Laberinto generalizado

14.02.2016 18:32

Laberinto generalizado

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Índice:

 

Prólogo                                                                           

Globalización ideológica e ideología de la globalización  

Metafísica de la economía

Fundamentalismo de mercado                                       

Mentalidades reaccionarias                                             

La concepción deportiva de la política                             

Un balance sin evaluación                                            

Una interpretación de la década                                     

Un referente forzado                                                              

Corrupción generalizada                                                 

A-sistema-mundos capitalistas                                              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tu horizonte es valla marcando términos insostenibles

Como pudorosos gestos que son insinuaciones 

De provisorias sapiencias, proliferantes certezas

Como extravíos de aves estrellándose en ventanas

Donde se refleja exuberante tarde de verano

Terrible cinco de la tarde en todos los relojes

 

Resguardo infructuoso evitando intrépidas miradas

Aves volando tan alto, ya saben no hay horizonte

Sino esfera girando en eje de recuerdos moribundos

Miradas nómadas inventando territorios mutantes

Atravesando fortificaciones agobiadas, cansadas de defenderse 

Afanosos cinturones policiales cumpliendo órdenes paranoicas

Impidiendo entrar en plaza de armas

Considerada prerrogativa de castas dominantes

 

Tu orgullo entorpece reconocer en otros

Analogías donde te repites como mecánico modelo

No puedes comprender en plebe aludida

En discursos desgarbados y envejecidos por repetirse 

Potencia y capacidad de autogobierno del pueblo

 

A unos miras como leales condescendientes

De tus petrificados caprichos incongruentes

Hay otros a quienes consideras enemigos

Como en guerras santas se juzga a infieles

A las mayorías observas como ingratas masas

Y desmemoriadas muchedumbres

Olvidaron tus notables sacrificios políticos

Ya no tienes relación humana con los humanos

Sino relación del que manda a sus súbditos

 

 

Has reducido la revolución a un canto a ti mismo

Cambio no puede ser sino tu glorificación

Como si fueses el mesías esperado

Por iglesias monoteístas provenientes del desierto

Conservando las escrituras sagradas en baúles enmohecidos

Tu epidermis simbólica ha absorbido

La energía de las movilizaciones, sismos en suelos deteriorados

Como agujero negro tragándose al universo fugitivo

Como succionadora colosal ciénaga

De cadáveres extinguidos en flácida comedia 

Tu cuerpo alegórico ha engullido

Como el otoño devora los frutos del verano 

La autonomía de heroicas rebeliones

Ha tragado agitadores gestos interpeladores 

Y transgresiones irreverentes de multitudes potentes

A quienes convertiste en tu sombra

 

Estás solo

Solo en desierto de aplausos plañideros

Rodeado de alargadas caravanas serviles

Como procesiones arrastradas al llanto por martirio del santo

Estás solo

En camino a soledad más grande

Como infinito vacío sin contornos

Abismo insondable sin fondo

Alejado como anacoreta en la cumbre

Imaginada por chamanes y brujas, yatiris y ñustas

Sin contacto con contrastantes asperezas

De itinerantes eventos prófugos

Escapando a vigilancia del régimen celoso

 

Solo

Acompañado por tus preguntas sin respuesta

Salvo sentencias complacientes de consejeros

Quienes se adelantan a darte las buenas nuevas

Acompañado por tu angustia inmensa

Creciendo como enredadera en empalizada de apatías

 

Solo

Con tus convalecientes recuerdos ahogados

Como niños migrantes muertos en naufragio

Lo único innegable tenido a mano

 

Solo

Con tu poder indiscutible como palabra de oráculo

Y hedonista narciso en estanque mirándose en reflejo

No sirve para salvarte de soledad inconmensurable

Solo

Con patrimonio furtivamente atesorado

Botín del político por el oro aguijoneado  

Solo

Con tu fama barata

De revolucionario fraguado

Solo

En tu palacio mil veces quemado

 

Las voces sumisas de entornos palaciegos

No ayudan a vencer tus atroces miedos

Te persiguen cuando despierto codicias

Sosiego no tenido ni puedes alcanzar con manos propias

Ni montones de manos aplaudiendo como si bailaras cueca

Y cuando duermes acurrucado en alucinaciones apremiantes

Sin tampoco entonces escapar a tu suerte

 

 

Solo

Con tu soledad a cuestas

Cargándola a tus espaldas como Sísifo en la montaña

Buscas una salida y no la encuentras

Aprisionado en laberinto enrevesado

Buscas reconciliarte contigo mismo

Reminiscencia de lo que alguna vez fuiste

Dirigente sindical en resistencia duradera

En guerra de baja intensidad inventada

Por el abrumado imperio globalizado

Como titánica máquina de guerra

Aterradora pero inservible ante despertar emancipatorio

De pueblos descubriendo su creadora potencia

Pero estas tan lejos de aquélla evocación disuelta

Por el viento de las instituciones en desvencijado mando

De aquéllos perfiles perdidos en la bruma

En niebla al amanecer cuando te reúnes

Con cofradías cómplices

 

Buscas en tu organismo un consuelo tierno

Pero encuentras tu cuerpo quebrado

Por la penuria inútil que demanda la farsa

Despedazado por jaloneo de ávidos séquitos

Como en Peñas el de Tupac Katari descuartizado

Esta vez no por conquistadores sino por prosélitos

Por leales y zalameros entornos cortesanos

 

Un vacío incontenible asciende despavorido

Como gases de efecto invernadero

Envenenando el aire, el agua y los suelos

Asciende depósito desechable como vaho pestilente

Enfermando a atmósfera y ciclos climáticos 

Desde las profundidades de tus huesos calados

Donde se depositaron sufrimientos antiguos

Memoria cristalizada de la colonización

 

Piélago hambriento devorando todo

Lo hallado en su demoledor alcance

Te traga a ti también llevándote al recóndito remolino

Triturador de vidas diseminadas en cascajos apagados

El torbellino toma presas incautas

Creyentes de encantos fabulosos

De seducciones prometedoras como canto de sirenas

Pero, cuando estas en el ciclón monstruoso

Para escapar de la destrucción ya es demasiado tarde

El embudo te arrastra con fuerza gravitante

Irreversiblemente a decadencia y hundimiento

Como barco con las luces encendidas ahogándose en mar turbulento

Así pinta Vicente Huidobro sus cuadros imaginados

 

¿Cómo has llegado tan lejos?

Repitiendo conductas aborrecibles, torpezas abominables

Como antes se daban, profusas corrosiones

Como oxidaciones de maquinaria de dominio administrada

Aterida en normas y prácticas anacrónicas 

Como condena cruel de despojadas periferias 

En los tiempos de gobiernos mercaderes

 

¿Cómo te pudiste convertir en lo mismo?

En semejante hábito de arrogancia

Menosprecio petulante sin asidero

Al sentido común de la gente

Creyendo puedes ocultar secretos de Estado

Secretos a voces rumoreados

Ocultando compromisos sinuosos

 

¿Cómo has podido convertir la esperanza del pueblo

En recurrente burla espantosa?

En trampa donde te atrapas a ti mismo

¿Cómo te perdiste en meandros de espectáculos descoloridos

Y penosamente estridentes en teatros montados?

 

Tú poder como de todo devoto del destino

Se sostiene en ilusión absoluta y monárquica antigua

De maquinada inducción de voluntades

Buscas convencer de bondades gobernantes

Ilusión delirante extraviada en ansias

Como enjambres de mosquitos alborotados

Después de lluvia y sol pegado a los charcos

Evaporando sus llantos consumados

Creer dominar con retóricas extravagancias

A propios y ajenos, a crédulos y a incrédulos

También manejar secuencia de hechos

Como si fuesen decretos regidos por el Estado

Al antojo del otoñal patriarca parapetado

Sebastiano Monada: Laberinto y soledad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prólogo

 

El ensayo Laberinto generalizado tiene sus antecedentes, que se remontan a Crítica de la economía política generalizada y a Inscripción de la deuda y su conversión infinita[1]; empero, los ensayos más recientes, que se vinculan con el presente ensayo, son Diseminaciones, El mundo como espectáculo, Antiproducción y Clausura del horizonte moderno[2]. Estos ensayos recientes se caracterizan por buscar, en la perspectiva de la complejidad, desplazamientos y rupturas epistemológicas, que den lugar a nuevas interpretaciones y nuevas concepciones de los problemas atingentes. Entre ambos periodos de ensayos, están los que retoman el debate desde la perspectiva de las paradojas y con el enfoque de la crítica de la ideología; estos son La paradoja conservadurismo-progresismo y Crítica de la ideología[3].

 

Laberinto generalizado comienza con el capítulo Globalización ideológica e ideología de la globalización, que efectúa una crítica del concepto de globalización; crítica de la globalización privatizadora, especulativa, banal, extractivista y destructiva. Se trata de una crítica que coloca en el núcleo del análisis al sistema-mundo moderno. Le sigue el capítulo Metafísica de la economía, que enfoca críticamente la “ideología” economicista del Fundamentalismo de mercado. El tercer capítulo es Mentalidades reaccionarias, que consiste en una evaluación crítica de la coyuntura, cuando vuelven a aparecer las sombras del neoliberalismo; esta vez descoloridas, desteñidas, opacas, y sin muchas luces. Aunque el neoliberalismo no las tuvo, a diferencia del liberalismo; sin embargo, aparentó vigor, después de la caída del socialismo real. El cuarto capítulo está dedicado a La concepción deportiva de la política; mostrando, además de la banalización de la política, esta concepción donde la ideología se sustituye por la camiseta, sin necesidad de esforzarse por argumentar; basta la pasión por el color de la camiseta. El siguiente capítulo, Un balance sin evaluación, se aboca a un balance crítico de la década de gobierno populista; el objeto de análisis crítico es el libro del Ministro de Economía y Finanzas Públicas, del gobierno de Evo Morales Ayma, Luis Alberto Arce Catacora, titulado El modelo económico social comunitario boliviano. Propiamente el balance crítico se realiza en el siguiente capítulo, Una interpretación de la década. Después viene Un referente forzado; capítulo dedicado al análisis crítico del referéndum sobre un artículo de la Constitución, con el objeto de su modificación, para habilitar una nueva postulación continúa del presidente y el vicepresidente. Corrupción generalizada, es el octavo capítulo; en este se analiza no solamente la corrupción como casos, hechos visibles por los escándalos, sino como fenómeno generalizado en el sistema-mundo polito, como parte del funcionamiento del poder, a escala nacional, regional y mundial. Vinculando este concepto de corrupción generalizada al concepto conocido de economía política generalizada. Lo que le da no solo cobertura, sino también la perspectiva de la complejidad, cuando se comprende el capitalismo, no solo como plano de intensidad económico, sino como articulación integrada de planos de intensidad y espesores de intensidad plurales.  El último capítulo es A-sistema-mundos capitalistas; en éste se comienza con una revisión crítica de un concepto complejo, hartamente usado por nosotros, sistema-mundo capitalista, mostrando sus límites, sus ateridos alcances, además de sus contrastes y contradicciones, en discordancia con las historias efectivas de lo que se viene en llamar capitalismo.

 

Seguramente, a partir de este libro, siguiendo la ruta, emprendida desde Episteme compleja[4], intentaremos nuevamente, como desde Diseminaciones, sugerir nuevas interpretaciones en la perspectiva de la complejidad. 

 

 

 

 

 

Globalización ideológica e ideología de la globalización

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde hace un tiempo se ha venido hablando mucho de globalización. Quizás desde la década de los ochenta con mucha asiduidad; a pesar que, ciertamente, la mundialización se da desde la conquista y colonización del quinto continente, desconocido hasta entonces, de Abya Yala, por parte de Europa. Se han formado como dos bandos; claro que hay más; empero, nos quedaremos con estos dos, por sus contrastes, dejando las otras interpretaciones, que son, en todo caso, menores. Lo hacemos para exponer el problema, considerando sus extremos, por así decirlo. Los unos, ven en la globalización un evento positivo; otros ven, mas bien, un evento negativo. De alguna manera, son conocidas estas posiciones y tendencias opuestas; no creemos necesario entrar en detalles y evaluarlas minuciosamente, de acuerdo a sus variantes. En todo caso, ya expusimos el debate en otros escritos[5]. Suponiendo que se tiene una idea, aunque vaga o, si se quiere, general, del debate, lo que interesa, ahora, es preguntarse sobre lo que se significa cuando se habla de globalización; se esté a favor o en contra.

 

Los que se inclinan por la positividad de la globalización, consideran que, este proceso de mundialización, beneficia a las sociedades, países y Estado; los que se inclinan por la negatividad de la globalización, consideran que destruye a las sociedades, a la cohesión, a las culturas, a la autonomía de las sociedades, a la soberanía de los Estado-nación. En los ensayos que difundimos, sobre todo, desde el 2010, hicimos la crítica a lo que llamábamos la globalización privatizadora, acercándola a la expansión planetaria del proyecto neoliberal; optando, en contraposición, más bien, por una globalización social, colectiva, solidaria, complementaria y conformada por reciprocidades[6]. Bueno; empero, ahora, debemos preguntarnos: ¿Hay globalización efectivamente? A muchos esta pregunta les puede parecer ingenua o desubicada; sin embargo, es menester hacerlo, pues requerimos saber si esta globalización es “ideológica” o efectiva.

 

Aceptemos que la globalización se da institucionalmente; la ONU es una corroboración institucional planetaria que esto sucede. El mercado mundial, cada vez más integrado, es otra prueba que el fenómeno se da no solamente a escala mundial sino que afecta a las sociedades en el plano de intensidad económico. La cultura-mundo parece ser la otra evidencia; ahora en los imaginarios, incluso en los habitus, en las conductas y comportamientos.  La lista puede ser más larga, dando ejemplos de que la globalización concurre. Sin embarga, todo lo que se presente como verificación, no hace otra cosa que mostrarnos las formas institucionales de la globalización, incluyendo ciertas tecnologías y políticas. Cuando se habla de efectividad se está pensando, mas bien, en la articulación integrada de las sociedades.

 

Para poder hablar de una globalización, en este sentido, es menester que las sociedades del mundo, distinguidas por países, por lenguas, culturas, incluso estados, se complementen; es decir, se cohesionen, incluso manteniendo sus diferencias. Sin embargo, esto no ocurre, pues las sociedades no se complementan; al contrario, compiten, para usar una palabra tan cara para los neoliberales. Las economías guerrean, por así decirlo, unas contra otras. Concretamente, como dice Joseph E. Stiglitz[7], las recetas generales del FMI no han hecho otra cosa que beneficiar a los “países desarrollados” y afectar a los “países en desarrollo”. En pleno ciclo de crisis, obligó a la austeridad a estos países, “en desarrollo”, comprimiendo más su economía, además de empujarlos a privatizaciones; lo que terminaba de beneficiar a los “países desarrollados” y a las grandes empresas monopólicas. Puede ser que la balanza económica se haya equilibrado, en términos estadísticos; sin embargo, esto ocurrió a un costo muy alto para la sociedad. Los pobres aumentaron significativamente, las desigualdades se incrementaron abismalmente. Esto no es exactamente globalización o mundialización, como se quiera llamar; sino, mas bien, distinción, también diferenciación, por la magnitud de las desigualdades. La paradoja es la siguiente: cuando más institucionalmente se globaliza el mundo, es cuando las sociedades se hacen más desiguales, más distintas, sobre todo, en lo que respecta a los beneficios de la globalización.

 

Como se puede ver, no se trata de estar a favor o en contra de la globalización, ciertamente, reducida a los acuerdos institucionales, sino de contrastar esta tesis con lo que acaece en el mundo. Stiglitz también asume que hay globalización; empero, a diferencia de la burocracia del FMI y del BM, considera, que si bien, se notan aspectos positivos, en el balance, se puede observar que, al final de cuentas, el balance es negativo. Empero, ¿hay efectivamente globalización? No hablamos de si se preservan o no la lenguas, las culturas, los condicionamientos histórico-culturales, sino de la integración de las sociedades, países, Estados, culturas; también, por supuesto, economías. No la hay. Entonces, cómo se puede hablar de globalización efectivamente.

 

Este es un buen ejemplo de lo que dijimos respecto de la gran diferencia entre el mundo de las representaciones y el mundo efectivo. Los que interpelan y critican la globalización, parecen solamente constatar las consecuencias destructivas; en contraste, los que hacen apología de la globalización, parecen solamente constatar las consecuencias constructivas. Empero, es menester preguntarse si este fenómeno tan mentado se da efectivamente.

 

Sacando consecuencias de lo que expone Stiglitz, podemos decir que, para que se dé efectivamente la globalización, las condiciones de vida deben ser equivalentes, aunque se preserven las diferencias culturales, las lenguas, los contextos sociales. No basta mostrar que los supermercados, los moles, son los mismos, son las mismas cadenas o parecidas, en todos los países. No basta mostrar que las clases medias tienden a consumir prácticamente lo mismo o parecido; no basta mostrar que ven los mismos programas, de las mismas producciones, en la televisión. No basta mostrar que las conductas y comportamientos, sobre todo, de las clases medias, tienden a parecerse cada vez más. Las sociedades no se reducen a estas características, las sociedades son complejas, son composiciones singulares; para poder hablar de globalización en sentido positivo, manteniendo este término, que no compartimos, lo hacemos por motivos de exposición, las sociedades deben de complementarse, articularse e integrarse, incluso, manteniendo su diversidad y heterogeneidad. Si, se diera el caso, que esto no ocurre, sino una globalización homogeneizante, también, la globalización se puede entender como modernización única, no heterogénea. Pero, no es así, no aconteció, ni ocurre esto.

 

Se entiende que la tesis de la globalización, ayuda a construir explicaciones manejables de las sociedades y sus problemáticas en el mundo.  También se entiende que esta tesis ayuda a operar a los gobiernos, a los estados, a las organizaciones internacionales. Sin embargo, sobre todo por las consecuencias de lo que acaece con este supuesto de la globalización, debemos contrastar la tesis con las historias efectivas en el mundo, los países, los estados y las regiones. Si los resultados son, más bien, el aumento de las desigualdades; para decirlo, usando una figura tan reiterada; los ricos se hacen cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres; además, los pobres cada vez más son más numerosos. Sin hablar de otras diferenciaciones.

 

No hay, pues, tal globalización, sino, más bien, desintegración de las sociedades; paradójicamente, cuando aparentemente se comienzan a parecer. La globalización “ideológica” se da institucionalmente; son las instituciones las que cada vez se parecen más; son prácticamente lo mismo. Si se puede hablar de globalización, habría que decir que se trata de la globalización institucional; por lo tanto, de globalización no efectiva, en el sentido de lo que acontece, no en el sentido instrumentas. Si fuese esto último, mas bien, ocurre.  

 

¿Qué es lo que hay? La proximidad de las sociedades, en el sentido del acortamiento de las distancias, debido al avance tecnológico, aunque unas produzcan la tecnología y otras consuman los efectos de la tecnología, debido a la velocidad de las comunicaciones, de los transportes, no las convierte en parte de una globalización. Las hace solamente próximas, como compartir un mundo, interpretaciones de ese mundo; consumiendo cosas parecidas, distinguiendo clases sociales. Las sociedades no es que sean diferentes, no solo por su singularidad, sino porque no se han integrado, con todas las diferencias que puedan contener.

 

Por lo tanto, la globalización es una tesis “ideológica”, que legitima tanto a las posiciones positivas de la globalización, así como las posiciones contrastadas.  Paradójicamente, la tesis de la globalización coadyuva a multiplicar las separaciones. Se trata de entender, comprender y conocer lo que acaece efectivamente; si se logra un avance, en este sentido, se trata de transformar el mundo, vinculando a los pueblos, a partir de la complementariedad de sus singularidades.

 

Lo problemático de todo esto, es que mientras las instituciones, conciben que se da efectivamente la globalización, hasta pueden haber conformado mallas institucionales, que se conectan globalmente, el mundo efectivo se mueve en sus devenires, en los ciclos vitales; afectado, en sus planos de intensidad aislados, ocasionando la desintegración, la diseminación demoledora en las sociedades. Las organizaciones internacionales, los Estado-nación de las potencias “desarrolladas”, no dan chance a que los pueblos puedan deliberar, puedan sopesar, y actuar en consecuencia, en la perspectiva de las emancipaciones y liberaciones múltiples. Las organizaciones internacionales ya saben lo que se tiene que hacer; su recetario compartido por todos los países. En el lado opuesto, el pueblo, las sociedades alterativas, también saben lo que se quiere hacer; lograr la asociación efectiva de las sociedades y pueblos del mundo. La integración mundial.

 

Sabemos que no basta compartir luchas sociales, aliarse, comprometerse, ser solidarios; es urgente, a estas altura de la crisis múltiple de las sociedades, vincularse, conectarse, conocerse, en sus singularidades, es decir, en sus diferencias, complementándose. Ya no pueden ignorarse las sociedades; ignorancia que se da, a pesar de que estén informadas, a pesar de que repitan ciertos rasgos que, aparentemente, les hace parecerse. Las sociedades tienen que compenetrarse respecto de sus singularidades; con estas comprensiones, integrar sus particulares en el mundo efectivo, dinamizado por las singularidades.

 

A pesar de su petulancia, de su seguridad engreída, las organizaciones internacionales, los Estado-nación, las representaciones, la “ideología”, los intelectuales, no pueden sostener efectivamente la tesis de la globalización, pues las sociedades no logran parecerse en lo que respecta a las condiciones de vida. Un mundo de las representaciones, que responde a la tesis de la globalización; un mundo del limbo, entre el mundo de las representaciones y el mundo efectivo; no son pues, un mundo globalizado, sino un mundo desarticulado, desintegrado, en crisis. Desintegración que se oculta y que se efectúa, paradójicamente presentada como mundialización.

 

¿Qué efecto tiene que las instituciones internacionales y nacionales crean en la globalización, si efectivamente, se produce otra cosa, la desintegración? Las sociedades se desarman; no pueden resolver los problemas que enfrentan. Si bien parece que las burguesías, sobre todo la híper-burguesía mundial, logran prolongarse, aparentemente fortalecerse, lo que pasa no es un augurio de su permanencia tranquila; todo lo contrario. Es una marcha implacable al apocalipsis, por así decirlo, por el camino de la competencia, de la concurrencia, basados en la estrategia de las dominaciones. La híper-burguesía no tiene una estrategia de largo alcance; el imperio y los imperialismos que lo componen, no cuenta con una estrategia de largo ciclo, que le permita desenvolverse en el ciclo largo. Sólo tienen, en vez del conocimiento adecuado, de la comprensión de la complejidad, la pretensión de saberlo todo, basada en la pretensión de dominar el mundo, sustentada en el amor propio, en la autocomplacencia, y en el desprecio a los demás, que no conoce. No se da cuenta, que, si no se resuelven los grandes problemas heredados de la humanidad, no hay futuro para nadie.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Metafísica de la economía

Fundamentalismo de mercado

 

 

 

En 1985 escribimos y publicamos un ensayo titulado Crítica del discurso metafísico de la economía[8]. Creemos que mucho de lo que se escribió en ese entonces, sigue teniendo hoy validez, en cuanto a la crítica de la economía política; también en lo que respecta a la crítica de la teoría y de la filosofía, que, en aquel entonces, considerábamos que se trataba de la crítica efectuada desde la epistemología crítica.  Vamos a decir por qué pensamos esto. Primero, recogeremos algunas interpretaciones expuestas en el ensayo citado; después, retomaremos las críticas, de otro estilo, que hemos venido desenvolviendo desde que escribimos y publicamos Crítica de la economía política generalizada.

 

Recurriendo a una cita larga, del ensayo mencionado, a propósito, se escribió:

 

 

Hablar de la crisis económica se ha vuelto cosa común; esta comunión de la crisis de una comunidad económica, además de ser un acontecimiento empírico, se abre a la problemática de su definición: ¿Se trata de una crisis conceptual? ¿Una crisis de la razón económica? ¿Quizás más bien de una crisis moral? ¿Juntando los ámbitos, podremos hablar tanto de una crisis de los valores económicos así como de los valores subjetivos? Dejando de lado todo esto, optando por la descripción y la objetividad ¿sólo podemos hablar una crisis del sistema económico? Sin descontar la relación posible entre los tres niveles de crisis, la relativa al ciclo del capital, la vinculada a la inmanencia de los valores subjetivos, es decir, correspondiente a la esfera moral, y la referida al sistema económico, en otras palabras al paradigma o al modelo, es indispensable detectar en cuál de los niveles se manifiesta una desmesura mayor. En cuál de los niveles se hace más visible y evidente la crisis, cuál de estas crisis se convierte en la representante de la crisis integral. La identificación de la desmesura mayor, el lugar de la mayor diferencia, ayuda a comprender el carácter del desplazamiento ideológico. No olvidemos que la ideología funciona como recurso de legitimación de las dominaciones. Desde esta perspectiva es menester evaluar el carácter del desplazamiento ideológico, encontrar los síntomas de este desplazamiento en el discurso económico. Esto, sobre todo, por las características de la crisis y también por el brío de las medidas políticas emprendidas, medidas políticas privatizadoras en el contexto de la globalización. La evaluación ideológica, que no puede hacerse sino desde la crítica de la ideología, según Paul Ricoeur, desde el horizonte de la utopía. Este trabajo crítico nos lleva a enfrentar las formas de la conciencia social, que se dan en el acontecer o en la coyuntura. A propósito de las formas de conciencia, quizás sea conveniente comenzar por las manifestaciones de la vida cotidiana, remontar la crisis desde sus lugares más empíricos. Al respecto, una buena pregunta podría ser esta: ¿Cuál es la imagen ordinaria de la subida de los precios? Esta experiencia nos lleva a la noción de la desproporción constante entre precio y producto, entre el valor de los productos y el monto de los productos mismos. Es a este desfase a lo que llaman los economistas inflación. Esta experiencia de la crisis es patente, su manifestación empírica es dramática, considerando sobre todo a las clases sociales de escasos recursos. Sin embargo, el problema de la crisis no acaba aquí, más bien empieza.  La pregunta subsiguiente, que necesariamente acompaña a la anterior es: ¿Por qué se da lugar el distanciamiento entre precio y producto, dicho en otras palabras, entre precio de producción y precio comercial? Uno de los secretos de la etapa tardía del ciclo del capitalismo es la especulación financiera; como efecto inmediato de este movimiento financiero, de esta ganancia especulativa, tenemos a la inflación. El ciclo del capitalismo, en su periodo financiero, produce inflación.

 

Entre las medidas económicas adoptadas por el primer gobierno del periodo neoliberal[9] se menciona la regularización de los precios por medio del libre cambio. Se dice que, con la vigencia del libre mercado, no se dará lugar a subvenciones, ni se impondrán precios políticos.  Una de las fórmulas de los llamados mercantilistas es la de que los precios se definen a través del juego de la oferta y demanda, con la intervención de la competencia entre compradores y vendedores.  Esta proposición enuncia un concepto de valor, en tanto equilibrio, resultante de la concurrencia. Esta valoración, dada en el mercado, deriva en un indicador móvil, sobre todo escurridizo; una magnitud mensurable movediza. Medida realizada en el momento del encuentro de fuerzas contradictorias, punto localizable en el espacio de intersección de las fuerzas.  Este concepto de valor no es el único desarrollado en la historia de las doctrinas económicas; al contrario, la historia se abre a una gama amplia de conceptos derivados de la valorización del valor.  Es en este contexto histórico donde hay que apreciar la relatividad de las teorías monetaristas y mercantilistas, viejas y nuevas.  Los fisiócratas trabajaron un concepto de valor natural.  La economía clásica ha desarrollado unos conceptos de valor en el marco de la ciencia general del orden.  Por ejemplo, ha desarrollado un concepto abstracto del valor, en el cual se diferencia una parte referida al costo de producción y otra parte referida a la ganancia.  Dentro lo que se considera costo de producción se halla el gasto en salario, además del costo del desgaste y la reposición de los medios de producción.  En el horizonte de la formación discursiva clásica, David Ricardo ha deducido que el valor se reduce al trabajo. En esta perspectiva, el economista inglés se entrabó en un dilema: Los productos contienen valor en la media que contienen trabajo; pero, también valen las cosas escasas. Dos campos epistemológicos se mezclan en este discurso, el campo epistemológico de la producción y el campo epistemológico de los bienes necesarios. A Karl Marx le corresponde desarrollar la epistemología de la producción, del trabajo y de la acción, dejando las premisas clásicas como objetos de la crítica de la economía política. Podríamos decir que la teoría del valor atraviesa dos siglos (XIX y XX), los últimos de la modernidad. Después de la nueva configuración del capitalismo, de desterritorialización y biopolítica, después de la crisis de la década de los setenta, la teoría del valor no es sostenible, cuando se informatiza la producción, se virtualiza el trabajo y la reproducción del capital se apropia de la gestión de la vida. En el interregno, en el paso de un campo teórico a otro, las teorías neoclásicas intentaran desesperadamente volver al clasicismo de la economía del equilibrio, a la racionalidad del mercado, a las figuras de los circuitos monetarios. Pero, estos esfuerzos son vanos, la historia es despiadada, ingresa a las nuevas formas de la experiencia social, a las nuevas formas de la producción, a las nuevas formas del capitalismo, a las nuevas formas del nuevo orden mundial, dando lugar a nuevas certezas, a nuevas intuiciones, a nuevos paradigmas, a nuevas formaciones discursivas, que desplazan y enriquecen la arqueología del saber económico. 

 

Los funcionaros, los técnicos, los ideólogos y los epígonos del periodo neoliberal, se cuelgan de esta formación discursiva, relativa al neoclasicismo económico, deduciendo de ella sus prácticas políticas.  El tono del discurso político de quienes son responsables de las medidas económicas es dogmático. Acordes con la pretensión racionalista de que todo lo real es racional y todo lo racional es real, creen que su discurso neoclásico expresa la realidad, así como que la realidad se reduce a los estrechos marcos de su visibilidad teórica. Vivimos el cuarto ciclo del capitalismo, el ciclo del capitalismo norteamericano, después de haber vivido el ciclo del capitalismo genovés, el ciclo del capitalismo holandés y el ciclo del capitalismo inglés. Nos encontramos en la tercera etapa de este último ciclo; es decir, la etapa financiera, siendo la primera comercial y la segunda industrial. Algo que caracteriza a las periodizaciones de los ciclos de capital es la formación de consorcios monopólicos. Según Fernando Braudel, el capitalismo se caracteriza, mas bien, por la formación de monopolios que por el libre mercado. Por la estructuración de relaciones cerradas en el mundo económico. Donde la libre competencia es un cuento de hadas o, en el mejor de los casos, un acontecimiento vivido por los pioneros del capitalismo.  Este desfase entre el tiempo histórico del capitalismo e ideología, sobre todo la ideología de libre mercado, entre temporalidad y discurso, es la marca de la diferencia entre historia efectiva y saber eficiente del poder.

 

Desde la perspectiva de una teoría de las ideologías, se puede proponer ciertas hipótesis interpretativas acerca de las configuraciones ideológicas:

 

 

a)   Las representaciones no son en ningún caso productos espontáneos, son construcciones orgánicas, son instituciones sociales, constituidas en el devenir del imaginario social.  Hablamos de un campo complejo de relaciones entre lo real, lo simbólico y lo imaginario.

 

b)   Se puede considerar una distinción entre representaciones elaboradas de manera más o menos conscientes y representaciones construidas de modo inconsciente. Ambos contextos representativos son investidos por procesos subliminales[10].

 

c)    Los procedimientos lógicos, las descripciones objetivistas y las prácticas científicas no escapan a la irradiación ideológica, pues no dejan de producir y reproducir de representaciones. En el mismo sentido, no escapan a repetir ciertos rasgos de la ideología en la medida que no dejan de construir sentidos. Todo esto tiene que ver con la institución de la sociedad moderna, institución social que crea y recrea individuos, supuestamente autónomos, los mismos que incorporan estructuras y cierta rigidez de las instituciones modernas. La imitación de estos procedimientos pueden funcionar muy bien en función de la legitimidad social.

 

d)   Es posible una teoría crítica de las ideologías siempre y cuando salgamos del ámbito de la ideología, sino caemos en la paradoja de Mannheim: La misma teoría de las ideologías termina siendo una ideología. La práctica ideológica no puede descubrirse desde adentro, tiene que pensarse críticamente desde un afuera. Para Paul Ricoeur, este afuera es la utopía. Se puede concebir, de una manera más radical, que los espacios del desborde de la ideología se dan en las desterritorializaciones de la praxis y las contradicciones de la historia efectiva.

 

 

 

Desde esta perspectiva, desde el horizonte que dibuja las hipótesis, vamos a abordar la crítica del discurso neoliberal, crítica de la ideología tardía del capitalismo.

 

Simson, en Estados Unidos, Nogaro, en Francia; y Einaudi en Italia, son los representantes y arquitectos reconocidos del discurso neoliberal[11]. Para ellos la historia económica puede diferenciarse entre economías centrales dirigidas y economías mercantiles. La última forma de organización económica expresa una manera de estructuración democrática, mientras que la primera desarrolla variantes de un sistema totalitario, que descarta el mercado regulador de precios. A los ojos de estos ideólogos, el mercado representa no solo el medio fundamental de garantía de una vida democrática, sino también es el símbolo de la democracia misma. Son, en cierto sentido, anti-keynesianos, pues no aceptan la intromisión del Estado en el mundo económico, salvo dentro de ciertos límites. Al interior de los cuales el Estado debe garantizar la existencia libre del mercado. ¿Contra quién? Entre otras cosas, contra la tendencia económica a la monopolización. La libertad de empresa y la libre competencia son los axiomas primordiales en el diseño de una normal política económica. Como derivación de estos axiomas, ven en los desfases del sistema monetario una enfermedad peligrosa al interior de un organismo macroeconómico. En este sentido, proponen regular la masa de dinero en relación directa a la masa de mercancías en circulación. En la medida que la inflación es un fenómeno consecuente de la tendencia económica al monopolio, combaten la inflación recurriendo al libre cambio. Para ellos la oferta y la demanda definen el espacio de realización económica. Es así que podemos decir que el neoliberalismo ve en la patología de la circulación las causas esenciales de la crisis. Para el discurso neoliberal, la economía boliviana, bajo el modelo de la acumulación estatal, es un caso más de la enfermedad económica provocada por la tendencia económica al monopolio y por las perturbaciones de orden circulatorio.

 

Haciendo una comparación entre el periodo definido por los años de la Revolución Nacional (1952-1964) y el periodo definido por la aplicación de políticas de shocks y de ajuste estructural, es visible la metamorfosis sufrida por parte de los antiguos proteccionistas, quienes se han convertido en los novísimos librecambistas.  Las condiciones de esta metamorfosis se encuentran en la debacle del partido populista (MNR), en su división, en su conspiración interna, en su vocación golpista, en las prácticas clientelares, expandidas por el partido en lo ancho de la sociedad civil, en la descalificación ideológica, en su distanciamiento permanente del nacionalismo revolucionario, abriendo un vacío moral al interior, vacío que va a ser llenado por los billetes del empresario minero Gonzalo Sánchez de Lozada. En 1985 el partido no sólo va a ser comprado por el empresario, sino que es convertido en una agencia publicitaria de las trasnacionales. La ideología neoliberal va a ser aceptada sin mayores trámites ni discusión. Los movimientistas, que es así como se les llama a los partidarios del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), se convierten en los defensores recalcitrantes más celosos de la privatización de la economía. No es que manejen del todo la teoría neoliberal; empero, son sus más empedernidos practicantes. Después del paso por el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada no quedará nada de la economía nacional. Este espacio habría desaparecido o se habría trasnacionalizado. En otras palabras, el régimen económico forma parte de un afuera, del exterior a la nación, de la economía mundial.

 

Uno de los principales blancos de la nueva política económica es la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), entidad estatal centralizada y monopolio productor y comercializador de minerales. El ministro de planificación, del último gobierno de Paz Estensoro y el primero del periodo neoliberal[12], justificó de la siguiente manera el desmantelamiento de COMIBOL: Dijo que se busca atacar la excesiva burocratización de esta entidad, así como a la innecesaria centralización. Acompasando este discurso de libre cambio con una mezcla local, dijo también que se trata de asignar una mayor autonomía al poder de las regiones.  Aunque estas elucidaciones tengan que ver más con la forma de decir que con el contenido del discurso, expresiones parecidas fueron contundentes al momento de la promulgación del decreto de descentralización de COMIBOL. Ciertamente la analogía entre la insidiosa discursividad criolla neoliberal y el discurso del libre cambio sale a luz. A pesar de tratarse de un decreto de descentralización, se acaba con el monopolio estatal de la minería, derrumbando con esto uno de los mayores símbolos de la Revolución de 1952.

 

Es evidente que una descentralización no significa necesariamente una desestatalización; las entidades descentralizadas pueden, a su vez, ser estatales. La relación no se establece en este sentido.  La tendencia al monopolio de la economía capitalista marcha paralelamente a la centralización rigurosa de los mecanismos económicos: La dirección unitaria, la distribución orgánica del capital, el nucleamiento del poder de decisión, son procedimientos, que podría decirse, necesarios al desarrollo tardío del capitalismo. En este sentido, se puede establecer un paralelo entre una política descentralizadora y una política antimonopolista; en última instancia, entre el decreto de descentralización y la tendencia neoliberal de desmonopolización.  Mirando así las cosas, no se puede reducir esta historia a sólo casos de pasos hacia la descentralización.  En este punto el problema se abre a una doble variante: 1) ¿Hasta dónde se puede se puede hablar objetivamente de entidad nacional con autonomía económica?, y 2) ¿En un Estado unitario y no federal la descentralización no significa, en los hechos, una desnacionalización? No como paso, sino de manera inmediata.

 

Después de esta forma de descentralización, que en la práctica es, mas bien, una desnacionalización efectiva, los efectos de la desmonopolización de las empresas estatales, en una sociedad profunda, de un país periférico, son demoledores, desde la perspectiva de la autonomía económica. Con la destrucción de las empresas públicas el Estado ha perdido definitivamente su autonomía económica. En relación a la segunda pregunta, es indispensable revisar los alcances de la teoría de la dependencia. Esta teoría supone una estructura de la división del trabajo a escala mundial, que diferencia el centro de la periferia del sistema-mundo capitalista. El funcionamiento de esta estructura produce desarrollo en el centro y subdesarrollo en la periferia. ¿Cómo escapar de esta condena, cómo romper la estructura de la dependencia, cómo salir del círculo vicioso del desarrollo? ¿Es una ilusión el desarrollo nacional? ¿Es posible la autonomía económica en los Estados subalternos?  En todo caso fue una apuesta de los gobiernos populistas latinoamericanos durante las décadas de los cincuenta y sesenta. No vamos a concentrarnos en los resultados empíricos, que son, mas bien, mezquinos y parecen repetir la historia de la dependencia por otras vías. Sin embargo, respecto de los cuales, se puede aludir a las inconsecuencias políticas. Es preferible evaluar las consecuencias teóricas de la teoría de la dependencia, aunque siempre teniendo como telón de fondo la experiencia de las políticas de sustitución de importaciones. 

 

Uno de los connotados teóricos de la teoría de la dependencia es André Gunder Frank[13]. Es conocida su tesis sobre el sistema-mundo capitalista, dividido entre centro y periferia. También es conocida su tesis derivada de la dependencia. Se trata de una relación perversa entre centro y periferia. La estructura de la dependencia provocaría dos efectos opuestos, dependiendo del lugar desde donde se reproduce el sistema capitalista: Desarrollo y acumulación en el centro, subdesarrollo y desacumulación en la periferia. Esta estructura de la dependencia es la que explica la generación del subdesarrollo. Aunque el centro pueda extenderse y desprender otros centros derivados, atravesando la periferia, y estos centros recreen, a su vez, sus entornos periféricos, esta extensión y distribución repetida, de la misma división entre centro y periferia, no dejan de reproducir la estructura de la dependencia y sus consecuencias opuestas; empero, complementarias.  André Gunder Frank privilegia una perspectiva, que hace hincapié en la esfera circulatoria. Entonces de las tres esferas del modo de producción capitalista, la relativa a la producción, la correspondiente a la circulación y la referida al consumo, destaca la segunda para poder dibujar el diseño del sistema-mundo capitalista.   Uno de los libros más destacados, fuera del conocido sobre la teoría de la dependencia, es Lumperburguesía: Lumpendesarrollo [14]. Libro en el que muestra una de las estratificaciones claves de la estructura de la dependencia y del sistema-mundo capitalista, dividido entre centro y periferia, es la burguesía intermediaria de los países periféricos. Se trata de una burguesía subalterna, que renuncia a competir con la gran burguesía del capital financiero internacional, prefiriendo acurrucarse en su localismo, sin disputarle al capital internacional ni mercados ni inversiones. Hablamos de una burguesía mediatizadora y mendigante. Estrato dominante en su país periférico; empero la quinta rueda del carro en la maquinaria del capitalismo mundial.

 

    

 

La teoría de la dependencia de Gunder Frank ha sido criticada desde distintas posiciones. Desde posiciones marxistas ortodoxas, que no aceptan desplazamientos desde la teoría matriz a las nuevas categorías construidas, desde la perspectiva de la esfera circulatoria, dejando en una relatividad discutible la esfera de la producción. Quizás lo más interesante de este posicionamiento se encuentre en Heinz Dieterich, quien critica la visión inclusiva de Gunder Frank, al considerar éste como parte del sistema capitalista a las formaciones que instaura el colonialismo, las formas de explotación basadas en la servidumbre y el esclavismo[15]. Para Heinz Dieterich sino hay relaciones capitalistas en el trabajo, si no hay obreros, por un lado, y burgueses, por el otro, si no hay relaciones salariales, no se puede hablar de relación capitalista, menos de modo de producción capitalista, en sentido estricto.  Aparentemente la teoría de la dependencia deja de lado la revolución teórica de Marx, circunscribiendo el análisis en la esfera circulatoria, en el espacio delimitado por de los recorridos circulatorios.  Otro tema de discusión tiene que ver con la demarcación planetaria del sistema-mundo capitalista, entre centro y periferia.  De acuerdo a cierta ortodoxia, el modo de producción capitalista, como sistema económico es único e indivisible; se manifiesta, desde su constatación hegemónica, en todo el globo terráqueo.  Ocurre otra cosa si se plantea el problema desde la perspectiva de las formaciones económico-sociales nacionales. Desde esta óptica no se trata de un modo sistemático, no se trabaja de manera abstracta la reproducción social de las relaciones de producción, sino que, se plantea el problema de la especificidad de la realidad histórica.  En este sentido, se puede encontrar más de dos (central y periférico) grupos de formaciones económico-sociales nacionales, dependiendo del particular proceso de articulación vivido por las conformaciones sociales.  Se puede apreciar el aporte analítico e interpretativo de Gunder Franck, situando dos niveles de la teoría de la dependencia:

 

 

1) Desarrollar el análisis del capitalismo en su fase imperialista a partir de las relaciones de dependencia, constituida entre un centro y periferia del sistema-mundo capitalista.

 

 2) Derivar en una tesis del desarrollo capitalista, que crea subdesarrollo y dependencia.

 

 

En relación a la segunda variante del problema, habría que discutir antes la relación entre lo nacional y el Estado.  Porque de lo que se trata de saber es: ¿Qué es lo dependiente, qué es lo atrasado, el Estado o la nación o, quizás ambos? ¿Es el país como campo económico específico, compuesto por su distribución y sus estructuras determinadas? ¿Es el Estado compuesto por sus regímenes específicos, por áreas administrativas, estructurado jurídicamente como un equilibrio de poderes, articulado al ejercicio práctico de las dominaciones polimorfas? Yendo un poco más lejos, también podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Se puede hablar del atraso de la sociedad? Empero, si aceptamos esta pregunta, respecto a qué parámetros podríamos decir que una sociedad es atrasada. ¿Referentes económicos, sociológicos, culturales? ¿La solución metodológica es optar por indicadores de la estadística social? Como se puede ver, es discutible la misma tesis sobre el subdesarrollo, sobre todo cuando se comprende estos problemas, vinculados a las características descriptivas del sistema-mundo capitalista.

 

Al respecto, estrechando nuestra discusión a la relación entre Estado y nación, habría que escapar a la voluble comparación e inconsistente analogía que establece la equivalencia entre Estado y nación. Lo nacional no necesariamente es estatal, aunque el Estado adquiere una connotación territorial nacional.  Por cierto, delimitar lo estatal y lo nacional no es una tarea de orden filosófico; es de orden histórico-político. Al tratarse de formaciones sociales, de estructuraciones sociales historiables, será la cartografía de sus espaciamientos y territorialidades, la delimitación de los campos de sus localizaciones, de sus propias expansiones, de la ubicación de sus conmensurabilidades, de sus volúmenes, de sus densidades y de sus movimientos específicos, lo que permitirá el cumplimiento de esta tarea geográfica.  Sin embargo, la filosofía no está ausente en ésta distinción, ella se esconde en las definiciones, cuando se piensa en cierta forma de desciframiento histórico, cuando se ratifican las medidas, cuando se configuran los volúmenes, cuando se palpa las densidades, y cuando se ordenan los movimientos estratégicos.  La filosofía se manifiesta desde el comienzo mismo; ¿Qué otra cosa es el criterio diferenciador de la limitación sino concepción filosófica de la separación, de la escisión? Después de estas consideraciones, deberíamos preguntarnos acerca de las configuraciones filosóficas de los discursos sobre lo nacional[16].

 

                                                                                                                                                           

Rescatamos de este ensayo la crítica del proyecto neoliberal, que se comenzaba a implementar justo ese año, 1985. No como denuncia de la “conspiración neoliberal”, como acostumbra a hacer la “izquierda”, sino como crítica de la economía política, en su versión tardía, y crítica de la “ideología” neoliberal.  Creemos que es válida su interpretación del neoliberalismo, como discurso en la fase financiera del ciclo del capitalismo vigente. Por otra parte, de la misma manera, estamos de acuerdo con la apreciación de las contradicciones en la concepción económica neoliberal, que al configurar un fundamentalismo de mercado, no logra ver, está muy lejos de hacerlo, que el capitalismo, lleva necesariamente al monopolio y a la centralización. Que, desde esta evidencia empírica, no existe el mercado perfecto, salvo en sus cabezas metafísicas, aunque se trate de una metafísica simple e instrumental. Así también apreciamos la lectura singular de la singularidad de la mezcla del discurso neoliberal en boga y la astucia criolla. Por otra parte, coincidimos, ahora, con la crítica de la ortodoxia marxista y la aproximación al aporte de la teoría de la dependencia.

 

¿Qué diferencias tendríamos, desde nuestras interpretaciones actuales y aquélla interpretación crítica? Fuera de lo que resulta obvio, fuera de nuestra incursión en el pensamiento complejo, qué además supone nuestra crítica del marxismo como una nueva “ideología”, retomando la paradoja de Mannheim, concebimos ahora el sistema-mundo capitalista como una complejidad de espesores y planos de intensidad, no solo del campo económico, sino de distintos campos, por así decirlo, y espesores, no económicos. Además ponemos en duda el poder seguir nombrando la realidad social, que se nombraba como histórica-económica-social-política, que denominamos, ahora, tejido espacio-tiempo-territorial-social, como sistema-mundo capitalista, pues la complejidad no es interpretable, desde las connotaciones del concepto capitalista, que sigue reducido o circunscrito a sus interpretaciones economicistas.

 

Otra diferencia que debemos anotar es respecto a nuestra posición actual sobre la descentralización y la autonomía. Después de la Asamblea Constituyente, en el mismo proceso constituyente, sobre todo, después de la restauración del Estado-nación, por parte del gobierno neo-populista, después de la preservación del centralismo, del desmantelamiento de la Constitución y, en este desmantelamiento, de la anulación efectiva del pluralismo autonómico, sobre todo, de las autonomías indígenas-originarias, queda claro, que, en aquél entonces, nos dejamos llevar por un debate no solamente “ideológico” contra los supuestos “autonomistas”, las oligarquías regionales, sino un debate falso. Los “autonomistas” no eran, ciertamente autonomistas, desconocían el concepto y los alcances teóricos de una gran tradición de las luchas libertarias, en el país, de las luchas descolonizadoras de los pueblos indígenas. Los del MAS decían defender la soberanía nacional contra el proyecto separatista de la oligarquía cruceña; sin embargo, se ha visto, en la historia política reciente, que el gobierno progresista es el mejor gobierno de la burguesía boliviana, en ella, de la burguesía agroindustrial cruceña. El gobierno está más cerca del prejuicio político de la burguesía que del concepto constitucional de Estado Plurinacional comunitario y autonómico. La autonomía pluralista y la descentralización son, políticamente, indispensables y coherentes, además de necesarios, en el sistema político de la democracia pluralista, de la democracia participativa, directa, comunitaria y representativa.

 

Estas anotaciones las tenemos en cuenta cuando evaluamos la crítica de Joseph E. Stiglitz a la globalización, en su versión y hegemonía neoliberal. El premio nobel de economía efectúa una crítica honesta, transparente, a partir de su experiencia como asesor presidencial, como vicepresidente del Banco Mundial y de sus debates con el FMI. Sus descripciones del comportamiento, de las conductas, de las concepciones dogmáticas y fundamentalistas del FMI son elocuentes e ilustrativas. Además de ofrecernos anécdotas, que expresan persuasivamente lo que ocurrió y sigue ocurriendo, en lo que respecta a la repetición recurrente de recetas abstractas y generales, como salidas monetaristas a la crisis económica, a la crisis financiera, que, en realidad, de acuerdo a Robert Brenner, es crisis de sobreproducción[17]. Las anécdotas nos muestran figurativamente la estructura de poder del FMI.

 

El libro de Stiglitz El malestar de la globalización[18] es una de las pocas críticas fuertes, solventes, descriptivas, económicas y políticas, a las políticas neoliberales aplicadas globalmente, como si se tratase de un mundo homogéneo, equivalente a la imagen abstracta de la teoría económica neoliberal; teoría simple y circunscrita. Stiglitz no es radical, no se le puede atribuir una “ideología” de “izquierda”, a pesar de sus ponderaciones del Estado de bienestar, del mismo papel del Estado, que lo aproximan, mas bien, a la herencia keynesiana. No deja de considerar algunos aspectos positivos del FMI, también del dogmatismo neoliberal, ciertamente, en el contexto completo de sus desaciertos. Esta posición en la distribución del campo económico, del campo de la teoría económica, así mismo de la “ideología”, lo hace sugerente. Podemos decir que se trata de una crítica desde adentro, desde la barriga del monstruo, el sistema-mundo capitalista, sobre todo, desde sus mallas institucionales, convertidas en el orden mundial de las dominaciones polimorfas. Esto lo hace más sugerente todavía. Stiglitz es un profesional, un investigador, un economista, que cree en el desarrollo, que cree que es posible el desarrollo; que lo que ha fracasado no es el desarrollo o la posibilidad del desarrollo, sino las políticas impuestas por el FMI, por las potencias dominantes, que han inducido o, mejor dicho, impuesto como obligaciones y mandatos, ajustes estructurales a los países “en desarrollo”. Países que pedían apoyo del FMI, para obtener financiamiento, que pueda cubrir su déficit, su carencia de capitales, en momentos agudos de crisis económicas y sociales concretas. Estas políticas neoliberales, basadas en la privatización, la liberación de los mercados y la austeridad, mas bien, habrían, en la mayoría de los casos, empujado a la recesión; es decir, al ahondamiento de la crisis, arrastrando a las mayorías de las poblaciones a la miseria, ensanchando abismalmente la diferencia entre ricos y pobres; empujando a los “países en desarrollo” al subdesarrollo, en vez de lograrse el desarrollo.

 

No nos interesa, ahora, disentir con esta concepción desarrollista; esta crítica de la economía política del desarrollo la expusimos antes[19]; lo que importa es sacar las consecuencias analíticas, críticas, teóricas y políticas, de la crítica de Stiglitz, de sus descripciones; pero, también, en este caso, de sus conclusiones. Queda claro que no compartimos sus premisas, su paradigma teórico. Pero esta no es la discusión, sino la relativa al balance efectuado, por el autor, de la globalización, de las políticas de ajuste estructural, de sus lamentables logros, del FMI. Importa esto no solo por las connotaciones teóricas y políticas, sino también porque el FMI persiste, en la actualidad, con la misma receta, no solo en los países periféricos, sino también en países europeos, a los que empuja al abismo.

 

Desde nuestra lectura, ordenando por categoría sus conclusiones, diremos que la conclusión más significativa es la que califica de colonial la relación del FMI con los países usuarios “en desarrollo”. La segunda conclusión en categoría, nos parece que es la que califica la concepción operativa del FMI como fundamentalismo de mercado. El creer que todo lo resuelve el mercado, la mano invisible del mercado, cuando un mercado perfecto no existe, sino, mas bien, se requiere en ciertas áreas la participación del Estado.  La tercera conclusión, tiene que ver con la ineptitud de los profesionales, especialistas, doctores, del FMI, de entender cómo funciona el mundo efectivamente, de cómo funcionan, en concreto, las economías de los países. De reducir al mundo y a los países a un cuadro simple y abstracto de oferta y demanda, de equilibrio macroeconómico. La cuarta conclusión, es que la burocracia del FMI ni se inmuta ante los sucesivos fracasos de sus políticas implementadas; mas bien, persiste tercamente, segado por una prepotencia altanera, que supone su inefabilidad. La quinta conclusión, que no por quinta no es la menos importante, sino, hasta quizás la más importante, es la que devela que al FMI no le interesan para nada sus efectos destructivos en las sociedades, en su cohesión social, y en la gente; no le interesan los estragos que causa en la gente sus políticas.

 

Estas cinco conclusiones son cardinales en la comprensión e interpretación del orden mundial, que nombra como globalización, que funciona a partir de instituciones internacionales, distanciadas de las sociedades concretas y de los pueblos, apegadas a su mundo de representaciones, divorciadas del mundo efectivo. Interpretación, a la que no le vamos exigir radicalidad, sino que apreciamos por su honestidad, transparencia; sobre todo, por describir un cuadro ilustrativo e iluminador de las fuerzas dominantes en el mundo, de cómo funcionan, de cómo operan, a partir de qué relaciones de dependencia y subordinación, respecto a estados, que deberían ser soberanos; empero, el FMI no los considera, en el fondo, como tales. Sino los reduce a usuarios obedientes.

 

En un ensayo anterior sacamos una consecuencia de la lectura del libro mencionado de Stiglitz[20], dijimos que para él la globalización como tal no se llega a dar, debido a las desigualdades desatadas por estas políticas dogmáticas neoliberales, debido al truncamiento, en la práctica, del desarrollo deseado por y para los “países en desarrollo”. Que la globalización como tal corresponde a lograr el desarrollo, en sus distintas transiciones singulares, dependiendo de los contextos de cada país. Esta consecuencia tiene alcances de connotación teórica y política fuerte. Es posible la globalización, que nosotros nombramos como integración, es posible una gobernanza mundial, aunque él siga suponiendo la necesidad de los Estado-nación, en tanto que nosotros hablamos de la gobernanza mundial de los pueblos. A condición de que los organismos internacionales operen como apoyo, no como maestros, ni como déspotas, nuevos colonialistas, rescatando los saberes de los países, apoyando la formación de consensos en las transiciones.

 

Claro que la gran diferencia con la interpretación crítica de Stiglitz radica en su concepción positiva del capitalismo, que considera, aunque no lo exprese abiertamente, como realidad, en el sentido de naturalidad, y nuestra interpelación crítica y activista contra el capitalismo, el sistema-mundo capitalista, en todas sus formas y variantes, sus formas dominantes financieras, su forma especulativa adquirida y su exacerbada desmesura extractivista. Pero, como hemos dicho antes, no se trata de entablar esta discusión, bastante conocida, sino de ponderar el alcance y la irradiación de una crítica desde la teoría económica, de herencia keynesiana, desde la experiencia, desde la apreciación de realidades concretas de los países, sus economías y sus dramas.

 

Stiglitz distingue los papeles del BM y del FMI. El primero, encargado de promover el desarrollo de los países “en desarrollo”; el segundo, encargado del equilibrio económico mundial. Algo que no sabíamos, a ciencia cierta, que esta distinción era notoria a ojos de los miembros de estas instituciones, del mismo Stiglitz, sobre todo, de las repercusiones diferenciales del ejercicio de ambas instituciones. Nos hemos acostumbrado a meterlas en la misma bolsa. Distinguirlas, para nosotros, no quiere decir que el BM escaparía a la crítica, sino que es indispensable, desde nuestro punto de vista, no solamente en el sentido de comprender la complejidad, sino comprender la composición diferencial del orden mundial, de su malla institucional, de sus dispositivos económicos y financieros. No hacerlo equivale a reproducir dogmatismo, por el lado de la “izquierda”, como los fundamentalismos expresados, por el lado de la “derecha”. En pocas palabras, es no solamente apostar a abstracciones desoladoras e inútiles, sino, lo peor, a derrotas.

 

Del texto citado de 1985 nos interesa también la crítica de la metafísica de la economía. En aquel entonces hablaba de metafísica en el sentido de la crítica de Jacques Derrida a la metafísica, a la historia y a la semiología; metafísica que se hacía carne, por así decirlo, en las formas de dominación transversales, que nombraba como falo-centrismo, fono-centrismo y logo-centrismo. La metafísica, entonces, era concebida por Derrida y por nosotros, compartiendo la tesis, como vaciamiento, como narrativa civilizatoria dominante, que excluye la escritura como danza, como gramatología, como diferencia, como espesor, como cuerpo.

 

Cuando calificábamos al discurso neoliberal como parte del discurso metafísico de la economía, discurso, que nos parecía y nos sigue pareciendo como más elemental, en comparación con otras teorías económicas, por así decirlo, burguesas, aunque ya no compartimos estas reducciones, sin necesariamente considerar al marxismo, que, en efecto, tiene en común mucho con estas teorías, su economicismo, su determinismo económico, lo hacíamos, en el sentido definido más arriba.

 

Al leer a Stiglitz, en El malestar de la globalización, recordaba este texto de 1985, pues el autor de El malestar nos muestra ilustrativamente y anecdóticamente la manifestación patente de esta metafísica. En el texto mencionado, Crítica del discurso metafísico de la economía, se consideraba, además, la relación de metafísica y violencia, retomando al ensayo de Derrida sobre Emmanuel Levinas, de su ontología critica de la violencia[21].  Es esta tesis la que desarrolla Derrida; la metafísica, como él la concibe, solo es posible por la efectuación demoledora de la violencia; violencia del sigo contra el símbolo, violencia del logos contra el acontecimiento, violencia del hombre contra la mujer. Violencia del poder contra el cuerpo. Aunque suene todo esto muy teórico, nos parece esta interpretación consecuente, pues hace hincapié en la relación profunda, concomitante, entre economía y violencia; es decir, en el ejercicio y efecto del poder, despliegue de las dominaciones efectivas y polimorfas.    

 

En lo que respecta a la Crítica de la economía generalizada, concebimos la complejidad, sinónimo de realidad, en este tejido, el sistema-mundo capitalista como una integración articulada y dinámica de múltiples economías políticas, que valorizan lo abstracto y desvalorizan lo concreto, sustentando plurales fetichismo y lo que podemos denominar la “ideología” generalizada. En consecuencia, lo que se nombra como capitalismo, no puede explicarse desde el plano de intensidad económico, sea la teoría que sea la que interpreta, pues este plano de intensidad económico no es autónomo, ni está autonomizado, como supone la ciencia económica, también la sociología, sino que se encuentra articulado a múltiples planos de intensidad y espesores de intensidad. Este desplazamiento hacia la perspectiva de la complejidad, implica interpretaciones complejas del tejido social presente en la simultaneidad dinámica.

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

Mentalidades reaccionarias

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En todo este tiempo, del periodo y los ciclos de los “gobiernos progresistas”, hemos desplegado nuestra crítica de las formas populistas, también socialdemócratas; en unos casos, con pretensiones de socialismo del siglo XXI; en otros casos, con pretensiones de socialismo comunitario; en otros, como herencia del “peronismo consecuente”. La crítica se basa y ausculta en las contradicciones de los “procesos de cambio”. Dejamos claro, desde un principio, que la mejor defensa de los llamados procesos de cambio es la crítica; algo, que, ciertamente, no entienden los celosos llunk’us, aduladores, de los “gobiernos progresistas”, de sus líderes y caudillos, algo que no entienden la intelectuales apologistas de estos gobiernos, a los que consideran la expresión acabada de la “revolución”, que se hace carne, al retornar, en los símbolos saturados de estos mitos, del retorno del mesías, ahora, convertido en libertador, en el preclaro político de masas. Antes, y acompañando a la crítica de los gobiernos progresistas, mostramos que el problema de estos gobiernos es que tienen más parecidos y proximidades con los gobiernos derrocados neoliberales, que con sus propias constituciones y la imagen montada por la propaganda y la publicidad. Con esto quedaba claro, esperemos, que la crítica de los gobiernos progresistas, de sus contradicciones, de su apego al poder y a la simulación, de ninguna manera, significa un reconocimiento a los gobiernos derrocados, del proyecto neoliberal, menos darles alguna razón a su proyectos de retorno, de restauración. Al contrario, en la medida que la crítica de los gobiernos progresistas adquiere el alcance de la crítica de las genealogías del poder, esta crítica se convierte en crítica demoledora a los que fueron los portadores históricos de las dominaciones de clase.

 

Si se hizo la crítica a las “izquierdas”, por así decirlo, usando un término cardinal que no compartimos, como hicimos conocer en varios escritos, sobre todo recurriendo a un método de exposición y búsqueda ilustrativa, es porque se esperaba un comportamiento más consecuente, menos usurpador, una conducta más honesta, aunque fuese reformista, menos tramposa. En todo caso, las “izquierdas” tienen como trasfondo la experiencia social, el aprendizaje popular, la enseñanza de las luchas. Sus discursos, suponen un saber que emerge de la experiencia social: saber más próximo, en todo caso, a lo que se llama realidad. En cambio, las “derechas” tienden a descartar la experiencia social, se basan casi exclusivamente en el saber institucional, saber momificado y cristalizado como verdades de mármol. Los conservadores, lo que se llama comúnmente, la “derecha”, se inclinan a no aprender, sino a querer enseñar las grandes verdades de las dominaciones, ancladas en el tiempo pasado. Por esto, dicen menos, al aprender muy poco de las experiencias políticas. Claro que hay excepciones, siempre las hay; empero, son tan escasas, que influyen muy poco, en el decurso de las conductas repetitivas de esta “derecha”.

 

Para encontrarnos con las singularidades referenciales de lo que ocurre, nos referimos concretamente a las conductas de la “derecha”, después de sus victorias electorales en Argentina y Venezuela. Esta “derecha” cree - eso es lo que sorprende, de su incapacidad para aprender, incluso suponiendo que defienden sus intereses y quieren perdurar en el poder -, que se trata del retorno a lo mismo, a su dominio indiscutible, derivado de sus privilegios económicos, de sus monopolios sobre la tierra, de sus monopolios financieros, de sus relaciones de subordinación a las estructuras de poder del orden mundial, a las estructuras de desposesión y despojo de las empresas trasnacionales. Creen que el enojo popular ante los dirigentes populistas, por no haber cumplido con sus constituciones, con el proyecto discursado, equivale a un reconocimiento de sus amos; estos señores de pinta y elegancia, que conocen muy poco de sus pueblos. Están completamente equivocados; no conocen al pueblo, no entienden los procesos inherentes en sus países, en la región, en el continente y en el mundo. Se mueven en la pura “ideología” señorial. Si han ganado las elecciones es como un castigo del pueblo a los usurpadores de la movilización social, a los que se enamoraron del poder y de su propia imagen en el espejo. La torpeza de lo que hacen en los primeros días de gobierno de “derecha” señala su profunda debilidad, también devela sus acostumbrados miedos. El pretender gobernar con directores de empresas privadas, más aún con profesionales ligados a las empresas trasnacionales, el pretender hacer lo mismo, el proyecto neoliberal, proyecto que efectuaron los anteriores gobiernos neoliberales, anteriores a los “gobiernos progresistas”, es no entender que precisamente eso, la privatización, el ajuste estructural, encendió la chispa, la chispa incendió la pradera; el pueblo se alzó, hizo bloqueos, como la de los piqueteros, salió a las calles con cacerolas, y termino tumbando a los representantes y gestores sumisos del proyecto neoliberal. Es como que se quisiera tercamente que la historia se repita; solo que lo hace en distintas formas. Estas actitudes gobernantes, que muestran más prepotencia y escasa sabiduría, manifiesta claramente, que las clases dominantes, su expresión política, no ha aprendido nada.

 

En Venezuela la “derecha” victoriosa parece ser mucho más torpe y hasta grotesca. Lo primero que se les ocurre hacer es sacar los cuadros de Hugo Chávez y Simón Bolívar, además de anunciar su intención de pedir la renuncia del presidente electo. ¿Qué es esto? ¿Venganza, odio, miedo o desprecio? En todo caso muestra no solo la falta de tacto, sino la estupidez llevada al extremo. ¿Acaso de esta forma lograran sus objetivos, desacreditar al caudillo, a la república, a la Constitución bolivariana? ¿Acaso esto les ayuda a perdurar en el poder? Cuando con toda evidencia son un Congreso mayoritario, pero débil, sin cohesión política e “ideológica”. Si criticamos la obsesión represiva del gobierno bolivariano, siendo mayoría, teniendo la mayoría del Congreso, gozando de legitimidad, de una legitimidad que nunca tendrá alguna “derecha”, salvo en las perversas situaciones de fanatismo colectivo, como en el caso del nacismo y el fascismo, pues esta inclinación a la violencia, no hace otra cosa que reinventar al enemigo, cayendo en el circulo vicioso del poder. Con más razón, la crítica demuele los prejuicios irreflexivos de esta “derecha”, que sigue considerando que el poder le pertenece, como herencia “natural”. Si la crítica se encarga deconstruir y diseminar las formas de poder, las formas de las dominaciones, precisamente es esta “derecha” la que ha encarnado las instituciones tradicionales y oprobiosas del poder. El problema es que las “izquierdas” han asimilado rápidamente apegos parecidos al poder, en vez de sacar las consecuencias del aprendizaje de las luchas. El poder no es una herencia que hay que preservar, sino una herencia que hay que destruir.

 

Puede ser que los “progresistas”, los populistas, sus llunk’us, aduladores, sus apologistas, digan: ya ven, ustedes les han dado la victoria a la “derecha”, vean lo que hacen, ustedes son los culpables. Sorprende que no sepan, no puedan, no quieran, hacerse la autocrítica. Confunden la autocrítica con la repetición autocomplaciente del mismo justificativo; la conspiración explica su derrota, la guerra económica explica el descontento popular. Están enceguecidos por la “ideología”, no pueden visualizar la mecánica y dinámica de la maquina abstracta y de los agenciamientos concretos de poder. No pueden darse cuenta que no han tomado el poder sino que el poder los ha tomado.  Ellos, populistas, “progresistas”, “socialistas del siglo XXI”, “socialistas comunitarios”, lo que quieran llamarse, han construido su derrota, al reproducir, aunque con otro discurso, las prepotencias del poder, los imaginarios delirantes de creerse los “libertadores”, a quienes el pueblo les debe obediencia; este narcisismo dibuja claramente a los nuevos amos, en realidad. Al reproducir las formas jerárquicas, representativas y delegativas de la democracia restringida, formal, liberal, institucionalizada, a pesar de lo que digan los discursos. Al expandir intensamente el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. Al expandir expansivamente las relaciones clientelares, las relaciones corrosivas y las proliferantes formas de la corrupción

 

Si usamos una hipótesis exagerada en sus connotaciones, que, sin embargo, ayuda a ilustrar, diríamos, que, en el fondo, de una manera un tanto intuitiva, sin lograr racionalizar, convertirlo en narración, el pueblo, que se ha movilizado, otorgando el impulso político a estas expresiones populistas y “progresistas”, se ha dado cuenta que no está ante sus compañeros de lucha, con estos gobiernos, sino con los nuevos amos, que se diferencian de los anteriores por sus discursos, los símbolos abusados, además de unas cuantas medidas sociales favorables, medidas indispensables, estratégicas, al principio, de recuperación de la soberanía, con las nacionalizaciones.

 

Ahora, los populistas, llaman desesperadamente a la movilización popular, para defender la revolución, cuando, antes, cuando se veían a sí mismos fuertes, inmunes, incluso pretensiosamente “vanguardia”, se comportaron burocráticamente frente a las comunas, que, eran, prácticamente las formas materiales de la autogestión social. Ahora, después de haber perdido las elecciones, lanzan un plan de emergencia, pidiendo aprobación a un Congreso dominado por la “derecha” en dos tercios. La pregunta es clara y esperada: ¿Por qué recién?  No se trata de castigarlos, como sus apologistas hacen: ya ve, miren lo que ha ocasionado su voto castigo. No es este comportamiento inmaduro el que puede ayudar a salir del atolladero. No se trata de decir, de ninguna manera: tarde reaccionas, tú te la buscaste. Sino de aprender las lecciones de las historias políticas, de aprender de las experiencias atiborradas de la política practicada, aprender las grandes enseñanzas de la historia política de las luchas sociales, emancipativas y liberadoras. Se trata de comprender a cabalidad que la única energía, la que se realiza como acontecimientos, la que conforma las realidades, en todas sus complejidades, es el ejercicio de la potencia social. En lo que respecta a la sociedad institucionalizada, a la institución imaginaria de la sociedad, el Estado, a las formas concretas de dominaciones, sobre todo a esas odiadas formas de gobiernos, reproducidas por la “derecha”, es producto de las fuerzas sociales capturadas por las mallas institucionales. Si se dan lugar desplazamientos, hasta rupturas políticas, como las revoluciones, se debe a la potencia social, creativa, inventiva; se debe a las sociedades alterativas, que son la matriz magmática de los decursos, que denominamos histórico-políticos, que sostienen, la provisionalidad engreída de la sociedad institucionalizada. Que la única manera de salir del circulo o los círculos viciosos del poder, que hacen a la historia, es liberar la potencia social, de las capturas institucionales, de la “ideología” generalizada, que fetichiza el poder, el Estado, los mitos políticos, a los caudillos mesiánicos. Capturas institucionales, “ideología”, fetichismos, mitos, símbolos patriarcales, que se sostienen en la economía política generalizada. Liberar a la potencia social de toda malla institucional, pretendidamente realizada, lograda, como verdad y orden; lo que implica, liberarla de las formas banales, miserables, de los gobiernos de “derecha”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La concepción deportiva de la política

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parece que es cierto lo que dicen los críticos de la globalización, asistimos al mundo de la banalización, del encanto estridente de lo superfluo. De las imitaciones desteñidas y sin gracia. De los juegos de abalorios, de la proliferación de los montajes y las simulaciones, la promiscuidad de lo artificial, convertido en lo importante, a fuerza de decretos y elocuencias demagógicas. La política, en sentido restringido, es decir, la política institucionalizada, parece sufrir escandalosamente de esta decadencia. Al parecer, a partir de un determinado momento, las luchas políticas, y no hablamos de las auténticas luchas políticas, por así decirlo, aquellas ligadas o correspondientes a la lucha de clases, sino tan solo de las luchas partidarias.  Es otras palabras, sobre todo a las luchas electorales, en el marco de la democracia liberal. Por lo menos, antes, de ese momento de decadencia, las luchas políticas no dejaban de ser “ideológicas”. Se hacía esfuerzos por argumentar y justificar la posición. Ahora, no. No hay tal esfuerzo ni esmero por argumentar; sino una desesperada y alborotada publicidad, adelantándose a descalificar, a denigrar, al considerado enemigo político. Para esto, no se requiere de “ideología”, que no la tienen, por lo menos, de manera consiente o asumida, sino de la presunción deportiva de haberse puesto la camiseta del partido. Entonces, como en todo equipo, los hinchas se fanatizan por el color y el nombre del equipo; pueden llegar a peleas en las graderías, defendiendo el honor del gran equipo; pueden odiar apasionadamente al otro equipo, al contrincante clásico. Todo esto, obviamente, no se basa en sólidas convicciones, tampoco, menos, en sólidos argumentos. Lo que si hay son pasiones. Es tan solo el tomar partido por los equipos, que no se diferencian mucho, salvo en lo relativo a las ventajas comparativas de la presencia de mejores jugadores, de un buen técnico, de una mejor organización y administración, que otros equipos. De la misma manera, la lucha política se ha reducido a esto, a la competencia deportiva.

 

En el marco de la política restringida; unos, en este caso, los oficialistas, se declaran de “izquierda”, aunque no se sabe por qué, salvo las pretensiones, sostenidas por salir de las organizaciones sociales o haberse trepado a la cresta de la ola de la movilización social, donde no participaron, declaran a sus enemigos de “derechistas”, que tampoco se sabe por qué, pues en relación a su concepción de poder y de gobierno, mas bien, se parecen mucho; repiten las mismas prácticas oprobiosas. Basta esto, el ponerse la camiseta de un color y ponerles la camiseta de otro color a sus enemigos, para considerar que lo que dicen y hacen es de “izquierda”, mientras lo que dicen y hacen los otros es de “derecha”. Puede que haya diferencias, sobre todo, a un principio de gestión gobierno, respecto al comportamiento con la soberanía, con los recursos naturales, con los temas sociales, los derechos colectivos; empero, esto solo es una fase, la primera, cuando no es fácil desentenderse de la corroboración popular. Cuando se consolidan en el gobierno, en la medida que ya se ha instituido el color del equipo, el nombre del equipo, y se lo ha declarado por decreto, sino es por ley, de que es de “izquierda”, por orden institucional, no se tarda en hacer lo mismo que hicieron sus enemigos, el equipo de “derecha”. No salen del marco establecido por el orden mundial de las políticas monetaristas. Desnacionalizan lo que nacionalizaron, juegan a la bolsa, compran acciones; llaman a esto la continuación del “proceso de cambio”.  Mientras entregan concesiones mineras a las empresas trasnacionales extractivistas, en condiciones onerosas para el país. Se declaran “antiimperialistas” a voz en cuello, en tanto que le siguen entregando al imperialismo las materias primas; justo lo que quiere y necesita. Aunque lo hagan en condiciones que mejoran los términos de referencia del intercambio; pero, no en todos los rubros; solo en algunos. Por ejemplo, pueden mantener una política de mejorar los términos de intercambio en los hidrocarburos; empero, mantienen una compulsión entreguista y subordinada en lo que respecta a los minerales. Los llamados “antiimperialistas” siguen al pie de la letra las políticas y reglas impuestas por el sistema financiero internacional, en una etapa donde el capitalismo financiero es dominante y hegemónico en el ciclo vigente del capitalismo. Aunque se pueda aceptar ciertas diferencias, el hecho es, que ambos, los del equipo de “izquierda” y los del equipo de “derecha”, forman parte del poder, de la disputa por el poder, de la misma concepción del poder, al que hay que conquistar; sobre todo, hay una profunda analogía en lo que respecta a la concepción deportiva de la política.

 

Uno se pregunta, si en esta proliferación de prácticas banales, de políticas de chatarra, los que gobiernan, también los que se oponen, los que emiten los discursos, las diatribas, creen en lo que dicen. ¿Creen realmente que está en juego la política, sus “ideas”, sus “convicciones”, incluso el destino del país, el destino de los desheredados y condenados de la tierra? ¿No ocurre, mas bien, que, de alguna manera, son conscientes, del propio desajuste, entendiendo que lo importante, lo real, para ellos, es el poder; no ocurre que asistamos a un teatro político, al escenario dramático de una supuesta pelea, cuando esto nada más es una representación para el público?  Mientras ellos, los que gobiernan hacen lo que se tiene que hacer; en el mejor de los casos, optar por el pragmatismo, el realismo político; en el peor de los casos, enriquecerse, convertirse, no solamente en la nueva elite, sino en la nueva burguesía, aquélla que está conformada por los nuevos ricos.  ¿Cuál de las dos hipótesis es la adecuada? ¿O son las dos al mismo tiempo, de una manera complementaria?

 

Comencemos con la siguiente reflexión, para responder a las preguntas. Ya se encuentran estos eventos, los relativos a la banalización generalizada, en plena época de la simulación, donde no importa si ocurre o no lo que se dice que pasa, sino que lo importante es que se crea que ocurre.  Ya estamos en la era de la banalización, cuando todo es cambalache, nada es consistente, ni tiene densidad, menos trayectoria. Todo es lo que dice el logo, todo es lo que dice la propaganda; no importa lo que sea; igual se consume, convencidos, los consumidores, por la imagen publicitaria. Ya estamos en la época de la concepción deportiva de la política; no importa lo que se haya sido en el pasado inmediato, si ahora te declaras partidario oficialista, ya eres de “izquierda”, y los otros son de “derecha”. No importa si desconoces la historia de luchas sociales, de las luchas de los pueblos, de las luchas de la vieja “izquierda”, también de la “izquierda” crítica, y el debate entre ambas; lo que importa es que ya se tienes puesta una camiseta, se diga lo que se diga, aunque lo que se diga suene a ultraconservador, ultra-prejuicioso, ultra-machista. No importa si lo que se dice, es muy parecido a lo que dice la “derecha”, solo con otros nombres y en otro discurso; lo que importa es que el equipo es de “izquierda”, tiene puesta la camiseta.

 

Todo esto, no solamente es banalidad, no solamente son los síntomas claros de la decadencia, sino, es, particularmente, la muestra de la impostura. De eso se trata, en el fondo, de usurpar imágenes, que vienen del pasado, de disfrazarse de los trajes de los héroes del pasado, disfrazar al gobierno de “revolucionario”, como si repitiera las acciones heroicas de revolucionarios del pasado.  No importa si es o no es así; lo que importa es que se crea que es así. La lucha política partidaria, fuera de su concepción deportiva, es un juego de imágenes, una concurrencia de imágenes. Lo que importa es que las imágenes se impongan, convenzan, que es así el mundo, que ocurre lo que expresan las imágenes.

 

Lo gracioso es que cuando exponen sus discursos, cuando dan lugar a esta actuación en los escenarios políticos, los protagonistas del melodrama hacen como si se las creyeran, asumen poses de dramática seriedad; acusan a la “derecha” de conspirar siempre; se asumen como “víctimas” de la conspiración. Se presentan en las elecciones sucesivas como los que resguardan las conquistas de la movilización, de la Constitución, de los pueblos oprimidos, cuando fue la Constitución la sistemáticamente vulnerada, fueron los pueblos, sobre todo indígenas, los damnificados, por una política desarrollista a ultranza, como lo hacían sus “enemigos” de “derecha”. Cuando desmantelaron sistemáticamente las conquistas sociales y desarmaron a las organizaciones sociales, convirtiéndolas en subordinadas y apéndices del ejecutivo.

 

Llegan a decir, como queriendo diferenciarse, que ellos, el gobierno de “izquierda”, no son como los otros, la “derecha” que entregó el país, sus recursos naturales, su soberanía, cuando lo que hacen efectivamente es dar concesiones a las empresas trasnacionales mineras e hidrocarburíferas. Cuando, en lo fundamental, en lo que respecta a la geopolítica del sistema-mundo capitalista, conservan la condición de dependencia, al expandir intensamente la economía extractivista, que es de herencia colonial. Si podemos hablar de imperialismo, después de imperio, del orden mundial capitalista, es por esto, por esta división del trabajo y de los mercados a escala mundial. Cuando en otro tema fundamental, están bajo la égida de las regulaciones del sistema financiero internacional. Lo único de “antiimperialismo” que tienen son sus discursos desgarbados, donde emiten un arenga “antiimperialista” trasnochada, correspondiente a mitad del siglo XX. Están lejos de entender que el imperialismo de hoy ha cambiado de formas, de contenidos, de estructuras, de expresiones. No luchan contra el imperialismo efectivo, presente, vigente, sino con un fantasma que habita sus cabezas.

 

Llegan a decir que no se guían en las encuestas para formular sus políticas y su estrategia de campaña, como acostumbra a hacerlo la “derecha”; dicen que tienen otra percepción. ¿Cuál es ésta? ¿La percepción popular, la percepción social, ésta que tiene que ver con la intuición subversiva cuando estallan las movilizaciones? No parece que sea ésta de la percepción que habla el discurso gubernamental; porque si fuese ésta la percepción, no estarían formando parte de un gobierno, menos de un gobierno populista, que reproduce las estructuras de poder del Estado-nación. La percepción de la que habla el discurso gubernamental no es, en primer lugar, percepción, que es la integración corporal de los sentidos, de las sensaciones, de la imaginación, de la razón. La percepción no se expresa en las formas de la razón abstracta, la razón fantasma; mucho menos, en las formas de un discurso político, reducido a demostrar las bondades de la campaña por la continuidad del gobierno y, en el gobierno, por la continuidad de las mismas figuras patriarcales.  Eso no es otra “percepción”, diferente a la “percepción” de la “derecha”. Se trata, mas bien, de la misma concepción del poder.

 

Todo lo que hacen, todo lo que dicen, fuera de manifestar elocuentemente su concepción deportiva de la política, forma parte de los juegos de poder. Llámense unos de “izquierda”, llámense otros de “derecha”, el participar de los juegos de poder los hacen equivalentes, complementarios, retroalimentándose como equipos opuestos del mismo juego de poder. Que se distingan en los discursos, en la camiseta, incluso en ciertas medidas, unas más apegada a lo social, las otras más apegadas al mercado, no los hacen tan distintos, pues estas diferencias se encuentran en los márgenes de maniobra, permitidos por la geopolítica del sistema mundo capitalista.

 

El problema es que todo o, mejor dicho, casi todo, en lo que respecta a la sociedad institucionalizada, se mueve reproduciendo estos juegos de poder, esta concepción y práctica deportiva de la política, esta proliferación de la banalización generalizada. El problema es que este ambiente o, mejor dicho, atmósfera de la globalización, de la cultura-mundo, regionalizada, nacionalizada, localizada, termina afectando al pueblo, a las organizaciones sociales; en parte, convenciéndolos, en parte, impresionándolos, en un  principio. Después, cuando llega el desencanto, mostrándoles que la realidad es esa, no la esperada, no la deseada, no la prometida, que hay que optar pragmáticamente por eso, por el mal menor, por aquello que, por lo menos, les recuerda por lo que lucharon, aunque no se cumpla.

 

Es un problema porque con esto, esta manera de dejarse atrapar, el pueblo, la sociedad institucionalizada, las organizaciones sociales, son precisamente, las que coadyuvan a reproducir la comedia, que ya no solo desilusiona, sino que arrastra al desastre a lo que un día fue un “proceso de cambio”. No se dan cuenta que fueron los movimientos sociales, la rebelión popular, el levantamiento de los pueblos, lo que desordenó el escenario del poder, que fueron estas fuerzas alterativas las que abrieron las grietas, las fisuras, después los cráteres, en la geografía del poder, que, también, fueron estas fuerzas las que levantaron, en la cresta de la ola, a estos comediantes, que al subirse a la cresta de la ola, terminan creyendo que es su propia fuerza, su propio liderato, sus propias atribuciones, los que los llevaron a la sima. Con esto, el pueblo, las organizaciones sociales, renuncian a su propia potencia social, delegando sus fuerzas capturadas, a los representantes del pueblo, aunque la movilización, cuando era efectivamente tal, no los tenía como representantes, ni como conductores, ni dirigentes, de la movilización misma. Es cuando la movilización anti-sistémica deja de ser tal, para convertirse en un conjunto de organizaciones sociales cooptadas, subordinadas, sin capacidad propia, sin autonomía, sin asambleas, sin bases; organizaciones manipuladas por una dirigencia sumisa.

 

¿A quiénes convencen estos malabarismos, estas prestidigitaciones, estas simulaciones, estas imposturas? Quizás, a un principio, incluso la mayoría popular haya creído, llevada por sus esperanzas; empero, cuando se hace evidente lo que no se puede ocultar; la regresión del “proceso de cambio”, cuando se institucionaliza, después de la sorpresa, no se convencen, no se auto-engañan, sino que, a pesar del desencanto, asumen una posición de apoyo, para evitar debilitar a los comediantes y fortalecer a los derrocados, la llamada “derecha”.  ¿Cuánto puede durar esto? En Argentina no ha durado más tiempo, sino hasta la culminación del gobierno de Cristina; no ha durado más tiempo en Venezuela, que desde nuestro punto de vista, fue de los “procesos de cambio” de Sud América, el más consecuente, el que más efectos materiales y de masa ha ocasionado. ¿Cuánto durara en Ecuador, en Brasil y en Bolivia? Por lo tanto, a los únicos que convence este discurso es a los convencidos, a la masa de aduladores y de arribistas, que acompañan la decadencia del “proceso de cambio”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un balance sin evaluación

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El presidente ha leído un informe económico que pretende ser el balance de una década de gestión; la fuente, los datos, los cuadros, las comparaciones entre lo que llaman el modelo neoliberal y el modelo económico social comunitario productivo boliviano, se encuentran en el libro Modelo Social Comunitario Productivo Boliviano de Luis Alberto Arce Catacora[22], Ministro de Economía y Finanzas Publica del gobierno progresista del autodenominado Estado Plurinacional.  El libro tiene cuatro capítulos: Introducción, El Modelo Neoliberal en Bolivia 1985-2005, El Modelo Económico Social Comunitario Productivo en Bolivia 2006-2014, Principales resultados económicos y sociales del Modelo Económico Social Comunitario Productivo. El segundo capítulo hace una descripción sucinta del llamado modelo neoliberal, descripción enfocada en la experiencia boliviana del periodo en cuestión (1985-2005); revista del ajuste estructural y de sus políticas económicas de libre mercado, de libre empresa y de competencia; concluyendo en los desenlaces, que tienen que ver con la crisis y los movimientos sociales anti-neoliberales que estallan. El tercer capítulo describe el Modelo Económico Social Comunitario Productivo; comienza por sus antecedentes, continua con el Plan de Desarrollo Nacional propuesto el 2006 hasta la promulgación de la Constitución. Continúa con la exposición concisa de la parte de la Organización Económica del Estado de la Constitución, que se interpreta, sin justificación alguna, de que se trata del Modelo Económico Social Comunitario Productivo. Después de este supuesto aval, que da la Constitución al mentado modelo, se acaba con una exposición econométrica del modelo económico social comunitario productivo. El capítulo cuarto, se ocupa del balance comparativo, exponiendo descriptivamente la evaluación estadística; pondera los resultados de la implementación de la economía social comunitaria productiva. No vamos, ahora, entrar en discusión con el punto de vista reductivo y simple cuando se analiza el modelo neoliberal; tampoco vamos a entrar en debate respecto a una interpretación economicista de la Constitución, que contiene una inferencia reduccionista de la Organización Económica del Estado. Estos temas los hemos tocado antes en otros escritos[23]. Dejaremos para el final la interpelación al uso demagógico de modelo económico social comunitario productivo. En este texto, nos abocaremos al análisis del cuarto capítulo, el relativo a los resultados de la implementación del citado modelo.

 

El balance comienza con la nacionalización de los hidrocarburos. Se expone el Decreto Ley “Héroes del Chaco”, mediante el cual se nacionalizan estos recursos naturales. Se anotan las características de este decreto, que establece los procedimientos de la recuperación soberana; particularmente el año del privilegiado ingreso para el Estado del orden del 82%, hasta la firma del Contrato de Operaciones. Sin embargo, se olvida de exponer y analizar el Contrato de Operaciones, cuando este 82% deja de darse, disminuyéndose hasta el 62%. Tampoco se anotan las características del Contrato de Operaciones, donde, si bien, aparecen enunciados, al principio, parecidos a la Constitución; esto apenas es el prolegómeno del Contrato. Técnicamente y efectivamente el Contrato entrega el control técnico de la producción hidrocarburífera a las empresas trasnacionales. YPFB no deja de ser una entidad administrativa, salvo su participación asociada con empresas trasnacionales, su contribución en algunos rubros y los montos de inversión destinados a fortalecer la empresa estatal. No se puede hablar de control técnico de la producción, de los flujos que salen por concepto de exportación, salvo que se tome que este control corresponde a los informes de las empresas trasnacionales, que YPFB avala, sin verificación técnica. No se dice en el análisis de este capítulo del libro en cuestión, que para la firma del Contrato de Operaciones no se esperó la culminación de las auditorias, que se efectuaban bajo la dirección del ingeniero Mariaca, precisamente para conocer, a ciencia cierta, cuanto habían invertido las empresas trasnacionales, sobre todo, para dimensionar las indemnizaciones o, en su defecto, los daños al Estado por incumplimiento. Todo esto, que hacen a un balance propiamente dicho, no se dice, ni es de interés de este libro.  Lo que brilla por su elocuencia es un optimismo desbordante; sin duda alguna, tomando en cuenta, sobre todo, los contrastantes resultados de la gestión económica del gobierno progresista, en comparación con lo logrado por las gestiones de los gobiernos neoliberales. Parece un libro más de propaganda que de análisis económico.

 

Después se pasa al examen de los resultados de la nacionalización en la minería. Como en el caso anterior, la comparación arroja resultados contrastantes. Se consideran los mecanismos legales de la minería, la ley heredada y la nueva ley minera, promulgada por el gobierno progresista. Se hace una escueta exposición de algunos artículos; sobre todo llama la atención que se obvia comentar la estructura y las características de la nueva ley minera, que mantiene los porcentajes bajos de la tributación, los impuestos y las regalías, parecidos a los del periodo neoliberal; muy lejos de lo que ocurre en el área de hidrocarburos. Mientras el Estado recibe un 62% por concepto de impuestos, tributaciones y regalías, en hidrocarburos; en el área de la minería el Estado recibe una proporción de alrededor del 8%. Fuera de ser una ley que amplía y consolida el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. Una ley que hemos llamado de “traición a la patria”, desde la perspectiva constitucional misma; tipificando, por parte de la Constitución, de esta manera, esa conducta política, cuando se atenta de ese modo contra la soberanía de los recursos naturales, de propiedad de los bolivianos; vulnerando la cláusula de la Constitución que prohíbe exportar materias primas, sino que obliga a la industrialización. Además de conceder onerosamente concesiones a las empresas trasnacionales extractivistas. Después, se sigue con el balance positivo de la nacionalización de las telecomunicaciones y la nacionalización del sector eléctrico.

 

La contrastación cuantitativa es marcadamente notoria. Un ejemplo se encuentra en el desempeño productivo de los hidrocarburos. La producción bruta de gas natural creció de un ritmo de 40.2 MMm3/día, en 2006, a 61.3 MMm3/día, en 2014. La producción de hidrocarburos líquidos muestra una tendencia similar; el volumen promedio de petróleo condensado y gasolina tuvo un ritmo de 63.1 miles de barriles por día (MBbl/día), en comparación con el 2005, cuando llegó al 40.2 miles de barriles por día.

 

Se presentan las plantas separadoras, la Planta Separadora de Líquidos Río Grande y la Planta Separadora de Líquidos Gran Chaco “Carlos Villegas Quiroga”,   como industrialización, sin explicar por qué. La industrialización supone transformación de las materias primas, de los insumos; la separación es eso, disociación. Está difícil presentar la separación como industrialización; bueno, es ese el lenguaje usado por el gobierno populista. Se puede calificar como industrialización a la petroquímica, pero, no a la separación. En este sentido, se presentan la Planta de Amoniaco y Urea, las Plantas de Etileno y Polietileno, Propileno y Polipropileno, además de la Planta de Gas Natural Licuado (GNL).  El conglomerado de YPFB, sus empresas subsidiarias y las compañías operadoras privadas invirtieron un monto de $us 9,182 millones. Otra comparación contrastante es la relativa a las utilidades; Las empresas subsidiarias y la casa matriz obtuvieron $us 7,908 millones de utilidades, en el lapso de 2006 al 2014; en contraste, con $us 644 millones, obtenidos en el lapso 2001-2005. Ciertamente, que en ese entonces, prácticamente no había YPFB, salvo como oficina administrativa. 

 

La inversión en hidrocarburos baja de $us 514 millones a $us 246 millones, del 2001 al 2005; en contraste, la misma inversión sube de $us 273 millones a $us 2,111 millones, entre el 2006 y el 2014. Durante el periodo del gobierno progresista se generó $us 31,888 millones, por concepto de ingresos, a través del IDH, regalías, participación de YPFB, patentes e impuestos, tanto al upstream como al downstream. Otro dato contrastante es el relacionado a la renta hidrocarburífera anual; el 2005 la renta fue de $us 974 millones, en tanto que el 2014 fue de $us 6,096 millones. Estos datos son ciertamente la consecuencia de la nacionalización de los hidrocarburos. Se puede decir que ésta es la diferencia entre el periodo neoliberal y el periodo del gobierno progresista. Sin embargo, la pregunta es: ¿por qué el gobierno popular sigue insistiendo en la comparación con el periodo neoliberal? No es este contraste notorio el que está en discusión; ¿a quién quiere convencer sobre estas notables diferencias? ¿A los neoliberales?  El resto, sobre todo el pueblo, sabe de sobra sobre esta diferencia. La comparación no es con el pasado sino con lo que establece la Constitución.

 

En relación a la estructura jurídica-política de la Constitución, el gobierno progresista se queda lejos. Su decantada propaganda y publicidad, sus insostenibles interpretaciones, demagógicas y de difusión, no cambian la situación; no los convierte en consecuentes políticos con la implementación de la Constitución. Son solo palabras, imágenes publicitarias, propaganda, diatriba estridente de apologistas, aduladores, gobernantes y parlamentarios oficialistas. Nos hemos ocupado del tema en Descolonización y transición, también en otros escritos; de la misma manera, hemos sido puntillosos con la crítica a las políticas inconstitucionales del gobierno en lo que respecta a la Organización Económica del Estado, que nosotros interpretamos como el horizonte de la economía social y comunitaria, en contexto ecológico, en perspectiva del sumaj qamaña y el sumak kausay. El horizonte de la economía social y comunitaria supone transiciones conectadas y articuladas de dispositivos económicos estatales, con la intervención del Estado, hacia la realización de la economía social y comunitaria; transiciones de la economía privada desarticulada a una economía privada articulada a la dirección planificada del Estado, que nosotros llamamos, como corresponde, capitalismo de Estado, articulándose, en estas transiciones, al horizonte de la economía social y comunitaria. Transiciones de las economías campesinas subsumidas al mercado, en condiciones de subordinación, incluso de explotación, hacia economías campesinas articuladas al horizonte de la economía social y comunitaria. Si bien, no se puede hablar de economía cooperativa, tal cual, sobre todo en minería, pues es, mas bien, una economía privada diseminada, fragmentada, incluso, pequeña y mediana, que contrata a trabajadores a destajo, super-explotados, de todas maneras diremos que, en este caso, también se trata de transiciones de la economía cooperativa desmembrada hacia una economía cooperativa en articulación con el horizonte de la economía social y comunitaria. La economía social y comunitaria, tiene como substrato lo que llamamos oikologías comunitarias, para diferenciarlas del estrecho concepto de economía. Estas comunidades, en el concepto de la Constitución, al expresarse como social y comunitarias, se refiere a las comunidades ancestrales, brillan por su ausencia en las políticas y prácticas económicas del gobierno progresista, que, mas bien, se caracteriza por ahondar en la economía extractivista y en la forma de Estado rentista; ciertamente, en las condiciones mejoradas por la nacionalización y por la modificación transformada de los términos de intercambio.

 

No se trata pues de un Modelo Económico Social Comunitario Productivo, a no ser en la forma especulativa como se la presenta, siendo no otra cosa que economía extractivista del capitalismo dependiente. ¿Por qué se nombra esta continuidad de la dependencia, bajo un gobierno popular, Modelo Económico Social Comunitario Productivo? ¿Es una manera de decir que se cumple con la Constitución aunque no lo hagan, sino todo lo contrario? ¿Creen realmente que practican y aplican este modelo mentado? ¿Es una confusión pasmosa tanto económica, política, ideológica y, sobre todo, conceptual? ¿Es un tema de propaganda? Para comprender esta entreverada contradicción es menester observar el panorama político del gobierno progresista; es el estilo de nombrar, de usar el lenguaje político, de la forma de sus discursos, de la propensión a la simulación y al montaje, en todo su desenvolvimiento gubernamental, congresista, partidario y político. Este es el estilo; la inflación de las palabras, el desajuste de los sentidos y significados, respecto a los referentes concretos. Se trata de una forma de hacer política, una manera de efectuar los “procesos de cambio”, transformando imaginariamente, mientras las estructuras de poder, las estructuras estatales,  siguen iguales; puede que haya habido efecto social al impactar en sectores sociales, mejorando sus condiciones y situación de accesibilidad. Por ejemplo, estratos pudientes de los colonizadores, de los productores de hoja de coca, han ingresado al contingente de las clases medias. También se puede tomar en cuenta, aunque su impacto sea solo coyuntural, los y las beneficiarias de los bonos. Puede, incluso, haber bajado estadísticamente la pobreza; sin embargo, todo esto, no implica haber resuelto la problemática social y de las desigualdades. Hacer creer que esto ocurre es confundir explotación, desigualdad, discriminación, con esa figura asistencial inventada por la cooperación, pobreza. En esto, en esta interpretación institucional, los del gobierno progresista no se diferencian de las ONGs que critican, tampoco de la cooperación internacional, ni de las religiones que atienden a las víctimas. Todas estas expresiones juegan al poder con estas representaciones y manipulaciones de la pobreza.

 

Las políticas en minería consistieron en el Fortalecimiento de la Empresa Metalúrgica de Vinto (EMV), la Rehabilitación del Complejo Metalúrgico de Karachipampa, el Complejo Hidro-metalúrgico Corocoro, la Fábrica de Ácido Sulfúrico, la Industrialización del Litio, Fase I, Planta Semi-industrial de Cloruro de Potasio y Planta Piloto de Carbonato de Litio, Construcción del Horno Ausmelt; además de contar con los proyectos  de la Empresa Pública Nacional Estratégica de Cemento de Bolivia (ECEBOL), Industrialización del Litio: Fase II, Plantas Industriales de Carbonato de Litio y Cloruro de Potasio, Industrialización de Litio, Fase III, Implementación Planta Piloto de Baterías de Litio.

 

El PIB minero aumentó de un promedio anual de Bs 1,032 millones, en el lapso de 1990 al 2005, a Bs 1,846 millones, en el lapso de 2006 al 2014. La tasa anual promedio fue de 1.0%, en el primer periodo, en tanto que fue del orden de 9.6%, en el segundo periodo. El PIB minero pasó de Bs 918 millones, en 1990, a Bs 1,043 millones, en 2005, y de Bs 1,112 millones, en 2006, a 2,158 millones, en 2014. Paralelamente, el índice de volumen físico de la minería se incrementó sostenidamente desde el 2006; la tasa anual promedio de producción fue del orden del 2.2%, en el intervalo 1990 al 2005, y del orden del 10.7%, en el intervalo 2006 al 2014. El contraste notorio sigue en lo que respecta a las exportaciones; las exportaciones minerales dan un salto a partir de 2006. En el lapso de 1995 al 2005, el promedio anual de exportación es de $us 251 millones; en contraste, alcanzó a la suma de $us 1,694 millones, en el lapso de 2006 al 2014. Abarcando la totalidad de los periodos comparados, tenemos que, en el primer periodo, se exportó $us 2.758 millones; en contraste, en el segundo periodo, se exportó $us 15,250 millones. En 1995 se exportó minerales por un valor de $us 244 millones, llegando a un valor de $us 351 millones, en 2005; en contraste, en 2006, el valor exportado fue de $us 794 millones, llegando a $us 2,035 millones, en 2014, teniendo como cumbre el 2011, con un valor de $us 2.427 millones. El volumen promedio anual fue de 0.4 millones de toneladas brutas, de 1999 al 2005, en tanto que fue de 1.1 millones de toneladas brutas, de 2006 al 2014. Sumando lo acumulado en cada periodo, se tiene que, en el primer periodo, se alcanzó a exportar 2.9 millones de toneladas brutas; en contraste, en el segundo periodo, se alcanzó a exportar 9.9 millones de toneladas brutas. Estos datos también pueden interpretarse como consecuencias efectivas de la nacionalización y las políticas estatales en el área minera.

 

Las consecuencias efectivas, además de considerar, la subida de los precios de las materias primas, se observan también en el aporte fiscal de la minería. Las regalías mineras y las recaudaciones tributarias, tuvieron un aporte promedio anual de Bs 107 millones, en el periodo 2000-2005; en contraste, el mismo promedio fue de Bs 1,532 millones, en el periodo 2006-2014. El aporte fiscal minero se contabilizó en Bs 62 millones, en 2000, llegando a Bs 253 millones, en 2005; en contraste, fue de Bs 560 millones, en 2006, llegando a Bs 1,649 millones, en 2014, teniendo como pico el 2012, con un aporte fiscal de Bs. 2,691 millones.

 

Como dijimos, estos son los efectos de la nacionalización, en un contexto de subida de los precios de las materias primas. Sin bien, el contraste es notorio e indiscutible, respecto al pasado neoliberal; como hemos hecho notar, no se trata solo de resaltar este contraste, sino de evaluar la gestión del gobierno progresista en conexión con lo que establece la Constitución. Al respecto, dijimos que, mas bien, el gobierno, las gestiones, las políticas económicas, entre ellas las políticas mineras, discrepan con lo determinado por la Constitución. Lo primero que correspondía hacer es, fuera de nacionalizar, romper las privilegiadas concesiones a las empresas trasnacionales extractivistas, además de levantar el paraíso fiscal para las empresas mineras privadas, sean trasnacionales o bolivianas, medianas y pequeñas; por otra parte, era menester suspender la política minera que promociona a un falso cooperativismo minero, que no es otra cosa que empresa privada encubierta, además de realizar un capitalismo salvaje y depredador.  Nada de esto ha pasado, el gobierno ha mantenido concesiones onerosas como las de San Cristóbal. El 3% de la explotación minera la controla COMIBOL, el 27% de la extracción minera la controla la cooperativa, en tanto que el 70% la controla la minería privada, primordialmente las empresas trasnacionales extractivistas. En este panorama, nada halagüeño, que habla, mas bien, de no solo altos niveles de dependencia, sino de subordinación a los grandes monopolios mineros, no se puede tener un diagnóstico pretendidamente positivo, a pesar de las mejoras en la producción minera y en las exportaciones, incrementándose el volumen y el valor de la producción; pues estamos ante una dinámica económica donde se benefician de la mejor parte de la torta, en tamaño y en cualidad, donde se aprovechan de los efectos multiplicadores del monopolio de los mercados, además del control de los procesos de industrialización, las mismas cadenas oligopólicas, las famosas empresas trasnacionales extractivistas. Hablar en el leguaje del libro, exponiendo como elocución optimista y positiva, con tono halagador y apologético, escondiendo las profundas contradicciones, las estructuras persistentes de la dependencia y del modelo extractivista colonial, es legitimar, precisamente, la dependencia, la subordinación; coadyuvando al saqueo de los recursos naturales por parte de las empresas trasnacionales extractivistas, a pesar de las mejoras en los términos de intercambio, esta vez, mucho menores que lo que ocurre en hidrocarburos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones

 

1.   Estamos ante un discurso apologético, encargado de presentar lo supuestamente acaecido como si fuese una epopeya. Es la narrativa de los héroes, como se hacía antes de la novela, que, mas bien, es la narrativa de los antihéroes; tendiendo, de manera diferente, a la crítica, la ironía, a la anécdota y a la paradoja, en la prosa de las experiencias modernas narradas. En los discursos descriptivos, pretendidamente objetivos, como los análisis económicos, de manera más restringida, como los balances, el discurso apologético adquiere una prosa árida, llana, sin ritmos, prolija en estadísticas, cuadros e indicadores. El problema no es el análisis estadístico, sino que se lo reduce a descripciones cuantitativas, a cuadros, a series de indicadores, que quedan descritos; empero, quedan faltos de análisis.

 

2.   Estamos ante un balance de la década de gestiones económicas del gobierno progresista, periodo de gestiones contrastado con el periodo de gestiones económicas neoliberales. Sin embargo, a pesar de la importancia de la tarea, no se alcanza a realizar un balance, propiamente dicho, sino el texto termina esmerándose en hacer hincapié en la maravillosa incursión del gobierno, que recupera los hidrocarburos e inicia una política económica desligada del proyecto neoliberal. El libro deriva en un texto de propaganda, aunque abundantemente apoyado por estadísticas, cuadros e indicadores, acompañadas por descripciones similares, que repiten lo que se ve en los datos, sin avanzar en el análisis.

 

 

3.   El libro parte de las premisas que dibujan los contrastes entre ambos periodos, el neoliberal y el progresista. Empero, se queda en las premisas, sin desplazarse a las mediaciones, que serían, en lógica, los análisis del “proceso de cambio”, con todas sus ambigüedades, dificultades y contradicciones. Un análisis que ayude a comprender las problemáticas que se enfrentan como desafíos. Por eso, tampoco llega a las conclusiones, como toda proposición lógica. Lo que se llama “conclusiones” en el libro ya estaban anticipadas, son las verdades cinceladas por la “ideología”.

 

4.   No se entiende muy bien por qué introduce un modelo econométrico, que expresa en ecuaciones algebraicas el modelo económico social comunitario productivo. El modelo econométrico es esquemático al extremo, por lo tanto, simple, considerando linealidades, sin espesores, que no llegan a conformar planos; está lejos de expresar la complejidad, no solamente de los planos de intensidad de la realidad social, sino del mismo plano de intensidad económico, que en el caso de las transiciones, requiere simulaciones matemáticas complejas; por lo menos relativas al análisis multivariable.  Puede ser que para darse aires de formalidad y de pretendida cientificidad. Estas exageraciones o poses acompañan a todos los políticos; ciertamente lo hacen de distintas maneras; en este caso, se pretende convertir una propaganda en análisis económico, presentando como aditamento un modelo econométrico reductivo, demasiado esquemático como para poder expresar una complejidad, por lo menos, enunciada en subtítulos, como la del modelo económico social comunitario productivo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una interpretación de la década

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La pregunta es: ¿Qué es lo que pasó? Hay que buscar la respuesta en los funcionamientos de la complejidad de la formación social, usando un concepto conocido, para no complicar la exposición. No como explica la teoría lo ocurrido, cualquiera sea ésta; mucho menos forzar una supuesta explicación desde las compulsiones dogmáticas de la “ideología”, cualquiera sea ésta. Entonces se trata de responder a cómo han funcionado los aparatos, los dispositivos, las instituciones, los imaginarios, las “ideologías”, en combinación con las prácticas, los habitus, las relaciones, las estructuras; además, en los contextos donde se dan procesos locales, nacionales, regionales y mundiales. No parece adecuado seguir pretendiendo explicar procesos políticos y sociales en la circunscripción nacional, como si hubiera solo una historia nacional, que hace de trasfondo a los hechos, sucesos y eventos. Hay historias, usando también un concepto moderno discutible, asociado a la idea de tiempo y de secuencia lineal; historias, en distintas escalas, que hacen a la constelación de historias de la mundanalidad. Hay que interpretar los procesos políticos y sociales, entonces, en las distintas escalas, teniendo en cuenta la perspectiva mundial.

 

Los procesos de cambio, desatados en Sud América, tienen que ver no solo con las crisis estructurales, a escala nacional, sino con la crisis generalizada a nivel mundial. La pregunta entonces es: ¿Por qué, a pesar de que la crisis es generalizada mundialmente, los procesos de cambio se dan solo en algunos países? La respuesta posible tiene que ver con las singularidades de estos países, donde se dan los movimientos sociales anti-sistémicos, que se prolongan y triunfan. Debemos buscar en estas singularidades la excepción de la regla, que en este caso, tiene que ver, hipotéticamente, con el mayor peso del conformismo que del inconformismo; con la mayor inclinación al desasosiego que a la actitud crítica e interpelativa. No es que unos pueblos tienen estas características y estos atributos y otros no lo tienen. Todos los pueblos contienen las condiciones de posibilidad de la predisposición a luchar, no solamente por sus derechos, sino por la vida. Lo que parece pasar es que, en determinadas condiciones, contextos, nudos de historias encontradas, de experiencias sociales y memorias actualizadas, emerge con mayor fuerza la predisposición a luchar, a activar, a la voluntad de transformación. En Venezuela, en Brasil, en Ecuador, en Bolivia, con menos intensidad, en Argentina y en Uruguay, ha pasado esto, en el periodo de movilizaciones, primero, después, en la etapa de gobiernos progresistas, de fines del siglo XX y principios del siglo XXI. Al respecto, nos remitimos a los ensayos que se han ocupado de analizar e interpretar las coyunturas de los llamados “procesos de cambio” singulares y diferenciales de los países citados[24].

 

Resumiendo, con el peligro de simplificar, podemos decir, retomando panorámicamente lo expuesto en esos ensayos, que los procesos de cambio como que son catalizados por acontecimientos de movilización general o de largas resistencias y luchas sociales acumuladas. En el caso venezolano, podemos señalar que el Caracaso es un hito en la emergencia del proceso de cambio, que va adquirir el perfil político de la revolución bolivariana. En el caso de Brasil, si bien, la crisis social y económica, que desata el proyecto neoliberal implementado, empujando a movilizaciones sociales, es como el antecedente; lo que parece gravitante es, mas bien, la acumulación histórica de una larga experiencia y memoria social, que se nuclea en el PT, además de otras organizaciones sociales y colectivos activistas. En el caso ecuatoriano, parece que el catalizador son las luchas y movilizaciones de los pueblos y las naciones indígenas, además de colectivos activistas, que impulsan la defensa de los derechos indígenas y los derechos de la naturaleza, los derechos sociales y la soberanía sobre los recursos naturales; es, entonces, esta forma del proceso, lo que hace de catalizador de otro proceso de cambio singular. En el caso de Bolivia, el catalizador es la movilización prolongada anti-neoliberal, nacional-popular, descolonizadora, del sexenio 2000-2005; teniendo como substrato las luchas y las movilizaciones de los pueblos y las naciones indígenas-originarias. En el caso de Argentina, parece ser el detonante, esta vez, diferido, el costo social y económico del proyecto neoliberal implementado, convirtiendo en catalizador a movilizaciones sociales, como la de los piqueteros y cacerolazos, además de las movilizaciones de los damnificados por el “corralito”; movilizaciones sociales acompañadas, después, por una dilatada resistencia, mas bien, fragmentada y dispersa. En el caso argentino, el descontento social y político fue canalizado por la nueva versión nacional-popular del peronismo, el kirchnerismo, a diferencia de lo que ocurrió en Brasil, donde fue el PT, de tradición marxista. En el caso uruguayo, que se parece en la forma, con el caso argentino, teniendo en cuenta algunas analogías, acompañadas por diferencias; es donde el catalizador parecen ser movilizaciones también fragmentarias y un tanto dispersas; empero, canalizadas por el Frente Amplio.

 

Los procesos de cambio singulares, si bien, contienen estos detonantes y catalizadores diferenciales y propios, son seguidos por lo que se va venir en llamar, entre varios nombres que adquieren, gobiernos progresistas. En esta etapa gubernamental, es cuando adquieren más analogías y parecidos, estos gobiernos, a pesar de las diferencias mantenidas. Los gobiernos progresistas tropiezan con ciertos límites impuestos por la herencia de las mallas institucionales y por encontrarse dentro del sistema-mundo capitalista. Uno de esos límites, para resumir, es el de la dependencia económica, además de su ubicación en la geopolítica del sistema-mundo capitalista; en condición de periferias, en unos casos, en condición de potencia emergente, en el caso de Brasil, en tanto más allá de la periferia, pero más acá del centro, como es el caso de Argentina.  Otro de esos límites es impuesto por las estructuras de poder del orden mundial y por las estructuras de poder heredadas del Estado-nación subalterno o de Estado-nación de potencia emergente. Los procesos de cambio se traban en estos límites, sin cruzar el umbral. Al hacerlo, optan por administrar la condición dependiente en la geopolítica del sistema-mundo capitalista o, en su caso, en la condición de potencia emergente, por lo tanto, en las circunstancias del centro de la economía-mundo capitalista. Así mismo, optan por gobernar desde la misma maquinaria estatal, con algunas reformas en la fachada y menos cambios en la estructura estatal. Hay que reconocer que las tareas que se proponen son difíciles, por esta situación ambivalente, y llevan a contradicciones.

 

Como dijimos en otros ensayos, no compartimos las tesis de la teoría de la conspiración, tampoco, en consecuencia, el simplismo de explicar las contradicciones de los procesos de cambio debido a “traiciones”. Las historias políticas de los procesos de cambio son más complejas que la simple narrativa de tramas personificadas en figuras de líderes, caudillos, por un lado, y conspiradores opositores, por otro lado, con el trasfondo de la conspiración imperialista. Como dijimos también, no es que no haya conspiradores ni conspiraciones, sino que los procesos políticos no se explican por estos factores dramáticos, que convierten las historias políticas en dramas de protagonistas individualizados. Los procesos políticos son acontecimientos políticos, y es posible comprenderlos, analizando el acontecimiento, en la complejidad dinámica de multiplicidad de singularidades, articuladas e integradas. No se tiene que descartar el papel que cumplen los personajes de la política; sin embargo, es inapropiado convertirlos en los ejes de los procesos de cambio, salvo, se entiende, si se trata de “ideología” o propaganda.

 

En lo que respecta al proceso de cambio boliviano, que es lo que nos ocupa ahora, para resumir, con el peligro de esquematizar, el acontecimiento político, puede ser bosquejado, como aproximación, a partir de un conjunto de singularidades, si no son múltiples, lo que se hace difícil exponer en este ensayo; sin embargo, lo hicimos en otros ensayos. Hablamos, en primer lugar, de movimientos sociales anti-sistémicos y movilizaciones singulares diferentes, que se articulan en el decurso de las luchas, sin necesidad de conformar una coordinadora de movimientos sociales, que ha sido propuesta varias veces. En segundo lugar, otras singularidades tienen que ver con la radicalización de las movilizaciones dadas; que adquieren características autogestionarias, de autogobierno, de protagonismo de las bases, por lo menos, durante los momentos de intensidad de las movilizaciones, como cuando los relativos a los bloqueos. En tercer lugar, los desenlaces de la ofensiva popular y de las victorias sociales y políticas de los movimientos. A pesar de la contundencia de las victorias populares, como cuando se dio la guerra del agua y la guerra del gas, los desenlaces se dieron en la forma constitucional y por la vía electoral. Hecho que menguó el contenido radical de las movilizaciones; hecho que dio pie a que una de las expresiones menos radicales, mas bien, heredera del nacionalismo y de reminiscencias de la vieja izquierda, cobrara vigencia política y se convirtiera en la salida electoral a la crisis múltiple del Estado; hablamos del MAS. En cuarto lugar, la forma del proceso de nacionalización, sobre todo, de los hidrocarburos, que comienza con algo parecido a una expropiación a medias o, en su caso, de la mayoría de las “nacionalizaciones”, en compra de acciones, deriva en Contrato de Operaciones. Contrato que termina desnacionalizando, sin retirar, empero, lo ganado en los términos de referencia, es decir, en el incremento significativo de los ingresos del Estado. Esta característica de las nacionalizaciones del siglo XXI, muestra claramente los límites del proceso de cambio y sus contradicciones. En quinto lugar, no por esto jerárquicamente el menos importante, sino al contrario, quizás el más importante, el proceso constituyente, que lleva a una Asamblea Constituyente contradictoria, dual, siendo originaria, por emerger de las entrañas de las luchas sociales, pero, también, derivada, por ser convocada por el Congreso. Una Asamblea Constituyente que logra aprobar una Constitución plurinacional, comunitaria y autonómica, a pesar de las difíciles contingencia y el contexto adverso de boicot y dilatación, efectuado por la llamada oposición “derecha”, aunque también por los errores sistemáticos de la conducción e interferencia del MAS. Sin embargo, la Constitución termina convertida en un texto de vitrina, un texto de propaganda para presumir, pero no para cumplirlo.

 

Estas cinco singularidades, sus correspondencias, sus entrelazamientos, terminan otorgando un perfil y composición singular al proceso de cambio boliviano. Se puede decir que se trata de un proceso de cambio en los límites del Estado-nación subalterno, a pesar de su autonombramiento de Estado plurinacional. Un proceso de cambio en los límites del modelo extractivista y del Estado rentista, a pesar de la nacionalización de los hidrocarburos y las reformas implementadas por el gobierno; reformas que no alcanzan a trastocar las estructuras de poder, ni las estructuras del Estado. De ninguna manera se dice que no hay diferencias con los gobiernos neoliberales anteriores; al contrario, se parten de estas diferencias, constatables; sin embargo, se anota que estas diferencias no son tan grandes como para separar definitivamente a ambas expresiones políticas, la neoliberal y la populista, de una concepción compartida del poder y del Estado, a pesar de las diferencias “ideologías” y discursivas. A pesar de los impactos positivos sociales de políticas del gobierno progresista y los impactos negativos sociales del proyecto neoliberal. El problema es, como dijimos antes, que, a pesar de las diferencias, hay más proximidad entre estas expresiones opuestas, que la proximidad esperada con la Constitución por parte del gobierno progresista, respecto a la cual parece, mas bien, alejado.

 

En el anterior ensayo, Balance sin evaluación[25], tratamos del balance económico de la década en cuestión (2006-2014); otra conclusión de la lectura de este ensayo podría ser: el perfil económico boliviano se encuentra en el límite del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, a pesar del impacto de la nacionalización y los esfuerzos, un tanto desarticulados, en la inversión autodenominada productiva. Un perfil económico, que se mueve en los límites de la dependencia, sin poder salir de este umbral, precisamente por haber expandido el modelo extractivista de la economía. Si bien, esta conclusión ya fue enunciada en los ensayos Bolivia: perfil económico y Plano de intensidad económico boliviano, decirlo ahora, después del ensayo del balance económico de la década, apunta más a una conclusión de evaluación que a una caracterización, como hicimos antes. Por otra parte, ayuda a retomar apuntes que hicimos anteriormente, cuando decíamos que la industrialización no se da automáticamente, como consecuencia de la nacionalización, sino que se requiere de otras condiciones de posibilidad históricas, como la masa crítica científica, como la transferencia de tecnología, como la revolución, en serio, de la formación educativa, no la demagógica, que ahora se implementa, como la adecuación y actualización a las tecnologías de punta, limpias y ecológicas, apuntando a una eco-industrialización y a una eco-economía o, mejor dicho, a una oikologia integral[26].  Que la independencia económica, es decir la salida de la dependencia, se da en el contexto de la integración de la Patria Grande.

 

Todo esto nos lleva a comprender que se trata de un proceso de cambio encajonado en los límites acotados, que, empero, no deja de ser reformista, en el buen sentido de la palabra; proceso de cambio también, contradictorio, restaurador, clientelar, como ocurre con “procesos de cambio” cercados en los márgenes de maniobra, que permite la geopolítica del sistema-mundo capitalista. No se trata de debatir, en la interpretación lineal del proceso de cambio, ¿qué hay que hacer?, ¿apoyar, apoyar críticamente u oponerse?, sino, en la perspectiva de la complejidad, preguntarse: ¿Cómo salir del círculo vicioso del poder recurrente, en toda la modernidad? ¿Cómo impulsar la emergencia de otros horizontes histórico-políticos-culturales? No se trata de creer que el activismo autogestionario excluye la comprensión de las diferencias de la gubernamentalidad populista de la gubernamentalidad neoliberal, sin la necesidad de obligarse a ningún apoyo o apoyo crítico, que puede darse o no, en el contexto de la decisión colectiva de auténticos movimientos sociales anti-sistémicos, como los de la movilización prolongada, no la farsa usurpadora de organizaciones sociales cooptadas afines al oficialismo.

 

Algo que no dijimos en el ensayo anterior, es que no se trata de inversión productiva y de inversión social, en sus formas cuantitativas, apreciadas en sus formas estadísticas, sino de la estructura cualitativa de la inversión productiva y social, de la forma sistemática de ejecutar estas inversiones materiales, no solo cuantitativas; se trata de administrar y controlar estas inversiones efectivas, que no pueden ser sino cualitativas; lo cuantitativo sirve para medir lo que se da como inversión cualitativa; la inversión efectiva no es resultado de la inversión cuantitativa. El problema del gobierno populista, que percibe estas inversiones desde la perspectiva de la metafísica estadística, creyendo que la forma numérica de la inversión resuelve de por sí el problema del cambio de la nombrada matriz productiva, creyendo que se trata de un modelo econométrico, como si la realidad se redujera a esta ecuación abstracta. No se da cuenta que no se trata de resolución expectante estadística, no se trata del discurso, sino de transformaciones estructurales e institucionales efectivas. El apego a la demagogia, a la especulación, al montaje y a la simulación, es lo que extravía las políticas económicas del gobierno progresista; cuando podía haberlo hecho mejor, administrando seriamente, eficientemente, con responsabilidad, sus reformas. A tal punto llega la especulación, que llama “revolución” a una reforma, que nombra como Modelo Económico Social Comunitario Productivo a lo que es capitalismo de Estado. Podía aceptar lo que es, en realidad, esforzándose a que funcionen estas reformas; esto ya era suficiente, para los alcances de este “proceso de cambio”. Sin embargo, el gobierno popular se extravió en pretensiones sin sustento, embarcándose en gestiones agobiadas por proliferantes irresponsabilidades, demagogias, falsedades y corrupciones. Esta conducta no ayuda a prolongarse en el poder, pues la gente, incluso la gente que apoya al “proceso de cambio”, se cansa de la simulación y la comedia, terminando optando por el voto castigo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un referente forzado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parece que cuando los sucesos políticos se presentan en forma extravagante, hasta cierto punto incomprensibles o absurdos, no es conveniente buscar su desciframiento en la claridad de la secuencia o en la lógica, que pueda armarse reuniendo los hechos, los fragmentos del suceso; sino, mas bien, es menester buscar su explicación precisamente en la oscuridad enrevesada, que oculta la comprensión de lo que sucede.

 

El referéndum de febrero es estrambótico. Convocar a un referéndum para modificar un artículo de la Constitución, artículo que tiene que ver con la apertura a una nueva elección del presidente, es una muestra evidente de la poca consideración que se tiene por la Constitución. No les interesa cumplir con la estructura jurídico-política de la Constitución; pero, si les interesa modificar un artículo, que en la composición de la Constitución, es marginal.  Esto muestra también, que no les preocupa no entender la Constitución plurinacional, comunitaria y autonómica, sino que lo que les interesas es conservar el poder, con la ampliación de los intervalos de presentación continua a la presidencia. Esta es la pobreza política e “ideológica” del partido oficialista. Ellos no entienden otra cosa de política que la dependencia respecto del líder; sin él no se imaginan una política; esta es una muestra de la miseria de esta gente, que ha reducido la “ideología” al símbolo mítico del caudillo. Mucho menos, tampoco esto habla bien de alguna estrategia que tengan en manos, que parece que brilla por su ausencia, a no ser que se entienda por estrategia la compulsión por el poder. Para atiborrar el panorama incierto, lo que llama la atención es que el referéndum se lo efectúa a poco tiempo de iniciar el nuevo ciclo de gestión gubernamental. ¿Por qué?

 

¿Inseguridad? ¿Premonición? ¿Anticipación? ¿Respuesta antelada a la crisis económica? ¿O un comportamiento inexplicable hasta por ellos mismos? Este parece ser el punto de la oscuridad. Si partimos por lo que dijimos, que hay que buscar en el embrollo la explicación posible; no buscar armar una lógica causal, sino, mas bien, la falta de lógica, algo así como la lógica de la no-lógica o, si se quiere, forzando los términos, la lógica intrincada del embrollo. Sea lo que sea, no nos vamos a detener a encontrar las palabras apropiadas para definir este nudo; hay que buscar en este entramado los lazos que expliquen semejante conducta.

 

Pero, antes, debemos decir algo sobre la llamada “oposición”. Podemos decir lo mismo de esta “oposición”, aunque de manera simétrica. Están en el mismo embrollo; creen que todo el problema radica también en el caudillo, en su ansia de poder, en su deseo de mantenerse en el poder. Se lo convierte en el símbolo del mal, en la causa del problema político, que una vez resuelto, se resuelven toda la crisis institucional. Para decirlo metafóricamente, tienen la misma concepción mágica de la política. Ambos, “oficialistas” y “opositores”, comparten el callejón sin salidas de esta concepción y práctica de la política. Para ellos, la política se reduce a la encarnación del poder en personas, que pueden sonarles como mesiánicas o, al contrario, como endemoniadas. Este imaginario religioso, dominante en estas “ideologías” ateridas, interpreta sus actos como estuvieran en una lucha contra los infieles. Ambos, fieles e infieles, dependiendo desde donde se los identifica, son incorregibles fundamentalistas. Por eso, ambos, están destinados al fracaso, pues no comprenden la complejidad del mundo, las paradojas que lo constituyen. Ambos están enamorados del poder; ambos creen en el poder, como clave para resolver los problemas, sean los que sean éstos, los interpreten de cualquier modo. Creen en la sustancialidad del poder. No se dan cuenta que el poder no es sustancial ni esencial, sino, para decirlo fácilmente, una relación. En este caso una relación de la economía política del poder, que separa potencia de poder, que separa a la potencia social de lo que puede, de su fuerza, usando esta bifurcación como economía política, es decir valorizando lo abstracto, lo que no existe puramente, desvalorizando lo concreto, lo que existe y además hace existir, en sus apariencias, al poder. Lo mismo podemos decir respecto al Estado, que aparece en la dualidad de la economía política del Estado, que separa sociedad de Estado, que separa la sociedad de lo que puede, apropiándose de sus fuerzas, con las que se instaura como institución imaginaria de la sociedad.

 

Volviendo al tema, un nudo del embrollo tiene que ver con este comportamiento compulsivo; se presentan como defensores de los derechos del caudillo, que tiene el derecho a presentarse como candidato las veces que quiere. Esta compulsión también se presenta como defensa de los derechos del pueblo, que tiene el derecho a volver a elegir a su líder. Así como se presenta, en el discurso de la “oposición”, como defensa de la democracia, de la institucionalidad, de la Constitución, el evitar que se postule el caudillo nuevamente como candidato. No parece que les interese la Constitución, así como tampoco les interesa a los “oficialistas”, pues no es de su preocupación que se cumpla con la estructura jurídico-política del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, sino el de la institucionalidad de la democracia formal, de la democracia liberal; es decir, del Estado de derecho del Estado-nación. Lo mismo que a los “oficialistas” les ocurre, pues, a pesar que denominan al Estado-nación preservado Estado plurinacional, la estructura de poder, la composición institucional del Estado-nación no ha cambiado.

 

Entonces, la hipótesis de interpretación es la siguiente: el imaginario dualista, de ancestralidad y dominación imaginaria religiosa, de guerra de fieles contra infieles, que en lenguaje político se expresa como guerra enconada entre amigos contra enemigos, es como el drama representativo que encascara el resentimiento, el rencor, la consciencia culpable, la consciencia desdichada, que los empuja a estos actos, conductas y prácticas políticas, que aparecen como incomprensibles, absurdas e incongruentes, a la mirada lógica y racional de la ciencia política. La guerra en la que están entrampados “oficialistas” y “opositores” es imaginaria, es la guerra religiosa, la guerra santa, emprendida por las religiones monoteístas en los siglos XI, XII y XIII.

 

Es un referéndum forzado, inocuo como impacto político; empero, perturbador en los corazones angustiados de “oficialistas” y “opositores”. Un referente más, menos importante que los anteriores referentes, casi intrascendente; pero, valioso en el imaginario religioso de “oficialistas” y “opositores”. Un referente que muestra paradójicamente dos semblantes; el del desenvolvimiento del absurdo; el del despliegue trágico de la guerra santa de esta política reducida a los símbolos corporales del mito del caudillo.   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Corrupción generalizada

 

 

 

 

Así como hay una economía-mundo capitalista, un sistema-mundo capitalista, hay también, complementariamente, un sistema-mundo, político, como ya lo dijimos[27]. Así como en la economía-mundo el mercado es el océano de circulaciones de mercancías donde nace, se reproduce y muere, el sistema-mundo capitalista, la economía-mundo, las economías regionales, las economías nacionales, así también la red de gobiernos del mundo conforma un océano de circulación de efectos de poder, como vigilancias, disciplinamientos, controles, logrados, que intercambian, para obtener beneficios jerárquicos. Parece que ningún gobierno escapa a esta participación en el escenario político mundial. Unos logran márgenes de maniobra más anchos que otros; pero, todos participan en esta circulación de los productos del poder.

 

El sistema-mundo político funciona, como el sistema-mundo capitalista, en el que se encuentra, corroyéndose, oxidándose, chirriando. La corrosión puede aparecer como síntomas dispersos en formas de puntuales hechos, o encubierto con formas heredadas, haciendo creer que se trata de las mismas y no de un proceso de deterioro nuevo, vinculado al Estado moderno. La corrosión institucional del Estado moderno es distinta a las corrosiones institucionales de las formas de Estado de las sociedades antiguas. Una de las características de la diferencia es que se trata ya de una corrosión generalizada, que adquiere el perfil y el formato de una corrosión globalizada. Otra de las características es que el ponderador del alcance de la corrosión es la medida de la economía mundo, el equivalente general, el dinero.

 

Claro que la corrosión no deja de ser un fenómeno cualitativo, institucional, ético-moral; empero, en el sistema-mundo político y en la economía-mundo capitalista se comparte el fetichismos mercantil, el fetichismo del dinero, que es el fetichismo del capital, así como el fetichismo del Estado. Los códigos de estos fetichismos hacen que el fetichismo del dinero aparezca como el detonador del fenómeno más característico de la corrosión; hablamos de la corrupción. El fetichismo dinerario es la representación del fenómeno imaginario, que reduce las relaciones sociales como si fuesen relaciones de cosas; este fetichismo también ayuda a representar, a su manera, el fenómeno del deterioro cualitativo, la decadencia de la maquinaria misma de poder, que puede comenzar temprano. La decadencia desajusta los engranajes institucionales, afloja los funcionamientos, dando lugar a aprovechar los desajustes, usando la misma maquinaria de dominación para las prácticas paralelas de la corrupción.

 

Como dijimos antes, la historia del poder, está íntimamente ligada a la historia de la corrupción[28]. Casi se podría decir, sin arriesgar mucho, salvo excepciones a la regla, que no hay poder sin corrupción. No debería sorprendernos, aunque lo haga, que gobiernos de “izquierda”, gobiernos populistas, caigan en estas prácticas paralelas, en plena decadencia de las maquinarias del poder. Se entienda que asombre, pues se espera otras conductas de estos gobiernos. Se cree en sus discursos, se espera el cumplimiento de sus promesas, del programa máximo, en transición, del programa mínimo; también el cumplimiento de la Constitución; se cree en la distinción que establecen, por cierto “ideológica”, entre ellos, los progresistas, y los anteriores, los conservadores y neoliberales. Este es el error de apreciación. Que se caiga en la corrupción no depende de los discursos, ni de la “ideología”; éstos sirven para legitimar. Depende del funcionamiento de la maquinaria del poder, depende del alcance de la decadencia de la maquinaria abstracta del poder. Si la maquinaria de poder no ha sido desmantelada, es de esperar que se repitan fenómenos desencadenados por esta fabulosa maquinaria chirriante y por el avance de su decadencia.

 

Esta hipótesis de interpretación, remarca la corrosión y la corrupción generalizada en el sistema-mundo político; sistema-mundo del que forman parte los Estado-nación.  Esta interpretación no excluye las responsabilidades individuales, en este caso, de los gobernantes; de ninguna manera. La gran diferencia con la interpretación dramática moral acostumbrada, es que ésta interpretación reduce el problema al esquematismo dual del bien y el mal, a la lucha contra el mal. Esta interpretación fuera de ser ingenua es inútil para explicar la complejidad de un fenómeno aterido a las estructuras de poder.

 

Los perfiles individuales juegan su rol en este contexto histórico-político. Para hacerlo ilustrativo, sus comportamientos pueden variar en un intervalo político-moral, que se define entre conductas cautelosas, más solapadas, más asociadas a las normas institucionales, incluso a su cumplimiento y a prácticas correspondientes, hasta conductas descarnadas, cínicas, inmunes, audaces, menos asociadas a normas institucionales, por lo tanto, incumpliéndolas. En el transcurso del intervalo puede encontrarse toda clase de formas compuestas y combinadas de este deterioro ético-moral, como expresión subjetiva del deterioro material de la maquinaria del poder.

 

Volviendo al asombro y a las sorpresas, se entiende que cuando se llega a proximidades de uno de los extremos del intervalo, relativo a las conductas impúdicas, el asombro viene por la forma despejada con la que se efectúa la corrupción, a pesar del enmarañamiento discursivo, que trata de justificar estos comportamientos o como herencias del pasado, transfiriendo la culpa a anteriores gobiernos; o, lo peor, lo más estrambótico de sus argumentos, cuando se explica como parte de los logros del “proceso de cambio”. Fuera de otro aspecto llamativo, la “democratización” de la corrupción, su generalización inaudita, la participación de todos, no solo de una casta, en el contexto de la extensión de las relaciones clientelares.

 

Lo triste de todo esto es que los gobernantes del “proceso de cambio” lo han reducido a este dramático escenario de tragicomedia de escándalos; que haya destruido el horizonte histórico-político abierto por la movilización prolongada y el proceso constituyente. Lo demás era de esperar, las conductas sinuosas, los gestos descarados, los enmarañados argumentos de explicación, los alcances de la corrupción, pues, un vez, que el deterioro de la maquinaria del poder ha abierto muchos boquetes en los funcionamientos, en arenas deleznables[29], donde gente vulnerable pisa terrenos inestable y conduce la mecánica de este deterioro y el proceso de esta decadencia, los desenlaces del derrumbe ético-moral se dan lugar. 

 

 

Formas de corrupción

 

Si bien se puede hablar de una corrupción generalizada en el sistema-mundo político, se dan formas diferenciadas de las prácticas y composiciones singulares de este fenómeno de corrosión institucional y ético-moral. No solamente hablamos de la distinción en lo que ocurre en los centros y en las periferias del sistema-mundo capitalista, que, en la actualidad, mas bien, se parecen cada vez más, sino de formas singulares, que tienen que ver con historias particulares. Los cuadros de la corrupción más determinantes, por así decirlo, son los enganchados a los procedimientos de las empresas trasnacionales, las cuales contemplan en su presupuesto este tipo de acciones. Uno de los objetos de ataque, para efectuar estas estrategias de incorporación a los intereses de las trasnacionales, son los gobiernos, entre ellos, particularmente los gobiernos de los Estado-nación subalternos. Los gobiernos terminan incorporados a las zonas de influencia y control de las empresas trasnacionales; incluso terminan incorporados los gobiernos progresistas, aunque no lo crean, aunque presenten una ostentación contraria, incluso “antiimperialista”. Se puede decir que estos gobiernos lo hacen incluso mejor, pues desarman al pueblo de la capacidad de resistencia, incorporando sus fuerzas a la reproducción de la comedia política, que se lleva a cabo.

 

Sin embargo, a pesar de las diferencias singulares de las formas de corrupción, los síntomas tienden a parecerse. Por ejemplo, cuando se nota la irregularidad en las licitaciones, en las adjudicaciones, en las concesiones, en los contratos, en los proyectos. Cuando la licitación se da en condiciones provisionales, apuradas, flexibles, aunque se la haya publicado. Cuando se adjudica a la empresa que ha participado, que puede ser una sola o varias; empero, no queda claro cuáles han sido las razones y los atributos de la empresa. Cuando es la misma empresa la que gana un número significativo de licitaciones o de invitaciones directas, sobre todo cuando se trata de mega-proyectos. Se hace más evidente lo que ocurre cuando el perfil de la empresa no parece apropiado para cumplir con el proyecto que exige otro perfil.

 

Por más esfuerzo que se haga para explicar estas incongruencias, por más propaganda y publicidad que se ventile, por más chantajes emocionales a los que se recurra, el hecho efectivo de la corrupción continúa, afectando al cumplimiento de los proyectos, pues en un contexto tramposo la ingeniería de los proyectos no funciona. Esto no cambia con informes especulativos de las propagandas, pues la realidad no se cambia con informes.

 

Como dijimos antes, en los ámbitos de la economía política del chantaje[30], cuyo objetivo no es la producción, sino la especulación; los proyectos no se aprueban para materializarse eficazmente, coordinadamente, en una planificación, keynesiana o socialista, como se quiera, sino son la excusa para hacer marchar la economía política del chantaje, que adquiere las formas de la corrosión y la corrupción.

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A-sistema-mundos capitalistas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se ha teorizado sobre el sistema-mundo capitalista desde la Teoría de la dependencia hasta Giovanni Arrighi pasando por Fernand Braudel y Emmanuel Wallerstein[31]. Se ha usado la teoría del sistema-mundo para estudiar los fenómenos y crisis contemporáneas del capitalismo. Sin embargo, quizás sea el momento de pararse a reflexionar sobre los alcances y límites del concepto; a pesar de los grandes aportes y servicios prestados para la comprensión de las sociedades capitalistas en un mundo globalizado. ¿Es realmente sistémico el funcionamiento del mundo-capitalista? ¿Podemos hablar efectivamente de sistema cuando nos enfrentamos, mas bien, prácticamente, a evidentes irracionalismos, desordenes, pésimos ajustes del mercado, espantosas orientaciones de los organismos internacionales, que creen dogmáticamente en la mano invisible del mercado? Incluso, ¿podemos hablar de mundo, cuando parece que se trata, mas bien, de mundos? Además de mundos, que en vez de ser mundos integrados, se muestran, mas bien, como mundos desarticulados.  Un ejemplo, al alcance de la vista, es lo que pasa con la desarticulación del mundo financiero respecto del mundo de la producción, o si se quiere, el mercado financiero o el mercado especulador respecto al mercado del trabajo, el mercado de la industria; sobre todo en lo que respecta con las condiciones de posibilidad de la masa crítica de científicos, técnicos y profesionales, que requiere la industrialización, o lo que se viene en llamar comúnmente desarrollo.  Podemos extendernos mucho más, la lista es más larga; por ejemplo, comparar estos mundos del llamado capitalismo con otros mundos, mas bien, abigarrados, donde las sociedades mezclan estrategias sociales de distinta índole, incluso de diferentes códigos culturales. Pero, no vamos a seguir con la lista; nos remitimos a otros ensayos, que tratan de manera pormenorizada el tema. El tema de este ensayo es teórico, si se quiere epistemológico; se busca cuestionar el concepto de sistema-mundo capitalista, mostrando sus limitaciones, incluso sus contrastes y contradicciones.

 

 

 

Mundos desarticulados

 

Lo que no se ha visto claramente, incluso, más allá, lo que no se ha estudiado, es que las crisis orgánicas y cíclicas del capitalismo no solamente responden a contradicciones inherentes al modo de producción capitalistas, de las formaciones económico-sociales, del sistema-mundo, sino que son ocasionadas por el choque entre mundos desarticulados o, si se quiere, de mercados desarticulados del mismo capitalismo, que se lo presenta como sistema, cuando es, más bien, un laberinto.

 

Joseph E. Stiglitz atribuye como parte de la causa de la crisis asiática de la década de los noventa, expandida mundialmente, con repercusiones hasta nuestros días, a las políticas, orientaciones e imposiciones del FMI y del Tesoro estadounidense[32]. A pesar de no contar con un conocimiento adecuado de las economías asiáticas, se dejaron llevar por la ortodoxia neoliberal, relativa a supuesta saludable liberación de los mercados, de la desregulación, del presupuesto del achicamiento del Estado, de las bondades de la mano invisible del mercado, de la regulación automática de la libertad de empresa y de la competencia. Sin haber estudiado el llamado “milagro asiático”, donde, más bien, la intervención estatal y la inversión social, la inversión productiva planificada, además de la solidaridad, jugó un papel primordial en el salto dado a la industrialización, a lo que se llama comúnmente desarrollo y crecimiento económico. Los organismos internacionales promovieron, mas bien, la apertura de los mercados, sobre todo la apertura del mercado de capitales, de las inversiones de capital, la modificación de las políticas monetarias, favoreciendo la subida de los intereses, ocasionando lo contrario de lo que se esperaba. Cuando bastaba el ahorro interno, invertido en la producción, el flujo de capitales perturba el funcionamiento autónomo de la economía nacional, ocasionando la desviación hacia economías especulativas. Después, cuando estalla la crisis, cuando se requiere capitales de apoyo, el mercado de capitales, provoca, por el contrario, la estampida; las inversiones se detienen, pues no quieren arriesgar, para invertir en otros lugares más rentables, menos riesgosos. Esta orientación neoliberal destrozó economías asiáticas, que fueron un ejemplo del llamado “milagro asiático”.

 

Lo que la economía monetarista parece no comprender es que las estrategias, si se quiere, las lógicas, de los mercados diferenciales son distintas; en otras palabras, son mundos diferentes y dicotómicos. La lógica del mercado financiero no es la misma que la lógica de la producción; la lógica especulativa monetaria no es la misma que la lógica de la industrialización. Es más, extendiéndonos a otros mundos, la lógica mercantil no es la misma que la lógica, por así decirlo, de las necesidades. Este dogmatismo neoliberal ha llevado lejos las conclusiones, obtenidas de este esquematismo teórico, que apenas se sostienen en premisas muy simples, como si el mercado fuese un espacio liso, homogéneo, perteneciente a un solo mundo.

 

Ciertamente esto no solo pasa con la teoría económica monetarista, sino con otras teorías más complejas, incluso la teoría keynesiana; es más, también con la teoría económica marxista. Incluso, y este es nuestro tema, con la teoría del sistema-mundo capitalista. Solo que, en el caso del monetarismo, sus conclusiones y orientaciones son más evidentemente pedestres e ingenuas.

 

La primera hipótesis de interpretación, es que no hay exactamente un sistema-mundo capitalistas, sino una ausencia de tal sistema; estamos ante un comportamiento a-sistémico de este mundo. La segunda hipótesis de interpretación, es que no estamos ante un mundo, sino ante mundos desarticulados entre sí; de ninguna manera mundos integrados.  La tercera hipótesis de interpretación, es que nos movemos en distintos mundos, en distintos planos de intensidad, como en un laberinto de distintas dimensiones.

 

Estas hipótesis de interpretación nos llevan a la siguiente conclusión: En vez de ser un sistema-mundo capitalista, se trata de un a-sistema mundos-capitalistas desarticulados, conformando un laberinto, atiborrado de desajustes, donde estallan innumerables crisis, cobrando sus costos en las economías destruidas, aunque sea en periodos, cortos o largos, cobrando sus grandes costos en la gente, en los pueblos, en las sociedades.

 

Si estas orientaciones se dieron y se aplicaron, fue porque el mundo, como referente global, está sometido al poder de las instituciones internacionales, que son las que rigen las economías nacionales y regionales del mundo. Si estas políticas persisten, a pesar de los errores cometidos y conocidos, es porque el dominio de los monopolios financieros, los monopolios de los mercados, los monopolios tecnológicos, los monopolios comunicacionales, los monopolios de la violencia legítima, ahora mundializada, se han consolidado por la fuerza de un orden mundial anacrónico y aterido a paradigmas que no funcionan. Esto va seguir así si los pueblos del mundo no ponen fin a este desbarajuste global y generalizado, controlado institucionalmente por organismos internacionales. Los costos de este dogmatismo económico van a seguir pagando las economías nacionales, los pueblos y las sociedades.

 

 

De las paradojas del libre mercado

 

Los partidarios del libre mercado, que han convertido una conjetura del siglo XIX, que sirvió como premisa para avanzar en la comprensión de la economía moderna, en un dogma, que en cambio, viene a ser una conclusión apresurada y poco sostenible, que, además, ya no ayuda a comprender nada, salvo el encierro mental de los teóricos monetaristas y neoliberales, se enfrentan a una paradoja, que obviamente no ven. Postulan la no intervención estatal, la no regulación de los mercados, dejar que la mano invisible lo regule todo, a pesar de que ya lo hacen al proponer políticas monetaristas, en unos casos de altos intereses, en otros casos, de bajos intereses, terminan interviniendo como super- Estado mundial al orientar, postular, aplicar y obligar a políticas monetaristas, neoliberales, a los Estado-nación, que sufren las consecuencias de sus aberrantes lineamientos. Esto no es más que intervencionismo, a escala mundial, de estos super-Estado del sistema financiero mundial.

 

Volviendo a la crisis asiática de la década de los noventa, el FMI obligó a Corea del Sur y a Tailandia a subir los intereses bancarios, con el objeto de atraer capitales, cuando lo que no faltaba era esto, sino aumentar la demanda; que las empresas altamente endeudadas, pero eficientes, que funcionaron con el apoyo del ahorro interno, la planificación del Estado, en la orientación de la inversión productiva y la inversión social, requerían, más bien, pagar intereses bajos, para no colapsar. Las consecuencias fueron desastrosas, impactaron en el cierre de empresas, incluso de aquellas que podían mantenerse, pero, fueron empujadas a la quiebra por la subida de los intereses. De la recesión se pasó a la depresión, con efectos multiplicadores a los países vecinos; puesto que, por el consejo del FMI, debían buscar el equilibrio macro-económico, restringiendo las importaciones. La salida teórica era el incremento de las exportaciones; empero, como los vecinos y otros posibles compradores también fueron impactados por la crisis, sobre todo por la recesión, entonces las exportaciones no podían realizarse. Tampoco se podía obtener crédito para ampliar el marco de las exportaciones. El resultado fue la expansión mundial de la crisis asiática.

 

Los partidarios del libre mercado, al final, intervienen globalmente en el mercado mundial como super-Estado, además con paradigmas simplones, que reducen la complejidad a una inocente caricatura donde solo hay dos curvas concurrentes, la oferta y la demanda; por otra parte, abstractas, y respondiendo a una competencia, también abstracta, de concursantes homogéneos, como si respondiera a un sola lógica de un solo mercado homogéneo. A pesar de este simplismo teórico, este dogmatismo evidente, además de comprobarse las consecuencias funestas de su paso destructivo por las economías del mundo, se persiste en el autoritarismo de los organismos internacionales, que rigen la economía global, se insiste en su insostenible paradigma económico.

 

Otro aspecto digno de anotar, en el listado de contradicciones del FMI, es el no distinguir periodos históricos, contextos y regiones económicas. Después de haber orientado las economías latinoamericanas - las que supuestamente conocía, aunque sea de una manera general, haciéndolas semejantes a todas -, en el sentido del equilibrio macroeconómico, obligando a los estados a cerrar las brechas de sus déficit, empujándolos a la privatización de sus recursos naturales y de las empresas públicas, además de los ahorros de los trabajadores, coadyuvando, entonces, en el mediano plazo, a vaciarlas de dispositivos soberanos para afrontar los desafíos económicos, empujando a los países y sociedades a destructivas crisis sociales; el FMI internacional se creyó con el derecho y la autoridad de exigir lo mismo en Asía, en otro contexto, otra composición y estructura económica y otros problemas.  Como comentamos, los resultados fueron lamentables.

 

 

 

El retorno neoliberal

 

A fines del siglo XX, la crisis social y la crisis política estalló en América latina. Los pueblos de Sud América se levantaron contra el modelo neoliberal implantado por gobiernos sumisos al FMI; estas rebeliones ocasionaron el llamado “giro a la izquierda”, llevando al poder, mediante elecciones, a gobiernos progresistas.  En principio, los gobiernos progresistas recuperaron las economías nacionales con medidas de nacionalización, recuperando soberanamente recursos naturales y empresas públicas, aunque no todas, aunque tampoco necesariamente recuperando el ahorro de los trabajadores, que siguió en manos de las neoliberales AFPS y sus orientaciones políticas especulativas, como usar el ahorro como recursos de inversiones especulativas en el mercado. Sin embargo, los gobiernos progresistas nunca salieron de la férula y el control del FMI; al final, el temido super-Estado global siguió rigiendo las economías nacionales, sobre todo, en lo que respecta a los mecanismos financieros, que ya es mucho decir. Los gobiernos progresistas se entramparon en sus propias contradicciones; las heredadas, que arrastraban de los populismos del siglo XX, de sus límites; y las nuevas, las que tenían que ver con su demagógico “antimperialismo”, en los marcos permitidos por la camisa de fuerzas del FMI. Las crisis económicas de los gobiernos progresistas no tienen que ver con la interpretación de las crisis, que atribuye el dogmatismo económico neoliberal y monetarista, sino con la crisis orgánicas del mismo sistema-mundo capitalista, que ha llevado a fondo el despojamiento de recursos naturales, transfiriendo los grandes costos cualitativos a la naturaleza, costos que obviamente su contabilidad no cuenta. Crisis que tienen que ver con los privilegios monopólicos de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, impidiendo incluso un libre juego de las competencias económicas nacionales. Crisis que tiene que ver con una división del trabajo internacional y del mercado mundial, que data del siglo XIX, división vetusta, apenas modificada por las potencias emergentes. Crisis, además y, sobre todo, desatada por un modelo de desarrollo anacrónico y obsoleto, en las condiciones actuales del desarrollo tecnológico y de la crisis ecológica. Fuera, claro está, de que los gobiernos progresistas sustituyen el dogmatismo neoliberal del mercado libre por el dogmatismo populista del Estado paternal, que esconde las des-cohesionadoras y destructivas relaciones clientelares, que sostienen la legitimidad de estos regímenes.

 

Las consecuencias políticas de las crisis económicas, provocadas por las políticas clientelares, de los gobiernos populistas, no se han hecho esperar. Vino, en algunos países, puede ser que ocurra en otros más, el voto castigo, perdiendo las elecciones los partidos populistas. El resultado no es nada halagador, pues, donde ocurrió, vuelve la sombra de los gobiernos neoliberales. Estos nuevos gobiernos neoliberales, del pos-populismo, tampoco aprendieron nada; como antes, creen que pueden repetir la receta neoliberal, que llevó a la crisis social y económica, en sus países, a pesar de la fugaz y aparente estabilidad de principio, al impactar positivamente por la reducción de los déficit. Creen como sus antecesores, que la mano invisible del mercado lo resuelve todo, que la competencia es el mejor regulador; creen, además, como las lumpen-burguesías latinoamericanas, que los capitales extranjeros traen, a colación el desarrollo. La diferencia es que sus antecesores contaron con el colapso de los Estados socialistas, fuera de la irradiación de los límites de los populismos del siglo XX; en cambio, esta nueva reminiscencia neoliberal, por cierto, con menos impulso y vigor, menos argumentos, menos discurso, a pesar de contar con la experiencia desastrosa de las políticas neoliberales anteriores, no toma en cuenta esta experiencia, como si no hubiera existido este periodo aciago. No tardaran en entrar en crisis las economías de sus países, mucho más antes de lo que ocurrió con sus antecesores.

 

Para resumir la figura interpretativa propuesta, por motivos de ilustración. Estamos ante dos dogmatismos; uno económico; el otro político. El primero, reduce todo a una mano invisible del mercado y a una competencia libre, que no existen; el segundo, reduce todo a la omnipotencia del Estado y al prestigio de las o los caudillos ante el pueblo; cosa, que en lo que respecta a la institución nacional, no la tiene, pues el país, como formación social-económica-cultural es mucho más que el Estado, en tanto complejidad.  Cosa, que, en lo que respecta al mito del caudillo, si lo tiene; empero, en la medida, que el mito se contrasta con la cruda realidad experimentada, su legitimidad imaginaria se merma y desgasta, hasta quedar reducida a la glorificación ridícula de la propaganda.

 

Las salidas a la crisis estructural y orgánica del sistema-mundo capitalista no parecen encontrarse, de ninguna manera, en ninguno de estos dogmatismos, que parecen más ser las dos caras contrapuestas de un sistema-mundo capitalista, que contiene, en su composición compleja, al sistema-mundo político. Por lo tanto, dos caras contrapuestas de la crisis política; por tanto, de legitimidad. De la crisis económica; por tanto, de crisis de sobreproducción convertida en crisis financiera. De la crisis civilizatoria de la modernidad tardía[33]. No hablaremos del retorno al socialismo real, que ya ha mostrado sus propios límites y contradicciones, a pesar de haber sido un serio desafío al sistema-mundo capitalista. Su principal límite es no haber podido salir de la estructura estructurante del modo de producción capitalista; al final, el socialismo real, fue la otra versión del mismo modo de producción capitalista, solo que, en este caso, la burocracia sustituyó a la burguesía.

 

Parece, mas bien, que los pueblos del mundo tienen que encontrar, en su propia potencia, la capacidad de crear otros mundos, como dicen los activistas, alternativos y alterativos. Mundos que respondan a las experiencias sociales acumuladas, a las memorias sociales y culturales, a los conocimientos y tecnologías logrados, sobre todo a la comprensión de las complejidades, no solo de las sociedades humanas, sino de los contextos de las sociedades orgánicas donde aquéllas sociedades están insertas.       

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

 



[1] Ver Acontecimiento político; también Crítica de la economía política generalizada, así como Inscripción de la deuda y su conversión in finita. Dinámicas moleculares; la Paz 2013-15. Crítica de la economía política generalizada. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/. La inscripción de la deuda, su conversión infinita. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-inscripcion-de-la-deuda-su-conversion-infinita/.

[3] Ver La paradoja conservadurismo-progresismo y Crítica de la ideología. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-paradoja-conservadurismo-progresismo/. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-ideologia/.

[4] Ver Episteme compleja. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. También pradaraul.wordpress.com:  https://pradaraul.wordpress.com/2015/02/13/episteme-compleja/

[5] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.

[6]  Ver de Raúl Prada Alcoreza Horizontes de la descolonización; también Descolonización y transición. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.

[7] Ver de Joseph E. Stiglitz El malestar en la globalización. Debolsillo; Madrid 2015.

[8] Ver de Raúl Prada Alcoreza Arqueología del discurso económico. A propósito de la metafísica de los valores: La crisis económica y las medidas políticas. Episteme; La Paz 1985.

[9] Se hace referencia al periodo que arranca el año 1985 y llega al 2003, quizás continúe incluso el año 1985, durante el gobierno de transición. El primer gobierno neoliberal es el de Paz Estensoro (1985-1990), cuando se da comienzo a las políticas de ajuste estructural con el decreto ley 21060.

[10] Cornelius Castoriadis dice que: El objeto de la sublimación, aquello en lo que se inviste la energía en cuestión no es y no vale más que en y por su institución social, casi siempre efectiva, llegado el caso virtual. Equivale a decir que la sublimación es la investidura de una representación cuyo referente ya no es un objeto privado sino un objeto público, o sea, social. Cornelius Castoriadis: Sujeto y verdad en el mundo histórico social. Seminarios 10986-1987. La creación humana I. Fondo de Cultura Económica 2004; México. Pág. 120.

[11] Aunque actualmente se habla mucho de Milton Friedman, sin embargo Simson, Nogaro y Einaudi fueron los organizadores del discurso neoliberal.  Ver Historia de las doctrinas económicas de Karataev Ryndinay Stepanov. Tomo II.  Ciencias Económicas y Sociales.  Editorial Juan Grijalbo 1964; México. Pág. 1149.

 

[12] El ministro no era nada más ni nada menos que el mismísimo Gonzalo Sánchez de Lozada.

[13] Ver de André Gunder Frank Latinoamérica: subdesarrollo o revolución socialista. https://www.filosofia.org/rev/pch/1968/pdf/n13p003.pdf. También, del mismo autor,  ver Capitalismo y subdesarrollo en América Latina. https://www.archivochile.cl/Ideas_Autores/gunderfa/gunderfa0006.pdf.  

[14] Ver de André Gunder Frank Lumpenburguesía: Lumpendesarrollo. Dependencia, clase y política en Latinoamérica, 1972. Lumpenburguesía: Lumpendesarrollo. Dependencia de la clase política en Latinoamérica. https://amauta.lahaine.org/?p=1680.

[15] Heinz Dieterich: Relaciones de producción capitalistas en América Latina. Cultura popular 1978. México.

[16] Ver de Raúl Prada Alcoreza Arqueología del discurso económico. A propósito de la metafísica de los valores: La crisis económica y las medidas políticas. Episteme; La Paz 1985.

 

                                                                                                             

 

[17] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

[18] Ver de Joseph E. Stiglitz El malestar de la globalización. Debolsillo. Barcelona 2015.

[19] En Crítica de la economía política generalizada. Ob. Cit.

[20] Ver Arenas deleznables, suelos inconsistentes. Dinámicas moleculares; La Paz 2016. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/arenas-deleznables-suelos-inconsistentes/.

 

[21] Jaques Derrida: Escritura y diferencia. Anthropos. Barcelona.

[22] Luis Alberto Arce Catacora: Modelo Social Comunitario Productivo Boliviano. SOIPA Ltda.; La Paz 2015.

[23] Ver de Raúl Prada Alcoreza Descolonización y transición. Abya Yala; Quito. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. También revisar Acontecimiento político; Crítica de la economía política generalizada; así mismo Critica de la ideología; Encrucijadas histórico-políticas; Interpretaciones de las huellas políticas; Cartografías histórico-políticas; Gramatología del acontecimiento; La inscripción de la deuda y su conversión infinita; La paradoja conservadurismo-progresismo; Las mallas del poder; Paradojas de la revolución; Potencia y trama política; en Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.

[24] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político, también Cartografías histórico-políticas, así como Encrucijadas histórico-políticas. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.

[25] Dinámicas moleculares; La Paz 2016.

[26] Ver Crítica de la ideología. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[27] Ver Clausura del horizonte moderno. Dinámicas moleculares. La paz 2016. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/clausura-del-horizonte-moderno/.

[28] Ver Diagrama de poder de la corrupción. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/diagrama-de-poder-de-la-corrupcion1/

 

[29] Ver Arenas deleznables, suelos inconsistentes. Dinámicas moleculares 2016. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/arenas-deleznables-suelos-inconsistentes/.

[30] Ver Diagrama de poder de la corrupción. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/diagrama-de-poder-de-la-corrupcion1/

[31] Ver Acontecimiento político; también Crítica de la economía política generalizada, así como Inscripción de la deuda y su conversión in finita. Dinámicas moleculares; la Paz 2013-15. Crítica de la economía política generalizada. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/. La inscripción de la deuda, su conversión infinita. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-inscripcion-de-la-deuda-su-conversion-infinita/.
Acontecimento político I. https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/23/acontecimento-politico-i/. Acontecimento político II. https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/23/acontecimento-politico-ii/.

 

 

[32] Ver de Joseph E. Stiglitz El malestar de la globalización. Penguin Random House Grupo Editorial. Barcelona 2015.

[33] Ver Antiproducción. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/antiproduccion/

 

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Proyecto emancipatorio y libertario de autoformación y autopoiesis

 

 

Diplomado en Pensamiento complejo:

Contrapoder y episteme compleja

 


 

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Diplomado en Pensamiento complejo:

Contrapoder y episteme compleja

 

 

Objetivo del programa:

Umbrales y limites de la episteme moderna, apertura al horizonte nómada de la episteme compleja.

 

Metodología:

Cursos virtuales, participación virtual en el debate, acceso a la biblioteca virtual, conexión virtual  colectiva. Control de lecturas a través de ensayos temáticos. Apoyo sistemático a la investigación monográfica. Presentación de un borrador a la finalización del curso. Corrección del borrador y presentación final; esta vez, mediante una exposición presencial.

 

Contenidos:

 

Modulo I

Perfiles de la episteme moderna

 

1.- Esquematismos dualistas

2.- Nacimientos de del esquematismo-dualista

3.- Del paradigma regigioso al paradigma cientifico 

4.- Esquematismo ideológico

 

Modulo II

Perfiles de la episteme compleja

 

1.- Teórias de sistemas

2.- Sistemas autopoieticos 

3.- Teorías nómadas

4.- Versiones de la teoria de la complejidad

 

Modulo III

Perspectivas e interpretaciones desde la complejidad

 

1.- Contra-poderes y contragenealogias 

2.- Composiciones complejas singulares

3.- Simultaneidad dinámica integral

4.- Acontecimiento complejo

 

Modulo IV

Singularidades eco-sociales 

 

1.- Devenir de mallas institucionales concretas

2.- Flujos sociales y espesores institucionales

3.- Voluntad de nada y decadencia

4.- Subversión de la potencia social

 

 

Temporalidad: Cuatro meses.

Desde el Inicio del programa hasta la Finalización del programa.

Finalizaciones reiterativas: cada cuatro meses, a partir del nuevo inicio.

Defensa de la Monografía. Defensas intermitentes de Monografías: Una semana después de cada finalización.



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