Defensa de la revolución bolivariana

03.06.2013 21:50

Defensa de la revolución bolivariana

Raúl Prada Alcoreza

 

Ya van a ser quince años de la revolución, la misma que comienza en 1998, cuando Hugo Chávez gana las elecciones por primera vez. Se trata de una revolución que ha venido profundizándose, en la medida que ha venido avanzando y sorteando dificultades, desafíos y amenazas. La contingencia de la lucha, de las contradicciones, de las resistencias de las clases dominantes, vinculadas a las estructuras de poder dominante mundial, le ha dado ritmo y su propia velocidad a la revolución. La Asamblea Constituyente y la aprobación de la Constitución bolivariana (1999) fue un paso decisivo para inaugurar un nuevo horizonte constitucional, en la consecución de una autentica soberanía e independencia, en la perspectiva de una democracia participativa, abriendo los primeros senderos a las transformaciones sociales. Ante esta transformación constitucional y normativa, seguida por la recuperación del recurso petrolero, rescatando PDVSA de las manos y el control de una tecnocracia al servicio de las empresas trasnacionales, la burguesía venezolana y los dispositivos de intervención del imperialismo efectuaron un golpe de Estado el 2002. El fracaso del golpe frente la movilización popular y la respuesta de las fuerzas armadas en defensa del presidente constitucional, apresado por los golpistas, radicalizó el proceso revolucionario. La derecha intento continuar con la vía escogida de violencia boicoteando la producción petrolera (2003). Su derrota, como consecuencia del fracaso del saboteo efectuado, que duró varios meses, radicalizó la nacionalización de los hidrocarburos y apresuró el control de la empresa estatal del petróleo. Sobre todo después del referéndum revocatorio (2004), de la cual sale fortalecido Chávez, se toma la iniciativa de encaminarse al socialismo. A partir de entonces se crearon las condiciones para definir la ruta socialista, que pretende ser diferente a la experiencia del socialismo real del siglo XX. Se comenzaron con definiciones de este nuevo socialismo, llamado del siglo XXI. Empero los pasos más certeros fueron los efectos masivos de la inversión social, la conformación de las comunas y de las misiones, además de la formación de líderes en gran escala, abriendo espacios de formación y de universidades populares.

Ciertamente, el proceso de la revolución bolivariana tropieza con problemas y contradicciones. Uno de los problemas principales es salir del modelo extractivista y del Estado rentista; otro problema es avanzar efectivamente en el ejercicio de la democracia participativa, el control social y la autogestión comunitaria. Una de las contradicciones tiene que ver con la preservación de formas de Estado burocrático, en contraste de la necesidad de gestión social y comunitaria. Empero, no por estos problemas y esta contradicción, la revolución se ha detenido. Al contrario, la experiencia de la revolución ha adquirido intensidad, sobre todo por el replanteamiento de la estrategia de la derecha, que ha mantenido, en las últimas dos elecciones, unidad, un solo candidato, apoyada por la intervención indisimulada de la burguesía internacional. El fallecimiento de Chávez ha dado un nuevo ímpetu al frente de derecha, creyendo que sin el caudillo podía tener mejor chance; sin embargo, la respuesta compacta del pueblo venezolano, consciente, organizado y movilizado, ha podido conservar la victoria electoral anterior, cuando Chávez todavía vivía. Esto no lo ha podido aceptar el frente de derecha, tampoco la burguesía internacional. Sospechando que esto podía ocurrir, el frente conservador no firmó el compromiso de aceptar los resultados de las votaciones; ahora los impugna, exigiendo una auditoria voto a voto, además de tener el tupe de exigir al poder electoral de que no posesione al candidato ganador como presidente, poniendo en cuestión el mismo sistema electoral, que es el más moderno del mundo y, según las instituciones y organismos que la evaluaron, entre ellos Jimmy Carter, confiable y satisfactorio.

A muchos llama la atención que las distancias se hayan acortado; la diferencia de más del 10% se acortó a menos del 2%. Sin embargo, hay que anotar que el candidato victorioso obtuvo la mayoría absoluta, es decir, más del 50%. Además esta victoria se logró con Chávez ausente, lo que ya era de por sí difícil, a pesar de la delegación a Maduro de continuar con la revolución, transfiriendo la candidatura a la presidencia en su persona. Sin embargo, no se puede descuidar, no se puede obviar que el margen de diferencia es pequeño, lo que habla de una polarización en el seno de la sociedad. La pregunta entonces es: ¿Qué pasó? ¿Por qué una parte del pueblo, porque es así, pues la burguesía no es tan numerosa, votó por el candidato opositor? Este dato exige evaluar aspectos del proceso que no convencen, que no seducen, que inducen a ponerse en contra, que mantienen y conservan formas y prácticas políticas anteriores. Esta evaluación es indispensable, sobre todo aceptar la crítica y autocrítica. Estos mecanismos son los mejores dispositivos de la profundización del proceso, de la defensa del proceso, buscando corregir los errores y las contradicciones. Ahora bien, la crítica debe venir acompañada por profundización de la democracia, por el ejercicio de la democracia participativa, además por el cambio de formas de gestión, pasando a la autogestión y a la cogestión. En este contexto, quizás la tarea más difícil es efectuar las transformaciones institucionales y estructurales que ayuden a salir del modelo extractivista y del Estado rentista, encaminando un modelo productivo, eco-industrial y de soberanía alimentaria.

¿Si hay una victoria electoral, como resultado de las últimas elecciones, por qué hablar de la defensa de la revolución bolivariana? Se ha puesto en evidencia la guerra declarada de la burguesía internacional a la revolución bolivariana. Por otra parte, para el orden de dominación mundial imperial, para el sistema financiero mundial, para el control monopólico de las empresas trasnacionales, es un objetivo estratégico el despojamiento y desposesión de los preciados recursos y la reserva de petróleo más grande del mundo. En contraste, un objetivo claro de la revolución bolivariana es la integración continental por la construcción de la Patria Grande. Este objetivo no es de ninguna manera bien visto por el imperialismo, el orden mundial imperial, la dominación del sistema financiero mundial, que azota con sus medidas a Europa e irrumpe en el mundo con la forma de acumulación especulativa. Estas son ya tres razones para defender la revolución bolivariana. Los pueblos latinoamericanos y del Caribe debemos defender la revolución bolivariana. Debemos defenderla haciendo la revolución en nuestros países, que es la mejor manera de defensa de la revolución, debemos defenderla movilizándonos, impidiendo, interpelando, denunciando, las maniobras del imperialismo, de la burguesía mundial y del orden de dominación internacional.

La defensa no puede convertirnos en apologista. Este sería un error, una muestra de debilidad, creyendo que la apología ayuda a la defensa. Nada más equivocado. La revolución de por sí es crítica, crítica del poder, crítica de la dominación; la revolución sólo puede alimentarse de la crítica, de la autocrítica, pues eso ayuda a develar, visibilizar contradicciones y errores, a corregirlos, a tomar conciencia de la complejidad del proceso y de las tareas transformadoras. Cuando un proceso, que se dice revolucionario, descarta la crítica, es un síntoma de regresión, de una clausura de la voluntad seguir adelante, creyendo que a lo que se ha llegado ya es el fin. Confundiendo que la defensa del proceso es la defensa ciega de todo lo que hace el gobierno. Nada más equivocado, el proceso es un proceso transformador, que transforma instituciones, estructuras, prácticas, incluso debe transformar al mismo gobierno. La defensa del proceso es la defensa del cambio permanente, defensa de la crítica y de la democracia participativa.

Un objetivo primordial de la revolución bolivariana es el socialismo. Independientemente de nuestra discusión, la discusión en los movimientos sociales anti-sistémicos, sobre la experiencia del socialismo real, sobre si el socialismo no es nada más que la otra cara de la misma  medalla, la otra cara del modo de producción capitalista, un capitalismo sin burgueses, un capitalismo de Estado, lo que importa son los objetivos prácticos de la revolución; control social, empresas comunitarias, autogestión y autodeterminación comunitaria, igualación de las condiciones de posibilidad social. Este socialismo práctico o efectivo es lo que importa. Esta transformación social en curso, esta posibilidad de transformaciones sociales, tiene que ser defendida por todos, frente a la expoliación del capitalismo financiero y del capitalismo trasnacional que se enriquece por despojamiento y desposesión.

Hay que apoyar a las comunas, que son las formas organizativas sociales más avanzadas de la revolución. Hay que apoyar al poder social, que es la institución y la instancia diseñada precisamente para dar poder efectivo a las organizaciones sociales, empero tiene que pasar necesariamente por su desburocratización. Hay que apoyar ciertamente al Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), al presidente Maduro; empero, este apoyo no puede dejar de ser  crítico. El apoyo efectivo y solidario de los y las activistas del mundo es no sólo movilizar la defensa de la revolución bolivariana en cada uno de los países, sino también canalizar apoyos políticos y técnicos, participando en debates sobre la construcción del socialismo y la profundización del proceso, proponiendo proyectos, coadyuvando con apoyo concreto en todos los terrenos. Veámoslo así, la revolución bolivariana tiene que ser vista como la posibilidad del recomienzo de la revolución mundial contra la dominación y el control del capital, contra el dominio de la especulación financiera internacional, contra el orden de la dominación imperial. Nadie puede ser ajeno de lo que pasa en Venezuela, el destino de la revolución bolivariana está ligada al destino de las revoluciones en nuestros países y la posibilidad de una confederación de los pueblos del mundo.

En el ojo de la tormenta

Después de las elecciones en Venezuela se vive una ofensiva del frente conservador liderado por Henrique Capriles Radonski. Aprovechando el estrecho margen de cercanía respecto al candidato ganador, reconocido por el poder electoral, se ha animado a impugnar los resultados, desconociendo el mismo veredicto de la Corte Nacional Electoral (CNE), a la que reconocieron los mismos opositores en variadas elecciones, nacionales, municipales y parlamentarias. La CNE ha sido reconocida por distintos organismos internacionales y ONGs, los cuales han validado la modernidad tecnológica del mecanismo electoral venezolano, su idoneidad y transparencia. El desconocer a la CNE apunta a destruir la legitimidad no solamente de la última elección, sino del conjunto de elecciones que ha administrado este órgano de poder. Haciendo un recuento de los eventos que se han venido sucediendo desde la penúltima elección hasta la reciente, se puede entrever la preparación de un desconocimiento del ordenamiento jurídico y de la Constitución, pertrechado por la burguesía venezolana, los grupos de poder, nacional, regional e internacional. Desde su derrota en el golpe de 2002 y el fracaso del sabotaje petrolero organizado por la derecha, no se ha descansado por tratar de detener el avance de la revolución bolivariana. Después de un tiempo, hay que reconocer que el frente conservador ha aprendido a hacer bloque único; en las dos últimas elecciones le ha dado resultado esta cohesión. En la última, frente a Nicolás Maduro, ha aprendido a desenvolverse en el juego de espejos, buscando parecerse a aspectos del programa bolivariano, formas de expresión y símbolos del movimiento bolivariano. Sin embargo, esta simulación no es más que una estratagema electoral, pues el programa efectivo entre manos es revertir los logros sociales, políticos y económicos de la revolución. Además, la simulación se muestra como lo que es, discurso fofo y vacío. El ex-candidato del frente conservador hace gala de aspavientos, hasta de enojos, empero, su discurso no deja de ser un discurso lleno de generalidades sin contenido. ¿De qué Venezuela habla cuando habla del país? Se nota que de la Venezuela de la que habla es un esqueleto que está en su imaginación; no puede darle cuerpo, pues no conoce la Venezuela concreta, de carne y hueso, de ritmo y musicalidad, no conoce lo nacional-popular. Por eso sus críticas a la revolución no pasan de lugares comunes, corrupción, autoritarismo, dictadura, inseguridad; no puede darle un referente concreto a su crítica. Si lo hiciera, si fuese sincero, si diría lo que piensa, seguramente saldría una concepción antipopular y racial, pero, sobre todo, una concepción que considera que lo único real es el capitalismo y que hay que seguir las reglas del juego  de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, bajo el dominio del sistema financiero internacional y el monopolio de las empresas trasnacionales. Empero, el discurso real no puede ser emitido, pues no es electoral; se perderían votos. Si bien se ganaría en concreción y estaríamos ante un  discurso que dice algo, pues cree en algo y lo transmite, no sería convocativo. La derecha ha optado por el discurso de la simulación; este discurso es electoral, pero no dice nada. Sólo queda en la memoria un conjunto de expresiones acaloradas y comportamientos en forma de aspavientos, que no dicen nada, salvo el desacuerdo con los resultados electorales, la desesperación de no haber logrado ganar al adversario.

Se entiende entonces la jugada exasperada del todo o nada. No es fácil mantener un frente unido de derecha, debido a los intereses en juego, los grupos de poder, que no coinciden en todos los temas, que tienen sus perspectivas propias. Al final son 14 años de gobiernos bolivarianos, que, a pesar de las dificultades y las contradicciones, han venido avanzando en la transformación de la sociedad y del Estado en Venezuela, aunque en este último aspecto sea más de forma que de contenido, igualando las condiciones sociales, ampliando la inversión social, la organización y la formación popular. Se trata del perfil de una burguesía, como muchas burguesías latinoamericanas, acostumbradas a gobernar impunemente a favor de sus intereses oligárquicos y sobre todo a favor de los intereses de las empresas trasnacionales; esta burguesía no puede aceptar, que la plebe impoluta irradie, se abra espacio, influencia, se articule con expresiones políticas populares, irrumpa en los palacios del poder.

Toda revolución es difícil y complicada, sobre todo cuando se asume el poder. Pues ahí comienzan las contradicciones más profundas; es muy difícil deshacerse de las viejas prácticas políticas, del aparato y las costumbres burocráticas, de las mediaciones representativas e institucionales. Se hace evidente la dificultad de construir la autogestión, la cogestión, la autodeterminación, el autogobierno local comunitario. Se cometen muchos errores en el camino, es difícil lidiar con los propios, sobre todo cuando están en función de gobierno. Hay como una tendencia a dilatar y diferir las transformaciones; cosa que parece adecuado a un sentido común “pragmático” y del realismo político. Empero, esta actitud es la más peligrosa en el curso de un proceso de transformaciones, pues no solamente lo atenúa, sino que termina jugando en contra, pues crea insatisfacciones populares, además de perder tiempo, no aprovecharlo, creando las condiciones para una contraofensiva conservadora.

Es posible que una serie de factores de este tipo se haya acumulado y de lugar a desavenencias, como para explicar la disminución de la votación bolivariana, poniendo en peligro la propia continuidad del proceso. Estos factores negativos, estos factores conservadores dentro del proceso mismo, tienen que ser puestos a luz. Es menester la crítica y la autocrítica, para corregir los errores, para retirar del camino los obstáculos conservadores, dentro el propio proceso. Es urgente entender que una revolución no avanza sino por la constante y permanente manifestación de la voluntad de cambio, que se enfrenta al mundo, a la realidad dada, a las estructuras de poder locales, regionales y mundiales. La revolución no espera, hay que hacerla en el momento, a cada momento; no se puede dejar para mañana nada. Mañana puede ser tarde. Sólo la entrega y el sacrificio de todos los comprometidos con la revolución pueden impulsarla adelante, hacia su propia profundización. Por eso, es peligrosa la actitud de los celosos apologistas, que no quieren ninguna crítica; solo defensa, sólo propaganda, sólo canto a los logros. Sin crítica una revolución no avanza, retrocede y termina debilitada cuando hay que enfrentar a la contraofensiva de la derecha.

 

Diagnósticos de la coyuntura

Salim Lamrani hace un balance de lo sucedido en la última elección. Nos presenta 25 verdades sobre las elecciones presidenciales en Venezuela[1]. Estas son expuestas de la manera siguiente:

 

1. Nicolás Maduro consiguió 7.505.338 votos, o sea el 50,66% de los sufragios.

2. Henrique Capriles consiguió 7.270.403 votos, o sea el 49,07%.

3. 38.756 electores votaron blanco o nulo, o sea el 0,26%.

4. La participación electoral fue de un 78,71%.

5. Sólo 234.935 votos, es decir un porcentaje de 1,59%, separa a ambos candidatos.

6. Todas las encuestas de opinión que daban a Maduro vencedor con un margen de 10 a 20 puntos resultaron erróneas.

7. El estrecho margen no pone en tela de juicio la legitimidad de Nicolás Maduro. A guisa de comparación en Francia, en las últimas elecciones presidenciales de mayo de 2012, la diferencia entre François Hollande y Nicolas Sarkozy sólo fue de un 3,28%.

8. Maduro triunfó en 16 Estados de los 24.

9. Capriles consiguió la victoria en 8 Estados.

10. Los observadores internacionales, entre ellos la Unión Europea y la Unión de Naciones Suramericanas, reconocieron la transparencia de los escrutinios.

11. Henrique Capriles se niega a reconocer la victoria de su rival hasta que haya un recuento de votos.

12. Nicolás Maduro aceptó el recuento de votos.

13. Max Lesnik, director de Radio Miami, donde vive una fuerte comunidad venezolana favorable a Capriles, declara que el estrecho margen confirma la validez de las elecciones. Según él “nadie asaltaría un banco para robar mil dólares cuando tiene la posibilidad de robar un millón. Nadie organizaría un fraude para conseguir menos de 300.000 votos”.

14. A guisa de comparación, en octubre de 2012 Hugo Chávez derrotó a su rival Henrique Capriles con 8.191.132 votos, o sea un total de un 55,07%.

15. Capriles obtuvo 6.591.304 votos, o sea un 44,31%.

16. 1.599.828 votos separaban a ambos candidatos, o sea un porcentaje de un 10,76%.

17. La participación electoral fue de un 80,48%.

18. Chávez consiguió la victoria en 21 Estados.

19. Capriles sólo ganó en tres Estados.

20. Así, en el espacio de seis meses, el campo chavista perdió 685.784 votos.

21. Por su parte, Capriles ganó 679.099 votos.

22. La inmensa mayoría de los 685.784 electores que votaron por Chávez en octubre de 2012 eligieron a Henrique Capriles el 14 de abril de 2013.

23. A pesar de las impresionantes políticas sociales a favor de las categorías más desfavorecidas que permitieron reducir la pobreza y elevar el nivel de vida de los más desheredados de modo sustancial, resulta evidente que un número importante de ellos eligieron votar al candidato de derecha.

24. La campaña electoral de 2013 del candidato, mucho más agresiva que la de 2012, fue todo un éxito.

25. En cambio, la campaña electoral del nuevo Presidente de la República Bolivariana de Venezuela fue un estrepitoso fracaso.

Este diagnóstico sucinto de los resultados electorales deja claro lo que implican los mismos, también deja claro que el chavismo perdió votos; se dieron desplazamientos del propio campo al otro frente. Este hecho no puede explicarse sólo con sorpresa y delegación de la culpabilidad a los sectores que abandonaron el campo popular, como lo ha hecho Diosdado, presidente de la Asamblea legislativa, pues, lo que ha ocurrido no se explica si no se toman en cuenta errores y contradicciones en el gobierno, en el PSUV y en el bloque popular. Tampoco explica que la derecha tenga una convocatoria tan amplia, que es prácticamente la mitad del electorado. No basta acusar a la campaña mediática, nacional e internacional, ni a las manipulaciones y simulaciones de la derecha. Estos argumentos no explican por qué una parte del pueblo no se convence ni se deja seducir por la revolución bolivariana. Al respecto, si bien una etapa de la conformación y de la consolidación del bloque popular está generada por la experiencia de las confrontaciones; es cuando se cohesiona, se identifica y se forma el núcleo del bloque popular. Sin embargo, la confrontación no puede seguir siendo el procedimiento más usado en etapas posteriores del proceso, cuando se requiere ganar a sectores populares, que todavía están atrapados en las redes de las estructuras de poder y dominación de la burguesía. Sobre todo cuando hablamos de profundización democrática, del ejercicio de la democracia participativa, cuando entendemos que no puede haber construcción del socialismo, la transición al socialismo, sino mediante el ejercicio dinámico de la democracia, como dice Samir Amin, entonces es indispensable concentrarse en el diálogo, en el debate, en el convencimiento, de sectores populares no persuadidos. Parece que estos procedimientos de apertura no son los usuales; generalmente los procedimientos de confrontación, de la fase de formación y consolidación, son los que adquieren raigambre y perduran imponiendo una conducta política mas bien hostil. No se trata de bajar la guardia, sino de combinar formas de comunicación, intercambiar experiencias, perspectivas y concepciones, buscando construir nuevos horizontes de saber compartidos. La transición al socialismo no es posible confrontando a la otra mitad de la población, a no ser que se quiera repetir las amargas experiencias del socialismo del siglo XX. Si bien la confrontación es con la burguesía, quizás no con toda, como ocurría en la revolución china, que concibió una alianza estratégica con parte de lo que llamaba burguesía nacional, la confrontación no es conveniente con sectores populares, incluyendo lo que se viene en llamar “clases medias”, además de estratos sociales pobres.

 

Por otra parte, el aprendizaje de la experiencia de las revoluciones socialistas del siglo XX, nos debería haber enseñado que la burocracia se convierte prácticamente en una clase dominante. Cuando se afirma en el poder, se afinca en el mismo, y termina orientando las políticas hacia la conservación del poder y sus privilegios. Esta es una de las contradicciones más fuertes en las experiencias de las construcciones del socialismo real. Estas configuraciones políticas y de re-clasificación social no pueden repetirse en las revoluciones llamadas del socialismo del siglo XXI, a no ser que se quiera repetir los escenarios y desenlaces conocidos. La orientación de conservar el poder, de proteger los intereses burocráticos, lleva a tomar medidas antipopulares, que empujan a sectores populares a abandonar el bloque popular.

 

En relación a estos temas y problemas, algo que llamó la atención Víctor Álvarez[2], es la débil incidencia en el partido de gobierno de las organizaciones de los trabajadores y de los campesinos. El socialismo, como se entiende, de acuerdo a la teoría, es una perspectiva proletaria y de los campesinos pobres, quienes hegemonizan el frente popular. No se trata de descartar la presencia de otros sectores populares, al contrario, se trata de conformar una composición que garantice el contenido de las transformaciones. La presencia irradiante e influyente del proletariado y de los campesinos pobres es como un requisito histórico-político de la transición al socialismo.

 

Yendo a otro diagnóstico, Carlos Meneses Reyes, en Se impone la autocrítica Bolivariana, artículo de Rebelión, plantea, además de la autocrítica, algunos desplazamientos en las políticas públicas. El diagnóstico económico del autor señala los nudos gordianos del problema latente y desenvuelto:

Resulta agobiante lo de una deuda pública (sea en bolívares o en dólares) venezolana de doscientos diez mil millones, con pagos vencidos de diecisiete mil millones. Lo de un déficit fiscal de del 12% del PIB; con inflación del 28% y devaluación del 45.6%.

Estos últimos datos son alumbradores respecto de la crisis económica nacional, los alcances de la crisis y sus repercusiones. ¿Cómo se ha podido llegar a semejante deuda, al tamaño del déficit fiscal, a la proporción de la inflación, y, en consecuencia a la devaluación, que terminó impactando negativamente en el poder adquisitivo de las familias populares?

 

En lo que respecta a los desplazamientos en políticas públicas, propone:

En el plano político (el desplazamiento) va a la consolidación de la organización política popular y de masas; primando la erradicación del clientelismo burocrático y la corrupción.

En el plano económico, a la consolidación de los instrumentos constitucionales.

Un poco más abajo, dice que:

Se impone la racional expropiación y cierre de empresas privadas de capital nacional e internacional, que no comulguen con el servicio público esencial popular. La carta constitucional bolivariana supera lo del clásico bien común, liberal manchesteriano.

Se impone la consolidación del sistema de economía mixta (capital privado y estatal), con miras al servicio público esencial popular. Esta re-inmersión garantizará el tope o control a la fuga de capitales privados. Aunque las exportaciones no petroleras han sido bajas; la dependencia económica y fiscal, cuyos ingresos dependen en un 97% de exportación del petróleo; no es una calamidad, es un vehículo de aprovechamiento revolucionario circunstancial. Lo de “vehículo” es profano, pero grafica movilidad, cambio, sustitución. Proyecta en la dinámica que genera la autocrítica, la corrección a que cambie el actual panorama de un 70% de productos agrícolas importados.

Estas medidas son puntuales. Ayudan a definir ciertas rutas de corrección y re-conducción; empero no son suficientes, sino se tiene una estrategia integral respecto a los procesos involucrados en la transición, los distintos planos de intervención que configuran la complejidad dinámica de la “realidad”. En relación a este requerimiento, la pregunta es: ¿Se cuenta con esta estrategia integral? Teniendo en cuenta lo que se tiene como dispositivos políticos, la Constitución y el programa de gobierno, la otra pregunta es: ¿Son suficientes? Para responder a estas preguntas haremos una evaluación del programa de gobierno, en el marco de la Constitución; entendiendo, además, que la Constitución define un horizonte. Es en ese horizonte de transición donde es necesaria la radicalización del proceso, que en el decurso del cumplimiento constitucional, donde la lucha de clases arreció, ha empujado al bloque popular a definir la ruta socialista.

Pero, antes de aventurarnos en esta tarea, nos detendremos en reflexiones con la izquierda sobre la crisis política, particularmente en reflexiones con la izquierda radical, aquella que mantiene una perspectiva crítica del proceso. Hablamos de radical en pleno sentido de la palabra, no solamente por el radicalismo de las posiciones, sino porque se exige tocar los problemas de raíz. Esta izquierda tiene la virtud de concentrarse en los problemas que detienen la marcha de  la revolución, en las contradicciones inherentes y denuncia la preservación de formas de poder y de la dominación capitalista. Muchas veces lo hace de una manera esquemática y abstracta, empero estas falencias no le quitan su virtud.

  

 

Reflexiones con la izquierda

Hablamos de esa manera, refiriéndonos a la izquierda, a todas las formas y características de izquierda, incluyendo, sobre todo, a las posiciones radicales; a estas posiciones contundentes, pues son las que empujan adelante, exigen consecuencia y denuncian las debilidades de todo proceso de transformación. Hablamos a las organizaciones sociales, ejes articuladores de los movimientos sociales, sobre todo a las organizaciones más profundas, más consecuentes, más críticas, que ponen en evidencia las contradicciones recónditas del proceso.

Ya tenemos en la memoria, debido a la experiencia histórica de las luchas sociales y políticas, la experiencia de desenlaces desfavorables a la profundización de procesos populares y sociales. Teniendo en cuenta esta memoria y esta experiencia, debemos saber que, frente a la derecha no podemos actuar sino como un frente único de izquierdas, de los movimientos sociales anti-sistémicos. Ahora bien, esto no quiere decir, de ninguna manera, rebajar y disminuir la critica al gobierno popular; al contrario, frente a los errores, a las ambivalencias, hasta retrocesos, incluyendo restauraciones, posiciones conservadoras, prácticas prebéndales, clientelares, y hasta corruptas, hay que ser intransigentes. No se pueden tolerar estas debilidades de los procesos, estas posiciones contrarias al mismo proceso, pues estas carcomen las fuerzas, las fortalezas, del proceso, de las organizaciones y de los movimientos sociales. Ciertamente, es como estar en dos frentes. Pero, no se puede hacer otra cosa que pelear en ambos.

Lo que no se puede hacer es caer en el fundamentalismo intelectual; creer que por que se tiene razón se puede actuar independientemente de la mayoría, que puede todavía estar convencida por un populismo ambivalente, por un “pragmatismo” de sentido común. No se puede sustituir el campo de la correlación de fuerzas, que es el campo político, con el mapa abstracto de los principios de la razón. Este camino lleva a convertirnos en un grupo radical de convencidos, con fuerza del entendimiento, empero sin fuerza política. Si la responsabilidad es prolongar el proceso de transformaciones, profundizar la revolución, liberarla de sus contradicciones profundas, estas tareas no se las puede efectuar sin la mayoría, sin la actuación, sin el desenvolvimiento de la mayoría. La tarea es convencer a la mayoría, interactuar con las mayorías, aprender con las mayorías, de que la continuidad de la revolución sólo es posible con las trasformaciones estructurales e institucionales del proceso.

Esta apreciación política, que todavía es general, ciertamente solo puede contrastarse en los contextos y coyunturas concretos. Esta tarea es de los que viven y experimentan esas condiciones, esas situaciones, la intensidad de las luchas, en contextos concretos. Son los grupos más críticos, son las organizaciones más críticas, son las tendencias más radicales, las que están en mejor condición de interpretar la coyuntura y el contexto concreto, de actuar de manera específica, si es que no se mantienen en los esquematismos reduccionistas.

Pasando al tema en cuestión. En Venezuela se vive una situación beligerante; pues el frente conservador a decidido una contraofensiva violenta y descalificadora de la democracia efectiva, la que se ha venido configurando desde 1999, después de promulgada la Constitución. La fuerza de esta contra-ofensiva radica en que cuenta con un caudal de votos importante, casi la mitad del electorado. Empero, en la medida que no ha logrado ganar las elecciones, no puede impugnar los resultados, salvo bajo el supuesto de fraude electoral. Esto es precisamente lo que conjetura que ha pasado; empero esta conjetura no ha sido verificada. No parece serlo por las características del sistema electoral venezolano, por la tecnología de conteo y de comprobación. Mientras no pueda comprobar el frente conservador que esto ha ocurrido, sus actuaciones terminan siendo inconstitucionales y antidemocráticas. Sus actuaciones forman parte de una campaña de descalificación del sistema democrático logrado. Y obviamente forma parte de una campaña contra-revolucionaria. Estas actitudes quieren terminar con la revolución.

Ante esta situación evidenciada, la izquierda no puede equivocarse. Actuar contra la contra-ofensiva de la derecha, contra la contra-revolución en marcha, es una tarea primordial. Esto no quiere decir que se deja la crítica a las posiciones titubeantes, dilatadoras, restauradoras, contradictorias, burocráticas; de ninguna manera. De lo que se trata es de luchar por mantener la posibilidad de continuar, de prologar la profundización del proceso. La defensa del proceso no es la defensa del gobierno, la defensa del proceso es la defensa de la posibilidad de seguir transformando, de hacer las transformaciones que no se han hecho, de reencausar el proceso que se encuentra en el decurso de sus propias contradicciones.

La Liga de los Trabajadores por el Socialismo de Venezuela (LTS) ha hecho una declaración, a propósito de la coyuntura intensa que vive Venezuela. Esta declaración se titula: Ante el ajustado triunfo de Maduro: No permitamos que la crisis del chavismo la capitalice el imperialismo. En la declaración se caracteriza a la coyuntura como tensión política; se dice que:

El cimbronazo político se transformó en crisis abierta con el desconocimiento del resultado electoral por Capriles Radonski, exigiendo el conteo de la totalidad de las urnas con el argumento de que hubo anormalidades en las votaciones y hasta arguyendo que han ganado las
elecciones. En esto cuenta con el apoyo del imperialismo norteamericano.

Ante los hechos de violencia desatada por la derecha, la declaración es categórica:

Desde la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) rechazamos categóricamente estos ataques reaccionarios y completamente antipopulares, incluso con ribetes de xenofobia hacia los
médicos cubanos que allí laboran. ¡Hay que hacerle frente! El pueblo organizado en los barrios, llamando a asambleas, mediante discusiones públicas y abiertas, ha de definir los métodos para pararle la mano a estas acciones. Los módulos de barrio adentro –y demás instalaciones deportivas o educativas, si fuese el caso– son una conquista social del conjunto del pueblo trabajador y pobre, y como tal deben ser defendidos.

La declaración de la LTS dice que esto no es defender al gobierno de Maduro, sino defender la conquista de los trabajadores y del pueblo. Esta posición se expresa distinguiendo una y otra cosa:

La defensa de los centros de salud públicos no significa en modo alguno el apoyo político
al gobierno nacional, no hay que estar con Maduro para hacerle frente a estos ataques, se trata de una posición clara de defensa de lo que constituyen conquistas sociales del pueblo trabajador y pobre, por lo que llamamos en estos casos específicos a un frente único de clase, obrero y
popular, para pararle la mano a estos ataques, con los métodos de los trabajadores y el pueblo, con base en la democracia obrera y popular para definir la orientación política y las acciones a tomar, sin que implique necesariamente una subordinación al esquema de movilizaciones ordenadas por el gobierno de Maduro.

El diagnóstico de las elecciones se resume en el subtítulo: La derecha capitalizó electoralmente la crisis del chavismo. La explicación de esta capitalización tiene que ver con las medidas antipopulares que se vio obligado a tomar Maduro, en su interinato, dada la inflación y la crisis económica:

La crítica situación de la economía llevó al gobierno a tomar medidas antipopulares y
anti-obreras en pleno período electoral: en menos de cien días a cargo del gobierno interino, Maduró aplicó dos fuertes devaluaciones de la moneda, lo que se hizo sentir rápidamente con el aumento directo de los precios de bienes de consumo masivo. El gobierno se equivocó en que estas medidas antipopulares no iban a tener consecuencias electorales.

Una descripción más detallada es la siguiente:

Si bien el chavismo ganó en las grandes barriadas populares de las principales ciudades, –como por ejemplo en la populosa Catia y en las partes más pobres de Petare de la gran Caracas- se hizo notar la baja de votos en estas regiones, y el mismo fenómeno se observó en importantes
concentraciones obreras, como en los estados de Aragua y Carabobo, y ciudades como Guayana centro de las grandes industrias básicas, pero no precisamente por abstención sino que casi en la misma medida que caían los votos de Maduro crecían los de Capriles, comparado con las elecciones presidenciales de 2012.

Esta explicación y esta descripción son sumamente importantes, pues ilustran sobre las condiciones económicas sobre las que se desenvuelven los acontecimientos en cuestión; la inflación y la crisis económica. La pregunta que viene de golpe es: ¿Por qué hay crisis económica en Venezuela, teniendo en cuenta los grandes ingresos del Estado, debido a los elevadísimos precios del petróleo? Ciertamente lo que ocurre en Venezuela se da en el contexto de la crisis mundial financiera y de la crisis estructural del capitalismo. Empero se podían tomar medidas anti-crisis de carácter popular y no caer en las recetas monetaristas, de impacto impopular. ¿Por qué se tomó la medida de devaluación sabiendo que esto iba a incidir en los precios de los productos de la canasta familiar? ¿No había otra salida? ¿Se confió en el prestigio del líder desaparecido? ¿Por qué no se discutieron las medidas con el pueblo, primordialmente con los trabajadores? ¿Acaso la Constitución no establece el ejercicio de la democracia participativa y protagónica? ¿Por qué no se es consecuente con la Constitución? Estas son de las contradicciones del gobierno popular.

El discurso de defensa gubernamental no habla de estas causales. La acusación de golpista a la derecha no resuelve estos problemas; puede encubrirlos, pero no hacerlos desaparecer. Llamemos a esta crisis estructural local, que es parte de la crisis general del capitalismo, crisis del modelo extractivista y del Estado rentista. No se puede escapar de la crisis a pesar de los altos precios de las materias primas. El hecho de que la mayor parte de la estructura económica recaiga en el modelo primario exportador, es una condición material y latente de la posibilidad de la crisis económica con características locales. La forma rentista de administrar el excedente es una condición política y latente de la posibilidad de la crisis. La búsqueda de soluciones monetaristas no hace otra cosa que agudizar y desatar esta posibilidad. Las soluciones monetaristas descargan sobre el pueblo el peso de la crisis y de la inflación. Este análisis va más lejos que solamente explicar las razones de la disminución de votos para Maduro, comparando con la última elección con Chávez presente. El análisis habla de los límites estructurales del Estado rentista y el modelo extractivista, también habla de los límites políticos de un gobierno que se debate en el intervalo ambivalente de populismo y construcción del socialismo. La crisis entonces es más profunda que una asonada provocada por la derecha, como segunda fuerza electoral. Lo que haga la burguesía venezolana, la oligarquía local, en concomitancia con el imperialismo, tiene que ver con su papel en la lucha de clases y su desempeño reaccionario en la lucha anti-imperialista. Este comportamiento como que es, de alguna manera, esperado. Lo que está en cuestión es el papel del gobierno popular y del bloque popular. No solo por lo que tiene que ver con haber empujado a parte del electorado afín a la convocatoria del contrincante, sino por haber mantenido, durante catorce años, sobre todo los que vienen después de la Constitución, la inercia del Estado rentista y el modelo extractivista, estructuras políticas y económicas de la dependencia. No se trata de salir de la noche a la mañana del modelo extractivista, sino de definir una transición sostenible, tanto en lo que respecta al mismo modelo extractivista, así como al propio Estado rentista. Transición que no puede dejar de estar acompañada por la efectiva democracia participativa, la autogestión y la cogestión social.

No se trata solamente de errores políticos, sino que en el proceso no se está pudiendo resolver temas como la conducción colectiva y social del proceso, que sigue en manos de la burocracia. Esta conducción colectiva tiene sus formas de organización: las comunas, los sindicatos de trabajadores, las organizaciones campesinas, el poder territorial de los barrios. Estas son las fuerzas profundas de una revolución, que además dice que se encamina a un socialismo, cuya base se encuentra en la propiedad social y en la gestión comunitaria. A estas alturas, no se pueden repetir las formas de conducción dadas en la experiencia del llamado socialismo real, más aún, cuando el socialismo que se busca es el socialismo del siglo XXI. La defensa de una revolución se encuentra en la potencia social; entonces, se trata de liberar esta potencia, de desatar su creatividad. Para que esto se dé es indispensable su empoderamiento efectivo en la conducción colectiva del proceso.

Estos son los problemas que han sido constantes en todas las revoluciones del siglo XX; ahora reaparecen en las revoluciones del siglo XXI. Si no se logran resolver, es probable que se repitan desenlaces parecidos a los acaecidos en la historia. Lo que está ocurriendo en Venezuela no es solamente un fenómeno coyuntural y local; es un problema estructural de las revoluciones. En Venezuela también se juega con el decurso de las revoluciones en ciernes en el mundo, particularmente en América Latina y el Caribe. Esta tarea involucra a todos, incluyendo, sobre todo, a las posiciones radicales. Pues si estas posiciones no logran incidir en los acontecimientos, no logran salir de los límites grupales, del discurso iluminista, entonces, esta inhibición es parte del drama, de la irresolución del problema. No basta tener razón o creer que se la tiene, la política es una correlación de fuerzas; es importante entonces incidir en la acumulación de fuerzas y en la resultante de las mismas.

La política no se restringe, ni mucho menos, a los principios de la razón. La política se mueve, como hemos dicho, en un campo de distribución de fuerzas, de dispositivos y agenciamientos de poder, así como de resistencias. La política se alimenta, por así decirlo, de pasiones, de imaginarios, de esperanzas, expectativas, de convocatorias, de simbolismos, mitos y alegorías. Las dinámicas políticas, moleculares y molares, articulan, por así decirlo, distintos planos, distintos ámbitos, distintos campos; juegan, casi aleatoriamente, con diferentes composiciones y combinaciones, dependiendo de los contextos y las coyunturas. La comunicación política con los pueblos, con los sectores populares, con el proletariado, no puede reducirse a una  interpelación racional. Por eso nunca es suficiente la denuncia, la diferenciación, la distinción de los programas y de las tendencias. El fundamentalismo racional no convoca, salvo en los ámbitos académicos. Incluso para comprender la complejidad de la “realidad” que toca analizar, no es suficiente el entendimiento y el uso de la razón. El uso crítico de la razón ayuda a contextuar y des-contextuar las teorías en uso, ayuda también a abrirse a otras formas de comprensión de la “realidad”, incorpora las formas intuitivas, las memorias, los saberes, las relaciones con lo popular, además de incorporar la dinámica misma primordial de la experiencia. La mayoría de los grupos radicales, de los cuales no hay que dudar sobre su dedicación, consecuencia y compromiso, pecan, por así decirlo, de fundamentalismo racionalista; terminan siendo grupos de convencidos, sin incidencia en la lucha efectiva política. Terminan aislados, en los márgenes o en los rincones del campo político, por más lúcidas que sean sus intervenciones. Precisamente por el valor ético y moral, por el coraje, la consecuencia y el compromiso, es indispensable que estos activistas, además de hacer  uso de la razón, es imprescindible que pasen al uso crítico de la razón, abriéndose a la experiencia de los distintos planos de comprensión de la “realidad”, así como abriéndose a las diferentes “facultades” en juego en los sujetos sociales.

En todo caso, es importante detenerse en los análisis de la izquierda radical, que además de crítica, tiene el valor de aportar con apreciaciones más reveladoras que las  descripciones de los discursos apologistas, que sólo ven el problema en la derecha. La Liga de Trabajadores por el Socialismo hace apreciaciones sobre las tendencias encontradas en el chavismo, contradicciones agudizadas después del fallecimiento del caudillo. Esta descripción de la pugna interna, aunada a las contradicciones en el seno del pueblo, en el bloque popular, da un panorama de lo que está puesto en juego en la coyuntura. El documento citado dice:

Cínicamente Diosdado se pregunta cómo es posible que el pueblo explotado vote por los explotadores, cuando se trata de uno de las conspicuas figuras que más se han enriquecido en todo este período. Como ha sostenido un analista “La herencia electoral que Chávez le dejó a Nicolás Maduro y la dirigencia del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) quedó sensiblemente mermada y sin su valor para contener a una masa que puede presionar peligrosamente ante ingentes requerimientos de la economía popular” (El Mundo, 16/04). Pero las tensiones internas que se puedan desarrollar dentro del PSUV no solo vendrán entre las distintas fracciones
existentes, sino también de las propias bases del chavismo que, cansadas de seguir siendo furgón de cola de los altos burócratas, puedan salir con más fuerza a protestar por lo que se les ha venido negando, y exijan que se tomen medidas por izquierda frente a la nueva situación económica y
política.

Del diagnóstico que hace la declaración, saca una conclusión de los posibles desenlaces:

Los acontecimientos muestran que la transición a una etapa post-chavista será traumática. El resultado electoral está actuando como un gran catalizador de la crisis política que significa para el régimen bonapartista, centrado en la figura presidencial, la desaparición física de Chávez, mostrando que este no puede ser reemplazado. El bonapartismo no es solo un proyecto político sino también y fundamentalmente de liderazgo.

El triunfo pírrico de Maduro implica que el suyo será un gobierno débil, pues tendrá que lidiar no sólo con una oposición envalentonada y que busque jaquearlo permanentemente con el apoyo de Estados Unidos, sino también con las peleas dentro del propio chavismo. Pero fundamentalmente estará sometido, sin lugar a dudas, a la resistencia de sectores de la clase trabajadora que saldrá con más fuerza a pelear por sus demandas y por mejores condiciones de vida. Más aún si, como todo indica, Maduro se verá gobierno obligado a aplicar medidas de ajuste por la grave situación
económica que atraviesa el país, sin contar ni de lejos con la legitimidad y autoridad de Chávez, que a la vez que concentraba las expectativas de una resolución de las demandas de los explotados a través de la acción del gobierno, era capaz de derrotar y “disciplinar” a los sectores en lucha que
quisieran ir más allá. Es muy probable que vayamos a una liberación de energías e iniciativas para lucha de clases, de parte de los explotados y pobres.

Tomando en cuenta este análisis y la conclusión a la que deriva, podemos, a su vez, sacar algunas otras conclusiones. No es pues suficiente unir y cohesionar al bloque popular en defensa de la revolución bolivariana, no es suficiente lograr un frente único de izquierda que enfrente la asonada de la derecha. Pues allí, en el poder de las oligarquías, de la burguesía, de la estructuras de poder y dominación mundial, se encuentra parte del problema y de los desafíos que afrontar. La otra parte del problema se encuentra en la composición se fuerzas, de tendencias, de posiciones, dentro del bloque popular; el problema es complicado cuando la hegemonía del bloque popular la tienen posiciones que consideran que lo que se ha logrado como avances y transformaciones es casi como el fin del proceso; lo que queda es defenderlo. Se trata de sectores que tienen una concepción de la política, como dice el documento de la LTS, “bonapartista”; por lo tanto fuertemente ligados al prejuicio burocrático y de la mediación institucional. Estos sectores están muy lejos de comprender el carácter emancipador de la autogestión, la auto-determinación, el ejercicio efectivo, no discursivo, de la democracia participativa y el control social. Están también lejos de comprender que la lucha contra el capitalismo no es discursiva y de declaraciones anti-imperialistas, que se rasgan las vestiduras, empero no son efectivas en la de-construcción del imperialismo, sino que se trata de trastrocar las relaciones de producción capitalistas, las relaciones sociales que se mueven en el imaginario del desarrollo y el progreso, ilusiones del capital. Se comprende pues que la lucha interna es mucho más difícil y compleja; sobre todo porque está llena de incomprensiones, de incomunicaciones y desinformación, además de los ataques de la nomenclatura y de los apologistas a los y las activistas críticas. Pero, también, sobre todo, por lo que dijimos, que muchas veces el activismo radical peca de fundamentalismo racional. Sin embargo, esta tarea no deja de ser indispensable cuando está en juego el destino del proceso, es decir, el curso y desenlace del proceso.

¿De qué depende entonces modificar el mapa de la correlación de fuerzas, el mapa del juego de las posibilidades más probables? ¿De qué depende la realización de la posibilidad de prolongar el proceso de transformaciones hacia su ruptura radical, transformando estructuralmente el mapa institucional? ¿De qué depende pasar del empoderamiento popular, del comienzo emancipatorio, a la liberación efectuada? La composición de creencias, de sentidos comunes, de certezas, en el campo popular, requiere de una revolución cultural, usando un concepto tan caro de Mao Zedung, a la vez tan claro, de las tareas a seguir. Mao Zedung buscaba con la revolución cultural transferir el poder en manos de la burocracia a los consejos de trabajadores, campesinos y estudiantes; también se enfrentó a las herencias culturales y filosóficas de los confusionistas, incrustadas en las formas de pensar y en las costumbres, además de combatir el pragmatismo y el diletantismo. Es indispensable la emancipación de los mitos, que aunque convoquen a las masas, terminan atrapándola en una red de dependencia paternal. Es indispensable liberar las potencialidades creativas populares, abriendo las experiencias sociales no solamente al uso crítico de la razón, de las teorías, sino también de los saberes, de las culturas locales, de las memorias.  Esta revolución cultural, cuyas consecuencias políticas son de largo alcance, no puede dejar de estar acompañada por la conformación efectiva de lo que se llama el poder social; es decir, la autonomía, la autogestión, la autodeterminación, territoriales de las comunas, de las organizaciones sociales y de las organizaciones barriales. La construcción de la gestión colectiva de la política es como la condición de posibilidad histórica-política para salir del Estado rentista y del modelo extractivista, para transitar hacia una forma de gestión y administración que deje de ser Estado y comience a ser asociación libre de productores, como había soñado Marx un día.                 

 

Programa de Gobierno para el período 2013-2019

El programa de gobierno dejado por Hugo Chávez para la gestión 2013-2019 se concibe como:

Un programa de transición al socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica. Partimos del principio de que acelerar la transición pasa necesariamente por, valga la redundancia, acelerar el proceso de restitución del poder al pueblo. El vivo, efectivo y pleno ejercicio del poder popular protagónico es insustituible condición de posibilidad para el socialismo bolivariano del siglo XXI.

Seguidamente hace una advertencia:

No nos llamemos a engaño: la formación socio-económica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista. Ciertamente, el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Éste es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo.

 

En lo que respeta al Estado el diagnóstico es claro:

Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política.

 

Estas apreciaciones objetivas del programa contrastan con el discurso de los apologistas de toda laña, quienes no ven problemas y consideran que hay que hacer la propaganda de los logros de la revolución. Les molesta la crítica y la atacan, descalificándola como debilitadora y hasta favorable a la derecha. Este comportamiento apologista es francamente una de las más grandes debilidades de la revolución; este comportamiento aparece en todas las revoluciones, cuando estas han decidido defender lo logrando, clausurando la prolongación de las transformaciones. Es una debilidad pues no defiende la revolución, lo que defiende es el estado de cosas alcanzado, defiende entonces al Estado que debe ser transformando y sigue siendo un obstáculo para la revolución. Se pone en contra del avance y la profundización de la revolución. Los apologistas son la contra-revolución dentro de la revolución, cuando se trata de hacer una revolución dentro de la revolución.

Los objetivos históricos del programa son los siguientes:

  1. Defender, expandir y consolidar el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años: la Independencia Nacional.

 

  1. Continuar construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI, en Venezuela, como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo y con ello asegurar la “mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad” para nuestro pueblo.

 

  1. Convertir a Venezuela en un país potencia en lo social, lo económico y lo político dentro de la Gran Potencia Naciente de América Latina y el Caribe, que garanticen la conformación de una zona de paz en Nuestra América.

 

  1. Contribuir al desarrollo de una nueva Geopolítica Internacional en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar que permita lograr el equilibrio del Universo y garantizar la paz planetaria.

 

  1. Preservar la vida en el planeta y salvar a la especie humana.

 

El desglose del primer objetivo se plantea de la siguiente manera:

1.1 Garantizar la continuidad y consolidación de la Revolución Bolivariana en el poder.

1.2. Preservar y consolidar la soberanía sobre los recursos petroleros y demás recursos naturales estratégicos.

1.3 Garantizar el manejo soberano del ingreso nacional.

1.4. Lograr la soberanía alimentaria para garantizar el sagrado derecho a la alimentación de nuestro pueblo.

1.5. Desarrollar nuestras capacidades científico-tecnológicas vinculadas a las necesidades del pueblo.

1.6. Fortalecer el poder defensivo nacional para proteger la Independencia y la soberanía nacional, asegurando los recursos y riquezas de nuestro país para las futuras generaciones.

 

El desglose del segundo objetivo viene planteado de la siguiente manera:

2.1. Propulsar la transformación del sistema económico, en función de la transición al socialismo bolivariano, trascendiendo el modelo rentista petrolero capitalista hacia el modelo económico productivo socialista, basado en el desarrollo de las fuerzas productivas.

2.2. Construir una sociedad igualitaria y justa.

2.3. Consolidar y expandir el poder popular y la democracia socialista.

2.4. Convocar y promover una nueva orientación ética, moral y espiritual de la sociedad, basada en los valores liberadores del socialismo.

2.5. Lograr la irrupción definitiva del Nuevo Estado Social y Democrático, de Derecho y de Justicia.

 

El desglose del tercer objetivo viene planteado de la siguiente manera:

3.1. Consolidar el papel de Venezuela como Potencia Energética Mundial.

3.2. Desarrollar el poderío económico de la Nación en base al aprovechamiento óptimo de las potencialidades que ofrecen nuestros recursos para la generación de la máxima felicidad de nuestro pueblo, así como de las bases materiales para la construcción de nuestro socialismo bolivariano.

3.3. Conformar y ampliar el poderío militar para la defensa de la Patria.

3.4 Profundizar el desarrollo de la nueva geopolítica nacional y regional, latinoamericana y caribeña.

 

El desglose del cuarto objetivo viene planteado de la siguiente manera:

4.1. Continuar desempeñando un papel protagónico en la construcción de la unión latinoamericana y caribeña.

4.2. Afianzar la Identidad Nacional y Nuestroamericana.

4.3. Continuar impulsando el desarrollo de un Mundo pluripolar sin dominación imperial y con respeto a la autodeterminación de los pueblos.

4.4. Contribuir con el desmontaje del anti-histórico y nefasto sistema imperial y neocolonial.

 

El desglose del quinto objetivo viene planteado de la siguiente manera:

5.1. Construir e impulsar el modelo económico productivo eco-socialista, basado en una relación armónica entre el hombre y la naturaleza, que garantice el uso y aprovechamiento racional, óptimo y sostenible de los recursos naturales, respetando los procesos y ciclos de la naturaleza.

5.2. Proteger y defender la soberanía permanente del Estado sobre los recursos naturales para el beneficio supremo de nuestro Pueblo, que será su principal garante.

5.3. Defender y proteger el patrimonio histórico y cultural venezolano y nuestroamericano.

5.4. Contribuir a la conformación de un gran movimiento mundial para contener las causas y reparar los efectos del cambio climático que ocurren como consecuencia del modelo capitalista depredador.

 

Estamos ante un programa de transición, de una transición transformadora, en la ruta de la profundización del proceso de la revolución. El primer objetivo se plantea la independencia nacional, el segundo objetivo se propone la construcción del socialismo del siglo XXI, el tercer objetivo tiene que ver con ser un país potencia, el cuarto objetivo busca una nueva geopolítica que sea pluri-polar, y el quinto objetivo persigue salvar la vida en el planeta y a la humanidad. Los objetivos del programa son eso, objetivos, que, en general, se plantean la continuidad del proceso y alcanzar metas trazadas. Queda claro que en el lapso de la gestión no se va alcanzar el socialismo, empero se va avanzar en su construcción y transición, construyendo las condiciones de posibilidad históricas para lograrlo. Sin embargo, lo que importa es el cómo se van a alcanzar estos objetivos; bajo qué prácticas, qué procedimientos, qué acciones, qué dispositivos y mecanismos. ¿Con plena incorporación participativa de las organizaciones sociales o todavía con mediaciones burocráticas e institucionales? Sobre todo importa el contar con una predisposición adecuada de los dispositivos de participación colectiva, comunitaria y social, con escenarios eficaces de participación social, con prácticas efectivas de democracia participativa. Estas tareas no son ciertamente nada fáciles. No se está ante  un espacio de actividades similar y homogéneo; al contrario, es un espacio fracturado, disperso, diferenciado, donde cada territorio tiene su propia especificidad, sus propios actores y sedimentaciones institucionales, además de costumbres incorporadas, heredadas como tradiciones, que atan a la gente a la reproducción del viejo mapa institucional y de penurias. Así parece que se tiene que promover diferenciales actividades transformadoras, mejor si disputan el detalle, palmo a palmo, el instante intensivo, buscando modificar los fragmentos, hasta infinitesimales, de las cartografías del campo social, del campo político y del campo burocrático. La articulación del control social y de delegación popular, en el marco de los temas, seguramente dependerá de la proximidad a las preocupaciones sociales más sentidas; como la alimentación, la vivienda, los servicios, la educación, el trabajo, la salud. Sin embargo, no se pueden descuidar los temas y las áreas más especializadas; se tiene que participar en el diseño de las políticas públicas; en la transformación de la estructura económica, de la estructura política, de la estructura cultural, de la estructura jurídica, repercutiendo en las transformaciones de las estructuras sociales. Además la política internacional y la integración de los pueblos no puede ser ajena al a la participación social.

La independencia, no solamente entendida como independencia nacional, sino como lo entendía la teoría de la dependencia, que es salir del circulo vicioso de la dependencia, está íntimamente vinculada a salir de la reproducción del modelo extractivista y del Estado rentista. Esta es quizás la tarea más importante de todas, que, incluso condiciona la posibilidad de las otras tareas. ¿Cómo se sale de las estructuras de la dependencia, que son el Estado rentista y el modelo extractivista? Parece ser que estamos ante la tarea de encarar varios proyectos combinados; industrialización de las materias primas, utilización de la energía para la industrialización del país, inversión productiva del excedente en la revolución tecnológica, que permita el paso a una eco-industrialización. Encaminando el aparato productivo a la soberanía alimentaria. Todo esto viene acompañado con la formación de la masa crítica de científicos y técnicos, de la apropiación de las ciencias y de las técnicas, por parte de los productores directo, transformando el uso especializado de la tecnología a un uso combinado de tecnologías, apropiadas colectivamente.

Ahora bien, no se parte de la nada ni de cero, sino de una herencia estratificada, diferencial, que ha dejado a la mayoría fuera de la formación especializada. El avance de la revolución bolivariana en la formación y profesionalización de amplios sectores populares es notorio. Pero, no termina de ser suficiente ante las tareas que hay que emprender. Se requiere inversiones mayores, de mayor alcance, en la educación y formación, apuntando a la apropiación social de la revolución científica y tecnológica, actualizando las mallas curriculares y dinamizando las formas de enseñanza y trasmisión de conocimientos. Haciendo hincapié en el eje de la investigación, como eje articulador de la enseñanza-aprendizaje-invención.

Al respecto, en relación a la conformación de una dinámica económica endógena, que antes llamaban el mercado interno, es complementario tomar en serio dos conformaciones institucionales, que pretendían ser alternativas; el ALBA y el Banco del Sur, con el consecuente circuito monetario del sucre. El ALBA no puede terminar siendo una entidad burocrática de buenas intensiones. Para que se convierta en una alternativa al libre mercado es menester que los países integrantes orienten gravitatoriamente sus economías a la construcción de una economía continental integrada, que, obviamente, no funcione desde la lógica del libre cambio, sino de los recorridos de las complementariedades. Los países integrantes no tienen al ALBA como el principal espacio de realización de sus economías, sino, como antes, se encuentran atrapadas en la lógica de la economía de la dependencia, en el mercado internacional mundial. El ALBA no puede ser una bandera de foros internacionales y de encuentros grandilocuentes de funcionarios, sino debe ser apropiada por los productores directos y los consumidores de los países integrantes.

El Banco del Sur fue pensado por los diseñadores como un contra-sistema alternativo al sistema financiero internacional. Esto no ha ocurrido; en parte por que los gobernantes firmantes no comprendieron la filosofía y la lógica del diseño del Banco de Sur; pensaron que era otro banco, parecido a los otros, vinculado al desarrollo de los pueblos, quizás más grande por su alcance internacional. El Banco del Sur no solamente fue concebido como un sistema alternativo de financiamiento productivo y de otras actividades, sino que su lógica reproductiva no es el de la acumulación y la especulación, inherentes a la lógica financiera, sino de la distribución y redistribución de los recursos a los sectores productivos, sobre todo de los pequeños productores. La moneda de circulación del Banco del Sur, el sucre, no fue pensada tampoco como una moneda, en tanto equivalente general, sino como contra-moneda. Se trata de una “moneda” virtual, cuya circulación, no se basa en la oferta y la demanda, sino en las complementariedades regionales y territoriales, promoviendo la valorización de la producción local y la retención en la localidad de la valorización generada. El cálculo y la cuantificación se dan en base a contrapesos y compensaciones. Su importancia es promover y financiar a los productores directos, localizados, quienes casi nunca tienen acceso al crédito de la banca. Bueno pues, este proyecto ha quedado en el diseño, debido a la mala comprensión del proyecto aprobado, que ciertamente se encuentra en curso y está institucionalizado, interpretándolo de la manera acostumbrada por los especialistas y ministros del área, de una manera monetarista[3].              

Los otros objetivos; el que tiene que ver con el de país potencia económica, social y política; el que se plantea la geopolítica de un mundo plural y multi-céntrico; además de el objetivo de defender la vida del planeta; dependen del logro de los anteriores objetivos y de la manera cómo se busque realizarlos.  Lo mismo pasa con la capacidad de defensa del país y de la revolución. No se trata de priorizar los primeros objetivos, ni descuidar los siguientes, sino de combinar la realización y el logro de los mismos, tomando en cuenta la interrelación de sus ritmos y condicionalidades. Por eso, parece indispensable darle mucho impulso la transformación del modelo extractivista y del Estado rentista. Así como es menester darle impulso a la integración económica y política de América Latina y el Caribe, basada en la complementariedad y solidaridad de los pueblos, avanzando hacia una confederación de los pueblos. Esta tarea viene acompañada por la conformación efectiva, no formal, burocrática y discursiva, de una economía integrada alternativa del continente, alternativa al mercado internacional capitalista, basado en la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Los dispositivos como el Banco del Sur y el sucre deben funcionar como contra-sistema financiero internacional y como contra-moneda, generando relaciones de complementariedad e intercambio, apoyadas por la cuantificación de las compensaciones, del trabajo colectivo y la valorización local. Los otros dispositivos de integración como UNASUR, incluso los anteriores como el MERCOSUR y la Comunidad Andina, deben ser trasformados de acuerdo a la lógica complementaria y de reciprocidades del Banco del sur y del Sucre. De esta forma podremos salir de las experiencias frustrantes y limitadas, por su subordinación al orden de dominación mundial, de los llamados organismos de integración.

Sin embargo, no hay que olvidar que estas tareas no son de funcionarios, sino que se trata de involucrar la participación abierta de los pueblos, de su ejercicio democrático directo. No se pueden hacer transformaciones estructurales e institucionales sin el pleno desenvolvimiento de la potencia social. El secreto de las transformaciones se encuentra en la profundización y expansión del ejercicio democrático y la participación social. Hay que romper con las mediaciones burocráticas e institucionales, generar, mas bien, conexiones, entrelazamientos, co-gestiones, entre especialistas y colectivos sociales. El aprendizaje en estas experiencias compartidas va formar a los pueblos y capacitarlos en la autogestión. Una confederación de pueblos autogestionarios es invencible.

Una anotación más, sobre la defensa del país y de la revolución. Ciertamente, no se puede descuidar la defensa, pero no se trata de caer en el armamentismo y destinar un gran presupuesto para este cumplimiento. Se trata de lograr la movilización general para la defensa, bajo la concepción revolucionaria del pueblo armado; obviamente esta defensa debe estar bien equipada, mejor contando con tecnología militar avanzada. Esta concepción de la defensa armada es parte del concepto de defensa de la revolución, que vamos a tocar después. Al respecto, comenzando a elucidar el concepto, no podemos olvidar que la revolución socialista mundial ha sido concebida en consonancia del internacionalismo proletario; ahora tendríamos que hablar, como lo hace Samir Amin, del internacionalismo de los pueblos, tomando en cuenta las transformaciones en la composición del proletariado, además de comprender que la proletarización se ha extendido a gran parte de la población, fuera de retomar la tesis de que son los pueblos los que están sometidos por el imperialismo. Los pueblos no son enemigos, los son sus estados, bajo el dominio de sus burguesías. Sobre todo tienen esta concepción hostil y beligerante los estados imperialistas, pues ellos no conciben otra cosa que el control militar como parte del control de sus monopolios, monopolio de los mercados, monopolio tecnológico, monopolio militar, monopolio financiero, como parte de la geopolítica del sistema mundo-capitalista. Frente a esta geopolítica imperialista los pueblos, la confraternidad y la alianza de los pueblos, tienen la alternativa de oponer una contra-geopolítica, una geografía emancipadora[4].

Desde la perspectiva de la revolución socialista, cuya realización integral es mundial, la opción no es la guerra sino la revolución socialista en los países. Desde esta perspectiva, tampoco se trató de destruir el país donde se cobija el imperialismo, sino de convocar y aliarse con el pueblo de ese país para destruir la estructura de poder imperial, el aparato de la misma dominación universal que nos somete a todos. La URSS y la Republica Popular China se vieron obligadas al armamentismo y a la producción de tecnología militar avanzada para defenderse de la descomunal agresión de los imperialismos. La guerra de Corea, acaecida en los primeros años de la década de los cincuenta (1950-1953), fue defensiva contra la ocupación norteamericana al sur de la península; ocupación militar estadounidense, dada después de finalizada la guerra contra el imperio nipón. El gobierno de los Estados Unidos de Norte América se negó a retirar sus tropas ante el pedido de la Republica Democrática Popular de Corea (RDPC) a hacerlo, cuando ya las tropas soviéticas acataron este pedido. La RDPC se constituyó después de una larga lucha de liberación nacional; la independencia se logró cuando se dio la derrota de Japón en la segunda guerra mundial, aprovechando los revolucionarios coreanos la proximidad de las tropas soviéticas que ocuparon la Manchuria, también en guerra contra el Japón. La guerra de Vietnam fue defensiva y de liberación nacional contra la ocupación francesa, primero, y norteamericana, después. La batalla de Bahía Cochinos en Cuba fue defensiva ante el desembarco del ejército invasor armado, organizado y pertrechado por el imperialismo estadounidense.  La participación del las fuerzas armadas cubanas en Angola fue defensiva y solidaria; se trataba de defender la revolución angoleña de la invasión del ejército blanco de Sud África, de la guerra de frentes armados por el imperialismo y apoyados por el régimen racista de Sud África, en aquel entonces. Las guerras de guerrillas desatadas en varios países periféricos del sistema-mundo fueron de liberación nacional. Como se puede ver, nunca fue el objetivo desencadenar una guerra destructiva y devastadora,  menos una guerra nuclear, para destruir al enemigo imperialista. La guerra revolucionaria es de defensa; las armas atómicas son defensivas; la estrategia activa es la revolución mundial. En una guerra nuclear no hay ganadores, salvo la muerte, todos resultan perdedores. Después de la guerra nuclear ya no tendría sentido nada, menos el socialismo, ya no sería posible la construcción del socialismo, incluso la reconstrucción de cualquier forma de sociedad; sobre las cenizas de la destrucción de la “fuerzas productivas”, tal como habla la corriente marxista del determinismo económico, no podría construirse un modo de producción socialista. El plantearse como objetivo la guerra total, en los términos de la guerra nuclear, es una aberración. A estos absurdos de guerra total se llega por fundamentalismos políticos esquemáticos, que se olvidaron de los objetivos, principios, valores y la ética socialista. En contraste, como opción consecuente, es indispensable convocar a la internacional de los pueblos en defensa de la madre tierra, de la vida y por un mundo que garantice los ciclos vitales de todos los seres, garantizando las mejores condiciones de reproducción de sus potencias vitales. La confraternidad de los pueblos, su solidaridad y complementariedad, configurada como confederación de los pueblos, es la base material histórica y política del socialismo.      

 

El concepto de defensa de la revolución

El concepto de defensa de la revolución es diferente a las nociones usuales de defensa, mas bien entendidas como protección, resguardo, cuidado, control y vigilancia. El concepto de defensa de la revolución, si bien comprende también estas connotaciones, va más lejos que estas definiciones. Se trata de un concepto activo,  forma parte del desenvolvimiento de la revolución misma; la defensa está involucrada con el desarrollo mismo de la revolución. El concepto mismo de defensa se transforma. La defensa de la revolución es posible si la defensa es concebida como crítica y se vincula con la potencia de la revolución. La defensa defiende la marcha de la revolución, su profundización, defiende la dinámica de las transformaciones; por esto, requiere ser crítica con lo que obstaculiza la marcha de la revolución, lo que se resiste a las transformaciones; sobre todo requiere ser crítica con las herencias institucionales del pasado, las practicas burocráticas heredadas, las estructuras de poder preservadas. La defensa de la revolución defiende la potencia inherente, busca liberar la plenitud de la potencia, liberar todas las capacidades transformadoras, abrirse a las “facultades” creativas de las multitudes; por eso se enfrenta a lo que inhibe la potencia, a lo que restringe las capacidades transformadoras, a lo que anula las “facultades” creativas. La defensa de la revolución se mueve en todos los planos de la sociedad, convierte a la sociedad en la maquinaria primordial de la defensa, mediante la movilización general. Se trata de una defensa integral, que abarca todo los planos involucrados en las transformaciones múltiples; comprende la defensa del territorio.

El concepto de defensa de la revolución nada tiene que ver con el vulgar uso de defensa del proceso de cambio reducido a la defensa del gobierno, a la defensa del estado de cosas logrado, haciendo caso omiso de las contradicciones y los errores. Ciertos apologistas llegan incluso al colmo de concebir que la defensa del proceso absuelve de los errores y contradicciones al gobierno. Esta actitud es extremadamente peligrosa para la revolución, pues carcome por dentro el proceso, debilita, inhibe y anula las fuerzas sociales, desmonta la capacidad organizativa y autónoma del pueblo. En el momento que el proceso se encuentra amenazado, ya no se cuenta con la fortaleza para enfrentar la amenaza; la madera de la estructura que se construye está carcomida por las termitas. Tomando en cuenta esta situación, la defensa de la revolución requiere descargar parte de la crítica contra los apologistas, quienes se convierten en los ideólogos de un tipo de Termidor, de una manera de terminar la revolución, aproximándose a la tesis del fin de la historia, pues suponen que la revolución concluyó y hay que defenderla.       

 

 

 

 

   

      

        



[1] Ver Rebelión; Venezuela. Página web. Abril 2013.

[2] Ver de Víctor Álvarez R.: La transición al socialismo de la revolución bolivariana. Texto digital, en circulación en la Fundación Rosa Luxemburgo.

[3] Entre los diseñadores del Sucre y del Banco del Sur estaba Pedro Páez, economista ecuatoriano. Una vez terminado el proyecto, él y su equipo, quedaron prácticamente sin presupuesto.  Parece que a los gobernantes sólo les interesaba contar con el proyecto, con el documento acabado, firmarlo por el protocolo.

[4] Ver de Raúl Prada Alcoreza Guerra periférica y geopolítica regional. En torno a la guerra del pacífico. Bolpress 2013; La Paz. 

 

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Proyecto emancipatorio y libertario de autoformación y autopoiesis

 

 

Diplomado en Pensamiento complejo:

Contrapoder y episteme compleja

 


 

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Contrapoder y episteme compleja

 

 

Objetivo del programa:

Umbrales y limites de la episteme moderna, apertura al horizonte nómada de la episteme compleja.

 

Metodología:

Cursos virtuales, participación virtual en el debate, acceso a la biblioteca virtual, conexión virtual  colectiva. Control de lecturas a través de ensayos temáticos. Apoyo sistemático a la investigación monográfica. Presentación de un borrador a la finalización del curso. Corrección del borrador y presentación final; esta vez, mediante una exposición presencial.

 

Contenidos:

 

Modulo I

Perfiles de la episteme moderna

 

1.- Esquematismos dualistas

2.- Nacimientos de del esquematismo-dualista

3.- Del paradigma regigioso al paradigma cientifico 

4.- Esquematismo ideológico

 

Modulo II

Perfiles de la episteme compleja

 

1.- Teórias de sistemas

2.- Sistemas autopoieticos 

3.- Teorías nómadas

4.- Versiones de la teoria de la complejidad

 

Modulo III

Perspectivas e interpretaciones desde la complejidad

 

1.- Contra-poderes y contragenealogias 

2.- Composiciones complejas singulares

3.- Simultaneidad dinámica integral

4.- Acontecimiento complejo

 

Modulo IV

Singularidades eco-sociales 

 

1.- Devenir de mallas institucionales concretas

2.- Flujos sociales y espesores institucionales

3.- Voluntad de nada y decadencia

4.- Subversión de la potencia social

 

 

Temporalidad: Cuatro meses.

Desde el Inicio del programa hasta la Finalización del programa.

Finalizaciones reiterativas: cada cuatro meses, a partir del nuevo inicio.

Defensa de la Monografía. Defensas intermitentes de Monografías: Una semana después de cada finalización.



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Inscripciones: A través de la dirección: 

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