Retórica y poder

10.03.2016 16:11

Retórica y poder

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Cuando el chantaje se convierte en práctica política, la política ya no solamente es el campo de la incertidumbre, sino que llega a convertirse en el ámbito de lo inesperado, de lo sorprendente; sobre todo, porque los hechos van más lejos de lo imaginable. La intrepidez de los políticos, concretamente de los gobernantes, llega impactar en la atareada comprensión, por sus formas alucinantes de concurrir.  Las acciones de los gobernantes, más que las actuaciones mismas, que forman parte de la retórica, en su propia diseminación, rompen esquemas e imágenes recordadas. ¿Qué es lo que impulsa a los gobernantes, no solamente meterse en vericuetos, no solamente entramparse en laberintos insólitos, sino en atreverse a atravesar todos los ardides conocidos, todas las tácticas usadas, incluyendo las más audaces? ¿Es su voluntad? ¿Su propia audacia? ¿O, mas bien, es la propia maquinaria del poder, ya despavorida, la que los lanza en aventuras enloquecidas? Las anteriores preguntas a la última, insinúan una inclinación inherente, casi congénita, en el sentido moral, que, usualmente, se denomina como inclinación al mal. Este supuesto es rechazado por nosotros, por su herencia religiosa y moralista, del estilo inquisitorio. Preferimos quedarnos con la última pregunta, que parece más abierta, clara, incluso objetiva, por así decirlo.

 

Entonces las preguntas son las siguientes: ¿Cuál es el estado o situación, es decir condición, de las estructuras de poder, para que su funcionamiento desencadene turbulencias, que parecen desvencijar la misma arquitectura del poder? ¿Cuál es condición de la genealogía del poder de esta fabulosa maquinaria abstracta y del conjunto abigarrado de sus agenciamientos concretos de poder? ¿Ha llegado no solo a la decadencia de su funcionamiento, sino también ha llegado al punto de inflexión, desde el cual, lo que queda es su propia autodestrucción? Trataremos de responder a estas preguntas; por lo menos incursionarlas.

 

Si aceptamos la hipótesis implícita en la última pregunta, debemos encontrar los síntomas de esta marcha irreversible a la autodestrucción. Un primer borde, de lo que puede ser el perfil de un síntoma, parece ser la magnitud descomunal de la corrupción a la que se ha llegado. Nada de los contratos vinculados a proyectos, aprobados y supuestamente en ejecución, funcionan; en otras palabras, desde el punto de vista de la ingeniera de los proyectos, por así decirlo, nada de estos dispositivos son reales. Aparecen, en contraste, como montajes, blufs, apariencias; que sostienen, como cáscaras, fabulosas inversiones que no se realizan, según los términos de referencia, sino que desaparecen, comidos por hambrientos fantasmas. Para convencer al candoroso público, se hace un esfuerzo adicional, por cierto exagerado, en la propaganda y la publicidad; también en la retórica. La credulidad, como nunca, ha llegado, también lejos; organizaciones, miembros de organizaciones sociales, conjuntos leales populares, creen, sin darse el trabajo de comprobar lo que ocurre. Esta lealtad ingenua y fantasiosa, es la base de la apuesta de los gobernantes, ya entrampados, en esta carrera desbocada a la autodestrucción.  Es a lo que apuestan para seguirse sosteniendo, en un gobierno que se desvencija y se derrumba a pedazos. 

 

Pero, para que se apueste a algo tan insostenible, por lo menos en el largo plazo, sino es, mas bien, en el mediano plazo, los que lo hacen tendrían una estructura subjetiva muy poco vinculada al principio de realidad, usando esta figura, por cierto discutible, del psicoanálisis. Esto no quiere decir que tienen una vinculación más próxima al principio de placer, sino que sustituyen el principio del placer por una morbosidad fetichista, que también los aleja del placer y los empuja a angustias desoladoras. Esta apreciación, que funciona como hipótesis auxiliar, no apunta, de ninguna manera, a la tesis moralista del mal, sino a un desborde imaginario, que altera subjetividades, hasta auto-engañarse con una grandeza deseada, que no es otra cosa, en la práctica, que miseria calamitosa humana[1].

 

Ahora bien, en la construcción de esta hipótesis de interpretación, habría que resolver ¿si los sujetos atrapados en las redes del poder son arrastrados a este delirio auto-contemplativo y autodestructivo o si son sus constituciones subjetivas las que se adecuan a la decadencia del poder? Como se puede ver, no es fácil optar. Es preferible, para evitar mayores riesgos a equivocarse, que se dan como complementariedades entre ambos factores, por así decirlo. El poder, sobre todo, en su decadencia alucinante, atrae a sujetos alucinados por el poder, quienes alimentan, con mayor empuje, la autodestrucción del poder mismo.

 

Dibujar y pintar este cuadro catastrófico es, relativamente fácil, en comparación a dibujar y pintar, también interpretativamente, los entornos, por así decirlos, del poder, los públicos, que hacen de referente de los gobernantes. ¿Qué ocurre con los públicos, que contemplan, donde hay sectores que aplauden a los gobernantes, pues les creen lo que dicen; qué ocurre, en general, con el pueblo, donde parte de él quizás no aplaude, otra parte quizás no crea en lo que dicen los gobernantes, y otra parte, quizás más pequeña, interpele a los gobernantes? Esta es la pregunta más importante para descifrar el nudo gordiano de la reproducción, de la decadencia y de la autodestrucción del poder.

 

La hipótesis que vamos a lanzar es quizás dura, empero, ayuda, por lo menos, a bosquejar, una interpretación más adecuada, a esta parte difícil del cuadro. Como dijimos en otros ensayos, la clave del poder no se encuentra en el poder mismo, que es más bien imaginario, sino en la captura de las mallas institucionales de parte de las fuerzas de la potencia social, fuerzas capturadas con las que se reproduce el poder vampiro. El secreto del poder se encuentra en la sumisión, en la subordinación, en la aceptación de la dominación, de la representación, de la delegación; yendo más lejos, en la renuncia a luchar. Hay pues una complicidad del pueblo, por lo menos, de una parte significativa, si no es la mayoría, en la reproducción del poder; es más, en la etapa diagnosticada, en esta decadencia y autodestrucción. No basta decir, como descargo, que fueron engañados, que creyeron, que apostaron lealmente a un proceso de cambio, aunque contradictorio, que había que apoyar. Nadie es engañado si, en el fondo, no quiere serlo. Nadie cree absolutamente, menos cuando hay síntomas preocupantes. El apoyo a un proceso de cambio no es a sus tendencias autodestructivas y decadentes sino a sus tendencias críticas, vitales, fuertes, que apuntan a transformaciones efectivas, institucionales y estructurales. El haber apostado a lo fácil, al menor esfuerzo, a creer, a pesar de todo, lo convierte en cómplice del desastre.

 

Éste es, si se quiere, el quid de la cuestión. Después de luchar denodadamente, de entregarse heroicamente a la movilización y a las luchas exigentes, a las batallas, después de haberse sacrificado, el dejar que unos fanfarrones se aprovechen de las victorias populares, es regalar el sacrificio, las victorias, las luchas, a unos tramposos.    Esto dice, de la actitud pusilánime, pos-combates, que se prefiere concluir a mitad del camino, optando por una comedia, en vez de seguir con el esfuerzo multitudinario, con el temple de un pueblo, que desafío a la historia y a la realidad. Se sustituyó la liberación por una simulación comediante; se prefirió la ilusión que la mirada valiente y certera, se prefirió reposar que seguir luchando. 

 

Sería caer en otro simplismo si esta parte de la interpretación, del dibujo y la pintura del cuadro, suponga que el pueblo, esa parte del pueblo, decide, como si fuera un sujeto. No hay tal cosa, el pueblo son multitudes dinámicas; si se quiere, se compactan, cuando sus voluntades, individuales, grupales, colectivas, se conjuncionan, formando un acontecimiento social, particularmente rebelde o, en el más intenso de los casos, específicamente revolucionario, por su destrucción de antiguas instituciones y estructuras de poder.  Empero, lo que no hay que olvidar nunca, un pueblo no es un sujeto, como supone la ciencia política y la filosofía política, la “ideología”, sobre todo revolucionaria. Un pueblo es multitudes, ya sea movilizada interpeladoramente, ya sea en movimientos reproductores del sistema. Incluso, en el momento más intenso de la movilización social anti-sistémica, se hallan composiciones conservadoras, que obstaculizan y retrasan la misma rebelión. Quizás en esta complejidad paradójica se encuentre el referente, por cierto, no adecuadamente percibido, del dilema de la “vanguardia” y las bases. No nos vamos a detener en este debate; ya lo hicimos en otro escrito[2]. Lo que interesa es comprender la mecánica y dinámica del pueblo, en su plural y diferencial comportamiento múltiple, en las distintas etapas de un proceso político.

 

Nuestra posición, al respecto, es, si es que se opta por la vanguardia, con la mejor intensión revolucionaria, y no se da lugar a la pedagogía popular, aprendiendo de su experiencia, aprendiendo a autogobernarse, se reproduce, paradójicamente, aunque se quiera, precisamente lo contrario, la relación de dominación; esta vez entre maestros y aprendices, entre vanguardia y bases, entre intelectuales y pueblo.

 

Ciertamente, el problema de los gobernantes de un proceso de cambio, no es éste. Pues éste es el problema de las vanguardias, en el mejor sentido de la palabra. Los gobernantes, de un proceso de cambio, son comediantes de “vanguardia, que resultan, en la práctica, ser el dispositivo más conservador, que alimenta los prejuicios sumisos del pueblo.  Por eso, es preocupante, la función de la retórica moderna; pues al simular, al montar una comedia, al chantajear a los imaginarios esperanzados, con cambios aparentes, que no se dan, salvo en la grotesca representación de los medios de comunicación y las ceremonias de poder estridentes, utiliza la pretensión insostenible de vanguardia para fortalecer el chantaje del poder.

 

 

 



[1] Ver Prácticas y cartografías de la impostura. Dinámicas moleculares. La Paz 2016. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/practicas-y-cartografias-de-la-impostura/.

[2] Ver Acontecimiento libertario. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. 

 

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Proyecto emancipatorio y libertario de autoformación y autopoiesis

 

 

Diplomado en Pensamiento complejo:

Contrapoder y episteme compleja

 


 

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Objetivo del programa:

Umbrales y limites de la episteme moderna, apertura al horizonte nómada de la episteme compleja.

 

Metodología:

Cursos virtuales, participación virtual en el debate, acceso a la biblioteca virtual, conexión virtual  colectiva. Control de lecturas a través de ensayos temáticos. Apoyo sistemático a la investigación monográfica. Presentación de un borrador a la finalización del curso. Corrección del borrador y presentación final; esta vez, mediante una exposición presencial.

 

Contenidos:

 

Modulo I

Perfiles de la episteme moderna

 

1.- Esquematismos dualistas

2.- Nacimientos de del esquematismo-dualista

3.- Del paradigma regigioso al paradigma cientifico 

4.- Esquematismo ideológico

 

Modulo II

Perfiles de la episteme compleja

 

1.- Teórias de sistemas

2.- Sistemas autopoieticos 

3.- Teorías nómadas

4.- Versiones de la teoria de la complejidad

 

Modulo III

Perspectivas e interpretaciones desde la complejidad

 

1.- Contra-poderes y contragenealogias 

2.- Composiciones complejas singulares

3.- Simultaneidad dinámica integral

4.- Acontecimiento complejo

 

Modulo IV

Singularidades eco-sociales 

 

1.- Devenir de mallas institucionales concretas

2.- Flujos sociales y espesores institucionales

3.- Voluntad de nada y decadencia

4.- Subversión de la potencia social

 

 

Temporalidad: Cuatro meses.

Desde el Inicio del programa hasta la Finalización del programa.

Finalizaciones reiterativas: cada cuatro meses, a partir del nuevo inicio.

Defensa de la Monografía. Defensas intermitentes de Monografías: Una semana después de cada finalización.



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Inscripciones: A través de la dirección: 

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