Miseria de la geopolítica

19.06.2015 08:40

Miseria de la geopolítica

Crítica a la geopolítica extractivista

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Índice:

Miseria de la geopolítica                                                                                          

¿Geopolítica de la Amazonia?                                                                                   

Una digresión: De la “ideología” gubernamental                                                      

Tópicos del debate

Sobre el extractivismo                                                                                                 

Crisis ambiental y ecológica                                                                                          

Identidades indígenas                                                                                                  

El conflicto del TIPNIS                                                                                                  

Otras visiones de la Amazonia boliviana

Fragmentos territoriales y sociales

e hipótesis interpretativas

Descripciones del Beni                                                                                                  

Interpretaciones

Historia y campo social                                                                                                       

Miseria de la geopolítica

La reducción de la geopolítica o, mejor dicho de las geopolíticas, a un uso utilitario de la propaganda gubernamental para justificar el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente de las periferias del sistema-mundo capitalista, para justificar la ampliación de la frontera agrícola en beneficio de la extensión de la hoja de coca excedentaria y de la agricultura expansiva y la ganadería expansiva, además de la explotación maderera de las empresas privadas, muestra la miseria de la geopolítica gubernamental, una geopolítica del neo-populismo y neo-nacionalismo restaurador del Estado-nación. El uso discursivo de enunciados marxistas para construir la legitimación oficial del modelo extractivista, como es el uso de la subsunción capitalista de la economía indígena amazónica, que es además un concepto inventado al calor del delirio de la polémica en contra de las naciones y pueblos indígenas originarios, concepto que no se sostiene ni teóricamente, ni lógicamente, ni empíricamente[1]. El interpretar de una manera apresurada e improvisada que el ambientalismo, el ecologismo, la defensa de los ecosistemas, la defensa de la madre tierra, es parte del proyecto de dominación capitalista, dominación colaborada con la dominación local y regional de hacendados, empresarios y ONGs, no es más que la muestra de una fantasía enardecida que no puede contrastar sus propias conjeturas, más quiméricas que graves y sensatas.

Todo esto está exento de análisis, análisis de contexto, análisis de los ciclos del capitalismo y de sus estructuras diferenciales; sobre todo hay ausencia de un análisis de la geopolítica del sistema-mundo capitalista y de la economía-mundo capitalista. Geopolítica que ha creado una división del trabajado, condenando a las periferias del sistema-mundo a la extracción de los recursos naturales y su exportación en condiciones de materias primas, extracción minera e hidrocarburífera, a la producción de alimentos baratos, a la mano de obra barata, en tanto que la concentración de capital de la acumulación ampliada de capital se da lugar en los centros del sistema-mundo capitalista. Aunque algunos países de las periferias hayan pasado a ser potencias industriales, esto no quiere decir que se ha abolido la geopolítica del sistema-mundo capitalista; esto sólo quiere decir que hay desplazamiento de los centros, así como una modificación en los términos de intercambio y en la composición de la estructura de control y dominación del capital. Decir que hay que apostar al extractivismo para satisfacer las necesidades del pueblo no es más que repetir el viejo discurso de las elites criollas liberales y nacionalistas, sin un ápice de modificación discursiva y tampoco de agudeza. No se entiende que la reproducción del extractivismo condena al círculo vicioso de la dependencia. Lo que empíricamente se ha demostrado en la historia moderna y de los ciclos del capitalismo, en lo que respeta a la condena extractivista de los países periféricos, es que el extractivismo nunca fue la base de la industrialización y de la salida de la dependencia, al contrario, refuerza la condena fosilizando una economía dependiente y un Estado rentista.

Las experiencias de la Unión soviética y de la República de China Popular muestran que tuvieron que dar saltos forzados, no extractivistas, para producir sus propias revoluciones industriales. Si hubieran pensado en los términos de la geopolítica del extractivismo, se hubieran quedado eternamente en el umbral de la economía de la dependencia. Este umbral fue el límite de los gobiernos nacionalistas del siglo pasado, pues creían que con las nacionalizaciones de los recursos naturales, de las empresas mineras y petroleras bastaba para salir la dependencia y crear como arte de magia la industrialización, llamada por ellos política de sustitución de importaciones. Los gobiernos nacionalistas produjeron un remedo estrecho, dramático y comediante, además de fragmentado, de las revoluciones industriales de la Unión Soviética y la República popular China. En esos casos, los de las llamadas revoluciones socialistas, se trataba de transformaciones estructurales integrales de la sociedad y de la economía, transformaciones gigantescas en el campo educativo, buscando crear la masa crítica de científicos, transformaciones gigantescas en la economía, mediante la socialización de los medios de producción y la reforma agraria, transformaciones gigantescas en el campo del trabajo, apuntando al pleno empleo, transformaciones gigantescas en el campo de la salud, construyendo una logística extensa y abarcadora, para atender la salud pública. En otras palabras, apostaron a crear las condiciones de posibilidad de la revolución industrial, se efectuó una política y una planificación encaminada a la revolución industrial. Si algo produjeron estas revoluciones no es el socialismo, pues no puede darse el socialismo en un solo país y sin profundización de la democracia, sino la revolución industrial en sus países. Por último, intentaron construir una transición estatal diferente, una transición que respondiera a la dictadura del proletariado, que es una perspectiva también de transición. Aunque este recorrido los llevó a la formación de un Estado total, que abolió la democracia obrera (Kronstadt, 1921), que sumergió los soviets en la dictadura del partido y después el partido fue arrastrado a la gravitación desmedida de la dictadura de un solo hombre; sin embargo, por lo menos se intentó construir otro mapa institucional. El apostar por el modelo extractivista, el mantener el Estado-nación subalterno, que no es otra cosa que un administrador de la transferencia de los recursos naturales a los centros de la acumulación del capital, no es más que repetir la misma historia de las elites criollas, ahora en versión neo-populista.

La crisis ecológica a la que ha llevado la vorágine del capitalismo es una realidad, no un cuento de ambientalistas; la combinación de la crisis estructural del capitalismo y la crisis ecológica, crisis devenidas por la transferencia de los costos no cuantificables a la naturaleza, resultan en una situación amenazadora a los ciclos de reproducción de la vida. Esto también es una situación constatada científicamente, no parte de la propaganda del capitalismo verde y de ONGs. Desconocer esto es ponerse de parte de las empresas trasnacionales y de los países que no firmaron el compromiso de la Cubre Mundial del Cambio Climático en Kioto, entre los que se encuentra Estados Unidos. Desconocer una de las tesis más ricas de las corrientes marxistas, que es la escuela de Frankfurt, de que el capitalismo no solamente se explica por la explotación de la fuerza de trabajo sino también por la dominación de la naturaleza, es ponerse de lado de las corrientes deterministas y economicistas del marxismo vulgar[2].

Las luchas contemporáneas contra el capitalismo, después del hundimiento de los estados socialistas de la Europa oriental, son ecologistas, son de movimientos sociales diversos, de multitudes, auto-convocados y autogestionarios, son de movimientos de naciones y pueblos indígenas, que se ponen de lado de la defensa de la madre tierra, son de movimientos feministas de-coloniales y de las subjetividades diversas. Esta lucha es descolonizadora y anticapitalista. No es la misma estructura de luchas de los periodos de la hegemonía proletaria; ahora el proletariado, en su gran mayoría, es nómada y migrante, sometido al capitalismo salvaje y a formas renovadas del colonialismo.  Desconocer las versiones del eco-socialismo o del socialismo verde[3], es parte de un anacronismo dramático de los discursos fosilizados, que lo único que hacen es repetir mecánicamente las viejas consignas, creyendo que los cuadros, en el sentido de paisajes, y los contextos de una etapa pasada del capitalismo siguen, continúan inamovibles, como rocas desafiando la corriente de los tiempos y cristalizando la eternidad, como si nada hubiera pasado, como si no hubieran transcurrido las transformaciones históricas. Eso es pelear con los fantasmas, que son como irradiaciones espectrales del pasado, para no acudir a la responsabilidad de pelear con las formas del capitalismo hoy, en el presente. Sobre  todo este discurso es funcional a la continuidad del modelo extractivista, que es a lo que apuesta la fase crítica del ciclo del capitalismo vigente, en su forma de mega-minería y en su forma de explotación hidrocarburífera, usando tecnologías cada vez más destructivas. En esta fase de dominio y control del capital financiero sobre las otras formas de capital, el discurso legitimador, la “ideología” burguesa del capitalismo tardío, define una administración de la crisis mediante su financiarización, sostenida por el retorno a un masivo despojamiento y desposesión de los recursos naturales, transfiriendo los costos de la crisis nuevamente a la naturaleza, a las periferias del sistema mundo, empero también ampliando la transferencias de los costos de la crisis a sus propias sociedades de los centros del sistema-mundo, haciéndoles pagar precios de inflación y tributaciones invisibles. Es a esta modalidad que se la llama modelo extractivista, densamente aplicada en las periferias de la economía-mundo capitalista. Las divagaciones de la geopolítica del extractivismo sobre la inutilidad de hablar de extractivismo, pues se trata del modo de producción capitalista y de sus formas técnicas, caen por su propia inocencia y por la manifiesta negligencia de atender el debate que atraviesa a América Latina sobre el extractivismo como modalidad integral, no solo forma técnica, de despojamiento y desposesión de los recursos naturales, con el agravante de la gran incidencia destructiva de la mega-minería. No se puede responder a esta problemática, que requiere el análisis específico del problema concreto, con las generalidades del discurso marxista des-contextuado de que se trata del modo de producción capitalista y una de sus formas técnicas.   Este discurso, esta geopolítica extractivista, es precisamente el gran apoyo nacionalista y populista a las formas de dominación y control del capital a escala mundial. Los argumentos de este discurso anacrónico no se sostienen empíricamente y ante el análisis contemporáneo de las formas de expoliación desplegadas por el capitalismo tardío como dominio de la naturaleza y explotación de la fuerza de trabajo.

Esta geopolítica del extractivismo, geopolítica endémica, pues no está estructurada teóricamente, ni toma en cuenta la arqueología del saber de las teorías geopolíticas, tampoco la genealogía de las geografías políticas emancipatorias, no estatalistas, recurre para cubrir sus flaquezas a un ataque sistemático a las organizaciones indígenas que resisten al modelo extractivista y a las políticas anti-indígenas e inconstitucionales del gobierno. La acusación es la misma, repetida como ritual de la inercia estatal, sin imaginación y menos sin raciocinio: La organizaciones indígenas están bajo el control de ONGs, pagadas por potencias extranjeras, además comparten la alianza con las haciendas y las empresas patronales agrícolas y de la agro-industria. Esto es desechar tristemente la lucha de los pueblos indígenas contra los karaianas, contra la expansión ganadera y de las haciendas, contra las empresas madereras y las barracas, además de las empresas castañeras.  Esto es inventarse a su antojo una historia que no ocurre y que tampoco nunca ocurrió, desconociendo los hechos y la larga tradición de las luchas indígenas, así como omitiendo la memoria larga indígena, desterrándola al desierto del olvido. Este comportamiento es una muestra de la matriz colonial de la psicología de los gobernantes y en la locución del discurso improvisado de la geopolítica del extractivismo. Esto sirve para convencer a los convencidos, que son las camadas de llunk’u y aduladores del campo burocrático, de los entornos maniáticos del poder. Este discurso no convence al pueblo boliviano que apoyó las marchas indígenas en defensa del TIPNIS, menos convence a las naciones y pueblos indígenas y movimientos sociales anti-sistémicos vigentes. Esta geopolítica extractivista es parte de la propaganda y publicidad gubernamentales, que funciona mecánicamente, como masa copiosa de comunicación pagada por el Estado, comunicación que quiere aplastar agobiando al público y los espectadores atónitos, convencerlos por repetición infinita de lo mismo.

Por otra parte, en lo que respecta al conflicto del TIPNIS, asombra no solo la desinformación descomedida sino la poca atención que se toma de las propias resoluciones del gobierno al respecto. El TIPNIS cuenta con tres zonas definidas por el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP) y la Asamblea de Corregidores; se trata de tres zonas, la “Zona Núcleo”, la “Zona de Uso Tradicional” y la “Zona de Uso de Recursos”. La primera zona goza de una extrema protección y figura con ese nombre en la propuesta o Plan Estratégico de Gestión del TIPNIS. A propósito Sarela Paz escribe:

En el Reglamento General de Áreas Protegidas, este tipo de áreas se denomina “Zona de Protección Estricta”, es decir que la Zona Núcleo del TIPNIS es una zona de extrema conservación, no se la puede tocar, no se la puede modificar[4].

La segunda zona, situada alrededor de la zona núcleo, es el área que se la ha definido como “Zona de Uso Tradicional”. Justamente en esta zona se realiza la economía étnica. Finalmente, la tercera zona es de “Uso de Recursos”, donde pueden desarrollarse actividades económicas con fines comerciales, donde puede desenvolver el modelo de desarrollo comunitario.

Sarela Paz caracteriza a esta tercera zona de la manera siguiente:

La categorización y los distintos usos de las zonas fueron aprobados por el SERNAP desde 2002 y, en base a ello, el mismo SERNAP-MAPZA impulsó el modelo de desarrollo comunitario a través de programas como: 1º Aprovechamiento Forestal, 2º Aprovechamiento de Cuero de Saurios, 3º Ecoturismo–Pesca Deportiva, 4º Manejo de Chocolate Nativo, 5º Módulos Ganaderos Comunitarios[5].

 

Es ciertamente inmoral y deshonesto, de parte del gobierno y por parte del discurso de la geopolítica del extractivismo, citar estos proyectos como ejemplo de la vinculación de las comunidades del TIPNIS con el capitalismo internacional, cuando fue el propio gobierno quien los aprobó y los fiscaliza. Esto muestra no solo indecencia sino un desprecio por la opinión pública y el pueblo, de quienes se tiene una imagen de sujetos manipulables, imagen digna de la paranoia del poder y del desprecio de la gente trastocada por el señorío que ejerce y  enamorada de la dominación desplegada sobre todos los mortales. Las organizaciones indígenas son las únicas organizaciones que defienden consecuentemente la Constitución, el proceso, los objetivos descolonizadores del proceso, los derechos de la madre tierra, contra un gobierno extractivista, que está contra el proceso, contra la Constitución y la madre tierra, además de estar efectivamente de parte de la geopolítica dominante y racializada del sistema-mundo capitalista, por la continuidad y expansión desbordante del modelo extractivista.

 

Otra cosa que llama la atención es la ingenuidad como se maneja la temática y la problemática de la Amazonia. ¿Cuál es el imaginario gubernamental sobre la Amazonia? Es un espacio rebelde que debe ser sometido a la soberanía del Estado-nación. No se ha hecho el esfuerzo de investigar de qué se trata, a qué complejidades responde esta inmensa geografía boscosa, selvática y acuática, habitada por la biodiversidad de especies, nichos ecológicos y ecosistemas, de la que forman parte las sociedades y comunidades humanas. No se ha hecho un estado de arte de las investigaciones sobre la Amazonia, se desconocen los distintos acercamientos a este continente amazónico, desde las investigaciones antropológicas y mitológicas, hasta las distintas definiciones geográficas, sociales, administrativas y ecológicas de la Amazonia. Se desconocen las memorias, imaginarios y saberes indígenas de la Amazonia. Se desconocen la complejidad de los campos sociales, los campos económicos, los campos culturales, los campos simbólicos y los campos políticos de la Amazonia. No hay de lejos ningún análisis sociológico. Lo que hay es un abuso del término, Amazonia, una restricción inaudita de los contextos, planos, campos, nichos ecológicos y ecosistemas de la Amazonia al imaginario gubernamental. Este imaginario estatal supone que la Amazonia es tierra dominada por hacendados y ONGs. Esta es la parte más pobre del libro, que raya en lo grotesco literario[6].

 

¿Cómo explicar entonces esta geopolítica extractivista? ¿Cómo explicar esta miseria geopolítica, además del estrambótico manejo de los temas puestos en mesa? Se nota una desesperación desgarradora por justificar la ruta optada por el gobierno. La política extractivista, sus nacionalizaciones parciales, su entrega de la explotación y producción hidrocarburífera a la dirección técnica de las empresas trasnacionales, sus políticas improvisadas, su demagogia industrialista, sus alianzas efectivas con la burguesía boliviana, la banca, la burguesía agroindustrial y los nuevos ricos. También es desgarrador el esfuerzo por ocultar, no hablar de la expansión desbordante del clientelismo, los circuitos de influencia, la economía política del chantaje, la economía política de la cocaína, que se han convertido en factores que inciden ya en las decisiones gubernamentales. También es alarmante, el constatar que el gobierno ha cruzado la línea, está del otro lado de la vereda, enfrentando al pueblo, desde su medida impopular del “gasolinazo” y sobre todo en el conflicto del TIPNIS.

 

 

¿Geopolítica de la Amazonia?

¿Qué sería una geopolítica de la Amazonia?  ¿Una geografía política de la Amazonia, es decir, una geografía política de los distintos ecosistemas, eco-organizaciones, comprendiendo a las sociedades y comunidades humanas que la habitan, nichos ecológicos e interacciones múltiples? ¿Una estrategia estatal sobre la Amazonia, buscando implantar la soberanía en estos contextos exuberantes y tropicales? Si fuese este al caso, si se trata de una estrategia del Estado-nación sobre el control de la Amazonia, como en el caso de la República Federal de Brasil, se requiere tener conocimientos, descripciones, diagnósticos, evaluaciones e investigaciones sobre la Amazonia. Este no es lo que ocurre con el gobierno boliviano, que patentiza un elocuente desconocimiento de los temas atingentes y de la problemática compleja de la Amazonia. Es más, la llamada geopolítica de la Amazonia ha reducido la geopolítica a la estrategia de la construcción de una carretera que cruza el núcleo del Territorio y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), objetivo que es pobre por sí mismo como para llamarse geopolítica. Tampoco se puede decir que ADEMAF, la agencia de desarrollo de fronteras, cuenta con una estrategia que pueda llamarse geopolítica de la Amazonia. Esta agencia ha desplegado proyectos particulares en algunas zonas fronterizas, dispersos y fragmentados, que no llegan a articular una concepción integral de los proyectos, tampoco una estrategia de conjunto. Incluso, si fuese el caso hipotético, si lo lograra, tampoco esta estrategia de desarrollo fronterizo podría llamarse geopolítica de la Amazonia, pues una geografía política de la Amazonia en el sentido estatal, en el sentido de sentar soberanía, requiere resolver por lo menos tres temas; una concepción de la Amazonía, que contemple su complejidad y la interacción de sus ecosistemas; una política de integración amazónica concordante con los demás países que administran el continente amazónico; una política de articulación complementaria entre las regiones geográficas que componen el país.  Todo esto está ausente en la llamada geopolítica de la Amazonia inventada por el gobierno.

En todo caso, hay que tomar en cuenta las distintas posibilidades o líneas de trabajo de la geopolítica, incluso de una geografía política, en sentido amplio. Ciertamente el eje más conocido de la geopolítica es estatal, se trata de estrategias del Estado como dominio y control del Espacio. Se la ha usado por parte de las potencias imperialistas como estrategia de expansión en la lucha inter-imperialista por la dominación mundial. Empero hay otros ejes, uno de los más ricos es el relativo a las geografías políticas emancipatorias, que desarrollan categorías y conceptos respecto a las dinámicas espaciales, en términos de la construcción de los espacios por las fuerzas sociales. Los lugares, los sitios, las zonas, los territorios, las regiones, los espacios mismos, son concebidos como construcciones sociales e imaginarias populares. Se trata de una geografía que comprende las sensaciones, las emociones, las representaciones, los símbolos, los espesores territoriales, las prácticas de ocupación y movilidad, las edificaciones y los flujos, como componentes de la construcción del espacio. Esta geografía se concibe como un instrumento emancipatorio de las luchas sociales, geografía que hace inteligible el desplazamiento de las fuerzas y la dinámica de las transformaciones espaciales y se propone potenciar las luchas sociales socio-territoriales[7]. Hay un tercer eje, mas bien posibilidad, de trabajo, se trata de una eco-geo-política. Hablamos de las consecuencias de la ecología en la comprensión de los espacios y territorios, sin olvidar que la ecología concibe mas bien espesores y no espacios, así como concibe los territorios como nichos ecológicos y ecosistemas. Se trata del desarrollo de una eco-geografía-política que se plantea la comprensión de la complejidad de los ecosistemas y la armonización de las sociedades complementarias de seres vivos, en las que se incluyen las sociedades humanas. 

Desde esta perspectiva, la posibilidad de una geopolítica de la Amazonia debe escoger de entre las rutas de estos ejes de trabajo, así como resolver los temas anteriormente establecidos, de concepción, de integración y de articulación. En todo caso, si tomamos en cuenta las premisas, postulados y mandatos de la Constitución, la transición a un Estado plurinacional comunitario y autonómico, requiere de una geografía política emancipatoria y de la eco-geografía política, por las exigencias de su enfoque pluralista y descolonizador. De ninguna manera una geopolítica del Estado-nación.    

¿Qué es entonces esta nombrada geopolítica de la Amazonia? ¿Una “ideología” gubernamental? ¿Un discurso como dispositivo de poder para incidir en el conflicto del TIPNIS buscando la descalificación de los contrincantes? Nos acercamos a la segunda opción, a la de dispositivo de poder, sin dejar de aludir al carácter “ideológico” del discurso, en el sentido de un imaginario estatal no solamente de la Amazonia sino también de la naturaleza.

 

Una digresión: De la “ideología” gubernamental

Hacemos notar que cuando nos referimos a la “ideología” gubernamental, lo hacemos entrecomillando ideología, pues consideramos que la teoría de la ideología es una tesis inadecuada para abordar la problemática de los saberes, de las formaciones discursivas, de los ámbitos imaginarios, de los sistemas simbólicos, de los esquemas de comportamiento y conductas. Preferimos acercarnos a la perspectiva compleja de Michel Foucault y Pierre Bourdieu sobre la comprensión de los saberes y los habitus. No hay que buscar en el figurado espacio de la superestructura el desenvolvimiento representativo de la ideología. De modo distinto, se trata de relaciones de poder, de estructuras de poder, de diagramas de poder, de violencia simbólica y violencia física del Estado, se trata de habitus, de subjetividades y sujetos, de usos del capital simbólico, del capital cultural, del capital económico y del capital social. Se trata entonces de señalar a la “ideología” gubernamental como retórica propagandística y dispositivo de poder con pretensiones de verdad.

La palabra “ideología” es problemática, lo fue desde sus inicios. El término ideología fue formulado por Destutt de Tracy en Mémoire sur la faculté de penser, publicado durante 1796. La tesis concibe la ideología como  la ciencia que estudia las ideas, su carácter, origen y las leyes que las rigen, así como las relaciones con los signos  que las expresan. Michel Foucault escribe a propósito:

En Destutt de Tracy  o en Gerando, la ideología se da a la vez como la única forma racional o científica que puede revestir la filosofía y como único fundamento filosófico que puede proponerse a las ciencias en general y a cada dominio singular del conocimiento. La ideología, ciencia de las ideas, debe ser un conocimiento del mismo tipo que los que tienen por objeto los seres de la naturaleza, las palabras del lenguaje o las leyes de la sociedad. Pero, en la medida misma en que tiene por objeto las ideas, la manera de expresarlas y de ligarlas en los razonamientos, ella sirve como Gramática y Lógica de toda ciencia posible. La ideología no pregunta por el fundamento, los límites o la raíz de la representación; en cambio, recorre, el dominio de las representaciones en general; fija las sucesiones necesarias que aparecen allí; define los lazos que allí se anudan; manifiesta las leyes de composición y de descomposición que pueden reinar allí. Aloja todo saber en el espacio de las representaciones y, al recorrer este espacio, formula el saber de las leyes que organiza. Es, en cierto sentido, el saber de todos los saberes. Pero esta duplicación fundamentadora no la hace salir del campo de las representaciones; su fin es replegar todo conocimiento sobre una representación a cuya inmediatez no escapa jamás[8].

Quizás la de Destutt de Tracy fue la definición más completa y más pretensiosa de la ideología, en los límites de la episteme de la representación, antes de ingresar a la episteme de las historicidades, empiricidades y positividades, que sostienen las ciencias de la vida, del trabajo y del lenguaje, ciencias que reclaman la aventura inverosímil de las ciencias humanas, la sociología, la psicología y la antropología, que se instauran en el triedro de los saberes, en el triángulo de las tres dimensiones de la episteme moderna; en la primera dimensión, las ciencias matemáticas y físicas; en la segunda dimensión, las ciencias, propiamente dichas, la de la vida,  biología, la del lenguaje, y las de la producción y distribución de las riquezas; en la tercera dimensión, el pensamiento filosófico.

Tiempo después, en comparación, las definiciones marxistas de “ideología” como que retornan a las teorías de la representación, combinadas con la tesis hegeliana de la enajenación. Ya no definen a la “ideología” como ciencia de las ideas sino como consciencia falsa, en unos casos, o como lucha de clases en los escenarios de la superestructura, en otros casos, quizás los más pertinentes al problema. Como se puede ver, el concepto de “ideología” no deja de ser problemático para el marxismo, tanto por este retorno a la tesis de las representaciones, así como por esta reducción al supuesto  de reflejo de la tesis de la consciencia falsa, así como también por su concepción en tanto región de la superestructura, por último, por ser entendida como irradiación en tanto instrumento cultural y discursivo de la lucha de clases[9].

La institucionalización del  marxismo como materialismo histórico define el concepto de ideología en tanto forma parte de la superestructura, junto con el sistema político, la religión, el arte y el campo jurídico. De acuerdo a la interpretación institucional, la “ideología” se encuentra determinada por las condiciones materiales de las relaciones de producción, conocidas también como estructura económica y social. La adecuación a estas condiciones materiales  se comporta como una “conciencia falsa”. Desde esta perspectiva la “ideología” es legitimadora del orden social, político y jurídico. La “ideología” funciona como dispositivo de convencimiento, explica y valora lo que hay, le da un cierto aire de naturalidad o, mejor dicho, de historia lograda. Aunque no podemos reducir las definiciones de la “ideología” dadas por las distintas corrientes marxistas a este maniqueísmo de la “consciencia falsa”. Las corrientes teóricas recientes han problematizado el concepto de “ideología”. En esta perspectiva contaríamos con los trabajos de Ernest Bloch, de Wilheim Reich, de Antonio Gramsci, así mismo del mismo Nicos Poulantzas, más tarde, de Louis Althusser, también de Karl Mannheim. Podemos comprender estos trabajos críticos en tanto y en cuanto se oponen al reduccionismo de la “ideología” a la figura de la “consciencia falsa”, se oponen también al supuesto mecánico del determinismo económico, expresado en la figura arquitectónica de estructura-superestructura. Sin embargo, a pesar de los aportes de la crítica, la clarificación sobre la “ideología” no se logra, aunque se enriquezca la discusión. Tery Eagleton, en sus investigaciones sobre la ideología y la concepción marxista de la misma, ha encontrado que en los escritos del propio Marx existen teorías diferentes sobre el punto.

En lo que se puede llamar el marxismo occidental, tal como lo ha definido Perry Anderson, sobre todo para los historiadores de orientación no ortodoxa, que suele llamarse marxiana, particularmente en Francia e Inglaterra, de alguna manera ligada a la renovación historiográfica de mediados del siglo XX, que provocó la Escuela de los Anales, es compartida la tesis de que es imposible explicar la historia de un modo determinista. Desde esta perspectiva, puede encontrarse en la historiografía interpretaciones dinámicas de la “ideología”, construidas a partir del seguimiento de las investigaciones históricas de la “ideología”. Por ejemplo, se habla de la ideología dominante, de las adecuaciones de la “ideología” dominante a las nuevas condiciones del periodo o de la coyuntura, también del contexto. Así como se sugiere la emergencia de ideologías alternativas que entran en competencia con la “ideología” dominante, producen una crisis “ideológica”. Es en este contexto donde se puede comprender el sentido de la noción de crisis “ideológica”. Mannheim contrasta “ideología” a utopía; la primera legitima las instituciones establecidas, en tanto la segunda es crítica y abre un horizonte emancipatorio. 

Fuera del campo marxista, hay dos autores postmarxistas que se han apartado del concepto de “ideología”, es más, que lo han criticado y lo consideran inadecuado para explicar los fenómenos que se dan en los ámbitos de lo imaginario, de los lenguajes, de las representaciones, de los conocimientos. Uno de esos autores es Michel Foucault, el otro es Pierre Bourdieu. Michel Foucault considera que el concepto de “ideología” se basa en supuestos insostenibles, uno de ellos es el supuesto de reflejo, que vendría a ser el resultado mecánico del determinismo. El otro supuesto es el de la represión, que las “ideologías” funcionan sobre la base de un dispositivo represivo. Michel Foucault considera que es menester lograr una interpretación materialista de los saberes, de la producción de verdades, de la hermenéutica del sujeto, a partir de las relaciones, estructuras, diagramas y agenciamientos del poder. Pierre Bourdieu no acepta la separación entre algo como “ideología” y la realidad, dice que esto no ocurre, ni podría explicar nada. Las representaciones forman parte de la realidad, así como los imaginarios; son dispositivos productores de realidad. Se concentra también en las prácticas, en los procedimientos, en los campos, sobre todo, el campo escolar, así como en el habitus, como escenarios y espacios, así como internalizaciones, donde se construye la realidad.

Una comparación de estas interpretaciones teóricas, las marxistas y las post-marxistas, nos muestra que los marxismos no se habrían movido de una concepción dualista, materia-idea, estructura-superestructura, realidad-consciencia falsa; en tanto que el post-marxismo propone una interpretación integral, compleja y dinámica de los fenómenos articulados que se dan en las sociedades, donde los saberes, los imaginarios y las conductas forman parte de la construcción social de realidades.

En este sentido, vamos a recurrir a las tesis post-marxistas, a los autores citados, a sus teorías e investigaciones, para abordar un tema recurrente en la práctica política, la producción de realidades a partir de los dispositivos discursivos, el control parcial o total de los medios, el monopolio de la violencia simbólica y el monopolio de la violencia física. Interesa contrastar las representaciones del poder con las descripciones más amplias que se puede hacer de los recortes de realidad, de los contextos problemáticos y disputados entre la institucionalidad del poder y los movimientos alternativos.

Encaminándonos en este propósito, es sugestivo contrastar un reciente y recurrente discurso político, que circunscribe el conflicto amazónico a la teoría de la conspiración, bajo la figura esquemática del dominio absoluto de los patrones y el sometimiento total de los pueblos indígenas, dominio trasladado al control total de las ONGs sobre comunidades indígenas engañadas, con los otros discursos, sobre todo con las otras prácticas y relaciones que se dan en este inmenso continente ecológico que es la Amazonia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tópicos del debate

Sobre el extractivismo                          

Los trabajos e investigaciones de Maristella Svampa maduran el concepto de extractivismo en su sentido descriptivo y explicativo; descripción de las características expoliadoras de las formas del capitalismo en crisis y explicación de su manifestación destructiva a partir de la crisis misma del capitalismo. Recogiendo los planteamientos de Bob Jessop sobre las dimensiones de la crisis, Maristella Svampa define el concepto de extractivismo. Los planteamientos de Bob Jessop proponen la identificación de cuatro procesos; primero, la crisis ambiental global, crisis múltiple relativa a los recursos naturales, petróleo, alimentos y agua; segundo, el declive de los Estados Unidos y el retorno a un mundo multipolar, así como el surgimiento de China como potencia industrial, económica y militar; tercero, la crisis de la economía global organizada bajo la sombra del neoliberalismo y sujeta a las contradicciones y luchas inherentes del capitalismo; cuarto, la crisis de un régimen de acumulación, conducida por el capitalismo financiero y sus efectos de contagio[10]. Maristella Svampa concibe el extractivismo de la siguiente manera:

Es una ventana privilegiada para leer las múltiples crisis, en sus complejidades y contingencias.  Ilumina mucho de los grandes problemas:

-Sobre la crisis ecológica-ambiental y sobre los riesgos cada vez mayores de un modo de apropiación/explotación y consumo; sobre el declive de los Estados Unidos, la incorporación de nuevos actores globales visibles en la emergencia de potencias como China y la India, e incluso de una suerte de sub-imperialismo a escala regional, como el de Brasil, que alienta modelos de desposesión en los países del sur; todos ellos países fuertemente extractivistas hacia adentro y hacia afuera.; sobre la crisis económica global; y sobre el capitalismo financiero (en tanto el precio de los commodities aparecen regulados por el capital financiero). A la que agregaríamos siguiendo a Escobar y otros, crisis del proyecto de modernidad (que implica la superación del desarrollo)[11]. Así, el extractivismo es una categoría muy potente, es una categoría con potencia descriptiva y explicativa, al tiempo que tiene un fuerte poder movilizador y denunciativo. En la medida en que define un determinado estilo de desarrollo y la profundización de una lógica que funciona a varios niveles, y por eso mismo atraviesa e ilumina un conjunto de problemáticas que definen las diferentes dimensiones de la crisis. En ese sentido, es un concepto de corte fuertemente político pues nos “habla” elocuentemente acerca de las disputas en juego y reenvía, más allá de las asimetrías realmente existentes, a un conjunto de responsabilidades compartidas entre el norte y el sur, entre los centros y las periferias[12].

Maristella Svampa hace unas precisiones a propósito de la definición anterior del extractivismo:

En el actual contexto, el extractivismo debe ser comprendido como aquel patrón de acumulación basado en la sobre-explotación de recursos naturales, en gran parte, no renovables, así como en la expansión de las fronteras hacia territorios antes considerados como “improductivos”. Por ende, no contempla solamente actividades típicamente extractivas (minería y petróleo), sino también otras actividades (como los de agro-negocios o los biocombustibles), que abonan una lógica extractivista a través de la consolidación de un modelo-mono productor. Asimismo, comprende también aquellos proyectos de infraestructura previstos por el IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana), en materia de transporte (hidrovías, puertos, corredores biocéanicos, entre otros), energía (grandes represas hidroeléctricas) y comunicaciones, programa consensuado por varios gobiernos latinoamericanos en el año 2000, cuyo objetivo central es el de facilitar la extracción y exportación de dichos productos hacia sus puertos de destino.

Es un concepto amplio, pero al mismo tiempo es preciso: así, uno de los rasgos fundamentales es la gran escala de los emprendimientos, la tendencia a la mono-producción o monocultivo, la especialización productiva y por ende, la tendencia a la re-primarización y la consolidación de enclaves de exportación. Esto es, en términos geopolíticos, se traduce por la generación de una nueva dependencia y la consolidación de un modelo neocolonial[13].

Maristella Svampa nos dice que es indispensable usar el término de extractivismo rigurosamente, escapando a una excesiva utilización metafórica y sólo denunciativa, que sirva para todo y para nada:

Propender a un uso riguroso, nos puede ayudar tanto a la desactivación de mitos y lugares comunes en torno a lo que hoy se presenta como estilo de desarrollo, así con a la construcción de puentes y pasarelas con otros sectores organizados. Incluso el uso metafórico del término también tiene riesgos (todo parece ser extractivo; hasta los propios gobiernos progresistas parecerían “extraer” y “vaciar” de energía social los procesos de transformación en marcha).

En este sentido, hay que precaverse contra el uso puramente sustantivo (“extractivismo”). La adjetivación que aparece en la propuesta de transición de Gudynas-Claes nos parece no sólo acertada sino necesaria, en la medida en que da cuenta de una tipología variada de extractivismos, que se coloca lejos de la pura sacralización de la naturaleza o de la defensa de una visión intocable de la misma. A lo que asistimos es a la expansión de un extractivismo depredatorio. No es que haya buenos o malos extractivismos, pero en un contexto de transición tenemos que aceptar la idea de un extractivismo indispensable, en el marco de una transformación civilizatoria[14].

Como se puede ver estamos ante un concepto dinámico y a la vez especifico, permite el análisis especifico de la problemática concreta ocasionada por un modelo de desarrollo, que no solo apunta a la acumulación de capital, sino que permite la acumulación ampliada de capital por la recurrencia a la renovada acumulación originaria de capital, lograda con la violencia del despojamiento y desposesión de los recursos naturales. Obviamente el concepto de extractivismo, que podríamos llamar la modalidad extractivista, es un concepto que se desprende del concepto metodológico de modo de producción capitalista (Nicos Poulantzas), que lo hace inteligible a la luz de la complejidad de las formaciones económicas sociales concretas, además de vincularse con un concepto más amplio, el del sistema-mundo capitalista. La virtud de este último concepto, sistema-mundo capitalista, es que escapa de los límites de un concepto metodológico, del modo de producción capitalista, aunque lo contiene, límites que no permiten pensar precisamente los procesos de subsunción al capital, la articulación de modos de producción, la sobre-determinación del modo de producción capitalista, las formaciones sociales concretas, las dinámicas y planos de funcionamiento del capital, además de pensar la historicidad de los ciclos largos del capitalismo, sus dinámicas y sus diferencias estructurales.

Pretender resolver todos los problemas con los conceptos de modo de producción, modo de producción capitalistas y formas técnicas, es como decir en la noche todos los gatos son pardos. Lo que importa es comprender la dinámica histórica del modo de producción capitalista, cómo se constituye y se despliega, las envolturas en las que se mueve, las formaciones económicas sociales, el sistema-mundo capitalista y la economía-mundo capitalista. Siendo el sistema-mundo capitalista la articulación dinámica de distintas formas de Estado, diferentes sociedades, variadas culturas, plurales modos de producción, distribuidas formaciones económicas y sociales, en la marcha y configuración de los procesos de acumulación de capital. Siendo la economía-mundo el conjunto de los ámbitos de mercados, comerciales, productivos, industriales, financieros, donde se realiza la valorización del valor. Entonces el extractivismo es una categoría específica, sobre cuya condición de posibilidad se construye la conceptualización de los procesos extractivistas, como formas depredadoras y contaminantes de un modelo de desarrollo y de sus procedimientos de despojamiento y desposesión recurrentes en la administración de la crisis del capitalismo.

Asistimos en América Latina a la explosión de las luchas de los pueblos y comunidades contra el extractivismo de la mega-minería y de la explotación hidrocarburífera. Estas luchas se conectan con la defensa del agua y de la vida, con la defensa de las cuencas y de los territorios, que sufren de la contaminación de la mega-minería y de los pasivos petroleros. Estos conflictos no pueden explicarse con el uso general del concepto de modo de producción capitalista y formas técnicas. Esos conflictos pueden explicarse a partir de las causas y consecuencias de un modelo de desarrollo implementado, de las formas de explotación depredadoras y contaminantes, del uso de una tecnología intensiva y expansiva que orada los suelos en gran escala. Estos conflictos se explican por la contaminación del agua y las enfermedades que provoca, por la infertilización de los suelos, por las desigualdades y miserias que ocasiona, además de los circuitos de corrosión y corrupción que acompañan al extractivismo minero e hidrocarburífero. Por eso el uso del concepto extractivismo es apropiado. Por su capacidad descriptiva y explicativa de un fenómeno contemporáneo, la de un modelo de desarrollo que transfiere los costos imponderables a la naturaleza y a la sociedad, en plena crisis estructural del capitalismo, en su fase de administración financiera de la crisis.

Decir que todas las sociedades y que todos los modos de producción son extractivistas por que extraen recursos naturales, aunque lo hagan de diferente manera y a distinta escala, es una frivolidad. Es reducir el concepto de extractivismo al verbo extraer. No se ha entendido la discusión, no se ha informado sobre el desarrollo de los debates, no se ha detenido en las implicaciones, la estructura y los alcances del concepto extractivismo. Esto nos muestra que no se tiene consciencia de los alcances de la problemática. Por eso se sigue repitiendo apreciaciones de sentido común, ¿si no extraemos recursos naturales de dónde sacamos los recursos para satisfacer las necesidades de la población? Peor aún, se tiene una visión lineal de la historia, primero extractivismo, después industrialización[15]. Esta perspectiva constreñida  no capta la simultaneidad y complejidad de los procesos, no entiende que el extractivismo no es condición de posibilidad de la industrialización; nuca lo fue, se trata de procesos distintos cuyas condiciones de posibilidad históricas son diferentes. El extractivismo del que hablamos responde a la gigantesca demanda de la acumulación ampliada de capital en el sistema-mundo capitalista, a su geopolítica racializada y diferenciadora de centros de acumulación y periferias, sobre todo ahora, en el desenvolvimiento de la crisis estructural del capitalismo, que recurre al despojamiento y desposesión expansiva para administrar su propia crisis. La industrialización responde a la necesidad de acortar los tiempos de producción, reacciona a la lucha de clases, frente a la demanda de los obreros de menor hora de trabajo, innova frente a los requerimientos de transformación de la materia, a la necesidades de masificación de las mercancías; la industrialización se hace posible cuando se cuenta con una masa crítica de científicos y tecnólogos, cuando se articulan productivamente ciencia y técnicas, cuando se ha logrado disciplinar los cuerpos y modularlos para su mejor desempeño en la producción. La opción extractivista condena a quedarse en el umbral de la dependencia; la opción por la industrialización requiere crear condiciones de posibilidad no-extractivistas. Ahora bien, para efectuar esta simultaneidad se requiere de transiciones  transformadoras, se requiere de reformas educativas fuertes y de inversiones en investigación, así como de inversiones en tecnología. No de seguir apostando al extractivismo, aunque en la transición se tenga que combinar la disminución del peso del extractivismo en la economía con el avance de la industrialización.

Por otra parte, el extractivismo no sólo se refiere a la extracción de recursos naturales no-renovables, sino a una composición perversa entre extracción minera e hidrocarburífera con la agricultura expansiva, que requiere una constante ampliación de la frontera agrícola, en detrimento de los ecosistemas. Una composición que comprende a la producción, uso e incorporación de transgénicos y tierras destinadas al agro-combustible. El extractivismo también se refiere a una composición perversa institucional y administrativa conformada en la economía y el Estado rentista.

La defensa de la geopolítica extractivista, la defensa de las concesiones mineras y petroleras, además de otras, no es más que la defensa de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, geopolítica que convierte a la inmensa periferia diferencial en productoras y exportadoras de materias primas al servicio de la acumulación ampliada de capital. El querer aparentar una pose antiimperialista, en estas condiciones y con esa posición, no es más que retórica justificadora de la condena colonial, el extractivismo.

Eduardo Gudynas clasifica tres formas de extractivismo:

1)   Extractivismo depredador: Corresponde a la situación actual, donde la actividad se hace a gran escala, el valor de los productos obtenidos no incluye los costos sociales y ambientales, y éstos se externalizan. Las sociedades nacionales deben lidiar con los efectos negativos que dejan esos emprendimientos. A su vez, representan apenas economías de enclave orientadas a la globalización.

2)   Extractivismo sensato: Se aplica para emprendimientos extractivistas que cumplan realmente con las normas sociales y ambientales de cada país, bajo controles efectivos y rigurosos, y donde se internalizan sus impactos. En este caso se apela a que los enunciados de la responsabilidad social y empresarial salgan de las declaraciones y se hagan realidad, se utilicen las mejores técnicas disponibles, y en particular sistemas de ciclo cerrado, con adecuadas medidas de abandono final de los emprendimientos. Esta es una fase intermedia en las alternativas, entendida como medidas de urgencia para salir del actual extractivismo depredador, con respuestas concretas a sus impactos negativos. La orientación exportadora global se reduce drásticamente.

3)   Extractivismo indispensable. Es la etapa final, donde permanecerán aquellos emprendimientos extractivistas que sean realmente necesarios bajo otro tipo de desarrollo. Por lo tanto, las alternativas que aquí se defienden no apuntan a prohibir todas las actividades extractivistas, sino a redimensionarlas, donde permanecerán aquellas que son genuinamente necesarias, que cumplan condiciones sociales y ambientales, y estén directamente vinculadas a cadenas económicas nacionales y regionales. En este caso la orientación exportadora global llega a un mínimo, y el comercio en estos productos se destina sobre todo a mercados continentales[16].

 

Como se puede ver, en las transiciones al post-extractivismo, no se dice que va a desaparecer el extractivismo, como supone la geopolítica del extractivismo, sino que es menester tener en cuenta la estructura, la forma, el carácter del extractivismo y su temporalidad;  primero, comprender las distintas formas del extractivismo y sus diferencias; segundo, distinguir sus incidencias en la naturaleza, la sociedad y la economía; tercero, la necesidad de pasar al extractivismo indispensable.

En relación a la comprensión de la crítica a la economía política del extractivismo es indefectible entender que lo que se critica es la densidad y el peso del extractivismo, de la economía extractivista, de las exportaciones de materias primas en la economía. Es realmente problemática la composición de la economía cuando el extractivismo supera más de la mitad de la configuración económica. En Sud América la proporción de materias primas en el total de exportaciones va de 55.4% en Brasil al 92.7% en Venezuela. Los países andinos presentan en todos los casos altos valores: 92.8 % Bolivia, 91.7 % Ecuador, 88% Chile, 86.6% Perú, y 68.5 % Colombia, todos datos para el año 2008[17]. De esto se trata, de la gravitación del extractivismo en la economía, pues este peso estanca la economía en el umbral de la dependencia. No se trata de si hay o no extracción de recursos naturales en todas formaciones sociales y en todos los modos de producción. Esta es una manera muy rústica de escapar del debate.

Por otra parte, el extractivismo, no es, desde ningún punto de vista una forma técnica del modo de producción; este es un reduccionismo extremo. El extractivismo es una configuración económica, social y cultural, forma parte de un modelo de desarrollo, es no solamente una asignación en el mercado mundial y en el proceso de acumulación a escala mundial, sino una articulación compleja entre esta modalidad económica y el Estado rentista, articulación que deriva en el circulo vicioso de la dependencia. Por eso la crítica a la economía política del extractivismo es una crítica a las estructuras de poder mundial, regional y local que sostienen el extractivismo. Defender el extractivismo con fruslerías de que todas las sociedades son extractivas, de que el problema no es ni el extractivismo, tampoco el no-extractivismo, es eludir el problema y, en el fondo, defender la dependencia y el Estado rentista. 

La crítica al extractivismo y la lucha de los pueblos y comunidades contra el extractivismo es la lucha y la critica concretas a las formas del capitalismo hoy. Esquivar esta lucha y esta crítica con la idea anacrónica de que todavía nos situamos en las luchas antiimperialistas de la primera mitad del siglo pasado es pelear con fantasmas y eludir las luchas concretas contra el dominio y el control del capitalismo hoy. Es la mejor manera de servir a los intereses del capital y ser un agente del capitalismo.

Eduardo Gudynas distingue el extractivismo del neo-extractivismo. El extractivismo, sería relativo a los periodos liberales y neoliberales, está íntimamente vinculado a las empresas trasnacionales, a su control dominante, y a los efectos perversos de este control, tanto en los entornos de los enclaves extractivistas como en el Estado. En tanto el neo-extractivismo está asociado a los gobiernos progresistas, donde el Estado recobra el control, empero sigue impulsando el mismo modelo de desarrollo, aunque haya cambiado la composición del control, a través de nacionalizaciones, impuestos, tributaciones y otras regulaciones. A propósito, Eduardo Gudynas dice que:

A pesar de estos esfuerzos, y de una retórica nacionalista, el Estado sigue dependiendo de diversos tipos de articulación con empresas privadas, incluyendo acuerdos de asociación, convenios de explotación conjunta, leasings, etc. Esto se debe a las limitaciones en llevar adelante las inversiones que requieren muchos de esos emprendimientos, como los problemas en comercialización, donde los brokers e intermediarios siguen controlando el comercio global. Por ejemplo, en Bolivia, según el análisis de CEDLA (2010) se acentuó la transnacionalización minera, donde la empresa estatal COMIBOL queda en un papel secundario[18].

En este caso, la crítica al neo-extractivismo no es al control estatal, al incremento de  la retención del excedente, al la redistribución en bonos, sino a que el impacto de estas modificaciones no son estructurales, sino más bien coyunturales. El impacto social logrado por las reformas rentistas no modifica la estructura de desigualdades, el impacto económico no sale del umbral de la dependencia, el impacto político no escapa a la condena colonial de la subalternidad. Por otra parte, a pesar de las modificaciones, las empresas trasnacionales siguen beneficiándose de los efectos multiplicadores del monopolio productivo, tecnológico y de los mercados, en el proceso de la acumulación ampliada de capital. La retórica y la propaganda nacionalista no modifican esta situación estructural. La crítica al neo-extractivismo propone un nuevo modelo pensado como alternativa al desarrollo.

El paso al post-extractivismo es parte de transiciones estratégicas y operativas, dependiendo no solo del contexto y las condiciones en cada país, sino también de las características de los rubros en explotación. No se puede ingresar a la etapa de las transiciones sin la participación de todos los sectores involucrados, la deliberación abierta, la transparencia, la formación de consenso y la definición de estrategias. Los llamados gobiernos progresistas deben nacionalizar todas las concesiones y explotaciones de recursos naturales, a todas las empresas trasnacionales establecidas en el país, es decir, tener el control de todas las reservas y la explotación de los recursos naturales. Esta es una condición necesaria de las transiciones. Por otra parte, los gobiernos progresistas deben aplicar rigurosamente las leyes, las normas, las regulaciones y controles ambientales, exigiendo la contabilización de los costos transferidos a la naturaleza, lo que lleva a incrementar los precios de las materias primas con el objeto de la reposición y restauración de los ecosistemas afectados. Por lo tanto deben encarar las gestiones ecológicas, ambientales y territoriales de manera integral, complementaria y participativa. Se debe encarar un enfoque económico de des-acoplamiento del mercado externo fortaleciendo el mercado interno, buscando desarrollar un sistema integral de soberanía alimentaria. La industrialización tiene que responder a un enfoque ecológico y destinado a instrumentalizar la producción en la estrategia de la soberanía alimentaria, además de otros requerimientos del mercado interno y de los mercados regionales, bajo el criterio de la integración. Se debe buscar la disminución drástica de la economía extractivista en la estructura económica, incentivando y promoviendo las capacidades sociales de generar valor agregado, bajo un enfoque eco-social, eco-económico, incluso eco-industrial. Se debe formar la masa crítica de científicos con enfoque ecológico, transformando las estructuras y currículas del campo educativo. El enfoque educativo debe ser multidisciplinario, ecológico y descolonizador, orientando ejes de formación, entre ellos la formación de científicos con perspectiva ecológica y conocedores de las teorías de la complejidad. Entonces se trata de orientarse a otra revolución eco-industrial, vinculada a las gestiones integrales de los ciclos de vida, comprendiendo las interacciones de los seres humanos con los otros seres de los ecosistemas.

Estas transiciones requieren de la participación de los trabajadores, de los campesinos y de las comunidades indígenas, además de las poblaciones de las ciudades. Se deben discutir estos temas primordiales y formar consensos, sobre todo sobre las temporalidades de las transiciones, sobre las fuentes de trabajo y las necesidades de recursos de todos los sectores. Es a esto lo que llama la Constitución boliviana planificación integral y participativa con enfoque territorial, el ejercicio plural de la democracia y de la gestión pública colectiva.

 

 

Crisis ambiental y ecológica

Reducir la problemática del medio ambiente a un invento de ONGs y de potencias extranjeras ya es el colmo. Es el extremo del desprecio no solo de los temas compartidos desde hace un tiempo por las ciencias ambientales y las ciencias ecológicas, sino también por científicos y activistas que defienden los medio ambientes, los ecosistemas, los ciclos vitales, la biodiversidad, los derechos de la gente a ambientes sanos y saludables, en contra la depredación, en contra la contaminación, en contra la destrucción y desaparición de especies, en contra la destrucción de las comunidades y de las sociedades. Esta lucha se realiza precisamente contra las grandes empresas trasnacionales, responsables de la destrucción del planeta. El desprecio es también contra las organizaciones sociales, organizaciones de pueblos y de comunidades que luchan contra las consecuencias contaminantes, depredadoras y destructivas del extractivismo en todas sus formas. Es también un desprecio al buen sentido, al sentido común, al sentido crítico de la gente, considerándola sujeto de manipulación, que puede aceptar cualquier desinformación. Este supuesto se basa en la certeza de la eficacia del poder, en la confianza que genera el hablar desde el estrado del monopolio del poder, del monopolio de la violencia física y simbólica del Estado.

Esta clase de discursos se emiten en escenarios imaginados en la cabeza de los gobernantes. Se trata de cuadros pintados desde la perspectiva del poder, usando los colores de contraste, cuadros configurados a partir de las sensaciones compulsivas, del deseo del deseo del otro[19], que también es un deseo tanático; colores, sensaciones, deseos, desplegados desde la matriz inconsciente de la paranoia del poder. El cuadro es turbador; la mirada es la del soberano, quien se inviste de la gloria de los precursores y predestinados, se habla desde una palestra que crea una distancia infinita con los mortales. Cuando se habla se emite discursos proféticos ante una masa opaca y anónima, aterrada ante las revelaciones. Se trata de patriarcas portadores de la verdad; no importa que lo que dicen no se parezca en nada a lo que ocurre. Los hechos y las evidencias son solo apariencias, también son inventos del enemigo, el eterno conspirador. El enemigo es el imperialismo y la derecha; ahora bien, cuando es el pueblo el que protesta, es que ha sido confundido e influenciado por la propaganda y el dinero de la derecha y del imperialismo. El pueblo que escucha debe obedecer y confiar en sus líderes, pues ellos están ungidos por la providencia de la historia.

En lo que respecta a lo que se dice sobre la problemática ambiental y ecológica llama la atención por lo menos dos cosas; primero, la ruptura con lo que fue la política del gobierno durante la primera gestión de gobierno, política encaminada por Cancillería y durante la embajada de Pablo Solón ante Naciones Unidas; la ruptura entonces con la política de defensa de la madre tierra. Ahora resulta que la política es otra, es desarrollo sostenible, entendida como la entienden los neo-extractivistas progresistas, como carretera del “progreso”, aunque esto atente contra la propia madre tierra. Lo que se nota de todo esto, es que, de las tendencias inherentes al gobierno, se ha terminado de imponer la línea pragmática y del realismo político de la vicepresidencia, frente a lo que consideran estos gladiadores del “progreso” los “pachamámicos”. Ahora los partidarios del realismo político cuentan con un embajador ante Naciones Unidas que responde a la concepción pragmática neo-extractivista. Para los neo-extractivistas estos temas ambientales y ecológicos son inventos del imperialismo. Causa curiosidad entonces que en la segunda gestión de gobierno se tenga una política sobre estos temas contraria a la enarbolada en la primera gestión.

Otra cosa que llama la atención es que se tenga una idea sobre los temas ambientales y ecológicos tan parecida a la idea que tienen los grandes accionistas, gerentes y directores de las grandes empresas mega-mineras e hidrocarburíferas. La defensa del medio ambiente y de los ecosistemas es un obstáculo para el “progreso”, para el “desarrollo”, para la generación de ingresos. En el fondo se parecen más de lo que creen a quienes señalan como contra los que pelean. Un mismo código represivo cruza a las estructuras de poder, atraviesa a todos los gobiernos, sean estos de derecha o progresistas, es menester emplear la violencia estatal contra el conflicto social, se criminaliza la protesta social, sobre todo se criminaliza la protesta contra-extractivista, se promulga leyes contra el terrorismo, de la misma manera que George W. Busch, el ex-presidente norteamericano, promulgó la ley contra el terrorismo, en el marco de una guerra infinita. Este es el arquetipo de la ley antiterrorismo, también de la ley contra la protesta social de los gobiernos progresistas.

Reducir los temas ambientales y ecológicos al capitalismo verde es una muestra del total desconocimiento que se tiene sobre el tema, sobre los debates y las corrientes encontradas. Hay distintas corrientes ambientalistas y ecológicas, las más activas en la defensa del medio ambiente y los ecosistemas son las que están contra el capitalismo verde. Han denunciado esta maniobra de ocupación territorial de los bosques a través de mecanismos financieros, han criticado este mercado de carbono como formando parte de la continuidad del mismo modelo de desarrollo depredador, contaminante y destructivo capitalista. Los activistas ambientalistas y ecologistas que apoyaron la defensa del TIPNIS fueron de los que criticaron el capitalismo verde, incluso develaron que el gobierno tiene firmados compromisos de mercado de carbono. Primero, esto, el meter a todos en la misma bolsa, decir que todos los activistas ambientalistas y ecologistas forman parte del capitalismo verde, es muestra de una absoluta desfachatez, además de una manifiesta impericia respecto de los problemas y de los debates en cuestión. Segundo, el temario de lo que está puesto en mesa de las discusiones y los debates tampoco se reduce a la crítica al capitalismo verde. Hay un conjunto de problemas planteados, diversos y esclarecedores de la crisis ecológica; los relativos a la biodiversidad, a los ecosistemas, a los ciclos vitales, al agua, al aire, a los bosques, a los suelos, a la contaminación, a las depredaciones múltiples, al calentamiento global, a la desaparición de especies, a los derechos de los pueblos indígenas, al desarrollo alternativo, a las alternativas al desarrollo. Cada uno de estos temas tiene su campo de especialización, sus estudios, sus investigaciones y sus debates específicos. Este mapa de problemas contrasta con la estigmatización frenética de que todo esto tiene que ver con el capitalismo verde. El capitalismo que se ejerce es precisamente el escogido por el gobierno, el modelo colonial del capitalismo dependiente.

Hay una tercera cosa que llama la atención, el desconocimiento de los informes de la agenda internacional de los estados; por ejemplo, los informes sobre la huella ecológica en América Latina y los países componentes.

Al respeto, Eduardo Gudynas escribe:

En el mismo sentido, la llamada huella ecológica de América Latina, ha aumentado un 133% desde 1961. Esta es una medida espacial de la apropiación de recursos naturales, y el promedio actual para la región es de 2,6 has globales / persona. Si bien ese nivel todavía está muy por debajo de los valores de apropiación en los países industrializados (por ejemplo, en Estados Unidos ha sido estimada en 7,9 has globales/persona), la tendencia va en franco aumento: la huella ecológica latinoamericana ha aumentado un 133 % desde 1961. Uruguay posee una huella muy alta, seguido por Paraguay y Chile. No existen indicaciones de una mejor performance de los gobiernos progresistas. Aquí reaparece la orientación hacia los mercados globales, ya que todos los países de la región son exportadores netos de biocapacidad (es decir, que en otros continentes se aprovechan los recursos que se originan localmente). América Latina tiene un saldo neto de exportar 164 millones de has globales al resto del mundo (especialmente provistas por Argentina y Brasil)[20].

La geopolítica del extractivismo reclama de por qué no vamos a hacer lo mismo que lo que hicieron las potencias industriales del norte, por qué no vamos a poder deforestar nuestros bosques como lo hicieron ellas, en aras del desarrollo. Es más dice que, si quieren cuidar la naturaleza que lo hagan con sus bosques. ¿Acaso este es el referente, esta ruta de desarrollo de las potencias industriales del occidente? ¿Este es el modelo de desarrollo? ¿Hay que seguir sus pasos? El supuesto anti-imperialismo y el discurso del socialismo comunitario se desmorona completamente. La geopolítica de la Amazonia, elucubrada por el gobierno, es la misma geopolítica del sistema-mundo capitalista.

Se podría decir que la huella ecológica es un indicador del costo transferido a la naturaleza; el problema de esta huella ecológica en América Latina y las periferias del sistema mundo capitalista es que este costo transferido a la naturaleza no beneficia en gran parte a los países periféricos sino a los centros del sistema-mundo capitalista. El costo es doble, primero, el  costo referido a la huella ecológica; segundo, los beneficios, en términos de efectos multiplicadores, se transfieren a los centros de acumulación capitalista. Este problema desplegado por el extractivismo, se repite con la experiencia del neo-extractivismo de los gobiernos progresistas, aunque hayan cambiado los términos de referencia del intercambio desigual.

Decir que el capitalismo puede destruir tanto como conservar la naturaleza, dependiendo lo que le conviene, es no tener la menor idea de la magnitud y del peso de la tendencia a destruir los ecosistemas por parte de la vorágine capitalista, debido a la demanda insaciable de recursos naturales, comparada con el mísero impacto de la conservación de los bosques, mediante el mercado de carbono, desplegada por el capitalismo verde. Este es un argumento no solo demagógico, al servicio de la polémica desgastante del gobierno, sino un argumento a favor de las tendencias reales del capitalismo, en su nueva fase de crisis estructural y de financiarización de la crisis.  El capitalismo verde solo sirve para amortiguar el pago de los intereses en los países de residencia de las empresas trasnacionales, sobre todo sirve para escapar de las exigencias ambientales en cada país y continuar con el descalabro de la contaminación.

No se puede justificar, por ningún lado, la descalificación gubernamental de los movimientos ambientalistas y ecologistas críticos. Si el gobierno tuviera una actitud consecuente contra el capitalismo verde debería anular los compromisos firmados al respeto, debería criticar a los estados del ALBA por haber aceptado el capitalismo verde en la Cumbre del Cambio Climático de Cancún y de Río de Janeiro. Pero, no lo hace, solo usa este tema para endilgarle esta posición a los movimientos ambientalistas y ecologistas críticos, cosa que es totalmente falsa, pues estos movimientos hacen campaña contra el capitalismo verde.

Por otra parte, no se pueden confundir los movimientos ambientalistas con los movimientos ecologistas, la problemática ambientalista con la problemática ecológica, aunque se crucen en algunos puntos. Sus modos de plantear los problemas son distintos, las teorías en las que se basan son diferentes. Las ciencias ambientalistas y sus teorías son mas bien descriptivas, se basan y se sustentan en disciplinas empíricas y se orientan a medir los impactos en distintas áreas, los suelos, los ríos, el aíre, los bosques, las ciudades. En cambio, las ciencias que hacen a la ecología se conciben como parte de las teorías de sistemas y  las teorías de la complejidad. La ecología se orienta a construir explicaciones de ciclos, de ecosistemas, de eco-organizaciones múltiples, en forma de pluri-bucles, donde concurren adaptaciones, adecuaciones y transformaciones de forma integral[21]. Lo que da lugar a conclusiones más radicales acerca de la crisis ecológica. La crisis ambiental relativa a las contaminaciones y depredaciones múltiples es pensada como impacto en el medio ambiente, de donde forman parte las sociedades humanas. En tanto que la crisis ecológica tiene que ver con el efecto destructivo en los ciclos vitales. Así también la gestión ambiental es distinta a la gestión ecológica. La gestión ambiental tiene que ver con la paliación de los efectos de la contaminación y depredación, también con la restitución y reparación. En tanto que la gestión ecológica tiene que ver con una gestión integral de los ecosistemas, buscando apoyarse en la dinámica de los ciclos vitales. También en este caso, las sociedades y comunidades humanas forman parte de los ecosistemas y de las complementariedades en los ciclos de la reproducción de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Identidades indígenas

Indígena quiere decir nacido en el lugar, así como originario también, indígena proviene del latín y originario del griego. Cuando los conquistadores llamaron indígenas a las cientos de sociedades y pueblos con los que se encontraron, independientemente de su lengua y cultura, los metieron a todos en la misma denominación. Se trataba de contrastar a los recién llegados con los nacidos en los lugares conquistados. El contraste se basaba en la diferencia entre el blanco y el de color. Entonces el término adquiere una connotación racial y colonial. El indígena es una construcción colonial, lo mismo que el esclavo traído desde el África para trabajar y suplir a las poblaciones nativas desapareadas por la violencia colonial. Indio es de la India; en el caso del nuevo continente, se trata de indios de las indias occidentales.  Se perdió la identidad propia, aunque no necesariamente la lengua y la cultura.

Esta marca colonial, que borra la pluralidad y riqueza cultural nativa, con el tiempo es recogida como identidad rebelde, la violencia cristalizada en los huesos se revierte contra el colonizador. Lo indio, lo afro, incluso lo mestizo, van a ser las identidades de color que se rebelan contra el colonizador blanco. Las rebeliones indígenas, afro-descendientes y mestizas han recorrido el continente y han trastrocado el orden colonial. Empero, el problema subsiste en las llamadas sociedades post-coloniales. Los criollos, descendientes de los europeos, y los mestizos, se convierten en las castas dominantes de las republicas, con excepción de lo que sucede con la guerra anticolonial en Haití y después de ella. Lo dominante en la guerra fueron los esclavos africanos, la mayor parte de la población, aliados a los afro-descendientes y los mestizos. Una vez concluida la guerra se forman dos reinos, uno con predominio africano, otro bajo gobierno mestizo.

En la región pan-andina de Ecuador, Perú y Bolivia, durante los periodos republicanos, las revueltas indígenas fueron contra el régimen liberal de los criollos y mestizos. Los ciclos de la modernidad transformaron a las estructuras sociales y culturales indígenas, sobre todo a partir de las migraciones a las ciudades, donde se produjeron mimetismo y adaptaciones a los medios, en lo que respecta a los comportamientos, las vestimentas y las expresiones culturales. Las reformas agrarias también transformaron a los miembros de las comunidades convirtiéndoles en propietarios privados, en campesinos. Las formas de organización adoptada en este caso es el sindicato, ya no las autoridades originarias, emergidas en las estructuras comunitarias.

La composición socio-económica-cultural-demográfica es variada y plural. Empero, la pregunta, a estas alturas es: ¿Lo indígena ha dejado de ser indígena, en el sentido de la identidad de color, marcada por la colonialidad y recogida por las sublevaciones como símbolo de alteridad y emancipación? El ciclo de luchas de 2000 al 2005 nos muestra fehacientemente las expresiones y las manifestaciones político-culturales del sujeto y del perfil indígena de las resistencias y de las luchas en ese periodo. Desde esta perspectiva lo indígena es articulador de las luchas en su sentido descolonizador. El aymara no deja de ser aymara por el hecho de vivir en las ciudades, tampoco el quechua, la lengua articula memorias e identidades distribuidas. Los guaraníes buscan reconstituir la nación guaraní recuperando la lengua, así como la cultura y reconstituyendo sus territorios. Lo mismo pasa con los moxeños y los pueblos de tierras bajas. Empero, con el transcurso de los tiempos y la corrosión de las modernidades, se ha conformado una diversidad cultural; no es lo mismo ser comunario, tener acceso a las tierras comunitarias, estar organizado bajo la estructura y las instituciones comunitarias, tener una relación con el territorio, que ser campesino o estar en las ciudades. Las manifestaciones culturales, económicas y sociales son variadas. ¿De qué depende de que todos estos fragmentos se unan? De la construcción política y cultural de la identidad, como ocurrió durante las movilizaciones de 2000 al 2005 y durante el proceso constituyente. Este es el condicionamiento del acontecimiento político de la identidad. ¿De qué depende que se separen? Cuando el proyecto descolonizador ya no los une, cuando unos se orientan a formas de apropiación privada, a la apuesta por el enriquecimiento individual, en el marco de la expansión de formas comerciales, de mercado y capitalistas. En tanto que otros se orientan a continuar por la ruta de la descolonización, buscando, en unos casos, defender sus territorios, comunidades, estructuras e instituciones propias, en otros casos, buscando alternativas colectivas, solidarias y participativas en las ciudades.

El gobierno apoya la orientación capitalista, desarrollista y de la ilusión del “progreso”, por lo tanto apoya a los sectores sociales que se involucran y se comprometen con esta orientación, enfrentando a los sectores sociales comunitaristas y autogestionarios. ¿Dejan de ser indígenas los unos, los que apuestan al desarrollismo? En el sentido de los orígenes y descendencias, en el sentido del cultivo de la lengua y las variadas formas y expresiones culturales, no. Pero, no es esto lo que está en cuestión, lo que está en cuestión es si se sigue o no con el proyecto descolonizador. Este es el fondo del debate, que eluden recurrentemente el gobierno y los portavoces gubernamentales. Ellos dicen que la descolonización está en marcha por que se usan símbolos plurinacionales, por que se cambian nombres, porque se forma un vice-ministerio de descolonización, con poco presupuesto y limitados atributos en su labor. Cuando los alcances efectivos del ejercicio gubernamental es la mantención del Estado-nación, de su mapa institucional, de las normas y de la administración de normas liberal. Es decir, no se ha salido de las estructuras de dominación de la colonialidad. La descolonización no es la folclorización de lo indígena, al contrario, se trata que la institucionalidad indígena, sus matrices culturales, las formas de gobierno propias formen parte de las transformaciones estructurales del Estado. Esta es la tarea que eluden los gobernantes, asambleístas, funcionarios de los órganos e instituciones del Estado. No se puede justificar esta asombrosa falencia, después de aprobada la Constitución, con argumentos tan banales como que no se puede aceptar que la minoría de los pueblos indígenas de tierras bajas imponga su voluntad, cuando esta voluntad es la de la Constitución. Tampoco el argumento justificador puede ser la defensa de los indígenas campesinos y colonizadores frente a la resistencia de los indígenas comunitarios, que viven en territorios comunitarios. Cuando de lo que se trata es saber por qué el gobierno ha empujado a la separación entre los primeros y los segundos, a la ruptura del Pacto de Unidad. Es política del gobierno enfrentar a campesinos y colonizadores con comunarios de tierras altas y tierras bajas. Al gobierno no le interesa la unidad y la alianza entre campesinos y comunitarios, más bien la teme. Lo que ha promocionado es la cooptación sistemática de las dirigencias campesinas y colonizadoras con el objeto de que sean serviles a las políticas extractivistas del gobierno.

Si fue posible que el Pacto de Unidad sobreviva los avatares, incluso hasta después de promulgada la Constitución, hasta cuando se llegó a cumplir con la tarea de elaboración del Anteproyecto de Ley de la Madre Tierra, excluido por la Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Sostenible, presentada y aprobada por el gobierno y la Asamblea Legislativa, es porque podían mantener la unidad en defensa del proceso y el cumplimiento de la Constitución. Al gobierno no le interesa la unidad indígena, la teme. Lo que hace es utilizar a los indígenas campesinos y colonizadores en aras de un proyecto nacionalista y populista, que culturalmente corresponde al proyecto mestizo del Estado-nación. Esta es pues la ruta recolonizadora optada por el gobierno.

Ahora bien, los convenios internacionales, el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, así como la Constitución, se refieren a los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos. Estos derechos se remiten a los derechos colectivos y comunitarios, al derecho al territorio, al autogobierno, a la autonomía y a la libre determinación, a sus instituciones, normas y procedimientos propios. Por lo tanto los pueblos indígenas tienen todo el derecho de defender sus territorios, consagrados por la Constitución. Tratar de desconocer estos derechos con argumentos dignos de un consumado nacionalista es defender el añorado Estado-nación criollo y mestizo contra el Estado plurinacional comunitario y autonómico, emergente de las luchas descolonizadoras y del proceso constituyente. Sentar soberanía del Estado-nación en territorios indígenas, territorios del Estado plurinacional emergente, no es otra cosa que el proyecto nacionalista criollo y mestizo, no es otra cosa que una acción colonial y beligerante contra las naciones y pueblos componentes del Estado plurinacional.

Decir que las TCOs son un enunciado jurídico es también el colmo de la retorica politiquera y demagogia nacionalista. Las TCOs son conquistas territoriales, políticas e institucionales de las luchas de las naciones y pueblos indígenas. Son las bases territoriales de la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Son el sustento territorial de las autonomías indígenas, de su autogobierno y libre determinación.  Desconocer esto es desconocer a la propia Constitución. Aquí, en este caso, se descubre el rostro enmascarado de la geopolítica del extractivismo. La inquietud colonial reforzada renace en las políticas anti-territoriales y anti-indígenas del gobierno nacionalista y populista. Quiere desarticular las TCOs. Reducirlas a nada, enunciados jurídicos, aplicar la reforma agraria en los territorios indígenas y no con los latifundios, que defiende el propio gobierno. Aquí se devela la alianza del gobierno con los terratenientes, ganaderos, madereros, agro-industriales y soyeros. Los enemigos son las comunidades y territorios indígenas, hay que ampliar la frontera agrícola por el “progreso” y “desarrollo”.

El conflicto del TIPNIS

Este es el conflicto más desgarrador vivido en el llamado proceso de cambio, pues se trata del enfrentamiento del gobierno progresista con las comunidades indígenas de tierras bajas, también de tierras altas, que apoyaron la defensa del TIPNIS. Es el conflicto más desbastador pues devela el proyecto efectivo del gobierno, el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. Es el conflicto donde el gobierno ha mostrado todas sus armas, el secreto sigiloso de los acuerdos y compromisos antelados, el avance premeditado de los tramos, dejando el tramo del medio, esperando precisamente el conflicto. Lo que muestra que todo se hizo con premeditación y alevosía. Cuando estalla el conflicto con las comunidades indígenas del TIPNIS, buscan imponer la construcción de la carretera con el recurso del peso de la decisión del Estado, ocultando los acuerdos, los compromisos y las concesiones de exploración. Ante la evidencia de lo que se ha hecho, se interpreta a su modo los convenios, los compromisos y las concesiones, así como el mismo préstamo del BNDES. Cuando se inicia la VIII marcha indígena, se descalifica y estigmatiza a los dirigentes de las organizaciones indígenas, acusándolos de agentes de la CIA y estar manipulados por ONGs, inventando contactos con la embajada norteamericana, donde incluso el presidente se inmiscuyó en un acto bochornoso donde se mostraban pruebas de estas llamadas. El tono sube, se acusa a los dirigentes de la Subcentral del TIPNIS de estar comprometidos en el tráfico de madera y en hechos de corrupción. Ante el apoyo en crecimiento de las ciudades, sobre todo del eje central, el gobierno dice que detrás está la derecha, nuevamente conspirando, cuando son múltiples grupos de jóvenes activistas ambientalistas, ecologistas, culturales, anarquistas, la base de lo más afectivo del apoyo urbano a la defensa del TIPNIS. Cuando la marcha crece y avanza, se trata de detenerla por todos los medios, se busca el bloqueo de las ciudades intermedias circundantes, se moviliza a los municipios afines al gobierno. Todos los recursos del Estado están a disposición de la guerra estatal contra la resistencia indígena a la construcción de la carretera. Cuando la marcha indígena sortea varios obstáculos, se apuesta a detenerla en Yucumo, donde se moviliza a los colonizadores. También la policía hace un segundo cordón de bloqueo, con la excusa de que quiere evitar el enfrentamiento entre colonizadores y comunarios. Cuando la marcha logra romper el cordón policial, llevándose un grupo de mujeres al Canciller por delante, que fue a dialogar, empero con un formato cerrado por el gobierno, y se aproxima la marcha al bloqueo de los colonizadores, que hacían detonar dinamitas, las decisiones del gobierno se atropellan e improvisan. Una vez suelto el Canciller, que cruza el boqueo de los colonizadores,  el gobierno apresura su dispositivo represivo, la intervención policial de la marcha. Esto ocurre en Chaparina. Desatando una violencia descomunal se reprime y se apresa a la gente de la marcha, se la instala en buses con el objeto de llevársela en rumbo desconocido y desactivar la marcha. Al no poder hacerlo, por un bloqueo de vecinos de San Borja que impiden el paso de los buses, retroceden los buses, se llevan a la gente a Rurrenabaque, para llevarse a la gente en avión. Tampoco pueden hacerlo, pues la pista es invadida y tomada por vecinos e indígenas que acuden en apoyo de sus compañeros, encendiendo fogatas para impedir el aterrizaje.

La intervención policial en Chaparina no pudo impedir la filmación de los hechos, a pesar de que tienen la precaución de llevarse a los comunicadores y periodistas, que se encontraban cubriendo la marcha, a una conferencia de prensa preparada con anticipación, para impedir que los periodistas y comunicadores estén en el lugar de los hechos en el momento de la intervención. Las imágenes violentas de la represión sañuda a la marcha indígena recorren el mundo, pues fueron los reporteros populares indígenas los que cubrieron lo que ocurrió, además de periodistas y comunicadores que se zafaron de la conferencia cuando escucharon gritos; la imagen del gobierno cae estrepitosamente y se devela, para los que lo desconocía, el doble discurso de las autoridades. Tan fuerte es el impacto, y tan potente la protesta de la ciudadanía, que exige se esclarezca el caso de la represión violenta a una marcha pacífica, marcha que ni siquiera bloqueó el camino en ningún momento, que el gobierno busca desesperadamente eludir su responsabilidad con actitudes indecorosas y argumentos cándidos. La orden de represión no la dio el presidente, tampoco el vicepresidente, menos el ministro de gobierno, lo hizo el viceministro. Cuando éste desmiente y dice que no podía hacerlo sin conocimiento y aprobación del ministro, la responsabilidad pasa a la policía, a los oficiales que se encontraban en el lugar de los hechos. Esta cadena de incoherencias y de transferencias de responsabilidad llega a lo cómico. La orden se la dieron los mismos que la efectuaron, los policías de la represión. Obviamente, esta narrativa gubernamental de los hechos nadie la creyó. Pero, de manera increíble, es la base del veredicto de la fiscalía, tiempo después, para excusar al presidente, al vicepresidente y al ministro de gobierno. No se toman decisiones como esa, de intervención policial en Chaparina, sin conocimiento del presidente, del vicepresidente y de todo el gabinete. El conflicto del TIPNIS formaba parte de la agenda de las reuniones de gabinete; cuando se tomó la decisión, preparada con anticipación, estaban todos comprometidos; el gabinete le entregó a la entonces ministra de justicia un documento donde se instruía la intervención, para que la ministra lo firmara. Seguramente el terror ante la evidencia y el escándalo lleva, en cadena, a todos los responsables a eludir su incumbencia, dando muestras patéticas de falta de integridad. 

Lo que viene después, es la prolongación en mayor escala de lo ocurrido. Ante la represión de Chaparina la opinión pública se vuelca en masa a apoyar la marcha indígena, las ciudades se movilizan en vigilias y el apoyo logístico de la marcha que se reanuda. Cuando la VIII marcha llega a La Paz, un millón de personas se movilizan para recibir y apoyar a la marcha, todas conmovidas por el sacrificio heroico de los marchistas. Esa es la victoria de la VIII marcha; derrotó al gobierno con los recursos de la dignidad y el compromiso con la madre tierra. Después de los actos en la plaza de San Francisco, un grupo de dirigentes se instala en la Plaza Murillo, sorprendiendo a los policías, que no se animan a sacarlos. La policía encordona las entradas de la plaza, buscando impedir la comunicación entre los marchistas y esta vigilia. Los dados están echados, el presidente no puede ignorar la marcha y la vigilia, que se encuentra ante sus ventanas. Cuando las manifestaciones de apoyo de las organizaciones indígenas y de las organizaciones sociales tratan de romper los cordones policiales e ingresar a la plaza, en uno de los momentos más intensos, se ventila la orden de evacuación del palacio. El presidente decide bajar de su despacho, acompañado por el entonces ministro de comunicaciones, y llegar a la plaza donde se encontraba la vigilia indígena. Pide perdón e invita a los dirigentes a dialogar; en esas condiciones se decide hacer una ley en defensa del TIPNIS. Durante las reuniones con dirigentes en el palacio, se elabora esta ley, la Ley 180, que va a ser aprobada por la Asamblea Legislativa. Se nombra a esta ley como de la intangibilidad del TIPNIS. Título de la ley que va ser usado para escamotear a las comunidades indígenas del TIPNIS, diciendo que si es intangible el territorio nadie lo puede tocar, no se pueden desarrollas proyectos comunitarios, de eco-turismo y de desarrollo sostenible. El gobierno prohíbe estos proyectos, aprobados y fiscalizados por el propio Estado, que se efectuaban en una de las zonas del TIPNIS. Entonces la represión continúa por otros medios. La adulteración del sentido de la intangibilidad tiene que ver con el desconocimiento por parte del gobierno de la zonificación hecha en el TIPNIS por el SERNAP y la Asamblea de Corregidores. Se trata de tres zonas, la “Zona Núcleo”, la “Zona de Uso Tradicional” y la “Zona de Uso de Recursos”. La primera es la que se puede considerar como intangible. Ante la interpretación abusiva del gobierno, los dirigentes exigen elaborar en la reglamentación de la ley una ratificación de estas zonas y de sus atributos diferenciales. Se llega a acordar la reglamentación. Los marchistas retornan a su territorio y comunidades; y cuando están lejos de La Paz, el gobierno reinicia el contra-ataque: el presidente pide públicamente abrogar la ley, pero dice que él no puede hacerlo, que lo hagan los diputados de las regiones. Se arma una contra-marcha del CONISUR, que es la organización que corresponde al bloque siete, a la zona de avasallamiento del parque, zona reconocida y delimitada el 2009 respecto de la TCO del TIPNIS. El territorio y parque indígena pierde como 250 mil hectáreas, que se entregan a los colonizadores en términos de propiedad individual, y las comunidades del TIPNIS obtienen un titulo comunitario sobre poco más o menos un millón de hectáreas. La contra-marcha del CONISUR no tiene apoyo de la ciudadanía y llega a La Paz sin pena ni gloria, con la consigna de la abrogación de la Ley 180. Los dirigentes del CONISUR van a ser recibidos y escuchados por la Asamblea legislativa, algo que no ha ocurrido con los indígenas de la VIII marcha, tampoco los de la IX marcha. La opinión pública, las organizaciones sociales y los organismos internacionales se oponen a la abrogación de la Ley 180. Ante la magnitud del problema el gobierno retrocede y genera una nueva iniciativa tramposa. La ley de consulta, la ley 222, que ahora aplica en la fracasada consulta en el TIPNIS. Una ley que no cumple con la estructura normativa y conceptual de la consulta, estipulada en los convenios internacionales y en la Constitución. Una consulta que no es tal, que no es previa, que no goza con el consentimiento de las comunidades, no es libre ni informada. Que pregunta sobre la intangibilidad, que no es un tema administrativo del Estado que afecte a los pueblos indígenas, sino una definición de la Ley 180; no pregunta sobre la construcción de la carretera, sino induce a la aceptación de la carretera del “progreso” y “desarrollo”. Esto se efectúa operativamente en un protocolo que no tiene reparos en obligar a las comunidades a aceptar la construcción de la carretera.

Con la lección de la VIII marcha, el gobierno cambia de estrategia ante la IX marcha, que estalla precisamente para enfrentar la Ley 222 y exigir el cumplimiento de la Ley 180 y su reglamento acordado. Baja el tono de la descalificación a la dirigencia indígena, el gobierno dice que garantiza la marcha, empero se esmera en dividir las fuerzas que son sostén de la marcha. Coopta dirigentes, divide a las organizaciones regionales, interviene en el TIPNIS, da obsequios, regala motores de borda, y exige compromisos de las comunidades y organizaciones de base para no asistir a la novena marcha. Con esta estrategia de cooptación y amedrentamiento avanza en la división de la CIDOB, logrando conformar una organización paralela. Lo mismo trata de hacer con el CONAMAQ, pero no puede, pues los suyos, las regionales del Consejo, se defienden tenazmente y expulsan a los dirigentes comprometidos con el gobierno. La IX marcha llega a la ciudad de La Paz y vuelve a ser recibida por la ciudadanía; empero, esta segunda vez el recibimiento no es gigantesco y tan emotivo como fue el apoteósico recibimiento de la VIII marcha. Esto se debe a muchos factores; hay mucha proximidad entre la VIII y IX marcha, hay acumulación de desgaste y cansancio, además de que no se logra efectuar una convocatoria multitudinaria en defensa del proceso, incorporando los temas estratégicos de los sectores populares. Entre los factores que inciden también hay que comentar el desempeño tenaz del gobierno en lograr la división de las fuerzas y de las organizaciones indígenas. Con el retorno de los marchistas nuevamente a sus territorios, el gobierno impone la consulta, prepara brigadas para ingresar al TIPNIS y realizar la consulta. Fracasa en la aplicación de la consulta, se abarca a las comunidades de colonizadores y a las comunidades indígenas desestructuradas, que optaron por el título individual, renunciando al título comunitario, comunidades que no tienen nada que ver con la TCO del TIPNIS, por lo tanto no pueden decidir sobre el destino del territorio indígena y parque Isiboro-Sécure; también posiblemente las brigadas ingresan a comunidades de la TCO del TIPNIS, accediendo a los bordes accesibles. La resistencia se expande en las comunidades de la TCO del TIPNIS, prácticamente la entrada a los ríos Isiboro y Sécure son bloqueadas con alambradas. La llamada consulta no se cumple en el tiempo previsto; después de esta constatación, el gobierno y la Asamblea Legislativa aprobaron una ley de ampliación de la consulta hasta diciembre. En otras palabras, se quiere imponer la espuria consulta a toda costa, lo que significa imponer la construcción de la carretera que pase por el núcleo del TIPNIS a como dé lugar, ahora contando con la intervención del ejército y los llamados cuarteles ecológicos. El recorrido sinuoso del gobierno en el conflicto del TIPNIS no tiene límites, se promulga la ley de ampliación de consulta, cuando ya ha quedado claro que las comunidades de la TCO del TIPNIS no quieren la consulta, se instalan cuarteles ecológicos sin ningún rubor del contrasentido y de la evidente intervención armada en el TIPNIS. Estamos ante un curso desbocado a una mayor violencia, que parece no terminar.

¿Qué hay en el TIPNIS? ¿Por qué se juega el pellejo el gobierno en este conflicto? La geopolítica del extractivismo dice para sentar soberanía, también dice para quitarle el control y dominio de la región a la burguesía cruceña. Dice que la carretera de Villa Tunari a San Ignacio de Moxos nada tiene que ver con el IIRSA, pues esta carretera no está en los diseños del IIRSA. La geopolítica del extractivismo no dice nada sobre las concesiones petroleras y garantiza que con la línea roja demarcada, entre el TIPNIS y el bloque siete, no va a haber más avasallamientos del territorio y el parque, con el compromiso de los mismos sindicatos. Por lo tanto el peligro del avance de los cultivos de la hoja de coca excedentaria es un cuento. No dice nada sobre los pozos de maceración, las fábricas y las mega-fabricas de cocaína encontradas y vinculadas a la producción del bloque siete. ¿Qué significa este discurso plagado de ausencias y de aseveraciones discutibles?

Comencemos con el IIRSA. Hablamos de proyectos de infraestructura previstos por el IIRSA, que es la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana, en materia de transporte, es decir, hidrovías, puertos, corredores biocéanicos, entre otros, así como de energía, en la que se cuenta la energía producida por grandes represas hidroeléctricas. Todo esto requiere una infraestructura de comunicaciones. El programa  ha sido  consensuado por varios gobiernos latinoamericanos en el año 2000, cuyo objetivo central es el de facilitar la extracción y exportación de productos hacia sus puertos de destino[22]. Como se puede ver, esta iniciativa es abarcadora, integral, irradia sobre el control de los espacios y territorios, de ninguna manera se circunscribe a vías diseñadas como corredores biocéanicos, sino que la logística absorbe a todo, a todas las vías y caminos en la consecución de una lógica de integración comercial y económica, que tiene entre sus objetivos el uso a gran escala de los puertos del pacífico, debido al comercio en expansión vertiginosa con el Asía, particularmente con la potencia industrial de China. No se puede decir entonces, con una inocencia conmovedora, que la carretera que atravesaría el núcleo del TIPNIS no tiene nada que ver con el IIRSA. Decir esto es no entender los alcances geopolíticos del IIRSA, bastante discutidos e investigados y tratados en distintos foros. El gobierno no entiende que ya es un engranaje de estructuras de poder regional, que esta carretera por la que pierde la cabeza, ya forma parte de la irradiación geopolítica del IIRSA. Particularmente el Estado de Rondonia requiere esta vía corta para hacer llegar la carne de res a los mercados del Pacífico. Obviamente este no es el único interés, la integración del IIRSA forma parte del asenso de una burguesía regional y de la emergencia de una potencia industrial regional, que requieren la articulación sistemática de los mercados, de los flujos de energía, de las producciones, de las rutas de comunicación. Cuando se habla de geopolítica hay que referirse a estas estrategias, que si tienen ese contenido de control, dominio y expansión espacial. Comparando la geopolítica del IIRSA con la pretensión “geopolítica”, circunscrita a la construcción de una carretera, la “geopolítica de la Amazonia” resulta improvisada y perdida en la densidad del conflicto local.

Sigamos con el argumento de quitarle el dominio y el control de la región a la burguesía cruceña. ¿En qué se asienta este dominio y control de la región? Hay varios factores; un continuo territorial, orígenes comunes de los ganaderos benianos y la burguesía cruceña; hablamos de las migraciones cruceñas sobre todo en la época de bonanza de la explotación de la siringa. También se puede observar complementariedades económicas, así como concentración, monopolio y manejo del mercado de carne por parte de la burguesía cruceña. Estos factores se dieron antes que la construcción de la carretera asfaltada que vincula Santa Cruz con Trinidad. Lo que hizo la carretera es reforzar las tendencias antes señaladas. Por otra parte la ciudad de Santa Cruz de la Sierra ya es la ciudad más poblada y más grande de Bolivia, además de ser la ciudad económicamente más pujante. Esto la convierte en un polo de atracción e irradiación gravitante en la región y en el país. ¿Se va acabar con todo esto, de un sopetón, con la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos? ¿Sobre qué objetividad y realismo se basa esta elucidación de la geopolítica de la Amazonia? Si se quiere lograr lo que se dice, quitar el control y dominio de la región a la burguesía cruceña se debería optar por transformaciones estructurales, como la reforma agraria, la prohibición de la agricultura de la soya y su expansión, agricultura depredadora y transgénica. Debería nacionalizarse la banca y encaminarse a una transición económica de la economía plural a la economía social y comunitaria. Pero, nada de esto lo va a hacer el gobierno, pues, efectivamente, cuenta con la alianza con esta burguesía. Es sólo discurso el ataque verbal a algunos representantes de la burguesía; la burguesía no se reduce a estos representantes, es toda una clase, todo un bloque de dominio económico, de monopolios comerciales, financieros, monopolio de la tierra y de las tecnologías aplicadas en la agroindustria. Efectivamente y en la práctica no es pues el proyecto del gobierno anular el dominio y el control de la región por parte de la burguesía cruceña.

Al respecto llama la atención que el gobierno haya descartado el proyecto y el diseño del SERNAP de unir Villa Tunari y Trinidad bordeando el TIPNIS. ¿Por qué? Los portavoces dicen que es zona pantanosa; sin embargo, apuestan a proponer que se construiría una carretera ecológica o, en su caso, un subterráneo que atravesaría el núcleo del TIPNIS, sin reparar en las consecuencias de lo que dicen. No solamente por los altos costos sino también por los efectos comprobados en otros países de las carreteras ecológicas; por ejemplo en Brasil. Lo de la carretera ecológica se parece a los cuarteles ecológicos, dignos, ambos, de un anecdotario de lo monstruoso. Lo del subterráneo debajo de la selva es una alucinación digna de ficción literaria. Los subterráneos se han construido en las grandes ciudades, facilitando sus comunicaciones y ahorrando tiempo, dentro de un sistema de comunicaciones donde el subterráneo es uno más de las redes de comunicación y transporte. ¿Un subterráneo en la selva del TIPNIS? ¿A qué costo? ¿Se justifica? Pero nadie se ruboriza de estas elucubraciones, menos el discurso de la “geopolítica del extractivismo”; los gobernantes ya están acostumbrados a lanzar sus brillantes ideas, aplaudidos por la muchedumbre de llunk’u y aduladores. En todo caso, la propuesta del SERNAP es, de lejos, mucho más sensata y coherente que estas propuestas de carreteras colgantes o subterráneos. En este caso, en el diseño del SERNAP, si se va sortear terrenos que se dicen pantanosos, se lo puede hacer; esto está comprobado por la ingeniería de la construcción aplicada en extensas zonas pantanosas. Un ejemplo son las extensas carreteras que cruzan los pantanos de New Orleans. Sus costos serán menores que los de la carretera ecológica y mucho menores que el subterráneo.

En relación a la expansión de los cultivos de la hoja de coca excedentaria y la economía política de la cocaína, no se trata de buscar culpables. No se puede sostener en estos temas una postura moral, que termina siendo vulnerable y hasta hipócrita. De modo distinto, se trata de comprender que no se puede apostar a la ilusión de la riqueza fácil, pues no es sostenible. La proyección de este tipo de economías es corta y casi coyuntural. El costo es muy alto, por la destrucción de los ecosistemas, por la descohesión y corrosión de las relaciones sociales y la alteración perversa de los ritmos de las comunidades y asentamientos. Seguir con este juego, con este taparse los ojos, es comprometer la soberanía del país. Se trata entonces de discutir estos temas con los sectores involucrados y lograr consensos en la construcción compartida de alternativas, apoyadas por el Estado, logrando también consensos en la disminución sistemática y controlada, no tramposa, de los cultivos de la hoja de coca excedentaria. Así también consensos y compromisos de salir de todos los parques invadidos, dejando de cultivar en ellos coca excedentaria. De esta manera se defiende al cultivo tradicional de la hoja de coca, destinada al acullico y otros usos artesanales, e incluso industriales lícitos. La responsabilidad del Estado es darle un porvenir a las poblaciones involucradas en el cultivo de la hoja de coca excedentaria, no en alimentar su ilusión de la riqueza fácil, callando y siendo cómplice. Sólo la unidad de los sectores que abrieron el proceso puede encontrar una ruta para la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, en la perspectiva del vivir bien. Es reprochable entonces la compulsión del gobierno por dividir las fuerzas de lo que fue el bloque popular que abrió el proceso. A estas alturas la mayoría de los parques están invadidos y se cultiva hoja de coca excedentaria; ¿la construcción de la carretera por el núcleo del TIPNIS va impedir el desplazamiento de los cultivos de la hoja de coca excedentaria? Esto es lo que dice la geopolítica de la Amazonia. Un argumento estrambótico, que invierte el sentido de las cosas, de la lógica del mercado. El peso de la economía de la coca es grande en la región como para evitar sus ramificaciones y su expansión, precisamente con una carretera que abre ruta, acorta el tiempo del transporte, abarata costos, y abre mercados.  

En lo que respecta a las concesiones para exploración petrolera en el TIPNIS, justo en la zona que requiere más protección, la zona del núcleo del territorio, ¿por qué se dieron estas concesiones a PETROBRAS y a PDVSA cuando se sabe que se trata de un área protegida y territorio indígena, que además exige la consulta previa libre e informada? Este comportamiento sigiloso y secreto del gobierno nos muestra que no le interesan las áreas protegidas, los parques y los territorios indígenas, que no tiene ningún respeto por las leyes ambientales y la Constitución, en lo que respecta a las normas aprobadas sobre estos tópicos. Lo que le preocupa es la exploración hidrocarburífera ante la disminución peligrosa de las reservas. Para garantizar esto le es indiferente si se afectan derechos colectivos. ¿La carretera entonces es necesaria para efectos operativos y logísticos de la exploración hidrocarburífera? No lo sabemos, el gobierno no es transparente sobre estos temas. Hasta ahora se han manejado hipótesis interpretativas; una primera, que vinculan la obsesión por la carretera al IIRSA, en el sentido que se ha expuesto, como parte de una geopolítica de infraestructura logística y comunicacional de la integración comercial y económica de Sud América; otra, que considera la necesidad de garantizar la exploración en estas zonas del sur-andino; una tercera, que se explica por los compromisos del presidente con la Federación del Trópico de Cochabamba; y una cuarta, que plantea una vinculación con el diagrama de poder de la corrupción, procedimiento por lo que se definen los sobreprecios de los proyectos. El gobierno ha respondido ante estas interpretaciones, que lo que se quiere es sentar soberanía, además de que son las mismas comunidades las que quieren la carretera. ¿Cuándo se verifican las hipótesis, incluyendo a las propias interpretaciones del gobierno? Independientemente de esta espera, lo cierto es que hay concesiones para exploración hidrocarburífera. Es este hecho ya una amenaza directa para el eco-sistema del TIPNIS.

Para los pueblos indígenas el TIPNIS es la loma santa; para los ecologistas es el corazón de la producción del agua, de los ciclos de agua de las zonas del TIPNIS y de las regiones colindantes. Para la Constitución es una TCO, un territorio indígena y parque, donde cohabitan las comunidades indígenas de tres pueblos amazónicos, yuracares, chimanes y moxeños, los mismos que gozan de derechos colectivos, consagrados por la Constitución. El conflicto del TIPNIS se ha convertido en el centro de los debates y en la batalla crucial en defensa de la madre tierra, de la Constitución y del proceso. Lo que vaya a ocurrir depende de la capacidad de resistencia de las comunidades de la TCO del TIPNIS, también de la violencia que es capaz de ejercer el gobierno.      

 

Otras visiones de la Amazonia boliviana

Fragmentos territoriales y sociales e hipótesis interpretativas

Descripciones del Beni

Antes de llegar a Rurrenabaque, desde la altura de la caída subtropical andina se puede ver el inmenso llano del Beni. Parece un océano verde que se pierde en el horizonte. Este es uno de los paisajes más agradables que se vive como experiencia de la vista y de la percepción. Rememorando, uno piensa, este paisaje es además de espacio un campo biológico; entendiendo campo en el sentido de los espacios de distribución configurados por Pierre Bourdieu, pero también, de una manera complementaria, conformada como explanadas de los ecosistemas. Un inmenso espacio horizontal, plano, donde, a primera vista sólo se ven los bosques, la extensión verde de los llanos. De lo que se trata es de descubrir que hay allí, en esta inmensa explanada.

Cuando se está en el llano, llegando desde Caranavi[23], la primera población grande que se encuentra es Yucumo[24], un centro de paso, pero también comercial. A la entrada uno se encuentra con cientos de puestos de venta, de todo tipo. Sobresalen los puestos de comida para los viajeros y los transportistas, también las tiendas de repuestos para las movilidades, de la misma manera hay otros puestos de venta, donde se vende frutas, también verduras, así como una miscelánea de dulces, galletas, incluyendo la hoja de coca en bolsitas. Yucumo es zona de colonización, es decir, de migración de tierras altas a tierras bajas. La gran mayoría de los pobladores es de origen aymara, aunque también hay mestizos y algunos de la región, benianos.

Yucumo se encuentra a 281 km de Trinidad, capital del departamento, y 50 km al suroeste de San Borja, el centro administrativo municipal. Trinidad es la capital departamental, es un núcleo de encuentros de varias carreteras, la mayor parte sin pavimentar; donde se encuentra una ruta  al oeste de San Ignacio de Moxos  y San Borja de Yucumo, así también otra ruta  hacia el norte, casi a cien kilómetros de Rurrenabaque, para continuar en dirección noreste sobre Reyes, dirigiéndose después hacia Riberalta y Guayaramerín, en la frontera con Brasil. Desde Yucumo, se desprenden otras ramas, una ruta hacia el norte, que  a través de Rurrenabaque,  conduce a Cobija, que se encuentra en la frontera norte de Bolivia con el Brasil.

La población  Yucumo se ha duplicado en las últimas dos décadas, esto debido sobre todo a la migración. En 1992 contaba con 1.404 habitantes, de acuerdo a las proyecciones del Censo de Población y Vivienda de 1976. Más tarde, de acuerdo al Censo de Población y Vivienda de 2001, ya había incrementado su población a 3.090 habitantes. Contemplando las proyecciones estadísticas, en el 2010 la población llegaría ya a 3.893 personas.

Esta sola entrada a la Amazonia,  la efectuada por Yucumo, que se va a parecer a muchas otras posibles que se puedan hacer, nos muestra otra Amazonia que no responde a la hipótesis interpretativa gubernamental,  circunscrita al cuadro esquemático de la relación de patrones absolutos  e indígenas aterrados y sometidos totalmente. En la historia de la Amazonia han concurrido muchas transformaciones, muchos procesos han acontecido, transfigurando los contextos desde la llegada de los jesuitas, durante el siglo XVII[25]. No solamente la salida de los jesuitas, el retorno de algunos pueblos al monte, la aparición de las haciendas, más tarde de las empresas siringueras, después las madereras, la transformación de las haciendas coloniales en empresas capitalistas, que viene acompañada por una reforma agraria, que apuesta por la articulación occidente-oriente de Bolivia, la vía capitalista y agro-industrial, acompañada por las migraciones de campesinos aymaras y quechuas  en programas y proyectos de colonización, sino también la transformación de las ciudades, acompañadas por crecimientos urbanos y demográficos, transformándose también estos contextos con el desenvolvimiento de formas heterogéneas de modernidad. Reducir la complejidad de los campos sociales de la Amazonia a esa imagen esquemática de patrones e indígenas absolutamente dominados, como si no se hubieran dado las marchas indígenas de tierras bajas desde 1990, como si los pueblos indígenas de la Amazonia y el Chaco no se hubieran organizado en defensa de sus derechos, de sus territorios, de sus autonomías, de sus lenguas, sus culturas e instituciones propias, no es otra cosa que construir una imagen dislocada de la historia, al servicio del discurso dominante del Estado nacionalista, que quiere imponer “progreso” a las comunidades indígenas sometidas al atraso y a la sujeción total de los patrones. Dominación que ahora habrían heredado las ONGs.

Como se puede ver, este discurso gubernamental es un dispositivo de poder, sobre todo en un discurso que quiere justificar el comportamiento anti-indígena del gobierno en torno al TIPNIS. Llama la atención los usos de términos ya desgastados en contrastación con la experiencia de las dos gestiones de los sucesivos gobiernos de Evo Morales Ayma. Hay un conmovedor esfuerzo de hablar del “gobierno revolucionario”, de que es tarea del “gobierno revolucionario” emancipar a los indígenas de las ataduras del atraso, de las cadenas que los someten a los antiguos y a los nuevos patrones; los antiguos, los hacendados, los nuevos, las ONGs. Este traslado arrebatado a un contexto imaginado “revolucionario” resulta notoriamente inocente, parecido a las propagandas del otoño del patriarca.

Ubicándonos en el tiempo, en el momento histórico que nos toca vivir, estamos a dos gestiones del gobierno que fue empujado por una movilización prolongada de seis años de luchas (2000-2005), estamos en una segunda gestión de gobierno que contrasta también con la primera gestión gubernamental, que intentó por lo menos cumplir parcialmente la Agenda de Octubre; pues la segunda gestión es francamente anti-popular y anti-indígena, ya completamente separada de de la aplicación de la Constitución. Por lo tanto, estamos en un momento donde son evidentemente insostenibles estos discursos esquemáticos, ingenuamente contraídos, dislocados de los acontecimientos, al margen de las complejidades de los contextos, de los campos sociales, de las prácticas y, sobre todo, de las contradicciones profundas del proceso.

La pregunta es: ¿Por qué se construye un discurso tan caricaturesco hoy, cuando ya han transcurrido nueve marchas indígenas de tierras bajas, sobre todo las dos últimas, que defienden la Constitución, los derechos de las naciones y pueblos indígenas, la madre tierra, los territorios indígenas y los parques? Se entiende entonces que la caricatura es necesaria en la propaganda del gobierno, acompaña a la publicidad de apoyo a la Ley 222, ley que no tiene nada de consulta, que no responde a la estructura normativa y conceptual de la consulta, pareciéndose mas bien a una imposición violenta y violatoria de los derechos fundamentales.  No es suficiente, en este caso, contrastar un discurso tan inocente con los contextos y recortes de realidad, con las descripciones de los campos sociales, campos políticos, habitus y prácticas; esto, en todo caso, resulta fácil. Es menester comprender la génesis de estos discursos de poder, de estas construcciones gubernamentales, que buscan desesperadamente justificar los actos de gobierno, que conllevan violencia simbólica y violencia física del Estado.

Un discurso que reduce la figura de lo que acontece a la actuación aplastante de patrones absolutos e indígenas completamente sojuzgados, o de ONGs conspiradoras e indígenas engañados, es un discurso complementario de una actuación violenta del gobierno, de una violencia simbólica y de una violencia física gubernamentales, en relación a un territorio y parque protegido por la Constitución, por las leyes ambientales y defendido por las organizaciones matrices, representativas y legitimas indígenas, además del apoyo brindado por el pueblo boliviano. No es fácil encontrar una explicación a los comportamientos de un gobierno progresista que ha optado por el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente, por la ampliación de la frontera agrícola, en contra de los bosques y los territorios indígenas. No es fácil entender cómo un gobierno popular, que ha promulgado la Constitución del Estado plurinacional, comunitario y autonómico, despliega un discurso de “progreso” y de “desarrollo”, parecido al discurso asistencial del Cuerpo de Paz o, peor aún, que se muestra como la continuidad del discurso colonial desde la época de Juan Ginés Sepúlveda[26].  Los gobernantes se tienen que construir una explicación modulada por la percepción del poder, percepción que expresa una trama maniquea, al estilo de Hollywood,  de buenos y malos, peor aún de cowboys e indios, donde los portadores del “progreso” son unos revolucionarios de hierro. Imaginario alucinante, verdaderamente alucinante el discurso, empero nada convincente. No llega a tener efectos de convencimiento, salvo como argumento auto-justificativo de funcionarios y de dirigentes campesinos cooptados, ya auto-convencidos.

El departamento del Beni contaba ya con una población de 420.000 habitantes, de acuerdo al Censo de Población y Vivienda de 2001 y sus proyecciones al 2006. El departamento amazónico del Beni es de baja densidad demográfica, es el segundo departamento de más baja densidad poblacional, después de Pando.

Entre las principales actividades económicas del Beni se puede mencionar a la agricultura, a la empresa de madera,  así como es característica de su perfil económico la empresa ganadera. La importancia de la ganadería ocupa un lugar destacado en la cultura económica regional; los llamados “vaqueros” siguen desempeñando un papel importante en la sociedad del Beni, que comprende una parte significativa de los trabajadores. Se pueden también mencionar otras industrias importantes para la región,  como por ejemplo la que tiene que ver con las empresas forestales, así también las actividades de pesca artesanal y la caza, también la incursión en agricultura; en los últimos años, el eco-turismo.

En vuelo, desde el avión, se pueden apreciar los “camellones” moxeños, que son como la inscripción en la tierra, la huella dejada por la civilización pre-colonial de Moxos.

Al parecer, los primeros colonos europeos  en la región fueron los jesuitas españoles enviados a convertir a los habitantes nativos, principalmente en la mitad sur del departamento, durante el siglo XVIII. Los orígenes religiosos de muchos de los pueblos del Beni puede ser atestiguado por la centralidad de la iglesia local en la mayoría de las comunidades, así como en los propios nombres de las ciudades; por ejemplo Santísima Trinidad, que es la ciudad capital del departamento, también se puede nombrar a Santa Ana, a San Borja, a Reyes y así sucesivamente. Hablamos de una región que es la sede de la Vicaría católica, apostólica y romana del Beni. 

Las poblaciones humanas nativas, nómadas e itinerantes, se desplazan en grandes espacios territoriales, aprovechando la vía de los copiosos ríos. La estrategia demográfica es separarse, a partir de un límite sostenible, en pequeños grupos y asentamientos provisorios. Esto acontece hasta la llegada de los europeos,  cuando llegan a la región los jesuitas. A los jesuitas, después de su expulsión, les suceden los dominicos y franciscanos. En el lapso de tiempo de la salida de unos y la llegada de los otros aparecen colonos hacendados. Sin embargo son varias oleadas de migración; una migración importante fue la de caravanas que llegaron desde Santa Cruz, empujadas y atraídas con el auge de la goma.

 

Interpretaciones

Historia y campo social

Habría que combinar dos metodologías; una histórica, que nos muestre la génesis, la genética y la genealogía de las formaciones sociales y económicas en el Beni; otra sociológica, que nos muestre la distribución de las clases sociales y de los capitales en el campo social. Las dos metodologías también son dos percepciones.  Es indispensable conjugarlas; eso es lo que vamos a hacer, aprovechando las descripciones que hicimos con anterioridad.

Expondremos dos hipótesis interpretativas, relativas a cada una de estas metodologías y percepciones.

Hipótesis histórica

A lo largo de la historia que nos toca interpretar nos topamos con la formación de estructuras de larga duración, estructuras que conforman formas de comunidad, formas de socialidad, formas económicas, formas políticas y sobre todo formas imaginarias y culturales. La dinámica de estas estructuras es a la vez cíclica, pero también contingente, se encuentra afectada por la producción efectiva de las prácticas, las relaciones y las instituciones intervinientes.

Lo que importa en esta reconstrucción es comprender que las comunidades indígenas tienen su propio proceso histórico de constitución, que podemos situarlas como en cuatro momentos constitutivos; uno, que tiene que ver con la ancestralidad nómada e itinerante, que corresponde a sus recorridos y circuitos de recolección y caza, así como a sus movimientos y desplazamientos por los ríos, generando territorialidades acuáticas. Otro momento constitutivo fueron las misiones jesuíticas, que los agruparon en parroquias, convirtiendo a los pueblos en semi-sedentarios, introduciendo la agricultura y la ganadería, obviamente la religión mediante la evangelización, pero también preservando las leguas. Hicieron los primeros diccionarios de las lenguas nativas. Un tercer momento constitutivo tiene que ver con las resistencias que tuvieron que ejercitar para no desaparecer como pueblos ante el avance de las formas liberales de la república, sus instituciones, sus derechos de propiedad individual, además del avance y la extensión del mercado y las relaciones capitalistas. Fueron avasallados por las haciendas ganaderas, primero, luego por las empresas siringueras, también por los madereros, así como por las barracas. Un cuarto momento constitutivo tiene que ver con la consolidación de sus organizaciones matrices, representativas y legitimas, en la lucha por sus reivindicaciones y derechos, por los territorios, por las autonomías, la libre determinación, el autogobierno y normas y procedimientos propios.    

Los hacendados también tienes su proceso constitutivo. Obviamente un primer momento constitutivo se encuentra en la colonia, empero se trata de distintos asentamientos, de acuerdo a la temporalidad y al lugar. Sin embargo, quizás el momento constitutivo más importante se encuentra en los periodos republicanos, primero con los proyectos liberales de colonización de la Amazonia boliviana, segundo con la misma reforma agraria, que buscó convertir a las haciendas en empresas capitalistas. En este caso, hay que distinguir lo que pasa con las haciendas ganaderas, con las empresas de explotación de la goma, con las empresas madereras, las barracas, las empresas castañeras. También es indispensable referirse a distintos periodos de reparto de la tierra, los de la colonia, los de la republica, que se remiten al periodo liberal, después a la reforma agraria, y posteriormente a las dictaduras militares y a los gobiernos neoliberales.

Ciertamente no se pueden confundir hacendados ganaderos con empresarios, sin embargo, no nos olvidemos que los hacendados también incursionan en empresas, así como en el comercio y en la banca. Estos desplazamientos hablan de la formación de una burguesía agraria. Al respecto, podemos decir que la burguesía beniana tienen sus raíces en la hacienda ganadera, aunque esta no sea su única fuente, pues pueden las clases medias urbanas desprender estrategias de formación capitalista. Entonces la burguesía tiene un momento constitutivo fundamental, el mercado, articulado por los flujos y circuitos de capital; sin embargo, hay que entender que la burguesía se forma en el monopolio contra el mercado, por más paradójico que parezca. Monopolio de capital, que puede resumirse al monopolio financiero, monopolio de los mercados, monopolio de las técnicas, contando además con el monopolio de la violencia, que puede provenir del Estado, pero también de poderes regionales y locales, del despliegue de violencia, aunque ésta no sea legítima. Podemos hablar de la conformación de una burguesía siringuera en los periodos de bonanza de la explotación de la goma. Empero, después, la burguesía se forma sobre la base del gran comercio de carne a las ciudades. Por lo tanto, aquí van a ser factores importantes la concentración de la tierra, la concentración del ganado, aunque se use el método de una ganadería extensiva. No hay que descuidar en esta formación de la burguesía a los intermediarios y a las mediaciones, que también se aprovechan en la apropiación del excedente.

Las concesiones forestales van a ser importantes para la consolidación y el monopolio de las empresas madereras, pero también contar con financiamiento y crédito, además de las conexiones con el mercado, sobre todo externo. Últimamente la empresa castañera se ha convertido en una “industria” rentable y de peso económico, Bolivia es el principal país exportador de la castaña.

El comercio y el transporte son también emprendimientos donde se forma capital, sobre todo cuando se tiende al monopolio y al control de territorios. Su presencia se hace notoria en la vida de las ciudades, aunque atraviesa las rutas y carreteras. Lo interesante al respecto es que son los migrantes del occidente boliviano los que controlan el comercio del oriente boliviano, sobre todo con el comercio diverso y variado de mercancías, que son desde bienes agrícolas hasta mercancías importadas. Se puede hablar entonces también de la formación de una burguesía comercial, procedente de los migrantes. Sin embargo, hay que anotar que no todos los comerciantes ingresan en la formación de esta burguesía comercial, pues una mayoría de comerciantes son mas bien minoristas y trabajan al menudeo y por ingresos diarios mínimos.

Por otra parte, debemos hablar de la formación del campesinado. Una parte del campesinado beniano tiene que ver con los “vaqueros” que adquieren tierras, dotadas por los hacendados o compradas. También tiene que ver con el desgajamiento de las comunidades indígenas, cuyos miembros se convierten en campesinos. Por otra parte se forman también pequeños, así como medianos propietarios de tierras, que las hacen trabajar ocasionalmente o cíclicamente, de acuerdo a la temporalidad agraria, aunque muchos de estos propietarios también se encuentren asentados en las ciudades. Sin embargo, un grueso de los campesinos lo conforman los llamados colonizadores, migrantes del occidente boliviano, bajo programas estatales de colonización o no. El contingente demográfico de los colonizadores ha crecido notoriamente desde la implementación de la reforma agraria en el oriente boliviano. Hay zonas de colonización claramente identificadas, donde se conforman socialidades agrarias al estilo del occidente boliviano. Estos campesinos están afiliados a sus sindicatos de “interculturales”, que es así como se llaman desde la Constitución.

La formación de las clases medias es como una consecuencia del crecimiento de las ciudades. La concentración de los servicios de las ciudades ha atraído a migrantes del interior del departamento y de otros departamentos, además de considerar el crecimiento vegetativo. El campo escolar es un espacio de formación de las clases medias; bachilleres, después universitarios, van a formar parte de las actividades liberales en las urbes, también de las actividades de funcionarios en los gobiernos locales. Quizás las clases medias son altamente concurrentes del campo político, pues encuentran en las instituciones del Estado un lugar de estabilidad laboral, así como de realización.

Ahora bien, estas formaciones, que responden y conforman a las mismas estructuras de larga duración, no están aisladas, interactúan, se conectan, se entrelazan, se afecta, se superponen jerárquicamente, respondiendo a relaciones de dominación y de poder.

Hipótesis sociológica

Hay pues en la actualidad una distribución jerarquizada y dinámica del campo social. Empero, antes de seguir debemos hacer algunas aclaraciones sobre el uso del concepto de campo social. A diferencia de una figura estática de estructura social dada, el campo social supone una dinámica de interactividad y de movimiento entre las distintas estratificaciones sociales. Ahora bien, si bien no se puede encontrar empíricamente una pirámide social dada, que sea visible, tampoco se piense que las clases y las estratificaciones sociales se distribuyen en el espacio repartido de acuerdo a su identidad. Al contrario estamos ante espacios entrelazados, distribuidos de manera diversa y hasta contingente, muchas veces mezclados, aunque en la medida que se estructuran las ciudades, las clases altas tienden a ocupar determinados barrios y las clases bajas otros barrios. Empero, el crecimiento de las ciudades, sobre todo en América Latina, ha generado distribuciones heterogéneas, variadas y hasta entremezcladas. Por lo tanto, cuando hablamos del campo social tratamos de visualizar estas dinámicas, estas distribuciones, estas ocupaciones y desplazamientos, contando con sus trayectorias, así como el mapa de distribución del capital social, del capital cultural, del capital simbólico y el capital político.

El campo social del Beni plantea varios problemas, una alta dispersión de sus poblados, de sus ciudades, sobre todo de las principales, las intermedias y las pequeñas, una dispersión de sus pueblos, también de sus comunidades. En una amplia extensión de los llanos y montes, de la Amazonia alta y de la Amazonia baja, las poblaciones se dispersan de acuerdo a su propia historia de fundaciones y desplazamientos, así como de su vinculación con las parroquias misionales. Por otra parte hay que atender a la propia distribución diseminada de las haciendas, dispersas y ubicadas para mejor control y administración de sus propiedades. Al respecto, no hay que creer que los hacendados viven en sus haciendas, son pocos los que lo hacen, mas bien las visitan, en algunos casos hasta delegan la administración. La clase de hacendados ganaderos, sobre todo los ricos, viven en las ciudades, en casas cómodas y en barrios residenciales.

Por lo tanto el dibujo del campo social tendría que tener en cuenta estos problemas de distribución, que son también condicionantes de la configuración misma de los espacios sociales.

Un centro gravitante del campo social son los ganaderos que están asociados a la Federación de Ganaderos del Beni y Pando (FEGABENI), quienes también cuentan con el Banco Ganadero del Beni. Hablamos de los sectores sociales de más influencia en la región, además de contar con capital económico y capital social, cuentan con el monopolio de la concentración de la tierra, sobre todo en manos de las familias más pudientes. Es conocido el dominio que han tenido en las prefecturas del departamento, incluyendo la gobernación, cuando las prefecturas se convierten en gobernación, después de la Constitución. La influencia política de los ganaderos es parte del paisaje social, cuestionada quizás por la emergencia de los sectores populares, que después de las luchas sociales del 2000 al 2005 y de las gestiones de gobierno del MAS tienden a disputar el control de la administración departamental.

En los entornos a la clase ganadera, colindando con su centro de gravitación o compartiendo esta atracción, están los otros estratos sociales de la burguesía regional, conformada también por los otros empresarios, los empresarios madereros, los empresarios castañeros; empero en este caso, no necesariamente viven en el Beni, sus residencias pueden encontrarse en Santa Cruz o La Paz. La banca de la que hablamos anteriormente está conformada por acciones de ganaderos, pero también de otros empresarios.

Se puede observar que en este campo económico, dibujado por la tenencia de la tierra, el control de la ganadería, las empresas madereras, castañeras y otras en la gama de agraria y comercial, se cuenta con empleados y trabajadores de estas empresas y de la banca. Estos trabajadores no se encuentran en el espacio de gravitación de la burguesía regional, forman parte de otros espacios del campo social. Estas mayorías son las que se hacen visibles en las calles, otorgándole una dinámica propia a las ciudades, llevando a sus hijos a las escuelas y colegios, yendo a trabajar, comprando todos los días, consumiendo, habitando los otros barrios, de clases medias y populares.

Algo que es altamente visible en las ciudades es el comercio, sobre todo cuando se aproxima al centro de las ciudades. No solamente son importantes los comercios formales, con tiendas establecidas, sino también las ferias, los mercados, el comercio informal. Como puede verse, el estrato comercial es altamente diverso y amplio. Ya habíamos hecho notar el peso de los comerciantes migrantes del occidente boliviano, en todos los rubros. Este hecho nos muestra que el capital económico y el capital social lo adquieren prioritariamente los migrantes a través del comercio. Desde allí pueden incursionar en otros rubros, incluso la compra de tierras. Aunque se nota el control y el monopolio de la tierra de la clase de hacendados, limitando el ingreso a otros competidores, sobre todo migrantes. Los migrantes acceden a la tierra por concepto de colonización, apoyados por programas del Estado. Desde esta condición también pueden incursionar en el comercio, sobre todo de los bienes que producen.

En el campo social de las ciudades tenemos entonces como gravitación a los ganaderos, en los entornos a los otros empresarios, después en otros espacios del campo social tenemos a la gran mayoría de la población compuesta por empleados, trabajadores, comerciantes.  También deberíamos hablar de los profesores, que en las ciudades del oriente de Bolivia cobran importancia. Se trata de una población significativa que tiene la responsabilidad de la educación y genera actividades propias vinculadas a las conmemoraciones cívicas. Todos los años la lucha de los maestros por mejor sueldo se ha hecho sentir en todas las ciudades.

El perfil cambia en las poblaciones más pequeñas, donde lo popular y lo campesino se hace sentir, aunque no desaparece el comercio y la presencia de algunas instituciones del Estado. En estas poblaciones se hace más visible la presencia de los colonizadores y sus actividades, sobre todo sindicales. Como ya dijimos, los colonizadores constituyen una demografía importante del departamento. Entonces hablamos de un sector de incidencia en el campo económico, en el campo político y últimamente en el campo burocrático.

Las comunidades indígenas se asientan en sus territorios, también colindan y se mezclan con poblaciones campesinas, así como también migran a las ciudades. En esta región lo diametralmente opuesto al dominio ganadero no son los comerciantes, que mas bien se adecúan al campo social y al campo económico dominado por los hacendados; tampoco son los colonizadores, que si bien disputan políticamente espacios de influencia, terminan conformando el campo económico configurado. Las comunidades indígenas se oponen al mundo karaiana, al mundo blanco, mestizo y migrante, pues al defender sus comunidades, sus territorios comunitarios, sus instituciones, sus prácticas, sus gestiones territoriales y ambientales, sus normas y procedimientos entran en contradicción con esta ambiente liberal, aunque bullente por la dinámica de sus desenvolvimientos sociales y económicos.

    

 

             

 



[1] El concepto de subsunción, usado por Karl Marx en los Grundrisse, antes por Hegel, es un concepto dialéctico que busca explicar el proceso de supeditación, subordinación, incorporación, absorción de una forma por otra forma inclusiva. Marx concibe dos formas de subsunción del trabajo al capital, la subsunción formal y la subsunción real. La primera comprende las formas de subsunción del trabajo al capital en condiciones donde el capital absorbe el trabajo que se realiza bajo relaciones de producción no-capitalistas, la segunda, comprende las condiciones de subsunción del trabajo al capital bajo condiciones de relaciones de producción propiamente capitalistas, sobre todo cuando el modo de producción recurre a medios de producción que han cristalizado el trabajo muerto; hablamos del empleo de la maquinaria y de la tecnología industrial. En América Latina algunos autores, como Armando Bartra, han ampliado el uso del concepto de subsunción formal del trabajo al capital a la incorporación de la economía campesina al modo de producción capitalista. Estas ampliaciones del uso del concepto de subsunción han provocado discusiones sobre su pertinencia. En todo caso puede entenderse este uso también como metáforas que ayudan a plantear las múltiples formas de articulación de formaciones sociales al sistema-mundo capitalista. Empero, cuando se extienden demasiado estas ampliaciones, en la recurrente polisemia de los conceptos, el concepto mismo puede resultar inutilizable, pues significa todo y no dice nada nuevo. Usar el concepto de subsunción para decir que la economía indígena amazónica está supeditada al capitalismo es como llegar a decir que todo el que tiene vínculos con el mercado esta subsumido al capitalismo, lo que no quiere decir nada o resulta una perogrullada. Se entiende que lo que se quiere hacer aquí es estigmatizar a los indígenas que se resisten a la política extractivista del gobierno, se hace un uso “ideológico” del término, con lo que deja de ser un concepto y es mas bien un dispositivo retórico.   

[2] Horkheimer y Adorno desarrollan esta tesis en Dialéctica del iluminismo. Trotta, Madrid. 

[3] Michael Löwy escribe Eco-socialismo y Alex Demirovic trabaja el concepto de socialismo verde. También Michael Löwy y Ulrich Brand publican un libro de debate sobre el eco-socialismo. También Ulrich Brand publica Política ambiental global y la internacionalización del Estado: la política de biodiversidad de estratégico-relacional perspectiva. Westfalia barco de vapor, Münster 2009.  

[4] Sarela Paz: El TIPNIS en el centro del interés global. Bolpress septiembre de 2012; La paz.

 

[5] Ibídem.

[6] Javier Sanjinés escribe sobre la figura de lo grotesco en la literatura, grotesco como una forma barroca exacerbada e incongruente.  

[7] La tradición de la geografía brasilera es muy rica al respecto. Se puede decir que Milton Santos es el que consolida esta experiencia de la geografía como ciencia de las dinámicas de construcción de los espacios. De Milton Santos a Manzano, geógrafo que estudia los movimientos socio-territoriales, hay un recorrido abundante de investigaciones y estudios en esta perspectiva. David Harvey también realiza una geografía crítica del sistema-mundo capitalista y propone usar la geografía como herramienta de la lucha de clases. Hubert Mazurek hace la evaluación de estos despliegues de la geografía y la usa para evaluar la geografía ante el desafío del espacio andino en su Recorridos territoriales.    

[8] Michel Foucault: Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. Siglo XXI 2008; Buenos aires. Pág. 255.

[9] En la Contribución a la crítica de la economía política Karl Marx escribe que el conjunto de las relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. En otras palabras, Marx concibe a la ideología como una superestructura. Antes, en el periodo que se conoce como la etapa del joven Marx, en las anotaciones, organizadas posteriormente como libro, tal  como aparecen en la Crítica de la Filosofía del Derecho en Hegel, Marx escribe: Es cierto que el arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el poder material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas. Y la teoría es capaz de apoderarse de las masas cuando argumenta y demuestra ad hominem; y argumenta y demuestra ad hominem cuando se hace radical. Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo.

 

[10]B. Jessop, “ The State in the Current Crises: Crises of Capital, State Crisis, and the Crisis

of Crisis Management”, 2011, mimeografiado.

[11] Según A. Escobar (2003), alternativas a la modernidad para referirme a la imaginación de un explícito proyecto político-cultural de transformación desde la perspectiva de la modernidad/colonialidad –más específicamente, una construcción alternativa del mundo desde la perspectiva de la diferencia colonial.

 

[12] Maristella Svampa: Ideas; Presentación en un seminario taller de la Fundación Rosa Luxemburgo. Puembo-Ecuador, julio 2011.

 

[13] Ibídem.

[14] Ibídem.

[15] Incluso se podría decir, que es al contrario, la revolución industrial ha creado la expansión desmesurada del extractivismo; lo que llamamos propiamente extractivismo.

[16] Eduardo Gudynas: Más allá del nuevo extractivismo: transiciones sostenibles y alternativas al desarrollo. En: El desarrollo en cuestión. Reflexiones desde América Latina. Fernanda Wanderley, coordinadora. Oxfam y CIDES UMSA, La Paz, Bolivia, 2011.

[17] Ibídem.

[18] Ibídem.

[19] Definición del deseo por parte de Jacques Lacan.

[20] Ibídem.

[21] Revisar el conjunto de tomos bajo el nombre de El método de Edgar Morin, sobre todo La vida de la vida. Cátedra 1998; Madrid.

[22] Ver el texto citado de Maristella Svampa.

[23] Caranavi es la capital de la provincia de Caranavi  en la región de los Yungas. El 23 de diciembre de 2009, parte de la provincia fue separado del municipio de Caranavi para convertirse en el municipio de Alto Beni.

[24] Yucumo es la segunda ciudad más grande del Municipio de San Borja, municipio que forma parte de la provincia Ballivian. 

[25] En 1675, los sacerdotes jesuitas Pedro Marbán y Cipriano Barace comenzaron a evangelizar a los pueblos indígenas que se encontraban en las llanuras entre los ríos Mamoré y Guapay, partiendo desde Santa Cruz de la Sierra. En 1682, los jesuitas fundaron la misión de Nuestra Señora de Loreto y poco después la de Santísima Trinidad, a orillas del río Mamoré. Posteriormente se fundaron otras doce reducciones más: San Javier, San Pedro, Santa Ana, Exaltación, San Ignacio, San Borja, Reyes, Magdalena, Concepción, San Simón, San Joaquín y San Nicolás. Los jesuitas fueron expulsados el año 1767. 

[26] Revisar de Juan Ginés Sepúlveda Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios (1550). Fondo de Cultura Económica 1996; México.

 

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Pluriversidad Libre Oikologías

Proyecto emancipatorio y libertario de autoformación y autopoiesis

 

 

Diplomado en Pensamiento complejo:

Contrapoder y episteme compleja

 


 

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Proyecto emancipatorio y libertario de autoformación y autopoiesis

 

 

Diplomado en Pensamiento complejo:

Contrapoder y episteme compleja

 

 

Objetivo del programa:

Umbrales y limites de la episteme moderna, apertura al horizonte nómada de la episteme compleja.

 

Metodología:

Cursos virtuales, participación virtual en el debate, acceso a la biblioteca virtual, conexión virtual  colectiva. Control de lecturas a través de ensayos temáticos. Apoyo sistemático a la investigación monográfica. Presentación de un borrador a la finalización del curso. Corrección del borrador y presentación final; esta vez, mediante una exposición presencial.

 

Contenidos:

 

Modulo I

Perfiles de la episteme moderna

 

1.- Esquematismos dualistas

2.- Nacimientos de del esquematismo-dualista

3.- Del paradigma regigioso al paradigma cientifico 

4.- Esquematismo ideológico

 

Modulo II

Perfiles de la episteme compleja

 

1.- Teórias de sistemas

2.- Sistemas autopoieticos 

3.- Teorías nómadas

4.- Versiones de la teoria de la complejidad

 

Modulo III

Perspectivas e interpretaciones desde la complejidad

 

1.- Contra-poderes y contragenealogias 

2.- Composiciones complejas singulares

3.- Simultaneidad dinámica integral

4.- Acontecimiento complejo

 

Modulo IV

Singularidades eco-sociales 

 

1.- Devenir de mallas institucionales concretas

2.- Flujos sociales y espesores institucionales

3.- Voluntad de nada y decadencia

4.- Subversión de la potencia social

 

 

Temporalidad: Cuatro meses.

Desde el Inicio del programa hasta la Finalización del programa.

Finalizaciones reiterativas: cada cuatro meses, a partir del nuevo inicio.

Defensa de la Monografía. Defensas intermitentes de Monografías: Una semana después de cada finalización.



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Inscripciones: A través de la dirección: 

sebastianacontecimiento@gmail.com

Pluriversidad Oikologías

Avenida Andrés Bello. Cota-Cota. La Paz.

Teléfono: 591-71989419

Costo: 400 U$ (dólares).

Depósito:

PAYONER

Tarjeta 5300 7211 3134 3799

Nombre del banco

First Century Bank

Ruta (ABA)

061120084

Número de cuenta

4014539507051

Tipo de cuenta

CHECKING

Nombre del beneficiario

Raul Prada Alcoreza

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