaza la vida en el planeta. Incluso, estando en esta situación, los Estado-nación, los gobiernos, los organismos internacionales, se encargan de minimizar el problema o soslayarlo; peor aún, sin entenderlo. Los más calamitosos son las declaraciones de los potentados burgueses que dicen que todo esto es invento de los activistas ecologistas.

 

El no querer ver el problema, la magnitud del problema, habla de lo que son esta gente que toma decisiones en el mundo. En resumen, no valoran la vida, sino sus ganancias. No valoran la vida que es lo único que se tiene, en cambio valoran fetichistamente una ficción. Esta es la “condición humana” de los potentados, de la burguesía internacional, de la burocracia internacional, y de las burguesías y burocracias nacionales. La pregunta es: ¿cómo la gran mayoría de la población humana confía en esta gente, que arrastra a las sociedades humanas al abismo y al planeta a una catástrofe?

 

A propósito, se han vertido toda clase de tesis como para responder a la pregunta. Desde tesis ligadas al conservadurismo más recalcitrante que alude, explícitamente o de una manera matizada, a la ignorancia del pueblo; hasta tesis, mas bien, críticas, sobre todo, sobresale la tesis de Wilheim Reich del deseo del amo.  Pasando por tesis de los efectos de la dominación, de estructuras de poder, de marginamientos y exclusiones generadas por el capitalismo. No vamos a incorporar en este conjunto de hipótesis, convertidas en tesis, las que tienen que ver con la apología de las élites, su papel conductor y civilizatorio. Nos restringimos a aquellas tesis que pretenden explicar el conformismo masivo, constante, largo, de los pueblos.

 

Casi todas las tesis mencionadas tienen como referente la ignorancia del pueblo; solo que esta referencia se halla matizada o disminuida por la enunciación explicativa que le atribuye otras características, como marginación, discriminación, explotación, subalternidad; enunciación donde la ignorancia, explícita en las tesis conservadoras, deja de ser el argumento principal, para convertirse en el argumento principal la marginación, la discriminación, la explotación, la subalternidad; incluso la represión. Fuera de que estemos de acuerdo en estas realidades agraviantes a la condición humana, ocasionadas por las dominaciones desplegadas y las estructuras de poder impuestas, lo que eluden estas tesis es el fenómeno social señalado por Reich, que es la única tesis que no compartiría el prejuicio de la ignorancia, ya se dé manera explícita o de manera implícita; la tesis del deseo del amo.  Esta tesis alude a una especie de complementariedad y connivencia entre pueblo y dominación; incluso entre dominados y dominación. En otras palabras, dicho más claramente, señala el fenómeno extraño de la aceptación de la dominación por parte de los dominados.

 

Aunque Wilheim Reich haya expresado esta tesis del deseo del amo en el contexto del Tercer Reich, considerando la problemática singular patentizada en el periodo de ascenso y crisis del nacional-socialismo alemán, la tesis ha sido expandida para otros contextos y otros periodos en el mundo, donde las dominaciones, cualesquiera sean éstas, adquieren un cierto aire de legitimidad por la connivencia del pueblo y de la sociedad institucionalizada.  Es menester, volver a tocar el tema, aunque ya lo hicimos en otros ensayos, a propósito de la temática que nos atinge en este escrito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ecología en acción

 

Ya hablamos de las inscripciones en el cuerpo de los diagramas de poder, de la constitución de sujetos, en ese juego de relaciones entre poder y resistencias; relaciones dadas en condiciones desiguales, donde los sujetos constituidos resultan prácticamente moldeados por las tecnologías del poder. En consecuencia, esta interpretación considera que la dominación se convierte en esquemas de comportamiento y de conductas, en habitus, que reproducen los sujetos sociales, como si fuesen decisión propia o de libre albedrío, cuando sus conductas han sido, mas bien, inducidas. No vamos a tocar estos aspectos de la interpretación, sino el que tiene que ver con la responsabilidad ecológica de las sociedades, los pueblos, los colectivos, las comunidades y los individuos. Lo que llama la atención es una especie de decidía generalizada, una pusilanimidad social respecto a la crisis ecológica. Ciertamente, esta apreciación no se puede generalizar, pues los pueblos afectados, por ejemplo, por el extractivismo minero e hidrocarburífero, se han  movilizado no solo contra la contaminación y la depredación que generan, sino, incluso contra la misma presencia de las empresas extractivistas en los territorios. Sin embargo, su lucha ha sido localizada, ha repercutido muy poco o de manera intermitente e insuficiente en el resto de la sociedad. ¿Es que consideran que es un problema que solo afecta a los directamente involucrados? ¿Consideran o se inclinan a pensar que esas luchas son dignas de apoyar, empero lo hacen de manera intermitente e insuficiente, como creyendo que lo que ocurre les afecta más a los pueblos involucrados? Los pueblos que han sido más claros y han evidenciado los efectos destructivos para con la vida de los emprendimientos extractivistas, que tanto gobiernos neoliberales como “gobiernos progresistas” llaman “desarrollo”, han sido los pueblos indígenas.

 

No hay nada que pase en el planeta que no afecte a todos y todas.  No hay ninguna depredación, ninguna contaminación, ninguna destrucción de algún ecosistema que no afecte a todas las sociedades orgánicas, humanas y no humanas. Todas y todos estamos afectados  por lo que pasa en cualquier lugar del planeta. Nadie puede eludir su responsabilidad. Entonces, ¿por qué no se asume la responsabilidad? No solo ocurre esto por enajenaciones económicas, políticas y sociales, incluso culturales; esta condición de casi indiferencia con la ecología planetaria, tiene que ver con algo de más fondo. La desconexión del sujeto respecto del cuerpo; se trata de un sujeto que ha perdido la sensibilidad del cuerpo o, mas bien, la conexión integral con la sensibilidad del cuerpo. El cuerpo sigue, la percepción corporal también, así como las fenomenologías corporales y perceptuales; empero, las interpretaciones culturales, sociales, políticas y económicas no se basan en la sensibilidad corporal, sino en los códigos institucionales.  Las fenomenologías corporales y perceptuales quedan truncadas, inhibidas; son sustituidas por la genealogías del poder. El sujeto social no tiene la capacidad sensible del cuerpo, ni es capaz de interpretar el mundo efectivo, la ecología planetaria, en vinculación con las fenomenologías sensibles.

 

Esta separación del sujeto social respecto del cuerpo no se resuelve con la recuperación cultural, puesto que la desconexión con el cuerpo no ocurre por aculturación, deculturación,  por pérdida cultural y enajenación cultural. La separación del sujeto social respecto del cuerpo corresponde a la economía política generalizada, que se instala en las genealogías de poder a partir de múltiples separaciones, en plurales planos y espesores de intensidad del sistema-mundo. La separación del cuerpo, que también implica la separación del sujeto social respecto del Oikos, es decir, la constitución del sujeto social, ciertamente imaginaria, empero sostenida institucionalmente, corresponde a una larga historia de intervenciones institucionales sobre el cuerpo. A tal punto que estas intervenciones no solamente inscriben la historia política en la superficie del cuerpo, no solamente se hunden en el espesor de la carne, sino que colonizan al cuerpo. Separando al cuerpo de su potencia; apropiándose de parte de sus fuerzas capturadas para hacerlas actuar en función de la reproducción del poder. Que implica la hegemonía de la ideología, que es la que interpreta las relaciones sociales, así como las relaciones de las sociedades humanas con sus entornos. Entonces, desandar el laberinto, las genealogías del poder, la economía política generalizada, que nos han constituido como sujetos sociales, requiere no solo de una subversión de la praxis, sino de una subversión corporal y de una subversión ecológica.

 

 

Los activismos ecologistas han sido insuficientes; si bien han logrado colocar en agenda el problema de la crisis ecológica, la misma colocación en agenda parece un procedimiento de matización y minimización del problema. No se nota, por ningún lado, la comprensión, el entendimiento, el conocimiento y la consciencia de la envergadura del problema. Se lo asume como uno más de los problemas que atender en la agenda de las burocracias internacionales y nacionales; algunos estilos de política, sobre todo populista, incluso han incorporado la crisis ecológica, a su manera, para ganar convocatoria y para legitimar sus políticas. Es más, como sarcasmo, son estos mismos políticos en el gobierno los que se encargan de expandir e intensificar el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente.  Si se hace un balance del activismo, se ha conseguido muy poco, mientras tanto la proximidad de la catástrofe ecológica, si es que no se ha iniciado ya, se acerca raudamente.

 

Se requiere de activismos heroicos, de convocatorias categóricas, así como de interpelaciones categóricas, a los pueblos y las sociedades del mundo. Ante el desborde de la situación, del alcance de la crisis ecológica, grandes esfuerzos, atrevidas movilizaciones, son indispensables. Quizás el mensaje más importante es el relativo al balance de la historia de las sociedades humanas, de sus civilizaciones y sus desemboques; sobre todo, de la civilización moderna. Este balance dice que hemos equivocado el camino o los caminos, desde hace un buen tiempo, en el recorrido de las estructuras de larga duración histórica; pues parece que la inclinación por el dominio de la “naturaleza” se encontraba contenida en todas las civilizaciones. Así como dice Pierre Clastres que la posibilidad del Estado se encontraba contenida en las comunidades ancestrales; solo que en éstas, la premonición de esta posibilidad las llevó a desenvolver estrategias comunitarias para evitarlo. En cambio, las civilizaciones antiguas no solo construyeron el Estado, el gran acreedor, el gran propietario de todas las tierras,  sino que desplegaron, a su manera, de modo diferencial, relaciones que se proyectan en el horizonte como dominación sobre la “naturaleza”. Aunque la nombren de distintas maneras, incluso la incorporen como deidad, de característica suprema.

 

Lo que decimos no implica que debemos volver a foja cero, empezar todo de nuevo; esto es imposible. Sino que las experiencias sociales vividas, las memorias sociales acumuladas, los aprendizajes, nos han permitido ver lo que no debemos hacer ni repetir. Con esta invalorable experiencia, memoria, conocimientos, saberes, tecnologías, ciencias, se puede comenzar desde donde estamos, sin necesidad pretender volver al pasado.

 

Esta actitud de renacimiento implica mandar a su casa a todas las burocracias gobernantes, a todas las clases políticas, nacionales e internacionales; nos enseñaron lo que no se debe hacer. En estos temas o tareas ejercidas por las burocracias, es indispensable aprender a autogobernarse. También implica mandar a su casa a todos los potentados, a todas las burguesías, nacionales e internacional; nos enseñaron también lo que no se debe hacer. En las tareas, ejercicios, conducción y dirección que emprendían, fuera de la apropiación privada del producto social, los pueblos deben aprender a auto-gestionarse.  Otra cosa que parece deben aprender los pueblos y sociedades es a construir consensos. Sobre todo, en lo que respecta a la auto-gobernanza mundial de los pueblos.

 

 

 

 

 

 

 

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Proyecto emancipatorio y libertario de autoformación y autopoiesis

 

 

Diplomado en Pensamiento complejo:

Contrapoder y episteme compleja

 


 

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Objetivo del programa:

Umbrales y limites de la episteme moderna, apertura al horizonte nómada de la episteme compleja.

 

Metodología:

Cursos virtuales, participación virtual en el debate, acceso a la biblioteca virtual, conexión virtual  colectiva. Control de lecturas a través de ensayos temáticos. Apoyo sistemático a la investigación monográfica. Presentación de un borrador a la finalización del curso. Corrección del borrador y presentación final; esta vez, mediante una exposición presencial.

 

Contenidos:

 

Modulo I

Perfiles de la episteme moderna

 

1.- Esquematismos dualistas

2.- Nacimientos de del esquematismo-dualista

3.- Del paradigma regigioso al paradigma cientifico 

4.- Esquematismo ideológico

 

Modulo II

Perfiles de la episteme compleja

 

1.- Teórias de sistemas

2.- Sistemas autopoieticos 

3.- Teorías nómadas

4.- Versiones de la teoria de la complejidad

 

Modulo III

Perspectivas e interpretaciones desde la complejidad

 

1.- Contra-poderes y contragenealogias 

2.- Composiciones complejas singulares

3.- Simultaneidad dinámica integral

4.- Acontecimiento complejo

 

Modulo IV

Singularidades eco-sociales 

 

1.- Devenir de mallas institucionales concretas

2.- Flujos sociales y espesores institucionales

3.- Voluntad de nada y decadencia

4.- Subversión de la potencia social

 

 

Temporalidad: Cuatro meses.

Desde el Inicio del programa hasta la Finalización del programa.

Finalizaciones reiterativas: cada cuatro meses, a partir del nuevo inicio.

Defensa de la Monografía. Defensas intermitentes de Monografías: Una semana después de cada finalización.



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