Más allá del amigo y enemigo

20.07.2016 19:48

Más allá del amigo y enemigo

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Índice:

 

Prólogo                                                                   

Más allá del amigo y enemigo

Sobre la política, en sentido restringido                  

Más allá de las representaciones,

de las fuerzas y las voluntades                                       

Narrativas en su entramado dramático

Formaciones discursivas en la modernidad local      

Las acciones y las prácticas sociales como

narrativas fácticas                                                                

Guerras de laboratorio                                            

A modo de prefacio parcial                                                                  

Fetichismo geopolítico

A propósito de la geopolítica sinuosa de la OTAN              

Las dos caras de la híper-modernidad

del sistema-cultura-mundo capitalista                   

La guerra como montaje

¿El ISSIS, la avanzada de la OTAN en Siria?          

El orden mundial delincuencial                                         

Crítica de la economía política cultural

Constelaciones de singularidades                              

Desenlaces de la barroca decadencia                                  

Desventuras del análisis político                             

Las desmesuras de las violencias singulares           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No es el odio lo que nos hace fuertes

Como roca cristalizada en las profundidades

Espesuras oscuras insondables de la tierra

Fundida antes por el magma volcánico

No es el odio lo que ayuda a conocer algo

Como instrucción campechana de la experiencia

No es el odio lo que abre las puertas

Del porvenir luminoso como alborada boreal

Como los telones del teatro descubriendo la escena

No es el odio lo que colabora a lograr el alborozo

Como cumbre escalada con esfuerzo por tenaz alpinista

No es el odio lo que nos salva de amenazas

Como enfermedades acechando ocultas en el cuerpo

Lo que resuelve problemas y responde a desafíos

Como invitaciones seductoras de territorios ignotos

No es el odio la prolongación de la lucidez

Como pulsación solar abarcando a su entorno

Tampoco del afecto apasionado y honesto

Emergiendo como manantial del fondo de los peñascos

El odio es justamente todo lo contrario

Es como el ensanche de la falta de agudeza

Dejándonos ciegos y mudos, atrofiando los sentidos

Fuera de ser una exhibición clara de ausencia emotiva

Evidente inhibición de la vitalidad y la alegría

Sustituida por el rencor escarbando las entrañas

Como buitre picoteando insaciablemente

Nuestro expuesto abdomen como el de Prometeo 

Y la culpabilidad sorda como pesada carga

Llevada sobre la espalda de aparapita

Como frustración agobiante de verdugos implacables

Sin embargo, frígidos humanos desvalidos

El odio causa más contrariedades desconcertantes

Como los fármacos curando y envenenando

Al mismo tiempo al convaleciente vulnerable  

Ocasiona insistentes amenazas contendientes

Nubes borrascosas cargadas de rayos y furores

Nos lleva a callejones de penumbra sin salida

Como encrucijadas abriéndose a los abismos

Convierte a cercanos y lejanos en enemigos

Como perseguidos infieles convertidos en aberraciones

Nos trueca en celosos vigilantes acechados

Como ciudades sitiadas por ejércitos invasores

Por fantasmas atormentados por sus desvaríos

Como criminales perseguidos por las miradas

Y el recuerdo inolvidable de sus víctimas

Espectros dentro de sus oxidadas armaduras

Visitantes mudos de la noche

Como inesperadas presencias exhibiendo viseras

Ocultando a medias sus rostros

El odio cierra los portones del porvenir

Como telones del teatro clausurando la escena

El odio nos ciega y ya no vemos nada

Sino los íconos delirantes del resentimiento

El odio interrumpe la propagación de la sabiduría

Como los diques de las represas detienen los ríos

Nos vuelve arrogantes hedonistas

Nos convierte en testarudos intolerantes

Repetidores de carencias miserables

Ausencias de prolíficas cogniciones

Agoreros tristes de lo mismo

 

Es el apego a la voluptuosa vida

Don desbordante de vigorosa energía

Devoción a los minuciosos detalles

Componiendo resplandecientes paisajes

Cariño de traviesas algarabías de especímenes

Inquietos en su festivo conglomerado musical

Franqueza reposada esparcida en el aire

Diseminada en la atmósfera y los suelos

Remontada por el agua de los afluentes

Trabada en las ramas de los árboles

Como brisa aposentada en el refugio de las hojas

Donde se confecciona nidos cobijando sueños

 

Es el amor el impulso vital del entendimiento

Como corriente o viento empujando las velas

De galeones navegantes en océanos soñados

Puente sentimental transportándonos a la eventualidad

Como arco cruzando de una orilla a la otra

Senderos atravesando los bosques o las montañas

Como rutas escondidas al lóbrego bilioso

Ayudándonos a cruzar los laberintos

Como sagaz periplo despejando el acertijo

Primavera solicitante de la madrugada venturosa

Clima florido emprendiendo el ciclo de las estaciones

Como Vivaldi interpreta en lenguaje de violines

Frecuente rutina regulada del día

Premonición escrupulosamente descifrada

En los jeroglíficos del pergamino conservado

Desenvolviendo una novicia iniciación adolescente

Primavera cuajada en nuestras médulas

Como sedimentos de regocijos hospedados

Después, las flores se van y nos abandonan

Como fragancia de pretéritos amores

Son los sentimientos de gozo y asombro

Enseñando la relatividad de los aprietos

Risueñas encuentran siempre las salidas

Son las sensaciones los empalmes trenzados

Con los recónditos misterios del cosmos

 

No es el odio sino el amor lo que nos hace humanos

Por lo tanto apacibles animales mutantes 

Innovando en la metamorfosis del mundo

Asiste en la comunicativa colmada comprensión

Con el resto de los cuerpos del firmamento

Y de las moléculas grumosas coaligadas

Y los átomos compuestos por órbitas saltonas

Y los núcleos detenidos en pesadas reflexiones

Existiendo nosotros ensamblados con el universo entero

Tejidos hirsutos de sutiles hilos

Desde sus hebras minúsculas hasta sus colosales galaxias

No es el odio sino el amor la energía de los organismos

Como gravitación induciendo a danzar a planetas

Y enmarañadas constelaciones deslumbrantes

Aptitud creativa de nuestras habilidosas manos

Como arte fecundo realizándose en cuadros

Y primorosos poemas recobrados

La corriente sanguina rítmicamente circulando

Por las redes de venas y arterias confluyentes

Flujo de versos melodiosamente pronunciados

Ligazón social congregando mónadas agitadas 

Convocatorias sinfónicas cautivando a los oídos

Aglomerando grupos, comunidades y sociedades

Como aglutinan manadas las lagunas de la selva

No es el odio sino el amor diáfano

Coligando los ciclos diversos de vitales elipses

 

El humano no es el animal racional

Tampoco el animal con lenguaje

Ni siquiera el animal simbólico

Es ante todo, primero el animal afectivo

Animal de imaginación exuberante 

Naciendo en el plasma del apego

La ternura y la atracción arcanas

Emergiendo la vida del caldo estelar

Y en la inquietud de la explosión inicial

Como primera nota del concierto total

Intrépida inventora de mundos prodigiosos

Estallido de sensaciones propagadas

Como vuelos vibrantes de ondas

Y estremecimientos melódicos de penetrante copla

Canción primordial anterior a la materia

 

No es el odio lo que ayuda a luchar y combatir

No es el odio lo que ayuda emancipar y liberar

No es el odio lo que da fibras e ímpetus

Si no es lo que aprisiona en la cárcel

De rejas de angustias y de miedos 

Debilitando el cuerpo atosigado por las normas

El odio es el huevo donde se incuba la serpiente

Donde germinan los bisoños despotismos

Aunque se insinúen con palabras aladas

 

Es el amor y el afecto desenvueltos

Como mariposas redimidas de sus capullos 

Emancipando y liberando las profusas formas

De las memorias sensibles de la vida 

La potencia creativa de los entrelazados cuerpos

Proliferantes autonomías transversales e impetuosas 

 

Sebastiano Monada: No es el odio sino el amor

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prólogo

 

Más allá del amigo y el enemigo es un ensayo activista, interpelador, crítico, que se sitúa en el tejido espacio-temporal; también podríamos decir, que se sitúa en los topos-tempos - aludiendo metafóricamente a la velocidad desplegada en una interpretación musical - de los tejidos de la episteme compleja; por lo menos, como diseño o, si se quiere, como búsqueda.   Es como la consecuencia radical de la crítica del poder, de las prácticas de dominación, ateridas en las formaciones sociales, condensándose en las formas de Estado, conformadas en las genealogías de poder. La crítica radical y consecuente no puede sino proponer un más allá de la política – política, en sentido restringido -, que es dominación. Este más allá de la política es también un más allá de su economía política constitutiva, la que supone el dualismo antagónico del amigo-enemigo; economía política de la política. Por eso, se asume como un más allá del amigo y enemigo.

 

La tesis transversal es: para salir del círculo vicioso del poder es menester salir del esquematismo dualista del antagonismo amigo-enemigo, que reproduce, en su arqueología, el esquematismo religioso del antagonismo fiel-infiel. La consecuencia de esta tesis es: para salir del círculo vicioso de la violencia hay que abandonar el poder como fin y el fin del poder. Lo que conlleva deconstruir la política restringida, como dominación, deconstruyendo sus discursos de legitimación, sus tecnologías de poder, sus estrategias de captura de las fuerzas sociales. El circulo vicioso de poder se recicla en el círculo vicioso de la violencia; los enemigos irreconciliables, entrabados en una guerra a muerte, terminan siendo cómplices, pues se requieren y se necesitan para constituirse y posesionarse, en el contraste y la contradicción antagónica,   reproduciendo, ambos, en el dualismo del enfrentamiento, la reproducción del poder.

 

El análisis crítico se efectúa desde la perspectiva de la simultaneidad dinámica, que no es exactamente presente dilatado, tampoco presente eterno; sino movimiento complejo espacio-temporal-territorial-social. Lo importante de esta perspectiva compleja e integral es no solo el cuestionamiento de la perspectiva clásica del tiempo absoluto y del espacio absoluto, por lo tanto, el cuestionamiento del tiempo lineal, externo a los acontecimientos, sino la comprensión de la dinámica de la simultaneidad integral de la complejidad, sinónimo de realidad. La reconsideración de las narrativas histórico-políticas; así como la crítica de la “ideología” y la delimitación del mundo de las representaciones. En consecuencia, la comprensión del entrelazamiento de procesos articulados e integrados, donde lo imaginario, las sensaciones, la razón, reincorporada al cuerpo, condicionan una concepción compleja del acontecimiento, no solo como multiplicidad de singularidades, sino como composición de variados planos y espesores de intensidad. Por lo tanto, las representaciones no conforman un campo o, si se quiere, campos autonomizados abstractos, sino componen composiciones corpóreas o materiales, sociales y ecológicas, donde las representaciones se sostienen y emergen de substratos magmáticos de flujos en constante devenir.

 

Desde esta perspectiva y enfoques complementarios, las narrativas son interpretadas en la visualización, lectura y audición, de sus arqueologías inherentes. Por eso, se habla de narrativas fácticas, que, en el lenguaje hermenéutico, se denominan como pre-narrativas.  Esto es importante, en la comprensión de las narrativas como acontecimientos; es decir, como dinámicas complejas narratológicas, que asumen las narrativas en sus movimientos y tejidos de tramas, no solamente configurativos, re-figurativos y trans-figurativos, sino como devenir de narrativas fácticas, inscritas en las prácticas, en los tejidos prácticos de las relaciones sociales, en devenir de narrativas literarias, históricas, teóricas, expresadas en la escritura y en las trasmisiones orales, así como en las formaciones discursivas y enunciativas, incluyendo a las elaboraciones teóricas.

 

Se observa y se anota que, en la etapa de la decadencia de la era de la simulación, que corresponde a la crisis múltiple del sistema-mundo capitalista y de la civilización moderna, la violencia - como advenimiento recurrente de la economía política del chantaje, acompañada por prácticas de coerción -, evento recurrente de amenaza, devastador y de destrucción, adquiere tonalidades intensas y atroces, que son los síntomas alarmantes de la diseminación. Se enfoca la crítica en las manifestaciones desesperadas del denominado “terrorismo”, deconstruyendo los discursos oficiales, hegemónicos y dominantes, sobre esta problemática. 

 

Más allá del amigo y enemigo contiene partes que se han salido en otras publicaciones. Por ejemplo, la parte de Más allá del amigo y enemigo, como segmento del libro, que lleva el mismo título, salió en Más acá y más allá de la mirada humana. Guerras de laboratorio salió como publicación aparte; donde se encontraba, añadido, el texto Desenlaces de la barroca dependencia. Lo nuevo en el libro Más allá del amigo y enemigo se halla en los ensayos Desventuras del análisis político y en Las desmesuras de las violencias singulares.  Hemos optado por esta publicación, más completa, sobre la problemática en cuestión, el nudo gordiano de poder, violencia, “ideología” y narrativa, para una lectura concentrada en estos tópicos y temas, ahorrando al lector hacerlo de una manera dispersa, reuniendo distintos escritos y publicaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más allá del amigo y enemigo

Sobre la política, en sentido restringido

Desplazamientos epistemológicos

 

 

 

 

Los opuestos son parte de una relación; si no fuera así, no serían opuestos. Es la relación la que los convierte en opuestos. Lo que es uno es en relación al otro; lo que afecta el otro en uno; lo mismo pasa con el otro; lo que afecta el uno en el otro. Ni el uno ni el otro se explican por sí mismo; se explican en la relación. No hay un en sí ni en uno ni en otro. Hay que descartar toda interpretación esencialista, que busca el secreto en el en sí de uno o de otro, o de uno y de otro. Por lo tanto, tampoco hay secreto; hay relaciones constitutivas.

 

El dualismo o los dualismos han tratado de explicarse la contradicción por las esencias del uno y del otro, como si hubiera una oposición en sí, cuando la oposición es construida en la relación. La clave es la relación constitutiva de uno y de otro. La relación no puede concebirse como dualismo, sino como relación, como actividad relacional, como dinámica relacional; entonces, como ligazón, que puede ser entendida también como complicidad, en el tejido espacio-temporal.

 

La relación es una curva construida por ambos; esa relación es mirada por ambos como oposición; empero, mirada, más allá de ellos, como complicidad, es la que configura los ciclos del antagonismo, interpretado por ambos, los ciclos de la concomitancia, interpretando más allá de ellos. No es posible salir de esta dualidad imaginaria si se mantiene la relación constitutiva; es menester salir de esta relación; la única manera es conformando otra relación o relaciones constitutivas, que en vez de mostrar, en las unilateralidades, la contradicción de los opuestos, muestre lo que efectivamente se da, la concomitancia; empero, ahora, de una manera complementaria, o quizás de otras formas.

 

Creer que hay una esencia en uno de los polos o en ambos es atribuir contenidos anteriores a la relación, lo que no es posible. Esta atribución es una herencia religiosa, que separa el mundo entre el bien y el mal, herencia que se convierte en filosófica, cuando se muda este dualismo inicial en múltiples dualismos, que pretenden explicar esencialmente la presencia de las contradicciones, incluso el carácter inmutable de los sujetos involucrados. Estos dualismos los hereda la política, en sentido restringido, y las “ideologías”, construyendo éstas dualismos esquemáticos y maniqueos.

 

El problema no son los sujetos, identidades filosóficas-psicológicas, conceptos atribuidos a pluralidades de subjetividades, en constante devenir. El problema no son las supuestas esencias, fantasmas teóricos, sino las relaciones mismas, sobre todo aquellas que constituyen dominaciones.

 

La pregunta es entonces: ¿Cómo emerge la relación? Ciertamente la relación es establecida por los y las involucradas, en ese acto de percepción, de reconocimiento, de comunicación, de acción, de contacto. Se trata de una relación constitutiva, que, a su vez, ha sido constituida. Pero, ¿por quienes? Los que establecen la relación no son los mismos que la padecen; han sido transformados por la relación constituida por ellos, en su condición anterior. ¿Cómo es que ocurre esto? La tesis que ha atravesado la filosofía dialéctica es que el acto constitutivo de la relación de dominación es la violencia inicial; la victoria de uno en la lucha a muerte y la derrota del otro, marcan el comienzo mismo de la relación de dominación. La renuncia del otro a continuar la lucha, por lo tanto a someterse, da lugar a la aceptación no sólo de la victoria del otro respecto de uno, sino de la dominación del otro sobre uno mismo. Sin embargo, esta tesis no deja de ser una metáfora histórica, pues las relaciones no se establecen entre personas aisladas, sino entre sociedades, comunidades, colectivos, grupos.

 

Es muy difícil aceptar que una sociedad actúe como si fuera una persona sobre otra sociedad, que también actúe como si fuera otra persona. Las sociedades no son personas; tampoco una parte de la sociedad, que actuara sobre otra parte de la sociedad. Las sociedades mismas, las comunidades, los colectivos, los grupos, hasta los individuos, suponen asociaciones, composiciones sociales, por lo tanto relaciones. Entonces estamos ante genealogías de relacionesRelaciones humanas y relaciones de los humanos con otros seres, con los territorios que habita y recorre. Las relaciones mismas son inherentes a la condición humana; las relaciones mismas son inherentes a los seres, las relaciones mismas son inherentes a los territorios. No hay algo que no sea relación, que no esté constituida por relaciones. Entonces es imposible pensar algo aislado, algo puro, indivisible; todo, por así decirlo, es plural, está dado por relaciones, asociaciones y composiciones.

 

No se puede separar algo de su composición, de su constitución relacional. Si es algo, lo es por este acontecimiento relacional. Por lo tanto son inconcebibles las identidades, las esencialidades, salvo por ilusión abstracta; es decir, por especulación racional. Lo que hay son composiciones en contante devenir, en contante descomposición y recomposición. La existencia y la vida, en sus multiplicidades, son pues este devenir plural, en distintos niveles y a distintas escalas, de proliferaciones múltiples de composiciones, descomposiciones y recomposiciones relacionales

 

No se puede separar relaciones de las composiciones; ambas forman complejidades articuladas y dinámicas. Se puede decir que la complejidad está inscrita desde la ínfima partícula hasta las fabulosas masas molares del universo, incluyendo los agujeros negros. La complejidad está inscrita en las plurales y proliferantes formas de la vida, la complejidad está inscrita en la composición de las sociedades, humanas y no humanas.

 

Entonces los individuos, que son otras complejidades, que suponen composiciones y relaciones, establecen relaciones,  heredan relaciones,  asumen relaciones sociales, cambian las relaciones, sobre la base de las relaciones y composiciones que son ellos mismos. Entonces estamos ante devenires de relaciones y composiciones, donde se encuentran estas experiencias y memorias, a las que interpretamos y las configuramos como narrativas, figuras a las que nombramos y les atribuimos identidades.

 

Somos pasajeros, si se quiere, individualmente, sin embargo, formamos parte de continuidades recurrentes y en devenir, continuidades que nos constituyen y nos envuelven. Continuidades de las que somos fragmentos fugaces, testimonios momentáneos de la profusión creativa de la vida. Quizás experimentaciones de estas complejidades relacionales y de composiciones en devenir. Lo maravilloso es ser parte de esta creación recreadora existencial y vital.

 

Esta fugacidad y momentaneidad, esta condición de fragmento, no nos hace insignificantes, sino parte de una de las aventuras de estas capacidades creadoras de las relaciones y composiciones infinitesimales. 

 

 

¿Quién es el enemigo?

 

El enemigo es la amenaza, es lo que se teme y se odia; es el mal. El enemigo es lo opuesto, lo que afecta desde el exterior; aparece como inminente ataque, terror, invasión. El enemigo es repulsivo, es, incluso, un monstruo. No solamente la defensa ante el enemigo, sino su asesinato, es indispensable para la sobrevivencia y tranquilidad.

Empero, para el enemigo, yo soy su enemigo. Tiene los mismos pensamientos y sentimientos respecto a mí. También quiere asesinarme, por bien de su sobrevivencia y tranquilidad. Estamos, ambos, condenados a odiarnos, a temernos, a buscar nuestra desaparición. Estamos en guerra desde tiempos inmemoriales.

 

Para nuestros imaginarios, esta guerra sólo acaba con una victoria, de uno o del otro. Incluso así, parece que nunca acaba, pues los derrotados no renuncian a la revancha, no aceptan la derrota, busca la oportunidad de un nuevo enfrentamiento para lograr la victoria añorada. Solo acabaría con la desaparición completa de uno o del otro. ¿No implica esto, en realidad, la desaparición de ambos? Al final los enemigos se encontraran entrelazados en la muerte.

 

Los enemigos son, en el fondo, parecidos. Ambos odian, temen, consideran al otro un monstruo; ambos están dispuestos asesinar al monstruo, a la amenaza, al terror. Es este parecido el que los encamina a la muerte. Si hubieran sido diferentes, no hubieran pensado de manera parecida. Hubiera preponderado el asombro y la curiosidad, se hubieran dejado seducir por la diferencia, tomada como alteridad. Hubieran preferido aprender del otro.

 

En el fondo, el enemigo es uno mismo, ese parecido al otro, al que se odia y se teme. Es la insatisfacción con uno mismo; el espíritu de venganza responde a la consciencia culpable. ¿Se puede decir que es el poco afecto que tenemos hacia nosotros mismos? El problema del enemigo no está en el enemigo, sino es uno mismo. Uno es su propio enemigo. Este desgarramiento, esta consciencia desdichada, nos arrastra a la desesperación y a la infelicidad. El único sentido que encontramos es este encono y esta tarea de acabar con el enemigo.

 

¿Es éste un sentido? En todo caso, ¿qué clase de sentido es?  ¿De vida o de muerte?

 

El enemigo es un imaginario, aunque este imaginario se sustente en una maquinaria armada. Es una construcción imaginaria, emergida de nuestro desgarramiento, de la consciencia desdichada, del espíritu de venganza, de la consciencia culpable.  El enemigo, que es uno mismo proyectado en el otro, aparece en la relación antagónica conformada entre los dos enemigos mutuos. Sobre la base de esta relación se componen las instituciones encargadas de la guerra, siendo la más importante el Estado. Una vez construidas las máquinas de guerra, no queda más que usarlas, hacer el más grande daño posible en los enemigos.

 

Es una guerra de nunca acabar, a no ser que se logre el aniquilamiento completo.

 

La pregunta que queda en los muertos es: ¿valió la pena este sacrificio?

 

 

¿Quién es el amigo?

 

El amigo no puede ser uno mismo; nadie es amigo de sí mismo. El amigo es el complemento, el apoyo, la solidaridad, la fraternidad, incluso la concomitancia afectiva. Pero, ¿quién puede ser el amigo? Se dice que los próximos, con los que convives, los vecinos, los compañeros de clase, los compañeros de ruta, los de tu pueblo, los coterráneos, también los extranjeros que se cruzan en el camino. Sin embargo, no se deja de desconfiar de estas amistades; de vez en cuando, si no es a menudo, se aparecen también como enemigos o, si se quiere, como amigos falsos. ¿Hay realmente amigos? O hay que decir: ¡O amigos, no hay ningún amigo!

 

Si los amigos terminan, a veces, siendo enemigos circunstanciales, ¿por qué el enemigo absoluto no puede ser amigo?

 

Hemos dicho que los enemigos son parecidos, por eso se odian, se temen, quieren asesinarse. Entonces, ¿este parecido no hace posible que puedan ser amigos? ¿Se puede decir que el que aparece como amenaza, como terror, como monstruo, precisamente porque se parece, porque tiene el mismo temor, el mismo odio, el mismo deseo de matar, es evidentemente el que puede ser el amigo absoluto?

 

Sería no solo una paradoja, sino el ciclo de la paradoja, lo que contiene la paradoja como secreto, como contraste dinámico de un mismo movimiento. ¿Siendo yo mismo enemigo de mí mismo, no podría ser mi enemigo absoluto amigo absoluto de mí mismo?

 

No es el odio que se convierte en amor; no es dialéctica; es paradoja. Según nuestra tesis, el odio al otro es también insatisfacción conmigo mismo; ¿la satisfacción plena con uno mismo puede  llevar al amor al otro, al que se consideraba el enemigo absoluto?

 

Partiendo de la pregunta de los muertos, ¿valió la pena?, el amor a la vida también es un amor a todos, al que consideraba otro, el enemigo. No se trata del amor cristiano, que es un amor falso, un amor interesado, para ganarse la entrada al cielo, no es amor al prójimo, no es dar la otra mejilla, cuando te han abofeteado una de las mejillas. No se renuncia jamás a la defensa, por amor a la vida. Es amor a lo que se encuentra más allá del dualismo esquemático y maniqueo de amigo y enemigo. Es amor a la vida y sus creaciones insólitas, sus juegos al azar, sus profusas manifestaciones, sus experiencias encontradas, sus memorias dinámicas. Este amor a la vida o amor de la vida misma nos permite descubrir que la guerra sangrienta entre enemigos arranca de los imaginarios delirantes de los enemigos, que inventan un enemigo como sentido de vida, cuando ese sentido no lo encuentran en la vida misma, pues están ocupados en la guerra, por eso no pueden apreciar lo único que tienen, lo único que hay, la vida proliferante y creativa.

 

El amor a la vida no implica dejar de luchar. Se lucha por la vida, en defensa de la vida, en defensa de los bienes comunes que otorga la vida. Empero, ¿se lucha contra el enemigo? ¿No es este enemigo absoluto también el amigo absoluto, enemigo de sí mismo, tal como lo que le ocurre a uno? Hay que liberarse del enemigo que uno tiene dentro, este enemigo íntimo, que me desgarra, que me convierte en consciencia desdichada, hay que liberar al enemigo de su enemigo interno, de su propia consciencia desdichada, de su propio desgarramiento, que lo empuja al abismo de la nada. La lucha es por liberar la potencia social.

 

Esta lucha no es guerra de aniquilamiento, es contra-guerra, es contra-poder. Cuando se olvida la premisa primordial de la emancipación y el axioma de la liberación, que es liberar la potencia social, se cae en la guerra de exterminio, en el mismo método y la misma estrategia que llevó a construir el poder y el Estado, las máquinas de guerra, las instituciones de captura, que tienen atrapada a la humanidad en guerras fratricidas.

 

 

¿Es la mujer una amiga o enemiga para el hombre? ¿Es el hombre un amigo o enemigo de la mujer?

 

Se dice, por sentido común, que la mujer es la pareja del hombre, que el hombre es la pareja de la mujer. ¿Es amiga, es amigo? ¿Puede serlo? Para intentar responder a estas preguntas vamos a efectuar una digresión, vamos a retomar lo que escribimos, a propósito, en Paradojas de la rebelión y en Acontecimiento político.

En el primer ensayo, en el apartado La guerra, el concepto y la metáfora, escribimos:

 

 

La guerra quiere decir conflicto armado; según el diccionario etimológico viene del germánico werr, cuya fuente es el alemán antiguo werra, que significa confusión, discordia, contienda; también proviene del indoeuropeo wers, que quiere decir confundir. Sorprendentemente se encuentra en una familia lingüística donde se hallan los términos barrendero, barrer, basura[1]. Se dice que no se puede hablar de hostilidades prolongadas hasta bien entrada la edad de piedra, cuando la comunidad logró un relativo grado de organización. Se constata esto arqueológicamente por la presencia de fortificaciones. La guerra parece formar parte intrínseca de las historias de las sociedades humanas, de sus memorias, de sus experiencias pasadas y presentes, también de sus expresiones artísticas y literarias, que figuran estos recuerdos intensos. La guerra, según Carl Schmitt es la hostilidad extrema, no solo como efectuación, sino también como posibilidad[2]. En este caso no hablamos del enemigo, en el sentido de inmicus, sino de hostis; si se quiere, el enemigo extremo, el hostil. Alguien al que se puede matar, al que hay que matar, alguien que es posible matar, sin problemas morales o jurídicos, pues se trata de la guerra, donde se suspenden los derechos. Según Schmitt el concepto político antecede al Estado y la política tiene como matriz la guerra; la política vendría a ser una prolongación de la guerra por otros medios. Entonces, de acuerdo a esta interpretación, el sentido ancestral, “originario”, de la política se encontraría en la guerra, en el concepto de la guerra, como experiencia o posibilidad. Empero, para este autor, la guerra extrema, siendo la guerra la hostilidad extrema, es la guerra civil, la guerra fratricida. Con esto, llegamos a la paradoja de que el enemigo extremo, el hostis, es el hermano. Derrida escribe a propósito en Políticas de la amistad lo siguiente:

 

“No habría una cuestión del enemigo – o del hermano -. El hermano o el enemigo, el hermano enemigo, ésa es la cuestión, la forma cuestionadora de la cuestión, esa cuestión que yo planteo porque ella se me plantea a mí en primer lugar. Yo la planteo solamente desde el momento que cae sobre mí sin miramientos, en la ofensiva y en la ofensa. En el crimen o en el agravio. La pregunta me hiere, es una herida en mí. Sólo la planteo, esta pregunta, solo la planteo efectivamente allí donde me pone en cuestión. Agresión, traumatismo, guerra. El enemigo es cuestión, y mediante el hermano, el hermano enemigo, aquélla se asemeja originariamente, se asemeja indiscerniblemente al amigo, al amigo de origen (Freund) como amigo de alianza, hermano jurado, de acuerdo con el “juramento de fraternidad”, Schwurbrüderschaft. La pregunta está armada. Es el ejército - amigo enemigo[3]”.

 

El enemigo es el hermano. Podríamos extremar esta hermenéutica extremista y llegar a decir el enemigo es uno mismo. Esta declaración de enemigo, la concepción que encierra esta declaración, no solamente convierte la política, la diferencia política, en una guerra, en una hostilidad extrema, sino que abre la posibilidad de convertir la pugna política en un asesinato. Esta concepción de la política ha llevado al ejercicio político, a la paranoia política, a cometer el crimen político. La historia política, en sus momentos más extremos, está plagada de asesinatos políticos. Uno de los casos más notorios es el asesinato de los miembros del comité central del Partido Comunista de la Unión Soviética, ordenados por Stalin, el único miembro del comité central que quedó vivo. A esto fue reducido el centralismo democrático.

 

El convertir la política de manera inmediata en una guerra, abre la posibilidad, en el sentido que usa esta palabra Carl Schmitt, en convertir, de manera inmediata, al enemigo político en enemigo de guerra; por lo tanto, abre la posibilidad de comprender como necesidad su inminente destrucción, justificada como acto de guerra. La pasión política, el fanatismo político, la paranoia política, llevan indefectiblemente a esta posibilidad. Tal parece, que cuando se llega a un callejón sin salidas, cuando no se ven salidas para el conflicto, la contradicción la diferencia política, la única salida que se encuentra es la destrucción del enemigo, la guerra, ya sea efectiva o, en su caso, como concepto, posibilidad, y también, si se quiere, como metáfora. La guerra entendida como exterminio.

 

Después de dicho todo esto, la pregunta es: ¿Por qué no se acepta, no se tolera, la crítica? ¿Se cree que se está en la verdad suprema, fundamental, qué se es la verdad misma, ya no solamente en el sentido yo soy el Estado, sino yo soy el proceso de cambio? ¿Se cree que esto da derecho absoluto a extirpar la crítica, prohibir el pensamiento libre, incluso y sobre todo en las filas y partícipes del proceso, en tanto lucha de multitudes, movimientos sociales anti-sistémicos, naciones y pueblos indígenas originarios, proletariado nómada y pueblo boliviano? ¿O, viendo, desde otra perspectiva, se tiene la recóndita intuición de garrafales errores, de desfases irremediables, en la conducción del proceso, por lo tanto, se deduce, sin mucha convicción, que se trata de cerrar filas? En uno u otro caso, la muerte de la crítica equivale también a la muerte del proceso de cambio; esto significaría la muerte de las dinámicas moleculares propias de la vida de un proceso vital[4].

 

 

En el segundo ensayo, en el apartado sobre  La política, más allá del amigo y enemigo, se escribe:

 

 

El concepto de lo político se ha estructurado a partir de esa dicotomía del amigo y enemigo, primordialmente a partir de la identificación del enemigo. Como si se hubiera hecho política contra el enemigo, de la misma manera como se le ha hecho la guerra. Desde esta perspectiva habría pues un continuo entre guerra y política, política y guerra. Izquierdas y derechas parecen compartir este arquetipo. Empero, este modelo es el único posible para la política, en todas sus versiones, incluyendo a la política en sentido pleno, lo que comprende la lucha de clases y las luchas por las emancipaciones. Jacques Derrida pone en cuestión esta estructura en Políticas de la amistad, hace una interpretación crítica, deconstructiva, de los sedimentos discursivos que sostienen la historia de la política pensada a partir de la diferenciación amigo/enemigo. En esta deconstrucción se abre a otras posibilidades de concebir la política, ya no desde la dicotomía amigo/enemigo, poniendo en consideración también la interpretación crítica de las políticas de la amistad. Ahí aparece la figura alterativa de la mujer como absoluta alteridad, también aparecen consideraciones criticas de las éticas, alumbrando otras posibilidades de las experiencias humanas, afectivas, lúdicas, estéticas, éticas y lúcidas. Es conveniente un repaso por estas perspectivas que posibilitan la comprensión de la política ya no como la continuación de la guerra por otros medios, ya no como identificación del enemigo, sino en términos de las políticas de la amistad[5].

El primer capítulo lleva el sugestivo título de Oligarquías: Nombrar, enumerar, contar. Comienza con una frase, atribuida a Aristóteles, que la recoge Montaigne, la frase dice:

 

Oh, amigos míos, no hay ningún amigo.

A lo largo del texto, para no entrar en la discusión del origen de esta frase, pues se convierte en rumor, que atraviesa los tiempos, Derrida figura un cuadro donde el sabio moribundo reúne a los amigos para decirles eso, que no hay ningún amigo. La discusión sobre los significados de esta frase forma parte de las reflexiones del texto. Esta frase es contrastada con la de Nietzsche, quien se expresa de manera opuesta, empero con la misma lógica:

 

Oh, enemigos, no hay ningún enemigo.

 

Esta frase también tiene su cuadro y su personaje, se trata del loco viviente. Ambas frases nos dicen que no hay amigo, que no hay enemigo. Haciendo con esto desaparecer la política como confrontación. Las significaciones de las implicaciones de que no haya enemigo también son expuestas y reflexionadas a lo largo de la interpretación crítica. En ambos casos lo que llama la atención es que no se tenga en cuenta a la mujer, en a consideraciones de la amistad. ¿Es que la mujer no pude ser amigo? ¿Tampoco enemigo? Lo que pone en juego las estrategias de la fraternidad, las formas de la amistad entre hombres. ¿Por qué la mujer es tan difícil de asumir por la filosofía?

Este es el tema, ¿cuáles son los límites de la amistad? Cuando entra la mujer, más allá del erotismo y la religión, ¿qué espacio abre? ¿Qué clase de relación? No hablamos sólo de la amistan entre mujeres, la sororidad, sino lo que políticamente propone su presencia activa, su interpelación. ¿Qué forma de política se libera? ¿Más allá del amigo y enemigo? ¿Más allá de la confrontación? No parece tratarse del retorno al matriarcado, como utopía buscada en el pasado más remoto, sino otra forma de relación, construida como contrapoder. ¿Más allá de los constructos histórico-culturales de género, de sexo? ¿A qué clase de subjetividades ingresaríamos? Al respecto, también debemos preguntarnos sobre los alcances demoledores de la des-patriarcalización, demoledores en cuanto a la historia de la institucionalidad, la institucionalidad como agenciamientos concretos de poder.  Entra también en juego la familia, las figuras de la familia.

La liberación femenina da lugar a otro comienzo, pues demuele no sólo las estructuras institucionales, sino los arquetipos sobre los que se han basado estas estructuras y estas instituciones. Hablamos de la posibilidad de la construcción de otras relaciones, prácticas y concepciones de la política, hablamos de la política no patriarcal, tampoco conformada en base a la identificación del enemigo y la dicotomía amigo/enemigo. Esta posibilidad, la posibilidad de esta experiencia también tiene que ver con otra atmósfera de sensaciones y sensibilidades, también otra ética. La pregunta es pertinente: ¿Cómo sería el mundo sin las instituciones patriarcales, fundadas en esta matriz y arquetipo del poder que es el patriarcalismo? Esta pregunta induce a otra: ¿Cómo serían los sujetos y las intersubjetividades en este mundo des-patriarcalizado? Estos temas son fuertes e importantes en lo que respecta al horizonte abierto por el debate de la descolonización, por las exigencias políticas de la descolonización. Las formas de la dominación colonial, formas múltiples, son relaciones de poder que atraviesan los cuerpos e inscriben en ellos  historias políticas, también modelaciones e identidades, constructos culturales. La dominación masculina sobre las mujeres, el cuerpo de las mujeres, pasa por estas construcciones culturales y modelaciones. ¿Qué pasa cuando las mujeres se liberen de estas representaciones sociales, de estos constructos culturales, de estas identidades, qué potencialidades se liberan, no sólo en las mujeres sino también en los hombres?

Estos problemas nos llevan a volver a la cuestión de la genealogía del Estado. Esta institución macro-política, que también corresponde al imaginario del poder, que es el gran cartógrafo y la instrumentalización compleja de las tecnologías de poder que atraviesan los cuerpos. No sólo entendido como un instrumento separado de la lucha de clases, para mejor servir a la burguesía dominante. Sino una maquinaria fabulosa construida sobre la experiencia política de la modulación y modelación de los cuerpos, podríamos decir colonización de los cuerpos. Con estos tópicos la problemática de la colonización se agranda enormemente, pues se encuentra íntimamente vinculada con la expansión y proliferación de las tecnologías de poder, tecnologías de poder que tenían que atender a las tareas de domesticación de los cuerpos en los extensos territorios conquistados y colonizados. Ya no se trata solamente de disciplinar los cuerpos, sino inscribir en ellos formas de comportamiento de subordinación, sometimiento, supeditación, convertirlos en cuerpos marcados, pero también aptos no solo para el trabajo y la producción sino también como flujos de energía, como recursos biológicos, de los que se puede absorber información genética y prácticas útiles a la acumulación y concentración del poder.

Entonces se trata de pensar la posibilidad de una práctica y concepción política sobre la base de la descolonización radical, que pone en suspenso los múltiples mecanismos de dominación que atraviesen los cuerpos. La liberación entonces de las potencialidades corporales, estéticas, éticas, creativas, de nuevos ámbitos de relación, de nuevos espacios de prácticas, de nuevos imaginarios, universos simbólicos, lingüísticos y figurativos. Un nuevo horizonte político, de la política y de lo político, de las prácticas, de las fuerzas y de las relaciones, un mundo alternativo, otra alternativa civilizatoria y cultural, ya no estructurados en la dicotomía amigo/enemigo, sino más allá. ¿Qué es el más allá del amigo/enemigo? Esta es una pregunta primordial cuando nos preguntamos sobre los umbrales y horizontes de la política. Será una pregunta latente a lo largo del análisis[6].

 

 

¿Cuándo hablamos de hombre y mujer de qué hablamos? ¿De la clasificación de género; es decir, de la economía política patriarcal? ¿Hablamos de los roles institucionalizados, trabajo y reproducción? ¿Hablamos de las imágenes románticas? ¿Hablamos de las imágenes del feminismo? ¿Hablamos de la mujer como alteridad? En este último caso, entonces estamos más allá de la economía política patriarcal, más allá de la economía política de género, estamos más allá del hombre y la mujer. Lo que recuerda la mujer al poder es el cuerpo, la potencia del cuerpo, que teme el poder; la dominación patriarcal es también dominación sobre los cuerpos; dominación compuesta por estrategias, diagramas y tecnologías de poder, que buscan inscribir habitus políticos en la superficie del cuerpo, inocular subjetividades subalternas en el espesor del cuerpo; buscan capturar la energía y las fuerzas que emanan de los cuerpos, usar esta energía y estas fuerzas para la reproducción del capital y del poder. La alteridad al poder y al capital es el cuerpo, lo que puede el cuerpo, lo que excede el cuerpo a las mallas institucionales de captura, a los diagramas disciplinarios, de control y simulación, lo que excede a las máquinas de guerra.

 

La mujer, entendida como alteridad absoluta, es el cuerpo, la potencia, como alteridad absoluta, el devenir que desborda las mallas y los diques institucionales. No se trata de convertir a la mujer en una amiga, de incorporarla en la fraternidad, que es la red de complicidades masculinas, formando una sororidad, que sería lo mismo, solo que simétrico, sino de seguir la alteridad de la mujer, de atravesar con ella las mallas institucionales patriarcales, de demoler el Estado, de destruir el poder, liberando la potencia social, abriendo el decurso a contra-historias efectivas, inventando mundos posibles. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más allá de las representaciones, de las fuerzas y las voluntades

 

 

Zdzislaw Berksinki

 

 

 

 

¿Por qué no hemos logrado lo que queríamos lograr? ¿Debido a nuestras teorías o debido a nuestras fuerzas? ¿Nuestras teorías eran inadecuadas o nuestras fuerzas débiles? ¿O se trata de un problema de voluntades; no se tuvo la voluntad? Representaciones, fuerzas y voluntades, he ahí los ejecutantes de las acciones, de las prácticas,  del perfil y contenido de los hechos, de sus secuencias y los desenlaces. ¿Hay un óptimo, por así decirlo, en esta composición? ¿Las representaciones dirigen a las fuerzas y voluntades? ¿O son las fuerzas los verdaderos mecanismos, que al realizarse, utilizan representaciones y constituyen voluntades? ¿O, de modo diferente, es la voluntad la que constituye la causa inmanente de las fuerzas y se expresa en representaciones? ¿Cada una pretende legislar a las otras, se considera a sí misma la conductora? ¿Si es así, si lo hacen, no hay conflicto de estos ejecutantes? ¿Cómo se resuelve el conflicto? Cuando se resuelve por las representaciones, la pretensión es de verdad; cuando se resuelva por las fuerzas la pretensión es de poder; cuando se resuelven por las voluntades, la pretensión es de deseo. Verdad, poder y deseo, he ahí los telos, los fines, inscritos en las acciones mismas. Pero, estos fines, estas finalidades, son fines presupuestos, construidos imaginariamente.

 

Lo no-imaginario, lo que acontece, escapa a las pretensiones imaginarias, escapa a las legislaciones o de las representaciones, o de las fuerzas o de las voluntades. El acontecimiento no pertenece ni  las representaciones, ni a las fuerzas, ni a las voluntades. Mas bien, éstas son composiciones en el acontecimiento. El acontecimiento es azar creativo; este azar no es controlable ni por las representaciones, ni por las fuerzas, ni por las voluntades. Lo que se representa son apenas fotografías de fragmentos del acontecimiento; las fuerzas son apenas una parte de inserción en el acontecimiento, compartiendo con otras fuerzas en otras contingencias en la inmensidad múltiple del acontecimiento. Las voluntades son apenas una parte de la constelación volitiva del acontecimiento.  Lo que acontece es una singularidad compuesta de múltiples singularidades; esta singularidad es la necesidad del azar y la necesidad en el azar, siendo el azar mismo una necesidad.

 

Los esencialismos no han sido otra cosa que representaciones, asumidas dramáticamente, como si estas tuvieran sustancia, más aún, fueran la sustancia explicativa del mundo. Ese mundo también era el mundo de las representaciones, no el mundo efectivo en constante devenir. Los esencialismo se trasformaron en verdades; estas compusieron los cimientos de los corpus teóricos; sin embargo,  las verdades como las esencias no son más que representaciones; por lo tanto, las verdades tienen validez en el mundo de las representaciones. No pueden reclamar lo mismo en el mundo efectivo.  Los corpus teóricos se aplicaron como religión, después como “ideología”, después como ciencia; todas no eran más que creaciones de las representaciones. Sus logros no son más que logros en el mundo de las representaciones. Es una pretensión auto- centrada considerar que son logros en el mundo efectivo.

 

Los seres humanos se han refugiado en estas burbujas que son las representaciones y sus composiciones representativas. Estos refugios han dejado de serlo, pues ya no protegen ante la complejidad misma, ocasionada por la propia intervención humana en el mundo efectivo. Se han convertido en prisiones, peor aún, en trampas que colocan en situación de capturado y vulnerabilidad ante las contingencias. Para salir de su prisión, para salir de la trampa, se debe desbaratar las burbujas y entregarse al mundo efectivo, abandonando el mundo de las representaciones. ¿Es posible?

 

No se dice que se descartan las representaciones, lo que no podría hacerse, sino que no se puede confundir el mundo efectivo con el mundo de las representaciones, que no se puede actuar en el mundo efectivo como si fuera el mundo de las representaciones. Aunque esto se lo hace casi siempre, es desafortunado persistir en un mundo de representaciones cuando éste ha entrado en crisis, evidenciando sus restricciones, para abarcar el mundo efectivo. Solo se puede persistir en el mundo de representaciones represivamente, acudiendo a las formas de violencia, para resguardar la imagen inmaculada de ese mundo, como si correspondiera al mundo efectivo y en devenir. Entregarse al mundo efectivo significa establecer una relación dinámica entre mundo efectivo y mundo de representaciones. Si el mundo efectivo está en constante devenir, lo que se espera es que el mundo de las representaciones también se encuentre en devenir, por más mimético sea este devenir representado. Sin quedarse en el camino, sin fijarse en algún lugar, pretendiendo que ese es el fin, donde se edifica como verdad; pues esto no es más que disfrazar la modorra. Si el mundo efectivo sigue adelante, entonces el mundo de las representaciones tiene que seguir trotando, mutando, transformándose.

 

Se ha dicho, alguna vez, que los humanos, por eso, las sociedades humanas, específicamente sus composiciones políticas, pelean por quimeras, vale decir por representaciones. Nosotros dijimos que, al final, pelean representaciones contra representaciones, aunque sosteniendo estas banderas estén contingentes humanos, de un lado y en otro, asumidos como enemigos encarnizados. Esto es relativamente apropiado, pues lo que tienen los enemigos en mente es la representación del otro, de su opuesto, representación que casi siempre es la de un monstruo, al que hay que exterminar. Este tipo de representaciones descalificatorias, demonizadoras, son como una extensión de los fantasmas, de los miedos, por lo tanto, de los prejuicios que se tiene. Dijimos que es como la patentización representativa del desgarramiento interno de la consciencia desdichada; al final, el enemigo es uno mismo. Esto puede ser apreciable en la interpretación filosófica; sin embargo, cuando acontece, se da de manera dramática, desencadenándose efectivamente las violencias sobre el otro, el enemigo, aunque también se ponga el propio pellejo en peligro, aunque también la violencia desencadenada termina afectando a uno mismo. ¿Cómo explicar esto del enemigo interno, que, al final es uno mismo, en el espesor de su desgarramiento, y el enemigo externo, que es el otro, el representado como monstruo?

 

Ciertamente se lo puede hacer acudiendo a las relaciones sociales, a las estructuras de estas relaciones, a las instituciones encontradas, incluso a los estados enfrentados, si es una guerra civil, al Estado con el que se enfrenta. Si bien estas son representaciones, lo son referidas a experiencias, memorias, y prácticas sociales; entonces se tratan de representaciones que describen y explican estas experiencias, memorias y prácticas. Evidencian las contingencias de la realidad social, en una coyuntura determinada; ayudan a situar el escenario y a situarse en el escenario histórico. El conjunto de las representaciones conjugadas y puestas en escena, las representaciones descriptivas y las representaciones del otro, del enemigo, actúan en apoyo de la guerra contra el enemigo. Se parte del principio de realidad, por así decirlo, se pasa al principio de defensa, que se convierte en principio de ofensiva, que, al final, se convierte en principio de exterminio. El realismo ha servido para la aniquilación.

 

Hay que preguntarse si las representaciones del enemigo son realistas, incluso si es real el realismo descriptivo y explicativo que sirve de premisa. Esto debido a que el aniquilamiento del otro, que termina resultando en aniquilamiento mutuo, no parece muy realista que digamos; sobre todo ponderando el principio de sobrevivencia.

 

Lo que decimos no implica, de ninguna manera, la renuncia a la defensa; empero, la pregunta es si las representaciones que demonizan al enemigo son útiles, incluso si se trata de ataque o de ofensiva. Parece que no. Son representaciones de legitimación del acto.  Si no son adecuadas, hay que preguntarse si la consideración del esquema dualista amigo/enemigo es pertinente. Es aceptable que este esquema dualista del amigo/enemigo tenga que ver con la experiencia de enfrentamientos, de luchas, de guerras, dadas, asumidas dramáticamente o trágicamente en la memoria; empero, la descripción, la explicación y la interpretación de por qué ocurren no es completa, no termina de explicar y de lograr interpretaciones más abarcadoras y consistentes. ¿No hay otros órdenes de relaciones, que contienen a los órdenes de relaciones descritos, explicados e interpretados por las teorías en boga? Otros órdenes de relaciones que hacen de substrato de los órdenes de relaciones reconocidos. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, enriquecerse ilimitadamente, si lo que se acumula no se logra usarse? ¿Qué sentido tiene asumirse dominante, peor aún, superior, dejando sumisos a los dominados, en caso extremo exterminándolos, cuando la sobrevivencia de unos depende de la sobrevivencia de otros, sobre todo en las mejores condiciones para unos y otros? ¿Qué sentido tiene dejar huecos en los subsuelos de la tierra, en las montañas, dejando contaminadas las cuencas de los ríos y los mismos suelos depredados, contaminando el aire que respiramos, si todo esto es la condición de posibilidad de existencia de la vida, de nuestras vidas?  ¿Qué sentido tiene expoliar a pueblos, reducidos a donantes de fuerza de trabajo barata y dadores de materia primas, si en el ciclo largo de la producción y reproducción social esto se convierte en un bumerang? Son explicables las historias acaecidas, donde esto precisamente ha ocurrido, sobre todo dado el alcance de las representaciones usadas, asumidas y convertidas en “ideologías”, debido a su corto alcance en la facultad de describir y de explicar la complejidad. ¿Seguimos en la misma situación, por más que haya mejorado la aproximación a la complejidad?

 

En todo caso, lo que hayamos avanzado en la comprensión de la complejidad ya nos indica que lo que hemos hecho, en cuanto a representaciones, explicaciones e interpretaciones, resulta, a estas alturas, insostenible empíricamente. Más parecen relatos de prolongados desvaríos sociales, donde sociedades o, mas bien, parte de ellas, extraviadas en sus propias quimeras, cometieron los crímenes más grandes a nombre de la verdad de estas quimeras. La comprensión de la complejidad que comenzamos a tener, por más inicial que sea, nos muestra que es indispensable salir de estas pesadillas o sueños quiméricos, donde las representaciones parecen exigirnos sacrificios, para mantener suspendida la quimera, como si tuviera vida.

 

Debemos ir más allá de las representaciones, de las fuerzas y de las voluntades. Más allá de las representaciones que se convierten en quimeras, también en fósiles de descripciones rezagadas y explicaciones anacrónicas. Más allá de las fuerzas, que si bien son la energía en acción, no son la potencia, como acontecimiento integral. Más allá de las voluntades, que si bien aparecen como lo que se quiere, lo que se desea alcanzar, tampoco son la inmanencia de la potencia, en su condición integral.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más acá y más allá de la mirada humana

 

En La explosión de la vida[7], en el apartado Más acá y más allá de la mirada humana, escribimos:

 

Todas las representaciones de las culturas y civilizaciones humanas están estructuradas por la mirada y el cuerpo humano; es decir, por la experiencia de sus sensaciones, por la memoria de sus percepciones. Es el cuerpo humano la medida de todo lo que le rodea. Por más que no se llegue a mencionar al humano, por más que se lo coloque diluido en el principio de todo, por lo tanto, no se lo consideré principio de nada, por más que se haga hincapié en la narrativa “cosmológica”, de todas maneras, se mencionan los referentes cósmicos desde la mirada humana, desde las sensaciones y las percepciones humanas. En el centro de este punto “ciego” está el cuerpo humano, el cuerpo que puede, incluso, estar diferenciado en dos, el correspondiente al cuerpo “masculino”, el correspondiente al cuerpo “femenino”. ¿Comenzando temprano con la diferenciación de género? ¿O se trata de una distinción más general, entre la categoría “macho” y la categoría “hembra”? ¿O ya connota esta distinción un sincretismo cristiano, contrayendo la taxonomía de género, que forma parte de la dominación patriarcal europea? De todas maneras, sea así o no lo sea, es el cuerpo humano la medida de las “cosas” o, mejor dicho, de los fenómenos.

Todas las culturas humanas parten de esta “métrica”, el cuerpo humano. Entonces todas las culturas humanas son antropomórficas, aunque en sus narrativas no esté mencionado como principio el humano. Si podemos distinguir entre narrativas explícitamente antropomórficas y narrativas implícitamente antropomórficas, se lo puede hacer; empero esto no desliga a ninguna narrativa de su perspectiva humana. La pregunta entonces es: ¿puede salirse de esta perspectiva humana? La otra pregunta, vinculada a la anterior, en relación a la física contemporánea: ¿La física relativista y la física cuántica han salido de la perspectiva humana? Ambas preguntas son importantes para poder pensar la posibilidad de una interpretación parti-cular, es decir desde las más ínfimas partículas, una interpretación ondulatoria, es decir, desde los arcos, las curvas, de las ondas, asociadas a las partículas simultáneamente. En otras palabras, en resumen, las preguntas anteriores pueden expresarse de la siguiente manera: ¿puede pensarse de una manera no-humana?

Los que parten de que el pensamiento es propiamente humano, un atributo humano, obviamente, concluirán que no, que no se puede pensar de una manera no-humana. Sin embargo, ahora que sospechamos que el “pensamiento”, no solamente como “saber” no evocativo, no solamente como memoria sensible, sino como “cognición”, “cogitación”, “calculo”, incluso “reflexión”, forma parte de la vida, de las composiciones múltiples y plurales de la vida, entonces, podemos atrevernos a lanzar la hipótesis de que sí, que sí se puede pensar la posibilidad de un “pensamiento” no-humano. De esto se trata, pues el pensamiento humano, tal como se ha expresado en todas las culturas, en todas las civilizaciones, en todas las lenguas conocidas, es un obstáculo para “comunicarse” con todos los “seres” del macro-cosmos y del microcosmos. Se concibe a estos “seres” desde la percepción humana; pueden ser considerados, incluso como deidades matriciales; empero, siguen siendo figurados desde las sensaciones y percepciones del cuerpo humano, el punto “ciego”. Lo peor que ha ocurrido, es que se los conciba, reduciéndolos a “naturaleza”, también a “cosas”, es decir, recursos u objetos de dominación. Esto ha ocurrido en la modernidad.

Lo que generalmente ha olvidado el ser humano es que no es solamente ser humano, pues está compuesto por fenómenos y acontecimientos que escapan a su control “racional” o “cultural”. Acontecimientos y fenómenos micros y acontecimientos y fenómenos macros. El ser humano es también no-humano. El ser humano es inmediatamente, con anterioridad, parte, si se quiere, para utilizar ese término compartido, del “cosmos”. El ser humano ha caído en el olvido, no en el sentido heideggeriano, no en el sentido del olvido del “ser”, sino en el olvido de lo que lo constituye como “ser”, en el olvido de lo que lo constituye “materialmente”, energéticamente, “espiritualmente”, vale decir, virtualmente, como “ser”. Este olvido le impide entrar en “comunicación” con la pluralidad y multiplicidad de seres que componen el pluriverso.

¿Cómo hacer memoria? La hipótesis de la que partimos es que la física contemporánea, la física relativista y la física cuántica, han dado un gran paso en este sentido. Al matematizar, por una parte, y al intuir, por otra parte, fenómenos y acontecimientos desde “percepciones” no humanas, en el extremo de velocidades próximas a la velocidad de la luz, en el extremo de campos gravitacionales relativistas, de campos gravitacionales cuánticos. Este debe ser nuestro punto de partida para incursionar en la posibilidad de “comunicación” con los seres del pluriverso. Este debe ser el punto de partida para pensar de una manera no-humana.

Este es un pensamiento que va más allá de la filosofía, del amor y filiación con el saber, saber constituido por las culturas desde la perspectiva humana. Se trata de un “saber” inherente a las partículas, a una información, adquisición de información, memoria, anticipación, inherente a las partículas. No se trata solamente de “leyes” físicas, que se dan en el entorno cercano, física clásica, en los entornos relativistas, física relativista, en los entornos cuánticos, física cuántica, sino de saber, de información virtual contenida en las partículas. Es este saber el que está enterrado en el olvido.

La pregunta crucial es: ¿cómo piensa una partícula? Sigamos con otra hipótesis. Una partícula piensa como el punto de un holograma, contiene la totalidad de la información del “universo”, está inmediatamente, simultáneamente comunicada con otra partícula del universo, por más alejada que esta se encuentre. ¿Podemos decir también que está inmediatamente comunicada con todas las partículas del “universo”? La deducción de esta hipótesis es que es este pensamiento hologramático, si podemos hablar así, el que debe ser recuperado del olvido.

Vamos a continuar poniendo en juego una especulación, quizás desmesurada, con la tesis sobre la virtualidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tesis sobre la virtualidad

 

1.   Todo cabe en la nada.

 

2.   Lo virtual no es una dimensión, no tiene ninguna dimensión, no es espacio, no es tiempo, no es espacio-tiempo.

 

 

3.   Sin embargo, por más paradójico que parezca, lo virtual requiere de dimensiones, de espacio-tiempo, de espesores, por más ínfimos que sean, de energía, de movimiento, de ondulaciones o vibraciones.

 

4.   Se puede decir que lo virtual es inmanente a la materia, a la energía, al espacio-tiempo, al espesor, al movimiento, a las ondulaciones y vibraciones. Es como la “memoria” de la materia, la energía, el espacio-tiempo, el espesor, el movimiento, las ondulaciones y vibraciones.

 

 

5.    ¿Cómo puede darse la memoria, las formas de memoria, en un no-lugar, en una nada, donde cabe todo, que, sin embargo, requiere para “existir” de materia y energía, de espacio-tiempo, de movimiento, ondulaciones y vibraciones?

 

6.   Se podría decir también al revés, la materia, la energía, el espacio-tiempo, el movimiento, las ondulaciones o vibraciones, no podrían existir sin la inherencia de la virtualidad.

 

 

7.   Toda partícula requiere de memoria para existir, para manifestarse, para desplegar o capturar energía, para moverse, para ondular o vibrar.

 

8.   Puede ser que haya distintas formas de memoria, la memoria de las partículas ínfimas, la memoria sub-atómica, la memoria cuántica, la memoria atómica, que ya connota una composición de partículas, comprendiendo su núcleo y su entorno orbital, la memoria molecular, la memoria genética, las formas de memoria biológica. ¿Se puede hablar de la memoria de las constelaciones, de la memoria del universo? ¿Se pierde la memoria en el agujero negro? Sin embargo, se puede sugerir la hipótesis de la memoria virtual, en sentido amplio, como la posibilidad de que un punto cualquiera contenga la información del todo.

 

 

9.   Ningún punto es el último, ni hay punto de partida. Todo punto es descomponible, se halla en constante actividad.

 

10.            Nada es de por sí solo. Todo es en relación con su propia composición, en relación a sus entonos, en relación a la totalidad cambiante, desbordada y des-totalizable.

 

11.            Estamos ante una curvatura distinta, donde lo pequeño, por más ínfimo que sea, se convierte en grande, por más inmenso que sea, y lo grande, por más inmenso que sea, se convierte en pequeño, por más ínfimo que sea.

 

12.            Hay que abandonar la figura lineal y jerárquica que diferencia pequeño de grande. Así como abandonamos la figura lineal y recta en el espacio, cuando se pensó, más bien, la curvatura, logrando entender la paradoja de cuan más alejado y distante se encuentra el recorrido, más cerca está del punto de partida. Este es el fenómeno de la circularidad o de la esfericidad. De la misma manera se puede pensar la curvatura en el tiempo, cuánto más alejado parece estar un momento, por ejemplo, el momento actual, de su pasado más remoto, es cuando más próximo está. Este es el fenómeno de la memoria.

 

13.            En el espacio-tiempo, el fenómeno de la curvatura aproxima todo alejamiento y diferenciación. Es como decir, no hay pasado sino un eterno presente; también como decir, no hay distancia sino una estancia en el mismo lugar; así como decir, no hay movimiento sino una eterna quietud. También es como decir, no hay ni grande ni pequeño sino lo mismo.

 

14.            Esto hace que la virtualidad se convierta en primordial. Estas paradojas pueden resolverse en la virtualidad, que no es ninguna dimensión, sino la ausencia de toda dimensión. Virtualmente lo pequeño se hace grande, lo grande pequeño; cuando lo más remoto se hace presente; también donde la más grande distancia se da cuando no hay ninguna distancia, el infinito es la nada misma, el movimiento es la quietud.

 

15.            Empero, la paradoja más extraña es que la virtualidad no puede existir, no puede darse, sin la existencia de la materia y la energía.

 

16.            Toda partícula no solamente es un corpúsculo sino una onda, una vibración.

 

17.            Toda partícula lo es en interacción con otras.

 

18.            Toda partícula existe inmediatamente con la existencia de otras partículas con las que interactúa. Hay pues simultaneidad de existencias; en otras palabras, pluralidad.

 

19.            La masa, la materia, se da en la interacción de partículas; es energía.

 

20.            Pero, cómo pueden existir las partículas, que interactúan y producen la energía y la materia, sin que estas partículas y estas energías comprendan inmediatamente la energía y la materia. ¿Cómo puede haber partículas sin energía y materia?

 

21.            Hay partículas virtuales[8], entre estas partículas se encuentran los bosones[9] de gauge sin masa. Estas partículas son las que transmiten las fuerzas fundamentales; vale decir, la gravedad, la nuclear débil, la nuclear fuerte, el electromagnetismo. Los bosones de gauge[10] son creados en el vacío, cuya energía nunca llega a cero; es esta energía del punto cero la que mueve a las partículas virtuales. Este es el vacío mecánico cuántico.

 

22.            Hay pares partícula-antipartícula, que cuando surgen se aniquilan inmediatamente. Son llamadas virtuales.

 

23.            Estamos ante el fenómeno del umbral de la nada. El vacío es el “lugar” donde la materia y la energía “prácticamente” desaparecen o tienden a desaparecer.

 

24.            El vacío es donde las partículas virtuales interactúan dando lugar a la polarización del vacío y a fenómenos como el apantallamiento, que consiste en la reducción de la carga efectiva de la partícula real. En el caso de los quarks[11] reales, los quarks virtuales apantallan tanto la carga eléctrica como la carga de color. Los gluones[12] virtuales también se polarizan; los gluones tienen carga de color y de anti-color; su polarización es opuesta a la de los pares quarks-antiquarks virtuales, haciendo que la carga de color efectiva de la partícula real sea mayor cuanto más grande sea la distancia a la carga real. Este fenómeno se llama anti-ampantallamiento.

 

25.            Hay tres tipos de bosones de gauge: fotones, bosones W y Z y gluones. Se trata tres de las cuatro interacciones; los fotones son los bosones de gauge de la interacción electromagnética, los bosones W y Z contraen la interacción débil, los gluones transportan la interacción fuerte. El gravitón, transportaría, hipotéticamente, la interacción gravitacional, hipótesis, que a la fecha no ha sido verificada. Debido al confinamiento del color, los gluones aislados no aparecen a bajas energías. Lo que sí se podría es dar a lugar a glueballs masivas.

 

 

26.            El fermión es uno de los dos tipos básicos de partículas que existen, el otro tipo son los bosones. En el modelo estándar existen dos tipos de fermiones fundamentales, los quarks y los leptones. En el modelo estándar de física de partículas los fermiones se consideran los constituyentes básicos de la materia, que interactúan entre ellos vía bosones de gauge.

 

27.            Los fermiones elementales se dividen en dos grupos: A) quarks, que forman las partículas del núcleo atómico, y que son capaces de experimentar la interacción nuclear fuerte; B) leptones, entre los que se encuentran los electrones y otras que interactúan básicamente mediante la interacción electro débil. La materia ordinaria está básicamente formada por fermiones y a ellos se debe prácticamente toda su masa. Los átomos están básicamente formados por quarks que a su vez forman los protones y los neutrones del núcleo atómico y también de leptones, que forman los electrones. El principio de exclusión de Pauli, cumplido por los fermiones, es la explicación de la "impenetrabilidad" de la materia ordinaria, que hace que esta sea una substancia extensa. El principio de Pauli también explica la estabilidad de los orbitales atómicos, haciendo que la complejidad química sea posible.

 

 

28.            La teoría de campo gauge es un molde de teoría cuántica de campos. Parte de la interacción entre fermiones; interacción que puede ser vista como el resultado de introducir transformaciones "locales", pertenecientes al grupo de simetría interna, en el que se basa la teoría gauge. Una transformación de gauge es una transformación de algún grado de libertad interno, grado de libertad que no modifica ninguna propiedad observable física. Un campo gauge es un campo de Yang-Mills, asociado a las transformaciones de gauge, asociadas, a su vez, a la teoría, que describe la interacción física entre diferentes campos fermiónicos. Por ejemplo, el campo electromagnético es un campo de gauge, campo que describe el modo de interactuar de fermiones dotados con carga eléctrica.

 

29.            La “partícula de Dios”, es decir, el bosón de Higgs, no posee carga eléctrica ni carga de color; no interacciona con el fotón ni con los gluones. Interacciona con todas las partículas del modelo que poseen masa: los quarks, los leptones cargados y los bosones W y Z de la interacción débil. El bosón de Higgs tiene espín 0, esto es, se trata de un bosón escalar. Sus constantes de acoplo, que miden cuan intensa es cada una de esas interacciones, son conocidas; su valor es mayor cuanto mayor es la masa de la partícula correspondiente. En la versión original del modelo estándar, no se incluía la masa de los neutrinos ni, por tanto, una interacción entre estos y el Higgs. Aunque ésta podría explicar la masa de los neutrinos, en principio su origen puede tener una naturaleza distinta. El bosón de Higgs es además su propia antipartícula.

 

 

30.                  Estamos ante la pluralidad misma del Acontecimiento de la creación de la materia, de la energía, de las fuerzas fundamentales. Acontecimiento, que es la Vida misma en el pluriverso. Múltiples partículas son responsables de esta creación.

 

31.                  Estamos ante el acontecimiento de la pluralidad. Ninguna partícula es la última, todas son producto de composiciones y asociaciones diversas, dependiendo de las “lógicas” inherentes a las combinaciones de las composiciones, que dependen de las condicionalidades de las fuerzas fundamentales.

 

 

32.                   Estamos ante el acontecimiento de la nada. Partículas sin masa, partículas sin carga, partículas sin spin. En fin, partículas en el vacío, en el límite cero de la energía. Acontecimiento de la nada que, sin embargo, es algo, una pluralidad de nadas.

 

33.                  Estas nadas son las que crean la materia, la energía, las fuerzas.

 

34.                  La nada es nada desde el punto de vista de la materia; pero, ¿qué es la materia desde el punto de vista de la nada? La nada es nada desde el punto de vista de la energía; pero, ¿qué es la energía desde el punto de vista de la nada? La nada es nada desde el punto de vista de las fuerzas; pero, ¿qué son las fuerzas desde el punto de vista de la nada?

 

35.                  ¿Es la perspectiva la que decide o es, mas bien, la relatividad de las perspectivas la que nos abre a la pluralidad alternativa y simultanea de posibilidades?

 

36.                  No hay nada absoluto, ni materia absoluta, ni energía absoluta, ni fuerzas absolutas. Todo es creado por asociaciones y composiciones infinitesimales.

 

37.                  Por eso, es posible guardar el “todo” en la nada, porque no ocupa ningún lugar y está en todas partes. ¿Se debe este fenómeno virtual a una partícula sin masa llamada memorión? No lo sabemos, tampoco sabemos si nos dirán esto u otra cosa, algún día, los físicos cuánticos.

 

38.                   Lo importante es comprender que la mayor parte de lo que percibimos, que corresponde a composiciones de materia, energía, ondas y fuerzas, está atravesada por el vacío. Es decir, somos, proporcionalmente, mayormente vacío. La materia es porosa, por así decirlo, molarmente, molecularmente, atómicamente; la energía es cargas y campos diferenciales; las ondas son vibraciones, las fuerzas son, a la vez, potencias y condiciones primordiales. Empero, todo esto está suspendido en el vacío, atravesado por el vacío, rodeado por el vacío, contiene vacío, se mueve en el vacío. ¿Nace en el vacío?

 

39.                  ¿Qué es el vacío?

 

40.                  No hablamos de vacío sólo como ausencia de materia, así como falta de contenido, también como densidad baja de partículas, como ocurre en el espacio interestelar, o cuando la presión es más baja que la atmosférica, sino, particularmente hablamos del vacío cuántico.

 

41.                  El vacío cuántico es el estado de la menor energía posible, llamada punto cero de energía. De acuerdo a la mecánica cuántica, el vacío cuántico no está verdaderamente vacío sino que contiene ondas electromagnéticas fluctuantes y partículas que saltan adentro y fuera de la existencia.

 

42.                  El vacío es un “componente” físico; en el vacío se puede cargar energía, además de “transformarlo” en varios estados distintos. Hay vacíos diferentes. La clase de partículas elementales, su masa y sus interacciones están determinados por el vacío subyacente. La relación entre las partículas y el vacío es similar a la relación entre las ondas del sonido y la materia por la que se propagan, las formas de ondas y la velocidad a la que viajan varía dependiendo del material.

 

43.                  Habitamos el vacío de menor energía, el vacío “verdadero”. En este vacío se conocen parte de las partículas que lo ocupan y las fuerzas que actúan entre ellas; vale decir, la fuerza nuclear fuerte, la fuerza nuclear débil, la fuerza electromagnética y la gravedad. En otros vacíos, las propiedades de las partículas elementales pueden ser muy distintas.

 

44.                  Fuera del vacío que habitamos, teóricamente hay, por lo menos, dos vacíos más. En estos vacíos, no son posibles tanta simetría y diversidad, ni entre las propias partículas ni en las interacciones, como las encontramos en nuestro vacío[13].

 

 

 

Como se puede ver, estamos ante grandes desafíos que implican nuestra inserción, primero en el mundo efectivo; segundo, en el universo en el que nos encontramos; en tercer lugar, posiblemente en la gama de universos de los que forma parte nuestro universo. La comprensión de esta complejidad no es posible desde la mirada humana; es menester nuestra comunicación abierta, plural, plena, con el universo, los planos de intensidad del universo, a distintas escalas, con los múltiples seres del universo. Es menester acceder racionalmente a los saberes, las memorias, sobre todo las intuiciones, inmanentes, de lo existente, de las múltiples y proliferantes formas de la vida. No es que seamos ningún telos, ningún fin, del universo; sino que es la tarea que asumimos ante estos desafíos mayúsculos, como parte de nuestra inserción en el universo.

 

Entonces ir más allá de las representaciones, de las fuerzas y de las voluntades es recuperar la memoria de la existencia y de la vida misma, es comprender la complejidad en la que estamos insertos, los tejidos del espacio-tiempo, sus curvaturas, sus despliegues y repliegues, en los distintos niveles de los espesores y vacíos del universo.

 

Para lograr asumir esta tarea debemos resolver los problemas pendientes que tenemos, problemas históricamente acumulados. Esta parece ser una condición indispensable para hacerlo. Por lo tanto, los problemas políticos, económicos, sociales, culturales, no resueltos tienen que ser abordados, buscando lograr consensos en lo que podrían ser transiciones. A esto hemos llamado liberar la potencia social; lo que significa salir de las mallas institucionales, que son como prisiones, trapas, redes de captura de las fuerzas de la potencia social. ¿Podremos avanzar a una gubernamentalidad plural, democrática, autonómica, de los pueblos del mundo, para iniciar esta tarea?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Narrativas en su entramado dramático

Formaciones discursivas en la modernidad local; narrativas: oligárquica, nacionalismo revolucionario, proletaria e indianista

 

 

 

El entramado de narrativas de una época es como un bosque tupido, arborescencias mezcladas; es decir, toda una ecología, mejor dicho un ecosistema. ¿Se podría hablar de una ecología narrativa, mejor dicho, de un ecosistema narrativo? La idea es sugerente, utilizando la metáfora ecológica. Las narrativas encontradas forman un entrelazamiento que, parece, en principio, quizás caprichoso; sin embargo, en la medida que el sistema narrativo se consolida, los tejidos narrativos no se ignoran, tampoco funcionan aislados, sino siempre lo hacen en referencia a la otras narrativas, quizás, más claramente, en relación a su entorno próximo, también a las narrativas afines, en el sentido del tratamiento de problemáticas, aunque aparezcan como antagónicas. Vamos a acercarnos a las narrativas políticas, por así decirlo, de una época, la que comprende como dos siglos, siglo XIX y siglo XX, en Bolivia. Por más contrapuestas que aparezcan en su discursividad y en sus enunciados, de todas maneras, comparten una episteme, un horizonte de decibilidad y de visibilidad,  un suelo, un zócalo epistemológico. También comparten, más o menos, una estructura narrativa. Esta es nuestra tesis.

 

En adelante, después de una apreciación teórica y crítica, armaremos un perfil de esta episteme; sobre todo, intentaremos armar la estructura narrativa compartida, por lo menos en lo que respecta a los perfiles divulgados. Las formaciones discursivas de las que hablamos, relacionadas a “ideologías” respectivas, además de proyectos políticos correspondientes, son, dichos de manera resumida, de modo simple, hasta de forma esquemática: el discurso oligárquico, el discurso proletario, el discurso del nacionalismo revolucionario y el discurso indianista. Ciertamente no podemos tratar estas formaciones discursivas exhaustivamente; no podemos detenernos, por el momento, en sus estratificaciones, sus desplazamientos internos, sus diferencias inter-discursivas; tampoco distinguir los discursos comunes, más de difusión, incluso de rumor, de los discursos elaborados, con pretensiones académicas. Esta tarea la dejaremos para después; lo que haremos es optar por un esquema simple, empero ilustrativo, del cuadro de las diferencias y analogías discursivas de estas formaciones enunciativas. De todas maneras, la anterior tarea, que queda pendiente, en parte ha sido expuesta en otros escritos; nos remitimos a éstos[14].

 

Las metamorfosis de la trama

 

En Tiempo y narración, en el segundo tomo, en el dedicado a la Configuración del tiempo en el relato de la ficción, Paul Ricoeur escudriña y reflexiona sobre Las metamorfosis de la trama. La trama, como metáfora de tejido o de textura, hace referencia a una composición que, a su vez, supone temporalidad; si se quiere, supone el despliegue del tiempo o, mejor dicho, despliegue en el tiempo. En otras palabras, los sucesos acaecen secuencialmente, se los interpreta como un orden o en un orden, donde un suceso o secuencia tiene origen, es decir, nacimiento; después, se desenvuelve, desplegando sus posibilidades inscritas. A continuación, aparece una estructura de lo puesto en escena; empero, la composición narrativa, vale decir la configuración de la trama, no está todavía resuelta. Luego, vienen los desenlaces. La trama es esta composición que interpreta los sucesos, eventos, acontecimientos, donde los hechos, que aparentemente, se dan aleatoriamente, se interpretan como formando parte de un sentido o varios, de una dirección o varias; secuencias fácticas que se resuelven como fin, como telos o desenlace.

 

En el apartado Más allá del “mythos” trágico, Ricoeur escribe:

 

En primer lugar, se ha definido la construcción de la trama, en el plano más formal, como un dinamismo integrador que extrae una historia, una y completa  de un conjunto de incidentes: eso es tanto como decir que transforma ese conjunto en una historia una y completa[15].

 

Estamos ante el fenómeno, por así decirlo, de transformaciones reguladas, que pueden ser llamadas tramas, bajo consideraciones ampliadas y extendidas; la condición es que lo son siempre que puedan distinguirse totalidades temporales, que realizan la síntesis de lo heterogéneo, manifestado en circunstancias, fines, medios, interacciones, resultados, queridos o no[16]. En otras palabras, se puede formular la hipótesis de que las metamorfosis de la trama consisten en usos siempre nuevos del principio formal de configuración temporal en géneros, tipos y obras singulares inéditas[17].

 

En relación a las transformaciones efectuadas en el carácter de la narrativa, particularmente de la novela, Paul Ricoeur anota:

 

Sin embargo, en estas expansiones sucesivas del carácter a expensas de la trama, nada escapa al principio formal de configuración y, por lo tanto, al concepto de construcción de la trama[18].

 

Con el campo de la trama se acrecienta también el campo de la acción. No se trata solamente de las conductas de los protagonistas, también es acción, en un sentido amplio, la transformación moral de un personaje, su crecimiento y educación, su iniciación en la complejidad de la vida moral y afectiva[19].

 

Paul Ricoeur acude a la Anatomie de la critique de Northrop Frye[20]  para abordar, desde la teoría de los modos y la teoría de los arquetipos, esta cuestión de la metamorfosis de la trama. Ricoeur escribe:

 

En los modos trágicos, el héroe es aislado de la sociedad (a esto corresponde una distancia estética análoga por parte del espectador, según se ve en las emociones “purificadas” del temor y de la compasión); en los modos cómicos, el héroe es reincorporado a su sociedad. Por tanto, Frye aplica el criterio de los  grados de poder de la acción en estos dos planos de lo trágico y de lo cómico. Distingue así, en cada uno de ellos, cinco modos, repartidos en cinco columnas. En la primera columna, la del mito, el héroe nos es superior por naturaleza (in kind): los mitos son, en grandes líneas, las historias de los dioses; en el plano de lo trágico, tenemos los mitos dionisiacos, que celebran a dioses que mueren; en el plano de lo cómico, encontramos los mitos apolíneos, en los que el héroe divino es recibido en la sociedad de los dioses. En la segunda columna, la de lo maravilloso (romance), la superioridad del héroe no es innata, sino de grado, respecto de los demás hombres y de su entorno: a esta categoría pertenecen los cuentos y las leyendas; en el plano trágico tenemos el relato maravilloso de tono elegiaco: muerte del héroe, muerte del santo mártir, etc. (a esto corresponde, por parte del oyente, una cualidad especial de temor y de compasión propia de lo maravilloso); en el plano cómico, nos encontramos con el relato maravilloso de tono idílico: el pastoril, western. En la tercera columna, la de lo mimético elevado (high mimetic), el héroe ya sólo es superior a los demás hombres, no a su entorno, como veremos en la epopeya y en la tragedia; en el plano trágico, el poema celebra la caída del héroe: la catarsis que le da respuesta recibe de la harmatia trágica su nota específica de compasión y de temor; en el plano cómico, tenemos la comedia antigua de Aristófanes: damos respuesta a lo ridículo por una mezcla de simpatías y de risa punitiva. En la cuarta columna, la de lo mimético bajo, el héroe ya no es superior ni a su entorno ni a los demás hombres: es igual; en el plano trágico encontramos al héroe patético, aislado por dentro y por fuera, desde el impostor (alazon) hasta el “filósofo” obsesionado por sí mismo, como Fausto y Hamlet; en el plano cómico, tenemos la comedia nueva de Menandro, la trama erótica, basada en encuentros fortuitos y en agniciones; la comedia doméstica; la novela picaresca, que narra la ascensión social del pícaro; aquí hay que situar la ficción realista descrita por nosotros en el apartado anterior. En la quinta columna, la de la ironía, el héroe es inferior a nosotros en poder y en inteligencia: lo miramos con arrogancia; pertenece al mismo modo el héroe que finge parecer inferior de lo que en realidad es, que se esfuerza en decir menos para significar más; en el plano trágico encontramos toda una colección de modelos que responden de una manera variada a las vicisitudes de la vida mediante un humor desprovisto de pasión, y que se presta al estudio del aislamiento trágico en cuanto tal: la gama es vasta, desde el pharmakos o víctima expiatoria, pasando por el héroe de la condenación inevitable (Adán, en la narración del Génesis; el señor K, en El proceso, de Kafka) hasta la víctima inocente (el Cristo de los evangelios y, no lejos, entre la ironía de lo inevitable y de lo incongruente, Prometeo); en el plano de la comedia tenemos el pharmakos expulsado (Shylock, Tartufo), el cómico punitivo,  al que solo la barrera del juego salva del linchamiento, y todas las parodias de la ironía trágica, cuyos variados recursos son explotados por la novela policiaca o la de la ciencia-ficción[21]

 

Lo que acabamos de citar y exponer antes es sugerente; sobre todo por lo que vamos a hacer, un análisis de las narrativas políticas y sus tramas, al considerar los discursos “ideológicos”, los discursos políticos, también los discursos histórico-políticos, incluso en su forma de análisis y de historia, también de crítica, como narrativas, en el sentido de construcciones de tramas. Como dijimos, esta vez vamos a acudir al esquematismo simple de un cuadro sencillo, con el objeto de ilustrar, dejando pendiente el análisis exhaustivo para después.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hipótesis teórica

 

Los discursos “ideológicos”, los discursos políticos, los discursos histórico-políticos, los análisis, la historia política, la crítica política, son narrativas, que parten de mitos y de arquetipos, también de esquemas, para abordar sus interpretaciones, descripciones, explicaciones y convocatorias. Construyen tramas; es decir, transforman la experiencia social y la memoria social en tramas, en totalidades de sentido, que relacionan el origen o nacimiento de una tragedia histórica o un drama histórico con el desenlace esperado; desenlace congénito en los hechos, en las secuencias y en los eventos desatados. Es una trama en el sentido de principio, mediación y fin; es decir, realización dada en una totalidad compuesta. Estas narrativas interpretan, de alguna manera, más directa o, en su caso, mas bien, indirecta, las historias en cuestión como destino. Los actores intervienen en la realización de su destino, estén o no conscientes; lo que hagan, a favor o en contra, de todas maneras coadyuvan, como formando parte de una astucia inherente a la realización del destino inscrito. Los discursos “ideológicos” y políticos están más cerca de la epopeya, del imaginario de la epopeya, cuando arman sus narrativas. Es el héroe el protagonista.

 

Ahora bien, los discurso “ideológicos” se distinguen por el contenido de la narración; dependiendo a quien le asignan el papel de héroe. En el caso del discurso oligárquico, se puede decir que esta asignación es atribuida al protomártir, al libertador, al símbolo del emprendedor, del empresario; incluso, considerando lo más avanzado del discurso conservador, teniendo un discurso, mas bien, liberal, se transmuta la figura del héroe en la figura abstracta del progreso, incluso en la figura “filosófica” de la libertad; convertidas estas figuras en personajes de la narrativa “ideológica” y política. Esto último es el caso del discurso conservador, considerando todos sus estratos, sobre todo en su forma liberal.

 

En el caso del discurso proletario – refiriéndonos, en conjunto, a los discursos marxistas -, el héroe es la clase proletaria; el proletariado es el encargado de emancipar a la humanidad; también pueden aparecer, en condición de héroes, formando parte de la trama de la narrativa, los mártires de las luchas sociales, de las reivindicaciones de los trabajadores. En su versión más elaborada, también más abstracta, pueden aparecer, en condición de héroesfuerzas históricas, como las fuerzas productivas, que entran en contradicción con las relaciones de producción. Haciendo hincapié al arquetipo de la epopeya, aparece el partido como el héroe histórico vanguardista.

 

En el caso del discurso del nacionalismo-revolucionario, la heroína es la nación, que aparece, en principio, como víctima; después, en el desenvolvimiento de la trama, resistiendo a los embates; para aparecer después en la rebelión popular, en la subversión de la nación; por último, como revelación de la finalidad inscrita en los espesores de la historia, la nación se realiza triunfando con la revolución nacional. De la misma manera, también en este caso, aparecen personajes encarnando la nación, héroes de carne y hueso y con nombres, que luchan por la liberación de la nación oprimida. El caudillo es el héroe paradigmático en esta narrativa del discurso del nacionalismo revolucionario.

 

En el caso del discurso indianista, la heroína es la raza indígena, la raza conquistada, sometida, colonizada, despojada y desposeída, hasta de su cultura. La raza resiste, se rebela, subvierte el orden colonial, se da la tarea de liberar a la nación indígena oprimida por los ocupantes, refiriéndose tanto a los primeros conquistadores, así como, a los herederos del colonialismo, los criollos, los blanco-mestizos, que dominan en la república. La raza profunda tiene como tarea recuperar las tierras, los territorios, la civilización y la cultura perdidos. Entonces este es el fin, la realización del destino del indio colonizado y explotado.

 

Como se puede ver, en tanto discursos que se mueven en el campo “ideológico” y en el campo político, son discursos distintos y contrarios, hasta antagónicos, opuestos; empero, en lo que respecta a la forma de construir la narrativa, de conformar la trama, se comportan de la misma manera, habitan la misma episteme, el mismo horizonte de visibilidad y de decibilidad. Recurren al mito, a la convocatoria del mito, recurren al arquetipo de la tragedia o del drama, recurren a los nombres universales, que absorben, en su dramático simbolismo, la representación de las multitudes enfrascadas en los avatares de la historia.

 

Los discursos también pueden variar por la complicación de los contenidos manejados, sus espesores, sus alcances e irradiaciones. Pueden darse formaciones discursivas más simples, más esquemáticas, mas apegadas a los prejuicios; obsesiones no elaboradas, sino planteadas descarnadamente. Este quizás sea el caso de los discursos más retrógrados en el despliegue mismo de los discursos conservadores, siendo de estos discursos los más avanzados los discursos liberales. Los discursos más apegados a los prejuicios y valores más arraigados quizás sean los que reproducen de manera evidente sus concepciones religiosas internalizadas, expresadas como sentido común de la iglesia; aunque se puede encontrar en este ámbito conservador, discursos religiosos y conservadores más trabajados. En cambio, los discursos liberales son más abiertos, pretensiosamente más mundanos y cosmopolitas, precisamente por sentirse apegados a los conceptos y valores universales, emitidos por la ilustración.

 

En contraste y en comparación, es notoria la elaboración conceptual y la crítica a los valores conservadores, así como a los valores liberales, por parte de la formación discursiva proletaria. La formación discursiva marxista, tal como aparece en la historia social del país, viene de la elaboración experimentada por debates intensos y confrontaciones con las otras teorías, dadas en el mundo, sobre todo con la economía política. Aunque el lenguaje teórico haya sido reducido a un lenguaje directo, más cerca de la propaganda, así como de convocatoria, el discurso no deja la tonalidad de los bagajes teóricos de donde emerge.  También aparecen análisis y críticas atentas a la coyuntura, al periodo, al estudio de la situación social y económica, a la caracterización de la crisis y de la formación social en cuestión.

 

El discurso del nacionalismo revolucionario también presenta su exposición conceptual; sin embargo, con menos alcance teórico que la formación discursiva marxista. De todas maneras, el discurso de nacionalismo revolucionario no deja de estar influenciado por la irradiación marxista; empero, preserva su concepción convocativa a la nación y al pueblo, en contra de la anti-nación. Es un discurso menos abstracto, más local, incluso regional, vinculado a la memoria nacional de las luchas por la soberanía. Ciertamente, entre las formaciones discursivas, particularmente entre la formación discursiva marxista y el discurso del nacionalismo revolucionario se dan yuxtaposiciones y combinaciones; por ejemplo, en lo que respecta a la llamada izquierda nacional.

 

El discurso indianista emerge de la lucha y la memoria larga de las naciones y pueblos indígenas contra el colonialismo y su herencia, la colonialidad. En principio, se trata de un discurso directo; plantea la dominación colonial de los conquistadores, los ocupantes y sus herederos de manera señalada. Mientras las naciones y pueblos indígenas no recuperen sus tierras, sus territorios, sus instituciones, su cultura y civilización, no se vive otra cosa que la historia reiterada del colonialismo, del despojamiento y la dominación por parte de los que no han dejado de ser extranjeros. Como dijimos en otro texto, el radicalismo de este discurso se circunscribe en la tesis de la guerra de razas, no en la teoría de la lucha de clases, si bien comparte con la formación discursiva marxista el formar parte de lo que llamamos las teorías histórico-políticas[22].

 

Esquemáticamente, con el objeto de ilustrar, podemos decir que en el campo “ideológico”, estos cuatro discursos configuran un mapa de oposiciones concurrentes. El discurso indianista se opone a todos los otros discursos, los considera foráneos; sin embargo, el antagonismo directo es notoriamente contra el discurso oligárquico, discurso donde radican los prejuicios raciales abiertamente. La oposición con los otros discursos, el marxista y el nacionalismo revolucionario, es más una interpelación a las pretensiones de verdad de estos discursos, a las pretensiones emancipadoras de estos discurso, que terminan ocultando nuevas formas de dominación y colonialismo.

 

Las contradicciones entre la formación discursiva marxista y el discurso del nacionalismo revolucionario tienen que ver con la interpretación de la liberación nacional, con el carácter de la revolución nacional y el alcance histórico de esta revolución. Fuera de esta concurrencia, en lo que respecta a las llamadas tareas democrático burguesas, las diferencias son grandes en lo que corresponde a las finalidades socialistas, que el nacionalismo revolucionario no las comparte, salvo en las combinaciones dadas en la llamada izquierda nacional.

 

Observando el mapa del campo “ideológico”, tenemos en los extremos, de un lado, al discurso oligárquico, del otro lado, al discurso indianista; en el medio se encuentran la formación discursiva marxista y el discurso del nacionalismo revolucionario. Estas ubicaciones no tienen nada que ver con el esquematismo dual de “derecha” e “izquierda”, sino con los contenidos, las formas y las expresiones de los discursos; tienen que ver con la forma peculiar con la que conforman la trama narrativa, tienen que ver con el uso del mito y la utilización de los arquetipos.

 

En lo que respecta al campo político, puede ser que sea ilustrativo usar el esquematismo dualista de “derecha” e “izquierda”; empero, hay que aclarar al respecto en relación a qué se definen estas ubicaciones políticas. No sería difícil catalogar al discurso oligárquico, incluyendo al discurso liberal, como de “derecha”; empero, qué hay de los demás discursos, en lo que respecta a su distribución en el mapa del campo político. Ciertamente las concepciones marxistas consideran a los demás como estando a la “derecha” de la “izquierda” marxista, incluyendo al discurso indianista, que se les antoja “conservador”, a pesar de su lucha anticolonial; una especie de anacronismo. El nacionalismo revolucionario incluso llega a considerar a la “izquierda” internacional como colonial, extranjera y hasta ajena a la lucha nacional y en la defensa de los recursos naturales. Dependiendo de la corriente del nacionalismo revolucionario, pueden considerar próximo o alejado al discurso indianista

 

En términos generales, se puede decir que el prejuicio del progreso y el supuesto del telos del desarrollo son ideales que persigue el grueso de estos discursos, excluyendo a lo más conservador del discurso oligárquico, que, mas bien, se apegaría a la tradición señorial; en contraste a este conservadurismo, son estos ideales modernos una de las características emitidas por el liberalismo. El marxismo y el nacionalismo revolucionarios postulan abiertamente la modernización, el progreso y el desarrollo;  la diferencia radica en que unos, los marxistas, entienden estos postulados como condiciones históricas de socialismo, en tanto que los nacionalistas revolucionarios entiende estos postulados como soberanía, independencia nacional, así como parámetros del desarrollo nacional. Es decir, el fin no es el socialismo sino convertir en una potencia al Estado-nación. Aunque una parte de las corrientes indianistas, sobre todo las primeras, no se desapegan del todo de estos postulados, no se puede decir lo mismo de otras corrientes, más contemporáneas, que entienden la descolonización como alternativa al desarrollo y a la modernidad, actualizando la civilización y la cultura indígena.

 

Sin embargo, a pesar de todas estas diferencias,  todos los discursos de la época comparten la metamorfosis de la trama; es decir, las transformaciones de la experiencia y de la memoria de las acciones y prácticas, en el marco del arquetipo de la epopeya. También comparten la episteme local y regional de la época, su horizonte de visibilidad y de decibilidad, así como el suelo, el zócalo epistemológico territorial. Hablamos de universales en boga. Aunque suene un poco raro decirlo respecto al discurso indianista, pues parte de la reivindicación cultural y civilizatoria; sin embargo, este planteamiento “ideológico” se construye con conceptos generales, si es que no pretenden ser universales. Por ejemplo, el concepto de indio, de indígena, adquiere una irradiación general, en los condenados de la tierra, condenados de color.  Esto es comprensible, no solo por la época, no solo porque comparte el campo “ideológico” con los demás discursos, sino también porque se trata de una convocatoria política.

 

En resumen, las narrativas de los discursos “ideológicos” y políticos se circunscriben, en la configuración de la trama, al arquetipo de la epopeya y a la convocatoria del mito, aunque en algunos casos aborden su argumentación haciendo uso de la ciencia y de la filosofía. Estos son recursos de exposición, incluso de análisis, que sirven, en la configuración de la trama, para armar de mejor manera la composición narrativa, la misma que recurre a la totalización de sentido estructurada en la epopeya.  

 

Los desplazamientos narrativos, las metamorfosis de la trama, se dan después de esta época moderna o de ilusión de la modernidad, fines del siglo XX, quizás en el transcurso de las dos últimas décadas. Los desplazamientos hacia los arquetipos romántico, de lo mimético elevado, de lo mimético bajo, incluso llegando, en algunos casos, al arquetipo de la ironía, aparecen a fines del siglo XX, cuando la narrativa “ideológica” y política, estructurada en la trama de la epopeya, con sus tonalidades trágicas y dramáticas, entra en crisis, se desmorona ante la experiencia de la crisis de las mismas revoluciones modernas. Aparecen no sólo discursos críticos de las pretensiones de verdad de los discursos “ideológicos” y políticos, sino discursos de la duda, del cuestionamiento a los paradigmas, discursos anti-vanguardistas o que renuncian a las pretensiones vanguardistas e iluministas. Discursos donde la figura del héroe estalla en mil pedazos para convertirse en autodeterminación de las multitudes. Incluso aparecen discursos de la ironía, cuestionando toda pretensión de verdad, toda representación como acto de poder. A estas formaciones discursivas heterodoxas e iconoclastas las analizaremos después, en otros ensayos.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

Las acciones y las prácticas sociales como narrativas fácticas

 

 

 

 

 

 

¿Se puede considerar a las acciones y las prácticas sociales como narrativas; es decir, como constructoras de tramas fácticas, sin necesidad de que estas sean evocadas? Esta es una pregunta que, si su respuesta fuese afirmativa, nos llevaría a la hipótesis de que los humanos se comportan, en lo que respecta a las acciones, no solamente a las representaciones, prácticamente como componiendo tramas, que hasta quizás sean anteladas. De aquí a encontrar regularidades en las historias singulares, no ya referidas a los habitus, sino a procesos históricos acaecidos y que acaecen; por ejemplo, que las revoluciones deriven en su decadencia, que los “revolucionarios” continúen la reproducción del poder por otros caminos, medios, escenarios, que las revoluciones restauren lo que derriban. Como hipótesis es tremendamente sugerente; sin embargo, no se trata de contrastar la hipótesis, sino de, si fuese así, explicarse por qué funciona así el conjunto secuencial de las acciones humanas.

 

Ahora bien, las hipótesis interpretativas de la anterior hipótesis teórica serían las siguientes:

 

1.   Las acciones humanas responden a una trama fáctica inherente. No hablamos de comportamientos, que pueden responder a habitus o, en contraste, a desplazamientos y rupturas respecto de los habitus, sino del conjunto te acciones sociales cuya secuencia dibuja una trama fáctica.

 

2.   ¿Cómo explicar que hay una trama fáctica? No se trata de recurrir a las relaciones sociales, a las estructuras de estas relaciones, a las instituciones, que suponen estas estructuras, a los sistemas, que se conforman sobre estas mallas institucionales, sino de explicarse por qué el ser humano es un ser narrador

 

 

3.   El ser humano sería un ser narrador pues estructuralmente está constituido para serlo. Lo que nos lleva a suponer también que la vida misma está constituida para serlo; es decir, para componer, para crear composiciones.

 

4.   Ciertamente hay que diferenciar narratividades vitales, correspondientes a la vida, narratividades fácticas humanas de narratividades evocativas, transmitidas en las sociedades en sus distintas formas de expresión.  En estas diferentes narratividades se conformarían tramas también diferenciales cualitativamente. Las tramas vitales corresponderían como a programas inscritos genéticamente; las tramas fácticas corresponderían a estructuras civilizatoria y culturales; las tramas evocativas corresponden a todas las interpretaciones culturales construidas y por construir por las sociedades humanas.

 

 

5.   Se han estudiado las narrativas evocativas; sin embargo, no se habrían estudiado las narrativas fácticas humanas, tampoco y mucho menos, las narrativas vitales.

 

Si fuese así, es imprescindible estudiar las narrativas fácticas humanas, con más urgencia, las narrativas vitales.

 

 

Narrativas fácticas humanas

 

Las narrativas fácticas no solo responden a relaciones sociales, no solo responden a fuerzas, relaciones de poder, sino que responden a estructuras subyacentes biosociales y biopolíticas. Si la trama es una mimesis de la acción, es decir, transformación de la acción en una interpretación, entonces la trama fáctica vendría a ser una mimesis corporal de la experiencia y la memoria social; es decir, una transformación de la experiencia y de la memoria en acción. Ahora bien, ¿por qué tendría que ser la acción o, mas bien, la secuencia de acciones una narrativa no evocativa? No solo que las acciones desencadenan consecuencias sino que persiguen finalidades, buscan lograr la realización de las finalidades con sus actos. Se puede hacer seguimiento a la secuencias de acciones; este seguimiento puede no solamente ser interpretado para continuar las siguientes acciones, sino que hasta puede ser narrado evocativamente; empero, ahora, éste no es nuestro tema. El tema es: ¿Cómo la secuencia de acciones se convierte en una narrativa fáctica, la cual puede ser decodificada sin necesidad que sea evocada? Es decir, la secuencia de acciones puede ser entendida como si fuese una narración, sin necesidad que haya sido narrada, propiamente halando.

 

Esta pregunta puede ser respondida; primero, porque la interpretación se efectúa a partir de una cultura, que aunque no se presente como narración, decodifica los hechos a partir de bagajes culturales. Decir esto, en todo caso no es tan problemático; pues se entiende que sea así. El tema no es cuando se decodifican las acciones desde una cultura, sino si las secuencias de acciones son, de por sí, por sí mismas, una especie de narrativa fáctica. Obviamente no lo son en tanto entendamos la narrativa como representación, como un orden de representaciones, como una estructura representativa; empero, si entendemos también la narrativa como composición, en sentido amplio, en este caso, como composición fáctica, entonces se abre la posibilidad de sugerir la hipótesis que estamos manejando, la de que esta composición pueda ser interpretada como si fuese una narrativa no evocativa, pues totaliza el sentido de las acciones mismas.

 

Conscientes de que se trata de una hipótesis arriesgada, la colocamos en mesa para sugerir que pueden darse composiciones, análogas a la narrativa, composiciones que se conforman en la sucesión de hechos. Ciertamente, la experiencia y la memoria juegan un papel preponderante en la interpretación inmediata de las secuencias de acciones, incluso, pueden presuponer, desde el principio, lo que viene después, su sentido total. Por lo tanto, pueden llegar estas secuencias a aparecer como narrativas fácticas en la medida que la memoria interviene. En otras palabras, la memoria es la que narra la experiencia.

 

No es que la narrativa, incluso y sobre todo, en el sentido usual, sea tiempo, una representación de la temporalidad, fuera de ser mimesis de la acción, sino que es, sobre todo, memoria. La memoria no solo que actualiza los recuerdos sino que los interpreta, hace como una composición. En sí mismos, los hechos, las secuencias de hechos, las sucesiones de acciones, no son narración; la narración fáctica se da lugar con la memoria y en la memoria. Entonces, la memoria no solo recuerda, almacena, guarda, selecciona, actualiza, sino que, además de interpretar, narra; atribuye a las secuencias una composición de sentido.

 

Así como se habla de un lenguaje corporal, de manera, si se quiere, metafórica, también se puede hablar de una gramática de las acciones, así como también de una narrativa de las acciones, aunque se lo haga metafóricamente. Sin embargo, esta metáfora nos ayuda a comprender las composiciones no evocativas. Lo que decimos tiene su importancia en lo que respecta a la vuelta de la discusión de  la distinción de sentido/no-sentido; para la memoria todo tiene sentido. La memoria no recuerda hechos aislados, experiencias aisladas, aunque hayan sido deformadas por la memoria, recuerda conjuntos de hechos relacionados, recuerda este conjunto de hechos como parte del acontecimiento experimentado. La experiencia tampoco se circunscribe a hechos aislados, no experimenta hechos aislados, sino el conjunto de hechos que se convierten en inscripción o huella. Inscripción o huella que es precisamente la de la relación de hechos; inscripción o huella que es precisamente la hendidura del acontecer.

 

En conclusión, es sostenible hablar de narrativa fáctica, en tanto y en cuanto se trata de la narrativa de la memoria

 

 

Narrativas vitales

 

La vida, de acuerdo a la biología contemporánea, como ya lo dijimos y asumimos antes, es memoria sensible, entonces, siguiendo la exposición de nuestras hipótesis auscultadoras, en tanto memoria sensible es ya composición inmediata, para lo que respecta a la vida; primordialmente de información genética.  Si bien como filogénesis transmite la información de la especie, no deja de interactuar en el perfil ontogenético; es decir, en la conformación de la memoria singular del individuo, por así decirlo. En el sentido que asumimos la vida en La explosión de la vida[23], cuando concebimos la vida más allá de la biología, cuando extendimos la concepción de vida a las dinámicas moleculares y a las dinámicas cuánticas, además de a las dinámicas molares del cosmos, cuando retomamos la idea paradigmática de que cada punto del universo contiene la información del todo, refiriéndonos a las infinitesimales partículas cuánticas, entonces podemos hablar hipotéticamente, en la misma forma auscultadora, de una memoria cósmica. Por lo tanto, en tanto memoria cósmica, memoria, por cierto, aludida metafóricamente, es también una composición, en ese sentido, una especie de narrativa material, cuántica, molecular y molar

 

 

 

Composiciones fácticas

 

En nuestras hipótesis auscultadoras hemos llevado lejos la configuración de la narración, hemos llevado lejos las metamorfosis de la trama, hasta incluso cuando pierden su carácter propio, la de mito, epopeya, relato, historia, novela, ironía, en el despliegue de la comprensión. Lo hicimos para jugar con ciertas analogías posibles, que, aunque metafóricas, pueden ayudarnos a comprender la condición no aleatoria de los hechos y las acciones, que, por cierto, se contrastan y entrelazan con la condición aleatoria de los hechos y las acciones.  Se da, como dijimos en otros ensayos, la paradoja existencias del juego del azar y la necesidad[24]. Las acciones y los hechos, si bien pueden aparecer en el azar de la proliferación de las singularidades, ocasionando efectos molares, efectos masivos, donde adquieren regularidad, si bien pueden concebirse como actos de voluntades intervinientes, por lo tanto, de fuerzas, también responden como a una necesidad; esta necesidad se expresa como composición fáctica. En este sentido dejaremos de usar los términos de narración y de narrativa, para referirnos a estas composiciones, dejando el uso de los términos para la narración y la narrativa, propiamente dichas; es decir, evocativas, simbólicas, alegóricas, metafóricas, históricas, literarias, estéticas, que construyen la totalidad del sentido en formas figurativas variadas, orales, escritas, pictóricas, corporales, como la danza.

 

Los hechos y las acciones sociales pueden comprenderse e interpretarse como composiciones fácticas, composiciones donde interviene la experiencia y la memoria social; memoria que precisamente retiene  y guarda información, que la procesa, que la usa para actuar, sobre todo actualiza la memoria, dependiendo de las coyunturas, y lo hace decodificando, interpretando, componiendo una construcción de totalidad o totalización, si no es de sentido lo es de configuración del campo fáctico, donde se despliegan las acciones y los hechos. De todas maneras, si bien ya no llamaremos narrativa, se trata de tejidos fácticos, de interrelaciones y entrelazamientos fácticos, que componen cuadros de secuencias y sucesos, mapas de hechos conectados; por lo tanto, dan la idea de condiciones, mediaciones y desenlaces.

 

 

Aclaraciones necesarias

 

Hemos diferenciado, en principio, narratividades en distintos planos y espesores de intensidad; distinguido el plano o espesor de intensidad propiamente narrativo, el de la memoria evocativa, de los planos de intensidad o espesores de intensidad pre-narrativos, propiamente dichos, de las memorias no evocativas, la memoria no-evocativa fáctica y la memoria no-evocativa vital, por así decirlo. Hemos establecido que estas dos últimas memorias, estas pre-narrativas, incluso podrían ser post-narrativas, son composiciones de totalizaciones de campos, en un caso, campos fácticos, en el otro caso, campos vitales. Si bien se puede hacer esta distinción, no hay que olvidar que los planos o espesores de intensidad no se encuentran aislados y separados, sino que están entrelazados, imbricados, interpenetrados y yuxtapuestos. De tal manera que el lenguaje y la cultura, de por sí evocativos, atraviesan los planos o espesores de intensidad atribuyéndoles su propio lenguaje, simbolismos, alegorías, narratividades, a los planos o espesores de intensidad no-evocativos. Al revés, también se puede decir que se da este entrelazamiento; los planos o espesores de intensidad pre-narrativos atraviesan el plano o espesor de intensidad propiamente narrativo, lingüístico y cultural, atribuyéndole sus propias imágenes, fuerzas y espesores. De tal forma que unos planos o espesores de intensidad prestan su complejidad a los otros planos o espesores de intensidad para interpretar o ser interpretados. 

 

En este sentido o algo parecido menciona Paul Ricoeur cuando se refiere a la semiótica narrativa de A. J. Greimas; dice:

 

La historia narrada, ya explique el orden existente o proyecte otro, establece, en cuanto historia, un límite a todas las nuevas formulaciones puramente lógicas de la estructura narrativa. Es en este sentido como la inteligencia narrativa, la comprensión de la trama, precede a la reconstrucción dela narración sobre la base de una lógica sintáctica[25].

 

Si partimos de la tesis de la física relativista, por lo menos en una de sus versiones e interpretaciones, de que el tiempo no existe, de que es una construcción subjetiva, de que lo que hay es el tejido del espacio-tiempo, que es, mas bien, una complejidad, entonces, podemos decir que la narrativa es una de las expresiones más acabadas de la construcción del tiempo por parte de la subjetividad humana. En este caso, el que abordamos, de la composición fáctica, lo que llamamos composiciones pre-narrativas, también son procedimientos y expresiones de la construcción del tiempo, como diferimiento representativo de la simultaneidad dinámica, que es la complejidad material del universo. A propósito Ricoeur escribe:

 

Nuestra meditación sobre el tiempo narrativo encuentra aquí un enriquecimiento precioso; puesto que el elemento diacrónico no se deja tratar como un residuo de análisis, podemos preguntarnos qué cualidad temporal se oculta bajo este vocablo de diacronía, cuya relación de dependencia respecto de los de sincronía y de acronía ya hemos subrayado. A mi entender, el movimiento del contrato al combate, de la enajenación al restablecimiento del orden, movimiento constitutivo de la búsqueda, no implica sólo un tiempo sucesivo, una cronología, al que se intenta continuamente descronologizar y logicizar, como decíamos antes. Me parece que la resistencia del elemento diacrónico en un modelo de vocación esencialmente acrónico es el indicio de una resistencia más fundamental, la resistencia de la temporalidad narrativa a la simple cronología. Si la cronología puede reducirse a un efecto de superficie, es que antes se ha privado a la pretendida superficie de su dialéctica propia: la competición entre dimensión secuencial y la dimensión configuradora de la narración, competición que hace del relato una totalidad sucesiva o una sucesión total. Y, lo que es más importante aún, el tipo de distanciamiento entre el contrato y el combate, subyacente en la dialéctica, revela ese rasgo del tiempo que Agustín, tras Plotino, caracterizaba como distensión del espíritu. Entonces ya no habría que hablar de tiempo, sino de temporalización[26].     

 

Más abajo, Ricoeur expone:

 

La semiótica narrativa según Du sens y Maupasant no constituye, hablando con propiedad, un nuevo modelo, sino la radicalización, y al mismo tiempo el enriquecimiento, del modelo actancial que acabamos de discutir. Radicalización, en el sentido de que el autor intenta reducir las restricciones de la narrativa a su origen último: las restricciones vinculadas al funcionamiento más elemental de todo sistema semiótico; la narratividad se justificaría entonces en cuanto actividad sustraída al azar. Enriquecimiento, en el sentido de que el movimiento de reducción a lo elemental es compensado por otro de despliegue hacia lo complejo. Se pretende, pues, por la vía regresiva del recorrido, remontar un plano semiótico más fundamental que el propio plano discursivo y encontrar en él la narratividad ya situada y organizada antes de su manifestación. Inversamente, por la vía progresiva, el interés de la gramática narrativa de Greimas es componer gradualmente las condiciones de la narratividad desde un modelo lógico, lo menos complejo posible y que no implique inicialmente ningún carácter cronológico[27].

 

En conclusión:

 

Sigamos, pues, el orden recomendado por los “juegos de las restricciones semióticas”: en primer lugar, las estructuras profundas que definen las condiciones de inteligibilidad de los objetos semióticos; en segundo lugar, las estructuras intermedias, llamadas superficiales, por contraste con las precedentes, en las que la construcción narrativa encuentra sus articulaciones efectivas; finalmente, las estructuras de manifestación, propias de tal o cual lengua y de tal o cual material expresivo[28].  

 

Como se puede ver, lo pre-narrativo y lo narrativo se encuentran imbricados, se parte de las condiciones de inteligibilidad de los objetos semióticos, se continúa con las condiciones, por así decirlo, de articulación efectiva, para luego pasar a la manifestación de la narrativa.

 

 

 

 

 

  

Guerras de laboratorio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A modo de prefacio parcial

 

Guerras de laboratorio forma parte del libro Genealogía de la guerra, a excepción de Desenlaces de la barroca decadencia, que es un texto reciente[29]. El libro mencionado contiene, además, las partes Interpretaciones críticas desde la guerra y La guerra diferida.  Presentamos, ahora, la parte Guerras de laboratorio, incluyendo el escrito Desenlaces de la barroca decadencia, en forma independiente, debido a la necesaria discusión sobre la álgida coyuntura mundial, bautizada por el imperio, los aparatos de guerra del orden mundial de dominaciones del sistema-mundo capitalista, las corporaciones de los medios de comunicación de masa, los “expertos” y “analistas” del tema en cuestión, como la de la “amenaza del terrorismo. Calificativo del periodo por parte de la estructura de poder mundial. Término que habla más de sus miedos, de sus fantasmas, de sus paranoias, que de caracterizar, por lo menos, con cierta aproximación, la coyuntura y el periodo reciente mundial.

 

En todo caso, esta caracterización tan pobre, tan vacía, de carácter, más bien, sensacionalista, se ha convertido en una especie de sentido común difundido y compartido en el mundo, en las redes de comunicación, en los congresos internacionales, en los seminarios políticos, institucionales y académicos. Lo que habla de por sí de la escasa imaginación, incluso para montar interpretaciones, más o menos creíbles, por parte de estos autores de guiones dramáticos, que intentan lanzar mantos para encubrir, la efectiva realidad.

 

No se trata de derrumbar este castillo de naipes, esta vez, de cartas de truco, que intenta leernos el destino de la humanidad, por medio de estas cartas fraguadas; el castillo mediático se cae por sí mismo. Nada concuasa en sus narraciones fragmentadas; las mismas que no pueden armar el rompecabezas, dejando grades vacíos incontestables. Se trata, más bien, de comprender las transformaciones, desplazamientos, mutaciones y cambios estructurales, dados en el sistema mundo-capitalista y en la civilización moderna, en lo que parece ser su crepúsculo. De manera específica, se trata de leer e interpretar adecuadamente, los síntomas de estos escenarios montados del “terrorismo internacional”, sobre todo, el “terrorismo fundamentalista”. Buscar la comprensión de la crisis múltiple civilizatoria, de poder, además de estructural del sistema-mundo capitalista, en estos espeluznantes escenarios del terror; montados, en parte artificialmente, por las agencias de inteligencia del imperio; en parte, desencadenados, por atizar el fuego en los sectores más propenso a sustituir su miseria con la acción fanática y fundamentalista, que les promete el reino de los cielos.

 

Estamos ante los desbordes de la irresponsabilidad mayúscula de la hiper-burguesía mundial, que ha decidido sacrificar a los pueblos, para preservar el beneficio contable de sus super-ganancias; incluso ha decidido arriesgar la vida misma del planeta. Esta angurria habla, de por sí, de su miseria humana y de sus perspectivas extremadamente cortas. Como dijimos muchas veces, son los pueblos los que pueden parar esta locomotora desbocada al abismo.

 

Estas son algunas de las razones por las que titulamos al bloque de ensayos Guerras de laboratorio. Pues estamos ante la tercera guerra mundial, ya desatada por las máquinas de guerra del imperio, solo que, en contraste con las anteriores guerras mundiales, aparece en sus manifestaciones de baja intensidad. Se trata de una estrafalaria “guerra interminable” contra el “terrorismo”, montada en los laboratorios de las agencias de inteligencia del imperio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fetichismo geopolítico

A propósito de la geopolítica sinuosa de la OTAN

 

 

 

¿Cuál es la geopolítica de la OTAN después de la aparente culminación de la guerra fría? ¿Continuar con la guerra fría, por otros caminos, con otros argumentos, menos elaborados, un poco más excéntricos, como dicen algunos analistas? ¿Se trata de consolidar la hegemonía, por lo menos la dominación, unipolar de la híper-potencia imperialista, que es el complejo económico-militar-tecnológico-científico-comunicacional de los Estados Unidos de Norte América, como dicen otros analistas? ¿La estrategia es adelantarse a la guerra por los recursos, por la energía, por el agua, que se avecina, como otros analistas predicen? ¿Es una estrategia de las máquinas de guerra del sistema-mundo capitalista, en la etapa crepuscular de la dominación del capitalismo financiero, combinada con el capitalismo extractivista, como nosotros dijimos[30]?  Vamos a evaluar estas preguntas, sus hipotéticas respuestas, sus argumentadas interpretaciones, a la luz de la coyuntura mundial, que halla sus zonas de conflicto de mediana y alta intensidad en el medio oriente y en la Europa oriental

 

La declaración de la OTAN, después de los bombardeos rusos a las posiciones, depósitos de armamentos, centros de operaciones, campos de entrenamiento, del Estado Islámico, es prácticamente una confesión, aunque velada e implícita, de su complicidad en la conformación del fundamentalismo copioso y exagerado del Estado Islámico, para ser cierto. La declaración dice, más o menos, en su parte sobresaliente, lo siguiente: que la OTAN va a defender a Turquía, que es miembro de la OTAN. Como si Turquía fuera la amenazada y no se estuviera amenazados por el Estado Islámico. ¿No era que la OTAN, los estados de Europa, Estados Unidos de Norte América, estaban en una guerra declarada contra el terrorismo? Cuando los bombardeos rusos son efectivos contra las posiciones del Estado Islámico - no como cuando los bombardeos norteamericanos y europeos, los franceses, eran notoriamente poco efectivos -, simulando bombardear estas posiciones, la OTAN se siente desolada, incluso amenazada. Esa declaración no solamente dice explícitamente que defenderá Turquía, sino dice implícitamente, que defiende las posiciones del ISIS.

 

Este es el meollo de la cuestión. La OTAN y Estados Unidos conformaron el ISIS, como un dispositivo exacerbado, enmascarado de terrorismo, con otros objetivos, que no son los declarados, de combatir el terrorismo. ¿Cuáles son estos objetivos?  ¿Destruir Siria, atacar Irán, que es lo que conjeturan otros analistas, sobre todo partidarios de la defensa de ambos países contra la agresión imperialista? ¿Para qué? ¿Control y dominio del preciado recurso del petróleo? En otro escrito dijimos, que, en todo caso, estas potencias dominantes del sistema-mundo capitalista, no necesitan hacer la guerra para dominar, pues ya tienen el monopolio de las cadenas energéticas, desde su extracción hasta su industrialización, comercio y especulación[31]. No se necesita una guerra para mantener el dominio que ya lo tienen. ¿Acaso se trata de, incluso, quitar a los países exportadores del petróleo las magnitudes de la parte que les toca de los términos de intercambio ganados? ¿Apuntalar la geopolítica a un control absoluto, disminuyendo al máximo, es decir, haciendo desaparecer la soberanía de los países productores de petróleo? Teóricamente puede ser aceptada esta hipótesis, aunque se encuentre un tanto poco fundamentada, en comparación con las circunstancias y condiciones de la mecánica del funcionamiento del sistema-mundo y la economía-mundo capitalista, en el periodo actual, del dominio financiero global; circunstancias y condiciones que requieren se descritas y explicadas.

 

Otra cosa que dijimos es que asistimos a la hipertrofia de las máquinas de guerra, de los complejos tecnológicos-industriales-militares, de los aparatos de inteligencia y de información, de los irradiantes y globalizados medios de comunicación y de sus versiones virtuales, en redes que ya envuelven al planeta, como abultadas telarañas. Que esta hipertrofia explica la generación de estrategias propias, parciales, especializadas, de estos aparatos de guerra, que, incluso, cobran independencia, respecto a sus sociedades, pueblos y, es más, de sus estados. Para mantener sus cuantiosos presupuestos, gastos de guerra, de defensa, de inteligencia, en condiciones donde la guerra ya es, por decir, imposible, si es que se quiere ganar o sobrevivir. En realidad, estas máquinas de guerra, estos aparatos, estos complejos, en las condiciones de la tecnología militar de destrucción masiva, están demás; sus dimensiones son exageradas e insostenibles. Por eso, en consecuencia, lo que parece ser una explicación más plausible, una de ellas, es que estas máquinas de guerra hipertrofiadas requieren mantener el fantasma de la amenaza para seguir reproduciéndose en las dimensiones abultadas, escandalosas y grasosas, como lo hacen hasta ahora.  Por eso, asistimos, ya no a la continuidad de la guerra fría, ya no a las guerras de baja intensidad, que fueron como un puente, entre las guerras de alta intensidad y las actuales formas de guerra, sino a lo que llamamos guerras de laboratorio, que pueden adquirir dimensiones desde locales hasta regionales, incluso, en el peor de los casos, mundiales.

 

Estas interpretaciones hipotéticas y prospectivas son sugerentes, sobre todo para salir, primero, de las teorías de la conspiración, que son pobres teóricamente; empero, atrayentes por su especulación novelera. Segundo, para salir de los paradigmas economicistas, que reducen las explicaciones al determinismo económico. Tercero, para salir del recurrente paradigma religioso del fiel/infiel, convertido, por la política institucionalizada, en el esquematismo dualista del amigo/enemigo; paradigma que tiene como supuesto moral la lucha cósmica del bien y el mal. Sin embargo, a pesar de este desplazamiento saludable, es menester contrastar esta interpretación crítica con la descripción de las situaciones y las características de los conflictos concretos, que se desatan en el medio oriente, en la Europa oriental, en Ucrania y también en el África.

 

Observemos, primero, una secuencia, que tiene que ver con las guerras del golfo, que después se extienden con la “guerra civil” - así se la llamó - en Libia, ocasionando la destrucción práctica de Libia como Estado. Ahora, la estrategia avanza, en nuevos escenarios, cambiando de formas y de tácticas, en Siria, buscando también su destrucción como Estado. La participación de la CIA en Afganistán, con AL QAEDA, cuando Estados Unidos se involucró en la guerra contra la “ocupación soviética” de Afganistán, su intermitente complicidad con AL QAEDA, en los eventos donde aparece nuevamente, con un fundamentalismo más marcado, llegando a trasladar esta estrategia, haciéndola más sofisticada, en el caso del Estado Islámico, nos muestra otra secuencia paralela, oficiosa. Donde esta implementación minuciosa, aunque complicada, de intervención solapada, encubierta con motivos religiosos fundamentalistas, se efectúa conformando los recorridos de estas guerras de laboratorio, constituyendo sus personajes, actores, protagonistas, construyendo sus discursos de probeta, estridentes, aunque no convincentes.

 

Estamos ingresando al periodo crepuscular de las guerras de laboratorio, guerras artificiales; sin embargo, sangrientas y despiadadas. Lo que menos interesa es la población civil; de manera cínica, se ha hecho elocuente la frase que pretende justificar el genocidio sistemático contra la población civil. Se dice que se trata de daños colaterales. Los daños colaterales son ya tan numerosos, que eso de colateral parece una broma macabra; los daños colaterales son tan destructivos, que eso de colateral parece humor negro, que muestra su mueca grotesca y sarcástica sobre los cuerpos desechos de los muertos y de los cuerpos martirizados de los heridos y torturados.

 

Es esto lo que llama la atención; la perdida de todo rastro humanista. Para los técnicos y especialistas de estas guerras de probeta no hay humanos del otro lado, no hay víctimas, sino daños colaterales, números del costo de la eficacia de sus tecnologías militares.  ¿Es esta una anticipación cruel del mundo que proponen las máquinas de guerra? Parece que sí. No es esta una utopía técnica de ciencia ficción. Este es el producto de estos dispositivos hipertrofiados, independizados, que se consideran indispensables, es más, se consideran los centinelas del orden del mundo, algo así como el ejemplar sensacionalista y fascista the terminator. Hay que indagar en la subjetividad de estos especialistas y técnicos de la guerra, de la inteligencia, de la información y de estas estrategias de las guerras de laboratorio. ¿Quiénes son? ¿Qué son? ¿Humanos o máquinas?

 

La racionalidad abstracta, que nosotros denominamos racionalidad fantasma[32], ha llegado demasiado lejos; ha borrado todo vestigio de humanidad, todo vestigio de vida, en sus mapas abstractos, donde escenifican las rutas, las formas posibles de la guerra. Mapas de guerras simuladas, que ya no son juegos o entrenamientos, sino reales. Se ha borrado la frontera entre la simulación y la realidad; entonces, estas máquinas terminan actuando, ejecutando, en el mundo real, como si actuaran, de la misma manera, en sus juegos de simulación. Se mata, entonces figuras, no humanos. Estos hombres-máquinas, han reducido el mundo a la caricatura de los video-juegos; ahí llega su imaginación, pero, también su inteligencia.

 

Manejan mucha información, tienen acceso a centros de información y de datos, sus archivos clasifican a países, a estados, a gobiernos, a personas; todo esto lo hacen casi inmediatamente, por la capacidad tecnológica de los medios de información. Sin embargo, sus interpretaciones y sus análisis dejan mucho que desear. Ciertamente no podemos pedirles nivel teórico; sin embargo, tampoco son capaces de lograr descripciones adecuadas a la variedad, diferencia, complejidad de los temas, tópicos, problemáticas que atienden; que se les antoja, de manera paranoica, como amenaza. Por cierto, manejan modelos aprendidos, incluso académicamente; pero, estos modelos son como los juegos, caricaturas insostenibles teóricamente, también insostenibles contrastando con los hechos, en su proliferante despliegue. Empero, de todas maneras, como ironía, fungen de especialistas, incluso, de “sabios”, solo porque son sostenidos por estos aparatos y sus estructuras altisonantes. La pedantería es lo que más merodea en esos sitios. El porvenir del mundo está en manos de estos niños mimados, que tienen en sus manos armas de destrucción masiva y tecnologías devastadoras.

 

Son peligrosos no solo para el mundo, para los pueblos y las sociedades del mundo, para los pueblos y sociedades de los países que consideran peligrosos y de los estados que consideran “canallas”, sino son altamente peligrosos para los pueblos de sus propios países y estados, que dicen defender. La inexplicable historia, por lo menos, hasta ahora, del 11 de septiembre de 2001, habla de ello. Ya se haya dado por pusilanimidad o descuido de los servicios de inteligencia, en el mejor de los casos, ya se haya dado por conspiración de los propios servicios de inteligencia, en el peor de los casos, lo ocurrido muestra patentemente la incidencia en los desenlaces de estos servicios de inteligencia y aparatos de guerra. Los atentados del ISIS o de gente simpatizante o involucrada con el ISIS, en Francia y en Canadá, vuelve hacer aparecer la figura operativa de estos servicios de inteligencia. Nadie está a salvo de la estrategia de guerra de laboratorio de estas máquinas de guerra. ¿Se puede detener este camino al abismo?

 

Teóricamente sí. Son los pueblos los que tienen que poner coto a este juego mortal de los niños mimados, especialistas y técnicos de las guerras de laboratorio, de los hombres-máquinas de las guerras de probeta. Ningún país, ningún Estado, en las condiciones del mundo contemporáneo, requiere de semejantes composiciones monstruosas hipertrofiadas de una guerra imposible, si es que se quiere sobrevivir.  Los pueblos pueden deshacerse de estos delirios de guerra. No hay que destinar presupuesto para estos ociosos de la guerra. Sin embargo, sabemos que el problema es más complejo. ¿Cómo llegan los pueblos a esa convicción y decisión?

 

Esto ciertamente no es nada fácil. Los pueblos del mundo tienen internalizado el poder en sus cuerpos modulados, tienen cristalizado el Estado en sus huesos, tienen inoculado el miedo a la amenaza de enemigos, de toda clase, que, en el fondo no se conocen. Sería una gran sorpresa, que al conocerlos encuentren que se parecen a ellos mismos, aunque con distintos leguajes, culturas, tamaños de economías, quizás más pobres que ricos, con más necesidades insatisfechas; empero, al fin, humanos de carne y hueso, sensibles al dolor y a la alegría. El no conocer al que se llama enemigo, quizás sea el comienzo, o unos de los comienzos, de esta in-humanización, de esta maquinización, de la guerra y de los conflictos. La maquinización de la guerra.

 

Otra cosa que dijimos, es que la geopolítica, que se resume a la teoría y a las estrategias de dominación del espacio, por parte de los imperialismos, no es otra cosa que una idea, un plan o, si se quiere, un conjunto de planes, que se implementan; empero, están lejos de adecuarse a la complejidad del mundo. Generalmente las geopolíticas fracasan. Están lejos de las investigaciones, las teorías, las descripciones, de las geografías contemporáneas, la geografía cuantitativa, la geografía humana, la geografía emancipadora[33]. La geopolítica es un boceto o diseño de adecuaciones de medios a los fines perseguidos, con el objeto de dominación del espacio, que, como tal, como espacio abstracto, como cartografía y espacio estratificado, no existe, sino como espacio-tiempo singular y concreto, proliferante en sus variedades ecológicas,   en manos de estadistas, de militares y de políticos. Que se sostiene por las ceremonialidad del poder, por las pantomimas de las instituciones del Estado. Se toma en serio a algo que no lo es, debido a la artificialidad de los climas de poder de los estados.

 

¿Qué es lo serio? Por así decirlo, en contraste. No es pues la geopolítica, insostenible teóricamente, incluso descriptivamente, a estas alturas, salvo en el imaginario insólito de los cuarteles y de los aparatos de guerra y servicios de inteligencia, salvo en la “ideología” de los estados. Lo serio es la situación a la que nos arrastran estos juegos geopolíticos. De las tesis mencionadas, hay quienes dirán que lo serio es la economía, la economía-mundo capitalista, sus contradicciones y sus crisis, que empujan a estos desenlaces de la guerra, desenlaces y recursos de emergencia. Esta tesis puede tener su consistencia; sin embargo, es como una verdad parcial, relativa, en un mundo complejo, que no se reduce al plano de intensidad de la economía. Como dijimos, en el sistema-mundo capitalista, prácticamente dominado por las potencias, no solamente industriales, sino financieras, especuladoras y extractivistas, no requieren las potencias hacer la guerra para dominar, porque ya lo hacen.

 

Lo que ocurre en el momento presente, lo que ha ocurrido en la historia reciente, en la historia de las estructuras de media duración, en la historia de las estructuras de larga duración, nos debe llevar a preguntarnos, en sus distintas tonalidades: ¿Qué somos? ¿Cómo hemos llegado a ser lo que somos en el momento presente[34]?

 

Si hay alguna tesis que pude ayudarnos a comenzar o, mejor dicho, recomenzar, a responder estas preguntas, es la tesis del fetichismo, como critica de la “ideología”, en sentido generalizado; no solamente fetichismo de la mercancía, sino fetichismo institucional, fetichismo del Estado, fetichismo del poder, fetichismo de las representaciones. Podemos entonces hablar del fetichismo de la guerra. Aunque las guerras hayan sido, en las historias de las sociedades, en las historias singulares de la modernidad, sobre todo en la historia mundial de la modernidad, indiscutiblemente reales, han sido interpretadas desde los imaginarios fetichistas. Este es el problema. Entonces, la guerra concreta, desgarradora, moviéndose en distintos planos de intensidad de la realidad, sinónimo de complejidad, es reducida a los esquematismos de los paradigmas e imaginarios de la guerra, que están lejos de comprender la complejidad del acontecimiento como éste, que exige de los humanos todo de sí.

 

Si bien, la guerra hace inteligible a las sociedades, en las teorías histórico-políticas, como dice Michel Foucault en Defender la sociedad[35], la guerra como fetiche, como fantasma, como amenaza, como recurso imperialista, es una ofuscación delirante en boca de generales y estrategas geopolíticos. Lo que han conseguido las guerras, efectivamente, es matar a muchos humanos, de manera cada vez más masiva, efectiva y racional. La pregunta es sugerente, aunque haya gente que cree que tiene respuestas, anticipadamente: ¿Quiénes han ganado una guerra? Bueno, no se puede responder tan fácilmente, diciendo que la ganaron los vencedores y la perdieron los vencidos. Porque la guerra no es exactamente algo parecido a un deporte, donde se puede decir, a ciencia cierta, cuantitativamente, quién gana y quien pierde. Para comenzar, la guerra es una tragedia para ambos bandos, aunque uno se crea ganador, pues el otro se ha rendido.  Segundo, la guerra es drama para las poblaciones y pueblos que la sufren. Tercero, la guerra, en la modernidad, ha adquirido alcances mundiales, devastadores, altamente destructivos, donde la mayor parte damnificada es la población civil. Si bien, aparentemente, los vencedores de la primera y segunda guerra mundial impusieron el orden mundial, que hoy vivimos o sufrimos, dominación que vino acompañada por la bonanza económica del desarrollo de las fuerzas productivas, de las tecnologías y las ciencias, estas guerras destruyeron parte de la memoria de la humanidad, parte de sus acumulaciones culturales, perdiéndose información necesaria para la vida, en general, como memoria sensible. El impacto de las guerras no hay que conmensurarlo en los cortos ni medianos plazos, sino en los más que largos plazos de los ciclos de la vida. Si los humanos no aprendemos de las lecciones de su propia experiencia, quiere decir que no somos aptos para adecuarnos a la complejidad del mundo y el universo, en constante devenir, y a las exigencias de la vida, en sus ciclos vitales, en sus distintas escalas, planos y espesores de intensidad.

 

 

Volviendo a la geopolítica de la OTAN, si bien es cierto que conciben una nueva geopolítica, después de la culminación de la guerra fría, en pleno despliegue del capitalismo especulativo y extractivista del sistema-mundo capitalista, en su etapa dominante financiera, esto no quiere decir que la geopolítica concebida, asumida orgánicamente, institucionalmente, estratégicamente y militarmente, sea científica, en el sentido de su objetividad, sea empírica, en el sentido de abarcar la complejidad. Más parece una herencia atascada de los juegos de guerra de los imperialismos del siglo XIX. Sin embargo, es verdad, sigue siendo el instrumento privilegiado de las máquinas de guerra y de los estados.

 

En este contexto problemático, hay una tesis que debemos sopesar; la que dice que las contradicciones imperialistas llevan a la guerra entre los imperialismos. Ahora, en otro contexto, diferente al siglo XX, cuando se desataron las guerras mundiales, volvería a ocurrir algo parecido, solo que bajo otras condiciones y circunstancias histórico-políticas-económicas. Esta es una tesis coherente y consistente; explica, quizás en gran parte, las conflagraciones bélicas mundiales. Sin embargo, habría que preguntarse si las contradicciones inter-capitalistas e entre-imperialistas, de los bloques capitalistas - pues sería insostenible la creencia de que Rusia o China no son potencias capitalistas, sino socialistas -, son equivalentes, ahora, a cuando se daban en el siglo pasado. En un capitalismo globalizado, en un sistema-mundo más integrado, en una economía-mundo interdependiente y global, es difícil sostener que las contradicciones de los bloques tienen el alcance virulento y antagónico, tal como se presentaban las contradicciones en el siglo XX. China, la principal potencia económica e industrial del momento, invierte para salvar de su crisis a Estados Unidos, pues si Estados Unidos se derrumba, China también lo haría, en un mundo globalizado. No parece tan cierto, que las contradicciones inter-capitalistas son comparables a las contradicciones del siglo XX. Por lo tanto, por lo menos, debemos aceptar, que esta interpretación, la de las contradicciones inter-capitalistas, que empujan ineludiblemente a la guerra, no es del todo sostenible.

 

¿Qué es lo que empuja a la guerra si no es tanto las contradicciones entre los bloques capitalistas? Esta es la pregunta. No se puede considerar como única respuesta esta tesis de la hipertrofia de las máquinas de guerra, hay otras interpretaciones posibles; hay que buscarlas, desde la perspectiva de la complejidad[36]. Pero, antes de abordar estas otras interpretaciones, que lo haremos en otros ensayos, debemos dejar en claro que nadie dice que la geopolítica de la OTAN no nos lleva y arrastra a la tercera guerra mundial; todo lo contrario, decimos que sí. Lo que tratamos de mostrar es que esta geopolítica por más que sea cierto que nos arrastra a la guerra, no por eso es científica, sostenible teóricamente, seria, en el sentido científico. No, no lo es. Este es el otro problema. ¿Por qué los estados, sobre todo las potencias, se dejan arrastras por este instrumento geopolítico, cuando es apenas una estrategia abstracta, esquemática, que se encuentra lejos de interpretar la complejidad?

 

¿A que juegan los estados, sobre todo las potencias, particularmente la híper-potencia dominante, el complejo militar-tecnológico-científico-económico-comunicacional? ¿A la dominación global y absoluta? Si ya dominan, aunque no de manera absoluta. ¿A qué apunta la híper-burguesía mundial trasnacional? ¿A dominar, controlar, monopolizar absolutamente toda la cadena económica, extractiva, productiva, comercializadora y de consumo, en el mundo? Si, de alguna manera, ya lo hace, solo que no de manera absoluta. No parece tan coherente una respuesta afirmativa a estas preguntas.

 

Volvamos a las interpretaciones más contundentes del capitalismo. El capitalismo se desarrolla a costos muy altos, los que no se contabilizan, pues se transfieren a la naturaleza, a la que no se la repara ni indemniza. Estamos ante un sistema-mundo que solo sabe crecer cuantitativamente, es decir, ilusoriamente, cuantificando parcialmente los costos y los beneficios, olvidando los costos más importantes, los costos que se transfieren a la naturaleza. Por lo tanto, nuestra interpretación, en principio general, es que el imaginario fetichista de la modernidad, con toda la constelación variada y diferencias que contiene, empuja a interpretaciones equivocadas de la realidad, sinónimo de complejidad, arrastrando a los que toman decisiones, que tienen el monopolio de las decisiones, los estados y gobiernos del orden mundial, con todas sus diferencias que puedan manifestar, así mismo, a las burguesías y burocracias que asumen, en términos de clase este imaginario, institucionalizándolo,  el que opera en estas rutas a la destrucción de las sociedades y el mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las dos caras de la híper-modernidad del sistema-cultura-mundo capitalista

 

 

 

 

 

 

Los analistas, los medios de comunicación, ni que decir los políticos de toda laña, califican a los del ISSIS como terroristas, los definen como pertenecientes a un pasado oscuro, recóndito, incluso feudal, superado por la modernidad. Se equivocan, no son ni pasado ni terroristas, en el sentido que le atribuyen a este término, como de un fundamentalismo recalcitrante, que ha optado por la violencia desmesurada, cruel y delirante, recurriendo al terror para convocar por miedo. Los del ISSIS, así como los de Al Qaeda, los yihadistas, los que perpetran ataques suicidas, no son otra cosa que lo mismo que son los otros, los que hablan a nombre de la civilización moderna universal, las subjetividades humanas del mundo de la híper-modernidad; solo que son la otra cara de lo mismo. Mientras que la gobernanza mundial de la simulación, de la virtualidad, de la diseminación del mundo efectivo[37], que emplea tecnología militar sofisticada, para bombardear ciudades del desierto, aldeas perdidas en territorios periféricos, dejando un número creciente de víctimas de los llamados daños colaterales - definición militar que parece derivada de un indisimulado humor negro -, que son sobrecogedoramente pequeños niños indefensos, que mueren sin haber entendido el por qué, ni tener la oportunidad de habérselo preguntado.

 

Ambas caras – tanto la de la disgregación universal como la persistente barroca y religiosa - de la híper-modernidad del sistema-mundo capitalista, en su etapa de diseminación, que Gilles Lipovetsky y Jean Serroy denominan cultura-mundo[38], causan terror, aunque sus métodos no sean los mismos, aunque sus discursos y sus argumentos sean diferentes. Al final, ambas caras, contrastadas y contrastantes, se complementan. Una cara, la de la globalización de la simulación, de la virtualidad, del capitalismo especulativo, la de la deuda infinita, la que se asume “democrática” o liberal, cuando esa “democracia” se efectúa mediáticamente;  la que dice defender los derechos humanos, sin embargo, lo hace como  derechos abstractos, que no reconocen a los seres humanos concretos demandantes, no reconoce  a las víctimas concretas; la que dice preocuparse por el medio ambiente y el cambio climático, pero, solo pide disminuir la emisión de gases de efecto invernadero, sin preocuparse, además, de hacer cumplir sus propias resoluciones mínimas. La otra cara, la de la descarnada y cruda versión de esta misma híper-modernidad, la que aparece, sin miramientos, de manera directa, expresando violentamente lo que es toda la modernidad: el desenvolvimiento inocuo y absurdo de la violencia, desatada técnicamente como proliferantes daños colaterales, en un caso, o como exacerbadas torturas religiosas, en otro caso.

 

Primero, George Walker Bush les ha declarado la guerra interminable a los yihadistas de AL Qaeda, después, recientemente, François Gérard Georges Hollande ha declarado la guerra a los yihadistas del ISSIS. Los consideran criminales de la humanidad, además de terroristas despiadados, destructores de los valores consagrados, demoledores de las libertades; son, por lo tanto, el mal. A su vez, los yihadistas, consideran a lo que llaman “occidente”, el mal, algo así como Sodoma y Gomorra mezcladas y expandidas en ese orbe. Ambos bandos enemigos declaran la guerra a muerte al mal, considerándose, cada uno, a su turno, y desde su perspectiva, el bien. Este recurso de definición del enemigo absoluto, deriva de la matriz religiosa monoteísta, matriz que ambos comparten, aunque uno de ellos lo explicite claramente como guerra santa y el otro lo exprese de una manera más burocrática, policial y política, diciendo que se trata de una “guerra contra el terrorismo”.

 

Los yihadistas del ISSIS son, entonces, la expresión descarnada, cruda, cruel, de un mundo que se disemina, se desvanece, a pesar de sus apariencias hegemónicas, así como también se disgrega en sus violencias inquisidoras. Un mundo donde desaparece la necesidad de convencer mediante una explicación coherente, que se llamaba “ideología”, en el mundo moderno; basta y es suficiente la semiótica sin palabras, la figuración sin conceptos, la exposición sin argumentos, de las desmesuradas violencias, en un caso, o de las violencias técnicas, violencias calculadas, pero, que causan masivos daños colaterales, en otro caso. No hay esmero, por ninguno de los lados, por dar cuenta coherentemente de lo que ocurre, de sus acciones. Unos dicen que se trata de “guerras humanitarias”, por los derechos humanos, también, de guerras de defensa anticipada a ataques estimados. Otros dicen que se trata de una guerra por el Califato mundial, como si fuese una nueva guerra santa, realizada en las condiciones de la posmodernidad de la vertiginosidad de lo efímero y banal. Sin embargo, estas exposiciones provisionales de ambos enemigos jurados, son apenas títulos y subtítulos sucintos, que no se encuentran desarrollados en sus discursos, salvo, en un caso, la presentación de listas dudosas de preparativos conspirativos; en el otro caso, la presentación de pecados del mal, que lleva como enfermedad su enemigo absoluto, el demonio del “occidente”. Estos discursos, si se pueden llamar así, no hubieran sido tomados en serio, en el contexto y en los escenarios, del debate y la concurrencia “ideológica” en la modernidad. Sin embargo, estos balbuceos, pues no son otra cosa, son considerados, se difunden, se analizan, en los medios, en los dispositivos de inteligencia, en las academias, en la híper-modernidad del sistema-cultura-mundo del capitalismo

 

Como decíamos, al principio, los analistas, los medios y los políticos se equivocan, respecto a los yihadistas, al calificarlos, denominarlos y clasificarlos como terroristas, como fundamentalistas, una especie de anacronismo ultraconservador anclado en el pasado oscuro feudal. De manera diferente, los yihadistas son la otra cara de lo mismo, de la misma violencia expansiva, arrolladora, que se desenvuelve, sin sentido, como queriendo llenar con cuerpos destrozados, martirizados, expuestos, los vacíos de su mundo, el mundo de la diseminación. Es lo mismo, solo que con métodos diferentes.

 

¿Si son lo mismo, por qué guerrean, por qué se contraponen, por qué aparecen como antagonistas, hasta enemigos absolutos? En un escrito anterior[39], dijimos que tanto el imperio como el fundamentalismo, enemigos declarados, son cómplices en el fondo; se necesitan, como enemigos, para la reproducción del poder. En un escrito posterior[40], llegamos a explicarnos las entreveradas conexiones entre los servicios de inteligencia del imperio con la conformación de estos grupos fundamentalistas. La complicidad implícita, no necesariamente deseada, aparece, en este último caso, como complicidad explicita, efectuada en una laberíntica estrategia de destrucción. Bajo las circunstancias del despliegue de los hechos y eventos, no se puede sostener el discurso de la “guerra contra el terrorismo”, ni las razones, que no aparecen.  Solo los medios de comunicación, los analistas y comentaristas invitados por estos medios, repiten como si fuesen datos estas declaraciones vacías. No hay tal “guerra contra el terrorismo”, cuando es el terror, el desenvolvimiento del terror, el que envuelve y compromete a ambos bandos. Una “guerra contra el terrorismo” tendría que ser una guerra contra ambos bandos, comprometidos, coparticipes, y cómplices opuestos, de la violencia desencadenada.

 

Con estas declaraciones se pretende encubrir el funcionamiento demoledor de la maquinaria del capitalismo especulativo, de la dominación financiera, que inscribe la deuda infinita en los pueblos, en todos los pueblos del mundo, incluso en los pueblos de sus propios países, donde esta híper-burguesía reside. Con estas declaraciones se pretende esconder la responsabilidad de la ocupación y destrucción de países donde se hallan los yacimientos del petróleo, o países cuyos estados les recuerda al nacionalismo de Gamal Abbel Nasser. Con estas declaraciones camuflan una geopolítica trasnochada de dominación de las regiones y zonas estratégicas. Geopolítica trasnochada pues corresponde a las teorías de dominación del espacio del siglo XIX, operadas y aplicadas instrumentalmente en la primera mitad del siglo XX. Descartadas a medias por obsoletas y utilizadas a medias por falta de imaginación en la segunda parte del siglo XX. Ahora, reaparecen en plena crisis orgánica y estructural del sistema-cultura-mundo capitalista, como queriendo encontrar asideros en esta diseminación que los empuja a la nada.

 

Los carteles fundamentalistas

 

Otro error de los analistas respecto al ISSIS es tomar como referente el discurso fundamentalista, como si el juego de poder, ahora, en el Medio Oriente, se estructurase en base al fundamentalismo y la concurrencia entre sus distintas versiones, más bien agrupaciones, organizaciones, religiosas. La “ideología” religiosa fundamentalista, fue parte de las preocupaciones, quizás hasta un momento dado en el siglo XX. Después de este momento de inflexión o de bifurcación, el discurso fundamentalista no es el vehículo de un debate, menos de una reflexión o interpretación de las escrituras sagradas, es, mas bien, la retórica, que encubre otra disputa, otras batallas; las del control territorial y poblacional, del control del recurso más cotizado en la era de la energía fósil, el petróleo.  Lo que hace ISSIS es vender petróleo de los territorios ocupados por su ejército; lo hace como si fuera un Estado establecido y reconocido en la comunidad internacional, como si fuera el soberano en esos territorios, soberano para los habitantes y sobre los recursos naturales. Esta venta se realiza por mecanismos financieros usuales, a pesar de la ilegalidad de la venta y la ejecución comercial. Este comercio del petróleo es sabido y permitido por las potencias occidentales, que dicen “combatir el terrorismo”.

 

Cuando Al Qaeda ocupó Afganistán se hizo cargo del comercio de la amapola; en realidad, se convirtió en el monopolio de este comercio. Con ISSIS pasa algo parecido, en los territorios ocupados, pero, con respecto del petróleo. Entonces asistimos a la conformación de carteles, que usan el discurso religioso como pantalla para ejercer el monopolio de recurso, sea éste lícito o ilícito; empero, efectuando el comercio por los circuitos ilícitos. Ahora bien, esto no quiere decir que la iglesia o las iglesias religiosas no tomen en serio sus escrituras sagradas, sus interpretaciones, sus creencias, sus valores, sus ceremonias, su dedicación. La religión, en su forma tradicional, continúa efectuando su liturgia, en la que compromete a la mayor parte de los creyentes. Estas prácticas e instituciones religiosas no son parte del llamado fundamentalismo, tan conocido ahora, mediáticamente.  El fundamentalismo, del que se habla por los medios y en los discursos políticos, en los análisis y comentarios difundidos mediáticamente, es otra cosa, tiene otra lógica y, ahora, corresponde a la historia reciente. El llamado fundamentalismo forma parte de los juegos de poder de conglomerados complejos monopólicos. Hablamos de monopolios complejos no solamente económicos, tampoco solamente monopolios tecnológicos-científicos, sino monopolios económicos-tecnológicos-científicos-comunicacionales-culturales, cuyos efectos políticos son de control mundial.

 

En el sistema-cultura-mundo capitalista la competencia no se da solamente o no se reduce al control de los mercados, sino se trata de control integral de sociedades, territorios, recursos, imaginarios, subjetividades, comportamientos, conductas. En otras palabras, se está generando una gubernamentalidad de estos conglomerados complejos, que no solamente aparecen en su expansión trasnacional, sino que atravesando los Estado-nación, de manera efectiva gobiernan en el mundo, incidiendo en conductas y comportamientos, constituyendo subjetividades, por medio de la economización de la cultura y la culturización de la economía, la estetización de la economía, la tecnificación minuciosa de los entornos de los cuerpos, de sus actividades y prácticas. Los Estado-nación se ilusionan de que tiene soberanía sobre sus ciudadanos y sobre sus recursos; aunque nacionalicen sus recursos, al final, en el control global de los procesos, los recursos nacionalizados se encuentran subsumidos en el los circuitos, recorridos, procesos, del control integral que ejercen estos conglomerados complejos monopólicos. Esta gubernamentalidad trasnacional - usando un término conocido, para facilitar la descripción - tiene un impacto notorio en la constitución del ciudadano global - usando esta figura también para facilitar la descripción.

 

En este contexto de varias capas, configurado por la gubernamentalidad trasnacional de estos conglomerados complejos monopólicos, la conformación de fundamentalismos activos, son fenómenos explicables. Nadie dice que son simples marionetas de estrategias de poder de estos conglomerados, menos de servicios de inteligencia de las potencias dominantes. Sino, como efecto de la crisis política, cultural, ideológica, de formaciones sociales y de estados periféricos, sostenidos, hasta el momento de inflexión, del que hablamos, en la “ideología” nacionalista, prioritariamente, si bien también se afincaban en la tradición religiosa, emergen, del desaliento, de la desmoralización, de la derrota, pero, también de la decadencia y de la evidencia lamentable de la corrupción, recurriendo, otra vez, a la convocatoria religiosa y de la guerra santa. Quizás los convocados creen en la convocatoria a una guerra santa, en la purificación de esta guerra; sin embargo, habría que ubicar, identificar y comprender cuando los que convocan creen más en el pragmatismo del control de los recursos, en la realización de esta economía política del petróleo, que permite la compra de armas.

 

No es pues una guerra santa; ese es el discurso, la retórica. Antes se decía que se trata de la guerra del petróleo. Ahora tendríamos que decir que se trata de la guerra por el control integral de esta gubernamentalidad trasnacional, de estos conglomerados complejos.

 

Por lo tanto, la “guerra contra el terrorismo” se la tendría que efectuar contra esta forma de gubernamentalidad trasnacional, no contra unas “organizaciones terroristas”, identificadas como fundamentalistas y fanáticas. Pueden ser esas algunas de sus características; sin embargo, esta descripción incompleta, no dice nada sobre la problemática, sobre el contexto de la emergencia de estas organizaciones religiosas fundamentalistas, que solo se pueden explicar en las mezclas y barroquismo que ocasionan los despliegues de la híper-modernidad.

 

 

 

 

 

Las Líneas de Suministro de ISIS

 

 

 

 

 

En el conflicto desatado en el Medio Oriente, sobre todo circunscrito en Irak y Siria, donde el ISSIS ha ocupado extensos territorios de Siria e Irak se confecciona sobre una red logística, sustentada en pagos por petróleo, efectuados a través del mercado negro y de los rescates.

 

Se puede comparar el potencial de combate del ISIS con el de un Estado-nación periférico. Controla extensas zonas geográficas comprendidas entre Siria e Irak. Es capaz de defenderse militarmente y expandirse; siendo este el objetivo explícito del Califato. Ostenta los recursos para efectuar su proyecto político-religioso, comprendiendo a las poblaciones capturadas por su ocupación militar.

 

 

 

 

 

Los yihadistas, conjuntamente con las armas empleadas en la intervención de la OTAN en Libia, en 2011, marcharon a Turquía; de aquí a Siria. Este traslado logístico fue coordinado por funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos de Norteamérica, apoyados por las agencias de inteligencia en Bengasi; lugar conocido de formación de yhadistas. Las líneas de suministro de ISIS se ejecutan con precisión dónde el poder aéreo de Siria y de Irak no puede ir. Al norte por Turquía, Estado miembro de la OTAN; al suroeste por Arabia Saudita y Jordania. Como apoyó operativo, a estas líneas de abastecimiento, se tiene una red logística, que incluye la región de Europa del Este y el Norte de África.

 

The London Telegraph describe la situación de la siguiente manera:

 

 

“[CNN] dijo que un equipo de la CIA estaba trabajando en un anexo cerca del consulado en un proyecto para suministrar misiles de arsenales libios a los rebeldes sirios[41]”.

 

 

The New York Times describe que:

 

 

“Las armas también han venido de Europa del Este[42]”.

 

 

 

El Blog Configurando Adjetivos escribe:

 

 

Desde sus oficinas en lugares secretos, funcionarios de inteligencia estadounidenses han ayudado a los gobiernos árabes en la compra de armas, incluyendo una gran adquisición proveniente de Croacia, y han investigado a comandantes rebeldes y grupos para determinar quién debe recibir las armas a medida que llegan, según han dicho funcionarios estadounidenses en el anonimato[43].

 

 

El mismo Blog, más abajo, dice:

 

 

Informaciones recientes han revelado  que ya en 2012 el Departamento de Defensa de los Estados Unidos no sólo previó la creación de un "Principado Salafista" a caballo entre Siria e Irak precisamente donde ISIS existe ahora, sino que la acogió con entusiasmo y contribuyó a las circunstancias necesarias para llevarla a cabo[44].

 

 

 

Lo que sorprende es, que a pesar de esta información conocida y difundida por medios de trayectoria, las potencias occidentales, que dicen “luchar contra el terrorismo”, hacen caso omiso, en otras palabras, hacen como si no supieran nada.  Algunos periodistas han viajado a la región, han sido testigos de lo que ocurre, cuentan con vídeos grabados, además de informes sobre las alargadas caravanas de camiones, que suministran armas al ISSIS.

 

 

La radio emisora ​​ Deutsche Welle (DW), de Alemania, transmitió el primer informe de vídeo de un importante medio de comunicación occidental, mostrando que el ISIS no se abastece gracias al ”aceite en el mercado negro" o a los "rescates de rehenes"; lo hace contando con miles de millones de dólares en suministros, efectuados a Siria, a través de la frontera de Turquía, usando caravanas de camiones al día.

 

 

La radio emisora DW describe esta situación, confirmando lo que  los “analistas geopolíticos”, en su momento, apreciaron, por lo menos desde 2011. El comunicado dice que:

 

 

ISIS se desplumaría si no fuera por el patrocinio multinacional, incluyendo, por supuesto, la propia Turquía[45].

 

 

El Blog Configurando Adjetivos, concluye:

 

 

Si un ejército marcha sobre su estómago, y el estómago de ISIS está lleno de suministros de la OTAN y del Estado del Golfo Pérsico, ISIS continuará la larga y dura marcha. La clave para romper la parte trasera de ISIS, está en romper la parte posterior de sus líneas de suministro. Para ello, sin embargo, y precisamente por eso el conflicto se ha prolongado durante tanto tiempo, Siria, Irak, Irán y otros tendrían que finalmente asegurar las fronteras y forzar a ISIS a luchar sin el apoyo turco, Jordania y Arabia - un escenario difícil de aplicar ya que naciones como Turquía han creado zonas de exclusión de facto dentro del territorio sirio que requerirían una confrontación militar directa con la propia Turquía para eliminarlas[46].

 

 

Como se puede ver, contando con estas descripciones, queda claro, por lo menos, la logística confeccionada, y por quienes, en esta “guerra santa” del ISSIS. Si se tiene clara esta información, sin hacerse a los desentendidos, se pueden sacar las conclusiones del caso; es más, se puede lograr interpretaciones adecuadas y explicativas del conflicto en el Medio Oriente, también de los atentados en Europa y Canadá.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La guerra como montaje

¿El ISSIS, la avanzada de la OTAN en Siria?

 

 

 

 

 

Dedicado a los y las críticas, quienes conservan la perspectiva y el uso de la crítica, como iluminismo, incluso como iluminismo del iluminismo, la crítica de la crítica. Actitud libre y racional, raciocinante, cuando la razón se oponía al oscurantismo, a la religión y a la autoridad heredada. Ahora, cuando la razón se ha vuelto abstracta e instrumental, una razón fantasma, algo así como el nuevo oscurantismo, después de la revolución industrial, es menester reincorporar la razón al cuerpo, a la fenomenología de la percepción, de donde es parte, de donde emerge, combinándose en composición con las otras facultades del cuerpo, las sensaciones, las imaginaciones, además de ese saber previo a todo saber que es la intuición. Críticas y críticos que sospechan del montaje de la “guerra contra el terrorismo”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estamos ante un nuevo tipo de guerra, una guerra de la tercera ola, según Alvin y Heidi Toffler. Los autores de War and Antiwar: Survival at the Dawn of the 21st Century[47], consideran una evolución en las formas de hacer la guerra. La teoría considera que la guerra es una forma de obtener riqueza; que, por tanto, evoluciona como el modo de producción, en el cual se sustenta. Al cambiar el modo de producción, acompañado por las transformaciones sociales y culturales, modifica la condición y forma de la guerra; en consecuencia, obliga a los ejércitos a adecuarse a las nuevas condiciones de la guerra. Las conflagraciones bélicas emergen del contexto de las tensiones, contradicciones y antagonismos de la civilización. Transformaciones figuradas metafóricamente como “olas”, haciendo hincapié en el conjunto del proceso de cambio. Estas olas son ocasionadas por las revoluciones tecnológicas y científicas, que inciden, a su vez, en transformaciones socioeconómicas. Las transformaciones socioeconómicas conforman nuevas civilizaciones.

En este panorama evolutivo, de transformaciones socioeconómicas, de desplazamientos civilizatorios, las fuerzas armadas se ven obligadas a cambios estructurales en sus formas de organización, logística y estrategias.

Como se sabe, los autores dividen la historia, vivida hasta el momento, en tres olas. Ahora bien, en el horizonte de cada una de las olas, la guerra asume las formas apropiadas que exigen las condiciones de la época.

 

Un resumen sucinto de la configuración de cada una de las olas, sería el siguiente:

 

 

- Durante la primera ola, caracterizada por el modo de producción agrario, cuyo eje primordial radica en el cultivo de la tierra; cuyo segundo eje fundamental radica en la domesticación de animales, la guerra se explica por la conquista y la búsqueda del control de los recursos territoriales. Los destacamentos armados intervienen en combates intermitentes, solo en temporadas trazadas por el ciclo agrícola. La organización de estos ejércitos, su armamento, sus mandos, sus alcances son limitados; las órdenes se transmiten verbalmente, el combate es cara a cara y la paga es irregular, habitualmente en especie[48].

 

 

- Durante la segunda ola, la de la revolución industrial, la guerra se encarga de mermar, incluso destruir la logística del enemigo; menoscabar, incluso quebrantar o, en su caso, controlar los recursos, destruir su capacidad productiva. Los ejércitos son macizos, grandes organizaciones armadas, con sus divisiones, sus fuerzas armadas especializadas, sus comandos, sus mandos centralizados. Disponen de armamento estandarizado, fabricado en líneas de montaje. La oficialidad es formada en academias militares; mejoran notoriamente las comunicaciones, se transmiten las órdenes por estos medios y por escrito. Se conforman sofisticados servicios de inteligencia e inventan leguajes en códigos cifrados. Las armas pesadas, automáticas, la utilización apreciable de ametralladoras, la incorporación de motorizados, de equipamiento mecanizado, sobre todo de tanques blindado, cada vez más destructivos, impulsan una modificación de las tácticas. La guerra se transforma, elevando, sin precedentes, su capacidad destructiva; los Estado-nación invierten un presupuesto cada vez más importante en los ítem militares; las potencias, vencedoras de la segunda guerra mundial acumulan un enorme arsenal nuclear[49].

 

- En la contemporánea tercera ola, la guerra vuelve a transformarse; en primer lugar, la revolución informática y cibernética, introduce la digitalización, dando lugar también a una expansión de la virtualización. Se convierten en instrumentos apreciables las computadoras, que conforman una red de información, casi en tiempo real, así como obtienen mapas, asombrosamente detallados, además de acercar las imágenes, fotografías y películas de la presencia y distribución del enemigo en el espacio[50].

 

 

 

 

Rubén-A. Benedicto Salmerón, de la Universitat Autònoma de Barcelona, en Teorías y conceptos para entender formas actuales de hacer la guerra, analiza las teorías contemporáneas de la guerra; fuera de la de Alvin y Heidi Toffler, también estudian la tesis de las Guerras de Cuarta Generación (4GW). A propósito, Rubén-A. Benedicto Salmerón escribe:

 

 

Podría afirmarse que esta teoría inicia su andadura pública en el artículo The Changing Face of War: Into the Fourth Generation, de la edición de octubre de 1989 de Marine Corps Gazette y de Military Review. Sus autores son William Lind, el coronel Keith Nightendale y otros oficiales del cuerpo de marines (USMC) y del Ejército (Army) de los Estados Unidos. En diciembre de 1994, realiza una revisión de su teoría en el artículo Fourth Generation Warfare: Another Look publicado en el Marine Corps Gazette. Destacar también algunos artículos del Tte. Cnel. Thomas Hammes, por ejemplo, The Evolution of War: The Fourth Generation publicada en la edición de septiembre de 1994 del Marine Corps Gazette.

 

Su impacto es mayor entre el Cuerpo de Infantería de Marina, por el especial interés de este cuerpo en los conflictos de baja intensidad, la insurgencia y el terrorismo, conflictos en los que la teoría está enfocada en tanto considera que es el tipo de guerra futura que se está ya desarrollando[51].

 

La evolución en las formas de hacer la guerra vendría concebida de la siguiente manera:

 

 

Se considera en esta teoría que los ejes que provocan un cambio generacional en los modos de guerra pueden ser dos: la tecnología y/o las ideas. Las ideas, a su vez, serían el producto y reflejo de factores políticos, sociales y económicos... Se afirma que la sociedad está sufriendo un cambio fundamental, desde unas bases industriales a otras basadas en la información. La sociedad cambia y las formas de conducir la guerra habrán de cambiar en concordancia con esos cambios societales.

Consideran que los factores clave que dominarán en la guerra del futuro no serán aquellos derivados de la tecnología, que desde luego tendrán un importante impacto, sino que serán aquellos derivados de las ideas. Aquellos que sean los primeros en adaptarse a las oportunidades de innovación que estos elementos aporten a nivel táctico u operacional, conseguirán una ventaja decisiva sobre sus oponentes.

El término generación de guerra debe ser tomado como una analogía que ayude a adquirir mayor entendimiento en torno al fenómeno que se analiza. Las diferentes generaciones de guerra no tienen por qué resultar mutuamente excluyentes y pueden estar activas simultáneamente, de la misma manera que diferentes generaciones humanas pueden coincidir en un tiempo determinado.

En su análisis de las formas por las que ha evolucionado el modo de hacer la guerra, distinguen cuatro generaciones de guerra.

 

- La primera generación de guerra surge en torno a 1648 con la paz de Westphalia, tratado que puso fin a la guerra de los 30 años y en la que el Estado se establece como entidad que monopolizará la guerra. Con anterioridad, actores que no eran Estado practicaban la guerra: empresas, clanes... Tratadistas de guerra como Sun Tzu podrían situarse como precusores del nacimiento de esta generación de guerra que estaría basada en el fusil de cañón liso y en tácticas derivadas de las formaciones de línea y columna.

El campo de batalla era formal y ordenado, pequeños ejércitos de profesionales que se situaban en forma lineal, casi uno enfrente de otro, y cuya fuerza provenía de la acumulación de hombres, aunque la mayoría de los soldados, reclutados de manera obligatoria, pensaban más en desertar que en luchar. Su práctica era rígida, muy pautada para optimizar su potencia de fuego. Muchas de las formas que distinguen lo militar de lo civil provienen de esta época: uniformes, rangos, saludos... Con ello, se pretendía contribuir a la formación de una cultura de orden como componente intrínseco a lo militar. La primera generación se extendería hasta finales del siglo XIX. Cambios tecnológicos en el armamento, como la aparición de la ametralladora convirtieron en suicidas las tan ordenadas formaciones de línea y columna y dieron paso a la siguiente generación de guerra. El campo de batalla se desordenaba y se necesitaba intentar superar esa contradicción con una cultura militar fuertemente ordenada.

- La segunda generación de guerra constituiría un intento de respuesta a esa contradicción. Inaugurada por el ejército francés a partir de la I Guerra Mundial. La potencia de fuego en masa, principalmente fuego indirecto de artillería, sustituye a la acumulación de la masa de soldados. El objetivo principal era el agotamiento, la doctrina francesa establecía su máxima “la artillería conquista, la infantería ocupa” La potencia de fuego era controlada de manera centralizada y sincronizada, se establecían planes y órdenes específicas y detalladas para la infantería, los tanques y la artillería en una batalla dirigida, en la que el comandante ejercía como director de orquesta. Las tácticas permanecen lineales pese a que el movimiento es ya algo más común. Se desarrolla el arte operacional. La cultura del orden permanece hacia adentro de los ejércitos. Órdenes muy pautadas, se aprecia más la obediencia que no la iniciativa, pues esta puede impedir la sincronización. Conceptos de esta forma de hacer guerra siguen vigentes en el desarrollo de algunos conflictos. Únicamente se ha sustituido la artillería por la aviación.

- La tercera generación es también un producto de la I Guerra Mundial y sus consecuencias se observan tal vez con mayor nitidez en la II Guerra Mundial. La desarrolla el ejército alemán, es ampliamente conocida como blitzkrieg, o guerra relámpago, y significó en cierta manera una culminación del arte de la maniobra en la guerra. Los conceptos de las tácticas alemanas de infiltración, que no eran ya lineales, son aplicados a la creación y uso del tanque. El foco no es ya desgastar los recursos militares del oponente, por potencia de fuego y agotamiento, sino focalizar en el movimiento y en el tiempo, en la velocidad, en la dislocación física y mental del enemigo. Tácticamente, en el ataque se busca la retaguardia enemiga y se le intenta colapsar atravesándolo de atrás hacia delante, en lugar de encerrarlo y destruirlo. En la defensa, se intenta atraer al enemigo hacia el interior para aislarlo y destruirlo. En esta generación, la guerra deja de ser linear. La cultura militar cambia también. El foco está fuera, en el enemigo, en la situación y en los resultados que esta requiere; ya no está adentro, en los procesos y en los métodos. Las órdenes especifican resultados a conseguir, no los métodos a utilizar para conseguirlos. La iniciativa se va haciendo más importante que la obediencia, la disciplina debe ser interiorizada no impuesta de manera externa. La cultura del orden se va rompiendo[52].

 

En lo que respecta a la guerra del futuro, el autor citado, escribe:

 

 

El salto a la cuarta generación de guerra (4GW), afirman Lind y sus secuaces, estará firmemente basada en ideas no occidentales. En su debate, se afirma que la 4GW incluye todas aquellas formas de conflicto “en donde la otra parte rechaza levantarse y luchar limpiamente”, pero añaden que, para ser más exactos, es necesario considerar algún otro componente con mayor carácter definitorio.

Uno de esos componentes sería que en la 4GW se rompen los marcos y las formas de hacer la guerra surgidas desde la paz de Westphalia. La guerra se realizará como antes de que el Estado se arrogase el legal monopolio de la guerra, el Estado pierde ese monopolio, y será frecuente que al menos uno de los oponentes sea no estatal. En general, los estados se debilitan. Aparecen nuevos actores que quieren influir en la escena internacional, medios de comunicación, Ongs, grupos religiosos, instituciones supranacionales... Los lazos nacionales se debilitan a favor de otros en función de la etnia, la cultura, la religión... Y es que el mundo se organiza en redes interconectadas a las que se puede estar conectado sin ser controlado por ellas.

 

Diferentes tipos de entidades conducirán la guerra, entidades para los que todavía no se tiene una categorización clara y para los que tan sólo se ha sabido denominar de maneras peyorativas - terroristas, delincuentes, narcotraficantes, mafias...- y de sus combinaciones aglutinantes: narcoterrorismo, guerrilla narcoterrorista, etc...

En esta cuarta generación de guerra, no se distingue lo civil de lo militar, la paz de la guerra, el conflicto se torna absolutamente no-linear, hasta el punto de no tener campos de batalla o frentes definidos, es decir, el campo de batalla será el conjunto de la sociedad del enemigo. La meta es más colapsar internamente al enemigo que no destruirlo físicamente

La cultura y organización militar tendrá que seguir evolucionando del orden al desorden. La dispersión de objetivos requiere la operatividad de pequeños grupos que realicen acciones de gran impacto. Eso hará de la situación un entorno dinámico en el que, para conseguir los objetivos del mando, se deba actuar, incluso desde los niveles inferiores, con una gran flexibilidad. Las órdenes de misión habrán de responder a esa necesidad. El éxito dependerá, se valorará en función de la efectividad de operaciones conjuntas, las líneas entre la responsabilidad y la misión quedarán muy desdibujadas.

En segundo lugar, la dispersión de fuerzas llevará a una necesaria menor dependencia de una logística centralizada, se requerirá una alta capacidad para poder actuar y sobrevivir de manera autónoma y hasta del enemigo. Unidades pequeñas, con gran movilidad, soldados inteligentes, equipados con armas de alta tecnología, desarrollando labores de reconocimiento y golpeando objetivos clave. Los líderes habrán de saber seleccionar los objetivos (culturales, políticos, militares...) y poder concentrar rápidamente desde la dispersión equipos interdisciplinares que puedan asumir trabajos de manera muy flexible con mínima o inexistente supervisión en un contexto muy dinámico, sabiendo manejar una gran cantidad de información.

En tercer lugar, habrá un mayor énfasis en la maniobra. La dispersión y el valor añadido en el tiempo, requerirán de unidades pequeñas, muy maniobrables y ágiles. Grandes acumulaciones de masa de fuego o de hombres, o grandes instalaciones civiles y militares se convierten en una desventaja dado que son fáciles de convertir en objetivo.

En cuarto lugar, será necesaria una correcta identificación de los centros de gravedad estratégicos del enemigo. Recuérdese que la meta es más colapsar internamente al enemigo que no destruirlo físicamente. Las acciones de guerra se llevarán a cabo de forma que afecten concurrentemente a todos los niveles de los participantes, incluyendo a su sociedad como una entidad cultural, no tan solo como una entidad física. Por tanto, los objetivos incluirán aspectos tales como el apoyo de la población a la guerra o la cultura del enemigo. De hecho, los objetivos estarán más en el sector civil que en el militar. Los términos frente-retaguardia serán reemplazados objetivo-no objetivo.

En esta “extraña” forma de hacer la guerra, las fuerzas militares tradicionales juegan un papel mucho más reducido, aunque todavía crítico, respecto a anteriores generaciones. Ahora, las iniciativas centrales a desarrollar son algunas que en anteriores generaciones se utilizaban de manera más periférica: iniciativas políticas, sociales, psicológicas, diplomáticas, económicas... Resultar demasiado efectivo en lo militar puede ser incluso contraproducente y reforzar otros elementos de 4GW enemigos. Aquello que resulte ganador a un nivel táctico y físico puede hacer que se pierda a los niveles operacionales, estratégicos, mentales y morales, que son en los que se decide el conflicto de 4GW. Tan importante como encontrar y destruir los combatientes enemigos será, por ejemplo, secar las bases de apoyo popular que les permiten reclutar sus miembros y planear y ejecutar sus ataques. A veces, será necesario perder para ganar. Pero sigue siendo guerra, y el objetivo sigue siendo el mismo: imponer cambios al oponente o destruirlo.

Dos de las “técnicas” de 4GW más mencionadas serían el terrorismo y el conflicto de baja intensidad. El terrorismo, en tanto sobrepasa las fuerzas militares tradicionales y ataca de manera aparentemente no razonada a población civil, es considerado un componente importante de este modo de guerra. Pero no es su modo exclusivo ni definitorio per se. El terrorismo y los ataques indiscriminados a población civil se han dado en las anteriores generaciones de guerra, ha habido muchos más muertos civiles que militares, y no por accidente. Pero, dada la desaparición de la distinción entre lo civil y lo militar, es de esperar muchas más actividades susceptibles de ser presentadas o entendidas como terrorismo. El terrorismo es en gran medida una cuestión de maniobra: la potencia de fuego del terrorista es limitada, pero la elección de dónde y cómo aplicarla resulta crítica. Es decir, puede haber más terrorismo en 4GW, pero no será la única técnica utilizada, ni será la que defina esta generación de guerra.

Cuentan estos teóricos de 4GW que en la evolución de la insurgencia (y de la contrainsurgencia) se pueden observar también trazos que apuntan a la cuarta generación de guerra. La importancia que Mao Tse Tung dio a los factores políticos como forma de derrotar al enemigo, la utilización de las redes sociales, el uso de la propaganda...

El siguiente paso lo habría dado Ho Chi Min al introducir sus mensajes en las redes sociales internacionales y de la sociedad americana a través de redes de movimientos pacifistas, de solidaridad o de personajes famosos. A través de esas redes, sin controlarlas pero influenciándolas, consiguió cambiar la visión de la sociedad americana al respecto de la guerra. Cambió el énfasis desde la derrota de las fuerzas militares enemigas a la derrota de su voluntad política. Los ataques definitorios no fueron ataques directos a las fuerzas militares en el campo de batalla, sino más bien indirectos a su voluntad de continuar combatiendo.

El sandinismo en Nicaragua, la intifada palestina, y otros muchos conflictos catalogados como conflictos de baja intensidad son analizados en términos similares.

Los practicantes de técnicas de 4GW se confundirán en el contexto en que desarrollen sus actividades. Grupos transnacionales, sin ejércitos basados en un territorio, desarrollarán actividades similares a las del conflicto de baja intensidad, o de la guerra de guerrillas, prácticas estas que pueden hacer que grupos militarmente débiles puedan derrotar fuerzas más grandes y poderosas. La palabra guerrilla proviene de las técnicas de guerra que utilizaron los españoles contra la ocupación Napoleónica. Técnicas que podrían ser calificadas como de guerrilla se encontró también Alejandro Magno (356-323 a.c) cuando invadió la India (Wood, 2000).

Pero de igual manera que el mundo ha cambiado, el uso del terror o de técnicas de guerrilla, también ha cambiado y está preparado para ocupar un importante papel en el desarrollo de las futuras guerras. Estas técnicas, sin descartar el ataque de las capacidades militares del oponente ni el uso de armas y tácticas tradicionales en el momento oportuno, focalizan buena parte de sus esfuerzos en destruir la voluntad del oponente de combatir, de continuar la guerra. Todas las operaciones de fuerzas de 4GW deben apoyar este objetivo. Hay que ver quién lucha y por qué se lucha, su razón y legitimidad.

Componentes psicológicos y psicosociales, tales como la percepción, la información y los procesos basados en ella, la formación de actitudes, la influencia del razonamiento lógico, la inducción de emociones, los procesos de toma de decisiones individuales y sociales... serán determinantes. Las operaciones psicológicas pueden convertirse en el arma dominante a nivel operacional y estratégico, en forma por ejemplo de intervención en los media, en la información que proporcionen, para manipular la opinión pública nacional e internacional. Los noticiarios televisivos pueden convertirse en un arma más poderosa que una división acorazada. Lo político será clave. Palo y zanahoria, integración de las fuerzas militares con la población civil, integración física, moral y psicológica de los líderes políticos con su población, construcción y mantenimiento de alianzas y redes políticas antes y después de ganadas las batallas... todo ello será objetivo militar de fuerzas que desarrollen 4GW.

Como se comentaba anteriormente, las fuerzas militares habrán de cambiar su estructura, organización y competencias. El esfuerzo bélico irá más allá de lo militar, más allá de operaciones conjuntas o entre las diversas agencias gubernamentales. Creen que si el enemigo va a golpear a lo largo de todo el espectro de actividad humana, la respuesta nacional debe ser también coordinada a través de toda institución nacional.

Músculo y cerebro. Fuerzas de operaciones especiales, con unidades más pequeñas, altamente especializadas, capaces de desplegarse con rapidez y precisión, con capacidades logísticas y de armamento propias y altamente tecnificadas. La inteligencia cobra especial importancia, también una “inteligencia cultural”; operaciones psicológicas (PSYOP), netwar (guerra por y a través de redes sociales y de comunicación, uso de redes para transmitir mensajes), cyberwar, operaciones de información, de ayuda humanitaria, de mantenimiento de la paz, de control poblacional, utilización de fuerzas y técnicas policiales[53].

 

Una vez expuesta esta teoría, el autor hace sus comentarios críticos:

 

Valoran desde esta teoría que durante los últimos 500 años, la tecnología dio la ventaja militar a Occidente y que por ello tiende también a concebir nuevas formas de guerra en base a la tecnología y a su aplicación a partir de una cultura militar de orden que ha ido adaptándose. Pero creen que Occidente ya no domina el mundo... y que la 4GW puede emerger de tradiciones culturales no occidentales, como las islámicas y las asiáticas.

 

Dado que el mundo islámico no es fuerte en tecnología, ha de desarrollar nuevas formas de guerra basándose en ideas y no en tecnología.

 

Cada nueva generación de guerra ha significado un cambio hacia la desestructuración, hacia el desorden en el campo de batalla. La cultura militar ha permanecido como una cultura de orden y los servicios militares tradicionales se encuentran en contradicción con la desestructuración del campo de batalla.

 

Consideran que los terroristas solventaron la contradicción eliminando la cultura de orden, en su mayoría no tienen rangos, uniformes, saludos... Afirman estos teóricos que el hecho de que su base cultural sea no occidental les facilita potencialmente ese desarrollo adaptativo en consonancia con la naturaleza desordenada de la guerra moderna. Y concluyen que todo eso pone en desventaja a Occidente...

 

En una posición más retórica que paradójica, los defensores de estas teorías, estadounidenses muy conservadores, consideran a los mayores poderes militares que jamás ha conocido la historia, los que disponen de los mayores recursos, poder y tecnologías, como la parte más débil del conflicto. Consideran que se enfrenta un mundo de culturas en conflicto, en el que, por ejemplo, la cristiandad tiene enfrente a su más resuelto oponente, el Islam. Para ellos (Lind, 2004), el abandono de la tradición cultural judeo-cristiana, la “inmigración o las venenosas ideologías de ‘multiculturalismo’” (sic) son consideradas fragmentadores de la sociedad y caldo de cultivo para el desarrollo al interior de los países de diversas variedades de guerras de cuarta generación. Para ellos, la apertura y libertad de una sociedad democrática, sus fortalezas, son vulnerables puertas abiertas; que los terroristas “usan nuestros derechos democráticos no solo para penetrar sino también para defenderse. Si los tratamos con nuestras leyes, ganan muchas protecciones. Si simplemente les disparamos, las noticias de televisión los harán aparecer como víctimas” (Lind, Nightengale, 1989). Guantánamo o la “rendition” o subcontratación estadounidense de la tortura (Klein, 2005) puede ser fácilmente entendida en esa clave.

 

Guerra de culturas, choque de civilizaciones... categorías que conforman un cuerpo doctrinario militar que corresponde a idearios extremadamente conservadores, racistas, reaccionarios y fascistas. No por ello ha sido especialmente criticado. Sólo se le achacan a esta teoría ciertos defectos en sus cimientos metodológicos e históricos, pero se le valora su aplicabilidad y hasta es calificada a veces como “visionaria”.

 

4GW no es usar las fuerzas militares de maneras nuevas. Es entender la guerra de otra manera. La guerra, el mundo y la Vida. 4GW es hacer la guerra a lo largo y ancho de todo el espectro de la actividad humana. Los antagonistas lucharán en los terrenos políticos, económicos, sociales y militares y tratarán de comunicar sus mensajes a través no solo de los mass media sino de cuantas redes disponibles encuentren. Quieren guerrear en toda forma de Vida[54].

 

 

Como se puede ver, estamos ante una teoría de la guerra contemporánea que convierte a la misma no solo en permanente, sino en irregular, aunque ya a escala planetaria, aunque focalice intermitentemente regiones de conflicto. Se trata de una guerra que borra las diferencias entre sociedad civil y ejército; por lo tanto, ataca en conjunto y de manera integral, aunque lo haga empleando distintos métodos, para afectar al ejército enemigo o a su población. Combinando, sin embargo, los procedimientos, incluso usando un procedimiento compartido para ambos, el ejército enemigo y la población; por ejemplo, los bombardeos sistemáticos y focalizados. Se trata también de una guerra de la información, por eso mismo, de la desinformación y contra-información. Así como una guerra mediática y de redes. Es una guerra que apunta a aislar al enemigo de su propia población y, esto es sintomático, del apoyo o simpatía que pueda encontrar en la población y sociedad civil de su antagónico enemigo. Esto es sintomático, pues parece que ha quedado la marca de lo acontecido durante la guerra del Vietnam, cuando parte de la población de los países occidentales, de las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial, de la híper-potencia militar-tecnológica-económica-comunicacional, se volcó a las calles en contra de la guerra.

 

Entonces, es como se buscara aislar a la población propia de cualquier predisposición de simpatía al enemigo o de animadversión a la guerra. En este sentido, se emplea no solo la guerra mediática y de la información, sino incluso métodos de terror para alejar a la población critica de cualquier apoyo, simpatía e indulgencia con el enemigo.

 

Estamos pues ante una guerra donde se extiende la figura del enemigo a las propias fronteras, convirtiendo a la propia sociedad civil, a la propia población, en enemigo potencial, pues debilita a la moral, al rendimiento, a la operatividad, del propio ejército.

 

Paradójicamente, asistimos a una especie de admiración del enemigo combatiente, de sus tácticas flexibles, de sus estrategias eficaces, a pesar del limitado alcance de fuego, de sus comportamientos desmesurados y demoledores, que no tienen reglas ni miramientos. En pocas palabras, una especie de admiración de su despiadado accionar.

 

Estamos entonces ante una forma de guerra donde los ejércitos enemigos aproximan sus perfiles, se vuelven cómplices de tanto combatirse. Se encuentran más próximos entre ellos que con sus propias poblaciones y sociedad civil, a la cual, mas bien, la consideran despectivamente, por débil, vulnerable, inconsecuente, por blanda, además de susceptible de ser permeada por la “ideología” y cultura ajena. Por eso, incluso ambos enemigos, terminan actuando contra su propia población, para educarla, para formarla en la cruda realidad de la guerra, o, en su caso, para amenazarla y manejarla por el terror. Los castigos, los ajusticiamientos, las masacres, efectuadas por los fundamentalistas van por ese camino. Los montajes terroristas en las propias ciudades del ejército o mejor dicho del aparataje informático, mediático, de inteligencia y militar, del bloque que “combate al terrorismo”, van también por ese camino.

 

No es pues una casualidad, tampoco una improvisación, menos un azar fatal, lo que pasa en el mundo, ahora, con esta distribución y secuencia de actos terroristas, cada vez más descomunales, violentos y aparentemente irracionales.

 

Para estos complejos aparatajes militares-tecnológicos-económicos-cibernéticos, implicados en la “guerra contra el terrorismo”, la tercera guerra mundial ya ha comenzado. No es una guerra como la primera y segunda guerra mundial, declarada, formalizada, contando con los agrupamientos respectivos de alianzas y aliados, sino una guerra sin cuartel, no declarada, difusa, empero, evidente, por los enfrentamientos dispersos e intermitentes que se dan en el orbe, en todos los planos sociales.

 

Por eso se explica el empleo abrumador de métodos de la llamada cuarta generación de la guerra, métodos de una guerra total, aunque de forma diferida y dilatada, extendida imperceptiblemente, sin embargo, focalizada intensamente en determinados puntos del conflicto. Métodos que atacan en todos los planos de intensidad de la sociedad. Métodos que emplean procedimientos “terroristas” para impactar en la sociedad del enemigo; pero, también en la propia sociedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hacia el Estado de excepción mundial

 

Un refrán popular bastante conocido dice: En río revuelto ganancia de pescadores. Vale la pena aplicarlo a esta historia reciente tan enrevesada del ISSIS y su “guerra santa”. La pregunta es: ¿Quiénes son los pescadores? Desde el atentado a las Torres gemelas los atentados subsiguientes, las incursiones de Al Qaeda, el régimen de Al Qaeda en Afganistán,   la guerra contra Al Qaeda, la invasión a Irak, la destrucción de Líbano, las intervenciones en África, la aparición del ISSIS, los atentados del ISSIS, sus incursiones, la ocupación de parte de Irak y parte de Siria, benefician notoriamente a la política guerrerista e intervencionista del imperio. Por otra parte, el planteamiento de los gobiernos es recurrir a restricciones de los derechos, para poder efectuar de mejor manera la “guerra contra el terrorismo”. En el fondo lo que pide es contar con el Estado de excepción. Esta vez, no solo en los países afectados por los atentados, sino en el mundo. Se trata de una especie de Estado de excepción mundial.

 

Parece que es este objetivo jurídico-político, el del Estado de excepción, también fantasma, así como horizonte estatal, lo que puede aclarar el conflicto del Medio Oriente, la emergencia y aparición del ISSIS, sus atentados e incursiones en Norte América, en Europa, en Asía y África.

 

En Estado de excepción escribimos:

 

El Estado de excepción es el que suspende los derechos, incluso los fundamentales. Ciertamente la medida de excepción la toman los gobiernos en momentos de emergencia y de crisis, sobre todo cuando ésta se encuentra en sus momentos más candentes. El justificativo casi siempre es la seguridad del Estado contra la subversión. Empero también se interpreta la excepción como el origen instituyente del Estado; el Estado nace en la excepción misma, se construye sobre la base de esta suspensión de los derechos, sean adquiridos o naturales. El Estado emerge ante una sociedad que se supone disgregada y en conflicto. El Estado se propone como el unificador y como la unificación misma, como si fuese la síntesis misma de la sociedad, aunque esta síntesis expropie y anule la libertad social. Hay pues una violencia inicial en la matriz del Estado y también en la ley, además de que cuentan, el Estado y la ley, con la posibilidad de recurrir a la fuerza para hacer cumplir la ley y hacer respetar la existencia del Estado.

La excepción es la que confirma la regla; la regla es precisamente el cumplimiento duradero de esta excepción. El monopolio de la violencia, el monopolio de la verdad, el monopolio de la representación, confirman esta perdurabilidad de la excepción misma, llevada a la práctica en todos los terrenos de la estatalización. El Estado existe en un permanente enfrentamiento con la sociedad, a la que considera como la cuna de los múltiples desbordes, de las plurales transgresiones. La existencia de la sociedad es un peligro constante para el Estado. Lo paradójico es que el Estado requiere de la sociedad para existir, se alimenta de las energías sociales, aunque las absorbe y las desvía en beneficio propio, debilitando las iniciativas sociales. Por su parte, la sociedad se defiende, se expande, se potencia, arrancándole al Estado la ampliación de sus derechos y obteniendo conquistas sociales, políticas, económicas, culturales. La sociedad existe cuestionando la propia excepción, raíz del Estado mismo.

Los conflictos manifiestan esta lucha profunda, esta contradicción desgarradora, esta pugna por los derechos, por parte de la sociedad, y esta búsqueda insaciable por consolidar el poder, por parte del Estado; lucha por la emancipación, por un lado, lucha por la legitimación, por otro lado. Este combate puede tener periodos de paz, empero se trata de la guerra en la filigrana de la paz. La tensión latente emerge con fuerza en momentos de crisis; la crisis empuja el volcán latente a emerger. Las crisis se dan cuando se rompe el inestable equilibrio, cuando los ciclos culminan su recorrido, cuando se rompen pactos, cuando se rompen acuerdos, cuando se suspenden los derechos vulnerándolos.

El Estado tiene también sus ciclos, mas bien, su genealogía; no es el mismo Estado en distintos periodos, en diferentes épocas; incluso ha sido destruido por revoluciones. Empero parece resurgir de sus propias cenizas. Estas revoluciones no sustituyeron al Estado por otra cosa, por una asociación libre de productores, por la comunidad, que pone en cuestión la apropiación privada de lo común, también la apropiación pública de lo común. Ante un Estado que defiende la propiedad privada, el Estado que defiende lo público no es la alternativa, pues es la otra cara de la medalla. Lo alterativo, lo distinto, la diferencia histórica y política radica en la comunidad, en la defensa de lo común por parte de las asociaciones sociales[55].

 

Se puede decir, con las diferencias del caso, que corresponden a la escala mundial, ya no nacional, que se trata de algo parecido, en la experiencia política de la contemporaneidad. No es el Estado-nación, no es el Estado-nación de las potencias imperialistas, que, en la actualidad, se encuentran subordinadas a conformaciones trasnacionales; esta vez, de los complejos trasnacionales económicos-politicos-tecnológicos-cientificso-militares-mediaticos. La gobernanza o, mejor dicho, la gubernamentalidad mundial, no se efectúa por medio de los Estado-nación, aunque se encuentren en el mapa de poder del orden mundial, del imperio, sino principalmente a través de redes, mallas, sistemas entrelazados, de estos complejos trasnacionales de la híper-modernidad, del sistema-cultura-mundo capitalista. La red de estos complejos trasnacionales, que, además, ya han desplazado a la misma forma imperio de la dominación mundial, del orden mundial, impuesto por las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial, busca basar su dominación global e integral, su gubernamentalidad mundial y múltiple, en el Estado de excepción mundial.

 

 

 

La guerra como montaje

 

 

El montaje consiste en escoger, ordenar y unir una selección de planos de intensidad de registros, de acuerdo al proyecto diseñado, a sus funcionamientos y procesos inherentes; considerando la trama asumida como interpretación hegemónica, donde las estructuras dominantes, los diagramas de poder y las cartografías de fuerza se asumen como el centro o los centros, los protagonistas de la historia reciente. La sucesión de cuadros imaginados, de versiones de las representaciones, de las “ideologías” circulantes, que aparecen en las formas de difusión comunicativa, se constituyen en lo que podemos llamar cultura-mundo, como denomina Gilles Lipovetsky. Cada cuadro, cada versión, cada forma representativa, cada “ideología” de difusión, supone su continuidad y respuesta en el cuadro siguiente. Los tensionamientos psicomotrices, psíquicos, psicológicos, de los espectadores, son sostenidos y efectuados por las sucesiones continuas de las narratividades de la modernidad tardía.

 

 

Estamos ante el montaje de la guerra o la guerra como montaje. La realidad, si todavía podemos hablar de ella, ya no es lo que se concebía como tal en la modernidad, la totalidad de los hechos, tampoco, un poco después, en acto deconstructivo y crítico, lo que produce el poder como realidad, sino para esta manera virtual, informática, cibernética y mediática, de imponer una idea de realidad, de la cultura-mundo, es un montaje sofisticado, minucioso, detallado, sobresaliente, múltiple, integrado, que postula la invención banal de lo plural y a la vez homogéneo.

 

En esta contemporaneidad, en este presente de la historia reciente, la guerra es un montaje múltiple e integrado, en los múltiples planos de intensidad de la complejidad, sinónimo de realidad, de las prácticas y actividades instrumentales de estos complejos trasnacionales que extiende su gubernamentalidad en el orbe.

 

La “guerra contra el terrorismo” es un gran montaje de este estilo. Un montaje, que hace de andamiaje en la construcción híper-moderna del sistema-mundo-cultura-capitalista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El orden mundial delincuencial

 

 

 

 

 

¿Qué es lo que defiende la OTAN? ¿El orden mundial? ¿No es más bien, ahora, el desorden mundial? Cuando se evidencian las conexiones entre la OTAN y el ISSIS, aunque hayan tratado de ocultarlas; por ejemplo, cuando hacen como no ocurriera nada con el Estado turco, miembro de la OTAN. El Estado turco, que compra petroleo al ISSIS, que desde su territorio salen comboys cargados de armamentos para el ISSIS, que derriba un bombardero ruso en la fontera, en territorio sirio, porque esos bombardeos efectuados destruyen las lineas de abastecimiento de ISSIS; el Estado turco, que ataca al pueblo kurdo que combate heroicamente al ISSIS. Se hace evidente el juego geopolítico de la OTAN, en la cuarta generación de la guerra[56]. Guerra que habría que calificarla como de la tercera guerra mundial, ya comenzada; empero, con caracteristicas de baja intensidad, afectando todo el orbe.

 

Cuando escribimos Estados delincuenciales[57], deciamos que esta figura contra-“ideológica” ayuda a describir a los Estado-nación potencias mundiales, dominantes en el sistema mundo capitalista, en la etapa del capitalismo tardío, concretamente del capitalismo especulativo. Esta figura aparece como complementaria y contrapuesta al seudo-concepto, inventado por la inteligencia tradicionalista, por los “ideologos” del conservadurismo norteamericano, de la         “ideológía” imperial de Estado canalla. Lo sorprendente es que los estados dominantes, que califican de estados canallas a los estados subalternos no sumisos, un tanto rebeldes, un tanto pretendidamente autónomos, han terminado convirtiéndose en estados delincuentes. Amparan, promueven, usan, las delincuencias, que atraviesan el mundo, en su provecho. Controlan los tráficos; cuando no pueden hacerlo, los atacan; por lo tanto, a parte de los circuitos de estos tráficos; blanquean en gran escala a traves del sistema financiero internacional, ocultando metódicamente este procedimiento. Conforman grupos radicales de yihadistas; primero, para combatir al ejército rojo en Afganistan; después, para atacar y destruir el Estado libio; actualmente para destruir el Estado-nación arabe sirio, después de haberlo hecho con el Estado de Iak, por medio de una invación convencional. En la actual coyuntura del Medio Oriente, trasladan el armaneto empleado y capturado en Libia a Siria, a través de Turquia, para armar al ISSIS. Encubren el contrabando de petroleo robado a Siria por el ISSIS, en los territorios ocupados, encubren toda la logistica armada para la “guerra santa”, emprendida por el ISSIS. Encubren entonces todos los métodos delincuenciales empleados tanto por ellos, la OTAN, como, de manera, más tosca, por el Estado turco.

 

¿Cuál es el orden mundial que defienden? Ya no nos encontramos en el capitalismo pujante de la revolución industrial del siglo XIX, ya no estamos en el capitalismo monopólico y financiero, que dio lugar a los imperialismos del capitalismo de Estado, como caracterizaba el marxismo austriaco; estamos ante un capitalismo delincuencial, no solo especulativo. Este capitalismo no solo busca las tasas de retorno cortas y rápidas, para evitar no solamente el prolongamiento de las inversiones de largo plazo, como las industriales, sino para administrar la crisis de sobre-producción, convirtiéndolas en crisis financieras. En otras palabras, exquilmando a las poblaciones. Abre créditos a gran escala, con muchas facilidades; promueve la venta, sobre todo de inmuebles, a los que los valoriza con precios inflacionarios; empuja a los deudores a una situación donde no pueden pagar; refinancia sus deudas, para después quitarles los imubles impagables. Asi, como este caso, ocurre en todo los casos donde circula la deuda financiera. Los pueblos se han convertido en los deudores de estos esquilmadores mundiales[58]. ¿No son estos actos delincuanciales?

 

Por más legalizados e institucionalizados que se encuentren, incluso a escala mundial, estos procedimientos no dejan de ser delincuenciales. Estamos, entonces, ante un orden mundial delincuencial, conformado por estados delincuenciales. La pregunta es: ¿Cómo el orden mundial imperial, ya consolidado, después de la caída de la URSS, ha podido incursionar esta ruta provisional, del desorden mundial, de carácter delincuencial?  ¿Es que la Federación Rusa y la República popular China estorban en la proyección de una dominación mundial unipolar? ¿O es que la crisis orgánica y estructural del capitalismo ha llegado a fondo y se requiere estrategias de emergencia, de carácter miltar; empero, de una cuarta generación erstratégica, para buscar salidas conspirativas de alto nivel y extremadamente sofisticadas? ¿O, de manera más pedestre, la decadencia de la civilización moderna, ha caído en juegos de poder tan teatrales, aunque peligrosos, en contraste de lo que fueron estos juegos de poder antes? Sin dejar de ser juegos de poder, la diferencia es que ahora se efectúan, usando una figura para ilustrar, como deporte de estos complejos aparatajes de inteligencia, tecnología, militar y mediatica. En estos juegos de poder se juega a ganar como en los juegos de video tape, sin importar los costos humanos y sociales. De lo que se trata es de la astucia de la estrategia, que, por cierto, puede ser cada vez más audaz y sorprendente.

 

Estamos ya en un orden mundial delincuancial, operativo, aunque no, todavía instiutucionalizado; sin embargo, practicado. Un orden donde no son los delincuentes comunes los que han asumido el poder, tampoco exactamente los jefes de los carteles o de los monopolios de los tráficos, sino aquéllos que ya tenían el control del poder mundial, que, llamativamente, encuentran en los procedimientos y métodos paralelos de la ecoomía política del chantaje, las formas de su propia continuidad. No es, entonces, la asunción del control mundial, ni de los delincuentes comunes, ni de los carteles, sino que ambos, mas bien, han sido subordinados y subsumidos a la maquinaria de dominación del capitalismo financiero. En la etapa financiera del ciclo del capitalismo vigente, los procedimientos de la economía política del chantaje son adecuados para la apropiación del excedente por parte del capitalismo especulativo.

 

En los juegos de poder, en el contexto de este orden munidal delincuencial, todo vale, con  tal de ganar, en este caso, ganar la guerra inventada. No importa cómo, los fines justifican los medios. Se puede ser más fundamentalista que los propios fundamentalistas; se puede promover el terrorismo; se puede dejar que los yihadistas ataquen  no solo en sus territorios, sino también el los propios territorios, de las potencias, a la propia población, con tal que se obtenga lo buscascado; aislar al enemigo, no solamente de sus bases sociales, sino también de cualquier simpatía o apoyo de la propia sociedad. Para ganar la guerra se pueden emplear todos los medios, incluso los más excecrables, como el terrorismo contra la propia población, para educarla, para que aprenda quíen es el enemigo, de qué es capaz; por eso debe confiar en sus conductores, en su ejército, en sus servicios de inteligencia. Por eso, debe darles independencia, sin restrticciones, para que se haga lo que se debe hacer, para ganar la guerra.

 

¿A dónde nos conduce todo esto? ¿Pueden ganar la guerra de este modo? ¿En caso que les surtiera efecto sus conspiraciones y montajes, habrían ganado la guerra? No. Desde el momento que emplean estos métodos, estos procedimientos, de prácticas de poder paralelas, perdieron la guerra. Puede que sus objetivos se cumplan; empero, son objetidos conseguidos sobre montajes; son objetivos cumplidos en el mapa simple, esquemático, de la geopolitica de la cuarta generación de la guerra. Donde el enemigo se vuelve una caricatura, el amigo otra cariucatura; estas caricaturas resuenan por su simpleza. Se trata del perfil caricaturezco de los combatientes opuestos. El mundo efectivo no se reduce, de ninguna manera, a la simpleza de este plano abstracto de caricaturas. No ganaran la guerra, pues solo la ganaran imaginariamente, en el mundo de las representaciones. Mientras que, en el mundo efectivo, los espesores y los planos de intensidad, siguen alrticulados como estaban antes. Ésta, la de la ilusión de la victoria, es ya una derrota.

 

El problema es que todos estos juegos de poder causan estragos. Detruyen estados, paises, sociedades. Este es un costo demasiado alto, no solo para el enemigo, como los conspiradores piensan, sino sobre todo para los amigos; incluso para el propio Estado potencia, involucrado en tamaño juego arriesgado. Los únicos que ganan, en sentido concreto, ganar en mantener altos presupuestos injustificados, son los servicios de inteligencia y estos complejos aparatos militares-tecnológicos-cibernéticos-comunicacionales.

 

¿Acaso se trata de mantener un estado de guerra permanente? ¿Acaso creen que pueden arrinconar a la Federación Rusa y a la Republica Popular de China, incluso ganarles una guera, donde, en realidad solo todos pierden? ¿Cuál es el sentido de esta geopolitica de los juegos de poder de la estrategia de la cuarta generación de la guerra? Todo parece apuntar a la constatación de algo alarmante. En verdad, no hay una estrategia, en el sentido de lo que quiere decir este concepto, por lo menos, en lo que respecta a la estrategia militar. La estrategia militar, que combina la palabra estrategia, que viene del griego stratigos o strategos, στρατηγός, que literalmente significa líder del ejército, y la palabra militar, que proviene del latín militarius, que se refiere a miles, cuyo genitivo es militis, que quiere decir soldado. La estrategia militar es como el esquema efectuado por las ordenaciones, las distribuciones, las formaciones y las disposiciones militares, en la perspectiva de lograr los objetivos establecidos. La estrategia militar instala el planeamiento y la dirección de las campañas bélicas, así como del movimiento y disposición estratégica de las fuerzas armadas. En las guerras convencionales, tiene por propósito dirigir las tropas en el teatro de operaciones, conduciéndolas al campo de batalla. Esta es una de los tres aspectos del arte de la guerra. Las otras dos serían: una, la táctica militar, que gravita en la correcta ejecución de los planes militares y las maniobras de las fuerzas de combate en la batalla; la otra, el tercer aspecto, sería la logística militar, consignada a sostener al ejército y asegurar su disponibilidad, además de su capacidad combativa[59]. En la guerra de cuarta generación, la estrategia se disemina en la proliferación de tácticas casi autónomas, que hacen como distintos trayectos en diferentes planos, no solamente militares, sino políticos, “ideológicos”, mediáticos, culturales. La estrategia no es exactamente ganar la guerra, sino dominar el mundo, aunque aparentemente parezca que se la pierde. En principio, aparece un rasgo característico de la guerra de baja intensidad, en su dimensión local; se trata de la guerra de contención y control. Después, aparece otro rasgo, menos visible; de lo que se trata no es vencer a las fuerzas enemigas de una manera contundente, sino de mantenerlas ocupadas, desgastándolas, mientras se gana a la opinión pública del país de las fuerzas enemigas, además de ganarse a la opinión pública del propio país, siempre recelosa. Se puede hipotetizar un tercer rasgo; no se trata de acabar la guerra y fundar una paz definitiva; no hay última guerra, sino guerra permanente.

 

 

En Estados delincuenciales escribimos:

 

La “ideología” conservadora estadounidense se ha inventado el seudo-concepto de “Estado fallido”, más conocido como “Estado canalla”. Pretendiendo describir, hasta definir, a los estados no cumplidos, estados que no habrían logrado su legitimidad. Aunque no toquen a propósito, el concepto de soberanía, corrigiendo su falla teórica, podemos decir, que no cumplirían con la soberanía; esto último sobre todo para describir mejor la descripción incompleta que hacen esos seudo-discursos teóricos. Un “Estado fallido” sería un Estado que ha fallado como Estado; es decir, como sociedad política, usando el discurso de la ciencia política y de la filosofía política. Que sintetiza la sociedad civil, plural y diversa. Este discurso prácticamente se queda ahí en cuanto a la descripción del tema que pone en mesa. No acude a buscar las causas de este fenómeno, usando su propia lógica y metodología; salvo sus hipótesis sobre la ausencia institucional, la falta de democracia. Hipótesis dichas de manera general, tan general, que puede ser usada para cualquier parte, por lo tanto, para ninguna.

 

El problema de este discurso conservador de la “ideología” reaccionaria norteamericana, es que, primero, se basa en un concepto pobre de Estado. Estado como institucionalidad liberal lograda, parecida, obviamente, a los moldes que experimentan en sus países. La misma discusión de la filosofía política, que ya es conservadora desde sus inicios, en el buen sentido de la palabra, es reducida a las grises conclusiones de que el Estado democrático es equivalente al Estado liberal. Sobre esta base pobre y, por cierto, débil, se construye la opaca figura del “Estado fallido”. Sin embargo, lo que les tiene sin cuidado a los “intelectuales” de semejante “ideología” política es la consistencia teórica; esto puede quedar en apariencias, difundidas en ediciones numerosas por el mundo. Lo que interesan son las conclusiones políticas. ¿Qué se hace con los “estados fallidos”? Como no tienen legitimidad, se los ignora, se ignora la soberanía, que no tienen; tienen que ser conducidos hacia el cumplimiento del Estado liberal, el fin de la historia.

 

A partir de este discurso “ideológico” conservador, se ha montado toda una estrategia mundial; en la práctica se desconoce la soberanía de los identificados como “estados fallidos”. Llevando, primero, a intervenciones dispersas y fragmentarias; para después, convertirse en intervenciones secuenciales, en distintos planos, que pueden terminar con intervenciones militares. Aunque estas intervenciones sean veladas, como en el caso de las concomitancias de sus agencias de inteligencia con los carteles mexicanos, incluso antes con los carteles colombianos, o, en su caso, de forma más elaborada, con la conformación de un supuesto Estado Islámico, que destroza la soberanía de Estado-nación árabes. La forma más parecida a las intervenciones imperialista del siglo XX, son las que son evidentes intervenciones militares de los ejércitos de las potencias dominantes del orden mundial.

 

Hay que decirlo, el “Estado fallido” no es un concepto; es un dispositivo “ideológico” de intervención militar. No ayuda ni a describir una singularidad histórica-política, menos a comprender su estructura, su historia política, por así decirlo. Se trata de un dispositivo discursivo, que ayuda a llenar vacíos, con el objeto, de una aparente descripción de algo que no se comprende ni se conoce; pero, si se conoce lo que se quiere. Se quiere dominar, expandirse, ampliar las fronteras del extractivismo destructivo.

 

Al respecto, es indispensable que todos los pueblos del mundo, accedan a la información de lo que ocurre, sobre todo los pueblos de estas potencias dominantes. Pues los pueblos de estas potencias son también víctimas de la híper-burguesía dominante, compuesta de capitalismo especulativo y capitalismo extractivista, ahora fuertemente articulado con el capitalismo perverso de las mafias, los carteles y los tráficos.

 

Lo irónico de los postulantes del seudo-discurso del “Estado fallido” es que su estrategia mundial contra los llamados “estados canallas”, arrastró a sus países a una metamorfosis perversa, convirtiéndolos en “estados delincuentes”, sobre todo por sus conexiones con carteles, mafias, para-militares, simulaciones terroristas, tráficos, lavados de dólares en gran escala; particularmente por medio del mismo sistema financiero internacional.

 

 

 

 

Estado delincuente

 

 En principio vamos a usar este término de Estado delincuente como dispositivo contra-ideológico, por así decirlo. Sin pretensiones conceptuales. Tan solo intentando desarmar no solamente el discurso de “Estado fallido”, sino también poner en evidencia la estrategia policial mundial e intervencionista de las potencias dominantes del orden mundial, que llamamos imperio. También, en segundo lugar, nos interesa describir, las características políticas, policiales y militares de estas intervenciones, de guerras de laboratorio. Por último, en tercer lugar, intentaremos pasar del dispositivo contra-ideológico de Estado delincuente a un concepto, que quizás tenga que adquirir otro nombre.

 

El Estado delincuente es un Estado, es decir, una malla institucional nacional, con redes y conexiones mundiales, en lo que llamamos la estructura de poder del orden mundial. Se describe como Estado delincuente por sus conexiones con las redes de los tráficos, los ejércitos paramilitares, con los circuitos de lavados a gran escala, usando los medios institucionales financieros. En principio, se cree usar estas conexiones tácticamente, como sabotaje; sin embargo, lo que ha mostrado la historia reciente, es que se convierte esta provisionalidad en perdurable. Este es el caso, por ejemplo, de la contemplación magnánima, por parte de los servicios de inteligencia, el Congreso y el gobierno de la híper-potencia mundial, de las mallas y redes y concomitancias encadenadas de burguesía y mafias en Colombia. No estamos pues ante una táctica provisional, sino ante una estrategia practicada, aunque no se la quiera, por lo menos, en parte del gobierno y del Congreso.

 

A pesar de la virulencia, la perversidad de estas formas de manifestarse de lo que llamamos el fenómeno del Estado delincuencial, la característica delincuencial más evidente y extensa es la dada por las formas de la exacción financiera. Se ha empujado, no solamente a los pueblos del sur, sino, también a los del norte, a crisis financieras, a precios de inflación, a crisis hipotecarias, llevando no solamente a cientos de miles de familias a la ruina y a la perdición, sino hasta millones de familias. Como era de esperar, en este capitalismo especulativo, la intervención financiera para salvar de la crisis, atendió a los bancos y al bolsillo de familias de esta híper-burguesía.  Si comparamos el impacto cuantitativo de esta destrucción del capitalismo especulativo en la cohesión social, vamos a observar que es muchísimo mayor y más importante, que el propio impacto cuantitativo de los tráficos, que también son cifras no despreciables. Entonces no es incoherente afirmar que el capitalismo financiero y el capitalismo de los tráficos, teniendo en el medio al capitalismo extractivista, van de la mano.  

 

 

¿Por qué las potencias dominantes de la geopolítica del sistema-mundo capitalista han caído en esto? Para no extendernos en esto, remitiéndonos a lo que escribimos, diremos, como hemos dicho, que ya no estamos en el modo de producción capitalista, sino en el modo de des-producción del capitalismo especulativo, que ya no estamos en la política, en sentido, incluso restringido, sino en la anti-política; por lo tanto, que ya no estamos en la economía, sino en la anti-economía. Todo esto forma parte del sistema-mundo del capitalismo especulativo. En estas condiciones, lo que menos interesa es la producción; obviamente, mucho más lejos se encuentra alguna alusión al bienestar general y al equilibrio ecológico. Lo que importa es la especulación; lograr súper-ganancias en el más corto tiempo posible; sobre todo vendiendo gato por liebre.

 

Si el Estado, en su genealogía, que para nosotros es un imaginario institucional, alguna vez pareció ser, por lo menos en las formaciones discursivas de la filosofía política, en su inicial modernidad, factor indispensable de cohesión social, de soberanía popular y de democracia formal, es, ahora, todo lo contrario, por así decirlo. El Estado delincuencial destruye toda cohesión social, hace dependiente a familias, a individuos, a colectivos diseminados. El Estado delincuencial anula toda soberanía popular posible, no solamente en los Estado-nación subalternos, sino, incluso, esto es lo llamativo, en los Estado-nación dominantes.  El Estado delincuencial no acepta la democracia, incluso formal, pues atenta contra la propia existencia de esta geopolítica extractivista-financiera-traficante; en este sentido, puede difundir una demagogia seudo-democrática, que en la práctica, es la muerte de la democracia, incluso formal. Bastan como ejemplos las llamadas leyes antiterroristas aplicadas en los estados.

 

¿Dónde se encuentra, si no es la legitimidad, la simulación de legitimidad, de semejante Estado delincuencial? En los medios de comunicación de masas, cuyas cadenas funcionan mundialmente. Para decir algo, no es con la realidad con la que están en contacto y de la que informan estos medios de información y de comunicación, sino con el deseo de la gente, deseo manipulado por los medios de comunicación de masa. Asistimos pues a la transformación del mundo; empero, en el sentido de su radical decadencia. 

 

 

El nihilismo extremo: la desaparición

 

Asistimos a la radicalidad extrema del nihilismo, la desaparición. El nihilismo de hoy se diferencia del nihilismo de los siglos pasados, que abarca la llamada modernidad, en que no solo se trata de la suspensión de los valores, la inversión de los valores, la apuesta por la metafísica, incluso, la apuesta por la economía política generalizada, sino por la desaparición de todo lo que implica la cohesión social. Algún discurso economicista supone que la intervención confeccionada en el medio oriente, destruyendo la soberanía de los Estado-nación árabes se debe al angurriento control de los recursos petroleros. El control, incluso en caso de propiedades estatales, y políticas soberanas, la tienen los monopolios de los mercados, de los procesos industriales, de las ciencias y las tecnologías, de las comunicaciones y del aparato fabuloso militar. No necesitan ni siquiera intervenir para mantener el control. Esta tesis nacionalista siempre pecó de esa debilidad; reducía el conjunto de relaciones de poder a temas de propiedad. Esta ingenuidad, si bien sirvió, en el siglo XX para cohesionar discursos ideológicos contra-hegemónicos, ahora son obstáculos epistemológicos para comprender la problemática del poder en la actualidad.

 

En este desenlace, la primera impresión, es que se trata del deseo del deseo, algo imposible de cumplir. La permanente insatisfacción creciente. Sin embargo, parece que no es tan así, a pesar de lo sugerente de la hipótesis psicoanalítica. En primer lugar habría que decir por qué hay deseo del deseo, en estas condiciones histórica-políticas mundiales y con estas características. Hablando de una manera menos teórica, lo insólito de lo que ocurre, es que parece que se trata no solo de dominio y control, sino de verificar, por así decirlo, el dominio y el control. Esta enfermedad metodológica parece atravesar a las mallas institucionales, sobre todo las mallas que cubren al campo opaco de los servicios de inteligencia, de las potencias dominantes del sistema-mundo capitalista. ¿Por qué esta necesidad incontestable? La hipótesis terrible que lanzamos, no tanto para afirmar alguna pretensión de explicación, sino para provocar un debate urgente, es: Los dispositivos de poder mundial ahora funcionan para la desaparición.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crítica de la economía política cultural

Constelaciones de singularidades

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El problema del lenguaje, de los conceptos, de las representaciones, refiriéndonos a las teorías, narrativas e imaginarios de la modernidad, es que se atribuye propiedades perdurables, generales, a los referentes de los que hablan estas teorías, estas narrativas y estos lenguajes. Como si la propiedad inherente a la palabra, propiedad supuesta como representación, mucho más, si se trata de la propiedad supuesta en el concepto, fuese atributo del referente. El referente o los referentes no contienen las propiedades atribuidas por el lenguaje, por las narrativas, por las teorías. Esas propiedades atribuidas, son imágenes, son representaciones del lenguaje, son ideas; en el caso de los conceptos, son síntesis categoriales. Esta operación imaginaria ayuda en la interpretación y comprensión del fenómeno o los fenómenos que se experimentan; ayuda también en la comunicación, usando el lenguaje, que se refiere a la interpretación de la experiencia. También, con el instrumento del lenguaje, con los dispositivos de las teorías, con las tramas de las narrativas, se cuenta con toda una heurística operativa, para incidir en los acontecimientos.

 

Podemos, entonces, hablar de un pragmatismo, en sentido amplio, no en el sentido restringido, reducido a la connotación de utilidad; no se trata del pragmatismo utilitarista, sino del pragmatismo de la acción, del pragmatismo de la incidencia material, como el pragmatismo lingüístico. El pragmatismo del que hablamos es del pragmatismo que no vamos a llamar “cultural”, pues precisamente, comenzamos a criticar este universal, que atribuye la propiedad compartida de espíritu a la cultura, de las naciones, de los pueblos, de las civilizaciones. Con este atributo, se borran las complejidades, obviamente en las representaciones, otorgándole a la cultura una estructura, unas funciones, unas características compartidas, a pesar de las diferencias históricas, sociales, espacio-temporales. Todas las culturas son cultura.

 

Estos esquematismos, reducciones y generalizaciones, que se llamaron universales, en la modernidad, ciertamente ayudaron al estudio de las sociedades. Incluso al estudio comparado, fuera de los históricos. Ayudaron a construir teorías sobre las sociedades, a interpretar y explicar sus culturas y civilizaciones. Sobre estas teorías se ha avanzado a filosofías, que interpretan el destino de la humanidad.  Corrientes filosóficas y políticas han entablado su debate. Sobre todo sobresale el debate sobre la cultura y la civilización moderna, contrastando con las interpretaciones de las sociedades antiguas. Las “ideologías” también suponen este arsenal teórico, aunque lo manejen de manera más bien provisional e intrépida. Sin embargo, cuando la misma modernidad parece haber ingresado como a su etapa tardía. Cuando muchas voces anuncian su decadencia o, si se quiere, su transformación, más vertiginosa y acelerada, la discusión sobre esta modernidad acelerada, que ya no pone en suspenso valores e instituciones tradicionales, sino también el mundo, se vuelve harto dificultosa y complicada, si se mantienen los mismos instrumentos de análisis; el lenguaje heredado, teorías universalizantes, narrativas, cuyas tramas son teleológicas, impiden un debate esclarecedor, al mantener las propiedades representativas en acontecimientos que nunca fueron ni universales, ni generalizables. Se trata de acontecimientos que integran singularidades, siendo también los acontecimientos singulares.

 

Gilles Lipovetsky y Hervé Jupín se entraban en un debate sobre la cultura-mundo, su significado, sobre el “occidente” globalizado, sus repercusiones[60]. Resumiendo la discusión, Lipovetsky interpreta la cultura-mundo como fenómeno de la híper-modernidad, fenómeno que globaliza la cultura-mundo en su diversidad y diferencia heterogénea.  Evalúa positivamente el fenómeno cultural de esta cultura planetaria, a pesar de sus contradicciones y las destrucciones que provoca; que se compensan, incluso son sobre-compensadas por el avance en los derechos humanos en el mundo, por la invención de nuevas combinaciones culturales, en su singularidad. En cambio, Jupín tiene, mas bien, una mirada pesimista, y efectúa una interpelación crítica a la cultura-mundo, que habría instaurado una simulación empobrecedora de la cultura, haciéndola desaparecer. Reducida a mercantilismo, a utilitarismo, a excusa para el consumo compulsivo y depredador. Cultura-mundo que ocultaría las dominaciones y violencias desprendidas de una homogeneización pavorosa, de una individualización aislante, de una destrucción sin precedentes del planeta, las sociedades, las cohesiones sociales, las identidades y las culturas.

 

El problema es que se sigue utilizando este concepto universal de cultura para abordar un debate harto complejo. Ya se vea positivamente la “evolución” hacia la cultura-mundo, ya se vea negativamente, la “involución” a la cultura-mundo, el problema efectivo, como acontecimiento, como crisis, no puede desentrañarse, por lo tanto, interpretar, si se continua atribuyendo a los pragmatismos de acción social los atributos representativos del concepto de cultura, que en última instancia, quiere decir espíritu, espíritu de un pueblo.

 

Las culturas nombradas por la historia de las culturas, la historia de las sociedades, la historia de las civilizaciones, son paradigmas representativos. Si bien han servido para interpretar y estudiar a las sociedades, no se puede esperar que estos paradigmas corresponden como un mapa del mismo tamaño al acontecimiento heterogéneo de los pragmatismos lingüísticos, de los pragmatismos de acción, de los pragmatismos políticos, de la gente. Lo que se llama cultura de un pueblo en un periodo, incluso en una época, determinada, en realidad, se encuentra compuesta por el entrelazamiento de estrategias diferentes, locales, regionales, geográficas, sociales. No hay pues una cultura, sino una constelación de pragmatismos de acción entrelazados. Que para los historiados, los antropólogos, los filósofos, los cientistas sociales, les parece una unidad, una composición homogénea, una universalidad compartida, que llaman cultura.

 

Es así, como se ha podido hablar de una cultura moderna, contrastada con las culturas tradicionales. Es también así como se ha podido avalar las tesis evolucionistas sociales, que calificaban a las culturas diversas respecto de la cultura moderna. Se le dio vida al concepto de cultura, solo que se trata de una vida fantasmagórica. Se habla de cultura como si fuese un sujeto. Las culturas por sí mismas no existen, no tienen vida, no se reproducen; las culturas son constituidas, reproducidas, transformadas, por múltiples relaciones y prácticas de mónadas, que se asocian, que componen y combinan, de distintas maneras; que institucionalizan lo que hacen, dándole un carácter prolongado a los efectos de masa. Las relaciones nunca son entre conceptos, símbolos, signos, representaciones, sino entre sujetos sociales. Una cultura no es un sujeto, sino un producto duradero de relaciones y prácticas sociales; un efecto prolongado de pragmatismos de acciones sociales. Los sujetos son los individuos, sus agrupaciones, sus colectivos.

La explicación de la crisis hay que buscarla no en la cultura, ya sea cultura-mundo, ya sean las culturas diseminadas, fragmentadas, por la cultura-mundo, sino en lo que acontece con las múltiples y plurales constelaciones del pragmatismo de las acciones sociales.

 

Vamos a hacer un breve repaso a lo que escribimos en Intuición subversiva, antes de seguir con la exposición sobre los pragmatismos de las acciones sociales, para poder analizar, desde esta perspectiva, lo que se viene en denominar la crisis civilizatoria, también crisis cultural, incluso crisis de los valores y crisis de las “ideologías”, crisis que es caracterizada haciendo hincapié en distintos núcleos de los sistemas simbólicos, por así decirlo. En unos casos, la crisis se enfoca en las culturas tradicionales heredadas, que todavía resisten a la expansión de la cultura moderna. En otro caso, la crisis se enfoca en la misma cultura moderna, la que perdería consistencia, se desarmaría, ante su continuidad escandalosa, que sería esta cultura-mundo, en la etapa de la híper-modernidad. En un tercer caso, el enfoque de la crisis se sitúa en la misma cultura-mundo, la que es interpretada o como contradictoria, paradójica, homogeneizante, por un lado; pero, también y al mismo tiempo, singularizante y heterogénea por otro lado. También es interpretada como decadencia absoluta, como nihilismo absoluto, que pone en suspenso toda cohesión social, toda identidad social, toda valorización social, llegando al extremo de la virtualización de las relaciones sociales. Este repaso parece necesario, cuando lo que escribimos allí tiene analogías con el tema que tratamos ahora; la crítica deconstructiva del concepto de cultura. Aquella vez, si bien, se trataba de interpretar la intuición subversiva, en la exposición se vertió una interpretación de los saberes desde la perspectiva de la complejidad.   

 

En Intuición subversiva escribimos:

 

¿A qué llamamos saber activista, a que llamamos conocimiento subversivo? ¿Cuál es la relación de este saber subversivo con el espesor de la percepción y la experiencia social? Hemos compartido la definición dada por Georges Canguilhem de saber en el sentido de atributo biológico que comprende la composición de capacidad de adquirir información, retener la información, es decir, constituir una memoria, de anticiparse, es decir, de actuar[61]. Esto se entiende cuando nos referimos a organismos individualizados; empero, qué pasa cuando nos encontramos ante las multiplicidades proliferantes de organismos, entrelazados y en conexión. ¿Se puede mantener la misma concepción de saber? Cuando sabemos que lo que configura su morfología, su composición orgánica, sus capacidades, incluso su teleonomía, es el genoma, vemos que el saber del genoma no es el mismo que el saber del organismo, por más que el segundo suponga al primero[62]. Georges Canguilhem, cuando se refiere al saber humano, incorpora a esa composición dinámica entre información, memoria y anticipación, la capacidad evocativa. Si bien, es más difícil distinguir el funcionamiento individual del funcionamiento social, colectivo, en el caso del fenómeno evocativo, así como también es difícil distinguirlo en el caso del saber de los organismos, pues estos suponen asociaciones; es decir, sociedades orgánicas. De todas maneras, se puede decir que el saber individual tiene determinadas características, en tanto que el saber social, compartido, que hace de contexto del saber individual, tiene otras características, quizás más complejas. Por lo tanto, no es lo mismo hablar de saber en los distintos casos; su connotación varía.

Hay pues una distinción grande entre el saber del genoma y el saber de los organismos; en éstos, una distinción entre el saber social de los conglomerados orgánicos y el saber de cada organismo. Lo mismo con las sociedades humanas, añadiendo el componente evocativo, que supone una dinámica propia entre la herencia y el substrato social con la autonomía individual. El saber del genoma es más que saber, en el sentido dado por Canguilhem, supone una capacidad propia programadora. Su devenir, sus largos ciclos, está relacionado con la información transmitida por los organismos; el genoma no está directamente involucrado con la experiencia y el aprendizaje de los organismos, son los organismos los que experimentan y aprenden. El genoma acumula la información y la procesa; en largos ciclos la reprogramación del genoma tiene repercusiones en el perfil y la composición de los organismos. Hay una parte virtual del genoma, que tiene que ver con la programación; de esta manera, podemos decir, que el genoma no se encuentra ni en el tiempo ni en el espacio percibido y experimentado por los organismos.  El genoma está más acá y más allá de los organismos, aunque forme también parte de ellos.

El saber de los organismos es complejo, tanto en su dimensión asociativa, conglomerada, social, así como en su dimensión individual; también, claro está, en su composición dinámica entre la dimensión asociativa y la dimensión individual. Cuando hablamos de saber, esta figura es más adecuada a la composición individual, a la autonomía orgánica; esta figura es menos adecuada cuando nos referimos a conglomerados, a asociaciones, a colectividades. Se trata más bien de nichos, usando la metáfora ecológica, comunicativos, de intercambio, de redes, de campos; usando las memorias, el reconocimiento del terreno, del clima, como fenómenos vitales, íntimos. Logrando, de este modo, generar un torbellino de circulaciones de información, aprendizajes, acumulaciones, desprendiendo actividades, en consecuencia. Estamos ante el acontecimiento de la vida, ahora visto desde la perspectiva de la realización de saberes. En la dimensión asociativa, social, no es exactamente saber el que se da, sino campos de posibilidad de los saberes; campos de circulaciones de información, campos de memorias, campos de circulación de actividades; es decir, un torbellino creativo de experiencias y conocimientos.

Ciertamente, no se puede disociar el acontecimiento vital de esta turbulencia asociativa, comunicativa, cognitiva, fáctica, de la realización singular del saber en los individuos. Acontecimiento y singularidad no es descomponible.  La complejidad y articulación de ambas dimensiones nos muestra que hablar de la dimensión colectiva y de la dimensión individual  es, más bien, una distinción abstracta, no “real”, por así decirlo. Lo social está inscrito en lo individual, con su propia peculiaridad, con su propia singularidad, en cada caso; las singularidades componen dinámicamente lo social. Hablando, en propiedad, tendríamos que decir que el saber se realiza individualmente, empero deviene del conglomerado social, de su memoria dinámica.

Uno de los problemas relativos a las representaciones es el haber transferido características propias de los perfiles individuales a las configuraciones sociales, a las composiciones colectivas. Incluso se llega a concebir la idea de un “sujeto social”, de un “sujeto colectivo”, como si fuese un individuo macro. Obviamente es esta una deformación, una transferencia representativa, que en vez de ayudar a comprender los fenómenos del acontecimiento, lo oscurecen, pues atribuyen a lo social y colectivo composiciones relativas a los organismos, en este caso, al cuerpo humano. Los conglomerados asociativos no tienen porque parecerse al perfil singular; al contrario, es de esperar que no se parezcan, pues se trata de fenómenos masivos, plurales, que requieren se los tome en sus conformaciones complejas, bullentes, como constelaciones activas. Menos se puede hablar de una “consciencia social”, refiriéndose a ésta como fenómeno colectivo; en todo caso, la consciencia también corresponde a la autonomía singular del individuo.  El acontecimiento social, como pluralidad de singularidades, supone, para usar como metáfora un concepto filosófico, lo que llamaba Hegel autoconsciencia, dialéctica del reconocimiento, en otras palabras, supone la interacción de las consciencias, de los sujetos, de las subjetividades, de los cuerpos[63]. Lo que se da es esta proliferante dinámica de entrelazamientos, asociaciones, composiciones, interacciones, entre múltiples singularidades, donde cada singularidad cobra consciencia, si se puede hablar así, de lo que acontece. Empero, no se puede hablar con propiedad de una “consciencia colectiva”, salvo metafóricamente.

Cada singularidad comprende a su manera lo que pasa, de una manera singular. No es de esperar que su comprensión sea igual a otra comprensión, al contrario, es de esperar que, las comprensiones, las consciencias, mas bien, sean diferentes y variadas. ¿Cómo es que se entienden entonces las singularidades? ¿Cómo es que asumen que se comparte la misma comprensión del fenómeno? Cada quien imagina que esto ocurre, aunque cada quien imagina a su manera lo que ocurre. ¿Por qué entonces se da el acuerdo, la asociación, la comunicación? Porque se comparte un mundo, que aunque cada quien lo asuma a su manera, es el mundo de nuestras experiencias; es el mundo el que hace de referente en tanto acontecimiento primordial, aunque puede ser interpretado, incluso percibido de manera singular.

Cada singularidad tiene al mundo como percepción, es el mundo como experiencia el que conecta los cuerpos, los contiene como acontecimientos singulares, se realiza en cada experiencia singular, se fija en cada memoria singular. No importa que las vivencias sean singulares, propias, lo que importa es que el mundo las constituye, así como ellas constituyen al mundo. Este común, si se puede hablar así, sitúa a las singularidades en el mundo. Este compartir el mundo las hace coexistentes, convivientes, colectivas, sociales. No importa que esta coexistencia sea asumida de una manera singular, por lo tanto, distinta en cada quien, lo que importa es son en el mundo. Eso las hace presentes, que compartan el presente, a su manera; indiscutiblemente, indudablemente, comparten el presente, que es lo que se tiene a mano, actualizando los pasados.

Más que la codificación y decodificación, más que el lenguaje, lo que conecta a las singularidades es la experiencia del mundo y en el mundo, experiencia y mundo que hacen posible el lenguaje, la codificación y la decodificación, la comunicación, los saberes. Hasta personas de diferente leguaje y de diferente cultura se pueden comprender porque comparten el mundo, aunque lo hagan a su manera.  

Es el mundo el que nos constituye, son las singularidades las que constituyen al mundo. El mundo me constituye al mismo tiempo que lo constituyo para mi, en interacción y contraste con los demás.   El mundo forma parte de la fenomenología de la experiencia, de la fenomenología de la percepción, aunque suponga la diferencia absoluta, la existencia sin mundo, antes de que se conforme[64]. El mundo es una construcción mía, en interacción con las demás construcciones de mundos, al mismo tiempo que el mundo me constituye, constituyendo también a los demás, con los que interactuó, de manera próxima o de manera lejana, en distancias cortas o en distancias largas, en el presente o en el pasado, inmediato o largo. El Mundo está conformado por múltiples mundos, entornos de las singularidades, aunque distintos y variados, al formar parte del Mundo se conectan y cohabitan un presente. Y el Mundo es porque forma parte de la diferencia absoluta, de la existencia sin mundo, si se quiere, de la existencia sin la mirada humana.

Esta certeza es certeza de la percepción, es certeza sin representación, inmediata, vivencial, aunque bien puede ser interpretada por el lenguaje, como en la poesía. Es certeza del acontecimiento[65].  Se sabe, de antemano, en los umbrales de la experiencia, de esta totalidad, usando un concepto permeable, totalidad des-totalizable y re-totalizable. Lo único que hacen las ciencias y las filosofías, es trabajar sobre estas certezas, aunque vaciándolas de sus contenidos. Salvo, hay que decirlo, lo que pasa con las percepciones abiertas por la física relativista y la física cuántica, que han cruzado los umbrales anteriores de la experiencia, han cruzado los horizontes anteriores de la experiencia, han abierto nuevos umbrales y nuevos horizontes de la experiencia humana, ampliando el Mundo en espacio-tiempos curvos, relativos, dependiendo de los referentes, ampliando el mundo hasta los lugares de la propia desaparición del universo y de la materia; los confines del universo, los agujeros negros, la infinitesimal nada en la que se sostiene todo.

Asistimos al despliegue de la experiencia humana más allá y más acá de lo que conocía; es una experiencia que incorpora en su memoria presente lo infinitesimal inacabado, en su nada, pero una nada creativa; que incorpora las gigantescas extensiones y distancias más allá de lo imaginable; que incorpora la velocidad más allá de la vertiginosidad; que incorpora la creación y dinámica de la energía más allá de la materia. No es que se desecha la anterior experiencia, ésta queda como sedimento de la memoria del presente.

Después de estos apuntes podemos volver a reflexionar sobre el llamado saber activista, saber subversivo. Como saber se realiza singularmente, individualmente; son las personas que padecen la historia, la viven intensamente, intervienen en la historia, las que contienen el saber, lo usan como parte de las acciones. Este saber no es igual en las personas involucradas en las acciones; sin embargo, en la medida que sus saberes forman parte del acontecimiento de la crisis y de la rebelión, se conectan, se comunican, comparten y participan. Cada quien asume a su manera esta vivencia, la interpreta a su manera, suponiendo que los demás la interpretan del mismo modo. Esta suposición hace como si se actuara en el mismo sentido. No importa tanto si este sentido es igual, homogéneo, en todos; al contrario, es de esperar variaciones. Lo que importa es el compromiso, la concomitancia, la complicidad, en el consenso logrado, compartir la lucha.

Lo que se llama saber activista, saber subversivo, en tanto se refiere al conglomerado social movilizado, es, en realidad, una constelación dinámica de saberes, de voluntades, de cuerpos, de deseos, de esperanzas, de prácticas alterativas. Al compartir esta experiencia el aprendizaje es colectivo, en el sentido que es singular en cada quién. Desde una perspectiva estructuralista se podría decir que hay la subversión, como una estructura subyacente; decir que es la estructura la que se pronuncia, actúa, habla. Esto es una aproximación abstracta. El estructuralismo olvida que no es la estructura la que habla, actúa, se pronuncia, son los cuerpos los que lo hacen, cuerpos vivos, pasionales, perceptivos, reflexivos. La estructura es un fantasma de los estructuralistas. Son estos cuerpos singulares los que se asocian, componen, acuerdan, emiten discursos, se movilizan; en su dinámica generan acontecimientos, acontecimientos, que, a su vez, los constituye como subjetividades y sujetos, usando estos términos vulnerables.

La subversión existe como acto de creación de los y las movilizadas, el activismo existe como acción de los y las activistas. Los y las subversivas lo son porque generaron el acontecimiento de la subversión, acontecimiento que los contiene, los envuelve, los atraviesa y los constituye. Lo mismo pasa con los y las activistas, el activismo como acontecimiento; también como historia, los contiene, envuelve, atraviesa y constituye.

Se puede decir entonces que hay como constelaciones dinámicas, bullentes, de desfases, de desacuerdos, de descentramientos, de conflictos, de rupturas mínimas, que se convierten en campos de posibilidad de saberes subversivos, de saberes activistas. Son los cuerpos singulares, las subjetividades singulares, las que realizan estas posibilidades como saber, a su modo, de una manera singular, compartiendo con las demás singularidades.  Es esta interacción, es esta dinámica, es esta circulación, acumulación, alimentación y retroalimentación, el referente de lo que se nombró como saber subversivo, saber activista o, si se quiere, intuición subversiva, intuición activista.

Hablaremos como de cuatro niveles de lectura del acontecimiento subversivo. El primordial, es la emergencia del acontecimiento, como crisis del Mundo, dada en el Mundo. No ahondaremos ahora al respecto. El nivel singular, la forma singular vivida de esta crisis, la forma como se elabora el conocimiento de esta crisis, el saber de la crisis, que se convierte en saber activo, en saber para la acción. El tercer nivel es el orgánico, la forma de organización que adquiere la subversión, que adquiere el activismo. Tampoco vamos a ahondar en este tema. Por último, la dirección o el desenlace del proceso resultante. Puede continuar la ruta instituyente, constituyente, creativa, de una subversión permanente; desenlace menos probable, basándonos en la historia de las llamadas “revoluciones”. Puede detener la marcha instituyente y constituyente, optar por consolidar lo instituido, lo constituido, entonces hacer del desenlace una recurrencia, una repetición cambiada o modificada, de la historia repetida del poder; que es lo más probable, basándonos en la historia de las “revoluciones”.

Queremos hacer hincapié en lo siguiente: En la medida que esta experiencia subversiva, activista, se mantiene próxima, ligada, a los espesores de la percepción, a los espesores de la experiencia, al saber de los cuerpos, la potencia subversiva, activista, fluye creativamente. Empero, en la medida que se da un alejamiento, un desligamiento, de los espesores de la percepción, de la experiencia, del saber de los cuerpos, en la medida que el distanciamiento implica vaciamiento de contenidos, formulación de un discurso instrumental, de un discurso oficial, del partido o lo que se llame, la potencia subversiva es sustituida por relaciones de poder, por estructuras de poder, legitimadas por un discurso oficial, el discurso de la verdad. Este debilitamiento de la potencia puede comenzar antes de lo que comúnmente se llama la toma del poder, la serpiente puede incubarse antes, en el preludio mismo de las acciones[66].      

 

 

Volviendo a nuestra deconstrucción del concepto de cultura, podemos usar el mapa o los mapas anteriores del acontecimiento del saber y de los acontecimientos de los saberes singulares, como referentes teóricos del acontecimiento del pragmatismo de las acciones sociales y de los acontecimientos de los pragmatismos de las acciones culturales singulares. Lo que tenemos entonces es una constelación de pragmatismos de acciones sociales, que interpretan las experiencias sociales singulares y las memorias sociales singulares, que inciden en el acontecimiento. En los contextos mundiales tenemos constelaciones de conformaciones perdurables de pragmatismos de acciones sociales. No olvidemos que estos pragmatismos de acciones comprenden interpretaciones singulares, que se usan precisamente en las relaciones y prácticas sociales, relaciones y prácticas institucionalizadas, que suponen una estabilidad de estas relaciones y prácticas como estructuras.  

 

Por lo tanto, no hay pues cultura, como unidad homogénea, compartida por todos, como herencia única.  Hay múltiples interpretaciones singulares, individuales, que entran en interacción y en comunicación, compartiendo el mundo, que logran conectarse, transmitirse, recepcionar y asumir, cada quien a su modo y manera.  Si bien, hay la impresión en cada quien de que se comparte lo mismo, la misma idea singular que tiene esta singular interpretación individual, la verdad es que no es así, pues, si bien pueden parecerse, son distintas. Es el mundo, la experiencia del mundo, en esa coyuntura, lo que aproxima a sus interpretaciones. Las que dan como una atmósfera compartida, la certeza de que se comparte un mundo, y a través de este compartir, se induce que también se comparten las narrativas, las teorías, las interpretaciones. Lo que se comparte es el mundo, a partir de las experiencias singulares del mundo, experiencias que también son aproximadas por ese mundo. Este compartir hace suponer que también se comparten interpretaciones; lo que se tiene son constelaciones de interpretaciones singulares bullentes, que entran en contacto, se comunican, se homologan y deducen, por así decirlo, que comparte los mismo.

 

Son los intelectuales de la modernidad los que han imaginado, estas constelaciones de conformaciones de los pragmatismos de acciones sociales, como la imagen, la idea y el concepto universal de cultura. La cultura es un invento de los intelectuales. El invento social, por así decirlo, contrastando, es el acontecimiento complejo e integrado de las conformaciones de pragmatismos de acciones, que son dinámicas.

 

Desde esta perspectiva, la de la complejidad, nos permite distanciarnos de la tesis estructuralista, que separa cultura de naturaleza. La cultura, por así decirlo, usando como ejemplo este concepto universal, que criticamos, nunca ha salido de los ciclos vitales, nunca ha salido de la complejidad de la vida, si se quiere, nunca ha salido de la naturaleza. Los sujetos sociales nunca han dejado sus cuerpos, sus sensaciones, sus percepciones. Son las teorías modernas las que han separado cultura de naturaleza; al hacerlo, desplegaban toda una economía política, la economía política de la cultura; que separa cultura de naturaleza; valorizando la cultura, desvalorizando la naturaleza. Las formaciones discursivas sobre la cultura o las culturas forman parte de las expresiones de esta economía política cultural, que forma parte de la economía política generalizada[67].  

 

Entonces, hablar de cultura, que es prácticamente una temática moderna, por las teorías, por los paradigmas, por las narrativas, conformadas, constituidas e instituidas, es formar parte de esta economía política, que en tanto tal, instaura el fetichismo de la cultura, otra de las “ideologías”. Los discursos culturales no dejan de ser dispositivos teóricos de las dominaciones polimorfas del sistema-mundo capitalista.

 

Las sociedades alterativas[68], lo que son propiamente todas las sociedades, salvo la parte expropiada, capturada, de sus fuerzas, que sirven para la reproducción del sistema-mundo, no hacen cultura o reproducen la cultura, o la llevan a crisis, separando lo que hacen en este plano de intensidad, de lo que hacen en los espesores de intensidad de la naturaleza, de la vida, de la biodiversidad. Lo que hacen corresponde a acciones integrales en los distintos planos de intensidad y en los distintos espesores de intensidad. Viven el mundo de una manera integral. Es la teoría moderna la que analiza abstractamente, separando, distinguiendo campos, focalizando objetos de estudio, problemáticas sesgadas, separadas. El hombre moderno es el que ha confundido esta su representación sistemática, este saber analítico, con el mundo efectivo, con las sociedades efectivas, que son las sociedades alterativas, reduciéndolas a sociedades institucionales, reduciendo el mundo efectivo al mundo de las representaciones.

 

Es cierto que esta metodología ha servido para estudiar las sociedades, ha facilitado estos estudios. Se ha aprendido mucho de ellas; estos conocimientos, saberes, son una herencia valorable. Sin embargo, esta episteme moderna tiene límites, cuando enfrenta precisamente la complejidad del acontecimiento que llama cultura. Mientras el concepto universal de cultura le permitía seleccionar planos de intensidad y estudiar la cultura como si fuese una fenomenología universal, ayudó a avanzar en la interpretación   y explicación de los planos de intensidad aislados; empero, cuando había que responder a preguntas problemáticas, que sus mismas investigaciones ocasionaban, se topaba con sus propios límites. Esta situación se hace más patente cuando se enfrenta a las transformaciones de la cultura moderna, de lo que llama cultura-mundo.

 

 

Lipovetsky y Jupín generan dos análisis contrapuestos de la cultura- mundo; lo hacen desde esta economía política de la cultura; se puede decir también desde esta “ideología” de la cultura. El problema no es dirimir entre una interpretación optimista y una interpretación pesimista, esquematizando estas versiones críticas, para ilustrar. Tampoco considerar que el problema está, de alguna manera, trazado en esta discusión, en estas versiones contrapuestas. Ese es el problema de esta economía política de la cultura, de sus interpretaciones contrapuestas, que forman parte de la misma episteme.  El problema efectivo, en su complejidad, se encuentra en el acontecimiento mismo de las multiplicidades pragmáticas de acciones sociales singulares, que se entrelazan, y asumen el mundo, en esa intersección, como el substrato de sus formas de compartir, coexistir, convivir, aunque de maneras contradictoria y antagónicas.

 

Lo que está en crisis es el mundo de las representaciones del sistema-mundo capitalista; por lo tanto, desde esta perspectiva o perspectivas, la que interpreta que la crisis de su episteme corresponde a la crisis del mundo efectivo. El mundo efectivo, como complejidad, como simultaneidad dinámica, no está en crisis, en el sentido como se entiende la crisis; lo que está en crisis es el sistema-mundo capitalista, que es el recorte de realidad que efectúa la episteme moderna a partir de sus miradas abstractas, analíticas y esquemáticas. Este mundo de representaciones toma consciencia de la crisis, pues ya no puede explicar lo que acontece. En consecuencia, deduce que el mundo efectivo está en crisis, que se acaba, que ingresa al apocalipsis, en la versión pesimista; que tiene oportunidades, pues la cultura-mundo es heterogénea e inventiva.  No se le ocurre pensar que lo que llama crisis expresa fehacientemente los límites epistemológicos de sus saberes analíticos, esquemáticos, dualistas, modernos.

 

Las sociedades alterativas, que siempre han estado más acá y más allá de las representaciones, también de las mallas institucionales del sistema-mundo capitalista, no están en decadencia, no están casi muertas, como dibuja la versión pesimista; tampoco corresponde al juego de homogeneización y heterogeneidad, que encuentra la versión optimista. Las sociedades alterativas no han dejado de ser vitales; son las sociedades institucionalizadas las que están en crisis, si se quiere, en decadencia. La pregunta es: ¿Por qué las sociedades alterativas no ponen fin a los juegos de poder de las sociedades institucionalizadas?

 

Las sociedades alterativas no están fuera de la biodiversidad, de los ciclos vitales, forman parte de los ecos-sistemas y de las ecologías. Lo que está reaccionando, por así decirlo, es el planeta, que es la integración de la dinámica compleja de procesos de vida concatenados. A esta acción desencadenada, la ciencia descriptiva ambientalista le llama cambio climático. Muy probablemente este cambio climático desate una reacción en cadena, ocasionando calamidades, catástrofes para las sociedades humanas; desaparición de islas, de costas, incluso afectación estructural de continentes. Trayendo a colación, destrucciones de ciudades y parte de las sociedades, sino son enteras sociedades. Visto desde la perspectiva humana, esto es una catástrofe, un apocalipsis. Sin embargo, desde la perspectiva de la complejidad dinámica de los ciclos de la vida y su potencia creativa, es la adecuación de la complejidad planetaria a los fenómenos ocasionados por el hombre.  La vida continúa.

 

La pregunta es entonces: ¿pueden las sociedades alterativas detener esta catástrofe? Si la respuesta fuese afirmativa, la pregunta subsecuente es: ¿Por qué no lo hacen?

 

Las sociedades tampoco son homogéneas, no son unidades puras; son, complejidades dinámicas, efectos masivos de asociaciones, composiciones, combinaciones, de las mónadas. Las sociedades alterativas pueden actuar, de la manera como pide la pregunta, por consensos, por asociación de voluntades, por intuición subversiva. Lo que hacen los y las activistas es precisamente esto, convocar a la sociedad a cambiar el curso de los eventos, de las direcciones, de los derroteros. Sin embargo, hay que recordarles a los y las activistas que lo que hay que liberar es la potencia social, que es la vida misma, la potencia creativa de la vida. Entonces, la pregunta siguiente a la subsecuente es: ¿Cómo se hace esto, cómo se activa la potencia social?

 

Este parece ser el tema fundamental. Aquí, en las respuestas que se puedan encontrar a esta pregunta, parecen encontrarse las tareas primordiales de los y las activistas. No basta con denunciar lo que acaece, el peligro en que nos encontramos, la desidia, por no decir, la imbecilidad, de las estructuras de poder del sistema-mundo capitalista. No basta con describir científicamente la situación calamitosa en la que nos encontramos, peor aún, la que se vecina. Para decirlo resumidamente, no basta tener razón. Si no se tiene la fuerza, las fuerzas, para hacerlo, no hay incidencia. Estas fuerzas son las multitudes de cuerpos de las sociedades humanas afectadas. No basta entonces, acudir a sus consciencias. Es menester, actuar en la complejidad, sinónimo de realidad; convocar a la potencia inherente en estos cuerpos. Aunque se acuda a la razón abstracta de los humanos, esto no es ni siquiera algo de aproximación a lo suficiente. Hay que acudir a la razón integrada al cuerpo, integrada a la percepción. La convocatoria es al cuerpo.

 

Ahora bien, ¿cómo se hace esta convocatoria integral a los cuerpos? Esta es la pregunta, cuando hemos perdido, por así decirlo, la memoria del cuerpo, no en el sentido que el cuerpo lo haya perdido, en cuanto memoria corporal, sino en el sentido de que la memoria representada no se acuerda. Hay pues que recuperar esta memoria corporal y comunicarse entre cuerpos. ¿Es la estética más que las ciencias, o ambas, combinadas? ¿Se trata de actos heroicos de alta intensidad? ¿Se trata de un propósito y voluntad gigantescos? No hay respuesta todavía.  Pero, algo sabemos, lo que se ha hecho hasta ahora, para detener la marcha del tren al descarrilamiento, no es suficiente. Hay que ir más lejos, atreverse a ir más lejos, vale la pena, sobre todo por la oportunidad a las sociedades humanas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desenlaces de la barroca decadencia

 

 

 

 

 

La decadencia de la civilización moderna, que corresponde al sistema-mundo capitalista, parece haber, no solo ingresado a la etapa de su propia decadencia, que hemos denominado la era de la simulación, en la época del nihilismo, era y época que corresponden a la larga historia de la modernidad, sino también ha adquirido formas barrocas, entremezcladas, no necesariamente armónicas; sino, mas bien, desajustadas y hasta incongruentes.  Por así decirlo, se asocian las formas más posmodernas con las formas más ultra recalcitrantes conservadoras. Uno de los ejemplos es la conformación del Estado Islámico, conocido como ISIS.

 

Al respecto habíamos planteado algunas hipótesis interpretativas[69], para auscultar este fenómeno político-religioso singular, que aparentemente responde a un discurso fundamentalista musulmán, articulado a una sorprendente empresa de monjes armados, que venden petróleo a “occidente” y se arman a través de los circuitos comerciales ilegales, que el “occidente” emplea, para realizar uno de sus negocios más rentables y jugosos, el contrabando de armas.  Esta no es la única conexión barroca, en esta formación barroca singular tardía entre los sedimentos más rezagados y conservadores, no de una religión, sino de una interpretación de la religión monoteísta, desde un enfoque reduccionista y estrechamente esquemático, con las agencias de inteligencia de las potencias “occidentales”. Todo esto a nombre del Corán, y también de la lucha contra el demonio de “occidente”.

 

Entre las preguntas, respecto a este fenómeno barroco del capitalismo tardío y de la modernidad, en su crepúsculo, no solo deben figurar ¿quiénes son los del ISIS?, ¿qué es el ISIS?, sino también ¿por qué se da esta combinación tan incongruente en la etapa de la decadencia de la modernidad y el capitalismo? Así como, vale la pena preguntarse ¿cómo funciona este bricolaje incongruente? Vamos a tratar de responder estas preguntas, en principio, de una manera hipotética e interpretativa, sugiriendo tópicos de investigaciones, abordando la problemática desde la perspectiva de la complejidad. Lo hacemos recogiendo las hipótesis interpretativas expuestas en otros ensayos.

 

El dispositivo barroco religioso-militar

 

1.   Como dice Anne Alexander[70], las sociedades del Medio Oriente no pueden concebirse como si fuesen formaciones sociales y estructuras inherentes estáticas, como congeladas en la Guerra de las Cruzadas, por así decirlo. Al contrario, como toda formación social y estructurada socialmente, así como políticamente, en sus historias singulares, dada su propia complejidad, en los contextos cambiantes, mutantes y globalizantes, del sistema-mundo, son dinámicas. Sus formaciones sociales diferenciales y sus estructuras componentes singulares son dinámicas. Es un absurdo sugerir la idea preconcebida y prejuiciosa de que se trata de una “Guerra Santa”, de los fieles de Mahoma contra los infieles, que dominan el mundo, encarnando el demonio. Cuando se lee los medios impresos, se escuchan y se ven los medios audiovisuales de las telecomunicaciones, uno se encuentra ante la proliferante alocución de estos disparates, que los propios políticos del mundo, tanto de las potencias dominantes, como de los Estado-nación subordinados, repiten mecánicamente. Incluso, lo que hacen de “analistas” de estos medios, de difusión mundial, reproducen estos pobres y estrechos esquematismos, que están más cerca a los dibujos animados, que de la representación manifiesta, incluso descriptiva, de lo que ocurre. Son las agencias de inteligencia las que se encargan de atizar el fuego con estos pobres argumentos no discernidos.

 

2.   Los países del Medio Oriente están atravesados por la geopolítica del sistema-mundo capitalista, geopolítica global, que los ha convertido, en la división del trabajo a escala mundial, en países exportadores de petróleo. Desde su incorporación al sistema-mundo, sus estructuras de poder se adecuan, de tal forma, engranando lo disímil, para garantizar la transferencia de este recurso tan cotizado e indispensable para la civilización de la energía fósil. Las monarquías absolutas tardías, incluso, mas bien, despóticas, se convierten en dispositivos de poder local y regional del sistema-mundo capitalista, del orden de dominaciones a escala mundial, que es inapropiado seguir caracterizándolas como monarquías tradicionales.

 

 

3.   Los regímenes militares, que han derrocado a las monarquías, responden también a la demanda de orden del poder mundial, configurado por las dominaciones polimorfas del orden mundial. No solamente en los casos donde es evidente su conexión servil y cipaya con el imperialismo, sino también, en los casos donde aparentemente, se rebelan contra la “dominación extranjera”, imperialista y “occidental”. Al sistema-mundo capitalista no le interesa cómo hablan sus servidores, sus engranajes, sus marionetas, sino que se cumpla, de la manera más eficiente, que se pueda, aunque sea con distintos métodos y discursos, dependiendo, con el funcionamiento de las máquinas económicas, maquinas extractivistas y máquinas de poder, que conforman las dominaciones polimorfas del orden mundial.

 

4.   La aparición de los fundamentalismos musulmanes posmodernos como ALKAEDA e ISIS, muestra una nueva forma política-militar-religiosa de garantizar la transferencia de la energía fósil al imperio. No hay mejor prueba de esto que la venta del petróleo robado, en las zonas de ocupación, a las odiadas empresas “occidentales”.

 

 

5.   Por otra parte, estos dispositivos religiosos-militares, que se presentan, en la pornografía de los medios de comunicación de masa, como fundamentalismos religiosos, sirven, a la vez, como aparatos de destrucción de lo que quedan de los regímenes árabes con poses de resistencia.

 

6.   Ahora bien, lo más perverso es cuando estos dispositivos barrocos, aparentemente religioso-militares-políticos fundamentalistas, develan sus conexiones con los servicios de inteligencia de la potencia “demoniaca”, más odiada por los supuestos fundamentalistas. La pregunta es: ¿cuál es el juego de poder?

 

 

7.   Los atentados de estos aparatos militares-religiosos, desde el 11 de septiembre del 2001 hasta el atentado reciente en Niza, parecen y son presentados así, como parte de “planes elaborados” de destrucción “terrorista”, por parte de estas organizaciones fanáticas; así como también, en los recientes atentados, como acciones de “lobos solitarios” desesperados. Otra pregunta: ¿es creíble, mejor dicho, es sostenible, esta trama tan difundida en los medios de comunicación, tan aceptada por los políticos y gobiernos, incluso por organismos internacionales, tan aplaudida por las agencias de inteligencia? 

 

8.   Esta versión tan difundida sufre de vacíos, lagunas, inconexiones, de tal manera, que no llega a conformar una trama, tampoco una narración completa. ¿Cómo pueden semejantes fanáticos fundamentalista religiosos establecer relaciones con agencias de inteligencia de las potencias “occidentales”? ¿Cómo explicar que vendan petróleo a las empresas de los Estado-nación dominantes del “occidente”? ¿Solo porque requieren armas y necesitan dinero para comprarlas? ¿Cómo explicar claramente lo ocurrido el 11 de septiembre? ¿Por descuido del sistema de seguridad de los Estados Unidos de Norte América? ¿Cómo explicar que las potencias mundiales, preparadas para una guerra nuclear y de movilización gigantesca de ejércitos, tecnológicamente equipados, no puedan destruir a columnas exaltadas de fanáticos armados con fusiles, ametralladores, tanques y misiles de corto alcance? Son algunas de las preguntas sin responder en los discursos mediáticos, políticos y de protesta moral.

 

9.   Por otra parte, cuestionando, un poco, alguna hipótesis que compartimos, que es la de la “conspiración”, maquinada por los servicios de inteligencia - aunque no creamos en esta simplona “teoría de la conspiración” -, la que llevó a montar estos fundamentalismos religiosos armados, llegando al extremo de constituir artificialmente un “Califato islámico”; la pregunta que nos mueve el piso es: ¿pueden haber llegado tan lejos los servicios de inteligencia de tramar atentados, de la manera más sinuosa, contra sus propias sociedades y pueblos, precisamente, para atizar la guerra, no tanto contra estos dispositivos religioso-militares fundamentalistas, como vemos, según la hipótesis sugerida, sino contra las soberanías de los países periféricos, que cuentan con el codiciado recurso del petróleo?

 

 

10.       Aunque esta hipótesis la hayamos lanzado como posibilidad, una tanto incierta, no es fácil sostenerla. De todas maneras, es indispensable no solamente investigaciones minuciosas, obviamente no jurídicas ni policiales, sino socio-políticas, incluso investigaciones de alcance genealógico, sobre las transformaciones en las máquinas de poder, en las máquinas de guerra, en las máquinas extractivista, del sistema-mundo, en su fase de acumulación especulativa.

 

11.       Lo que si podemos sostener como interpretación, en el contexto mundial del presente, es que todos los pueblos del mundo enfrentan a una hiper-burguesía mundial, que domina globalmente, domina el mundo institucional, no el planeta, que ha decidido sacrificar a los pueblos, en aras de su acumulación especulativa y extractivista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desventuras del análisis político

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre la política separada de la ética, dejando de ser politeia, asociada al ethos y a aletheía, dejando de ser lo que es, gobierno de sí, gobierno de los otros, gobierno de la ciudad, por lo tanto, cuidado de sí mismo, cuidado de la ciudad, convirtiéndose, con la separación, en dominación, se ha edificado una ciencia política, cuya arquitectura conceptual, responde al esquematismo dualista del amigo y enemigo. El análisis que despliega esta ciencia corresponde a este dualismo, tanto en el caso del análisis político, propiamente dicho, de la ciencia política, así como cuando se generan discursos “ideológicos”.

 

Los recientes “análisis” sobre el llamado terrorismo, reducen el esquematismo dualista a su mínima expresión. El esquema sigue siendo el mismo, dualista, correspondiente al de la ciencia de la dominación, dándole su verdadero nombre a la política, en sentido moderno, política definida por la relación amigo/enemigo. Este esquema se combina con el supuesto metodológico de la relación lineal de causa-efecto. Ya que hay un enemigo, desde las dos perspectivas opuestas, desde las dos posiciones enfrentadas, entonces, hay que buscar sus causas. En este caso, las explicaciones se diferencian; los fundamentalistas, de una u otra religión monoteísta, definen al enemigo como endemoniado; los “analistas” definen al enemigo como “terrorista”, en un caso, como “imperialista”, en otro caso. Los analistas más serios, menos mediáticos, buscan la causa en la desigualdad social, la discriminación y el racismo.

 

Toda la gama del análisis político, sean científicos o “ideológicos”, pone en movimiento el esquematismo dualista del amigo/enemigo y el método inductivo linealista de causa-efecto. Estas son las herramientas de análisis y los paradigmas en uso. Se esclarece entonces el círculo vicioso de las explicaciones en el análisis político. También se entiende, que al moverse, el análisis, en los espacios de estos límites, deriven en políticas infructuosas. Al reducir la realidad efectiva al tamaño y las dimensiones del esquematismo dualista político, que es, el de la “ideología” de las dominaciones, a los planos de intensidad de la política del amigo/enemigo, sugiere, de acuerdo a sus conclusiones, políticas válidas en su campo de abstracciones esquemáticas; empero, invalidadas por las dinámicas de la realidad efectiva. Algo parecido pasa con los análisis políticos; estas reducciones metodológicas, linealistas, este esquematismo reductivo, produce “explicaciones” coherentes en el paradigma en uso, coherentes en los silogismos de un análisis que cuenta, con escasos recursos y toma en cuenta pocas variables, como si la problemática en cuestión se efectuara en el plano del esquematismo y de acuerdo a la “lógica” causalista; sin embargo, las “explicaciones” del análisis político quedan como fragmentos dispersos, después del naufragio, sin poder rearmar lo que la tormenta destruyó.

 

Dejando de lado las interpretaciones delirantes del fundamentalismo religioso, atendiendo al análisis político, vemos los recorridos de sus desventuras. Las tramas de los análisis son como hojas perdidas en la tormenta. Las “explicaciones” dejan pendiente el referente de la explicación misma, la problemática en cuestión; contentándose con “explicar” en el plano hipotético, construido por el esquematismo y la lógica causalista, como si la problemática se comportara, tal cual, como visualiza o abstrae el esquematismo dualista. Quizás ante problemas menores, circunscritos a tópicos más simples y homogéneos, el modelo sirva mejor. Empero, cuando se trata de problemáticas que responden a la complejidad misma, sinónimo de realidad, estos modelos del esquematismo dualista son inútiles.

 

La problemática de la violencia, en la modernidad tardía, en el sistema-mundo, rebasa ampliamente los tanteos esquemáticos del análisis político. Siguiendo la tradición del análisis de la violencia, que resaltan en Walter Benjamín y en Hannah Arendt, podemos retomar las hermenéuticas de la violencia que lograron tejer. Comprensiones interpretativas que consideran tanto las complejidades que enfrentan, así como las condensaciones de sus singularidades. La concepción pluralista de la política en Arendt le ayuda a analizar la violencia desde las estructuras conjugadas, que derivan en el totalitarismo; que, en la concepción de Arendt, no se reduce a sinónimo de dictadura o despotismo, sino que expresa la combinación de varias estructuras afines, que corresponden a distintos planos de intensidad de la sociedad. Se puede decir, de una manera rápida, que el análisis de la violencia en Arendt abarca la crisis civilizatoria y cultural, donde es inherente la condición humana[71].

 

El marxismo crítico, elaborado y desplegado en los campos de la estética, le permite a Benjamín hacer auscultaciones en la sociedad, en los espesores intensos mismos, donde se manifiestan las complejidades sociales articuladas.  La literatura y el arte, aparecen no solo como manifestaciones culturales, sino como producciones sociales, que dan cuenta de imaginarios y relaciones sociales, que adquieren la tonalidad de la complejidad; saliendo del reduccionismo economicista y determinista, tan pobre, que no dio cuenta de nada, salvo el servicio prestado para legitimar las regresiones conservadoras y reaccionarias de los regímenes autodenominados socialistas. El análisis de la violencia en Benjamín, llega niveles penetrantes, correspondientes a las intensidades de la experiencia social, en las coyunturas y periodos, que le tocó vivir. El análisis de la violencia adquiere las dimensiones de la historia, interpretada como dialéctica de la destrucción. La figura que expresa metafóricamente este frenético desenvolvimiento histórico, vertiginoso y desbocado, es el del ángel de la historia, que mira aterrado el pasado; no puede ver el futuro, pues sus alas extendidas están empujadas por los vientos huracanados, que también lo propulsan irremediablemente al apocalipsis. Para Benjamín, la revolución, es la suspensión en la historia; es salir de la historia, suspenderse; en sus propias palabras y ejemplo sencillo, es parar el tren en marcha[72].

 

No vamos a detenernos en los análisis de la violencia de Benjamín y Arendt; tampoco en otros del mismo estilo; nos remitimos a ensayos anteriores. Lo que nos interesa es tener como referente y enseñanza esta herencia teórica crítica y volver a abordar el acontecer múltiple de la violencia en la modernidad tardía del sistema-mundo capitalista contemporáneo; ahora, intentando hacerlo desde la perspectiva de la complejidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Complejidad singular de la violencia

 

Partiremos de la interpretación que hicimos en recientes ensayos[73]; la tesis es que se recurre a la violencia cuando hay que forzar un proyecto que no concuasa con la armonía de la complejidad integral. Cuando se busca imponer una institucionalidad que no concuasa con los ciclos vitales, cuando no forma parte de las armonías de la biodiversidad del planeta, se tiene a mano el recurso a la violencia, para implantar edificaciones correspondientes a la artificialidad lograda por el poder.

 

La gran diferencia de los proyectos de poder con los proyectos heredados, dados y por venir, de la vida, es que la vida sincroniza sus ciclos vitales, sus procesos, sus composiciones y combinaciones de composiciones, en las distintas escalas del pluriverso. En cambio, las edificaciones institucionales del poder solo lo pueden hacer desconociendo los ciclos vitales, las sincronizaciones complejas integrales y dinámicas de la realidad efectiva.

 

Habíamos dicho también, que ante semejante quiebre entre edificaciones del poder y la espontaneidad de la vida, con sus proliferantes composiciones singulares creadas y creándose, el poder no puede sostenerse ni perdurar, salvo con el recurso constante a la violencia. Edificaciones de poder que se afincan en recortes de realidad, que seleccionan, premeditadamente, algunos planos de intensidad de la realidad efectiva, sinónimo de complejidad dinámica, sobre los que se asienta y cree consolidarse eternamente. Los proyectos, las edificaciones, las mallas institucionales no hallan condiciones de posibilidad para durar permanentemente. El poder, realizado en las formas polimorfas de poder, se encuentra obligado a recurrir permanentemente a la violencia, para obligar constantemente a la reproducción del poder.  Sin embargo, estos esfuerzos, por más tenaces que sean, están destinados a periclitar, pues, además de no corresponder y no ser parte da las armonizaciones de la biodiversidad, ni de las sincronizaciones de la realidad efectiva, no gozan de la espontaneidad de la vida de los proyectos vitales, de las invenciones y creaciones de la vida. Solo la re-incorporación a los ciclos vitales, a las armonizaciones y sincronizaciones de la biodiversidad, pueden lograr esa espontaneidad perdurable.

 

Considerando estas interpretaciones críticas del poder, desde la perspectiva de la complejidad, vamos a lanzar hipótesis interpretativas de la violencia, en el presente dilatado, en la historia reciente, en las manifestaciones singulares que aparecen en el crepúsculo del sistema-mundo capitalista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Interpretaciones de la violencia en la modernidad tardía

 

1.   Los Estado-nación se han erigido con la guerra de conquista, obligando a los pueblos y naciones a ser asimiladas a la nacionalidad inventada por el Estado.

 

2.   Los Estado-nación dominantes regionalmente, se convirtieron en no solo lo que equivocadamente llamaba Lenin la “última etapa del capitalismo”, el imperialismo; forma desmesurada del Estado-nación, que era más adecuado definirla como la última forma posible del Estado-nación.

 

 

3.   Las dos guerras mundiales demostraron que otra forma de Estado-nación, superior, por así decirlo, al imperialismo, no es posible. El fracaso de los intentos de expandir el espacio dominado, abarcar la esfera del mundo, ha llevado a la paz imperialista, que es la que todavía, en sus extensiones rasgadas y haraposas, hechas hilachas, seguimos experimentando.

 

4.   Los imperialismos, en su paz imperial, consignada al mundo, a todos los Estado-naciones, a todos los pueblos, ha conformado, en mutuo acuerdo entre las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial, un orden mundial. Este orden mundial es como la continuación forzada de la genealogía del Estado-nación, cuando al llegar a su límite, la forma imperialista, ya se ha convertido no solo en anacrónica, sino también en composición institucional y estructura obsoleta. En las condiciones contemporáneas, de la crisis orgánica y estructural de la civilización moderna del sistema-mundo capitalista, no es sostenible la forma de Estado-nación. Si se mantiene, es por el recurso a la violencia, no solo local y regional sino mundial.

 

 

5.   En las genealogías del Estado-nación, así como en la larga estructuración de la civilización moderna del sistema-mundo capitalista, es indispensable tomar en cuenta las genealogías complejas de la larga conformación de la economía política generalizada[74]. Entre las economías políticas concretas, que, integradas, conforman la economía política generalizada, es fundamental tomar en cuenta, en el inicio o el nacimiento de estas genealogías de poder, a la economía política del cuerpo, la economía política religiosa, que separa espíritu de cuerpo, valorizando el espíritu y descalificando el cuerpo. Se podría decir, que aquí se encuentra el comienzo de las historias singulares del poder. Se captura el cuerpo, para inscribir en él la marca de la separación en el cuerpo mismo; la marca de su escisión y desgarramiento, entre lo que podríamos llamar efecto de las dinámicas corporales, que es nombrado por las religiones monoteístas, espíritu, y el cuerpo viviente. Esta separación, obviamente no es real, pues el cuerpo sigue vivo, tampoco hay tal espíritu, independiente del cuerpo, con vida propia fantasmal. Es una separación imaginaria, “ideológica”, lograda y sostenida por la separación inscrita, en el cuerpo, por las mallas institucionales correspondientes.

 

6.   Sobre el substrato de la economía política del cuerpo, concretamente, de la economía política religiosa, se asientan las consiguientes economías políticas concretas. La economía política del Estado; primero, en su forma despótica; después, en las variadas formas, que resultan de las correlaciones de fuerzas en el campo social. El Estado-nación moderno es como el resultado de estas largas genealogías de las economías políticas, que separan lo abstracto de lo concreto, mitificando lo abstracto, desvalorizando lo concreto.

 

 

7.   En otros textos expusimos nuestras interpretaciones de otras economías políticas, que van integrándose y articulándose, en la larga conformación de la economía política generalizada. Ciertamente, se convierte en referente paradigmático la economía política restringida, circunscrita al campo económico. Sin embargo, la economía política restringida no podría funcionar sino en articulación con las otras economías políticas concretas, efectuadas en otros planos de intensidad social. Hablamos de la economía-política del signo, que corresponde a la economía política cultural, que separa cultura de naturaleza. Hablamos de la economía política de género, que separa en el cuerpo del ser humano - bifurcando dos figuras, que son constructos culturales -, hombre de mujer, valorizando al hombre como ideal, desvalorizando a la mujer como naturaleza, atada a la reproducción. Hablamos de la economía política del Estado-nación, que separa Estado de sociedad, valorizando el Estado como sociedad política, como síntesis política de la sociedad, como unidad abstracta, frente a la pluralidad de la sociedad; por lo tanto, desvalorizando la sociedad, como incapaz de gobernarse, debido a su pluralidad.  Abrimos la comprensión, de partida, de otras economías políticas concretas, que integran la economía política generalizada[75].

 

8.   En consecuencia, desde la perspectiva genealógica, además de la perspectiva de la complejidad, la economía política religiosa forma parte primordial de la economía política generalizada, no solo por haber constituido el nacimiento de esta generalización, sino porque, en la contemporaneidad, cohesiona y refuerza los engranajes de las máquinas de poder, máquinas de guerra, las maquinas económicas, las maquinas culturales, del sistema-mundo capitalista.

 

 

9.   Lo que presenta la versión tramada del imperio – usando ese término polémico de manera ilustrativa -, la “ideología” imperial, del orden mundial, como “terrorismo”, que es la interpretación sesgada y manipulada de la violencia múltiple, plural, recurrente y desencadenada en plena crisis estructural del sistema-mundo capitalista, no es otra cosa que el fantasma genealógico del infiel, después, del enemigo, que es descalificado como anormal, monstruo o amenaza. Violencia que hereda las genealogías de las formas múltiples y plurales de violencias anteriores, en etapas preparatorias, por así decirlo, de la globalización y la integración de las dominaciones locales y regionales en la dominación absoluta mundial. Con esta interpretación sesgada y manipulada, oculta su propia violencia, que es como la madre de las otras violencias, parte de las que califica como “terrorismo”.

 

10.       No se puede tener una mirada parcial de la violencia, pues esto no es más que un acto “ideológico”, un procedimiento de legitimación de la propia violencia descomunal efectuada. La violencia, si se quiere, para decirlo fácilmente, es un fenómeno abigarrado, que articula distintas formas del ejercicio de las dominaciones; desde las microfísicas hasta las macro-físicas. Las distintas formas del ejercicio del poder, en sus polimorfas formas, sobre el cuerpo. La violencia es mundial. Para comprender su fenomenología es indispensable observarla en toda su integridad, en toda su complejidad dinámica, donde las violencias sistemáticas de los Estado-nación, que conforman el orden mundial, las violencias de los imperialismos matizados, las violencias del orden mundial, son los principales componentes. Las otras violencias también conforman esta genealogía presente de la abigarrada violencia total. En este contexto, es bastante insostenible sugerir y proponer que la violencia se origina en el “terrorismo”. Sin embargo, es este insostenible absurdo el que se maneja oficialmente en la interpretación del orden mundial, de los organismos internacionales, de los Estado-nación, de los medios de comunicación, incluso en las academias, conformando sentidos comunes prejuiciosos, que se convierten en hábitos y habitus.

 

11.       ¿Cómo adquiere esta genealogía presente de la violencia la tonalidad religiosa, en su alocución fundamentalista? En plena crisis múltiple del sistema-mundo, cuando los aparatos “ideológicos” de legitimación del poder ya no funcionan como se espera, pues han quedado rezagados y anacrónicos, desentonándose con su letargo y aburrido discurso repetitivo, se recurre a las composiciones más ateridas de la economía política generalizada, se acude a las maquinas religiosas.

 

 

12.       El fundamentalismo religioso musulmán, no la religión musulmana, con sus distintas versiones interpretativas del Corán, es un fenómeno de la modernidad tardía del sistema-mundo capitalista, en plena crisis estructural y orgánica; fenómeno dado en el clima de su crepúsculo. Parece que, en principio, aparece como el recurso urgente de los Estado-nación subalternos, para resistir al imperialismo; después, para legitimar regímenes populistas, que ya ingresaron a su propia decadencia. Lo sorprendente es que, ahora, es el recurso urgente de los las máquinas de guerra del orden mundial. En primer lugar, los Estado-nación dominantes del orden mundial, tienen al “terrorismo” como referente de sus políticas globales de dominación; así como también las políticas extractivistas y las políticas especulativas del sistema financiero internacional. Es decir, es el enemigo principal del orden, que, además, es denominado mundo, como si el mundo efectivo se redujera a la geopolítica desplegada en el orbe, expandiendo sus espacios de dominación. En segundo lugar, se convierte en contra-terrorismo; aparatosa política y conjunción de dispositivos de inteligencia, de intervención y de guerra, que es la cara simétrica del mismo “terrorismo”. Sus procedimientos se vuelven semejantes y similares. En tercer lugar, se convierte en un proyecto sinuoso, pretendidamente artero y astuto, de intervención en los países periféricos.

 

13.       En consecuencia, se puede inferir, que la violencia motejada al denominado “terrorismo”, corresponde, mas bien, a las dinámicas integrales de la violencia múltiple y plural del sistema-mundo capitalista y de su geopolítica, estructurada sobre la base de monstruosas máquinas de guerra, que a plena luz, son aparatosos sistemas maquínicos excedentarios, pues su desmesura destructiva es inexplicable.

 

 

14.       En otras palabras, la violencia del “terrorismo fundamentalista” es complementaria a la violencia institucional de las máquinas de poder, las máquinas de guerra, las maquinas económicas, las máquinas extractivistas, del sistema-mundo capitalista. Dicho de otra manera, los enemigos son cómplices de la violencia; se requieren, precisamente, para constituirse como opuestos necesarios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más acá y más allá de la violencia

 

¿Cómo salir del círculo vicioso del poder? ¿Cómo salir de las genealogías de la violencia? No es, visiblemente, ninguna solución, la “guerra incondicional contra el terrorismo”; ésta no es otra cosa que la profundización y extensión de la violencia. Generando no solamente el círculo envolvente y vicioso de la violencia, sino, también, desatando el terrorismo de Estado en escala mundial. Yendo hasta las raíces de la problemática, no parece posible salir del círculo vicioso de la violencia si no se sale del círculo vicioso del poder. Esta salida, el desencadenamiento de flujos de fuga multitudinarios, que alteran el orden mundial y lo terminan derrumbando, para crear mundos alternativos, liberando la potencia social, implica abandonar las reglas del juego del poder. Acordar otras reglas, que coadyuven a liberar la potencia social y las capacidades creativas de la vida social.

 

Liberar la potencia social implica potenciar la humanidad; es decir, realizar el proyecto humanista, avanzando a su plenitud. Esta emancipación de la humanidad solo puede darse cuando la humanidad se reconozca efectivamente como parte de la vitalidad múltiple de los seres del pluriverso y de los ciclos vitales. La humanidad, en tanto tal, no puede encontrarse dispersa, escindida fragmentariamente; no puede habitar en geografías políticas, cartografiadas artificialmente y mantenidas institucionalmente, empleando la disponibilidad de fuerzas amenazantes del Estado. Ésta es una humanidad desgarrada; por lo tanto, limitada, reducida a los alcances mezquinos impuestos por el poder.   En consecuencia, no es humanidad como realización efectiva, sino como posibilidad inhibida.

 

Por otra parte, la realización de la humanidad solo puede darse considerando y efectuando proyectos de largo alcance, por así decirlo, que tengan efectos prolongados, no solo en la coyuntura, en el mediano, incluso en el largo plazo acotado, sino en estructuras de prolongada duración. Esto quiere decir, que el apostar a proyectos agotadores de corto plazo, incluso de mediano plazo, que beneficien, en el momento, a las élites, incluso a la sociedad misma, de ese periodo, es develar la mezquindad y la miseria de los humanos comprometidos en este nihilismo absoluto.  Humanos compulsivos en el hedonismo desenfrenado. Humanos enredados en la ilusión del paraíso del consumo o de la acumulación; impulsados a las satisfacciones disolutas en el presente, sin tener en cuenta la responsabilidad con la humanidad, con su porvenir y proyección de su presencia en el pluriversoHumanos atrapados en las telarañas de prácticas agobiantes y destructivas del goce inmediato; poniendo en peligro, la continuidad de la humanidad, su reproducción potenciadora, aperturando relaciones vitales con los seres del pluriverso

 

En conclusión, no hay porvenir para la humanidad en el sistema-mundo capitalista. Como tampoco lo había en los sistemas-mundo regionalizados, preparatorios de la generalización de la forma de poder global de la deuda infinita, que es la del Estado moderno, de su alcance mundial, como orden mundial; preparatorio de la economía política generalizada. Para que la humanidad pueda encontrar su porvenir y proyectarse, requiere desvanecer la “ideología”, conformada por conjuntos de fetichismos ateridos; requiere liberarse de su esclavitud respecto de sus criaturas, las instituciones fetichizadas. Requiere entender, comprender y comportarse, en consecuencia, que las instituciones son herramientas que construye para la sobrevivencia y su potenciamiento.

 

 

La violencia múltiple y plural, la violencia descomunal y desbordada en la actualidad, es efecto de las dinámicas del sistema-mundo capitalista; de sus esquematismos dualistas efectuados, que desgarran los cuerpos, con los diagramas de poder inscritos en ellos. La violencia global es el resultado de una larga acumulación de genealogías del poder; desde cuando el hombre se ha encaminado, quizás sin saberlo, a la separación ilusoria e institucional de la sociedad humana respecto de la naturaleza. La violencia, en sus genealogías diversas, forma parte de esta historia universal, como recorridos sinuosos del nihilismo, del ejercer la voluntad de nada

 

 

 

 

 

 

 

Las desmesuras de las violencias singulares

 

 

 

 

Las violencias atroces, los crímenes de sangre, siempre han aterrado o seducido, en el sentido de espasmo. Tal parece que esta desmesura de la violencia atrae por los símbolos que conlleva, ¿símbolos eróticos, como creía Georges Bataille? ¿Símbolos perversos, marcas dramáticas de las heridas abiertas en los cuerpos descuartizados, que despiertan imágenes de lo imposible o inimaginable, logrado en el sacrificio? ¿O es apenas una banalidad del aburrimiento de las élites dominantes, en un caso; de la furia desbocada de las víctimas, en otro caso?  ¿Son los síntomas más claros y contundentes de la decadencia, llevada a extremos del agobio, de la angustia y la desesperación? Son preguntas que deben ser contestadas.

 

¿Qué lleva a un grupo de yihadistas a estrellar aviones contra las “torres gemelas”, inmolándose ellos mismos? ¿Qué lleva a un “lobo solitario” usar un camión, a plena marcha, atropellando premeditadamente a la muchedumbre, que se encontraba en la calle, festejando una fecha conmemorativa? ¿Es el “fanatismo fundamentalista”, como se dice? ¿Es la frustración irremediable que empuja al odio, como también se dice? ¿Es la cooptación de gente discriminada y marginada, condenada a la miseria, cooptación hecha por parte de grupos “fundamentalistas”, que es lo que se describe? Son otras preguntas que deben ser tomadas en cuenta, analizar sus referentes problemáticos, evaluar la consistencia de sus enunciados.

 

En relación a las preguntas anteriores, emergen otras, que, a su vez, las sopesan: ¿Por qué no todos los discriminados, todas las víctimas, que son la amplia mayoría, no hacen lo mismo, se inmolan, afectando demoledoramente a lo que se alcance, en los entornos de las tragedias? ¿El fanatismo desata fatalmente la violencia singular desmesurada, de la inmolación propia y el sacrificio del enemigo? Son preguntas que no han sido respondidas; los “especialistas” y “analistas” del “terrorismo” asumen, sin dudar, las conjeturas inherentes en las preguntas. Los gobiernos, los Estado-nación, el orden mundial, añadiendo a los infaltables medios de comunicación, se basan en estas conjeturas no demostradas, para edificar sus “explicaciones”. Otra pregunta más: ¿los denominados grupos “fundamentalistas islámicos” son, verídicamente, musulmanes creyentes y fervorosos? Esta es una pregunta no cotejada; también aquí se ha asumido directamente que así es, sin mayor duda.

 

Tomando en cuenta este enjambre de preguntas, vamos a intentar, no tanto responderlas - se requiere investigaciones en profundidad -, sino reflexionar sobre los ámbitos de posibilidades, que se abren ante las tenues iluminaciones de las preguntas mismas.

 

 

De entrada, deberíamos descartar dos supuestos prejuiciosos, que no ayudan a la reflexión; uno, es el que supone que el fervor por el Islam, la utopía de un mundo musulmán, es camino al “terrorismo”; el otro, supone que los estratos sociales condenados a la miseria, acosados por la discriminación, llevados a la calamitosa frustración, son caldo de cultivo de cooptaciones de yihadistas. Esta última tesis es como decir que los condenados de la tierra son ya, de hecho, inmediatamente, una “amenaza a la paz”, son el peligro inmediato para la sociedad, para la preservación de sus instituciones, de sus valores y reglas. Aunque esto quisieran las “vanguardias revolucionarias”, uno de los ejemplos. En el caso que nos ocupa, aunque quisieran los grupos “fundamentalistas islámicos”, otro ejemplo, distinto que el anterior. No parece ocurrir esto, por lo menos, como regularidad generalizada, salvo los escasos focos de incidencia, que ciertamente son alarmantes, por su grotesca exaltación de la muerte, de la venganza, del resentimiento, de la consciencia desdichada.

 

¿Por qué los medios de comunicación insisten que esto ocurre, la causalidad inmediata, así como el discurso oficial de los estados y organismos internacionales; del mismo modo, la proliferante voz repetitiva de los “analistas” y “especialistas”? ¿También quisieran que sea así, que se de esta causalidad inmediata entre creencia religiosa y “terrorismo”, entre frustración social y “terrorismo”? Lo llamativo de todo esto, es que los opuestos coinciden en este deseo; ambos apuestan a la causalidad inmediata.  Mientras que la realidad efectiva muestra, mas bien, que la amplia mayoría de creyentes, la amplia mayoría de los condenados de la tierra, legitiman, con sus subordinaciones, con sus habitus, sus prácticas obedientes o marginales, a las estructuras de dominación, consolidadas en las mallas institucionales, los estados y el orden mundial.

 

¿Por qué están tan enajenados de la realidad efectiva los discursos hegemónicos, incluso, del lado opuesto, también los discursos - aparentemente - contra-hegemónicos? ¿Por qué coinciden en este deseo y en estas conjeturas de la causalidad inmediata tanto los gobiernos y los estados, los “analistas” y los “especialistas”; incluso, del otro lado, los activistas yihadistas, así como las “vanguardias revolucionarias”?  ¿Sobre todo, por qué coinciden en esta sustitución de la realidad efectiva por la constelación de representaciones “ideológicas”, compartidas por las distintas estructuras y organizaciones mencionadas; motivadas por sus deseos, a pesar de considerarse enemigos? Estas difíciles preguntas también ingresan en nuestra reflexión. Abordamos la misma, como se ha vuelto nuestra costumbre, de manera interpretativa, basadas en hipótesis prospectivas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sintomatología de la violencia

 

1.   Lo que comparten los enemigos es su deseo de poder.

 

2.   Ambos, enemigos irreconciliables, tienen proyectos de poder. Forman parte del círculo vicioso del poder, compartiendo sus contrastes, sus oposiciones, sus contradicciones, en la guerra en la que se hallan enfrascados.

 

 

3.   Al convertir ambos enemigos el poder en el fin, terminan subordinando sus vidas a este fin, tornando sus vidas en medios para llegar a este fin. Sus vidas se entregan denodadamente a este fin y sacrifican muchas vidas para lograr este fin; cuando lo consiguen, sacrifican otras muchas vidas para conservarlo.

 

4.   Pueden tener distintos proyectos de poder, por lo menos, en lo que respecta a las formas de administrar el poder; si consiguen llegar a este fin. Sin embargo, a pesar de ser distintos proyectos y, hasta se puede decir, opuestos - esa es su pretensión -, los proyectos de poder son complementarios, pues participan, ambos, de la reproducción del poder; forman parte, ambos, del círculo vicioso de poder. Aunque aparezcan simétricamente opuestos, esta simetría dual, contrastante, muestra las analogías compartidas, aunque “ideológicamente” inversas; sobre todo, evidencia claramente que comparten la ecuación estructurante de una geometría política. La de la reducción de la política a la dominación, separada de la ética; como si la topología de poder compartida respondiera a una formula geométrica.

 

 

5.   El odio al enemigo corresponde, simétricamente, al odio del otro, que considera como enemigo al mismo que señala al otro como enemigo.  Ambos comparten esta “pasión” agresiva contra el otro.  Ambos se parecen tanto en este odio, que de tanto odiar se parecen tanto, que ya son como lo mismo; el enemigo de la imagen del espejo.

 

6.   Este odio delata entonces no solamente el odio al otro, sino el odio a sí mismo. Que, en términos más amplios, es el odio a la vida.

 

 

7.   Sobre el caldo del odio, no puede sostenerse ningún proyecto de porvenir para la humanidad, mucho menos para la vida.

 

8.   El odio es una destrucción de la pasión, en tanto devenir del afecto; en vez de ella, de la pasión, se dan lugar figuras nihilistas. Por ejemplo, para decirlo ilustrativamente, usando calificaciones psicológicas, no adecuadas, aparece el rencor, la antipatía, la repugnancia, la inquina, la aversión, la hostilidad, la envidia, el despecho, llegando a la abominación. Estas figuras son como representaciones de singularidades del odio. Por lo tanto, se trata de una intensidad distinta a la de la pasión; una intensidad no afectiva, una intensidad de odio; algo así como una compulsión destructiva.

 

 

9.   De esta manera, en esta genealogía de la violencia, se puede decir, que la voluntad de potencia, la voluntad creativa de la vida, se convierte en voluntad de nada, en voluntad destructiva, que busca compulsivamente no la reproducción de la vida, sino la muerte.

 

 

10.       El esquematismo político del amigo/enemigo, se apoya, por así decirlo, en el esquematismo moral del mal y el bien. Cada quien, reparando en el primer esquematismo dual, se considera ser el defensor del bien, en tanto señala al otro como el propulsor del mal; entonces, uno se considera el bueno, en tanto que considera al otro, al enemigo, el malo. El esquematismo moral del bien/mal, que deriva en el esquematismo estigmatizador del bueno/malo, hace de dispositivo “ideológico” de legitimación de las acciones ejecutadas contra el enemigo, justificando la violencia contra él, incluso su asesinato.

 

 

11.       El acontecimiento de la violencia, se desenvuelve y dinamiza con los despliegues conjugados de estos esquematismos duales, que responden a la definición del enemigo, a la descalificación del enemigo, a la repugnancia del enemigo, a la agresión contra el enemigo, incluso a su asesinato. Se trata un acontecimiento abigarrado, pues entrelaza los procesos inherentes al acontecimiento de la violencia. Procesos interpretados desde la perspectiva de los esquematismos duales, componentes de la “ideología” de la violencia. Procesos impulsados por la incidencia de las mallas institucionales, comprometidas con las estructuras de poder y las tecnologías de dominación. Procesos desencadenados por los efectos de semejante incidencia institucional, efectos no controlados por la maquinaria fabulosa del poder, pues al intervenir, de esta manera, la efectuación del despliegue de la violencia, provoca efectos no calculados ni esperados por las pretensiosa maquinarias de las dominaciones.

 

12.       Los efectos incontrolables, que ocasionan los diagramas de poder y las cartografías políticas, que se comportan como bumerang, extrañamente, en vez de inducir a replanteamientos, en lo que respecta a la consecución de los proyectos, estimula, mas bien, una especie de obsesión crónica por la insistencia, un ansia de revancha. Pero, ¿contra quién? No es el enemigo el que provoca estos efectos incontrolables, no podría hacerlo, sino la complejidad misma de la realidad efectiva. Entonces, ¿se trata de una revancha contra la realidad efectiva misma?

 

 

13.       El círculo vicioso del poder genera un círculo vicioso de destrucción, un círculo vicioso de muerte. Al no poder salir del círculo del poder, no se puede salir del círculo de destrucción y de muerte. Todo lo que se haga, en esta mecánica de la violencia, no hace otra cosa que generar la progresión de la violencia, su expansión; incrementando la intensidad de sus golpes demoledores.

 

14.       Para salir del círculo vicioso del poder, es menester salir del esquematismo político amigo/enemigo. Es necesario crear flujos de fuga, que escapen al campo gravitacional del poder.

 

 

15.       Para salir del círculo vicioso de la violencia, es menester abandonar las estrategias de dominación, es indispensable abandonar el fin del poder y el poder como fin. Es una tarea urgente recuperar la potencia social en su integridad; liberar a las fuerzas sociales capturadas por las mallas institucionales del poder. Devolver a las fuerzas lo que pueden, sus potencias, de lo que fueron separadas, para hacerlas maleables a los fines mismos del poder.

 

16.       No son los gobiernos, los estados, el orden mundial, las máquinas de poder, las máquinas de guerra, las máquinas económicas, las máquinas extractivistas, las que están interesadas en salir del círculo vicioso del poder. Todo lo contrario, están interesadas en mantenerse en el circulo vicioso del poder, además de mantener este círculo vicioso como órbita en el campo gravitacional del poder.

Son las élites de poder, la hiper-burguesía dominante del sistema-mundo capitalista, las organizaciones que quieren sustituirlas y ocupar su lugar, las que apuestan a este círculo vicioso de poder. Pues consideran que, en éste círculo de poder, logran beneficiarse, incrementar los beneficios, acumular indefinidamente, aunque sea a costa de las grandes mayorías de las sociedades humanas, incluyendo a sus propios pueblos. Lo que no entienden es que estos proyectos de poder no son sostenibles a largo plazo, pues destruyen también sus propias condiciones de posibilidad de dominación, de hegemonía y de acumulación, incluyendo las condiciones de posibilidad existenciales de su propia sobrevivencia como minoría privilegiada. Lo que no comprenden es que para que un proyecto pueda ser sostenible, tiene que necesariamente proyectarse en el largo plazo; considerando los efectos de incidencia, debido a la ejecución de sus proyectos de poder, a mediano y largo plazo. Este largo plazo implica tener en cuenta las condiciones vitales y existenciales, que posibilitan los desenvolvimientos a largo plazo. Estas condiciones de posibilidades vitales y existenciales, no pueden ser otras que las propias condiciones integradas de la complejidad dinámica, que posibilitan la vida. En consecuencia, los proyectos sostenibles no corresponden a los proyectos de poder, pues éstos son de corto plazo, incluso, si se quiere, de mediano alcance. El largo plazo solo es posible y pensable desde la perspectiva de la potencia de la vida.

 

17.       Si jugáramos, ilustrativamente, como pedagogía, con los esquematismos duales, podríamos calificar a las élites, a la hiper-burguesía mundial, a sus mallas institucionales, como enemigas de la humanidad y de la vida. Lo que parecería hasta justificado hacerlo. Empero, esta declaración, al repetir la lógica de los esquematismos duales, no hace otra cosa que traicionarse, al recaer en las representaciones y prácticas del círculo vicioso de poder.

 

18.       ¿Qué son entonces, estos sujetos y estos dispositivos, si no son enemigos de la humanidad y la vida? Desde la perspectiva de la complejidad, son trastornos en la dinámica de la sincronización integral de la realidad efectiva. Trastornos que ocasionan nuevas sincronizaciones dinámicas; en las cuales desaparecen, en los decursos de la sincronización dinámica e integral armonizadora.

 

 

19.       Como dijimos, estos proyectos de poder, la perpetración de estos proyectos de poder en la materialidad de las mallas institucionales, no tienen largo plazo; su perdurabilidad no es sostenible. El problema, en lo que respecta a las estructuras de larga duración, es si la humanidad será arrastrada, en esta desaparición de los trastornos, a su propio desvanecimiento. Su sobrevivencia, su permanencia en el pluriverso, parece depender de la capacidad de aprendizaje de las experiencias sociales, de hacer que este aprendizaje modifique estructuralmente, de una manera masiva, colectiva, social, sus conductas, comportamientos, prácticas y relaciones. Esto implica recuperar la voluntad de potencia, deconstruyendo y disolviendo la voluntad de nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Guido Gómez de Silva: Breve diccionario etimológico de la lengua española. Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México 1998; México.

[2] Ver de Carl Schmitt El concepto de lo político; Ob. Cit. También revisar de Jacques Derrida Políticas de la amistad; Ob. Cit.

[3] Jacques Derrida; Ob. Cit.; Pág. 173.

[4] Ver de Raúl Prada Alcoreza Las paradojas de la rebelión. Dinámicas moleculares; La Paz-2023-2015. http://issuu.com/raulpradaalcoreza/stacks.

[5]Jacques Derrida: Políticas de la amistad. Trotta 1998; Madrid. Debería decir: en términos de políticas más allá de la amistad.

[6] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. Amazon:  https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub. http://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/acontecimento_pol__tico.docx.

[7] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-2015.

[8] La llamada partícula virtual es una partícula elemental cuya existencia dura un tiempo extremadamente corto. Se usa el nombre de "partícula virtual" en contraste al nombre de "partícula real".

[9] Bosón: Viene de la combinación de Bose-Einstein, estadística que sigue esta partícula, y –ón, debido a la terminación necesaria. Partícula elemental que, como el fotón, ejerce la interacción entre fermiones.

 

[10] El bosón de gauge es un bosón que actúa como portador de una interacción fundamental de la naturaleza. La interacción de las partículas elementales descrita por la teoría de campo de gauge se ejerce por medio de los intercambios de los bosones de gauge, usualmente como partículas virtuales.

[11] Los quarks, junto con los leptones, conforman los constituyentes fundamentales de la materia. Diversas especies de quarks se combinan para formar partículas tales como protones y neutrones; lo hacen de una manera específica. De las partículas fundamentales que se conocen, los quarks son las únicas partículas que interactúan con las cuatro fuerzas fundamentales; vale decir, la gravedad, la nuclear débil, la nuclear fuerte, el electromagnetismo. Se trata de partículas similares a los gluones en peso y tamaño; esto se asimila en la fuerza de cohesión que estas partículas ejercen sobre ellas mismas. Son partículas de espín 1/2, por lo que son fermiones. Hay seis tipos distintos de quarks que los físicos de partículas han denominado de la siguiente manera: up (arriba), down (abajo), charm (encanto), strange (extraño), top (cima) y bottom (fondo).

 

[12] El gluón es una partícula virtual, es decir, un bosón, portador de la interacción nuclear fuerte; una de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. Deriva del inglés glue, que quiere decir pegamento, concebido entonces como el pegamento que mantiene a los quarks unidos entre sí; por lo consiguiente, a la materia que conocemos.  

[13][13] El primero de esos vacíos es el vacío electrodébil. En él, las interacciones electromagnética y débil poseen la misma fuerza y se manifiestan como partes de una sola fuerza unificada. En este vacío, los electrones tienen una masa igual a cero y no se les puede distinguir de los neutrinos. Se mueven a la velocidad de la luz y no se vinculan a ningún núcleo para formar átomos. En tales condiciones, por supuesto, ése no puede ser el tipo de vacío en el que vivimos. El otro vacío es el que postula la teoría de la gran unificación. En él, los tres tipos de interacciones entre las partículas están unificadas en un estado simétrico en el que los neutrinos, los electrones y los quarks son intercambiables. Se puede decir casi con toda certeza que el vacío electrodébil existe, pero este otro vacío es más especulativo. Las teorías que predicen su existencia son muy atractivas, pero requerirían de energías extraordinariamente elevadas de las cuales hay indicios escasos y muy indirectos. Cada centímetro cúbico del vacío electrodébil contiene una gran energía y, gracias a la relación masa-energía de Einstein, una enorme masa de aproximadamente diez mil trillones de kilogramos. El vacío unificado tendría la pasmosa densidad de 10 elevado a la 51 potencia de kilogramos por centímetro cúbico. No hace falta aclarar que estos vacíos nunca se han sintetizado en ningún laboratorio porque para eso se requerirían energías que exceden con mucho la capacidad técnica de los laboratorios actuales. Por comparación con estas enormes energías, la del vacío “verdadero”, normal, es minúscula. Durante mucho tiempo se pensó que era exactamente igual a cero, pero observaciones recientes indican que nuestro vacío tiene una pequeña energía positiva equivalente a la masa de tres átomos de hidrógeno por metro cúbico. De los vacíos de elevadas energías se dice que son falsos a diferencia de nuestro vacío, que es el “verdadero” porque son inestables. Al cabo de un período de tiempo muy breve normalmente una fracción de segundo , un vacío falso se descompone y se convierte en un vacío verdadero y su exceso de energía se transforma en una bola de fuego de partículas elementales. Wikipedia: Referencias: [1] AIP Physics News Update,1996 (http:/ / www. aip. org/ pnu/ 1996/ split/ pnu300-3. htm); [2] Physical Review Focus Dec. 1998 (http:/ / focus. aps. org/ story/ v2/ st28).     

 

[14] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político, también Pensamiento propio. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015.

[15] Paul Ricoeur: Tiempo y narración II. Configuración del tiempo en el relato de ficción. Siglo XXI; México 1995. Pág. 384.

[16] Ibídem. Pág. 384.

[17] Ibídem. Págs. 384-385.

[18] Ibídem. Pág. 388.

[19] Ibídem. Pág. 388.

[20] Northrop Frye: Anatomy of criticism. Four essays. Princeton, 1957.

[21] Ibídem. Págs. 397-398.

[22] Ver de Raúl Prada Alcoreza La guerra de razas, en Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2014-2015.

[23] Ver de Raúl Prada Alcoreza: La explosión de la vida. Dinámicas moleculares; La Paz 2014-2015.

[24] Ver de Raúl Prada Alcoreza: Episteme. Dinámicas moleculares; La Paz 2014-2015.

[25] Paul Ricoeur: Ob. Cit.; Pág. 449.

[26] Ibídem: Págs. 449-450.

[27] Ibídem: Pág. 450.

[28] Ibídem: Pág.  451.

[30] Ver de Raúl Prada Alcoreza La inscripción de la deuda, su conversión infinita. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-inscripcion-de-la-deuda-su-conversion-infinita/.

[31] Ver de Raúl Prada Alcoreza Estados delincuenciales. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/estados-delincuenciales/.

 

[32] Ver de Raúl Prada Alcoreza Racionalidad fantasma. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. En crítica y complejidad. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-y-complejidad/.

[33] Ver de Raúl Prada Alcoreza Guerras periféricas. Dinámicas moleculares; La Paz m2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/guerras-perifericas/.

[34] Pregunta hecha por Michel Foucault en sus cursos en el Collége de Francia.

[35] Ver de Michel Foucault Defender la sociedad. Fondo de Cultura Económica; México 2001.  http://monoskop.org/images/3/34/Foucault_Michel_Defender_la_sociedad.pdf.

[36] Ver de Raúl Prada Alcoreza Anti-producción; también Diseminación. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/antiproduccion/

[37] Ver de Raúl Prada Alcoreza Diseminaciones. Dinámicas moleculares 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/diseminaciones/.

[38] Revisar de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy La Cultura-mundo. Anagrama; Barcelona 2010. También de Gilles Lipovetsky y Hervé Jupín El occidente globalizado. Anagrama; Barcelona 2011.

[39] Ver de Raúl Prada Alcoreza Los fundamentalismos. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. También se encuentra en pradaraul.wordpress. Sobre todo revisar Acontecimiento Islam ¿Fundamentalismo o rebelión religiosa antiimperialista? Dinámicas moleculares; La Paz 2015. También se encuentra en pradaraul.wordpress: https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/03/acontecimiento-islam/.

[40] Ver de Raúl Prada Alcoreza Estados delincuenciales. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. También se encuentra en pradaraul.wordpress: https://pradaraul.wordpress.com/2015/09/09/estados-delincuenciales/.

[41] The London Telegraph, en su artículo de 2013: CIA running arms smuggling team in Benghazi when consulate wasattacked .

[42] The New York Times, según informaba, en 2013, en su artículo: Puente aéreo de armas a los rebeldes sirios se expande, con la ayuda de la CIA.

[43] Configurando Adjetivos: ¿De dónde consigue ISIS las armas? http://tonyfdez.blogspot.com.co/2015/11/de-donde-consigue-isis-las-armas.html.

[44] Ibídem.

[47] Alvin y Heidi Toffler: War and Antiwar: Survival at the Dawn of the 21st Century. Hardcover - noviembre de 1993.

 

[48] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Teorías y conceptos para entender formas actuales de hacer la guerra.

[49] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Ob.Cit.

[50] Ibídem.

[51] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Teorías y conceptos para entender formas actuales de hacer la guerra. file:///C:/Users/RAUL%20PRADA/Downloads/Teor%C3%ADas%20y%20conceptos%20para%20entender%20formas%20actuales%20de%20hacer%20la%20guerra%20(1).pdf.

[52] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Ob. Cit.

[53] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Ob. Cit.

[54] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Ob. Cit.

[55] Ver de Raúl Prada Alcoreza Estado de excepción. Dinámicas moleculares; La paz 2013-15.

[56] Ver de Raúl Prada Alcoreza Las dos caras de la híper-modernidad. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/las-dos-caras-de-la-hiper-modernidad-del-sistema-cultura-mundo-capitalista/.

[57] Ver de Raúl Prada Alcoreza Estados delincuenciales. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. También en pradaraul.wordpress: https://pradaraul.wordpress.com/2015/09/09/estados-delincuenciales/.

 

[58] Ver de Raúl Prada Alcoreza La inscripción de la deuda infinita, su conversión infinita. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-inscripcion-de-la-deuda-su-conversion-infinita/.

[59] Texto:  • Estrategia militar Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Estrategia_militar?oldid=87348034 Colaboradores: Rosarino, Ejmeza, SimónK, LadyInGrey, Benjavalero, Boticario, Peejayem, Petronas, Patricio.lorente, Fergon, BOTijo, Gaeddal, Damajipe, Gaijin, Zalovitch, CEMbot, Ca in, Falconaumanni, Antur, Gonn, Gafotas, Dorieo, Thijs!bot, Airwolf, Leonudio, Juansemar, Góngora, Doreano, Segedano, Iulius1973, TXiKiBoT, Hlnodovic, Bedwyr, Idioma-bot, Uruk, VolkovBot, Technopat, Muro Bot, BotMultichill, SieBot, Loveless, Macarrones, Emilyum, Drinibot, Novellón, Marcelo, Jorjum, PipepBot, Fadesga, Tlilectic, MetsBot~eswiki, StarBOT, SPQRes, Kikobot, Leonpolanco, Garron lakd, Alexbot, Takashi kurita, Juan Mayordomo, UA31, AVBOT, Fuska, Andreasmperu, Maquina roja, 2deseptiembre, Yago López, Luis Felipe Schenone, SuperBraulio13, Jkbw, Dossier2, FrescoBot, Noventamilcientoveinticinco, TiriBOT, MAfotBOT, Jorge c2010, Foundling, AVIADOR, KLBot, Piockñec, MerlIwBot, KLBot2, TeleMania, Elvisor, Dexbot, RomanLier, Lukus, Chevebot, Lizzyxiqita, GreexD, Lautaro 97, Tuareg50, Addbot, Balles2601, BOTito, Vamedinalugo, AVIADOR-bot, Ezequiel Avalos, Jarould y Anónimos: 118. Ver Enciclopedia Libre: Wikipedia: https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Especial:Libro&bookcmd=download&collection_id=d83ed16f11852e7ab3e53a75fbbe591c81063ef1&writer=rdf2latex&return_to=Estrategia+militar. Texto: • Militar Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Militar?oldid=86787038 Colaboradores: 4lex, JorgeGG, Dodo, Sms, Truor, Yakoo, Kordas, Richy, Edub, Emijrp, Mortadelo, Yrbot, Vitamine, BOTijo, Gaijin, RobAn, Gothmog, Kabri, C-3POrao, Libertarismo, Er Komandante, Cheveri, Lancaster, Ketamino, Ublanco, Tamorlan, VADIN, BOTpolicia, Qwertyytrewqqwerty, CEM-bot, Ca in, Gafotas, Südlich, Thijs!bot, Tortillovsky, Escarbot, Isha, Gusgus, JAnDbot, CommonsDelinker, Militar11, Mercenario97, Humberto, Netito777, Pólux, Jmvkrecords, Technopat, Keres, Lucien leGrey, Muro Bot, Ger123, BOTarate, Orosol, Greek, HUB, Tonisegura76, Petruss, BetoCG, UA31, AVBOT, MastiBot, CENA PAGANA, Angel GN, Diegusjaimes, OffsBlink, Arjuno3, Luckas-bot, Nallimbot, ZGD, Diogeneselcinico42, SuperBraulio13, Xqbot, Jkbw, Rubinbot, Ricardogpn, Esceptic0, Botarel, Mperezr, PatruBOT, Dinamik-bot, Ripchip Bot, Tarawa1943, Samueliito, HermanHn, DivineAlpha, Foundling, Anyma, GrouchoBot, EmausBot, Savh, Tenan, MerlIwBot, KLBot2, MetroBot, Lfgg2608, Gusama Romero, Inglethorp, Daniel.grima, Helmy oved, Centrum~eswiki, Rockeets, Maxi Villagra, Addbot, Sophie Lopez, Jarould, RAJHIM, Samuel.b.l.2001ss y Anónimos: 93. Ver Enciclopedia Libre: Wikipedia:  https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Especial:Libro&bookcmd=download&collection_id=4ae0d2cfa9bfe58068d3eef7b39b7134b03f1fd1&writer=rdf2latex&return_to=Militar.

[60] Revisar de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy La Cultura-mundo. Anagrama; Barcelona 2010. También de Gilles Lipovetsky y Hervé Jupín El occidente globalizado. Anagrama; Barcelona 2011.

 

[61] Ver de Georges Canguilhem Lo normal y lo patológico. Siglo XXI; México 1986.

[62] Ver de Raúl Prada Alcoreza Devenir y dinámicas moleculares. Dinámicas moleculares, La Paz 2013. Se puede también encontrar en http://pradaraul.wordpress.com/2013/12/04/devenir-y-dinamicas-moleculares/.

[63] Revisar el concepto de autoconciencia en la Fenomenología del espíritu de Hegel. Siglo XXI. México.

[64] Ver de Merleau-Ponty Fenomenología de la percepción. Editorial Planeta; Buenos Aires 1993.

[65] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento poético. http://pradaraul.wordpress.com/que-es-la-poesia/acontecimiento-poetico/; La Paz 2014.

[66] Ver de Raúl Prada Alcoreza Intuición subversiva. Pradaraul.wordpress. https://pradaraul.wordpress.com/anarquismo/intuicion-subversiva/.

[67] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

[68] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-explosion-de-la-vida/.

[72] Ver El retorno de la Bolivia plebeya. Comuna; la Muela del Diablo; La Paz 2000.

[75] Ver Acontecimiento político. Ob. Cit. 

 

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Pluriversidad Libre Oikologías

Proyecto emancipatorio y libertario de autoformación y autopoiesis

 

 

Diplomado en Pensamiento complejo:

Contrapoder y episteme compleja

 


 

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Diplomado en Pensamiento complejo:

Contrapoder y episteme compleja

 

 

Objetivo del programa:

Umbrales y limites de la episteme moderna, apertura al horizonte nómada de la episteme compleja.

 

Metodología:

Cursos virtuales, participación virtual en el debate, acceso a la biblioteca virtual, conexión virtual  colectiva. Control de lecturas a través de ensayos temáticos. Apoyo sistemático a la investigación monográfica. Presentación de un borrador a la finalización del curso. Corrección del borrador y presentación final; esta vez, mediante una exposición presencial.

 

Contenidos:

 

Modulo I

Perfiles de la episteme moderna

 

1.- Esquematismos dualistas

2.- Nacimientos de del esquematismo-dualista

3.- Del paradigma regigioso al paradigma cientifico 

4.- Esquematismo ideológico

 

Modulo II

Perfiles de la episteme compleja

 

1.- Teórias de sistemas

2.- Sistemas autopoieticos 

3.- Teorías nómadas

4.- Versiones de la teoria de la complejidad

 

Modulo III

Perspectivas e interpretaciones desde la complejidad

 

1.- Contra-poderes y contragenealogias 

2.- Composiciones complejas singulares

3.- Simultaneidad dinámica integral

4.- Acontecimiento complejo

 

Modulo IV

Singularidades eco-sociales 

 

1.- Devenir de mallas institucionales concretas

2.- Flujos sociales y espesores institucionales

3.- Voluntad de nada y decadencia

4.- Subversión de la potencia social

 

 

Temporalidad: Cuatro meses.

Desde el Inicio del programa hasta la Finalización del programa.

Finalizaciones reiterativas: cada cuatro meses, a partir del nuevo inicio.

Defensa de la Monografía. Defensas intermitentes de Monografías: Una semana después de cada finalización.



Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/estudios-del-presente/
Inscripciones: A través de la dirección: 

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