Genealogía de los carteles

14.07.2017 20:47

Genealogía de los carteles

 

Raúl Prada Alcoreza     

 

 

 

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El término cartel tiene varias acepciones; la semántica variada de la palabra se debe a los distintos contextos de referencia. En primer lugar, cartel es un soporte de la publicidad. Se presenta como una lámina de papel u otro material, donde se ilustra con algún tipo de mensaje visual, que sirve de anuncio para difundir una comunicación, un evento, un bien, una reivindicación o cualquier otra móvil. Suele formar parte de una campaña publicitaria más extensa. Si es de gran tamaño, se denomina valla publicitaria. En segundo lugar, en economía se denomina cartel a un convenio de confianza entre empresas del mismo sector, cuyo objetivo es reducir o eliminar la competencia en un determinado mercado. Los carteles suelen estar encauzados a extender el control sobre la producción y la distribución, de tal manera que por la connivencia de las empresas que lo constituyen, éstas conformen una estructura monopólica, obteniendo un dominio sobre el mercado,  en el que obtienen los mayores beneficios posibles, en perjuicio de los consumidores. Las cardinales actividades se circunscriben en fijar los precios, limitar la oferta disponible, dividir el mercado y compartir los beneficios. Ahora, el término se suele aplicar a los acuerdos que regulan la competencia en el comercio internacional. En tercer lugar, cartel es el término con el que se identifica a una gran organización “ilícita” o a un conjunto de organizaciones “criminales”, que establecen acuerdos de autoprotección, colaboración y reparto de territorios,  para llevar a cabo sus actividades, principalmente de narcotráfico. En Norteamérica, Europa y Asía, llaman de manera invariable "carteles" a los grupos del “crimen organizado” procedentes de los países latinoamericanos. A los grupos criminales del resto del mundo se les denominan "mafias ", destacándose en primer lugar las “mafias” italianas en Europa; aunque en Estados Unidos se encuentra la “mafia” italo-americana. Grupos o familias “criminales” establecidas en Nueva York y Chicago, que tienen su nacimiento en la Italia de comienzos del siglo XX. Otras “organizaciones criminales” conocidas en Europa y Asia son la "Bratva" o “mafia” rusa, la "Triada" o “mafia” china, los "Yakuza" o “mafia” japonesa[1].

 

Los dos últimos eventos de sangre y asalto en Bolivia, dados en el departamento de Santa Cruz de la Sierra, uno, en la zona fronteriza con Brasil, en las cercanías de Puerto Suarez, el otro, en la misma ciudad capital de Santa Cruz, que lleva el mismo nombre, al parecer son perpetrados por el Primeiro Comando da Capital. El primero, vinculado a un asalto a un carro blindado de seguridad, que llevaba una remesa de pagos; el segundo vinculado al asalto reciente a una joyería. El Primeiro Comando da Capital, llamado usualmente en castellano Primer Comando Capital, conocido como PCC, es una organización considerada “ilegal” por el Estado de la República Federal de Brasil. Organización establecida previamente para defender los derechos de la población penitenciaria brasileña; emergida al comienzo de la década del noventa, del siglo pasado, dándose este nacimiento en el Centro de Rehabilitación Penitenciaria de Taubaté, donde eran transferidos prisioneros considerados de “alta peligrosidad”. El PCC ostenta su propio estatuto, el llamado Estatuto del PCC, en el que se encuentran las prescripciones y la razón de ser de esta organización. El cartel es dirigido por presos o fugitivos, principalmente del Estado de São Paulo. Varios exlíderes están presos, como Marcos Willians Herbas Camacho y Vulgo Marcola; quienes cumplen sentencia de cuarentaicuatro años por asalto a bancos. El PCC cuenta con varios integrantes, que financian acciones “ilegales” en São Paulo y en otros estados del país, además de la región del Mercosur.

 

El PCC fue fundado en 31 de agosto de 1993 por ocho presos, en el anexo de la Casa de Custodia de Taubaté, a 130 km de São Paulo, llamada del "Piranhão". En principio, el grupo, se dio lugar circunstancialmente, durante un juego de fútbol, donde se armó una trifulca;  ante la amenaza de la represión policial y el castigo estipulado, los involucrados decidieron establecer un pacto de confianza y protección. En aquél entonces, la incipiente organización clandestina, dentro de un lugar de encierro, era constituido por Misael Aparecido da Silva, alias "Misa", Wander Eduardo Ferreira, alias "Eduardo Cara Gorda", Antonio Carlos Roberto de la Pasión, alias "Pasión", Isaías Moreira del Nacimiento, alias "Isaías Raro", Ademar de los Santos, alias "Dafé", Antonio Carlos de los Santos, alias "Bicho Feo", César Augusto Roris da Silva, alias "Cesinha" y José Márcio Felício, alias "Geleião".

 

El PCC alegaba que pretendía "combatir la opresión dentro del sistema penitenciario paulista" y "para vengar la muerte de los 111 presos", el 2 de octubre de 1992, en la "masacre de Carandiru", cuando la Policía Militar mató a reclusos en el pabellón 9 de la extinta Casa de Detención de São Paulo. El grupo usaba el símbolo chino del equilibrio yin-yang, a negro y blanco; fue adoptado como emblema de la facción, considerando que era "una manera de equilibrar el bien y el mal con sabiduría". En febrero de 2001, Sombra se hizo el líder más expresivo de la organización al coordinar, por teléfono celular, rebeliones simultáneas en 29 presidios paulistas. Idemir Carlos Ambrósio, la "Sombra", también llamado "padre", fue golpeado hasta la muerte en el Piranhão, cinco meses después, por cinco miembros de la facción del cartel renombrado, en una guerra intestina por el comando general del PCC. El PCC comenzó entonces a ser liderado por "Geleião" y "Cesinha", responsables de la alianza del grupo con la facción criminal Comando Rojo (CV), de Río de Janeiro.

 

"Geleião" y "Cesinha" pasaron a coordinar atentados violentos contra edificios públicos, dirigidos desde el Complejo Penitenciario de Bangú, donde se encontraban encarcelados. Considerados "radicales" por otra corriente del PCC, más "moderada", Geleião y Cesinha desencadenaban atentados en busca de intimidar a las autoridades del sistema penitenciario. Fueron depuestos del liderazgo en noviembre de 2002, momento cuando el grupo fue asumido por el actual líder de la organización, Marcos Willians Herbas Camacho, alias el "Marcola". Bajo el liderazgo de Marcola, también conocido como Playboy, actualmente detenido por asalto a bancos, el PCC parece haber participado en el asesinato, en marzo de 2003, del juez-corregidor Antonio José Machado Dias, alias el "Machadinho", que dirigía el Centro de Readaptación Penitenciaria (CRP) de Presidente Bernardes.

 

Con el objeto de conseguir dinero para financiar al cartel, los miembros del PCC exigen que los "hermanos", es decir, socios, paguen una tasa mensual de 50 reales, en el caso de que estuvieran detenidos, y de 500 reales, en el caso de que  estuvieran en libertad. El dinero es usado para comprar armas y drogas, además de financiar acciones de rescate de presos conectados al grupo. Para hacerse miembro del PCC se requiere ser "bautizado", presentado por alguien que ya forme parte de la organización, además de cumplir un estatuto de 16 ítems, redactado por los fundadores.

Entre los días 21 y 28 de marzo de 2006, diversas unidades penitenciarias del Estado de São Paulo fueron tomadas por revueltas de sus presidiarios. Los centros de detención provisional (CDPs) de Mauá, Mogi das Cruzes, Franco da Rocha, Caiuá e Iperó, fueron los primeros que fueron tomados por las rebeliones, el 21 de marzo. Durante aquel período, otras penitenciarias fueron escenario de rebeliones; la Cadena Pública de Jundiaí, el 22 de marzo, y los CDPs de Diadema, Taubaté, Pinos y Osasco, el 27 de marzo. Como reivindicaciones presentadas por los amotinados, sobresalen la demanda contra el hacinamiento, la sobrepoblación penitenciaria, coligiendo  con la transferencia de presos condenados definitivamente a penitenciarias, así como el aumento en el número de visitantes y la modificación del color de sus uniformes. Por aquél entonces, el PCC contaba con 6.000 a 20.000 miembros armados; lo que la convierte en la organización clandestina armada, de este tipo, más grande, donde la mitad de ellos son niños, en el Estado de Sao Paulo; donde, al respecto, se estima que hay 140.000 presos, el 40% del total brasileño.

 

El estatuto del PCC es una lista de principios y taeas; el ítem 7 establece que los miembros "estructurados" y libres deben contribuir con los demás miembros reclusos bajo la pena de "que sean condenados a la muerte, sin perdón". El estatuto exhorta "lealtad, respeto y solidaridad" a los miembros del grupo. Encomia también una lucha por la "libertad, justicia y paz" y clama mejores condiciones en el sistema penitenciario brasileño, principalmente en el Estado de São Paulo, alegando que los presos sufren torturas y actos inhumanos.

 

Por el momento el cartel es dirigido por Marcos Willians Herbas Camacho, alias "El Marcola", acompañado por el llamado "Cabeção". Una de las características del PCC es el liderazgo ejercido en varias unidades del sistema penitenciario del Estado de São Paulo. Los motines y las rebeliones desatadas al mismo tiempo y con las mismas reivindicaciones, son indicativas de que tuvieron por arranque órdenes emanadas en la cúpula del PCC. En 2001, aconteció en todo el Estado de São Paulo la mayor rebelión generalizada de presos en la historia de Brasil, hasta entonces. Varios presidios de aquel Estado, inclusive los del interior, se rebelaron. Actualmente el PCC se ha internacionalizado, contando aparentemente con el apoyo de redes de Paraguay, Bolivia, Argentina y Colombia[2].

 

 

Estamos ante una semántica variada del cartel; en su acepción comunicativa, en su acepción económica y su acepción jurídica-policial. Pero, también estamos ante tres genealogías de los carteles; genealogía de la organización publicitaria, genealogía de la organización económica y genealogía de la organización clandestina tipificada como “criminal” por el discurso jurídico-penal. Si bien es cierto que es menester enfocar los análisis en cada contexto particular, sin confundirlos; sin embargo, tampoco es conveniente olvidar que comparten una misma palabra para connotar distintas acepciones, correspondientes a distintos contextos referenciales. Esto, sobre todo, para atender en los análisis desenvueltos en las incursiones desde la perspectiva de la complejidad.

 

Lo que llama la atención  del Primer Comando Capital es su origen; nace como defensa de los derechos de los presidiarios brasileros. Después, se transforma en una organización operativa, tanto en asaltos como en el tráfico de drogas, en el narcotráfico. La organización tiene estatutos, que norman la participación de sus integrantes. Por otra parte, a pesar de estos despliegues, desde la defensa de los derechos de los prisioneros hasta las acciones de asalto y el control de territorios del narcotráfico, no ha abandonado las prescripciones de origen. Se da una relación entre los miembros libres, que no están en la cárcel, y los prisioneros. La responsabilidad, por así decirlo, de los libres, es apoyar y, si se puede, liberar a los miembros encarcelados. Esta relación se aclara, sobre todo, en lo que respecta a su jerarquía, cuando se sabe que las rebeliones en las cárceles, los asaltos y el narcotráfico son dirigidos desde la cárcel, por los miembros líderes.

 

Cuando se persiguió a un comando, para decirlo de esa manera, del PCC, que asaltó al carro blindado de la remesa, se encontró que parte de la población de la zona, donde se escondió el cabecilla del asalto, apoyaba o encubría al grupo operativo del PCC, pues habían sido beneficiados por apoyos. Esta peculiaridad también llama la atención, sobre todo, para lograr una aproximativa caracterización de esta organización y sus accionares. No olvidemos que Pablo Escobar Gaviria, del cartel de Medellín, también gozaba de simpatía y apoyo popular, precisamente por convertirse en algo así como benefactor. En Bolivia también hacía algo parecido Roberto Suarez. Se trata de organizaciones que operan en los ámbitos que hemos denominado del lado oscuro del poder; sin embargo, se trata de organizaciones que se conectan o están conectadas a través de lugares de encuentro con formas de lo popular. Incluso establecen relaciones de padrinazgo, convirtiéndose en benefactores y protectores.

 

En la historia de las rebeliones heterodoxas se han observado las conexiones del bandidaje, para decirlo con el nombre conocido, con rebeliones populares; de alguna manera, adquiriendo un carácter de reivindicación social. Solo en muy escasas situaciones el bandidaje evolucionó, por así decirlo, a formas de rebelión y organización social subversivas. Las más de las veces, en cambio, mas bien, derivó en formas de organización elitista, más distantes de lo popular, conformando élites o burguesías clandestinas del lado oscuro del poder[3].

 

Se trata de espacios o, mejor dicho, espaciamientos, opacos, confusos, donde los aparentes límites entre lo “licito” y lo “ilícito” se borran, entre lo popular y los clandestino punible se confunden. La acción estatal jurídica-penal, política y policial ha enfrentado a lo que denomina “organización criminal”, encarcelando a los “delincuentes” capturados y recluidos. Sin embargo, este encierro de la “delincuencia” y el “crimen” es, a pesar de la supernumeraria población de los presidios, apenas un porcentaje exiguo, si se compara con la demografía involucrada en actividades “ilícitas”. Los encierros y encarcelamientos, las condenas y los castigos, más parecen mecanismos tranquilizantes, para colmar los miedos de la consciencia estatal, para decirlo de ese modo, aunque no sea adecuado, empero es ilustrativo. Si revisamos la historia de la cárcel, que nació como proyecto humanista de reintegración a la sociedad, podemos decir que el proyecto ha fracasado. Los prisioneros no se reintegran a la sociedad, mas bien, son marcados y estigmatizados, fuera de conocer las cuevas tenebrosas de la sociedad moderna, que son las cárceles, donde adquieren otra clase de solidaridades. Paradójicamente, lo que persigue y encarcela el Estado, se refuerza, precisamente, cuando es sometida a la suspensión de libertades y al encierro.

 

Ocurre algo extraño en las sociedades institucionalizadas[4]; no quieren reconocer que en sus entrañas y recovecos anida precisamente estos ámbitos donde circula y funciona lo que califica como “ilícito”. Es, para decirlo figurativamente, como el patio trasero, donde se guarda la basura, que no quiere mostrarse al público. Sin embargo, es precisamente este patio trasero el que guarda los secretos de esta sociedad institucionalizada, secretos que la explican. Por eso, es indispensable a detenerse y reflexionar sobre los recientes sucesos, sus implicados y sus desenlaces, sobre todo, para interpretar de mejor manera a las sociedades institucionalizadas.

 

Como se podrá ver, no estamos en el análisis policial, tampoco en la denuncia de la delincuencia y el crimen, así como en la denuncia política, sea a favor o en contra de la acción policial, sino con el ánimo de comprender el funcionamiento de las dinámicas moleculares de las sociedades institucionalizadas, cuya composición, combinaciones, estructuras e instituciones, muestran complejidad, y no los esquematismos duales de las prescripciones modernas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Interpretación de un cartel

 

La oveja negra de la familia dice algo de la familia que o lo estigmatiza o lo asume como anécdota; lo mismo, el “hijo opa” dice algo de la familia que lo oculta o lo muestra piadosamente. Lo que la malla institucional del Estado califica de “asociaciones criminales”, incluso como “sociedad criminal”, dice algo de la sociedad institucionalizada. ¿Qué dice? Vamos a sugerir algunas hipótesis interpretativas al respecto.

 

 

1.   Las sociedades clandestinas tipificadas como “criminales” forman parte ineludible de las sociedades institucionalizadas. ¿Qué parte son? Obviamente no son la parte visible, sino más bien la parte oscura, no visible. Son la parte de la sociedad institucionalizada que se oculta, se estigmatiza o, en algunos casos, literarios, por ejemplo, se la asume como anécdota. La presencia, que se oculta, que se la añora como ausencia, de estas sociedades clandestinas, nos muestra, mas bien, a la sociedad institucionalizada como desgarrada; en otras palabras, escindida. El hecho que llame a esta parte el lado malo o el lado del mal, el discurso de la sociedad institucionalizada nos muestra elocuentemente a sus fantasmas y a sus demonios, también a sus monstruos.

 

2.   Las sociedades clandestinas son lo que no solamente no reconocen las sociedades institucionalizadas, sino lo que aparentemente no quieren ser, deniegan. Sin embargo, no pueden dejar de ser, aunque sea en parte, aunque sea en la noche, para decirlo literariamente.

 

 

3.   ¿Cuál es la paradoja que esconde el esquematismo dualista de lo “lícito” y lo “ilícito”? En términos más teóricos, ¿cuál es la paradoja que esconde el esquematismo dualista entre lo normal y lo patológico? Esta parece la cuestión. En la práctica, es decir, efectivamente, lo “licito” termina legitimando actividades “ilícitas”, que se encubren precisamente con disfraces normativos “lícitos”. Por otra parte, lo que se denomina “crimen organizado” no deja de estar vinculado a valores, que establece el pacto de complicidad, en la intimidad solidaria de estas sociedades clandestinas; además, los pueden convertir en estatutos. La paradoja, que se esconde, devela que la sociedad institucionalizada funciona así, atravesada por recorridos y circuitos que se mueven tanto en los ámbitos del lado oscuro del poder como en los ámbitos del lado luminoso del poder.   

 

4.   Hablando de violencia, que ciertamente es atroz, la desencadenada por los carteles, en el sentido que le atribuye el discurso jurídico-policial; sin embargo, tampoco deja de ser atroz la violencia policial contra los prisioneros; comenzando por el hacinamiento, llegando a las brutalidades desplegadas contra los que han perdido la libertad, actuando como si hubieran perdido todo derecho.

 

 

5.   En consecuencia, se llega a momentos y situaciones donde policías y delincuentes se encuentran y se confunden; sobre todo, se parecen en las desmesuras de las violencias que despliegan. Este es el tema. Donde no hay culpables, desde nuestra perspectiva, como ya lo enunciamos antes, sino víctimas inocentes, la mayoría, víctimas  ladinas, la minoría, de los diagramas de poder desplegados en las sociedades modernas.

 

6.   Al respecto, estamos obligados a repetir que lo que decimos no es, de ninguna manera, una apología del “crimen”, como le gusta nombrar al discurso jurídico-policial, como tampoco hacemos apología de las formas, estructuras, institucionalidades, del poder, como lo hemos dicho claramente; se invista el poder de discursos e imágenes de “derecha” o de “izquierda”, se reclame de liberal o socialista. Nos interesa comprender los funcionamientos de estas sociedades institucionalizadas. Además entendemos que es la única manera de resolver los problemas heredados. No edulcorarlos, no reducirlos a simples esquematismos dualistas, que, en resumidas cuentas, parten del paradigma del esquematismo inicial del bien y el mal. Sino comprender el funcionamiento y sus dinámicas en la complejidad estratificada de estas sociedades institucionalizadas.

 

 

7.   Volviendo a las hipótesis interpretativas sobre la genealogía de los carteles, podemos observar otra característica peculiar, la de su condición internacional, no solamente nacional. En el caso referencial, parece que se trata de una organización transfronteriza, que conecta varios países de Sudamérica.  

8.   Como se puede ver, son organizaciones que desafían a los estados de los países involucrados, donde operan; no solo en lo que corresponde a las actividades penadas, sino en lo que respecta al control territorial. Para decirlo, de una manera comparativa, que no busca equivalencias, aunque puedan darse analogías, se trata de otra forma de organización trasnacional, así como lo son las denominadas empresas trasnacionales formales e institucionalizadas.

 

 

9.   Esta analogía, no equivalencia, entre empresas trasnacionales del campo económico institucionalizado y organizaciones trasnacionales del campo económico no-institucionalizado, nos muestra, de otra manera, el funcionamiento global del sistema-mundo capitalista. La mundialización no solamente implica la globalización de la economía, también de la modernidad, de sus instituciones, sus esquemas de comportamiento y conducta, sus formas de consumo, sino también la globalización de estas sociedades clandestinas del lado oscuro del poder.

 

10.       En algunos de los comentarios mediáticos, tanto brasileros como bolivianos, se ha dicho que el PCC se encuentra en crisis económica, que, por eso, ha optado por los asaltos. Parece que no es tanto así; pues los asaltos ya formaban parte de sus estrategias y prácticas antes de encontrarse supuestamente en crisis económica. Usaba los asaltos para financiar y sostener a la misma organización. Lo que hay que preguntarse es: ¿cuál es el objetivo de estas nuevas incursiones de asaltos? ¿Financiar a la organización? ¿Financiar otras actividades como las vinculadas al narcotráfico? ¿Ha crecido la organización tanto, internacionalmente, por lo menos, en las vecindades, que se requiere la prueba de fuego de los nuevos miembros? No sabemos si estas preguntas son adecuadas, pues falta información; sin embargo, son los primeros pasos dubitantes para tratar de comprender este accionar violento de la organización mencionada, además de los alcances de los efectos irradiantes de estas acciones.

 

 

11.       Una pregunta provocadora: ¿qué diferencia hay entre los políticos corruptos y estos estigmatizados como monstruos “criminales”? Y conste que no hablamos solo de unos, sino de todos, no solamente de la corrupción develada de los “gobiernos progresistas”, pues sus maestros, aunque fueron superados por sus alumnos, los neoliberales y liberales, no se quedan lejos. Como dijimos antes, en otro escrito[5], se diferencian en que unos ponen el pellejo y otros no. Como dijo Juan Villoro, no hay que cuidarse de los malos sino de los que parecen buenos, aludiendo a que los que persiguen y matan a periodistas, no son exactamente los capos ni sus carteles, sino los socios empresariales institucionalizados[6]. Ambos ganan, unos arriesgando, otros no. Ciertamente, no podemos reducir las diferencias a esta distinción, pero, esta diferencia muestra el papel que cumplen unos y otros. Los que aparecen en la crónica roja son los “criminales”, los que aparecen en la crónica social y económica son los empresarios. Ambos tienen presencia destacada en las noticias de los periódicos y los canales de televisión.

 

12.       Ahora, hablando de los desenlaces, por lo menos, de los desenlaces que se destilan públicamente, ¿quiénes son los que cargan con la culpa del sistema-mundo, de las sociedades institucionalizadas, del Estado, los estigmatizados o los elogiados? Otra pregunta, ¿dónde radica el núcleo del problema, en los que cargan la culpa en las cárceles o en los que terminan beneficiándose del “crimen organizado”? Si se quiere honestamente resolver el problema, estas son preguntas a las cuales hay que responder y no eludirlas.

 

 

13.       Las formas desmesuradas de los funcionamientos desbordantes y perversos del sistema-mundo capitalista expresan elocuentemente la dis-armonía o el desequilibrio implícito de este sistema-mundo, sobre todo, sus crisis múltiples congénitas, si se quiere, orgánicas y estructurales. Así como hay un costo demográfico del modo de producción capitalista, que corresponde a la población proletaria, así como hay un costo carnal económico, el relativo a la fuerza de trabajo, y un costo de la naturaleza, la contaminación y la depredación, como lo visualizaron Adorno y Horkheimer, hay también un costo humano, éste de la decadencia humana, tanto en sus formas banales, correspondientes a las burguesías ponderadas, como en su formas atroces y violentas, que corresponden a la élites y burguesías del lado oscuro del poder.

 

14.       La ideología, incluso en sus mejores versiones, las dadas por las ciencias sociales, humanísticas e históricas, ya no explican, ni siquiera algo, de lo que pasa en la actualidad álgida y problemática.  Por lo tanto, no ayuda a comprender, por ende, tampoco entender, lo que ocurre en la contemporaneidad, como fenómenos descomunales en sus desbordes violentos y perversos.  Es menester, como dicen los jóvenes, cambiar de chip; comenzar a ver, mirar, observar, codificar y decodificar, de otra manera, atendiendo a la complejidad del mundo efectivo.

 

 

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Objetivo del programa:

Umbrales y limites de la episteme moderna, apertura al horizonte nómada de la episteme compleja.

 

Metodología:

Cursos virtuales, participación virtual en el debate, acceso a la biblioteca virtual, conexión virtual  colectiva. Control de lecturas a través de ensayos temáticos. Apoyo sistemático a la investigación monográfica. Presentación de un borrador a la finalización del curso. Corrección del borrador y presentación final; esta vez, mediante una exposición presencial.

 

Contenidos:

 

Modulo I

Perfiles de la episteme moderna

 

1.- Esquematismos dualistas

2.- Nacimientos de del esquematismo-dualista

3.- Del paradigma regigioso al paradigma cientifico 

4.- Esquematismo ideológico

 

Modulo II

Perfiles de la episteme compleja

 

1.- Teórias de sistemas

2.- Sistemas autopoieticos 

3.- Teorías nómadas

4.- Versiones de la teoria de la complejidad

 

Modulo III

Perspectivas e interpretaciones desde la complejidad

 

1.- Contra-poderes y contragenealogias 

2.- Composiciones complejas singulares

3.- Simultaneidad dinámica integral

4.- Acontecimiento complejo

 

Modulo IV

Singularidades eco-sociales 

 

1.- Devenir de mallas institucionales concretas

2.- Flujos sociales y espesores institucionales

3.- Voluntad de nada y decadencia

4.- Subversión de la potencia social

 

 

Temporalidad: Cuatro meses.

Desde el Inicio del programa hasta la Finalización del programa.

Finalizaciones reiterativas: cada cuatro meses, a partir del nuevo inicio.

Defensa de la Monografía. Defensas intermitentes de Monografías: Una semana después de cada finalización.



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