Más allá de la teoría de sistemas

08.03.2017 20:16

Más allá de la teoría de sistemas

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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A pesar de que la teoría de sistemas, ya en la episteme compleja, ha ayudado a concebir la realidad efectiva desde la complejidad, no reducida a los esquematismos dualistas de la episteme moderna, parece que debemos evaluar la teoría de sistemas a partir de la complejidad misma, sinónimo de realidad. La teoría de sistemas ha planteado las relaciones de los sistemas con el entorno, las interpretaciones e interpenetraciones entre sistemas, la composición estructurada y orgánica de los sistemas; en lo que respecta a los subsistemas vinculados, a las estructuras definidas y a las operaciones de clausura, en lo que respecta a los sistemas autopoiéticos. Pero, parece que no es suficiente para comprender la realidad efectiva, que ahora se presenta con mayor complejidad.

 

Pregunta: ¿Hay sistemas separados? ¿En su composición, la de los sistemas, los subsistemas, que la componen, se encuentran separados, como, de alguna manera, la teoría supone? Tomando el ejemplo y el referente de la temática y problemática de nuestra crítica, el sistema-mundo extractivista[1]; ¿el subsistema extractivista está separado, aunque vinculado y articulado, al subsistema industrial? Lo mismo en lo que respecta al subsistema financiero y a las relaciones combinadas entre estos subsistemas del sistema-mundo capitalista. Si vemos que las empresas extractivistas emplean tecnología de punta en las operaciones extractivistas que efectúan, entonces se constata que la tecnología producida industrialmente, recurriendo a la ciencia instrumentalizada, se encuentra en las dinámicas inherentes del extractivismo. No parece tan apropiado separar estos subsistemas, para que entren en relación en la mecánica sistémica. Más parecen yuxtapuestos e imbricados.

 

Si esto ocurre, no parece posible distinguir composiciones de un subsistema, por ejemplo, el extractivista, respecto al industrial; pues en sus composiciones contienen el uno del otro. Tecnología en el caso del extractivismo, materias primas transformadas en el caso de subsistema industrial. En consecuencia no parecen funcionar tanto como subsistemas en un sistema dado, sino que conforman densidades complejas de composiciones combinadas de funciones, estructuras, actividades, explotaciones, producciones.

 

Es más, el subsistema financiero invierte tanto en el extractivismo como en la industria. Las asume como referencias de inversiones, sin atender a sus diferencias de actividades. En la economía-mundo capitalista no parece posible emprender un  proyecto extractivista o industrial sin la participación financiera. Todo se encuentra anudado, entrelazado, imbricado y yuxtapuesto. Es como una totalidad – déjenos usar este concepto metodológico – enmarañada, que funciona con todas sus composiciones combinadas, asociadas, conectadas y hasta confundidas.

 

Yendo más lejos, en estas anotaciones, la misma burguesía puede, mas bien, participar distributivamente en  todo estos ámbitos económicos, diferenciados por sus actividades. De tal manera, que ya no es posible distinguir una burguesía extractivista de una burguesía industrial y de una burguesía financiera, aunque se puedan distinguir sus ámbitos de actividades. La burguesía participa en toda la cadena productiva y económica, sin hacerse problemas de identidad.

 

Ciertamente, no ocurre lo mismo con el proletariado, pues se puede distinguir al trabajador contratado para las actividades extractivistas, de los trabajadores contratados para la industria, que cada vez más requiere trabajadores calificados. También se puede distinguir a estos trabajadores de los que desempeñan actividades de empleados en los bancos. Así como se puede distinguir el producto final de cada uno de estos ámbitos; materias primas, en el caso del extractivismo, incluso si son tratadas y hasta enriquecidas; manufacturas, productos creados por la producción, en el caso de la industria; capital financiero, incluso inflado, en el caso del subsistema financiero. Sin embargo, cuando funciona el sistema-mundo, lo hace de manera imbricada, no diferenciada, ni sucesiva.

 

Entonces, podemos hablar de la densidad económica, relativa a la complejidad de los entrelazamientos, imbricaciones, yuxtaposiciones, si se quiere, simbiosis, de los ámbitos de actividades económicas, separadas teóricamente. Los ámbitos extractivistas contienen a los instrumentos, herramientas y maquinarias industriales; así como los ámbitos industriales contienen los insumos, las materias primas, para que pueda darse lugar su transformación productiva. Los ámbitos financieros contienen, de una manera abstracta, las rentabilidades derivadas del extractivismo y de la industria.

 

Se trata de una economía-mundo compenetrada y enmarañada. ¿Se da algo parecido a los nichos ecológicos; empero, simétricos, en los espesores y planos de intensidad sociales? ¿Sería ésta una paradoja de vida y muerte, en lo que respecta al sistema-mundo inserto en los ciclos y espesores ecológicos del planeta? ¿Se trata de mimesis de nichos sociales respecto a los nichos ecológicos? La diferencia estribaría en que los nichos sociales no son autopoiéticos; no se abastecen a sí mismos. Requieren indispensablemente de los ciclos vitales ecológicos y de los nichos ecológicos; requieren de sus nutrientes y formas de energía. Sería como una imitación suspendida imaginaria e institucionalmente; una simulación en los ámbitos sociales. Algo así como si fuesen espectáculos de magnitud, asistidos institucionalmente; como todo espectáculo, requiere sostener sus escenarios. Solo lo puede hacer recurriendo a las nutrientes y formas de energía de las ecologías planetarias; además de recurrir al propio cobijo u hogar del planeta; del Oikos.

 

Se puede considerar a las ciudades modernas nichos sociales. Crecen más por migración que por vegetación; algunas se convierten en ciudades de asentamientos industriales, sin dejar de convertirse en conglomerados gigantes de servicios. Ni que decir en lo que respecta a la concentración de los mercados, que adquieren perfiles variados; concentrando toda clase de mercancías, desde alimentos hasta automóviles, desde insumos para la agricultura hasta ganados. La misma ciudad es un gran mercado de bienes inmuebles, de terrenos, de materiales para la construcción. Por otra parte, las ciudades son centros administrativos municipales y políticos, así como centros educativos. Lo mismo podemos decir en lo que respecta a los centros de recreación, de espectáculos, centros culturales. Todo esto, no solo como estructuras institucionalizadas, sino, sobre todo, como flujos de actividades, movimientos urbanos, circuitos de transporte y comerciales, hacen pues al nicho social.

 

Podría parecer un juego de espejos; el nicho social repite al nicho ecológico; sin embargo, la diferencia estriba en que el nicho ecológico es autopoiético, en cambio el nicho social no. Por la sencilla razón de que el nicho ecológico no deja de pertenecer a los ecosistemas y a los ciclos vitales de las ecologías del planeta.

 

Que los imaginarios y las narrativas modernas consideren a las sociedades modernas como sistemas autosuficientes, independientes de lo que denominan la naturaleza, es parte de la conjetura del poder; conjetura actualizada en las condiciones de la modernidad. Es parte de la ideología moderna. Esta conjetura está lejos de sostenerse empíricamente. Esta conjetura de la dominación sobre la naturaleza es lo que arrastra a las sociedades modernas, en la actualidad, a la crisis ecológica, de envergadura planetaria y de consecuencias irreparables.

 

Volviendo al tema, el funcionamiento de la economía-mundo se parece menos a un funcionamiento sistémico y más un funcionamiento enmarañado de ciclos sociales, de estructuras e instituciones sociales, de ámbitos imbricados de actividades económicas. Como si fuera un nicho ecológico, restringido a los campos sociales humanos. Por eso, lo de nicho social, incluso mejor, en este caso, nicho económico, parece una figura apropiada.

 

Al pasar de la teoría de sistemas a la teoría ecológica, en la versión del pensamiento complejo, que abarca a las geografías de las sociedades humanas, que, si bien supone la teoría de sistemas, se ingresa a la comprensión de composiciones y combinaciones de composiciones más complejas. Categorías como imbricación, interpenetración, entrelazamiento, articulación e integración, adquieren connotación en la interpretación ecológica de la economía-mundo. Todavía en una especie de transición podríamos decir, recurriendo a los conceptos de la teoría de sistemas, que los sistemas, en entornos de sistemas, además, de los subsistemas, que los componen, se encuentran yuxtapuestos, no separados. Que al estar yuxtapuestos no funcionan como sistemas, sino como si fueran entrelazamientos ecológicos, imbricándose, afectándose e induciéndose mutuamente. Así como el nicho ecológico es un substrato nuclear de vida, de la reproducción de vida; también podemos decir que el nicho económico es un substrato nuclear de dinámicas sociales y económicas.

 

Entonces, lo que llamamos esfera extractivista, esfera industrial, esfera comercial, esfera financiera – usando este termino de esfera todavía en sentido de la economía política -, no están separadas, en la realidad efectiva, salvo en la suposición teórica. Conforman conglomerados sociales entrelazados, que hacen a la complejidad del nicho económico. Esta compresión nos hace ver que no se puede resolver el problema del círculo destructivo del extractivismo, si no se resuelve el problema del círculo productivo industrial, del círculo compulsivo del consumo, del círculo especulativo financiero. Hay que pues desatar todo el nicho económico, mejor dicho, devolver sus composiciones al ecosistema, a los ciclos vitales, a la ecología, donde efectivamente pertenece; sacarlo de la ideología autocomplaciente, que se imagina a la sociedad como separada de la naturaleza, a la economía como espacio autónomo y diferenciado, a los ámbitos de las actividades económicas como separadas y demarcadas. Para darle durabilidad, consistencia, sincronía y armonía a la reproducción social es menester reinsertarla a los ciclos vitales de las ecologías planetarias.

 

 

Si admitimos que la economía-mundo funciona como nichos económicos integrados mundialmente – por lo menos como hipótesis provisional -, hay que remarcar una diferencia crucial entre nichos ecológicos y nichos económicos; éstos visualizados en un horizonte más amplio, el de los nichos sociales. Esta diferencia radica en que los nichos económicos no se reproducen por sí solos; requieren de la participación de los cuerpos humanos, de las asociaciones, composiciones y combinaciones de estos cuerpos. No hablamos a propósito de sujetos sociales, que es un concepto, definido, más bien en la abstracción sociológica de sujeto; desde la perspectiva ecológica es indispensable hablar de cuerpos, puesto que son los cuerpos los que forman parte de los ciclos vitales ecológicos. Los cuerpos humanos asociados reproducen a sus propias máquinas institucionales; entre ellas a las máquinas económicas.

 

 

El cuerpo es lo que lo hace existir y lo hace vivo al ser humano. Sin el cuerpo no es nada. El cuerpo está ligado al Oikos, al planeta, a sus ciclos vitales, a sus ecologías y ecosistemas. Es parte de los espesores ecológicos y planetarios. El cuerpo sabe así como saben los saberes bilógicos; sabe en tanto memoria genética y también sabe cómo saber corporal, en la propia singularidad de su experiencia y su propia memoria. El cuerpo sostiene otros saberes, que no dejan de ser corporales, aunque la narrativa moderna los haya separado de la naturaleza. Sostiene saberes sociales, memorias sociales, todos basados en las experiencias sociales. El sujeto social, volviendo a este concepto sociológico, es constituido por los diagramas de poder y las mallas institucionales inscritas en el cuerpo. Es modulado en el juego de inducción del poder y resistencias corporales. El sujeto social no es el cuerpo, aunque se sostenga en él, aunque forme parte de él. El sujeto social es subjetividad constituida y es reconocimiento intersubjetivo; se interpreta a partir de codificaciones y decodificaciones culturales, sostenidas por las mallas institucionales. Es el sujeto social el que toma decisiones en la economía-mundo y en el sistema-mundo; es decir, en los planos de intensidad que hacen a la sociedad. En cambio el cuerpo decide, por así decirlo, para mantener la palabra de comparación, en los espesores y planos de intensidad de la vida, que lo atraviesan y lo constituyen.

 

¿Cuál es el problema? Es que la civilización moderna ha logrado escindir institucionalmente, no efectivamente, el cuerpo vital de lo que respecta al sujeto social. En consecuencia, los esquemas de comportamiento modernos se mueven como si la realidad efectiva se redujera a los campos sociales, a los espesores y planos de intensidad que hacen a la sociedad, ignorando, prácticamente, la complejidad dinámica e integrada de la realidad efectiva; es decir, del Oikos. Esta disociación moderna ha provocado la desconexión generalizada de las sociedades modernas respecto a su Oikos.  Esta desconexión generalizada es la madre del cordero, es la escisión que ha desatado la crisis ecológica, que amenaza la vida en el planeta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué entendemos, provisionalmente, como nicho económico?

 

Para comenzar, como dijimos, usamos una metáfora ecológica para referirnos a dinámicas más o menos análogas; pues como en el caso de los nichos ecológicos, las sociedades humanas, por así decirlo, aglutinan condiciones materiales para su reproducción social, para la reproducción de la sociedad. El conjunto de estas condiciones hacen a su hábitat social. Se trata de condiciones que posibilitan la vida social. Las condiciones son tales por que se complementan, se imbrican, se entrelazan, se refuerzas y se afectan, conformando un hábitat social complejo e integrado.

 

Las sociedades humanas hacen, prácticamente, lo mismo que hacen las sociedades orgánicas, en las ecologías donde se encuentran insertas; absorben las formas de energía y las transforman haciéndolas asequibles y consumibles. Parece que los procedimientos humanos, llamados tecnologías,  son más complicados que los procedimientos del resto de las sociedades orgánicas. La peculiaridad radica en que las sociedades humanas creen que lo que hacen es propio de ellas; es más, que lo que hacen es sustancialmente diferente de lo que hacen las sociedades orgánicas. Encontrando que lo que hacen se debe a la evolución. Las tecnologías humanas no son  otra cosa que imitaciones o copias de lo que ya hacen las sociedades orgánicas; la intervención de las tecnologías y ciencias humanas son ciertamente característica propia de esta especie de la biodiversidad ecológica; sin embargo, el proceso de transformación de la energía y la materia, es algo que comparte con todas las sociedades orgánicas.

 

El problema radica en que esta separación imaginaria e institucional de las sociedades humanas respecto a lo que la modernidad llama naturaleza, hace que lo que hacen las sociedades humanas derive en una desarticulación de estas sociedades respecto a la proliferante y creativa vida. Ocasionando la crisis ecológica.

 

La economía-mundo trasforma las formas de energía y las materias en productos  o bienes asequibles y consumibles por las poblaciones de las sociedades humanas. Hasta ahí todo es equivalente con la ecología. Sin embargo, cuando estas formas de transformación de la energía y de las materias se desconectan del conjunto de formas de transformación de la energía y las materias de las sociedades orgánicas, adquiere dimensiones descomunales y desorbitadas, afectando las equilibraciones y armonizaciones ecológicas, indispensables para la vida. A la larga, contrae consecuencias no solo depredadores y destructivas en los ecosistemas, sino para las mismas sociedades humanas.

 

Lo que hay que entender es que la economía-mundo - no hablamos en este ensayo del sistema-mundo, que es la complejidad sistémica de múltiples espesores y planos de intensidad, que componen a la sociedad; sistema-mundo donde se encuentra inserta la economía-mundo - no funciona exactamente como los paradigmas económicos han concebido; como si fuera un campo autónomo, diferenciado del resto de los campos sociales; sino que, efectivamente funciona como una “ecología”, usando el término metafóricamente y con el objetivo de la comparación. Se comporta como un nicho económico.

 

Hasta ahora hemos hablado de economía-mundo, sobre todo por razones de exposición y de ilustración; sabemos que la economía no solamente está inserta en el  sistema-mundo, sino que funciona de manera imbricada, enmarañada y entrelazada, integrando los múltiples planos de intensidad social. Sabemos que el nicho económico es, mas bien, nicho social; pues los entrelazamientos se dan  entre todos los ámbitos de actividades sociales, no solamente relativas a las actividades económicas. Ahora bien, si se trata de nichos sociales y no de nichos económicos, entonces, el campo económico funciona en compenetración con los otros campos sociales, que hacen de condición de posibilidad, por así decirlo, de la propia economía. Por otra parte, la propia economía no funciona separando, salvo institucionalmente, el ámbito extractivista del ámbito industrial, del ámbito financiero, del ámbito comercial; sino que lo hace también de una manera imbricada y entrelazada, como ya lo expusimos.

 

Para una comprensión, entendimiento y crítica del extractivismo, se requiere de la visualización de estas imbricaciones, de estos entrelazamientos, de estas compenetraciones, que hacen a la dinámica de lo que hemos llamado, provisionalmente, nicho económico. No solamente cómo se inducen mutuamente, sino cómo conforman dinámicas compenetradas, indisolubles, que modifican el extractivismo, la industria, el comercio, el ámbito de circuitos financieros, constantemente.

 

De esta manera, comprendemos que el extractivismo no es el problema como parte del funcionamiento económico, sino que toda la economía-mundo adquiere el carácter preponderante de extractivista; es más, como dijimos antes, el sistema-mundo es extractivista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Cursos virtuales, participación virtual en el debate, acceso a la biblioteca virtual, conexión virtual  colectiva. Control de lecturas a través de ensayos temáticos. Apoyo sistemático a la investigación monográfica. Presentación de un borrador a la finalización del curso. Corrección del borrador y presentación final; esta vez, mediante una exposición presencial.

 

Contenidos:

 

Modulo I

Perfiles de la episteme moderna

 

1.- Esquematismos dualistas

2.- Nacimientos de del esquematismo-dualista

3.- Del paradigma regigioso al paradigma cientifico 

4.- Esquematismo ideológico

 

Modulo II

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1.- Teórias de sistemas

2.- Sistemas autopoieticos 

3.- Teorías nómadas

4.- Versiones de la teoria de la complejidad

 

Modulo III

Perspectivas e interpretaciones desde la complejidad

 

1.- Contra-poderes y contragenealogias 

2.- Composiciones complejas singulares

3.- Simultaneidad dinámica integral

4.- Acontecimiento complejo

 

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1.- Devenir de mallas institucionales concretas

2.- Flujos sociales y espesores institucionales

3.- Voluntad de nada y decadencia

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